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Full text of "Anales de la Sociedad Cientfica Argentina"

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SOCIEDAD ÜE^TÍFIÜ ARGENTINA 



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EBRARY 

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DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



DiKECTOK : Doctor HORACIO DAMÍANOVICH 



TOMO LXXVII 

Primer semestre de 1914 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 684 

1914 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



DiRECTOK : Doctor HORACIO DAMIANOVICH 



ENERO-FEBRERO 1914. — ENTREGAS MI. - TOMO LXXVÍI 



ÍNDICE 



Nicolás Besio Moreno, Historia de la navegación aérea desde los tiempos más re- 
motos hasta los primeros viajes aéreos dirigidos. Conferencia dada en la Socie- 
dad Científica Argentina ó 

Camilo Meyer, La teoría cinética de los gases aplicada á la unión de dos átomos 
idénticos y á la combinación de dos átomos monovalentes distintos 49 

H. Damianovich, Química estelar y evolución cósmica. Ideas antiguas é investiga- 
ciones modernas 67 

Tercer Congreso internacional de caminos realizado en Londres en junio de 1913. 

Informe del delegado de la Sociedad Cientílica Argentina (conclusión) 99 

Bases y Reglamento de la Sociedad Científica Argentina sancionados en la asam- 
blea del 9 de septiembre de 1913, aprobados por el gobierno de la Nación con 
fecha 7 de enero de 1914 122 

Bibliografía 136 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONl HERMANOS 
684 — cai.i/k pkkú — 68 4 

1914 



JUNTA DIRECTIVA 

Presidente Ingeniero Santiago e. :Barabino 

Viceprexidente 1" Ingeniero iVicoiás Besio >iorer»o 

Vicepreaidente 2° Doctor r'rancisco F». Lavalle 

Secretario de actas Ingeniero Enrique Bixtty 

fiecretario de correspondencia. . Ingeniero aorge AA^. Dotoranicii 

Tesorero Doctor Martiniano ILieguizanión F»onclal 

Bibliotecario Doctor Tomás ,í. R,vmii 

Doctor Agustín Álvaresí 

I Señor Amado :Bialet Laprida 

I Ingeniero Oronte A. Vaierga 
Vocales Ingeniero Juan A. Briano 

I Señor Juan IVielsen, li. 

[ Doctor Juan B. Oonzález 
Ingeniero Cai-los "W^auters 
Gerente Señor Juan iBotto 



REDACTORES 

Ingeniero Emilio Rebuelto, doctor Guillermo Scliaefer, ingeniero Arturo Griehen, inge- 
niero Eduardo Volpatti, doctor Teófilo Isnardi, doctor Alfredo Sordelii, teniente coro- 
nel Antonio A. Romero, doctor Eduardo L. Holmberg, doctor Raúl Wernicke, doctor 
Pedro T. Yignau, doctor Ernesto Longobardi, profesor Camilo Meyer, señor Augusto 
Scala, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Augusto Chaudet. 

Secretarios : Ingeniero Juan José Carabelli y doctor José Collo 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los A7iales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglam.enta- 
rio. Por mayor número de ejemplares debera'n entenderse con los editores señores Coni 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 
269. 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis que sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

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Por mes 1.00 

Por año 12.00 

Número atrasado 2.00 

— para los socios 1.00 

LA SUBSCRIPCIÓN SK PAGA ADELANTADA 

iül loeal soeial permanece abierto de3á7jde8á12 pasado meridiaH» 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 

DESDE LOS TIEMPOS JlAs REMOTOS HASTA LOS PRIMEROS VIAJES AÉREOS DliiimOOS 

CONFERENCIA DADA EN LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Por el ingeniero NICOLÁS BESIO MORENO 



IXTEODUCCIÓN 

La Sociedad científica argentina, en su propósito permanente de 
concnrrir á la difusión de la cultura pública, estimular el estudio y 
propender al desarrollo de la ciencia, había adoptado una nueva for- 
ma de labor, que había de consistir en la ejecución de un plan de con- 
ferencias, comunicaciones y publicaciones, desenvuelto normalmente, 
desde el año último, con el éxito conocido. 

En la realización del primer propósito, fué preciso aceptar la dis- 
tribución del trabajo que se hiciera y por ello, hame tocado presenta- 
ros el tema de la Historia de la navegación aérea ; tema áspero y la- 
borioso por cierto, pues su desarrollo, había de demandar muchas ho- 
ras de tiempo, que, en general, la aprisionante labor nacional, nos 
deja difícilmente libre. 

Empero, la difusión de la cultura pública debe hacerse vinculando 
todos los esfuerzos y utilizando todas las energías ; la recolección de 
datos y antecedentes, debía resultar más sencilla en este caso, si á 
ello concurrían algunos aficionados á las cosas de -la aeronáutica, que 
la sociedad cuenta en su seno ; de allí nació la idea de preparar esta 
conferencia en colaboración con algún compañero de labor, con quien 
he formulado el esqueleto, por así decir, de este trabajo. 



b ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Debo, así, comenzar diciendo, que esta conferencia no me pertene- 
ce por entero, pues la liemos preparado con mi distinguido colega el 
señor ingeniero Jorge Claypole, de todos conocido. 

Difundido este sistema de cooperación, no será difícil para la so- 
ciedad, aumentar el número de sus colaboradores, y poblar su tribu- 
na, á la que tan honroso es subir. 

La obra de generalizar la cultura, es aiiremiante en la nación ; el 
acrecentamiento sin límites del poderío de la república, y su influen- 
cia á cada instante más marcada en el movimiento universal, imijo- 
nen á su j)ueblo, una función de armonía y de concordan cía, que debe 
apercibirse á realizar sin demora ; compenetrado de esperanza y 
amasado de oi>timismo, tiene una aspiración de grandeza colectiva 
que nada ])odrá variar. 

La obra de generalizar la cultura, es apremiante en la nación, y la 
Sociedad científica argentina, se ha entregado á ella sin reservas, pa- 
reciéndole más urgente que el propio adelanto de la ciencia. 

La ciencia es más poderosa que la cultura, y ella logra conquistar 
su adeptos, y formar escuela, á pesar de todo y contra todo. Para ella 
parece escrita la frase famosa del aquel florentino perfecto, que nadie 
ha superado y que todo lo supo y cantó : 

« U, ñopo il pasto lia pin fame que pria » 

Su salvaguardia mejor, está en la eterna mutabilidad de las cosas 
y de las leyes ; y su perpetua vigilancia de los fenómenos, para sor- 
prender sus más leves variaciones, le asegura el reinado sin límites 
del tiempo y el dominio siempre creciente del espacio. El reposo, la 
estabilidad, la inmutabilidad, son desconocidos en el universo ; todo 
cuanto existe, accesible ó no á los sentidos ó á la mente, se mueve, 
cambia en su esencia y forma ó en las leyes que lo rigen ; por ello, 
cuanto la ciencia tiene de ya definitivamente adquirido, tendrá que 
ser revisto y reconsiderado sin cesar. Ella es un organismo viviente, 
que todo él se modifica y altera minuto á minuto, y por tanto, debe 
vivir y vive en i^erpetua vigilancia de sí misma. No es tan urgente, 
pues, su estímulo, como el de la. cultura pública nacional. 

ísinguna tradición nos recuerda en qué época de la existencia de 
la humanidad, logró el hombre crear los mecanismos más sencillos, 
que le permitieron recorrer, sin esfuerzos extraordinarios, la tierra y 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 7 

los mares; ninguna leyenda nos dice, cuándo se hizo la primer apli- 
cación de la rueda, ó de la vela, á los vehículos de tierra y mar, mas 
no puede, no, dudarse, que desde ese instante, el hombre sonó con el 
viaje por los aires y con el vehículo que había de permitirlo. Esta as- 
piración, se ha condensado en casi todas las leyendas mitológicas de 
los pueblos primitivos, y en particular, en la del pueblo griego apa- 
rece tan viva y tan en armonía con la idea de la volación, que ella 
parece el i)resagio de los esfuerzos que debían realizarse i)osterior- 
mente y que apenas ahora, pueden mirarse triunfadores. 

La historia de la navegación aérea puede dividirse en dos partes, 
marcadamente distintas, como son distintos en su esencia los dos 
grupos de aparatos que permiten trasponer los aires ; me refiero al 
«más pesado» y « al más liviano» que el aire, como se les designa. 
Comenzaremos con la del « más pesado», cuyo éxito presente es in- 
cuestionable, por ser aún el más accesible y generalizado. 

Su historia tiene cuatro etapas : la legendaria que comienza en Ica- 
ro; la especulativa, que comienza en Leonardo da Vinci ; la científica, 
que comienza en Cayley, y la de aplicación, que comienza en Li- 
lienthal. 



PRIMERA PARTE 



AVIACIÓN 

1. Periodo legendario 

La venganza del fabuloso rey del ancho mar, cuenta Ovidio, y de 
las rientes playas y de las fértiles islas, escapado á la voracidad de 
Cronos olímpico, y el rencor de la hermosa madre del héroe virgilia- 
no, movieron á aquel sabio rey de Creta á encerrar su Minotauro en 
el fabuloso laberinto proyectado y construido por el prudente padre 
de Icaro famoso. Muerto Minotauro, por el valeroso Teseo, esposo 
desdichado y desdichado padre. Minos, el juez infalible, castiga en su 
propia obra al fecundo Dédalo de la traición monstruosa, quien ence- 
rrado con el ligero Icaro en el laberinto, medita planes de evasión y 
suspira horas de libertad. 

Armado de fortaleza y de prudencia, cardinales virtudes que intenta 



8 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

infundir en su soberbio liijo, se apercibe á la Iniída y fabrica alas po- 
derosas, que añrma con cera á sus ('si)aldas, y con la serenidad que 
infunden la fe en el propio esfuerzo, y la esperanza en la libertad, se 
lanza al espacio, como el águila certera abandona la roca i)rominen- 
te que la sustenta. El juvenil viajero olvida bien pronto los consejos 
de la prudencia paternal, y se aleja de los rizados dominios de Nep- 




igg^ym¿í.'<t^' 



Fis:. l. — ■ Caída rte ícaro 



tuno, para acercarse, audaz, á los del hijo poderoso de Hiperión, que 
irritado, funde la cera de las frágiles alas. 

El anchuroso mar abre su seno para recibir amorosamente al cas- 
tigado infante, cuyo cuerpo deposita la onda en las manos piadosas 
de Hércules, que le otorga reposada supultura, junto al mar, desde 
entonces icariano. 

Pero Dédalo, protegido por la coraza de su madurez y experiencia, 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 9 

siguió SU vuelo con las alas abiertas y firmes, para la tierra soñada, 
como tienden el suyo las tórtolas, al reclamo del nido que las espera; 
y arribado á la playa generosa, se posó en ella mansamente, como 
el que descansa y se abandona feliz, al dar cima á porfiada y fecun- 
da labor. El sumo artífice había hallado nuevo campo á su ingenio. 

Tal el vuelo mitológico de los prisioneros de Creta, y tales, la pri- 
mer catástrofe, y el i^rimer éxito de la aviación. 

La aviación, j)ues, salvó el arte — olímpico presente — de la ase- 
chanza que le tendía la ciencia, y desde entonces, ésta ha debido mi- 
rarlo crecer y jJrosperar á su lado, engrandecido con el tiempo y 
con el creciente poderío de la mente humana. 

Fábulas como ésta se anotan en todas las mitologías, y si no son 
exacta reproducción de hechos, son sin duda pruebas de una eterna 
aspiración y leyendas con un probable fondo de verdad. 

Así los indios relatan que Hanonman aconsejado por el sabio Jam- 
baranta se lanza á los aires desde lo alto de una colina y cae en Lan- 
ka tal como lo esperaba. 

Análoga es la leyenda de Wieland y Egil en Islandia ; las que 
figuran en las Mil y una noche, árabe ; la de Onlefat en las islas Ca- 
rolinas que se hace trasportar por los aires con auxilio de aire ca- 
liente. 

Empero, saliendo de la mitología para entrar en la historia, los 
primeros ensayos que ésta nos recuerda no parecen menos fabulosos 
ni más claros. 

Bien difícil sería señalar á qué época histórica corresponde la pri- 
mer tentativa de navegación aérea ; y bien difícil porque en no pocos 
casos no es dable distinguir entre el dato histórico medianamente 
comjn^obado, y la leyenda, pero si hemos de dar fe á cuanto nos cuen- 
ta la crónica romana, diremos que fué hacia el siglo cuarto anterior 
á nuestra era. Vivía entonces un preclaro filósofo de Tarento, que 
precedió de poco al famoso maestro de la humana razón y coetáneo 
de aquel Platón cuyo erróneo sistema filosófico compartía ; en el ins- 
tante, pues, en que las puertas de la ciencia se abrían á la humani- 
dad, Archita de Tarento había construido una j)equeña paloma de 
madera que llegó á volar ; así nos lo dice, por lo menos, la turbia tra- 
dición que lo relata. 

Architas pitagórico fué célebre en su tiempo por inventos nume- 
rosos, atribuyéndosele los del tornillo, de la polea y del cometa, los 



10 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que constituyen, al decir de Landolle, los tres órganos de cuya unión 
debe resultar el aparato de aviación más avanzado, aunque sea el 
más difícil de equilibrar; en efecto, el tornillo es la hélice ó el pro- 
pulsor, la polea es la expresión del mecanismo destinado á transmi- 
tir la fuerza, y el cometa es el plano (pie sostiene el aparato en los 
aires. 

En la famosa polémica sostenida entre Scalígero y Cardan, á media- 
dos del siglo XVI, se trata del pequeño aparato de Arcliitas y la for- 
ma de reproducirlo. 

Ninguna noticia tenemos acerca del mecanismo de este juguete, 
nacido en la época más gloriosa de la grandeza helena; todo hace pen- 
sar, sin embargo, que se tratase de un aparato mecánico, hábilmente 




Fig. 2. — Probable cometa rte Haii-sig 

combinado, con la aplicación de algún principio físico, nuevo en aque- 
llos tiempos. 

El tema no debía ser j)or entonces demasiado exótico, pues el pa- 
dre, ya citado, de la ñlosofía científica y el creador de los métodos y 
doctrinas basadas en la razón, Aristóteles, se ocupó del vuelo de las 
aves y de la función de las alas y la cola. 

Poco tiempo después, aparecían en la remota China los primeros 
cometas, atribuidos al general Han-sin, dos siglos antes de Cristo. 
Ningún dato positivo nos ha llegado acerca de este curioso esfuerzo 
de la fantasía oriental, pero tal noticia basta para mostrarnos la uni- 
versalidad del problema y el interés que despertara en todos los tiem- 
pos y para todas las razas. 

En los primeros años de nuestra era, y durante el imperio de Ne- 
rón, aquel Simón mago, de ingrata memoria, fué obligado por el gran 



HISTORIA DE LA NAYEGACIÓN AÉREA 11 

histrión monarca, á efectuar un vuelo en forma que no se sabría 
expresar ; Simón pudo volar sin duda pero con desastroso resul- 
tado. 

Se lia dicho y repetido que este vuelo de Simón mago, es una le- 
yenda más y así deseamos creerlo todos, pero algunos testimonios 
que de ello se conservan, nos conducirían á aceptar la posibilidad del 
hecho tan curioso. 

Mil años más tarde, en Yenecia, un monje inglés, Malmesbury, rea- 
lizó diversas exi^eriencias, lanzándose al aire desde lo alto del Cam- 
panile de San Marcos, con un aparato del que no nos han llegado no- 
ticias, con tan poca suerte que en uno de los accidentes de sus vuelos 
rompióse ambas piernas. Tenemos también noticias vaguísimas sobre 
algunos ensayos desgraciados, realizados en Coustantinopla hacia la 
mitad del siglo xii. 

También el irrespetuoso Bacon se ocupa incidentalmente déla na- 
vegación aérea al predecir en su IJe secrdis operihus artis et natune 
que habíamos de construir máquinas para volar. 

Y para terminar con este primer período histórico de la aviación 
mezclado de fantasías y leyendas y de hechos positivos y datos his- 
tóricos, citaremos á dos matemáticos distinguidos del siglo xv, Juan 
Bautista Dante, de Perugia y Regiomontanno de Koenigsberg. 

Juan Bautista Dante logró mantenerse en el aire por breve tiem- 
po y aterrar suavemente, construyéndose dos alas equilibradísimas y 
proporcionadas rigurosamenre al peso de su cuerpo. 

Dante partía generalmente de puntos elevados y sus alas le permi- 
tían planear y evolucionar, salvando distancias relativamente consi- 
derables ; navegó de este modo varias veces sobre el lago Trasimeno 
hasta que un accidente de volación lo precipitó en tierra, ocasionán- 
dole la rotura de una pierna. Empero, Dante, no formó escuela y no 
se tiene noticia de ningún contemporáneo que realizase vuelos análo- 
gos á los que con tanto éxito iniciaba el físico y matemático italiano ; 
fué el verdadero ]wecursor de Lilienthal y de la aplicación del méto- 
do experimental en la navegación aérea y este sólo título es suflcien- 
te para llenarlo de gloria. 

Los aparatos de Eegiomontanno, fueron más bien juguetes inge- 
niosos que máquinas de volar ; el célebre matemático y astrónomo, 
construyó una mosca y un águila, de metal ambas, que volaban libre- 
mente, y alcanzaron á recorrer así centenares de metros. De ello no 
nos ha quedado ninguna descripción que permita juzgarlos, pero pa- 
rece indudable que, los vuelos de estos i)equeños aparatos, fueron 



12 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíGENTlNA 



frecuentes y iiuinerosos ; se ha diclio (jiie estos ensayos no eran sino 
fábulas inocentes, lo cierto es que Regioniontanno se lial)ía hecho cé- 
lebre en su cátedra de astroiuimía de Viena y había observado por 
l)rimera vez astronóinicaniente un cometa ; era i^ues un hombre de 
saber. 



2, Período especulativo 



Y llegamos á otra etapa en la historia de los aparatos de volación. 
Correspondíale iniciarla á aquel otro extraordinario cerebro florenti- 
no que llenó con su genio la segunda mitad del siglo xv y que tocó con 
admirable grandeza la ciencia y el arte : Leonardo da Vinci. 

El período del renacimiento no podía elaborar una personalidad 
tan múltiple y tan ]>rofunda como esta asombrosa que tocamos : mate- 
mático, físico, ingeniero, filósofo, poeta, 
pintor, escultor y arquitecto, da Vinci re- 
cogió del comentador Averroes los prin- 
cipios fundamentales de la filosofía aris- 
totélica y planteó inicialmente la tesis 
de que la experimentación es el único 
método i)ara interpretar la naturaleza y 
descubrir sus leyes. Erudito, además, en 
anatomía, fisiología, astronomía y quími- 
ca, este grande fué en verdad el espéci- 
men más acabado del superhombre niest- 
chano. 

Maquiavelo divide los hombres en tres 
grados principales de capacidad: los que 
comprenden las cosas por el sólo minis- 
terio de sus facultades naturales; los que 
requieren una explicación para comprenderlas; los que no las compren- 
den de ninguna manera. Leonardo da Vinci ocupaba el estrado prin- 
cipal en el primer grupo, ingresando en la categoría de los creadores. 
Leonardo hizo un estudio cuidadoso del vuelo de los pájaros, el que 
ha llegado incompleto hasta nosotros; hacia fines del siglo xv ideó la 
hélice ascensional y entre sus papeles se encontró un dibujo que 
representa su aparato y del cual dice : « Considero que si este instru- 
mento está bien hecho á tornillo, en tela de lino y cuyos poros se 
obturen por medio de cola de almidón y si al mismo tiempo se le hace 




Fig. 3. — Leonardo da Vinci 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



13 



girar con gran velocidad, este toruillo penetrará en el aire y marchará 
en alto. El contorno exterior del tornillo deberá ser de alambre de 
hierro del espesor de una cuerda y tendrá del borde al centro, ocho 
brazas de distancia. Se tendrá una prueba haciendo mover rápi- 
damente á través del aire una regla larga y delgada y entonces 
el brazo se verá forzado á seguir la dirección del borde de la 
misma. » 

Es el inventor del paracaídas, del que da dibujos clarísimos, y dice : 




Fig. 4. — Elicópteio de Lfoiiardip 



« Se constatan las ventajas que tendría una especie de cúpula cónica, 
ligera, que descendiese de lo alto de los aires, sin aceleración de velo- 
cidad. Si un hombre tiene ese pabellón de tela almidonada, cada una 
de cuyas caras alcance á 12 brazas de ancho y que sea alto de 12 bra- 
zas, podrá lanzarse de cualquier grande altura, sin peligro. » 

Ideó también una máquina para volar, de alas batientes, dando 
numerosos dibujos de conjunto y de detalles; el movimiento de las 
alas se producía con los brazos y x)iernas. Eligió como tipo de sus 
alas, las de los pájaros de presa, que Leonardo .considera el ejemplo 
más digno de imitar y característico, siendo después reproducidas en 
aparatos más i^erfeccionados como el de Moore y Soltan; Mickl y 
Boher adoj)taron un tii>o de alas i^ara su ornitóptero, deducido de la 



14 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

reproducción fiel del movimiento de alas naturales, descomijoniendo 
este movimiento en una serie de imágenes, obtenidas con la cronoíb- 
tografía, y resultaron análogas á las de Vinci : es de notar, pues, la 
extraordinaria agudeza de observación de Leonardo, para llegar á esa 
semejanza. Según los cálculos de Leonardo, las alas debían tener una 
amplitud de 30 brazadas. Este aparato se empezó á construir en 1490, 
pero no hay seguridad de que se concluyera y menos de que se ensa- 
yara: sin embargo, Mereslikowosky en el romance en que hace una 
fantástica biografía de Leonardo, dice que el mecánico de éste, lla- 
mado Zoroastro da Peretola, quiso volar con ella, y se fracturó las 
costillas. Leonardo, siguiendo su método de investigación, hizo pri- 
mero un estudio « de las cosas insensibles, que descienden en el aire 
sin viento; y después, de las que descienden con viento»; prosi- 
guiendo con el estudio del viento, y de la anatomía de los pájaros, 
llegó á medir el esfuerzo que se ejerce al batir el aire, con paletas de 
determinadas dimensiones; estudió también el plumaje de los pájaros 
y dice : « Para hablar de estas materias, es necesario, en un primer 
libro, definir la naturaleza de la resistencia del aire; en un segundo 
libro, la anatomía del pájaro y de sus plumas; en un tercero, la ope- 
ración de tal pluma para diversos movimientos; en el cuarto, el papel 
que desempeñan las alas y la cola, sin batir las alas, á favor de viento 
contrario, para guiar en diversos movimientos. » 

Distingue entre las diversas clases de vuelos, y cómo procede el 
pájaro para torcer á derecha ó izquierda, ascender ó descender, lle- 
gando á aquella gran conclusión que se confirmara muchos años des- 
pués : « movimiento contra y sobre el viento, lo hace ascender, mucho 
más que lo que corresponde al ímpetu natural, con lo cual se le suma 
la ayuda del viento, el cual llegándole jjor debajo, le hace el papel de 
cuña » y daba una demostración geométrica de ello, 

Borelli, sin conocer los estudios de Leonardo, explicaba más tarde, 
que una cuña hendida en un cuerpo, tiende á separarlo en dos partes, 
pero, si las partes del cuerx)o pudieran reaccionar sobre la cuña, ellas 
comunicarían impulsiones oblicuas á las caras de la misma, obligán- 
dola á salir, en línea recta, con la base hacia adelante. 

Así Leonardo dice : « Cuando el pájaro con su batir de alas quiere 
elevarse, alza los húmeros y bate la punta de las alas, hacia sí, con- 
densando el aire que hay entre las puntas de las alas y el pecho ; eleva 
al pájaro la tensión del aire. » 

Se desprende de todo lo que antecede, que Leonardo había com- 
prendido perfectamente, que el pájaro, para volar, encontraba apoyo 



HISTOIUA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 15 

eu el aire, y su teoría, como dice Antonio Favaro, « se acerca mucho 
á lo que hoy en día se piensa, acerca de la influencia de la velocidad 
sobre la sustentación». Estos estudios sobre el vuelo de los pájaros, 
fueron hechos por Leonardo alrededor del ano 1505. 

Respecto al elicóptero, Leonardo hizo varios modelos á re- 
sorte. 

Posteriormente á Leonardo, Belón (1517-1564) tuvo la primer idea 
de la resistencia del aire; Guidotti (1569-1029) imitando á Dédalo 
logró volar, se dice, por un cuarto de milla; el sabio Galileo (1504- 
1642) estableció experimentalmente la resistencia del aire; Veranzio 
de Sebénico (1016) describe el paracaídas; y Cyrano, llamado des- 
pués de Bergerac (1019-1055), describe en su Viaje á la luna un mé- 
todo especial para trasponer los aires y cruzar el espacio, los ensa- 
yos experimentales de Cyrano no tuvieron éxito; Juan Wilkins, her- 
mano de Cronwell, en su tratado Mathematical magic (1048) se ocu- 
pa largamente también de la navegación aérea; Borelli, en 1080, 
describía el vuelo de los i)ájaros con gran acierto, confirmando las 
teorías de Leonardo da Vinci, cuyos trabajos no conoció. Por la mis- 
ma época, Besnier construyó un aparato mecánico, sin timón ni cola, 
con el cual, se dice, se lograron hacer algunos cortos vuelos; su apa- 
rato aparece descripto en un periódico de la época, en que se dan da- 
tos minuciosos y un grabado que lo representa (Journal des savants^ 
12 diciembre de 1078). 

La primer experiencia con paracaídas dirigible, aparece relatada 
en la embajada de Luis XIV al rey de Siam, según la cual « un sal- 
timbanqui subía á lo alto de un elevado bambú y se dejaba caer, sin 
más recursos que dos sombrillas atadas á su cintura por las mangas; 
se abandonaba al viento, que lo llevaba al azar, tanto á tierra, como 
á los árboles, las casas ó el río, sin que jamás este hombre se hiciese 
dafío». 

El conocido físico y matemático inglés, Boberto Hooke, inventó y 
ensayó en 1700, varias máquinas para volar, disponiéndose alas en 
las manos y los pies y veletas especiales que al girar ponían en movi- 
miento un tornillo sin fin que ayudaba á mover las alas. Se trataba,^ 
pues, de un verdadero mecanismo, que acaso encierra en sí, el prin- 
cipio de la hélice. 

Toda esta serie de experiencias, sin un carácter especulativo ver- 
dadero, no podían dejar escuela dado que aun no se habían llegado á 
establecer leyes fundamentales respecto á la resistencia del aire, ni 
se conocía su valor. Presentida por Aristóteles, expresada por Belón 



16 AXAI.ES DE LA SOCIEDAD CIEXTÍFICA ARGENTINA 

y luo.iio poi' (ralileo, Gassendi y Borelli, debía ser establecida por 
Newton. 

Newton ideó un método \y,\r;i determinar diclia resistencia, calcu- 
lándola i)ara cada grado de velocidail. scuini la fuerza necesaria para 
imprimir continuamente dicha velocidad al cuerpo en movimiento: 
por esta senda le siguieron Borda, Hutton, Tliibault y otros. 

Las experiencias se lucieron entre Newton y Désaguiliers en la 
catedral de San Pablo, dejando caer glol)os de vidrio cnya velocidad 
final era de cuatro metros por segundo; dichos globos todos iguales 
se cargaban con pesos que crecían gradualmente, como los números 
1, 4, 9, 10, los que al caer tomaban al iniciarse la caída una acelera- 
ción, que por la resistencia del aire, desapare(;ía después, siguiendo 
un movimiento uniforme. Newton redujo auna fórmula algebraica los 
resultados de su experiencia y dejó definitivamente establecido el 
valor de la resistencia del aire. 

En 1742, Bacqueville á los 62 años de edad, voló cerca de 300 me- 
tros con alas atadas á sus brazos y Grimaldi en 1751, habría cruzado 
la Mancha, según se dice, con una máquina voladora; esto no ha sido 
comprobado y conviene por tanto dudar de su autenticidad. 

Cárdenas en Lima, en 1702, estudia el vuelo de las aves y proyecta 
una máquina voladora y llega á hablar del vuelo á vela, planeado y 
remado. El matemático Paucton, en 1768, considera la aplicación de 
la hélice á la propulsión é idea una máquina constituida por una 
hélice de sustentación de eje vertical y otra de propulsión de eje 
horizontal; era el elicóptero de Leonardo da Vinci. 

En 17S0 encontramos al mecánico francés Blanchard, quien hizo 
varias publicaciones y experiencias con un aparato compuesto de dos 
grandes alas, semejantes á paracaídas y fijadas en un esqueleto en 
que el operador estaba de pie. Logró volar, elevándose hasta 25 rae- 
tros, pero combatido por el gran matemático Lalande, quien estaba 
completamente equivocado sobre estas cuestiones, no i^udo prospe- 
rar; en realidad Blanchard no se hallaba en condiciones de volar, pero 
sus esfuerzos podían haber concurrido á la solución del gran proble- 
ma; j)oco después, á pesar de habérsele ofrecido un premio de ochenta 
mil francos, abandonó la aviación para dedicarse á la aerostación, 
cuando los Montgolfier realizaron sus experiencias, de las que nos 
ocuparemos en su oportunidad. 

Á fines del siglo xviii la idea del elicóptero de Leonardo, ampliada 
por Paucton, fué retomada por Bienvenu y Lanoy; se reducía el apa- 
rato á cuatro hélices que se movían por la torsión de un elástico. La 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



17 



coustrucción del aparato uo llegó á terminarse, ni se logró llamar la 
atención sobre él. 

Con esto termina el período especnlativo en la historia de la nave- 
gación aérea; vamos á entrar con el siglo xix en el período científico, 
I3or así decir. Detengámonos un instante, pues va á aparecer la figura 
del verdadero fundador del aeroplano, ignorado durante tantos años, 
negado después, aun por mucho tiempo y que cuesta todavía hacer 
reconocer por cuantos pretenden anteponer el sentimiento patrio á la 
verdad histórica inconmovible, cada vez más luminosa é indiscutida. 

Los grandes inventos son la obra de muchos hombres; llegamos á 




Fig. 5. — Aeroplano Hensou (tipo Cayley) 

sir Jorge Cayley que sintetiza la vasta labor de sus antecesores y 
que sienta los principios científicos que servirán de base á la aero- 
náutica. 



3. Período científico 

Sir George Cayley publicó en 1809 varios artículos en el Kichol- 
.wn's Journal y en la FJiilosophical magazine, de Londres, en los cuales 



AH. sor. CIENT. ARfi. — T. LXXVII 



18 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

se hacía la descripción detallada y comi^leta de un aeroplano, cuyas 
líneas generales, y aun de detalle, coinciden en un todo con el cons- 
truido por Henson 34 años después; estos artículos, que permanecie- 
ron desconocidos en Francia muclios años, fueron descubiertos por 
Pénaud en IST-l y presentados á la Société fran^aise de navigatiou 
aérienne, en el mismo año; en 1910 han sido reeditados en el A'ériel 
navigafíon. 

Para demostrar que Cayley es quien marcó rumbos seguros á la 
navegación aérea, describamos los estudios que contienen los citados 
artículos. 

Empieza por valorar la resistencia que ofrece el aire al movimiento 
<le una superficie delgada, de 0°'"093, transladándose, perpendicular- 
mente á su plano, con una velocidad de 7™16 por segundo; encuen- 
tra que diclia resistencia es de 4''^'88 por metro cuadrado. 

Si aplicamos las fórmulas del caso, para deducir cuál es el valor del 
coeficiente de resistencia del aire (resistencia de la unidad de superfi- 
cie, moviéndose perpendicularmente á su plano, á la unidad de velo- 
cidad), hallamos que dicho valor es K = O'^^OOS. 

Las experiencias modernas, llegan al valor medio K = 0,08, el 
cual difiere poco del que se deduce de las experiencias de Cayley^ 
con lo que se prueba la prolijidad de las medidas verificadas por este 
experimentador; tal resultado es muy importante, si se considera 
que en una lista de 30 valores, obtenidos por diversos experimenta- 
dores y en distintas épocas, los resultados obtenidos varían de 0,057 
á 0,13. 

Después Cayley, hace el estudio de un plano inclinado, con una 
superficie de 20 metros cuadrados, moviéndose en aire en calma, á- 
razón de 10^55 por segundo, y con una inclinación sobre el horizonte 
de 1/10 ' y deduce que si dicha superficie puede soportar una carga 
dada, la fíierza necesaria para conservar el movimiento, será el pro- 
ducto de la carga por la inclinación; confirmando así lo sostenido por 
Borda y verificado después por Bossut, Buat, Duchemin, Pénaud y 
Kenard. 

Es este punto, el que determina la base de la aviación, y su hallaz- 
go comporta la demostración de la posibilidad, de que, por sus pro- 
pios medios, pueda sostenerse en el aire un cuerpo más pesado que 
él, con poco gasto de potencia. 

Prosigue el estudio de Cayley, haciendo ver las ventajas del plano 
inclinado, y la importancia de la pequenez de la resistencia á la mar- 
cha, aplicando todo esto al estudio del vuelo de los pájaros, sieiulo el 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 19 

primero que hace constar las ventajas de la forma cóncava de sus 
alas, al considerar que esta forma, acrecienta mucho el apoyo que 
encuentra en el aire : al mismo tiempo, es el primero en aplicar la 
relación de las comi)onentes vertical y horizontal, para explicar el 
funcionamiento del ala. Por otra parte, tiene en cuenta la resistencia 
suplementaria ofrecida por el cuerpo de los pájaros, considerándolos 
como proyectil, y sus conclusiones, fueron utilizadas por los que des- 
pués de él, Pénaud entre otros, se dedican á estudios análogos, i^ara 
sentar conclusiones con aquella base. 

Cayley aconseja se veriñquen — y él las realiza — experiencias 
sobre la resistencia del aire, el aeroplano á hélice y el equilibrio 
aéreo. 

Sigue después la descripción de un planador, que llama aeroplano, 
correspondiendo á Cayley y no á Joseph Pline, como se ha dicho, la 
prioridad en dicha designación, que se conserva hasta nuestros días ; 
por otra parte, lo que patentó en 1855 Joseph Pline, con el nombre 
de aeroplano, era una especie de globo, pero más pesado que el aire, 
y que presentaba una gran superficie horizontal : cosa muy distinta 
al aeroplano. 

Cayley hacía descender su planador, desde lo alto de una colina, 
lastrado con un peso de 90 kilogramos; el aparato bajaba hacia la lla- 
nura, formando un ángulo con el horizonte de 10". Como se vé. Cay- 
ley utilizó el método que, 80 anos después, utilizara el famoso Lilien- 
thal en sus célebres exj)eriencias. 

En estos estudios se encuentra el cálculo de una máquina á vapor 
ligera, y de gran velocidad de rotación, destinada para la locomoción 
aérea : la caldera se compone de una serie de tubos de fierro que con- 
tendrían el agua, de pequeño diámetro y dispuestos de manera que 
forman la envoltura del hogar; el condensador es de superficie, siendo 
Cayley también, el inventor del primero de estos dos elementos déla 
maquinaria moderna. 

Además, trae el estudio de un tipo de máquina de exi^losión, á mez- 
cla gaseosa, y la teoría completa del vuelo á vela. 

Cayley observa que en un plano inclinado en movimiento, el cen- 
tro de presión varía con el ángulo de incidencia ; con lo cual, dice, 
puede conseguirse una especie de equilibrio automático, teniendo en 
cuenta que el centro de gravedad permanece inmóvil cualquiera que 
sea la inclinación : esto fué utilizado por Pénaud, para hacer su 
juguete planador famoso. 

Prevé una cola horizontal análoga á la de los pájaros, la cual por 



20 ANALKS DE LA SUCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la acción del aire sobre una ú otra cara, según la variación de la inci- 
dencia, en relación al plano de la trayectoria seguida, ])ermitiría ase- 
gurar automáticamente el equilibrio, al mismo tiempo que, por un 
ligero desplazamiento alrededor de un eje horizontal, permite asegu- 
rar la dirección ascend(;nte ó descendente del aeroplano ; la primer idea 
contiene el principio de lo que i^erfeccionado y aplicado á las alas, se 
ha llamado gaucliissement , adoptado por los hermanos Wright, y que 
Mouillard había descubierto, al hacer el estudio del vuelo de los pája- 
ros en el Cairo : es éste otro de los principios más importantes de la 
aviación, pues resuelve la cuestión del equilibrio, y hoy en día se 
construyen todos los aeroplanos, de modo que sus alas ó timones, se 
deforman de la manera indicada y á tal objeto, ó llevan pequeñas ale- 
tas en las extremidades, ó detrás de las alas, que pueden tomar incli- 
naciones diferentes á las de aquéllas, realizándose de este modo el 
mismo principio ; la segunda idea (desplazamiento alrededor de un eje 
horizontal), realiza el timón de profundidad, que hoy en día se usa en 
todos los aeroplanos. 

Jorge Cayley construyó un monoplano, con máquina á vapor, que 
ponía en movimiento á dos hélices, situadas detrás del aparato ; el 
aviador quedaba protegido del viento por medio de un gran cuerpo 
central, cerrado, que contenía también la motriz, logrando con ello 
que su aeroplano fuese mejor proyectil, por la diminución de la resis- 
tencia á la penetración; los aparatos más modernos y que han figurado 
en las últimas exposiciones, realizan esta idea de Cayley. 

En las experiencias y antes de hacer el ensayo del propulsor, se 
rompió el aparato, y falto de recursos, hubo Oayley de abandonarlo 
todo, muriendo poco tiempo después : corresponde hacer notar que 
Oayley preconizaba el uso de la hélice en 1809, y recién en 1839 tuvo 
lugar el primer ensayo, realmente práctico, de un propulsor helicoide, 
cuando Smith hizo en veinte horas en su buque, el ArcMmedes, de 237 
toneladas, su viaje de Gravesend á Portsmouth. Cuando hace el estu- 
dio de la motriz, no deja Cayley de darse cuenta de las dificultades 
que se presentarían, para construirla potente, sólida y liviana. 

Las investigaciones de Cayley, no se detienen sólo en la aviación, 
sino que abarcan todo el campo de la navegación aérea, pues estudia 
el globo fusiforme, á hélice; la necesidad de su gran tamaño y rapi- 
dez; el medio de obtener esta última, valiéndose de una manga de 
aire provista de un ventilador; los principales sistemas estáticos y 
dinámicos, propios para el ascenso y descenso, sin pérdida de lastre; 
todo está claramente estudiado. 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 21 

También realiza Cayley un estudio sobre los paracaídas, á projió- 
sito de los ensayos que liacía Jacques Garmerin, el 22 de octubre de 
1797, del que nos ocuparemos en la aerostación, y llega á la conclu- 
sión de que todos los ideados hasta entonces tenían las formas más 
inconvenientes y nocivas que pudieran imaginarse, para el destino 
deseado : el paracaídas ideado por Cayley tiene la forma general 
pero invertida, pues dice : « la forma cónica, con el vértice del ángulo 
vuelto hacia abajo, es la base principal de la estabilidad en la nave- 
gación aérea», y citaba como ejemplo la estabilidad que los navios 
deben á su corte general y necesariamente á su quilla, notando como 
evidente que la inmersión de la superficie actuante del paracaídas 
será un elemento de estabilidad. 

En Francia, Alfonso Pénaud demostró igualmente por numerosas 
experiencias la exactitud de esta teoría. Hace ver que la forma 
corriente de paracaídas, el de Garnerin, por ejemplo, actúa en un 
sentido opuesto al del equilibrio, pues al producirse un balanceo, el 
lado que va hacia la caída encuentra una resistencia mayor en su 
nueva posición para volver á la primitiva, y el lado que tiende á ele- 
varse encuentra una resistencia menor para seguir su marcha : con 
todo esto, el vuelco es inevitable. 

Cocking, en 1836, ensayó este tipo de paracaídas, abandonando un 
globo á mil metros de altura ; pero como no había realizado ensayos 
previos para determinar la superficie necesaria para sostener su peso, 
pagó con la vida su imprudencia. 

La obra de Cayley no tuvo consecuencias inmediatas, pero hacia 
1943, Henson realizó el aparato de volar de aquél, construyendo un 
verdadero monoplano. Desgraciadamente, Henson estaba completa- 
mente equivocado respecto de los principios científicos de sustenta- 
ción y el modelo de cerca de 7 metros de ancho que construyera con 
un inventor de la época, Stringfellow, romi^ióse antes de abandonar 
el i)lano inclinado, desde el cual debía lanzarse el a^jarato. 

La máquina de Henson, modelo Cayley, era un verdadero aeropla- 
no y cuando Henson abandonó sus tentativas, Stringfellow que las 
continuó, logró fabricar un modelo pequeño que voló 40 metros, pro- 
visto de un motor á vapor, bastante imperfecto por cierto, como no 
podía ser de otro modo, dada la época. En el estudio de este elemen- 
to, Stringfellow después de numerosos ensayos, alcanza á construir 
un motor á vapor cuyo peso no pasaba de 7 kilogramos por ca- 
ballo. 

En esta misma época aparece una serie de constructores de apara- 



22 ANAI.ES DK L\ SOCIEl>Al) ("IKNTÍFICA ARGENTINA 

tos, entre los que pueden citiuvse por su interés : el de J^ejíen, i)ara- 
caídas ensayado en Viena en 1808 ; el aerovelero de Sarti, en Bolo- 
nia, en 1828; el eliwSptero de Pliilipps en 1850, con motor raecánico; 
el paracaídas (lir¡¿;ible de Letour, que le costó la vida, en 1852 ; el 
aeroplano de Loup en 1852, que tenía la forma de ave; el aeroplano 
de Breant, también de forma de ave, que debía mover el mismo avia- 
dor con sus brazos y pies; el elicóptero de Amecourt en 1853 ; Ca- 
lingford. con un aeroplano en 185G ; los aeroplanos de Le Bris en 
1857 ; de Villejuif en 1858 ; los elicópteros de Bright, Landelle y 
Liáis en 1860 á 1863 ; el monoplano de Louvrié. En el año 1863 tó- 
cale intervenir áTournaclion, quien lanza su famosa iH'Oclama relati- 
va á las ventajas del más pesado que el aire y pone á la orden del día 
la cuestión. 




Fig. 6. — Aeroplano Pénaiid 

Todos los aviadores citados, aun cuando hayan realizado esfuerzos 
estimables, al trabajar con posterioridad á Cayley, no pueden llamar- 
se precursores, y i^or tanto su obra no cabe dentro del período cientí- 
fico que Cayley abriera. La i^roclama de Tournaclion, más conocido 
])or su seudónimo Nadar, que aparece casi conjuntamente con el eli- 
cóptero de Pontón D'Amecourt, no tuvo efecto mayor al fin, pues á 
pesar de hacerse tema de moda, sólo aparecieron el elicóptero de 
Amecourt (que era el de Leonardo con motor) y el de Folamine en 
1877, quien construyó un motor á vapor de 1/5 de caballo que sólo 
pesaba 1,5 kilogramos. El sistema ascensional lo constituían dos hé- 
lices, una superior que giraba y otra fija para asegurar la estabili- 
dad. La caldera era una esfera y proveía el vapor necesario á un peque- 
ño motor de dos cilindros ; el aparato se movía y elevaba hasta 13 
metros de altura sin dificultad. 

Un año después, Castel aplicaba al elicóiitero un motor de aire 



HISTORIA DE LA NAVEGACIOX AEREA 



23 



comprimido, con el cual también pudo elevarse el aparato que pesa- 
ba 23 kilogramos. 

Las otras tentativas posteriores nos llevarían á nna serie de citas 
y de nombres que ninguna influencia tuvieron en el progreso de la 
aviación ; dejémoslas, pues, para llegar á Wenliam en 1866, que propo- 
ne los planos superpuestos y es precursor de Hargrave y del mismo 
Langley y sobre todo á Pénaud que es el primero en aplicar liábil- 
mente las teorías de Cayley para darles aplicación positiva y certera. 
Pénaud es una prolongación de Cayley, y su obra la realización ex- 
perimental de la obra de éste. Pénaud observa el principio del ala- 
beamiento (gaucMssenient) que Cayley había presentido y expresado 
con más ó menos claridad ; el aparato de Pénaud realiza ya un aero- 




Fio-. 



Aeropland Tatin 



plano moderno y si la falta de recursos no lo hubiera detenido á la 
mitad de la jornada, se le habría visto volar largamente. 

En 1877 Guillermo Kress, construyó un aparato análogo al de Pé- 
naud, perfeccionado sobre el de éste, pero á planos escalonados, y 
que no solamente no requería impulso inicial como el de Pénaud, sino 
que además no se limitaba á descender, pues podía ascender ligera- 
mente en el aire ; este aparato representa un adelanto considerable y 
iligno de tenerse en cuenta, por ser la aplicación de principios cien- 
tíñeos. 

Víctor Tatin, poco después, construyó un aparatito á resorte que 
luego substituyó por otro con motor á aire comprimido, el que se ele- 
vaba por sí mismo y giraba en el aire alrededor de un punto, al que 



24 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



stí luillaba ligado ; el mismo Tatíii opinaba que en vuelo libre, difícil- 
mente se hubiera mantenido el aparato, por falta de estábil i<lad. 
Años después con Ricliete en 1890, ensayó un modelo de 33 kilogra- 
mos de peso, de la forma de Cayley, á dos hélices ; el primer vuelo 




Fig. 8. — Aeroplano Maxim 



<lió hasta 90 metros, recorrido que aumentó después ; el motor era de 
1,00 caballos. En 1896 llegó á recorrer 140 metros; el lanzamiento 
se hacía por plano inclinado y sobre rieles. 

Hirán Maxim, el conocido fabricante de cañones y ametralladoras, 




Fig. 9. — Aeroplauo omitóptero de Hargrave 



construyó un multiplauo en 1895, con el que realizó experiencias de 
verdadero valor. 

El aparato pesaba 3,640 kilogramos tenía 557 metros cuadrados de 
superficie y un motor á vapor de 363 caballos, cuya máquina se consi- 
deraba una maravilla mecánica; en el peso indicado se comprendían 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



25 



tres personas, el aceite, agua y nafta. Se deslizaba por uua i)equení- 
sima pendiente y e^.taba provisto de un contrarriel superior, con uu 
pequeño juego, para evitar que la máquina elevara su vuelo más de 
los 60 centímetros que permitía la equidistancia de riel y contrarriel. 







Fig. 10. — Treu de cometas sustentando una bai(inilla tripulada 



Después de un recorrido de 180 metros, el aparato se apoyó comple- 
tamente en los contrarrieles superiores, abandonando por tanto el 
apoyo y al recorrer 270 metros el eje posterior se rompió, volcándose 
el aiiarato. EPesñierzo necesario para romper este eje era de 5000 



26 



AXAI.KS 1)K I,A SOCIEDAD CIENTIl-ICA AKGKNTINA 





íl". n. — Lanzamiento de un elemento eeliilar 




Fig. VI. — Aeroplano Langley 



HISTOKIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 27 

kilogTiimos por tanto el empuje ascensional del aparato era en 100(» 
kilogramos, superior á su propio peso, por lo menos. 

Horacio Pliilip]>s construyó un pequeño aparato á persianas, con 
motor, el que consiguió abandonar la pista, sin piloto, en un trayec- 
to de 300 metros ; sus experiencias corresponden á 1893. Su sistema 
á persianas fué el resultado de sus estudios analíticos y prácticos 
que lo condujeron á darle una superficie ligeramente curva, como lo 
había establecido Cayley. 

Hargrave, en 1890, ideó una combinación de aeroplano con oruitói>- 
tero, siendo los planos sustendores en forma de diedro y delante de 
ellos dos pequeñas alas batientes con motor á aire comprimido de un 
tercio de caballo ; este modelo llegó á volar 156 metros con bastante 
seguridad. En 1893 ideó sus cometas celulares, con un tren de los 
cuales al año siguiente realizó una ascensión personal. En 189(5 e! 
oficial inglés Badenpowel se eleva á 100 metros de altura con un tren 
de cometas. 

El profesor norteamericano Samuel Pierpont Langley, astrónomo 
y matemático de gran valer, es otra cumbre de la aviación. En efecto, 
Langley que era secretario perpetuo de la Smithsonian institutíon. 
dejó una obra técnica y científica experimental de la más alta impor- 
tancia. En 1889 hizo un estudio completo, investigando las leyes de 
la resistencia del aire que fueron publicadas en un libro. El valor del 
coeficiente de resistencia del aire, hallado por Langley, es K = 0,08, 
igual al que dieran las experiencias más modernas. 

Hizo cuatro modelos de aeroplanos : el primero provisto de un mo- 
tor de ácido carbónico y los demás á vapor; los resultados de los en- 
sayos fueron nulos. 

Por fin con su quinto modelo, monoplano en tándem y con un mo- 
tor de 1 HP, el 6 de mayo de 1896 realizó un vuelo de 900 metros, 
pesando el aparato 13 kilogramos ; después repitió los ensayos sobre 
el Potomac, llegando el modelo á recorrer 1600 metros en 1 minuto 
45 segundos, ó sea con una velocidad de 54 kilómetros por hora y con- 
servándose en perfecto equilibrio á pesar de lo largo del recorrido y 
no ser manejado j)or nadie. 

El gobierno de Estados Unidos se interesó en el aeroplano y resol- 
vió acordar á Langley 250.000 francos para construir un aparato que 
fuera capaz de llevar un hombre; dicho aparato se construyó con una 
superficie de 97 metros cuadrados y un peso, comprendiendo al pilo- 
to, de 377 kilogramos. El motor á esencia era de 52 HPy sólo pesaba 
150 kilogramos, teniendo 5 cilindros. 



28 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Los l;ui7>;uiiieiitos se veiiticuroii dosde lo alto de una ('S})e(*ie de 




Fig. 13. — El avióij ilf Atler cou las alas desplegadas 

chata flotante ; el primer ensayo se hizo el 7 de octubre de 1903, pero 
enredado el aparato en la plataforma, cayó al Potomac con su piloto 
el profesor Mauly. El 8 de diciembre se hace otra experiencia, cou 




Fie. 14. — El avióu de Ader con las alas reforzadas 



igual resultado, y poco tiempo después, agotados los fondos que diera 
el gobierno, se hizo un tercer ensayo, cou fondos particulares, el que 
también fracasó. 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 29 

Laiigiey murió el 27 de febrero de 100(5, alcanzando á ver que 
se resolvía el problema al cual liabía consagrado una ])uena par- 
te de su vida, pues los hermanos Wriglit hacían entonces grandes 
A'uelos. 

La experiencia con los modelos, fué de lo más notable que se hicie- 
ra hasta entonces. 

M. Bleriot, en 1907 y lOOS con el mismo tipo de aparato que Lan- 
gley, pero dispuesto para partir sobre tierra y poder recomenzar sus 
experiencias, sin mucho gasto, logró volar, siendo ese uno de los pri- 
meros vuelos realizados. 

El ingeniero Clemente Ader, conocido físico contemporáneo, cons- 
truyó en 18S2 su primer avión que llamó Eolo, para fines militares. 
Sus alas eran plegables ; se movía á vai)or con dos hélices anteriores, 
timón y tren de aterraje de tres ruedas. 

Posteriormente en 1890, realizó vuelos hasta de 50 metros, si bien 
no hay confirmación de estos datos, pues sus informes, como milita- 
res, fueron rigurosamente secretos. En 1892 el taller de Ader se 
militarizó por completo. 

Militarizado el taller, se construyó el avión número 2, á tracción 
central, y el avión número 3 á doble tracción, el cual se experimentó 
en el campo militar de Santóry en octubre de 1897. El vuelo de este 
avión, cuyo peso era de .500 kilogramos con motor de 30 caballos, al- 
canzó á 300 metros. 

El gobierno francés mantuvo en secreto el informe de la comisión 
designada para estudiar los aviones, pero después de él, le fueron cor- 
tados á Ader los subsidios oficiales que habían alcanzado á medio mi- 
llón de francos. 

Detengámonos otra vez. Vamos á cerrar el período científico para 
entrar en el de aplicación; la figura valerosa de Lilienthal, aparece 
como otra cumbre de la aviación y su método de experimentación, 
así como la magnitud de la labor que realizara, lo colocan al lado de 
Oayley y Leonardo da Vinci, los otros genios que marcaron época en 
este importante asunto. Después de Lilienthal el dominio de los ai- 
res queda asegurado para siempre y entramos en el período presente 
de la navegación aérea. 



?Á) 



ANALES DE I. A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



4. Período de aplieüción 

La historia de la aviación, liasta Lilientbal, liabía recorrido las 
<'tapas iniciales del desenvolvimiento de todas las ideas é inventos 
linmanos. La leyenda más bermosa había mantenido viviente el 
recuerdo de esta ns])irnf'ión de todos los tiempos y de todos los paí- 




"*. 



Fifí. !•>• — Piimt-r aparato de Lilieuthal, 1893 



ses; el panlatino crecimiento de las ciencias positivas, había ido pre- 
l)arando los elementos necesarios para su concepción racional; la 
observación había prestado su concurso soberano para crear ó modi- 
ftcar los dispositivos, pero faltaba aún realizar la experimentación 
como método final para el más rápido jirogreso. 

Así la conquista de los aires, había de seguir el proceso univer- 
sal de los conocimientos. Cuando por primera vez se ofrece á la 
investigación humana una cuestión de interés ó importancia, hasta 
entonces no considerada por cuahiuier causa, la razón que la examina 
y estudia, establece una serie de principios, preceptos ó raciocinios, 
por el sólo ministerio de la intuición pura. La ausencia de anteceden- 
tes, de premisas concretas ó de fenómenos observados ó conocidos, 
conduce á la inente humana á suplirlos, como suple la carencia de 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



31 



leyes por hipótesis, y los heclios documentados por conjeturas. 
Con el transcurso de los tiempos, el ejercicio de los conocimientos 
y la aplicación de las hipótesis sentadas, comienza á crearse un orga- 
nismo, á cada instante más complejo, que permite revisar y rever las 
teorías aceptadas y á medida que se acumula el material recogido, el 
raciocinio, provisto de mejores armas, busca y encuentra mayores 




'* 



Fig. 16. — Nuevo aparato tle Lilientbal, 1895 



elementos de juicio y lees dado desechar las primeras hipótesis y 
<;onjetnras puramente intuitivas, para substituirlas por otras más 
firmes y duraderas, dado que resultan ya de un proceso formal de 
deducción, que es posible aplicar, cuando se ha logrado reunir ante- 
<;edentes y nociones bastantes, para construir dicho proceso de- 
<luctivo. 

Desde ese instante es ya posible aprovechar, en todo su beneficio, 
<le la observación en ])rocura de nuevos hechos y otros elementos dis- 



32 



ANALKS Dlí LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



«retauíeiite elejíidos, y á poco será y;i preciso lecunii' á un iiictodi) 
más activo y diiuíniico y iikís positivo, para satisfacer la (lemaiula 
cada vez más imperiosa de comprobaciones, datos y detalles de meca- 
nización del edificio que se construye. Tal el método experimental 




:j*S 



Fis;. 17. — Lilieutal ateiriza con su liii)lauo, 1895 



que en aviación iba aponer en práctica Lilientlial, cuya escuela diera 
resultados tan decisivos é inmediatos. 

Lilientlial tuvo la virtud de comprender que la aviación había lle- 
gado al período experimental y por este juicio se propuso ir determi- 
nando paulatinamente las condiciones que debía satisfacer un aero- 
plano i)ara recorrer seguramente los aires. El problema se le aparecía 
desde luego, descompuesto en dos partes principales. Eran éstas : I"" 
la estabilización del aparato y 2"" su impulsión; cada una de estas 
partes encerraba á su vez una serie de problemas importantes que 



HISTORIA Dli LA XAVEGACIOX AEREA 



33 



<íra preciso resolver por experiencias personales repetidas, las cuales 
<lebian realizarse, como es natural, con un aparato teórico, construido 
<le acuerdo con los conocimientos y las hipótesis más racionales, que 
la experiencia liabía de corref^ir. 

Se propuso, en primer término, determinar la influencia de la incli- 
nación de las alas en los vuelos, la (;onveniencia de la forma curva, 
la amplitud de su superficie y forma más apropiada. 

Con estos fines proyectó una estación experimental sobre una 




V\'¿. IS. — El iiimiato (li- Liliiiitluil. con uiotor. ISOó 



|)equeua colina, elevando algunos terraplenes destinados á facilitar 
sus experiencias: construyó un liangar en forma de torre, desde cuyo 
techo podía lanzarse. 

Las alas que usaba Lilientlial estaban constituidas por nervaduras, 
<le modo que pudieran replegarse con facilidad para hacer más senci- 
llo su transporte de nn punto á otro. Se lanzaba generalmente contra 
el viento y desde sus primeros vuelos, los que no pasaban de 10 ó !."> 
metros, comenzó á hacer notables observaciones que fueron refor- 
mando constantemente el aparato. 

Desde luego, la diversa incidencia del viento, sobre una y otra ala, 
le hizo reducir su longitud para asegurar su dominio y conservar > 
restablecer rápidamente el equilibrio. El ancho de las alas quedó tam- 



AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVÜ 



34 



ANALES J)K l.A SOCIKDAD CIENTÍFICA A im ENTINA 



bien limitado, ;i tiii de i)0(ler cambiar la posición del centro de j>Tave- 
dad. con esfnerzo pcíiucrio: el aviador debía colocarse en la parte 
delantera del aparato, por ejercitarse inicialmente en ella la presión 
del viento. 

Con estas y otras observaciones llegó á establecer la forma y dimen- 
siones de las alas, la disposición del aparato, la manera de aterrizar. 
Convencido de la insnficiencia de las fuerzas humanas para el manejo 
y maniobras del aparato, decidió construir un motor á vapor de dos- 
caballos efectivos y de L'O kilojíramos de peso; sus propósitos eran,. 





Fig. 19. — Ai-rnplaiKi di- I'ilchi-r, 189^< 



Utilizar el motor en su tipo de alas y luego agregar alas móviles, las^ 
(¡ue serían animadas por el motor, cuando la experiencia le hubiese 
mostrado las ventajas de este procedimiento. 

Dedujo también que, provisto de motor el aeroi)lano, sus alas no- 
debían tener tanta curvatura como en el caso de las experiencias sin 
motor. 

« En cíuiclusión, afirma, la única manera de superar las ventajas del 
batir de las alas, consistiría en el uso de la hélice aérea, á la vez pro- 
pulsiva y sustentadora. Solamente las experiencias pueden conducir 
al éxito.» 

Las experiencias de Lilienthal llegaron á dos mil y era tal la peri- 
cia adquirida en tantos vuelos, que los últimos se realizaban ya con 



HISTORIA DK LA NAVEGACIÓN AÉREA 35 

vieutos fuertes é irregulares, alcanzando en ellos á recorrer distan- 
cias de 100 y 150 metros, sin motor. En 1891 construyó un biplano, 
habiendo ya logrado evolucionar en el aire, describir curvas y casi 
retornar al punto de partida. En 1800, hizo construir un aparato pro- 
visto de motor, de dos caballos y medio; por esa época hizo sus últi- 
mos vuelos, que alcanzaron á .300 metros en 12 segundos, sin motor, 
y cuando se disponía á ensayar su nuevo aparato provisto de motor, 
se mató el 13 de agosto de 1890, precipitándose de una altura de 10 
metros, sorprendido por una borrasca (pie hizo bascular completa- 
mente su aparato. 

Las experiencias de Lilienthal y sus resultados habían sido nume- 



.í^ 



■••/»■ 

¥ 




'4-M 



Fig. 120. — Pi)i;lifi- ili-.sccii(lirii(l(i i>ur;i aterrizar, 189!) 



rosamente publi(;ados y reproducidos, y el valeroso experimentador 
había ya conseguido formar escuela antes de morir. Pero cabe decir 
que todo cnanto le sigue, en este período extraordinario que media 
entre su muerte y los actuales vuelos por centenares en todas partes 
y en todas formas, es sólo la consecuencia de sus audaces vuelos, de 
su empuje y valentía y de sus métodos de trabajo. 

Los continuadores más inmediatos de Lilienthal fueron Pilcher en 
Inglaterra, Chanute y los Wright en los Estados Unidos, Ferber y 
Santos Dumont en Francia. 

Pilcher continuó las experiencias de Lilienthal, realizándolas en 
forma análoga, hasta que al)andonó el método de lanzamiento de 
aipiél, haciendo arrastrar su monoplano por un caballo al g]'an galope; 
el aparato remontaba como una cometa, en cuyo instante Pilcher sol- 
taba la cuerda que lo retenía y el aeroplano continuaba su vuelo, 



o(l ANALKS DK LA SOCIKDA ) CIENTÍFICA ARGENTINA 

¡iiiiniiulo (le la vclocidíul (' iiiiimlsioii recibidas. Audaz como sn inacs- 
tio, cometía la im])iudeii(úa de \<»lar en días temi>estu<)SOs, lo (^ue al 
tín le ocasioiK» la muerte, á tiues de ISlMí. 

El mismo día en que rilclier sucumbía en una caída de su aparato, 
el cai)itán Ferber en Francia inicia\ a nuevas experiencias con un 
monoplano de 1*.") metros cuadrados de superticie y oclio metros de 




Fio. 21. — El ¡iiiaiato lU- Chanute 



abertura, que se destrozó en un primer accidente. Ferber construyó 
tres aparatos más, con los que pudo hacer dos vuelos de 15 y 24 
segundos. Puesto ya en comunicación con Clianute de Estados Uni- 
<los en 1001, construyó luego un Itiplano de 50 kilogramos de peso y 
33 metros cuadrados de sui^erflcie de sostén: con él voló hasta 50 
segundos, decidiéndose entonces á aplicar un motor de cuatro á seis 
caballos, que le permitiera efectuar las experiencias que Lilienthal 
no alcanzara á realizar. 

Pero Ferber pudo volar i)ositivamente, recién en 1908. con el 
noveno aeroplano, provisto de un motor de 50 caballos, con el que 
salvó 300 metros; para entonces ya los Wright y Santos Dumont 



HISTORIA L)i: LA NAVEGACIÓN AEKEA 



37 



volaban largamente y desde años atrás. Ferber talleció, también víc- 
tima de la aviación, en lUOi). 

Desde los primeros pasos de Lilientlial i)or los nuevos métodos. 




Fig. 22. — Heii-iiig y Aveiy, 1899 



para la couqnista del aire, el conocido ingeniero yankee, don Octavio 
Channte, comprendió que la historia de la aviación entraba en nn 
nnevo período y se propnso seguir los esfuerzos del esforzado experi- 
mentador y secundarlos. 

Su avanzada edad, sin embargo, no le permitía efectuar los experi- 
mentos personalmente, sino ])or excepción, de modo que tuvo que 



38 



ANALKS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



vecurrir á sus discípulos Avery y Ilcrring, quienes continuaron las 
experiencias ]»or aljíún tiemiK». Clianute construía un multiplano y 
con él se lanzaba al aire desde lo alto de un cerro, planeando sin difi- 
cultad basta alcanzar tierra sin violencia. 

Por aquella época Chanute se puso en contacto con los lierinanos 
Wriglit, (pu^ desde tiempo atrás habían mostrado iiredilección jior 
este género de estudios. Hacia 1!>00. con los datos contenidos en las 
l)ub]i<;acione8 de Chanute, derivadas de las experiencias de Lilien- 
thal, los Wriglit construyeron un biplano, que efectuó algunos vuelos 





r^f"¿ 



Fi^í. 23. — Otri) liiio il<' |il:inailiii Cliinmtf. l!^9!l 



planeados, y durante los años 1000 á 1002 introdujeron algunas mo- 
dificaciones á los primeros tipos de planeadores; en primer término, 
la cola estabilizadora fué suprimida, reemplazándola por un plano 
delantero horizontal, destinado á permitir el ascenso ó descenso del 
aparato á voluntad del aviador: dicho plano se podía inclinar con 
facilidad y hacer el efecto de timón de altura. En tales condiciones, 
se les ocurrió que podían cambiar el método de lanzamiento utili- 
zando el timón descripto. 

Ayudados por algunos auxiliares, imprimían un movimiento de 
avance al aparato hasta adquirir alguna velocidad, en cuyo mo- 
mento, con un golpe de timón de altura, abandonaban el suelo y con- 
seauían volar hasta 200 metros. 



HISTORIA DK LA NAVEGACIÓN AEREA 



39 






4,t'T ^^^ 










Fig. 23. — El aeroplauo uúiiieru 4 de Foiliir cu Xi/.a. 1111)1 



40 



ANAl.KS Olí LA SOCIKDAI) (IKNTIFICA ARGENTINA 



Introdujeron tiiinhicii el ciicorNiíiiiiciito de l¡i cxt rciuidad de las 
alas, variable á \oluiitad, y de esc modo pudieron no sfdo restablecer 
el equilibrio, encaso necesario, sino tand)ién producir \irajes y modi- 
ficaciones en la marcha. En estas condiciones hicieron una gran can- 
tidad de vuelos en los que alcanzaron una gran seguridad, bajo todos 
los aspectos. Se reprodujeron entonces las frecuentes experiencias 




Fi". -^4. 



Wii^lit i-ii 1001. .sin motor 



que diez años antes efectuara Lilienthal y fué posible aumentar día á 
día el número y género de los conocimientos adquiridos. El biplano 
de estas experiencias pesaba o'.\ kilogramos con una superficie de sus- 
tentación de 28 metros cuadrados; la longitud total del aparato era 
en algo inferior ¡i 10 metros y la seiiaración de los planos alcanzaba 
á l"'o. 

Recién en i;)0.'> tuvieron el pensamiento de ado]>tar un inotor á su 
aeroplano, cuando ya habían adquirido el pleno dondnio del planador 
y asegurado su éxito como tal. 



HISTORIA 1>K I,A NAVEGACIÓN AEREA 



41 



El citado sabio Cliauíite daba el 2 de abriTde lOO.í, en la sociedad 
Aero club de Francia, su gran conferencia sobre la aviación. 

Señala esta conferencia una feclia histórica de importancia : puede 
considerarse como punto inicial del cuantioso y bien meditado tra- 
bajo de investigaciones y las aplicaciones que crea la locomoción 
aérea moderna por medio de aparatos mecánicos. 

En ella el ilustre americano después de haber reasumido su trabajo 



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y examinado los estudios sobre el vuelo iniciado por Lilienthal, relata 
«latos y hechos que demuestran cómo, en los Estados Unidos, el pro- 
Idema se aproxima ala solución, por obra de Orville y Wilbur Wright, 
habitantes de la ciudad de Dayton. Por jirimera vez el nombre, des- 
pués famoso, de los dos grandes aviadores americanos se hacía cono- 
cer de Europa. Los más sorprendidos por tan inesperada revelación, 
la consideraron con cierto escepticismo. Dos personas, empero, se 
interesaron vivamente : el capitán Ferber que hacía entonces sus 
exi)eriencias de vuelo sin motor, en ífiza, y el notable automovilista 
Archdeacon. 

Este último, en el diario Jai locomoción, escribió un extenso artículo 
en el cual tendía á atraer la atención del público, sobre el problema 



42 



ANALKS UE LA SOCIEUAU CIENTÍFICA AKíiENTINA 








^^|^,*§PÍS*^*";' ' ., , 



Fig. 26. — Ferber en 19U2, sin motor 





•*"' .^^l* 




Fio. 27. — Los Wrioiit volando con motor t-u l'.Hi.'i. Kl iiroliU-ma resuelto 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



4Í{ 



de la aviación, con el fin de que la solución tan buscada en Euroi)a. 
no fuera resuelta antes en América. 

Chanute, entretanto, antes de volver á los Estados Unidos, prome- 
tió á sus ami<ios franceses informarlos sobre los éxitos obtenidos por 
los hermanos Wriglit. En efecto, mandó pocos meses después una 
extensa carta, en la cual reasumía los resultados y los métodos que 
permitieron obtenerlos. 

En enero de 1904, el diario L'aérophile publicó la primer carta en 
que losWrigiit anunciaban haber realizado un vuelo de 250 metros el 




Fig. 28, — Lauzamit'uto del at'iuplauo Wiiglit 



17 de diciembre de 1903, en biplano con motor, á pesar de soplar 
un viento de más de 40 kilómetros por hora. Á una afirmación aná- 
loga, que seguía á las noticias dadas ya por Chanute, tendientes á 
<lemostrar cómo realmente en América se estudiaban y se obtenían 
resultados prácticos, no se le dio crédito. 

Dos grandes diarios ingleses y I/illustration francesa publicaron 
fotografías que representaban los aparatos de los hermanos Wriglit 
en el aire. 

Estos documentos gráficos fueron considerados apócrifos. En Eu- 
ropa se obstinaban en no dar crédito á estos resultados satisfactorios; 
llegaban siempre nuevos documentos que, malgrado sus afirmaciones 
<!ategóricas, no lograron obtener mayor fe. 

El primero de ellos fue una carta de los hermanos Wright al ca- 



44 ANALKS DIO LA SOCIIOUAÜ CIENTÍFICA ARGENTINA 

l)itá]i l'\'rber, <iiii<'ii mantenía estrecha correspondencia con ellos. 

Esta carta es de la mayor iiii[)(>rtancia y la reproduiúinos en su par- 
te esencial. 

« Nuestras experiencias del mes pasado nos han demostrado que 
l)Oseemos desde ahora máquinas volantes prácticas, aplicables á varios 
íines. El 3 de octubre de lOO") liemos realizado un vuelo de 24 kilóme- 
tros 535 metros, en 25 minutos y 5 segundos. El día siguiente la dis- 
tancia fué de 33 kilómetros 456 metros en 31 minutos y 17 segundos. 
El 5 de octubre nuestro vuelo duró 38 minutos y 3 segundos, cubrien- 
do una distancia de 3í) kilómetros y nuestra detención fué causada 
por falta de bencina. Los espectadores de estos vuelos se entusiasma- 
ron de tal modo que no fueron capaces de guardar el secreto. En vis- 
ta de que nuestras experiencias estaban por ser del dominio ])úblico, 
suspendimos nuestros experimentos hasta conseguir un lugar ajnY)- 
piado para mantenerlas en reserva. 

«Nuestra intención es de ofrecer el aparato á varios gobiernos para 
aplicarlo á fines militares. Si usted cree que su gobierno se interesa- 
rá en ello, podemos ponernos en correspondencia con él. Estamos 
prontos para proveer por contrato, máquinas que serían entregadas 
sólo después de una prueba de más de 40 kilómetros. 

« El aparato tiene capacidad para transportar el aviador, y una pro- 
visión de becina para realizar más de 100 kilómentos ». 

La afirmación de haber cumplido trayectos superiores á 20 kilóme- 
tros y la propuesta de proveer aeroplanos capaces de hacer viajes de 
más del doble, parecía cosa no sólo exagerada sino del todo inverosí- 
mil en una época en que en Europa un vuelo de 500 metros, había 
sido considerado un resultado sorprendente. Se creyó entonces que 
se trataba de una afirmación de los inventores, sin comprobación al- 



guna. 



VA capitán Ferber solicitaba en tanto de los hermanos Wright ex- 
])licaciones complementarias y al mismo tiempo rogaba á Chanute 
las confirmase. 

El 4 de noviembre se recibió una nueva carta de Wright, en la cual 
confirmaba lo dicho anteriormente y ofrecía en venta su privilegio, 
por la suma de un millón de francos. 

Chanute confirmaba taml)ién la propuesta. 

El silencio absoluto de la prensa americana al respecto, justificaba 
el escepticismo europeo. 

Los Wright celosísimos de su invento, habían hecho de manera que 
ni los mismos diarios de Dayton dieran noticia alguna de sus vuelos. 



HISTOKIA DE I.A NAVIOGACION AEREA 



45 



Además, las exx>eriencias se prosiguieron con el mayor secreto sin 
espectador alguno. 

Ante el escepticismo de los franceses, los dos americanos contes- 
taron con un silencio absolnto, que debía durar más de tres años. 

Antes de proseguir daremos á ccmocer los resultes obtenidos i)or 
los Wriglit en el primer período de sus experiencias, á saber: 



Fcflia 

1903 diciembre 17 , 
lito.") septiembre 6. , 
26 

— 29 

— :^0 

octubre ;->... 
— 4... 



Di.stpiíciii 

c'ii kilómetros 

. 260 
10.120 
17.961 
19.. ".70 

24.535 
33.456 
38 . 956 



Diir.nciíiii 
0"'59 " 

18.9 

19.55 

17.5 

25 . 5 

33.17 

38.3 





A^lJÍ-^ 




Fií 



l'iinii'ia i-xpciifiuia di- aviación ile Santos Dunionl. l'.lDli. con motor 



Después de los vuelos, ya deíinitivos de los AYright en Estados 
Unidos, á los que no se había i)restado fe alguna en Francia, como de- 
<iimos, á pesar de las declaraciones de Clianute, Ferber, Arcliedacon 
y de las comunicaciones del mismo Wriglit al Nuevo ('lub de Fran- 
cia, se realizaron en Bagatelle las famosas experiencias controladas 
del ingeniero brasileño Santos Dumont, en 11K)(>. 



46 



ANALES 1)K I. A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Desde diciembre de 1!>()3 en (\no los Wiiylit liacían su primer vue- 
lo, con motor, la aviación liabíii (iiiedndo detiiii divamente creada, y 
desde el li.'> de octubre de l!M)(i no pudo (•al)er duda alguna, desde 
que Santos Dumont, con otro ai)aiato, realizó vuelos en su biplano' 
celular, inspirado en Hargraves, 

Aconsejado \)0y Ferber y Archdeacon, se dedicó Santos Dumont á 
estos estudios. Construyó su primer aeroplano número 14, adoptó un 
motor de 24 caballos : con éste, el aeroplano no logró elevarse y de- 
bió reemplazarlo ])or un motor de 50 caballos ; la liélice que era de 





: '>!<?»; ;,2SJB3» -"Mil í #■ . ^jfc 

Fig. 30. — Piinii-i- vufli) otkinl ciiiopuu cdii iiidtor. Santos üiuiioiit el '2?, de octubre de li)0(i 



luadera fué sustituida por otra de acero, que terminaba en palas de 
aluminio; el aparato así transformado se llanu) número 14 bis y en el 
(pie estaba destinado á efectuar el primer vuelo europeo. 

Este aparato estaba constituido por un largo pico, seguido por los 
planos sustentadores, en forma <le células Hargrave, móviles en el 
sentido vertical y horizontal ; venían, pues, á desempeñar el papel de 
timón de dirección y de i)rofuudidad. La superficie de sustentación 
alcanzaba á 52 metros y el peso del a[)arato llegaba á 300 kilogra- 
mos, comprendido el piloto. 

El primer vuelo constatado oficialmente, de este aparato, tuvo lugar 
el 2.3 de octubre de 1900, en que consiguió elevarse del suelo, algu- 
nos metros, recorriendo, sin sustentación, un espacio de 70 á 80 me- 
tros. La falta de estabilidad lateral le obligó á tocar tierra ; laliazaña 



HISTORIA DE LA XAVEGACIÓN AÉREA 47 

tuvo incrédulos, liasta que el 12 de noviembre, del mismo año, Siiii- 
tos Dumoiit liizo un nuevo vuelo de 220 metros. Luejí;*) los vuelos se 
sucedieron sin interrupcicju y entraron al dominio de las maravillas 
diarias, sobre todo cuando los Wriglit llegaron á Francia, iniciando 
sus vuelos en agosto de 1908. 

En el año 1905 se agregaban á la pléyade de los que trataban de 
resolver el gran problema, (xabriel Voisin y Arclideacon, quienes jun- 
tos construyeron planadores para continuar la obra de Lilienthal. 

Colocaban el aeroplano sobre un bote automóvil, el cual les facili- 
taba el lanzamiento ; en tales condiciones alcanzaron á recorrer 150 
metros á 17 de altura. 

A fines de 1905, Voisin instalaba un establecimiento industrial, 
destinado á construir aeroplanos ; asociado primeramente á otro gran 
industrial, M. Blériot, entregaron entonces la aviación á los recursos 
poderosos y fecundísimos de la industria, y con ello y con las felices 
aplicaciones del motor que se efectuaban ya, la aviación conquistó 
un lugar prominente en la historia de la locomoción y de las comu- 
nicaciones humanas, tan vinculadas á la historia misma del desenvol 
vimiento del progreso y la civilización universales. 

La historia de h)s aparatos construidos por Voisin, es la del esta- 
do actual de la aviación. En esos momentos, los Wright llegaron ji 
Francia con sus aparatos y desde el 10 deagOwSto de 1908 en que vo- 
laron durante 1 minuto y 43 segundos, hasta el 18 de diciembre del 
mismo ano en que llegaron álOO kilómetros, franqueando 100 metros 
de altura, puede decirse que se acumulan las proezas más estima- 
bles de la aviación. Desde entonces lo que hicieron Farman, Blériot, 
Esnault Pelterie, Delagrange, Equevillez, Santos Dumont y Latham, 
entran en lo que podríamos llamar el « estado actual de la na- 
vegación aérea », que dará motivo á conferencias de otro conso- 
cio. 

Aplicados la hélice y el motor por todos los fabricantes y transfor- 
mado el motor al través de una de las evoluciones industriales más 
asombrosas que registran las creaciones de los tiempos modernos — 
y de las que nos ocuparemos al tratar el tema de la aerostación — el 
dominio de los aires quedó conquistado por el aeroplano en forma que 
es de todos conocida. Los triunfos sucesivos que han ido obteniendo 
los pilotos de todos los países son tan continuos^ numerosos y felices, 
que su enumeración llega ya á carecer de interés ; todos los aparatos 
vuelan, con todas las disposiciones y con cualquier tiempo; la i)eri- 
cia délos i^ilotos salva ya en gran parte las deficiencias de los aero- 



48 ANALES DK I,A SOCIEDAD CIKNTÍFICA AKGKNTINA 

planos y el \ uclo es un hecho licciu-ntc y noiiiiai, ini-oipoiaih» para 
vsienipre á los bienes athpiiiidos <lelinitivaui<'nte. 

La sencillez de las aparatos es también cuestión digna de uicntai- 
se ; veremos luego en una cinta cinematográfica, el procedinnento 
<'mpleado en nna gran casa industrial ]>ara íabricarun aparato Blériot, 
y por ella podrá constatarse qne se trata de nn mecanismo sencillo, 
seguro y de fácil dominio. 



(Voiifiínttirá.) 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 

APLICADA Á LA UNIÓN DE DOS ÁTOMOS IDÉNTICOS ' 

Y Á LA COMBINACIÓN DE DOS ÁTOMOS MONOVALENTES DISTINTOS 



Al leer liace poco el artículo notable del doctor Horacio Damia- 
novicb (*), llamó ini atención la fórmula de Lemoine (pág\ 295) : 

^ = 1/2 -o-ítNIÍ' ' = K . ÍÍN ' (1) 

€n la cual, según el concepto de este sabio, u representa la velocidad 
probable de los átomos de uno de los dos gases mezclados, cuan- 
do se considera á los del otro como inmóviles, estando esta velocidad 
ficticia ligada con las velocidades reales probables v, v ' de los dos 
gases por las relaciones : 

1 r ' - 

u = v + - --. s^y'<^M 

3 V- j 

1 r' . \ 



El interés despertado se explica por dos motivos : 1° porque me 
parecía resultar que la velocidad u, muy poco superior á las veloci- 



(*) Sobre algunos problemas de cinética química : Aceleración, inducción y ve- 
locidad adquirida en la» transformaciones isotérmicas (Anales de la Sociedad química 
argentina, T. I, pao-. 289). 

AK. SOC. CIKNT. ARfi. — T. LXXVII 4 



50 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(lades v^ r% según las relaciones (2) había de tener sin embargo un 
valor muy glande : 

K 



« 



^/2zp- 



por ser p- una cantidad sumamente pequeña del orden de las dimen- 
siones del átomo ; 2" i)orque se vislumbraba la posibilidad de calcu- 
lar la velocidad óptima más favorable á la combinación química de 
dos átomos, ó sea la formación de una molécula por la unión de dos 
átomos xirocedentes cada uno de uno de los dos gases distintos. 

Para ello, había que calcular teóricamente el número K que figura 
en la fórmula (1) en función de una cantidad mensurable. 

Para llegar á este cálculo, tenía que penetrar en la teoría estatís- 
tica, y, al hacerlo, me ocurrió la idea de presentar un resumen de 
aquélla en lo que se refiere : 1° á la unión química de dos átomos de 
gas idénticos; 2" á la afinidad entre dos átomos de gases monovalen- 
tes distintos, para después tratar de deducir de esta exi30sición una 
fórmula que se pudiese comparar con la de Lemoine. 

Me atrevo á esperar que, con esto, no hago un trabajo del todo 
inútil, aun en el caso en que no sirviera sino para dar á conocer á 
los lectores poco familiarizados con ellas, la hermosas teorías esta- 
tísticas de Maxwell y Boltzmann en la parte más interesante desde 
el punto de vista físico-químico. 



DEFINICIONES 

Según las ideas de Jean Perrin, el volumen ocupado por un átomo 
no está llenado por la materia de una manera uniforme, estando 
aquélla en su mayor parte condensada en el centro. 

Sea M el contorno del átomo. Admitiré que la atracción química 
no es sensible sino en una sola región, ligada con aquél de un modo 
invariable y pequeña con respecto á su volumen. Llamaré á esta re- 
gión el dominio sensible del átomo. Está en contacto inmediato con 
la superficie M de éste. Indicaré con el nombre de eje del átomo á to- 
da recta que une el centro de gravedad con un punto <;nalquiera del 
dominio sensible. 

La acción química no se podrá ejercer entre dos átomos, sino cuan- 



LA teoría cinética DE LOS GASES 



51 




do iiixs dominios sensibles rei^l)ecüyos se toquen ó se penetren uii poco. 
En tal caso se encuentran químicamente ligados el uno con el otro; 
pero pueden hallarse en contacto por cualquiera otra región de sus 
superficies, sin que se manifieste ninguna acción química. Por otra 
parte, el dominio sensible ha de ocupar una porción de la superficie 
total del átomo bastante pequeña para 
que quede imi^osible todo contacto si- 
nniltáneo ó penetración mutua de los do- 
minios sensibles de tres átomos á la vez. 

Admitiremos, para simplificar las reac- 
ciones, que los átomos son esféricos, 
siendo a el diámetro de cada uno. 

Sea A el centro del átomo M ; el espa- 
cio a representa su dominio sensible que 
X)uede ser ubicado parcialmente en el in- 
terior : supondremos, sin embargo, para 

mayor claridad del dibujo, que se halla limitado por la superficie 
exterior M, hipótesis por otra parte conforme con el concepto del áto- 
mo del todo impenetrable. 

Sea A, el centro de otro átomo M^ ligado químicamente con el pri- 
mero, ¡^ el dominio sensible que ha de penetrar un jioco en el domi- 
nio 7 ó, por lo menos, estar en contacto con él. 

Consideremos ahora una esfera de protección D de radio igual al 
diámetro 7 del átomo y de centro A. Sea también un espacio w limi- 
tado por la esfera D que llamaremos espacio crítico, definido por las 
condiciones siguientes. Los dominios sensibles a y ¡i no pueden pene- 
trarse ni tocarse el uno con el otro si el centro A, del átomo M^ no 
está ubicado en el espacio crítico w ó en la superficie que lo encierra. 
Pero el recíproco no se verifica, y el centro Aj puede encontrarse 
en el espacio crítico w aunque el átomo M^ tenga una orientación tal 
que los dominios sensibles a, [3 se hallen lejos el uno del otro. 

De esto resulta la necesidad de definir exactamente la posición que 
ha de tener el átomo M^ con respecto á M para que los dos sean uni- 
dos químicamente. 

Con este fin, imaginemos un elemento de volumen du) tomado 
en el espacio crítico o) y también una esfera E de radio igual á la 
unida<l, concéntrica á M y unida con este átomo de un modo invariable. 

Si M^ está ligado químicamente con M su eje ó sea toda recta que 
una A^ con un punto cualquiera de ,3 , no puede formar un ángulo 
grande con la recta de los centros AAi, pues en caso contrario los 



52 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dominios sensibles a, 3 estarían externos el uno al otro. La recta tra- 
zada desde A paralelamente á este eje y dirij^ida en el mismo sentido 
encontrará á la suiierficie esférica E en un punto L. Pero como esta 
esfera está ligada de un modo invariable á M^ la posición del eje de 
M, quedará determina<la en cada caso por dicho j)unto L. 

Ahora podemos, para cada elemento dh) del espacio crítico, cons- 
truir en la esfera E una área esférica a que tenga la propiedad si- 
guiente : cuando el punto L está ubicado en esta área X ó en la curva 
límite, mientras que el centro A^ de Mj se encuentra en el elemento 
de volumen dw ó en la superficie que lo encierra, los dos dominios 
sensibles a , 3 se penetran ó se tocan el uno con el otro. Si al contra- 
rio el iDunto L queda externo á la superficie esférica a, los dominios 
sensibles a, ^ son externos el uno al otro. 

Por lo general, esta área a tendrá magnitudes distintas y posicio- 
nes diferentes en la esfera E, segtín la posición ocupada por el ele- 
mento db) en el espacio crítico w. 

Pero, si el centro A^ se encuentra en el elemento rfoj , estando L 
interno al elemento de superficie (7a correspondiente ó ubicado en su 
contorno, M^ estará ligado químicamente con M, lo que es equiva- 
lente á decir que, en estas condiciones, los dos átomos ejercerán el 
uno sobre el otro una atracción sumamente grande. 

Para terminar estas definiciones i^reliminares llamaré y al trabajo 
necesario para llevar á los dos átomos desde aquella posición de 
unión química á una distancia que anule sus acciones mutuas. Este 
trabajo tomará por lo general valores diferentes según la posición 
ocupada por (íw en el esi:»acio crítico oj, ó sea según la posición en el 
área a del elemento íZa correspondiente. 



II 

PROBABILIDAD DE LA UNIÓN QUÍMICA DE UN ÁTOMO DE GAS 

CON OTEO IDÉNTICO 

Sea ]) la presión total y T la temperatura absoluta en un recipien- 
te de volumen Y de un gas cuyos átomos son idénticos y a el número 
de ellos. Si m es la masa de uno, se tiene para la masa total : 

M = am (3) 

Consideremos á uno solo de estos átomos y llamemos á los demás 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 53 

átomos restmitea. Supongamos X recipientes idénticos en cuanto al 
volumen y al gas contenido, que ocultan sitios distintos en el espacio. 

Sean en cada uno un número n^ de átomos restantes que no estén 
unidos á ningún otro, y 2w, ligados químicamente de dos en dos, como 
para formar w, pares de átomos. 

Busquemos ahora en cuántos de los X recipientes nuestro átomo 
considerado está ligado químicamente á otro y en cuántos de ellos 
no lo está. 

Para esto, tomemos primero uno solo de los X gases ; el átomo con- 
siderado no puede estar ligado sino con uno de los que han quedado 
libres y cuyo número es n^ (restantes). 

Ahora bien, tracemos la esfera de protección D y la esfera E de 
radio igual á la unidad para cada uno de estos n^ átomos ; el espacio 
crítico O) se encontrará en cualquier sitio en cada una de las esferas 
D de protección. 

En cada uno de estos espacios, tomemos el elemente <Zw que tenga 
en cada uno la misma posición relativa, y tracemos en cada esfera E 
el elemento d\ que tendrá también la misma posición relativa en ca- 
da una. 

Si el centro del átomo considerado se halla en uno cualquiera de 
los elementos dw, estando ubicado al propio tiempo el punto L en el 
elemento dX correspondiente, este átomo está ligado químicamente 
con otro átomo, y su posición relativa con respecto á éste queda ade- 
más perfectamente determinada, de modo que el trabajo -/ tiene 
también un valor bien definido. 

Supongamos primero que la atracción química no actúe, y sea W^ 
la probabilidad para que el centro del átomo considerado se encuentre 
en uno de los elementos dw. Sea también W la probabilidad para que 
sea ubicado en un espacio arbitrario Ü tomado en el gas, tal que no 
contenga ninguna porción de las esferas de protección de los átomos 
restantes, ni ninguna fracción del espacio crítico o> , lo que significa 
que W es la probabilidad para que el átomo no se encuentre quími- 
camente ligado. 

Trataremos de comparar las probabilidades W^ y W la una con 
la otra ; tenemos la proporción : 

Ahora sea W^ la probabilidad para que, no sólo el centro del áto- 
mo considerado esté ubicado en uno de los elementos dw , sino que el 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

punto L quede también en el elemento (Vk (•oiresi)on(l¡ente. Si no liay 
fuerzas (inímicas. se tendrá : 



de donde 



- 47: ü ' ^' 



Si al contrario liay fuerzas químicas, esta probabilidad W, resul- 
tará multiplicada i^or e'^'*'*^ y se tendrá : 

siendo k igual á > representando R á la constante de los gases, 

2MKi 

M á la masa del átomo de hidrógeno y T á la temperatura absoluta. 
Es preciso ahora integrar la relación (7) de modo que se abarque á 
todas las posiciones posibles que corresponden á la unión química del 
átomo considerado con uno cualquiera de los n^ restantes. Para ello, 
el campo de integración ha de comi^render á todos los elementos do) 
y, para cada uno de ellos, á todos los dX. En estas condiciones, la pro- 
babilidad para que el átomo considerado sea ligado químicamente 
con otro tendrá por expresión : 






Pongamos ahora 

J J 4t: 
y tendremos 

W, = '-^ (10) 

designando W á la probabilidad para que el centro del átomo consi- 
derado se halle en el espacio arbitrario Ü definido por la condición 
de que no pueden estar ubicados allí ni la esfera de protección, ni el 
espacio crítico de uno cualquiera de los átomos restantes. 

Calculemos ahora la probabilidad para que el átomo considerado 
no sea ligado químicamente en el gas considerado. 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 55 

ííuiica lo será mientras tenga su centro en el espacio que ban de- 
jado libre las esferas de protección de los n^ átomos restantes y los 
espacios críticos w de los mismos, cuya suma es igual 4 n^b). 

Sea y ' el espacio total llenado por las esferas de protección ; sien- 
do V el volumen del gas en cada recipiente, el espacio libre dejado 
por las esferas de protección y los espacios críticos es : 

V — y — n,M (11) 

pues se puede despreciar el caso en que dos esferas de protección, ó 
una esfera y un espacio crítico se penetran mutuamente, por no re- 
sultar sino pequeñas magnitudes de orden superior. 

La probabilidad W,^ para que el centro del átomo considerado se 
baile en este espacio, y la probabilidad W para que se ubique en Q, 
se encuentran en la misma relación que los vohimenes de los espa- 
cios correspondientes, por ser Q una parte arbitraria del otro. 



Luego se tiene 



W. = W ^-^-"■" (12) 



Por otra parte, el átomo considerado no está tampoco ligado quí- 
micamente si su centro está ubicado en un elemento íZw , no encon- 
trándose el punto L en el elemento de superficie correspondiente ük. 

Se encuentra análogamente para la probabilidad de este último 
acontecimiento la expresión : 

^.-^./■/^ <-> 

siendo d'h^ , para cada elemento do), el elemento de esfera E no situa- 
do en A, que corresponde á aquel elemento de volumen, lo que signi- 
fica que el campo de integración abarca á todos los elementos de la 
esfera que satisfacen á esta condición, y también todos los elementos 
dw correspondientes, observando que desaparece la exponencial por 
no baber más atracción química. 

En resumen, en cada uno de los ÍT gases de volumen V, la proba- 
bilidad total para que el átomo considerado no sea ligado química- 
mente tiene por exjíresión: 

W. = W, + W. = (y - V • _ n,, + «, // '^) ^ (14) 



56 ANALES DK LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Observaremos (jue las magnitiuli's V '.«,(.) y Mj / / — soninue- 

pendieiites de las fuerzas químicas. V ' rejiresenta la diferencia entre 

la ley de compresibilidad del gas y la de Mariotte, diferencia que 

resulta de las dimensiones mensurables de las moléculas. Por otra 

parte, como el espacio crítico o) es á su vez muy pequeño con res- 

/" ," diú (Tk. 
pecto á la esfera D de protección, %,w y n^ I I son pequeños 

también con respecto á V ' . Eesulta, pues, que con una aproximación 
suficiente, se puede despreciar á las tres cantidades con relación á 
V, lo que significa que se prescinde de la diferencia entre la ley de 
compresibilidad y la de Mariotte. En estas condiciones la relación 
(14) se convierte en la siguiente 



VW 

w. = ^ (1.-.) 



Al contrario la cantidad 



no puede ser considerada como pequeña con relación á V, pues la 
exponencial tiene un valor muy grande en razón de la gran intensi- 
dad de las fuerzas químicas, lo que hace que y es grande. 
De las expresiones (10) y (15) resulta por división: 

Ahora podemos considerar nuestros X recipientes que contienen 
gases idénticos. Supongamos que, en Ng de ellos, el átomo conside- 
rado está ligado químicamente con otro sin estarlo en Ng de los 
mismos, se tiene : 

— « — ^> = — (17) 

^3 Wg w,A; 

Es evidente por otra parte que podíamos considerar del mismo 
modo á cualquier otro átomo ; luego la relación (17) ha de represen- 
tar, en el estado de equilibrio, la razón entre el número Wi délos áto- 
mos libres y el número 2n,_ de los que quedan ligados químicamente, 
y se tiene por consiguiente: 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 57 

W, _ V 

de donde 

n^^k = 2í?,V (18) 

Todo lo que antecede se refiere al caso de la niiióii de dos átomos 
idénticos. Examinaré ahora el caso de afinidad entre dos átomos mo- 
novalentes no idénticos. 



III 

AFINIDAD ENTRE DOS ÁTOMOS DE GASES MONOVALENTES 

NO IDÉNTICOS 

Supongamos que el volumen V contiene á la presión p y tempera- 
tura T átomos de dos clases diferentes : a^ átomos de la jírimera y «, 
de la segunda. Sea Wj la masa de un átomo de la i^rimera clase y m, 
la de un átomo de la otra. Dos átomos de primera especie pueden, si 
son ligados el uno con el otro, formar una molécula ó par de átomos, 
y lo mismo pasa con dos átomos de la segunda especie si están liga- 
dos ; por otra izarte, las regias enunciadas anteriormente se aplican á 
estas uniones. 

Ahora bien, un átomo de primera especie puede ligarse química- 
mente con un átomo de segunda clase para formar una molécula mix- 
ta. Para estas últimas uniones, ha de ser posible aplicar leyes análo- 
gas. Designaré á todas las cantidades que se refieren á estas uniones 
por las mismas letras con los índices 12. 

En el estado de equilibrio, nuestro gas comprenderá á n^ átomos 
simples de primera clase, n.^ de segunda, n^^ pares de átomos de pri- 
mera y n^.-, pares de átomos de segunda; además contendrá n^.^ molé- 
culas mixtas. 

íío admitiremos las combinaciones químicas de más dedos átomos, 
y consideraremos á los átomos de primera especie como esferas im- 
penetrables de diámetro -j concéntricas cada una con una esfera de 
protección de radio 7, que será la esfera de protección relativa á un 
átomo idéntico. Á dicha esfera se agregará el espacio crítico oj, rela- 
tivo á la acción sobre un átomo idéntico, íZoj, siendo un elemento de 
este espacio. Si el centro de otro átomo de primera especie no se en- 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cuentra eiiío,, este átomo 110 estará nunca li.üado (|iiiiiiicaiiiente con 
el primero. Si al contrario el centro está ubicado en r/oj^ por ejemplo, 
para que haya unión quíuiica es preciso que el punto Lj se encuen- 
tre en una área X, de la superficie de una esfera Ej de radio igual á 
la unidad y concéntrica al primer átomo. 

Sea d\^ un elemento de dicha área, L, será el punto en que la recta 
trazada desde el centro del primer átomo paralelamente al eje del 
otro encuentre á la superficie de la esfera Ej. 

Por iiltimo 7j representará el trabajo gastado para llevar á los 
dos átomos á una distancia relativamente grande desde la posición 
en que el centro del segundo átomo está situado dentro de ííw, y el 
punto Lj en el elemento í?á,. 

Consideremos ahora á un átomo de primera especie : admitiremos 
que, entre los átomos restantes de la misma clase, quedan aún w, no 
ligados con otro átomo de segunda especie ó con otro de la primera. 

Si el átomo considerado está destinado á formar un x>ar de átomos 
de primera clase, no puede ligarse sino con uno de los n^ restantes, 
pues hemos excluido jior hipótesis toda molécula triatómica. La pro- 
babilidad para que se verifique este acontecimiento y la probabilidad 
para que el átomo quede libre están en la razón : 

^ (19) 



]i\ teniendo por expresión 

j, = Jj>«, -^ (20) 



Ahora bien, se luiede determinar la relación (19) como lo hicimos 
en el párrafo anterior. 



En efecto, se puede escribir : 






(21) 



siendo el iiltimo quebrado el cociente de dividir al número de los 
átomos de primera clase comprendidos en los pares de átomos ya for- 
mados por el número de los restantes de misma clase, de donde se 

saca : 

l,n,' = 2Yn,, ' (22) 

Se encontraría del mismo modo para los átomos de segunda especie 



LA TKORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 59 

^2 <- = -^n,, (23) 



teniendo k., por expresión 

■>;,/„ f^^-^ f^'^' 



,^ ^ ly,../. íí:í|i 



(24) 



Tenemos ahora que calcular el caso que se refiere á las moléculas 
mixtas. 

Se puede admitir, en razón de las hij)ótesis hechas, que la distan- 
cia de los centros de dos átomos de clases distintas no puede ser más 
pequeña que : 

I (^1 + ^,) 

siendo los átomos considerados como impenetrables. Consideremos 
como esfera de protección D,., de un átomo de primera especie con 
respecto á otro de segunda, á una esfera concéntrica al átomo y de 

radio igual á - {z^ + 7,). En la superficie de cada átomo de primera 

clase habrá un dominio sensible ^ y en la superficie de cada átomo de 
segunda especie otro dominio sensible ; estos dominios halarán de ser 
tales que no haya atracción de dos átomos heterogéneos sino cuando 
aquellos se hallen en contacto o se penetren mutuamente. 

Ahora bien, es verosímil que estos dos dominios sensibles son los 
mismos que fijan la acción recíproca de dos átomos idénticos. Sin 
embargo, esta nueva hipótesis no es imprescindible. Sea como ftiere, 
para definir la acción química de dos átomos heterogéneos, podemos 
imaginar el espacio critico Wj^ que está en contacto externo con la es- 
fera de protección del primer átomo con respecto al segundo. 

Para cada elemento de volumen doj^, de este espacio crítico, se 
puede construir en la esfera concéntrica de radio igual á la unidad 
una área a,., de tal modo que los dos átomos se atraen cuando el cen- 
tro del segundo átomo está ubicado en el elemento do),,, hallándose 
el punto L,^ en el elemento correspondiente f/X,.,, teniendo el trabajo 
definido más arriba por expresión el símbolo -/j,. 

Consideremos ahora, pues, á un átomo cualquiera de segunda es- 
pecie ; para que sea libre ha de disponer <le todo el volumen V del 
gas, menos infinitamente pequeños. Si al contrario está destinado á 
formar una molécula mixta, su centro está ubicado dentro de 1111 ele- 
mento cualquiera ^w^, ^^ ^^ espacio crítico que corresponde á uno 



HO anai.es de la sociedad científica argentina 

(le los w, átomos restantes de piimerii especie; además el punto L,, 
lia de encontrarse en el elemento dK¡., del área \^^ correspondiente 
á f?(o,.,. La probabilidad para (pie su centro esté en un elemento doi^.,, 
estando L,, en rZX,,, y la probabilidad para que el mismo centro se 
encuentre en el volumen V, teniendo el eje del átomo una dirección 
cualquiera, están entre sí como la razón : 

J^^ (35) 



Por último, la probabilidad para que el átomo considerado sea li- 
gado con otro para formar una molécula mixta por una parte, y la 
probabilidad para que quede libre por otra parte, están entre sí como 
la razón : 

27,/:,. ^"^11 ^'^Ma 



"• fJ 






(26) 



Si aliora ponemos como anteriormente 



^., = /Te^^^'- " '^ (27) 

J J 4:: 



se tendrá 

de donde 
y para 



»i, V 



YMj, = ^i-, "jW. (28) 

V = 1 

siendo «j« el número de las moléculas mixtas, íí-j y n, los números de 
átomos libres de las dos especies. 

En resumen, si se supone que los dos gases son monoatómicos, no 
pudiendo formarse ninguna molécula biatómica de cada clase, la fór- 
mula (29) expresa por unidad de volumen el número probable, en cada 
época considerada, de las moléculas mixtas en función de los núme- 
ros de los átomos libres. 

Observaremos que Jc^., ó sea la integral (27) toma valores que de- 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 61 

penden del estado alcanzado por la reacción. Al principio, no hay 
ninguna molécula mixta, y se tiene : 

Mj, = A-,, 01^)1., = O 
lo que supone 

k.,, = O 

Después varía á medida que se verifica la reacción, pues el campo 
de la integral va cambiando con el número de los átomos restantes, 
y de este modo fcj, puede pasar por un máximo. 

Eso es importante, porque en tales condiciones la fórmula (29) está 
en contradicción con la conocida : 



n^., = K «(Mj 



en que K es constante. 



lY 



INTRODUCCIÓN DE LA HIPÓTESIS DE QUE EL DOMINIO SENSIBLE 
ESTÁ DISTBIBUÍDO UNIFORMEMENTE ALREDEDOR DEL ÁTOMO 

Supongamos que en nuestro gas se puedan despreciar los números 
n^^ y w^, de los pares de átomos idénticos, lo que equivale á admitir 

V 

que fcj y k., son sumamente pequeños con respecto á fcj, y — • Con es- 

«1 

ta hipótesis el gas comprenderá únicamente : 1° los átomos libres de 
primera especie, cuyo número es n^ ; 2° los átomos libres de segunda 
especie cuyo número es n., ; 3" las moléculas mixtas que comprenden 
2Wj2 átomos unidos químicamente. 

Imaginemos además que los mimeros de átomos de las dos esi)e- 
cies son iguales, ó sea que ninguno de los gases está en exceso, ó 
bien que se tiene en cada instante : 

"l = ^-2 

2n^ = a — 2«,, 

siendo a el número primitivo de los átomos. 

Podremos también, para simplificar más, admitir que los átomos 
de las dos clases tienen las mismas dimensiones, y llamaremos c al 
diámetro común. 



62 ANALES DE LA SOCIKUAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La nueva hipótesis q\w queienios introducir es la siííuienie : el 
dominio sensible x ya no estará limitado á una re<4Íón pequ(M~ia de hi 
su])erflcie del átomo, sino que se hallará repartida uniformemente en 
la superficie M <lel mismo, tomando la forma de una hoja esférica 

concéntrica, siendo - 7 el radio interno y - (7 + o) el radio externo; en 

cuanto á o lo supondremos provisoriamente pequeño con respecto á 7. 

De la hipótesis nueva resulta que, tan pronto como los dominios 
sensibles se ponjian en contacto el uno con el otro ó se penetren, que- 
darán los átomos ligados químicamente; '/representará otra vez el 
trabajo necesario para llevar á los dos átomos á una distancia grande 
desde la posición que conviene á la unión, siendo el calor debido á la 
separación de los dos átomos constante é igual á y tomado en calorías. 

Sea, pues, n^.-, el número de las moléculas mixtas y n^ el número 
de los átomos libres. Si Y representa el volumen total, tendremos : 

^ (30) 



2w„ -í-n, 7^0 . é'"^- 
de donde 

la distancia de los centros de dos átomos ligados siendo más ó menos 
igual á 7. 

Si el volumen V es igual á la unidad, se tendrá : 

n,, = n,' '2-zoe'"^- (31) 

Si por otra parte, los números n^ y n., son diferentes, quedando 7 
igual para las dos clases de átomos, resultará : 

n^., = n,n,2-z'oe'"'^ (32) 

Multiplicando por dt los dos miembros de (32) y llamando dn^, al 
l)roducto Wj^ dt^ se tiene : 

^ = n,n, 2z7-5e^"^ (*) (33) 

siendo el primer miembro la velocidad de reacción. 

(*) Este procedimieuto es bastante criticable, pues se admite así la existencia 
no comprobada de una relacit'm de proporcionalidad que es difícilmente admisi- 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 63 

Para establecer concordancia entre la relación (33) y la de Lemoi- 
ne á qne se refiere Damianovich en «u artículo ya citado : 

—— i^ = n^n, ^' 2~p-n 

hay que observar la relación 

. = 2p 



de modo qne tenemos 



lo que da 



8oe-"^ =-- u s- 



•> 



y dividiendo por v li 

4 V Üoe'"^ = n (34) 

El ñictor o es muy pequeño, pero la exponencial es muy grande, 
pues y á su vez es muy grande. 

La velocidad ficticia de Clausius está substituida por la velocidad 
ficticia más probable de Maxwell, v y r ' siendo también las velocida- 
des de traslación más prol)ables de los átomos, y no sus velocidades 
medias, en razón de la introducción del factor v 2 en la fórmula de 
Lemoine. 

Se puede calcular esta velocidad u pues todas las cantidades que 
figuran en (34) son mensurables menos o, espesor de la capa que cons- 
tituye la región sensible del átomo. 

Se tiene en efecto 

1 =—^ 
' 2MRT 

E = constante de los gases ; 

T = temperatura absoluta ; 

M = masa del átomo de hidrógeno ; 

y = calor (en unidades mecánicas) que resulta de la separación de 

dos átomos ligados. 

Si ahora se quiere calcular la constante K, se tiene 



ble teuiendo en cuenta qne el producto «j ii^ es función del tiempo. (Conf. Le- 
MOINK, Étitdes sur les equilibres chimiques, pág. 191.). 



64 ANALKS DE LA SOCIKUAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(le donde 

K = HT.f-oé""- = V 2xf-w (3^) 

lo (]ue significa que Iv es mucho más pequeña que n. 

Ahora se plantea otra cuestión : la velocidad ficticia u es la más 

probable en el instante considerado y la velocidad de reacción — y-^ 

es función de aquella, y recíprocamente. 

Ha de haber, por lo tanto, un valor de u que haga máxima la velo- 
cidad de reacción. Pero la condición de tal máximo sería 

1^ = « (^^«) 

ó sea la nulidad de la aceleración de reacción, lo que corresponde á la 
velocidad de reacción constante. 

Ahora bien, con la fórmula fundamental de la cinética química 

— - = Kn.n., (o O 

df ' - ^ 

es imposible que el producto K . WjW¿ llegue á permanecer constante 
si, como se admite, K es constante, pues nunca lo será el producto 
^1%, (*). 

Resulta que la velocidad de reacción no tiene ningún máximo y, 
por lo tanto, que u no puede tomar valor ójytimo, si se admite la fór- 
mula (37). 

Me parece pues que liay todavía mucho que hacer en la cinética 
química. 

Observaré, por otra parte, que si se abandona la hipótesis de un 
espacio sensible repartido uniformemente alrededor del átomo, y si se 
vuelve á considerar la primitiva de Boltzmann, ó sea la relación (20) 

"l2 = ^''12 *^'*2 (^^) 

los resultados son muy diferentes, pues el coeficiente A-j2 es esencial- 
mente variable, y la integral que representa varía con el tiempo. Por 
lo tanto, es posible en dicha hipótesis alcanzar un valor constante de 

(*) Me refiero naturalmente al caso sencillo de qne se trata : dos gases mono- 
valentes y monoatómicos, pues en las reacciones bimoleculares y en las mono- 
moleculares de sistemas heterogéneos donde se mantiene constante la concentra- 
ción, sabemos ya que la aceleración se puede anular. 



LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 65 

la velocidad que corresponda á una aceleración nula y también á 
una velocidad máxima de reacción. 

Pero con la fórmula (29) habría que buscar primeramente la expre- 
sión de la velocidad de reacción, y no sería fácil por el motivo de la 
integral que representa l\.y 

Por otra parte, la hipótesis que nos ha llevado á encontrar para n 
la expresión (34) 

mientras que con la fórmula de Lemoine se tiene 

K 



w 



V 27:p- 



tiene un gran defecto de que, por otra parte, adolece también el con- 
cepto de Lemoine. 

Se admite en efecto que el dominio sensible, en vez de estar con- 
finado en una región limitada de la superficie del átomo, está repar- 
tido uniformemente alrededor de este y forma una hoja esférica con- 
céntrica de espesor o. Con esto ya no podemos explicar lo que se opone 
á la unión de 3, 4, ... ó más átomos, cuando suponemos, como en el caso 
considerado, que los dos gases son monoatómicos y monovalentes. 

Eesulta que la fórmula de Lemoine, cuyo cálculo está basado sobre 
el mismo concepto, no ha de ser admitida sino con mucha reserva. 

Terminaré con otra observación que sería más bien una rehabilita- 
ción de la fórmula encontrada. 

En la relación (33) que da la velocidad v de reacción, se tiene 



2MRT 



en que M representa la masa atómica del hidrógeno. Haciéndola 
igual á la unidad, resulta 

'" = Ít 

y por lo tanto 

r = n^n., 2-i->€^'^' . (35) 

Sabemos que y representa el trabajo de disociación de la molécula 
mixta, lo que significa que ^ es igual á, la función de las fuerzas quí- 
micas cambiada de signo y se tiene 

AN. SOC. CIBNT. ARR. — T. LXXVII 



66 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

X == - 'i^ (30) 

La cantidad ^, por lo tanto, es igual al potencial químico cambiado 
de signo, ó sea á la afinidad A tomada con el signo — . 
La fórmula (35) se transforma, pues, en la siguiente 



_ A 



'^---« ^'' (37) 



Por otra parte, E. Marceliu (*) lia calculado iá velocidad de reac- 
ción en un complejo físico-químico formado por dos sistemas, el ¿yro- 
gresivo cuya masa va aumentando y el regresivo cuya masa disminuye 
encontrando la relación siguiente 

V = M (e~ ^ — e~ ^) (38) 

siendo A^, A^ las añnidades respectivas de los dos sistemas á la épo- 
ca considerada y M una constante que no deijende sino de la tempe- 
ratura y naturaleza de los cuerpos. 

Esta relación aplicada á nuestro caso se reduciría á 

_^ 
V = M,e i^T (39) 

pues no hay sistema regresivo. 

Ahora bien, se ve que las relaciones (37) y (39) serían idénticas, 
siempre que c, espesor de la capa que constituye el espacio sensible, sea 

una cantidad variable del mismo orden que » y esta hipótesis. 

por más que parezca muy extraña, no se alejaría tal vez de la verdad 
tanto como uno lo pensara, si se admitiese la hipótesis de una región 
sensible concéntrica al átomo. 

Pero ya es tiempo de poner el punto final á estas observaciones, 
l)ues dándole mayor extensión temería cansar á mis lectores. 

Quizá en otra oportunidad estudiaré desde el punto de vista de la 
teoría cinética de los gases la influencia de la presión y temperatura. 

Camilo Meyee. 



(*) C. B. de la Academia francesa, t. 157, 22 de diciembre de 1913, pág. 1419. 



química estelar y evolución cósmica 

IDEAS ANTIGUAS É INVESTIGACIONES MODERNAS 



EL ANÁLISIS ESPECTRAL APLICADO AL ESTUDIO DE LOS ASTROS 
LAS BASES DE LA QUÍMICA ESTELAR 

Después de las célebres experiencias de ííewtoii sobre dispersión 
de la luz solar, el descubrimiento de mayor alcance en este ramo de- 
las ciencias, es el que se relaciona con las rayas ohsctiras que inte- 
rrumpen la discontinuidad del espectro. 

Wollaston hizo en 1802 las primeras observaciones. Fraunliofer 
en 1815 llevó á cabo un estudio detenido de dichas rayas que más 
tarde recibieron el nombre de rayas de Fraunliofer. Este mismo físico 
después de numerosas operaciones halló que los espectros de los pla- 
netas y de las estrellas estaban surcados de rayas obscuras y brillan- 
tes, y como el de los primeros era análogo al del sol, dedujo que di- 
chos astros no hacían más que reflejar la luz solar y que las estrellas 
emitían luz propia. También observó que la raya brillante del sodio 
coincidía con la raya obscura D del espectro solar. 

Más tarde Kirchhoff generalizando una observación de Foucault 
llegó á resultados muy importantes que sirven de base al análisis 
químico de la atmósfera de los astros. Haciendo pasar la luz solar á 
través de vapores de sodio obtuvo la raya obscura D ó sea la raya 
invertida, puesto que la raya que corresponde al sodio es hrillante. 
Otro tanto hizo con el litio y otros metales. En general, cada vez 



68 anai.es dk la sociedad científica argentina 

que se mira un espectro solar continuo á través de un vapor metá- 
lico que dé rayas brillantes, dichas rayas aparecen obscuras. Se 
dice en este caso^ que el espectro correspondiente está invertido. 
La experiencia fundamental, ijuede repetirse así : se produce por 
medio de un hilo de ])latino incandescente un espectro continuo y 
entre el hilo y el prisma se interpone la llama de alcohol salado, en 
estas condiciones se verá una raya obscura donde aparece la ra- 
ya amarilla brillante del vapor de sodio. También se puede operar 
observando la luz difusa con el espectroscopio, delante del cual 
se ha colocado una esfera de vidrio con sodio metálico en presencia 
de una atmósfera de nitrógeno. 

En resumen, las rayas obscuras de los espectros de emisión se de- 
ben á la absorción por los vapores metálicos de las radiaciones lumi- 
nosas que ellas emitirían al estado de incandescencia. Se pueden iden- 
tijicar la mayor parte de los cuerpos simples, determinando jyor medio 
del espectroscopio la posición de las rayas obscuras que los caracteriza. 
Las experiencias anteriores que dieron origen á la ley de Kirclihoff^ 
han permitido el estudio de la constitución química de la atmósfera 
de los astros al estado de incandescencia y el establecimiento de las 
bases sólidas sobre las cuales descansa la química estelar ó astroqui- 
mica. 



II 



PRINCIPALES RESULTADOS OBTENIDOS POR LA ESPECTROSCOPIA 

ASTRONÓMICA 

La atmósfera de los planetas 

Atmósfera terrestre : lineas telúricas. — Brewster observó en 1883, 
que el espectro solar no era el mismo á todas las horas del día. Á la 
tarde especialmente, cuando la atmósfera está brumosa, el espectro 
solar tiene un asjjecto distinto del que se nota á mediodía cuando el 
cielo está límpido. De estas primeras observaciones dedujo el citado 
físico que existen rayas especiales en el espectro solar, que se deben 
á la absorción producida por los elementos contenidos en la atmós- 
fera terrestre. Las rayas ó bandas pertenecientes á la atmósfera de 
nuestro planeta, fueron denominadas rayas telúricas y se distinguen 
de las rayas de Fraunhofer, porque disminuyen de intensidad hasta 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 69 

desvanecerse completameute, á medida que el observador se eleva 
en la atmósfera. La región ultravioleta es casi totalmente absorbida 
por ésta y la infraroja presenta, por la misma cansa, una serie de ban- 
das. En resumen, el espectro solar que observamos no es el verdadero 
espectro de la luz del sol, tal como lo veríamos en un punto situado 
de nuestro planeta, sino el espectro de la tierra visto desde el espacio. 

Janssen y otros astrónomos, ban probado por experiencias muy 
exactas, que la posición de las bandas telúricas coinciden con las que 
dan el oxígeno^ vapor de afiua^ ozono y anhídrido carbónico^ cuando se 
les observa en tubos muy largos. Las bandas correspondientes al va- 
por de agua, disminuyen mucho de intensidad, cuando por causa de 
una helada ó lluvia se condensa el vapor de agua difundido en la at- 
mósfera (algunos han denominado á estas bandas de lluvia en la creen- 
cia de que se podía prever la lluvia por su presencia) (1). 

La atmósfera de los otros planetas y de algunos satélites. — Como el 
espectro de la luna es análogo al del sol (aunque mucho menos in- 
tenso), se saca la conclusión de que en este satélite no existe una at- 
mósfera capaz de reforzar las líneas telúricas ó de producir otras 
nuevas. 

Aplicando este método, se ha podido probar que casi todos los pla- 
netas contienen una atmósfera parecida á la de la tierra. Ciertas di- 
ferencias en la posición é intensidad de las bandas han permitido 
clasificar los planetas en tres grupos : a) Mercurio, Venus y Marte ; 
b) Júpiter y Saturno; c) Urano y Neptuno. Las únicas observaciones 
que se prestan á dudas son las relativas á Mercurio, x^orque este pla- 
neta se halla siempre vecino del horizonte ó sumergido en los des- 
lumbrantes rayos del sol. 

(1) Aparte de los grandes servicios que la espectroscopia astronómica está 
prestando á las especulaciones clentíñcas sobre evolución cósmica, podemos 
señalar otra no menos importante que se relaciona con la Heliofísica y en 
general con la Astrofísica, hacia la cual se encamina la astronomía moderna, 
siguiendo en gran parte las indicaciones del genial Flammarion. Actualmente casi 
no existe país en el mundo, que no tenga un instituto destinado á esta clase de 
investigaciones y podemos recordar con satisfacción, qne entre nosotros ya hace 
algiín tiempo, se persigne esa idea, gracias á la iniciativa de un hombre laborioso 
y apasionado por los estudios astronómicos, el señor Martín Gil. Actualmente 
la Sociedad Científica Argentina, después de una moción hecha en una confe- 
rencia por el señor Jatho (*), trata de dar una solución práctica á esta idea que, 
de realizarse, ha de prestar grandes beneficios á la Meteorología. 

( ) La predicción del tiempo á largo plazo, especialmente en la Argentina, conferencia dada 
eu ]a Sociedad Científica Argentina en noNiembre de 1913. 



70 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La aplicación del espectroscopio ha permitido, pues, despejar algo 
el enigma de la atmósfera de los compañeros de nuestro ])laneta y 
especialmente de su gemelo Marte (1). 



La temperatura de las estrellas 

La siguiente experiencia debida á Draper demuestra que la exten- 
sión de la región visible del espectro aumenta con la temperatura. 
Intercalando un delgado hilo de platino en un circuito eléctrico y 
aumentando gradualmente la intensidad de la corriente, dicho hilo á 
los 500 ° emite una luz cuyo espectro sólo contiene el rojo. Á medida 
que aumenta la temperatura por aumento de la intensidad de la co- 
rriente, el hilo se pone de más en más incandescente hasta llegar á 
emitir luz blanca y en el espectro van apareciendo sucesivamente los 
colores anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. El espec- 
tro se desplaza hacia el violeta cuando la temperatura de la fuente 
luminosa aumenta y la extensión de la región visible es proporcional 
á esta última. De esta experiencia tan sencilla, los físicos han sacado 
un método cómodo y seguro para determinar la temperatura de las 
fuentes luminosas, sean éstas las de nuestros laboratorios ó las ho- 
gueras que arden desde hace siglos en los espacios infinitos. 

En 1909, el astrónomo Nordmann, presentó á la Academia de cien- 
cias de París, un aparato, el fotómetro estelar heterocromo destinado 
al objeto arriba mencionado y los resultados por él obtenidos en la 
medida de las temperaturas efectivas de algunas estrellas. Con este 
ai)arato se mide en diversas regiones del espectro, el brillo de la es- 
trella observada con relación á una « estrella artificial » realizada por 
medio de un tipo secundario eléctrico, é intercalando en el trayecto 
común á los rayos luminosos de los astros, una serie de pantallas 
constituidas por soluciones de diferentes colores de anilina. Para 
simplificar efectuó las medidas sólo con pantallas rojas y azules. 

El autor, desf>ués de « graduar » el aparato por medio de hornos 
eléctricos y del arco voltaico llevados á diferentes temperaturas exac- 
tamente determinadas por otros procedimientos (pirómetro de Fery) 
lo colocaba en la extremidad de un ecuatorial acodado y procedía del 
mismo modo reemplazando la « estrella artificial » (hornos eléctricos) 
por las estrellas verdaderas. El cuadro siguiente resume los iirinci- 

(1) Para más detalles consultar : Salet, Spectroscopie astronomique. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 71 

pales resultados, por ahora aproximados, alcanzados por el distinguido 
astrónomo, en la medida de la temperatura de las estrellas. 

^ Perseo 2870° Polar 8.200" 

f Cefeo 4260 a Lira 12.200 

o Cefeo (mín) 4550 /3 Perseo 13 . 200 

Sol 5320 V Lira 11.500 

V Cisne 5620 c Perseo 15.200 

5 Cefeo (máx.) 6900 S Perseo 18. 000 

V Toro 7250 > Toro 40 . 000 

T X Hércules 7350 

Todas estas determinaciones tienen gran imporancia para la doc- 
trina de la evolución inorgánica. 



Química de las estrellas 

Ul sol. Las revelaciones del espectro solar 

Las rayas obscuras del espectro solar, fueron observadas por \)tí- 
mera vez por Wollaston en 1583 y después, detenidamente estudia- 
das por Frauuhofer. Más tarde por numerosas investigaciones, se ha 
podido identiflcar un número considerable de rayas del espectro so- 
lar, con las de los elementos terrestres y últimamente, con la modifi- 
cación debida á Eowland, que permite obtener un espectro de 13 me- 
tros, se ha llegado á contar alrededor de 20.000 rayas. El elemento 
principal es el fierro (caracterizado por 2000 coincidencias) y puede 
decirse que él forma el esqueleto solar : después le siguen el titanio, 
calcio, magnesio é hidrógeno. Eowland ha determinado en el sol 35 
elementos diferentes que se encuentran en abundancia en nuestro 
globo. Resumiendo, se puede decir, que con excepción del oro, mer- 
curio y uno que otro metaloide, existen en el sol todos los elementos 
de la química terrestre. 

Los cuerpos enumerados se hallan á diferentes alturas en la atmós- 
fera solar y se han ido depositando por orden de densidades, esto es, 
de un modo análogo á como supuso Mendeleeflf para nuestro planeta. 

Antes de pasar á describir sumariamente lo relativo á\as manchas^ 
las protuberancias y la corona, diremos dos palabras respecto al caso 
notable del descubrimiento del Helio. 

En el año 1868, un célebre astrónomo y físico llamado Lokyer, á 
quien se deben grandes adelantos en la astroquímica , observando la cro- 
moesfera y las protuberancias del sol, vio una raya en la región del 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lUiíaiillo que uo corn-spondía á iiiiij;uii<) de los cuerpos por nosotros co- 
nocidos y supuso que ella se debía á una substancia aun no descu- 
bierta que llamó Helio por comodidad de lenguaje. Más tarde observó, 
<iue la línea en cuestión adquiría mayor brillo á medida que se des- 
cendía hacia el disco del astro y llegó á la conclusión de (pu' dicha 
substancia sería un gas de poca densidad^ de peso atómico débil y pare- 
cido al hidrógeno aunque más denso (porque se hallaba á menos altura 
que este elemento). Todas estas conjeturas, basadas en el análisis es- 
pectral, fueron confirmadas por el distinguido químico Ramsay 30 
años más tarde analizando unos meteoritos. Poco después este mismo 
investigador aisló el Helio de un mineral raro, la Cleveíta, descubier- 
ta por Nordenskjold en una de sus exploraciones llevadas en las regio- 
nes j)róximas al polo norte. Sometido á la experimentación, dicho mi- 
neral dio la famosa raya D. Además el nuevo gas descubierto 36 años 
años antes en un astro lejano resultó ser del grupo de los gases livia- 
nos pero más densos que el hidrógeno. 

Este descubrimiento del Helio hecho por el químico, debe conside- 
rarse como el más grandioso triunfo del arte maravilloso basado en 
el análisis de la luz por el prisma. Parece que la naturaleza quiso re- 
com^íensar el esfuerzo del hombre, enviando desde los espacios infi- 
nitos, el mensajero que había de traerle cuerpo tan codiciado. 

En las manchas del sol y especialmente en la región del núcleo, la 
materia se halla en un estado de incandescencia tal que provoca cam- 
bios profundos en los cuerijos simples hasta llegar á la disociación. 
Estos cambios se traducen en el espectroscopio por un ensancha- 
miento de las líneas correspondientes á dichos elementos. Las rayas 
más modificadas parecen ser las del fierro, calcio y titanio. 

Uno de los descubrimientos recientes, es el de la raya roja del litio 
en las manchas, y su ausencia en otras regiones del disco solar. Este 
hecho es significativo y de miTcho alcance, porque demuestra la in- 
fluencia de las condiciones físicas en la producción del espectro de 
un elemento contenido en un astro y nos lleva á suponer, que muchos 
de los resultados negativos obtenidos al querer hallar en el resto del 
universo, representantes de los elementos terrestres, pueden ser de- 
bidos á que se han buscado en regiones donde las condiciones no 
eran favorables. Por esta razón, es lógico concluir, que si los elemen- 
tos terrestres no se hallan representa^dos todavía en nuestras tablas 
de elementos solares, ello se debe á la insuficiencia de nuestras inves- 
tigaciones y no á la diferencia de composición química del sol y de la 
tierra (Fowler). 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 73 

Se ha. probado, además, que existe una i^elación entre las variacio- 
nes de las rayas de uu elemento en las manclias y las observadas en 
el arco eléctrico. Haciendo variar la intensidad del arco de 2 á 30 
amperes se han obtenido las diferencias que se notan al pasar del es- 
pectro del disco solar al de las manchas. 

En estos últimos años se ha hecho un descubrimiento importante 
en el espectro de las manchas. Hale, examinando las fotografías del es- 
j)ectro de la atmósfera solar alrededor de las manchas, tuvo la idea 
de que debido á los torbellinos de los gases que rodean á éstas, se 
debería formar una corriente eléctrica y por lo tanto \\n campo mag- 
nético según el eje de la mancha, siempre que los corpúsculos electri- 
zados positivamente fueran desiguales á los negativos. Se sabe en 
efecto, que un desplazamiento de partículas electrizadas equivalen á 
una corriente eléctrica. Ahora bien, sentado esto, era lógico admitir 
como lo hizo el astrónomo, que con una corriente tan fuerte como la 
supuesta se debería observar un desdoblamiento de las lineas corres- 
pondientes á las manchas (fenómeno de Zeemann). Esta previsión fué 
confirmada jior diferentes investigadores quienes hallaron los doble- 
tes en las rayas de dichos espectros. Se llega así á la conclusión im- 
portante que en las manchas existen torbellinos de materia electri- 
zada. 

Desde hace mucho tiempo se viene observando que cuando la cro- 
moesfera se halla en reposo relativo, las rayas de su espectro se en- 
cuentran en la prolongación de las rayas de Fraunhofer corresjjon- 
diente á los elementos del disco y generalmente ellas se hallan más 
adelgazadas en las extremidades y en la base. Este último hecho se 
explica admitiendo una densidad mayor de los vapores en las regio- 
nes inferiores de la cromoesfera. 

Á menudo las rayas brillantes presentan desplazamientos irregula- 
res, ramificaciones y sinuosidades que son el indicio de movimientos 
riolentos de las substancias de la cromoesfera y, sobre todo, de las 
protuberancias (prolongaciones de la cromoesfera). Lokyer en 1870 
calculó el desplazamiento de las grandes masas de hidrógeno en las 
protuberancias y llegó á la enorme cifra de 400 kilómetros por se- 
gundo ó sea 1.440,000 kilómetros por hora! 

Se ha conseguido también determinar la altura relativa de los di- 
ferentes elementos en la atmósfera solar: calcio- (24.000 km.), hidró- 
geno y helio (12.000), magnesio (8000), estroncio (5600), bario (2400), 
sodio (1900), hierro (1000). 

La corona que rodea al sol se ha observado durante los eclipses to- 



74 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tales desde los tiempos más remotos. Primero se halló uu espectro 
continuo y poco tiempo después Joung (18()()) y Lokyer determinaron 
en él una raya verde brillante. Se creyó al principio que ella coincidía 
con algunas de las del fierro, oxígeno, hidrógeno, etc., pero se llegó 
después á la conclusión, que esta raya especial debía ser producida 
por una substancia desconocida que denominaron Coronium. Las va- 
riaciones del espectro de la corona coinciden con el período de las 
manchas y la raya del coronium es invisible en las épocas del míni- 
mo, siendo grande su intensidad en la época del máximo de las man- 
chas. Las tres primeras observaciones (1871, 1882, 1893) concuerdan 
con los intervalos de 11 años ; es decir, que ellas han sido hechas en 
el mismo momento del período de las manchas. 

Según Guillermo Meyer, director del observatorio de Berlín, el 
Coronium ha de ser un gas más liviano que el hidrógeno y posible- 
mente se ha de encontrar en las regiones elevadas de nuestra atuiós- 
fera. Es lógico esperar, según él, que algún arriesgado aviador sea 
capaz de resolver el problema, trayéndonos de esas regiones sublimes, 
algunas partículas de la enigmática substancia. Sería interesante re- 
coger muestras de aire enviando los « globos sondas » que ya han al- 
canzado la enorme altura de 30.000 metros. Si este descubrimiento 
se verifica seremos testigos de otro gran triunfo del análisis espectral. 



Clasificación de las estrellas según su espectro : reseña histórica 
Evolución de las estrellas nuevas 

Si se eleva la mirada al cielo y se contempla, en una noche serena 
de atmósfera límpida, la luz de las estrellas, al principio sólo se no- 
tan en ellas diferencias de brillo y tamaño aparente. Pero si se exa- 
minan más detenidamente se descubren también diferencias aprecia- 
bles de color : unas son rojo anaranjadas, otras amarillentas y la ma- 
yor parte azul pálido y blancas. 

Cuando no se conocía el espectroscopio á nadie se le ocurría que 
esas pequeñas diferencias de color pudieran servir de base algiin día, 
á una clasificación física y química de las estrellas, y menos aun, que 
se pudiera determinar su constitución y temperatura. Pero una vez 
que se hubo fijado un gran número de espectros de estrellas se inten- 
tó averiguar si todas ellas no se podían agrupar en un corto número 
A.% tipos fundamentales ; de lo contrario existirían al parecer, tantos 
espectros distintos como estrellas en el firmamento visible. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 75 

Hay un gran número de estrellas amarillas que dan el mismo es- 
pectro que nuestro sol : parecen estar constituidas por los mismos 
elementos que este último. Este hecho hizo pensar desde el principio, 
que las diferencias existentes entre los espectros estelares no se de- 
ben á una composición química variable en los diferentes puntos del 
espacio, sino d diferencias de fases en la evolución física de una misma 
materia primordial surgida de las nebulosas. 

Fraunliofer, en 1817, fué el primero en describir el espectro de una 
estrella y en comprobar que la posición y aspecto de las rayas que lo 
constituían eran distintos al del sol. Donati (1860) estudió 15 estre- 
llas y dos anos después, Janssen y Secchi emprendieron en Eoma, un 
estudio con el espectroscopio á visión directa á fin de averiguar si 
existía identidad ó analogía entre los espectros estelares y los metá- 
licos. Secchi más tarde, encontró hidrógeno en Sirio, demostró que en 
algunas estrellas había hasta 60 coincidencias con las rayas de 
Fraunhofer del sol y basándose en el examen de 4000 estrellas dio 
la primera clasificación en tipos de espectros determinados. 

Á continuación haremos una síntesis de los sistemas de clasifica- 
ción más importantes. 

a) Clasificación de Secchi. — Según este investigador los espectros 
de todas las estrellas examinadas hasta entonces, pueden reunirse en 
los cuatro grupos siguientes que corresponden á tres coloraciones : 
blanca, amarilla y roja. 

Primer tipo. Estrellas Mancas. — Tienen espectros casi continuos 
y sólo dan con intensidad las rayas del H y He siendo muy débiles 
las rayas corresiiondientes á los metales (91 rayas de Sirio corresj)on- 
den al hierro). Se ha comprobado en ellas la existen(;ia de magnesio 
y calcio y algunas substancias de naturaleza desconocida. Perte- 
necen á este tipo : Sirio, Vega, a de la Lira, a del Cisne, de Orion y su 
temperatura varía en 12.200y 49.000°. (Véase más adelante estrellas 
gaseosas del sistema Lokyer: espectro largo extendido hacia el violeta 
y temperatura elevada). Vogel ha hallado en 1905 que 10 estrellas de 
la constelación Orion y 14 de otras constelaciones dan el espectro de 
los gases que ese mismo año Eamsay extrajo de la Cleveita (tienen 
helio). 

Segtmdo tipo. Estrellas amarillas. — Espectro rico en rayas metáli- 
cas (pocas rayas del H). ííuestro sol es el tipo de estas estrellas. Per- 
tenecen también á este grupo : Pollux, % del Toro, Arturo, etc. (Véa- 
se estrellas metálicas de la clasificación de Lokyer : rayas obscuras 
bandas débiles y rayas brillantes). En una parte del espectro de una 



Ib ANALES UlO LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíííENTINA 

de estas estrellas se han hallado 290 rayas brillantes que coinciden 
con las del hierro. Á este tipo corresponden las « estrellas nuevas » ó 
«novas» («nova» Cisne). Tcni])cratnra interinedia entre 5500 7 
7000°. 

Tercero y cuarto tipo. EstrellaH (dianoijadas ó rojas. — Espectro de 
Anas I-ayas obscuras bandas anchas también obscuras y parecidas á 
las « bandas telúricas » (a del Orion, Betelgeuse, y. Hidra, ¡3 Pegaso, 
etc.). Existen bandas que parecen pertenecer al carbono. (Véase estre- 
llas carbónicas de la clasificación de Lolcyer : temperatura entre 4550 
y 2870' espectro corto.) 

A^ogel en 1874 propuso una clasificación que sólo se distingue de 
la de Secchi por contener reunidos en el grupo tercero los grupos 
tercero y cuarto de la de este astrónomo. Esta clasificación compren- 
de entonces los tipos correspondientes respectivamente á las estre- 
llas blancas, amarillas y rojas y no es puramente formal, sino que es- 
quematiza la evolución real de las estrellas^ es decir, las diferentes fa- 
ses de su desarrollo. Las Mancas son las más jóvenes (temperatura muy 
elevada) y las rojas han llegado al riltimo período de su vida, cumpli- 
do el cual, vuelven á desempeñar las veces de focos incandescentes 
(l)or choques, etc.) para cerrar así el indefinido ciclo de la evolu- 
ción. 

Clasificación de Lolcyer. — Tal como nos lo revela el espectroscopio, 
las estrellas délos diferentes tipos (de Secchi y de Vogel) parecerían es- 
tar constituidas de un modo muy distinto. Sin embargo, Lokyer, basán- 
dose en el hecho de que cuanto mayor es la temperatura de un cuerpo 
más largo es su espectro continuo, es decir, tanto más se extiende hacia 
el violeta (principio de Draper), ha llegado á la siguiente conclusión: 
la constitución química de las diferentes estrellas no es distinta, sino 
que todos estos cuerpos siderales parecen provenir de una materia pri- 
mordial, que por variación de temperatura, ha ido engendrando los 
cuerpos correspondientes á los mútiples espectros observados. 

Este astrónomo químico clasificó las estrellas del siguiente modo: 

Primer tipo. Estrellas gaseosas. — Espectro largo. Elevada temj)era- 
tura. 

Segundo tipo. Estrellas protometálicas y metálicas. — Espectro re- 
gular. Temperatura media. 

Tercer tipo. Estrellas con carbono. — Espectro corto. Temperatura 
baja. 

Las rayas reforzadas del espectro pueden, segiin Lokyer, j)ermitir- 
]ios establecer, que el cambio de espectro de un astro al otro se debe 



química estelar t evolución cósmica 77 

á cambios de la temperatura y no de la compo.sición química. Como 
veremos al correlacionar los datos de la química estelar con los prin- 
cipios de la filosofía natural (en la doctrina de la evolución inorgáni- 
ca), Lokyer supone que las estrellas evolucionan desde las temperatu- 
ras más elevadas que sólo contienen protoniateria hasta las de menor 
temperatura, constituidas al parecer, por metales y aun por cuerpos 
compuestos y todo esto, pasando por una escala gradual de tempera- 
tura, durante la cual la materia primordial afecta estados evolutivos 
distintos. 

Pickering observando ciertas estrellas (; Pupijis) , comprobó la apa- 
rición de un nuevo sistema de rayas que atribuyó á elementos nue- 
vos. Pero más tarde, él y Kayser, llegaron (por el estudio de las series) 
á la conclusión que ellas revelaban una nuera forma de hidrógeno 
producida á expensas de una elevada temperatura. Como esta nueva 
serie de rayas del hidrógeno parece guardar con la serie conocida del 
mismo gas, la misma relación que las rayas iirotometálicas con las 
metálicas, Lokyer le llamó jf>roío/¿/í7ror/e>ío ala modificación mencio- 
nada. Estas rayas parecen entonces indicar la presencia de partículas 
correspondientes á los ítltimos estados de simplificación química que 
l)odemos concebir (en las estrellas de más de 12.000°). En estos iilti- 
mos años se ha hallado que los espectros, de la cromoesfera solar, a 
del Cisne y de un metal tipo con rayas reforzadas, concuerdan per- 
fectamente. Lokyer llama rayas protometálicas á las rayas obtenidas 
con la chispa condensada y sostiene que las substancias que las pro- 
ducen pueden considerarse como protometales, es decir, como una for- 
ma de metal más sutil que las que motiva el arco y que i)arece corres- 
ponder á los metaelemefitos de Crookes. 

Las nebulosas. — Estas colosales masas de materia sutil que pueden 
considerarse como verdaderos « protoplasmas astrales» (gérmenes de 
los futuros sistemas solares), adquieren formas de las más variadas 
desde la esférica hasta la esiiiral. Algunas son invisibles y emi- 
ten radiaciones ultravioletas que impresionan las placas fotográficas. 

Existen dos grandes grupos de nebulosas, las resolubles en estrellas 
y las que á pesar de los más grandes aumentos sólo se presentan 
como masas gaseosas ó nubes incandescentes sin elementos indivi- 
dualizados. Al principio se creía que esto se debía á la diferencia del 
aumento de los telescopios, pero en 1864 Huggins dilucidó el punto 
empleando el espectroscopio. En efecto, este investigador halló que 
las estrellas blancas y las nebulosas resolubles, dan espectros que se pa- 
recen á los de las estrellas fijas, en tanto que Iüíí nebulosas planetarias 



78 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lian espectros con líneas brillantes que evidencian la presencia de 
gases incandescentes. Hasta hace poco sólo se habían determinado 
tres líneas : una del hidrógeno (raya F), otra del nitrógeno y otra que 
no se ha identificado todavía y que se supone sea debida á un ele- 
mento nuevo, el nebuUum. 

ün hecho muy significativo tanto'para la cosmogénesis como para 
la teoría de la evolución inorgánica es el descubriiüiento de las estre- 
llas nuevas ó novas. 

Partiendo de las investigaciones espectroscópicas, los astrónomos 
químicos, han llegado también á describir de un modo minucioso la 
evolución de una de esas estrellas que aparecen repentinamente en 
el firmamento para sucumbir después de corta vida. Una de las más 
interesantes ftié la de la constelación del Cisne, aparecida en noviem- 
bre de 1876 y que transcurridas dos semanas ya había descendido de 
la tercera magnitud hasta la decimaquinta, quedando casi completa- 
mente apagada. Al mismo tiempo que su intensidad luminosa dismi- 
nuía sensiblemente, la región violeta de su espectro, al principio pro- 
vista de rayas brillantes, iba obscureciéndose poco á i)oco (signo de un 
descenso de temperatura) y la región roja y azul presentaba rayas co- 
rrespondientes á la de los gases incandescentes que parecen constituir 
las « nebulosas ». La más reciente de las « estrellas nuevas » ha apa- 
recido el 13 de mayo de 1912. 

Casi todas tienen análoga historia, se convierten en nebulosas en 
corto tiempo, después de haber sido originadas, según Lokyer, por el 
choque de una corriente de meteoritos y una parte de nebulosa. Este 
hecho se halla en armonía con una gran cantidad de observaciones, 
según las cuales, la mayor parte de las estrellas tienen por « cuna», 
la via láctea, en la que á su vez, se encuentran verdaderos « nidos de 
nebulosas », ó protoplasmas astrales. Parece que en estas regiones 
tiene lugar la evolución de la materia cósmica con un máximo de inten- 
sidad. 

III 

LOS RESULTADOS DE LA ESPECTROSCOPIA ASTRONÓMICA Y LOS PRIN- 
CIPIOS DE LA FILOSOFÍA NATURAL . LA EVOLUCIÓN DE LA MA- 
TERIA. 

1" Breve reseña de las ideas antiguas y modernas sobre unidad, cons- 
titución y evolución de la materia. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 7Í) 

Según Hoeffer, el célebre y profundo historiador de la química, se 
observan tres etapas importantes en el desenvolvimiento de una cien- 
cia. Al principio predomina la observación é intuición primitiva, la 
mayor parte de las veces genial, pero desprovista de bases científicas 
positivas; esta época se extiende basta el cristianismo. En la segun- 
da etapa, á la vez que se opera un debilitamiento de la observación, 
se somete el pensamiento á la autoridad espiritual llegando á la es- 
peculación mística y sobrenatural. Estas tendencias en el caso de la 
química, dan nacimiento á las extrañas doctrinas del arte sagrado y 
de la alquimia y dura todo el período comprendido por la edad media 
y parte de los tiempos modernos. Por último, en la tercera etapa, que 
corresponde á la época moderna, se vienen á comprobar ])or los méto- 
dos inductivos las intuiciones geniales de los antiguos. 

Dicho historiador trae ejemplos, que ponen en evidencia una ley 
análoga en el desenvolvimiento de las demás cien(;ias. 

Como veremos en seguida, en la exposición de nuestro caso parti- 
cular del desenvolvimiento de la idea de evolución y unidad de la 
materia, las tres etapas mencionadas están representadas por los 
griegos, chinos y antiguos indús, la edad media y la época mo- 
derna. 

Primera etapa. — Por los datos recogidos en la historia por separa- 
do la civilización china (hasta casi 2000 años a. C), se puede afirmar 
(pie en esa época ya se habían expuesto las ideas acerca de la trans- 
mutación de los metales que se creen originarias de los alquimistas. 
Confucio (550 a. C.) fundador de la religión filosófica de los chinos, 
concebía una esencia de la naturaleza, la materia unida inseparahle- 
mente á una virtud de materia misma y de los continuos cambios de la 
materia y de su virtud, él hacía surgir el origen^ la esencia y la regla 
de la vida. Estas ideas se encuentran recién en la filosofía de Espino- 
za en el año 1650 de nuestra era. 

En Persia, Zoroastro, sostuvo la idea de un principio que llena la 
inmensidad del universo. 

Esta idea fué sostenida iDor el egipcio Laerzio, quien admitía ade- 
más la materia que, como principio de las cosas, engendraba los cua- 
tro elementos y luego todo lo que tiene vida. 

Nos detendremos especialmente en la idea de* los indús y griegos. 

Indús. — Como la China, la India ha quedado durante mucho tiem- 
po desconocida por los europeos, quienes atribuyen á los griegos mu- 
chas de las ideas de sus filósofos. La mayor parte de los datos que se^ 



80 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíGENTIÑA 

poseen de los antipnos indús son ajenos ¡í la liistoria rte la química y 
pertenecen exclusivamente á la ielif;¡ón, literatura y costumbres. 
See:ún Hoefter. entre los manuscritos sánscritos de la Biblioteca Im- 
iwrial de París no se halla un solo documento qne pneda interesar á 
la qníiuica. 

Eecientemente (1909) Praplinla Chandra Ray. profesor de qnímica 
en el colegio presidencial de Calcnta, ha llevado á cabo nn trabajo im- 
portante y minucioso titulado A Mstory of indu chemisty, en el cual se 
hallan desarrolladas las teorías físicas, mecánicas y químicas de los an- 
tiguos indús. El autor ha consultado el texto sánscrito de los diferen- 
tes sistemas. Dado lo genial de sus ideas haremos un extracto del ca- 
pítulo de esta izarte de la obra escrita por Seal y especialmente el cuer- 
po de doctrina referente al sistema fundado por el filósofo Pa- 
taujali. 

¡Sistema VaisesMJca. — El atomismo indús anterior al atomismo grie- 
go fué fundado jior Kanada (Sutra de Kanada). Segvin este filósofo, 
existen nueve especies de substancias, cinco sensibles ó materiales 
(tierra, agua, luz, aire y éter (akasa), (este último considerado infinito 
y esparcido por el universo entero) y cuatro inmateriales, tiempo, 
lugar, alma y conciencia. Suponía que las substancias materiales se 
forman de átomos (indivisibles) y calculó para el átomo un valor igual 
á la sexta parte de las partículas visibles en un rayo de sol. (Véase 
obra de Leopoldo Mabilleau, Histoire de la philosophie atomistique, 
1895. En esta obra, según Guareschi, se hallan datos interesantes so- 
bre la filosofía india). 

Sistema Patañjali. — Este sistema cuya síntesis hacemos á conti- 
nuación, se basa en los principios científicos de la conservación, 
transformación y disipación déla energía y no en especulaciones pu- 
ramente metafísicas. 

En él se admitía el Prakriti, especie de esencia universal, informe, 
indiferenciado, ilimitado, indestructible, de donde sale todo y tam- 
bién adonde todo va. Este Prakriti es algo así como la cuna y tumha 
de los seres cósmicos. 

Tres son las cosas reales ó gimas que se hallan en el Prakriti : 
I*" Sattoa ó esencia que se manifiesta en todo fenómeno y que se ca- 
racteriza iior su tendencia á la manifestación ; 2"" Rajas ó energía que 
se manifiesta por su tendencia al trabajo ; 3^ Tamas (masa ó inercia) 
que se opone á las tendencias del Rajas al trabajo y del Sattva á la 
manifestación. 

Considera que la energía es inmaterial, pero posee cantidad y exten- 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLÜCKJN CÓSMICA 81 

món y i)roduce movimiento y hi divide como los modernos en energía 
jjotencial y energía cinética ó de movimiento. 

Las tres entidades reaccionan entre sí y entran conjuntamente en 
todo fenómeno. Xada existe en el universo de la conciencia sin la 
manifestación x>or medio de la esencia ó suhstractum intelectual. Este 
mihstractum intelectual y el siih-stractum material no pueden por sí mis- 
mo producir actividad y necesitan del intermediario Rajas ó princi- 
pio de energía (objeto, sujeto y acto). Variando la cantidad de inercia, 
energía y masa en distintas formas de agrupación se tienen todas las 
cosas del mundo fenomenal. En cada caso particular una de las 
« gunas » predomina y las otras quedan latentes ó sublatentes (en los 
sistemas materiales : la masa es patente, la energía latente y el 
Sattva sublatente, etc.). 

El punto de partida de la historia cósmica, que en este sistema es 
sólo aparente, porque los indús admiten que la evolución es cíclica y 
j)or lo tanto indefinida (sin principio, y sin fin), se caracteriza por un 
equilibrio que tiene lugar entre los gunas uniformemente difundidos. 
Las tendencias hacia la manifestación consciente y hacia el trabajo se 
hallan contrabalanceadas por la resistencia interpuesta jior la inercia 
de la masa. 

La trascendental inliuencia de Purusha (absoluto) pone término 
á este equilibrio é inicia el proceso de evolución. Se supone que las 
partículas del Sattra (Sankya moderno), Rajas y Tamas poseen afini- 
dad para las otras partículas de la propia clase, la cual se manifiesta 
(por influencia del Purusha) dando por resultado la ruptura de la dis- 
tribución uniforme, y por consiguiente, la agregación de las partes 
análogas y formación de las tres entidades en desequilibro. El resul- 
tado final de este desequilibrio donde predomina una de las tres en- 
tidades es la actividad (pasaje de la potencia al acto de Aristóteles : 
é instabilidad de lo homogéneo de Spencer.) 

No consiste la evolución en el orden de sucesión del todo alas par- 
tes, ni de éstas á aquél, sino en el pasaje de un conjunto relativamente 
indiferenciado , incoherente y homogéneo á otro conjunto más diferenciado, 
coherente y homogéneo y ésto indefinidamente. Comparada esta fórmula 
general de evolución con la propuesta por Spencer en sus Primeros 
principios, se nota una analogía sorprendente. 

Tres son los estados de evolución cósmica según este sistema filosó- 
fico indú. 

1° En el primero, el Prakriti difundido homogéneamente en 
el universo entero encierra las tres entidades reales al estado 

ak. SOC. CIKNT. ARR. — T. I.XXVII (■> 



82 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

potí^ncial que más tarde se individnalizau y reaccionan entre sí; 
2° Después lo coíinoHcihle, universo empírico ó materia cósmica de 
ex/perkncia que abarca las cosas materiales y el substractuiii intelec- 
tual (Mahat) (inteligible esencia del cosmos) evoluciona por diferen- 
ciación é integración dentro del uniforme Prakriti; 

3° Por último el substractum determinado por integración y di- 
ferenciación evoluciona en una serie subjetiva (sujeto de exj)erien- 
cia) y en una serie objetiva ó substractum material donde se veriflca 
el pasaje de la energía ^o/ewc?Ví7 á la forma específica de la energía 
sensible. Al mismo tiempo se produce una integración de materia des- 
de la substancia sutil ó snjpersutil bástalas substancias individualiza- 
das y con propiedades genéricas y específicas características (dife- 
rentes clases de Paramanus). Así tiene lugar el movimiento ó evolu- 
ción de las series cósmicas en las etapas ascendentes del equilibrio 
inestable, basta la inversión del proceso, que se verifica con transfor- 
mación de energía y desintegración completa del universo material basta 
difundirse por completo en el Prakriti primitivo. Este último proceso 
inverso viene á cerrar el ciclo evolutivo que es indefinido. 

Vemos, pues, que segúnVsta doctrina precursora de las ideas moder- 
nas, el proceso evolutivo se opera en dos fases principales : a) fase de 
creación (ó síntesis) : agregación desigual de masas, materiales, forma- 
ción de substancias inorgánicas y orgánicas (génesis de los mundos) 
con liberación de energía hasta alcanzar un equilibrio relativamente 
estable; b) fase de disolución : desintegración de la masa acompañada 
de transformación de energía hasta otro equilibrio del cual no ijuede 
salir sin la intervención de lo absoluto para dar un nuevo ciclo. 

No hay destrucción de masa ni de energía sino disolución en el Pra- 
kriti informe. 

Al lado de estas ideas verdaderamente geniales y que muchos 
creen obra exclusiva de los filósofos modernos, existen en el sistema 
Patañjali otras no menos elevadas sobre la constitución íntima del 
átomo material, al cual consideran como un agregado complejo de lo 
que hoy llamamos materia y energía potencial y radiante. Iríamos 
demasiado lejos, si expusiéramos aquí estas ideas, que se hallan des- 
arrolladas de un modo magistral en la notable obra del filósofo quí- 
mico indú Praphulla Kay. Bástenos decir, que en ellas se encuentran 
las bases de una interin-etación de las propiedades por las cuales se 
nos manifiesta el mundo material, que no desmerece en nada, si se 
la compara con las que proclamó la ciencia contemporánea, después 
<lel descubrimiento del radio y de la disociación estelar. 



QUÍMICA ESTELAK Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 83 

(Trie(/o.s. — El movimieuto atomístico griego puede cousiderarse 
como una prolongación del iniciado por los indús. Seis siglos antes de 
Cristo surgieron los grandes sistemas de estos fllósoíbs, es decir, va- 
rios centenares de años antes que Demócrito diera las bases de su 
doctrina atomística, pero los griegos dieron más claridad á muclias 
de esas ideas separándolas de toda influencia de escuela religiosa. 

Thales de Mileto (040 a. C.) guiado por su tendencia hacia la uni- 
dad de las cosas, emitió la idea de que el agua es el principio de todo 
lo existente. 

La misma idea fundamental sustentó Anaxímenes, pero reempla- 
zando el agua por el aire. Aunque desacertada la elección del princi- 
pio generador ó substancia ijrimordial, ambos exteriorizaron un con- 
cepto unitario que se halla muy arraigado en nuestra época. 

Anaximandro (550 a. C.) al suponer la existencia de un principio 
infinito indeterminado y etéreo con partículas regidas por la acción 
del calor y generador de todo lo existente en el universo sensible, 
superó en mucho el concepto de sus antecesores. 

En la enciclopedia química^ de Guareschi, se dice que estos filóso- 
fos tuvieron ideas superiores á las de los indús respecto á la unidad 
del principio universal, pero inferiores porque no admitían la divi- 
sión atómica ni la idea de combinación ó asociación, que según Ma- 
billeau, es la única que puede hacer fecundo el concepto de materia 
primordial. 

Pitágoras sobresale por sus geniales ideas de armonía cósmica. 
Consideró el número y las relaciones numéricas como el principio de 
todas las cosas y atribuyó una forma geométrica á los átomos. Para 
él, las diferentes substancias son simples números que conducen á 
las armonías matemáticas. Estas y otras ideas que forman la base 
del sistema de Pitágoras, guardan una relación sorprendente con la 
teoría moderna de las vibraciones y la ley periódica. 

Heráclito (500 a. C.) sostenía la idea de un fuego etéreo^ construc- 
tor y destructor de todas las cosas existentes : alma del eterno deve- 
nir. Las grandes leyes del universo se identifican con los procesos de 
generación y descomposición, atracción y repulsión (amor y odio se- 
gún el filósofo). La idea de unidad en el dominio de los seres cósmi- 
cos adquiere con Heráclito carácter claro y preciso. 

Emi)édocles (450 a. C.) sostuvo una tesis parecida á la del filósofo 
anterior. Según él, los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra 
que ya figuraban en el sistema indú de Kanada) se hallan constituí- 
dos de j)rtrtíc?í/«i' />uu.S'¿ites ete/•/^r^sw^m(Ze.9í^^íCíiií^^^^^ ó elementos de Ion 



S4 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cuerpos de l(( ii((h(nilez<(. Flatos e\eíúentoi> eternos \H\r nlrncción t/ re- 
pulaión, composición y descomposición (síntesis y desdoblamiento de 
los modernos) dan luoar {\ la inmensa variedad de sistemas materia- 
les qne pueblan el nniverso sensible. Además, él tiende á establecer 
que el principio del conocimiento reposa en la identidad del pensa- 
miento con lo que se trata de estudiar. Como el hombre está com- 
puesto según este filósofo, délos mismos elementos simples que los 
objetos del mundo que observa, el conocimiento implica identidad de 
composición del sujeto y del objeto. El acuerdo entre estos conceptos 
y los sustentados por el sistema Patañjali, que hace derivar la serie 
objetiva y subjetiva de la materia cósmica, es, como vemos, casi per- 
fecto. 

Puede considerarse á Leucipo (495 a. C.) como el filósofo que dio 
forma más clara y concreta al sistema atómico perfeccionado más 
tarde por Demócrito. Admitía, como sabemos, á les cuerpos formados 
de átomos insecables que -por s\i posición, separación y combinación, dan 
lugar á la infinita variedad de agregados materiales. El movimiento 
de estos átomos de diferentes formas y tamaños produce las combina- 
ciones y descomposiciones. Puede ex])licarse según él la formación 
del mundo físico por la sola acción de agentes naturales sin la inter- 
vención de ninguna inteligencia creadora. 

Demócrito (470 a. C), amigo y discípulo de Leucipo, sostuvo que 
nada sale de la nada y admitió la existencia de átomos, basándose en 
que no era concebible suijoner algo material formado i)or una suma 
de nadas ó de cosas no existentes (lo que sucedería si la materia pu- 
diera dividirse al infinito). Consideraba á los átomos provistos de 
ftguras y de movimientos oscilatorios y giratorios susceptibles de 
trasmitirse y átomos cuyas agrupaciones diferentes dan nacimiento 
á un número infinito de mundos parecidos ó diferentes. 

Anaxágoras (500 a. C.) se inclinó más bien á la existencia de un 
número infinito de elementos primitivos que llamó homeomerías. Estos 
elementos ó gérmenes increados, indestructibles é invariables en 
cuanto á su esencia, por sus múltiples combinaciones, engendran, se- 
gún este filósofo, todas las cosas existentes, todos los cuerpos conoci- 
dos. « La suma de estos principios primeros es siempre la misma ; 
nada i^uede sacarse ni añadirse á ellos. Xada se engendra ex nihilo y 
nada se pierde: las cosas se forman }»oi' la agregación de los gérme- 
nes i^reexistentes y desaparecen por la desagregación de estos gér- 
menes que contiene su existencia. » (R. Jagnaux, Histoire de la chimié. 
pág. 25.) Todo está en todo y cada átomo es un mundo en miniatura. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 85 

Aristóteles coutinuó en esta corriente de ideas y amplificó los con- 
ceptos de Kauada sobre los cinco elementos, admitiendo un movimien- 
to circular perpetuo para el éter. 

Teofrasto (315 a. C), discípulo de Aristóteles, sostúvolas ideas de 
este último y escribió un tratado sobre la piedra filosofal. 

La doctrina griega que acabamos de exponer sintetizando las ideas 
de sus principales sostenedores, fué continuada durante el período 
romano por Lucrecio, quien en su célebre poema De natura rerum 
expuso en forma poética los fundamentos del sistema filosófico de 
Epicuro. 

Segunda etapa. — Esta comprende todo el período de la edad me 
día y se caracteriza por las ideas de los alquimistas que disfrazados 
con el manto de la magia ó arte sagrado, sólo llegaron á un nivel in- 
ferior al alcanzado i)or sus antecesores los indús y griegos. Y al ha- 
blar de alquimivStas sólo nos referimos á un grupo reducido de bom- 
bres estudiosos que nos merece el mayor respeto como Paracelso, 
Raimundo Lullio y Vasillo Valentín, porque á pesar de que no apor- 
taron ideas fundamentales á las de los sistemas de la India y Grecia, 
iban guiados en sus especulaciones filosóficas, por la idea de unidad 
y evolución de los seres universales. La mayor parte de los alquimis- 
tas procedían (cuando lo hacían con la buena intención de no explo- 
tar á los ignorantes) de un modo empírico, sin base ni método alguno 
y guiados por unas ideas bastante positivistas, como la del enri- 
quecimiento á base de la transmutación de todo en oro y la del elixir 
de larga vida. Sin embargo, en su encomiable obstinación han dejado 
á la química moderna un caudal de descubrimientos útiles, como el 
del fósforo y otros cuerpos, hechos casi al azar. 

Respecto á la obra de los alquimistas se han vertido opiniones ex- 
tremas. Mientras unos los llegaban á ridiculizar, cometiendo una gran 
injusticia al no tener en cuenta el estado de los conocimientos en la 
época en que ellos actuaban y las persecuciones inicuas de que eran 
objeto por parte de los que consideraban sacrilega la revelación de 
« ciertos misterios », otros, olvidando la obra fecunda de los indús y 
griegos, los enaltecían al punto de considerarlos fundadores de un sis- 
tema filosófico, que sólo es copia de aquellas escuelas. 

El simple examen de las ideas antiguas y especialmente de las del 
sistema del filósofo indú Patañjali, muestra que la escuela alquimista 
no ha desempeñado un papel creador como algunos lo han afirmado. 
Otro tanto sucede en lo que se refiere al papel de comprobadores que 



86 ANALES DK LA SOCIEUAl) CIENTÍFICA ARGENTINA 

les corresponde exclusivanieiite á los modernos con sus poderosos mé- 
todos de investigación. 

Basta citar algunos ejemplos de la obra fundamental de Iloefter 
para no dudar que « la famosa teoría d(í la transmutación de los me- 
tales, adoptada por los alquimistas, se halla fundada en hechos reales 
pero mal interpretados » (lib. cit., t. I, pág. 231). 

He aquí algunas de las experiencias que se llevaban á cabo en el 
gabinete de trabajo de Zosima, uno de los grandes maestros del arte 
sagrado que en la edad media toma el nombre de alquimia. 

1. Experiencia. — Un hierro calentado al rojo y luego introducido 
debajo de una campana de vidrio con agua, daba lugar al desprendi- 
miento de un gas que se inflamaba al acercarle una bujía encendida. 
Conclimón : el agua, se cambia en fuego. 

2. Experiencia. — Copelación del i)lomo y obtención de un espejo 
plateado (fenómeno del relámpago). Conclusión : el plomo se transmuta 
en plata. 

3. Experiencia. — Una lámina de cobre expuesta á los vapores de 
arsénicos se recubre de una delgada ijelícula blanquecina. Conclusión : 
el cobre se transmuta en plata. (Esto daba lugar á alegorías llenas de 
enigmas que simbolizaban el influjo divino.) 

4. Experiencia. — Un objeto de hierro introducido en una solución 
acida de sal de cobre daba un dejjósito brillante rojizo. Conclusión : 
el hierro se transmuta en cobre. 

Podrá objetarse que dado el estado de los conocimientos de esa 
época, esas conclusiones y otras por el estilo, eran las únicas que i)o- 
dían sacarse de las experiencias que ellos hacían. Pero esta objeción 
pierde todo su valor, si tenemos en cuenta, que un espíritu libre de la 
obsesión de que un metal podrá transmutarse tan fácilmente en otrOy 
examinando mejor el hecho, hubiera sacado una conclusión muy distinta. 

Se ve xDor todo lo expuesto, que son muy atinadas las observacio- 
nes siguientes que el distinguido historiador Hoefter hace á las ideas 
de esta fase del desarrollo de las doctrinas químicas. « En la segunda 
época, el espíritu de observación se debilita ó se extravía. Sometido 
á la autoridad espiritual, el pensamiento abandona el campo de la 
experiencia para refugiarse en el dominio de la especulación mística 
y sobrenatural. De aquí el origen de tantas doctrinas extrañas, en- 
gendradas \)0v la imaginación de los discípulos del arte sagrado y de 
la ahpiimia » (1). 

(1) Loe cit., toiLio I, página 1, Conp d'ail (/áiéral sur le progvex de la science. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 87 

Eesumieudo podemos decir, que la escuela alquimista de la edad 
inedia, no agrega nada de valor á los sistemas indú y griego en lo 
que se refiere al concepto de unidad y evolución de la materia y no 
aporta ninguna base firme al edificio de los sistemas filosóficos moder- 
nos que vienen á dar nuevos rumbos á esa doctrina ampliando y con- 
iirmando las sul)limes instituciones de los antiguos. 

Tercera etapa. — Esta etapa abarca la última parte de la época 
moderna y la éi)oca actual y en ella podemos caracterizar tres movi- 
mientos convergentes que nos llevan á un concepto análogo de uni- 
dad y evolución de la substancia universal. El primero lo constituyen 
las especulaciones químico-filosóficas deducidas de la correlación nu- 
mérica en los ijesos atómicos y clasificación de los elementos; el se- 
gundo, las investigaciones espectroquímicas sobre disociación astral 
y el tercero, el descubrimiento del radio y la comprobación de una 
disociación ó desintegración universal de los sistemas llamados ma- 
teriales. 

Antes de hacer una breve exposición de los tres períodos, creemos 
conveniente recordar, que la noción moderna de substancia fué intro- 
ducida por el célebre Espinosa, quien en su concepción i^anteísta, 
sostenía que dicha substancia universal (ó <' ser cósmico divino ») se 
nos presenta bajo dos aspectos de su verdadera esencia ó atributos 
fundamentales; la maíma (la substancia-materia es infinita y exten- 
sa) y el espíritu (la substancia-energía pensante) y que comprende 
todo. Según este concepto defendido con ardor por Goethe y Haekel, 
todas las formas individuales de la existencia sólo son formas espe- 
ciales y pasajeras de la substancia, accidentes ó modos. Estos modos 
son objetos corporales, cuerpos materiales, cuando los consideramos 
con el atributo de la extensión; al contrario, non fuerzas ó ideas cuan- 
do las consideramos con el atributo del pensamiento (de la energía). 
(Para más detalles véase Haekel : Los enigmas del univer,so). Sólo aña- 
diremos, que este concepto se identifica con el de la « materia cós- 
mica de experiencia » que evoluciona según el sistema Patañjali 
(como hemos visto) en dos series objetivas y subjetivas á partir del 
Prakriti increado, homogéneo é indestructible. 

Prout en 1815, publicó un trabajo que mantuvo anónimo durante 
un año y en el cual, basándose en la comparación de las densidades 
de los elementos al estado gaseoso y sus pesos atómicos con respecto 
al hidrógeno tomado como unidad, llamó la atención de que unos y 
otros se acercaban á números enteros. Un año más tarde afirmaba 



88 ANALES DE L4 SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

«jiie nuestro elemento liidrójíeno debíji sei' la muieria priiiiu, que por 
coudensacionets sucesivas había engendrado á todos los elementos 
conocidos. 

Esta idea provocó vivas discusiones entre los «luímicos Berzelius, 
Dumas, Stas, Clarke, Marignac, impugnándola unos y defendién- 
dola con tesón otros. Dumas tomó á cargo, con más entusiasmo que 
sus demás contemporáneos, la defensa de la hipótesis de Prout y en 
un solemne discurso pronunciado en la Asociación británica basán- 
dose en las triadas de Doebereiner, sostuvo la idea de la unidad de la 
materia y transmutación de los elementos, con un brillo indescrijitible 
que dejó admirado al auditorio. Esta conferencia fué clasificada por 
Faraday como « el sueño poético de un filósofo » y lleno de asombro 
dijo que ella podía contener el germen de una nueva ley. 

En estos últimos tiempos Hinrichs ha tomado con empeño la 
defensa de la hipótesis de Prout y después de estudiar detenida- 
mente los sistemas de Berzelius, Dumas, Stas, sobre determinación 
de Ilesos atómicos demuestra que las cifras de este último son inexac- 
tas, pues están afectadas de errores sistemáticos cuya ley ha estable- 
cido y comprobado matemáticamente, y llega á las siguientes conclu- 
siones : 

]^a formación de todos Jos elementos químicos á expensas de una ma- 
teria primordial ; el pantó(ieno. 

2^ La unidad de la materia es una verdad evidente. (Véanse los tra- 
bajos de Hinrichs aparecidos en el Moniteur scientijique : los pesos 
atómicos son conmensurables y la materia es una.) Todas estas ideas 
que recibieron una acogida favorable por Schultzenberger y Berthe- 
lot en Francia, el autor las sostuvo ya en 1807 en su « mecánica de 
los átomos ». 

Los químicos modernos no quedaron satisfechos con esta primera 
tentativa de correlación numérica de los pesos atómicos. Insi^irados 
en las ideas del gran Pitágoras, trataron de sorprender en la armonía 
y ritmo de los guarismos atómicos, la base de la interpretación de las 
l^rincipales propiedades de los sistemas materiales que constituyen los 
diferentes elementos. Es así que con la clasificación en familias natu- 
rales (relaciones entre elementos semejantes), y con el establecimiento 
de la ley periódica, comienza una nueva era en la evolución de las 
doctrinas químicas, fecuiula en resultados. 

íso es el caso que detallemos aquí los pormenores de los trabajos 
que han antecedido á los de Lothar Meyer y Mendeleefif, relativos al 
establecimiento de la ley periódica. Debemos hacer constar sin em- 



<¿l ÍMIOA liSTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 89 

bargo, que en las triadas de Deobereiuer (181G), en la clasiflcación de 
Pettenkofer y Dumas (1840), en el tornillo telúrico de Chancourtois 
(1862), y en las octavas de Newlands (1803), se hallan los gérmenes 
de dicha ley. Particularmente Chancourtois, tuvo la idea de comparar 
la serie característica de los puntos geométricamente semejantes de 
su tornillo (pesos atómicos y propiedades químicas), con la serie de 
las notas de la de gama musical y la de los colores del espectro. Este 
ritmo inevitable y signitícativo en la evolución de las ideas madres 
como las de Pitágoras, nos reproduce los conceptos de este hombre 
de intuición poderosa con toda su majestuosidad. 

Algunos autores basándose en el aument<j creciente de cuerpos 
simples, sacan ilógicamente conclusiones contra la doctrina de la 
unidad de la materia. El examen del sistema ijeriódico nos aparta 
mucho de esta extraña conclusión, porque poniendo en evidencia 
analogías sorprendentes entre dichos elementos, nos induce á pensar 
en una relación de descendencia que sólo puede admitirse si se adopta 
la idea de la evolución gradual de una materia primordial. 

Á este respecto Haeckel, en sus Enigmm del universo, después de 
establecer que una descendencia análoga á la de los organismos puede 
tener lugar entre las familias de elementos, dice : « Podemos entonces 
admitir que los elementos empíricos actuales no son verdaderamente 
especies fijas de la materia , simples y constantes, sino que se hallan 
desde su origen, compuestos de átomos primitivos simples, idénticos 
y que solamente varían en número y x)0sición. Las especulaciones de 
Wancht, Preyer, Crookes y otros han mostrado de qué manera se 
puede concebir que todos los elementos se han diferenciado á partir 
de una sola y única materia primera, el pr otilo. » 

2'' El radio y los fenómenos radioactivos : la radioactividad conside- 
rada como una propiedad universal de la materia : teoría de la energía 
interatómica y de la desmaterialización de la materia. 

Haremos aquí una breve exposición de las inñncipales propiedades 
del radio, ya bastante conocidas, para pasar en seguida al problema 
de la disociación y radioactividad universal de la materia, que guarda 
estrecha relación con los resultados obtenidos por la astroquímica y 
con las diferentes ideas cuya evolución hemos examinado con cierto 
detalle. 

El descubrimiento de este extraordinario cuerpo que se ha conve- 
nido en denominar radio, tuvo su punto de partida en las investiga- 
ciones del físico Becquerel sobre las radiaciones obscuras emitidas 



90 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

por el uranio y su.s compuestos, que poseeu la propiedad de impre- 
sionar las placas fototrráíicas. Estas primeras iiivesti¡naciones que se 
llevaron á cabo en 1890 vinieron á abrir el camino para los futuros 
<lescubriinientos. Los esposos Curie en 1898, tratando de ver si otros 
cuerpos producían el mismo fenómeno, hallaron que un mineral, la 
« pecbblenda » (compuesto de 40 "/o (le óxido de uranio, arsénico, 
azufre, cobre, níquel, bismuto, manoaneso, bario, cobalto, plata, etc.) 
daba radiaciones eléctricas y químicas basta cuatro veces más poten- 
tes que la del uranio metálico. Este hecho les hizo sospechar que el 
mencionado mineral debía contener «otro cuerpo», de gran « activi- 
dad radiante». Para comprobar esta suposición, sometieron la pecb- 
blenda á un largo y costoso tratamiento, que dio por resultado el des- 
cubrimiento del famoso metal. La obtención de un gramo de sal de 
radio exige el tratamiento de varias toneladas del mineral, cada una 
de las cuales necesita cinco toneladas de reactivos diversos y 50.000 
litros de agua de lavajes. El rendimiento es de dos á tres decigramos 
por tonelada y se obtiene una sal que posee un poder de radiación 
1.500.000 veces mayor que el del uranio metálico. Esta es la razón 
de su elevado precio que en 1905 alcanzaba á la enorme cifra de 
400.000 francos el gramo de sal de radio puro. 

Las sales de radio emiten una « emanación » material de natura- 
leza gaseosa que resiste á todos los agentes químicos y varias « radia- 
ciones » que han sido simbolizadas con las letras griegas a, ¡j y y. Los 
rayos y. son desviados por el imán y están constituidos por partículas 
<le electricidad positiva provistas de una velocidad que oscila alrede- 
dor de 20.000 kilómetros por segundo. Estas partículas atraviesan 
los cuerpos pero su poder de penetración es muy débil y debido á su 
colosal velocidad y gran número, producen efectos caloríficos consi- 
ilerables en relación á su masa. Los rayos ¡5 son muy desviados por el 
imán, se parecen á los rayos catódicos, tienen mayor poder de pene- 
tración que los a, poseen electricidad negativa é impresionan las pla- 
cas fotográficas. Su velocidad es com])arable á la de la luz y poseen 
una masa dos mil veces inferior á la del átomo de hidrógeno. Los 
rayos v son muy penetrantes, no se desvían por el imán, y se aseme- 
jan mucho á los rayos X é impresionan enérgicamente las placas 
fotográficas. 

La energía desarrollada por el radio y otras substancias radioacti- 
vas (torio, uranio, etc.) es extraordinaria. La energía química se tra- 
duce por acciones intensas sobre la placa fotográfica y por otros fenó- 
menos como la descomposición del ácido nítrico. Esta acción se hace 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 91 

sentir aún á través de láminas delgadas de Cu, Pt, etc. : es posible 
impresionar una placa trazando caracteres con un tubito con bromuro 
de radio, á través de una gruesa hoja de papel negro ó de una lámina 
de estaño. El poder de penetración es muclio mayor que el de los 
rayos X. 

La energía eléctrica que es muy intensa, se revela por medio del 
electroscopio, aparato que se descarga con facilidad extrema, cuando 
se acerca á unos cuantos centímetros la sal de radio. Este método 
eléctrico es alrededor de mil veces más sensible que el del análisis 
espectral. 

La energía luminosa se exterioriza por los fenómenos de fosfores- 
cencia y fluorescencia. Con el sulfuro de zinc se obtiene fosforescen- 
cia azulada que vista con la ayuda de una lente se presenta como un 
conjunto de puntos luminosos, especies de estrellitas que aparecen y 
desaparecen constantemente. El platinocianuro de bario da luz verde, 
el de potasio, azul, etc. Además de estos efectos se lian observado 
coloraciones diversas, producidas por su acción sobre otras substan- 
cias (vidrio, piedras preciosas). 

La energía calorífica es considerable con relación á su masa. Se ha 
llegado á probar experimentalmente que la potencia calorífica alcanza 
á la cifra de 22.500 calorías por hora (y para una cantidad de 225 
gramos), es decir, una cantidad comparable á la que corresj^onde á la 
combustión de un gramo de hidrógeno. 

Y el hecho más sorprendente es que todo este desprendimiento 
considerable de energía en sus diferentes formas, se verifica sin que 
le haya sido posible al hombre acusar, con sus aparatos actuales, la 
más mínima diminución de peso. 

Para explicar este hecho curioso se han emitido varias hipótesis. 
Unos creen que el radio no hace más que transformar ciertas radia- 
ciones desconocidas que se hallan esparcidas por el universo. Otros 
sostienen que los fenómenos observados son comparables á una fosfo- 
rescencia perjietua, que se produce á expensas de la energía almace- 
nada durante un tiempo muy largo. Pero la mayoría de los físicos y 
químicos que se han ocupado especialmente de esta clase de investi- 
gaciones, se inclinan á admitir, que toda la energía emitida por esos 
cuerpos proviene de la desintegración de la materia, de la destrucción 
del átomo. Según estos investigadores, que establecen sus hipótesis, 
fundándolas en un gran número de experiencias, la materia puede 
considerarse como una « modalidad de la energía » como « energía 
concentrada» (ó energía interatómica de Le Bon)y su destrucción no 



!>2 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

¡inplica la (lestriiccióu Ó (lesvaiieciiiiiciito de la « substancia univer- 
sal », sino la A transformación » de la materia ó energía estable en las 
formas más inestables de la energía, como el calor, la luz, la electri- 
(ádad, etc. Pero esta destrncción vendría á ser tan lenta, que sería 
ilusorio pretender que nuestras balanzas fueran capaces de atestiguar 
la más insigniñcante diminución de peso. Se ha calculado, en efecto, 
•{ue para notar la diminución de la mitad del peso de una substancia 
ladioactiva se neceisitarían alrededor de 2000 años. Debemos, por lo 
tanto, e\átar de caer en afirmaciones tan absolutas como la de que los 
(juímicos, con sus balanzas, ban llegado á demostrar la indestructibi- 
lidad de la materia. 

Las nuevas experiencias relativas á los rayos X, rayos catódicos, 
emisión de los cuerpos radioactivos, tuvieron la virtud de provocar 
una serie de fecundas investigaciones por parte de Thompson, de 
Heen, Eamsay, Curie, Le Bon, etc. Sólo expondremos aquí sumaria- 
mente la teoría de la energía interatómica que Le Bon ha sentado de 
una manera precisa para interpretar un hecho importante establecido 
por él y otros investigadores; la radioactividad como propiedad gene- 
ral déla materia. Las bases experimentales de esta teoría que actual- 
mente defienden Thompson, de Heen y Ramsay se hallan descriptas 
con todo detalle en las obras Uérolution de la matiere y L'évolution 
des f orces, pertenecientes ambas á la biblioteca de filosofía científica 
que Le Bou dirige con tanto acierto. Dado el carácter sintético de 
esta exposición nos conformaremos con resumir la parte esencial rela- 
tiva á la evolución de la materia, esto es, la única parte que guarda 
relación íntima con el punto de vista en que nos hemos colocado y 
exhortamos al lector á que consulte, entre otras, las obras menciona- 
<las, donde se halla expuesta detenidamente esa teoría y el resumen 
de las ideas vertidas sobre constitución de la materia. (Véase también : 
Electricidad y materia, de Thompson.) 

La emisión de partículas dotadas de velocidad incalculable cai)aces 
de hacer conductor al aire de la electricidad y de atravesar los obstá- 
culos no es exclusiva, según Le Bon, de cuerpos excepcionales como 
el radio y el uranio, sino que pertenece á todos los cuerpos de la natu- 
raleza. Este físico ha conseguido probar que el calor, la acción de la luz 
ultravioleta, las descargas eléctricas y las reacciones químicas provocan 
la emisión de productos de desmaterialización de la materia, y en el 
caso del radio y del uranio se producen con un máximo de energía estos 
fenómenos que toda la materia manifiesta. Thompson en 1906 encon- 
tró que el agua, la arcilla, la arena y otros -cuerpos son radioactivos. 



QUÍMICA ESTELAR V EVOLUCIÓN CÓSMICA 93 

Esta radioactividad es interpretada por Le Bou de la siguiente 
manera : hi materia pasa sucesivamente por diferentes fases durante 
las cuales pierde sus cualidades de materia hasta llegar al estado de 
equilibrio característico del éter. Los sistemas materiales vienen á 
constituir el estado de equilibrio estable de la energía (energía inter- 
atómica), cuyas formas inestables son la electricidad, la luz, el 
calor, etc. 

Ahora bien, esta energía necesaria para lanzar las partículas con 
grandes velocidades, la materia no la saca del exterior sino de su 
interior mismo ó sea de la energía ínter atómica. Admitiendo esta idea 
no es necesario suponer que la radioactividad existe en todas jiartes 
l)orque todos los cuerpos contienen radio. 

El método empleado por Le Bou para demostrar la disociación de 
hi materia ordinaria es el mismo que el que ha servido de base para 
determinar la radioactividad de los cuerpos fuertemente radioactivos 
tales como el radio y el torio, y se basa en la producción de partícu- 
las emitidas con una inmensa velocidad y capaces de hacer conductor 
de la electricidad al aire y de ser desviadas x^or un campo magnético. 
Además de este carácter general, existen otros particulares como : la 
impresión de placas fotográficas, la jDroducción de fluorescencia y fos- 
forescencia por las partículas emitidas. El 99 por ciento de la emisión 
del radio se comijone de radiaciones que no ejercen acción sobre las 
placas. 

Estos métodos han permitido, según Le Bon, establecer la identi- 
dad de ciertas partículas provenientes de los cuerpos esijontánea- 
mente radioactivos y de aquellos cuya radioactividad ha sido provo- 
cada, y los rayos catódicos de las ampollas de Crookes. 

He aquí las proposiciones que deduce Le Bon de sus experien- 
cias : 

1*^ La materia considerada como indestructible se desvanece i3or la 
disociación continua de los átomos que la componen; 

2'' Los i)roductos de desmaterialización de los átomos constituyen 
substancias intermedias, por sus propiedades, entre los cuerpos pon- 
derables y él éter imponderable, es decir, entre dos mundos conside- 
rados hasta aquí como fundamentalmente separados; 

o"" La materia considerada como inerte é incapaz de dar otra ener- 
gía distinta de la que se le ha comunicado, es al contrario un colosal 
receptor de energía, la enerf/ía interatómica, la cual puede emitir sin 
recibir del exterior; 

4" Es de la energía interatómica (pie se manifiesta durante la diso- 



1)4 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ciación de la materia, de que resultan la mayor parte de las fuerzas 
del universo, la electricidad y el calor solar sobre todo. 

Le Bon funda con esta base una teoría cosniog'ónica. aplicable tanto 
al sistema astronómico ó macrocosmo, como al sistema atómico ó mi- 
crocosmo, la cual estaría de acuerdo con la do(;trina de los indús que 
hemos ex^iuesto anteriormente. El átomo ó sistema solar en miniatura 
(idea de los indús y de Anaxágoras) parece encerrar, á pesar de su 
extrema pequenez, secretos de incalculable valor. 

Según este investigador, la destrucción final es continuada en la 
sucesión de las edades, por un nuevo cielo de nacimiento (evolución 
indefinida de los indus) y de revolución, sin que sea posible asignar 
un término á esta destrucción y á estos renacimientos probablemente 
eternos. 

Pero si el ciclo de la evolución de la substancia universal es eter- 
no, no i)uede admitirse que baya destrucción de energía y de mate- 
ria, puesto que en tal caso sería limitada la evolución. Hay que acep- 
tar entonces, que la energía y la materia se desvanecen mutuamente 
trasformándose una en otra ó difundiéndose en la substancia univer- 
sal permaneciendo constante la cantidad de esta última (el Tamas y 
Rajas en el Prakriti de la doctrina de Patañjali). Si esta no hubiese 
sido la idea de Le Bon al afirmar que 7w da se crea todo se pierde {lerna 
de sus obras), él se hallaría en contradicción con su misma hipótesis 
de los períodos de evolución de la substancia universal (podríamos 
decir substancia universal supuesta por el filósofo Espinoza). 

Parece que desi>ués de las múltiples objeciones que se le han he- 
cho, Le Bon ha variado algo el concepto primitivo y á tal punto que 
llega á hacer la salvedad de que : nada, se crea, significa que nosotros 
no podemos crear materia (habría que decir nosotros no creamos y 
no nada se crea) y todo se pierde, que significa que la materia desapa- 
rece completamente como substancia universal con atributo de mate- 
ria, regresando al éter. Sin embargo, estas restricciones no le quitan 
el mérito que él ha tenido al descubrir la disociación universal de la 
materia y al formular su teoría de la energía interatómica que viene 
á abrir á la ciencia moderna, un vastísimo campo de investigación. 

En resumen, los nuevos trabajos de Le Bon, lejos de aniquilar como 
se ha pretendido, los conceptos que llevaron á los investigadores á 
sentar los principios fundamentales de la indestructibilidad de la ma- 
teria y de la energía, los amplifica más y en lugar de aplicarse exclu- 
sivamente á la llamada materia ponderable, se aplica también al con- 
junto de substancia universal ponderable ó no. Este átomo no es 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN C<)SMICA 95 

etei'uo, tlice Xaquet, pero la partícula etérea siempre idéntica á ella 
misma, de la cual el átomo está constituido, es eterna. Este distin- 
guido filósofo atomista en un artículo de alto vuelo titulado Una cri- 
ífis en la ciencia (Moniteur scientifiqíie, 1904), dice : «Nunca se creyó 
(|ue el principio de Lavoisier era falso por el hecho de que una célula 
creciera y evolucionaría hasta disgregarse en detrimento del mine- 
ral ». i Por qué extrañarnos entonces al ver el átomo esta célula de la 
substancia ponderal^ volver á su origen etéreo f Esto nos obliga, es 
cierto, á admitir la complexidad y divisibilidad del átomo. Pero esta 
complexidad y divisibilidad se ha supuesto desde hace mucho tiempo. 

3" La disociación estelar y la teoría de la evolución inorgánica. 

Entre los precursores modernos de la teoría de la desintegración 
de la materia se encuentra en primera línea el sabio astrónomo quí- 
mico Xormau Lokyer, quien tomando como i)unto de partida la apli- 
cación del espectroscopio al estudio de los astros con luz propia, con- 
siguió, después de un cúmulo de investigaciones prolijas, sentar las 
bases ñrmes de la teoría de la evolución inorgánica. 

Esta teoría se halla expuesta en todos sus detalles en una de las 
obras fundamentales de dicho astrónomo, titulada Uévolution inorga- 
níquCy que apareció en 1 905 y ha sido analizada por el célebre Poin- 
caré en su reciente obra sobre hipótesis cosmogónicas (H. Poincaré^ 
LegoHs sur les liypotliéses cosmogoniques professées á la Sorbonne, rédi- 
gés par Hewin Vergne, cap. IX). 

Este filósofo y matemático da á las investigaciones de Lokyer mu- 
cha importancia como puede verse en el párrafo siguiente, que lo en- 
contramos en su obra después del análisis de las teorías de Kant, 
Laplace, Darvin y Lee. «Hasta aquí, nuestro horizonte no ha pasado 
el sistema solar. Pero la espectroscopia, dando nacimiento á la quí- 
mica estelar, ha revelado estrellas de tipos espectrales muy diferen- 
tes, y se ha llegado á estudiar la evolución de estos astros. Las teo- 
rías mecánicas ó termodinámicas ceden su puesto aquí á las teorías 
(piímicas. » 

Como ya hemos expuesto en nuestra i)rimera parte, los resultados 
alcanzados en el fecundo campo de la astroquímica j)or el método es- 
pectral, sólo haremos aquí una síntesis de la teoría de Lokyer sobre 
evolución de la materia cósmica que se funda en el estudio simultá- 
neo de la composición química y temperatura de las estrellas. 

Según hemos visto al exponer las experiencias de Draper, la com- 
posición de la parte visible del espectro continuo emitido por un 



96 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKGENTINA 

€nerpo incandescente, varía con la tem])eratura, extendiéndose Inicia 
€l violeta á medida que esta aniiienta (ley establecida de un modo 
preciso por Wien). 

Lokyer La puesto en evidencia las rayas que corresponden á tem- 
peraturas muy elevadas. Ha liallado que en el arco ó chispa lu'oduci- 
dapor una bobina, ciertas ray^s aisladas desaparecen, otras se hacen 
más intensas y surgen rai/<(s mieras. Si se emplean descargas más 
fuertes se obtienen las rayas que substituiíían á las más elevadas 
temperaturas. Estas son denominadas por él enhanced Unes y por 
Kayser rayas reforzadas. Comparando el esi)ectro producido por la 
descarga de chispas de un metro sobre diversos metales, con el co- 
rrespondiente á algunas estrellas como x del Cisne (véase clasifica- 
ción de las estrellas según su composición química y temperatura) él 
ha encontrado una concordancia admirable, 

Lokyer sostiene que los átomos son susceptibles de /oí'Wirtrse me- 
diante la materia primordial de la nebulosa y de destruirse y que su 
estabilidad es función de la temperatura. Las estrellas se hallan á di- 
ferentes temperaturas ; las más incandescentes sólo contienen lielio y 
jrrotoelementos y las más frías revelan al espectroscoj^io hasta la pre- 
sencia de cuerpos compuestos. La evolución de la materia compren- 
dería dos fases ya supuestas por los antiguos indús ; la fase de inte- 
gración ó condensación durante la cual la substancia mineral ó 
materia-energía pasaría por estados de más en más complejos (de 
protomateria á materia : formación de los elementos : de protoele- 
mentos ó metaelementos de Crookes á elementos) á medida que descien- 
de la temperatura, y la fase de disociación ó desintegración que da 
por resultado cuando la temperatura aumenta, el pasaje inverso de 
los sistemas materiales complejos representados por los elemen- 
tos del primitivo reino de la substancia universal. 

Efectúa i)ara demostrar la disociación déla materia, la siguiente 
experiencia : quema magnesio (1) en el aire, examina sus efectos y 
después somete al mismo magnesio á temperatura de más en más 
«reciente (pico de Bunsen, arco eléctrico 3500 ' y chisiias condensa- 
das 6000 ° según Nordman), En estas condiciones observó que entre 
las diferentes rayas, unas, las más numerosas, pierden su intensidad 
ái medida que la temperatura se eleva, hasta el punto de volverse casi 



(1) El espectro del magnesio presenta un interés especial porqne Vogel (1903) 
lo ha hallado en muchas estrellas y Kayser lia mostrado que él puede servir para 
•determinar la temperatura de estas últimas. 



QUÍMICA ESTELAR Y EVOLUCIÓN CÓSMICA 97 

imperceptibles en el espectro obtenido por combustión del metal en 
la chispa condensada, mientras qne otras rayas, en menor número, 
adquieren intensidad mucho mayor (rayas reforzadas). 

Estas experiencias han sido repetidas con otros metales obtenién- 
dose análogo resultado y la interpretación de Lokyer adquiere una 
probabilidad muy grande. Él supone en este caso, de acuerdo con su 
teoría que ya exijusimos, que cuando se quema al contacto del aire 
el magnesio sólo se disocia en ínñma proporción y es el producto de 
esta disociación el que da las tres rayas apenas perceptibles ; después, 
á medida que la temijeratura aumenta, la disociacién crece, las rayas 
del producto disociado (protometal) toman una intensidad de más en 
más grande en tanto que las que pertenecen al metal magnesio des- 
aparecen. Los átomos, al parecer de Lokyer, se destruyen bajo la in- 
fluencia de una temperatura intensa y se reconstruyen por el enfria- 
miento de la masa (no se encuentra más que magnesio en los produc- 
tos enfriados). 

Esto sería la reproducción, en pequeña escala, de los fenómenos 
observados en el laboratorio universal donde existen hogueras como 
las estrellas á temperaturas inconcebibles (hasta mayores de 40.000°) 
capaces de provocar con suma facilidad, la disociación de la materia 
más estable. 

Tomando como base las ideas ya expuestas, Lokyer ensaya de in- 
terj)retar las transformaciones graduales de la materia cósmica desde 
su punto de partida, que él considera en los meteoritos y sostiene la 
idea de que el origen de las diferencias que presentan los espectros 
de los astros, se halla en el estado más ó menos avanzado de la evo- 
lución de los mismos. 

Si las nebulosas ó jirotoplasmas astrales no dan más líneas que las 
del hidrógeno, nitrógeno y helio, ello se debe á su baja temperatura y 
no á una diferencia de composición química con las estrellas. La con- 
centración de las nebulosas desarrolla una temperatura suficiente 
para llegar á la incandescencia propia de las estrellas amarillas y 
blancas, dando por resultado la aparición de las líneas características 
de los protometales. En su segunda fase de evolución el enfriamiento 
provoca la sucesión de los fenómenos en sentido inverso, de tal modo, 
que dos estrellas de temperatura igual ó cercana pueden correspon- 
der á dos estados de evolución muy distintos (progresivo ó regresivo) 
según que se hallen en la rama descendente ó ascendente. 

Este investigador establece además una comparación de la evolu- 
ción cósmica con la evolución geológica y divide la primera en etapas 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVII 7 



98 ANALES L>E LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ó épocas (de temperaturas y estados de agregación diferentes) corres- 
pondientes á las que se han sucedido en la evolución de nuestro pla- 
neta. Si se construye un diagrama desde los 30.000" hasta 0% el or- 
den de sucesión sería según Lokyer, el siguiente : períodon cósmicos : 
Argoniano, Almitamiano, Aquerniano, Algoniano, Marcabiano, Si- 
riano, Procioniano, Arturiano, Pisciano. Cada uno de estos períodos 
lleva el nombre de la constelación correspondiente á la estrella tipo 
que encierra la materia cósmica en un estado determinado de agrega- 
ción. Este mismo diagrama que se baila inserto en la obra de Lokyer 
(L'évolution inorganique, pág. 273), uiuestra que la evolución orgá- 
nica sólo ocupa un j)unto sobre la línea que representa la duración y 
cambios de temperatura necesarios para la evolución inorgánica. 

Y con todo esto la Química estelar fundada poco tiempo después 
de la sentencia desconsoladora de Comte contra esta clase de 
« hipótesis irrealizables » sobre la constitución de la materia cós- 
mica, viene á extender el dominio del grandioso edificio de la doctri- 
na de la evolución hasta hace poco confinado casi exclusivamente al 
reino orgánico. En efecto, las investigaciones relativas ala espectros- 
copia astronómica y á los maravillosos fenómenos del radio, permiten 
agregar un eslabón más á la indefinida cadena de la evolución cós- 
mica y al mismo tiempo que confirma las geniales intuiciones de los 
antiguos, hacen resaltar en su majestuoso conjunto, la sublime armo- 
nía que reina en todos los seres y fenómenos del universo. 

Y todos estos resultados conseguidos por métodos que encantan 
por su sencillez y á la vez permiten al investigador elevarse á las re- 
giones sólo consideradas como del dominio de la fantasía, vienen en 
buena hora, á reconfortar el espíritu, poniendo en evidencia, que la 
fuerza iiensante no se destruye ni se interrumpe, en su marcha ascen- 
dente á través de los siglos. 

H. Damianovioh. 



LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



KN KL 



III ' CONGRESO INTERNACIONAL DE CAiMINOS 



LONDRES, JUNIO DK 1913 

(Conrlasión) 



Truhajos preparatorios. — Creo que la soliición del problema de la 
construcción de caminos y la creación de fondos para ellos, no debe ser 
presentado á la consideración de la ísTación sin que el gobierno hayapre- 
Ijarado y estudiado un plan general de construcción de caminos, en el 
cual se haya determinado con claridad lo que se va á hacer, las redes 
de caminos que deben construirse, la manera cómo se llevará á cabo la 
tarea, para que en lo futuro este plan sea siempre tenido en cuenta. 

necesidad de una ley nacional. — Este jílan debería ser estudiado 
por el gobierno y presentado al congreso jjara su aprobación, para 
que de este modo, habiendo sido lijado por una ley, las administracio- 
nes venideras no puedan sufrir en lo que con él se relaciona, la influen- 
cia de los cambios de gobierno. Al hacer estos estudios deben de 
aprovecharse los puentes y demás obras de arte ya existentes, j)ero 
no deben de influir para forzar á hacer malos trazados, teniendo en 
cuenta, como lo he dicho antes, que muchas de las obras de esta cate- 
goría que existen en la República, no responden siempre á las exigen- 
cias generales de los servicios de comunicación. Al hacer el plan ge- 
neral, se deben proyectar y calcular todas las obras futuras, de mane- 
ra que puedan ser calculados los gastos de antemano y que el estudio 
sea así bien completo; deben indicarse ya los sistemas de camino 
por adoptar según las localidades y las regiones, así como del tráfico 
más ó menos intenso que las diferentes secciones de la red de cami- 
nos soportaren ó fueran capaces de llegar á soportar en el futuro. 



10 Ü ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Después de obtenida esta ley, la administración general conseguirá 
que el congreso nacional vote los fondos necesarios, cebando mano de 
alguno de los medios indicados, fondos que servirán más á la Repú- 
blica Argentina que los votados con tanta liberalidad para armamen- 
tos, y proceder luego á dar princiijio á las obras, construyendo puen- 
tes y obras de arte al mismo tiempo y considerando estos trabajos 
como necesarios y formando j)arte de los caminos, para que no suceda 
como ha acontecido á veces que se construyen caminos sin tener en 
cuenta las obras de arte que se necesitan y viceversa, tener imentes 
sin caminos, como he visto casos en la provincia de Buenos Aires, en 
que los puentes estaban de un lado y los caminos i^asaban por otro. 

Fondos para la conservación de los caminos nacionales. — Para la 
conservación de estos caminos debería echarse mano del fondo de 
caminos, evitando en lo posible el cobro de peajes, reformando la ley 
á este respecto, porque no es justo que porque se tenga esta ley que 
crea fondos, ellos sean aprovechados solamente en los caminos que 
concurren á las estaciones de ferrocarril directamente, sin tener en 
cuenta que todo camino concurre directa ó indirectamente á una 
estación. ISTo hay que olvidar que la locomoción moderna exige para 
que sea efectiva buenos caminos generales, capaces, si ello fuera 
necesario, aun de competir y de permitir la competencia de la loco- 
moción sobre caminos con la circulación ferroviaria. Nuestros legis- 
ladores no deben dejar de dar armas desde ya para las luchas co- 
merciales del futuro. 

Manera de proyectar los caminos generales. — En cuanto á la manera 
cómo deben de ser proyectados estos caminos generales en toda la 
República, no hay nada que añadir á los consejos é indicaciones de la 
ciencia del ingeniero, puesto que abundan en todo el interior de la 
misma los materiales de construcción que en general se emplean 
en ellos. 

Manera, de resolver el problema de los caminos en la provincia de Bue- 
nos Aires. — Sólo voy á ocuparme de lo que juzgo que debe ser la 
principal preocupación de los ingenieros encargados de estudiar estos 
j)royectos en la provincia de Buenos Aires, en la cual los caracteres 
de la constitución geológica de su suelo, hacen que el problema de su 
construcción sea bien comidejo y difícil de resolver, como sucede en 
toda región en que el suelo presenta una llanura sin fin, con pocas 
ondulaciones y poco declive general y donde al mismo tiempo los 
materiales de construcción son escasos y la población es ijoco densa, 
lo que hace que la construcción de buenos caminos sea demasiado 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 101 

onerosa para los contribuyentes. Aquí no debe tratarse de hacer 
caminos modelos, sino ejecutarlos buenos y lo más económicamente 
l^osible, de manera que los liabitantes puedan soportar las cargas 
])ecuniarias que su construcción y conservación acarreen, estas últi- 
mas sobre todo, porque si para construir una red de caminos se puede 
echar mano de uno ó más empréstitos, de modo que la carga pecunia- 
ria de su costo sea dividida entre un cierto número de años y hacer 
así que varias generaciones contribuyan al pago de servicios de que 
gozarían, como he dicho antes, no puede gravarse de una manera 
exorbitante el presupuesto para la conservación de los caminos, á 
cuyos gastos deben contribuir los habitantes con desembolsos in- 
mediatos, porque no debe adoptarse nunca la mala política admi- 
nistrativa de pagar los déficits anuales con empréstitos de cualquier 
clase que ellos sean, pues todo administrador que tal hace lleva la ins- 
titución que dirige á la bancarrota. Por lo tanto, los caminos deben 
corresponder á la riqueza y á la densidad de población del país, para 
que los contribuyentes puedan pagar su conservación sin ser esquil- 
mados por los impuestos. 

JVo deben construirse caminos lujosos. — Por estas razones creo 
que por el momento no deben construirse caminos de lujo en la 
provincia de Buenos Aires y que en su mayor parte el trabajo del in- 
geniero debe reducirse á aprovechar el terreno natural como capa de 
cubierta del camino y preocuparse solamente de tratar de hacer correr 
las aguas, impidiendo que se estanquen en él. Este es el gran proble- 
ma en casi toda la provincia, pues si se descuenta la parte montañosa 
que forman las sierras del Tandil, Currumalán y de la Ventana y las 
regiones que las circundan, en las cuales el declive natural del terreno 
impide en los caminos conservados de la manera más somera la for- 
mación de pantanos y permite que los caminos se encuentren en buen 
estado aún en los meses del invierno, el resto de la i>rovincia tiene 
(|ue luchar para conservar sus caminos naturales en buen estado con 
el estancamiento de las aguas y la formación de pantanos en dichos 
meses. 

Capa de revestimiento en los caminos de la provincia de Buenos Ai- 
res. — La poca intensidad de la circulación en la mayor parte de los 
caminos, aun en los generales que no están en las salidas de las gran- 
des ciudades de Buenos Aires y La Plata, permite que se adoj^te la 
cubierta natural de tierra negra laborable como capa de cobertura 
del camino, haciendo inútil toda otra clase de revestimiento, con tal 
que este revestimiento se conserve fuera del agua y se imi^ida el 



102 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

estaucamieiito en él de las aguaos con un bombeo suficiente y adecua- 
do, sin ser por eso tal que haga que las ruedas de los vehículos res- 
balen lateralmente, lo que es sumamente perjudicial á todo revesti- 
miento, y al de tierra natural, como el más débil, en primer lugar. Este 
método de revestimiento del camino puede ser adoptado con eficacia 
en toda la provincia, si se exceptúa la parte del sur en la región inun- 
dable, en la cual la red de caminos debe de ser estudiada y llevada á 
cabo con mucha mayor atención y mayores gastos. 

Zonas por cuencas. — Así, pues, como el principal problema por 
resolver es el de evitar el estancamiento de las aguas en los ca- 
minos, el primer cuidado de los ingenieros que se dediquen á pro- 
yectar los caminos generales de esta provincia, será el estudiar las 
diferentes cuencas que forman el territorio, después de ejecutar una 
nivelación general, para la cual ya existe la base de las diferentes 
nivelaciones que se han ejecutado en la provincia, tanto de desagües 
como para ferrocarriles y después de conocer el nivel general de los 
caminos proyectados, dividir su construcción, así como su conserva- 
ción, en zonas que abarquen una ó más cuencas, de manera que una 
vez construidos los caminos, todos sus perfiles longitudinales con- 
cuerden y ejecuten un desagüe general de toda la provincia. Luego 
el ijrimer objetivo que debe tener una dirección de caminos déla pro- 
vincia de Buenos Aires, una vez determinadas estas zonas y proyec- 
tados los caminos, es el de la construcción de los puentes y alcan- 
tarillas, todos con cotas relativas y niveles de desagüe tales que 
concuerden con los de todo el resto del camino y de todos los caminos 
en general, para que no suceda como he visto este verano pasado, que 
se proceda á terraplenar pantanos y caminos, dándoles su correspon- 
diente bombeo, pero cortando el curso de la corriente natural de las 
aguas, obras que habrán sido sin duda alguna destruidas en las gran- 
des avenidas de las lluvias del invierno, si su nivel no era suficiente- 
mente elevado con respecto al nivel general del resto del camino ó 
bien habrán sido aisladas por la corriente del agua y el pantano, por 
consiguiente, se habrá vuelto á formar al extremo del terraplén, 
habiéndose ocasionado gastos inútiles. Sólo con la formación de es- 
tas zonas y hi división de la inspección en cuencas, se podrá hacer 
algo útil en hi cuestión caminos de la provincia. 

Insuficiencia del impuesto de caminos. — naturalmente el público y 
los contribuyentes á quienes se les ha impuesto una carga pecuniaria 
para la conservación délas vías de comunicación, desean ver que algo 
se haga en materia de caminos y lo primero que cada contribuyente 



TERCEIl CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 103 

cree tener dereclio á exigir de las autoridades, es que por los cuatro 
centavos que paga al año por liectárea de terreno que posee, se le 
conserve el camino todo el tiempo en perfecto estado y al mismo 
tiempo se le formen alcantarillas allí donde las juzga necesarias, por- 
que de tiempo inmemorial existe un pantano. El creer esto es un 
engaño y á hacer desaparecer este error deben de concurrir los perió- 
dicos y las personas ilustradas, creando una propaganda para hacer 
ver que no se pueden ni aun conservar convenientemente los caminos 
que corresponden á quinientas mil hectáreas, con poco más ó menos 
tres millones de pesos moneda nacional que es el producto del im- 
l)uesto de caminos. Hay que considerar que en estos caminos todo 
está por hacerse y en que faltan la mayor parte de las obras de arte. 
Con la división en zonas y el desagüe como yo lo indico, muchas de 
las alcantarillas que hoy están en servicio serán inútiles y tendrán 
que ejecutarse otras en los parajes en que designes de una nivelación 
general, se juzguen adecuadas. 

Plan de los trahajos. — En todo lo dicho resulta, pues, que lo pri- 
mero que deben hacer las administraciones que en lo futuro se ocu- 
pen de los caminos de la provincia, es i^royectar un plan general 
de caminos generales, cosa que ha sido hecha ya, pero sin tener en 
cuenta la idea de la división de zonas de desagües según las cuen- 
cas, como yo lo preconizo y después de hecho ésto, entrar á la ejecu- 
ción de las obras de arte, puentes, alcantarillas, cunetas, etc., etc., 
que estos desagües exigen. Entonces los caminos permitirán un trá- 
fico de todo el año, sin mayor gasto de cubierta, con tal, sin embargo, 
de que estas obras de arte sean conservadas en perfecto estado, 
teniendo que crearse un cuerpo de camineros, que hoy día no existe, 
para cuyos gastos solamente, juzgo que serían por el momento sufi- 
cientes los fondos del impuesto de camino, tal como rige hoy día, que 
habría que emplear más directamente en la conservación de las obras 
de arte existentes. 

Caminos junto d ¡as ciudades. Empleo del ladrillo. — En cuanto ala 
formación de los nuevos caminos en las adyacencias de las grandes 
ciudades, allí donde la capa natural de tierra negra, no es una cubierta 
suficientemente buena á causa de la intensidad del tráfico, yo creo que 
un simj)lé macadam bien conservado, con recubrimientos cada cuatro 
años, es la única solución, pudiendo hacerse el" ensayo del ladrillo 
informe, i^ara que sea menos costoso en aquellos lugares en que A 
costo del pedrisco hiciera que el revestimiento de piedra fuera dema- 
.siado oneroso, como se ha hecho en algunas localidades de Eusia. 



104 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Empleo del alquitrán, el hitumen y el asfalto. — Ein])leaii(lo el ma- 
cadam se podría forniai' i)ara el futuro una especie de buena funda- 
ción para poder ser empleada como tal ])ara los (;aminos, con recebo 
de substancias en que tiguran el alquitrán, el bitumen ó los asfaltos, 
como se ha ejecutado con tanto éxito en Inglaterra: r»ero para llegar 
á ello hay que buscar la mezcla de estas substancias que corresponda 
bien á nuestro clima, pues esta clase de caminos no puede emplearse 
con el mismo éxito en el norte de la provincia de Buenos Aires, como 
lo serían en localidades del Tandil para el sur. No se puede pensar 
por el momento en hacer en nuestra patria los caminos costosos con 
revestimiento de adoquines de una manera general como lo que se ha 
hecho para el camino de los Olivos, pues el empedrado no se adapta 
ái la nueva manera de locomoción, si es admirable para caminos de un 
tráfico sumamente pesado. 

M macadam como fundación futura. — Adoptando, como digo, el 
macadam, se va formando una base para el futuro, la cual servirá 
para la instalación de un afirmado mucho más lujoso y perfecto, sin 
que por eso resulte excesivamente caro, cuando la intensidad del trá- 
fico lo pida y la densidad de población permita estas instalaciones, 
como se está haciendo ahora en los países más adelantados de Europa 
y América. 

Peligro de los caminos de Ivjo. — No se debe nunca, por el prurito 
de poseer caminos de primer orden, llevar á las comunas á una ban- 
carrota, como según lo que expresó el ingeniero Corthel en el con- 
greso de Londres, sucede á muchas pequeñas ciudades délos Estados 
Unidos, las cuales se hallan en esa situación por haber querido sus 
administradores tener caminos de lujo, tanto ó más que los grandes 
centros de x)oblación, allí donde su densidad hace posible esa catego- 
ría de gastos. ¿, Qué diría el mundo de un particular que, teniendo 
necesidad de hacer un viaje anual á la ciudad vecina, comprase para 
ese uso un automóvil, emx)leando para ello sumas de dinero que le 
fueran necesarias para vivir 1 No de otra manera obran las corpora- 
ciones que se ])agan el lujo que sólo las grandes ciudades tienen dere- 
cho á gozar. Lo mismo sería si la República Argentina quisiera en la 
época presente pagarse el lujo de construir caminos generales como 
los tienen Francia, Inglaterra ó Alemania, para que algunas docenas 
de personas pudieran recorrerlos en automóvil. 

Prever él futuro. — Sin embargo, hay que tener en cuenta que 
nuestros jóvenes países aumentan de población y progresan de una 
manera que no se puede comparar con las naciones del viejo conti- 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 105 

nente y lo que hoy es un lujo y está fuera de lugar, en una época no 
muy lejana será quizá ya una necesidad absoluta, por eso si no deben 
desde ya ejecutarse caminos de gran lujo, fuera de los alrededores de 
Buenos Aires, no debe de perderse de vista que en un porvenir i^ró- 
ximo éstos serán tal vez requeridos por los progresos del j)aísy deben 
las autoridades entonces desde ya preparar los elementos para las 
generaciones venideras, de modo que tengan el camino abierto y 
expedito para lanzarse en las huellas de las naciones más civilizadas. 
Luego, pues, debe la República Argentina, y la provincia de Buenos 
Aires en particular, preparar estas huellas, estudiando un proyecto 
de caminos generales y llevándolo á cabo bajo las bases que acabo 
de indicar. 

Dando por terminada la expresión de mis opiniones sobre la manera 
de resolver el problema de nuestros caminos nacionales y de la pro- 
vincia de Buenos Aires, paso en seguida á ocuparme del resultado 
de la discusiones del Tercer congreso del camino y de las resolucio- 
nes que en él se han adoptado. 



TERCER CONGRESO DEL CAMINO 

El Tercer congreso del camino se reunió en Londres el 23 de junio 
próximo pasado, bajo el alto patrocinio del rey Jorge V, celebrando 
sus sesiones y visitas hasta el 30 del mismo mes. Las sesiones fue- 
ron abiertas por Mr. Lloyd Georges, Chancellor of the Exchequer de 
la Gran Bretaña, ante la presencia del lord mayor de Londres y del 
mayor de Westminster. Fué presidido por el presidente del Road 
board ó dire(;ción general de caminos de la nación británica, sir Geor- 
ge Gibb y 49 naciones y estados se hicieron representar oficialmente, 
alcanzando el número de miembros de todas categorías á más de 3000. 
Ha sido una gran manifestación del espíritu de estudio y de coopera- 
ción mnudial. 

Programa. — El programa del congreso, como no lo ignora la So- 
ciedad Científica, constaba de nueve cuestiones y diez comunicacio- 
nes, cnyos trabajos habían sido divididos en dos grandes secciones, 
la sección I, para estudiar la construcción y conservación de los cami- 
nos, que estaba subdividida en dos subsecciones- A y B, las cuales 
debían de tener sus sesiones conjuntamente para tratar las cuestio- 
nes comunes á ambas, y tratar separadamente, la subsección A la 
construcción y conservación de los caminos fuera de las ciudades^ y 



s 



106 ANALES 1)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la snbseccióii B l:i coiLstruccióu y conservación de los caminos en el 
interior de las ciudades; y la sección II, que se ocui)ai'ía de las cues- 
tiones que se relacionan con la circulación y la explotación de los cailii- 
nos, la cual estaba dividida también en dos subsecciones C y D, que 
estudiarían conjuntamente aquellas cuestiones comunes á ambas y 
separadamente, la subsección C las que se ocuparán de la circulación 
de vehículos, y la subsección D las cuestiones relativas á la adminis- 
tración, presupuesto y estadística de los caminos. 

Informes y su manera de estudiarlos. — Fueron jjresentados al estu- 
dio del congreso 123 informes y comunicaciones, sin contar muchos 
que fueron presentados durante el período de las sesiones y que no 
figuran en este cómputo. Entre los informes i^resentados figuran dos 
de la República Argentina debidos al ingeniero doctor Claro C. Das- 
sen. Todos estos trabajos fueron estudiados por diferentes miembros 
informantes, cuestión por cuestión, cuyos nombres mencionaré á 
medida que vaya presentando la cuestión correspondiente, los cua- 
les después de un detenido estudio sobre las opiniones vertidas 
en los diversos informes, ofrecieron á la discusión un proyecto de 
las resoluciones á que habían llegado, cuyos proyectos fueron al 
fin el verdadero objeto de los trabajos del congreso, siendo discuti- 
dos en las sesiones de las diferentes divisiones y aprobados al fin 
con las modificaciones que la discusión llevó á ellos. Las resolucio- 
nes aprobadas y los votos expresados por el congreso, fueron los si- 
guientes : 



Primera cuestión : proyecto de calles y caminos nuevos 

Miembro informante : S. D. Ad^sheall, profesor de la üniversidail de Liveijiool 

1. En principio, es i^referible para la construcción de grandes cami- 
nos nuevos, el evitar las ciudades y el adoiDtar un trazado situado 
completamente fuera de ellas. Cuando una gran vía existente, pasa á 
través de una ciudad, por una calle de un ancho que no es suficiente 
para satisfacer á las necesidades de orden general de la circulación 
general, vale más, á menudo, construir un nuevo camino de circun- 
valación, que el proceder á ensanchar la calle demasiado estrecha, 
situada en el centro de la ciudad. 

Las calles nuevas deben de ser concebidas y construidas según las 
reglas del arte, especiales á las construcciones urbanas. 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 107 

2. El declive para los nuevos camiiios, debe de ser tan pequeño 
como lo permita el carácter del país que atraviesan, debe de ser espe- 
cialmente reducido para las vías curvas que contienen líneas de tran- 
vías ó por donde pase un tráfico más bien j)esado. 

3. Siempre que sea posible, los radios de las curvas de los caminos 
que soportan una circulación rápida deberían de ser calculados para 
obtener una visibilidad bien despejada delante de sí. En caso de im- 
posibilidad material deberían de tomarse medidas, para indicar á 
tiempo y de una manera clara la presencia de curvas de pequeño 
radio. 

4. En los caminos cuyo ancho no permita colocar las vías de tran- 
vías en una pista especial, la parte central es la que mejor conviene 
para su establecimiento. En este caso, es de desear además, que se 
reserven de cada lado de las vías del tranvía, un espacio suficiente 
para la circulación de dos filas de carruajes. 

5. El ancho de la plataforma de las principales arterias de comuni- 
cación debería de ser suficientemente vasto para la colocación de pis- 
tas especiales para los tranvías, la circulación lenta, la circulación 
rápida y en fin el establecimiento de los carruajes, estando cada una 
de estas pistas establecidas de manera que se evite la mezcla de los 
vehículos de cada categoría. Cuando se establezcan los planos de ali- 
neación de caminos susceptibles de llegar á ser vías importantes, sería 
bueno el tener en cuenta las necesidades futuras del tráfico. Á este 
efecto debería ser reservado un ancho conveniente entre las líneas de 
construcción y deberían de otorgársele todos los poderes útiles áeste 
respecto á las autoridades encargadas de fijar el ancho de las vías de 
comunicación. 

6. El estudio del trazado de las grandes arterias de comunicación 
fuera de las ciudades debe de ser emprendido sin retardo. Estas arte- 
rias presentan un interés general y aun nacional, sería de desear que 
una autoridad central del estado pudiese tomar cierta iniciativa á 
este respecto y que la acción de las autoridades locales sea hasta 
cierto punto, regida y controlada por las autoridades centrales del 
estado. 



108 ANALES DE 1>A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



¡Segunda cuestión : tipos de revestimiento que debe adoptarse 
sobre los puentes y obras de arte 

Miembro infonnante : (_■! señor P. C. Cowan, inesideute de la Institucióu 
(le ingenieros civiles de Irlanda 

1. La elección del levestliniento que hay que adoptar sobre los 
puentes depende del tipo de las obras, de la naturaleza y de la inten- 
sidad del tráfico, así como de ciertos factores particulares ó condicio- 
nes locales, tales como los créditos que se han dedicado á la cons- 
trucción, la naturaleza de los materiales que se pueden procurar con 
facilidad y el clima. Para los puentes livianos, el peso del revesti- 
miento tiene una grande influencia sobre la solución del problema. ' 
Las cuestiones de seguridad y de comodidad deben prevalecer sobre 
la cuestión de gastos. 

2. Sobre los liuentes de pequeña luz, sea que estén situados en el 
interior de las ciudades ó en iilena campaña, es de desear que se recu- 
rra a los revestimientos que forman la continuación de los que exis- 
ten en las calzadas de las calles vecinas. 

3. Al ejecutarse el revestimiento de los puentes, es indispensable 
proveer á la evacuación conveniente de las aguas y que se impidan 
las infiltraciones que tan perjudiciales son. Cuando la calzada tiene 
una pendiente longitudinal igual por lo menos á dos centímetros por 
metro, el bombeo transversal debe ser muy reducido, lo que iDermi- 
tirá reducir el i)eso muerto. 

4. De una manera general, el revestimiento de un puente debe 
ser impermeal)le, duradero, resistente, de un peso apropiado á la in- 
frastructura y tan liso como sea posible, sin ser resbaladizo. 

5. Los pisos de madera son livianos y su precio de colocación poco 
elevado; pero, salvo el caso de un tráfico muy reducido, el precio á 
que resulta su conservación es excesivo. Bajo el ijunto de vista de 
los i)eligros de incendio, presentan serios inconvenientes. lío se les 
puede recomendar más que para las comarcas lejanas en las cuales la 
madera se encuentra en abundancia y barata y donde sería difícil es- 
tablecer otro género de revestimiento más conveniente. Los pisos de 
una sola fila de tablones no conviene sino para un tráfico muy livia- 
no. Para una circulación mediana y para un tráfico pesado hay que 
emplear doble fila, siendo la fila de abajo protegida por medio de 



TEKCEK CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 109 

un creosotaje ó de otra manera cualquiera contra la putrefacción. 

6. El macadam ó empedrado ordinario, colocado sobre un entablo- 
nado de maderos, no siempre da buenos resultados; es en efecto, de- 
masiado pesado y demasiado permeable. Para los puentes macizos 
situados en los distritos rurales, conviene sin embargo el macadam 
con una fundación provista de una capa aisladora é imx)ermeable. 

7. El macadam recebado con un producto de alquitrán, de bitumen 
ó asfáltico, ó de toda otra comj)osición imi^ermeable y elástica, es 
económico y puede prestar servicios para el establecimiento de re- 
vestimientos de luientes de pequeDa luz, de estructura maciza y que 
soporten un tráfico moderado. 

8. En la mayor parte de los casos el entarugado con tarugos de 7 
á 12''™5 de espesor, es el revestimiento ideal para los puentes. Es li- 
viano y duradero. Puede ser colocado sobre hormigón, ó cuando se 
desea disminuir el peso muerto, sobre un entablonado de maderos 
creosotados. La elección de los tarugos, su impregnación y su colo- 
cación deben de ser objeto de atentos cuidados á fin de evitar los in- 
convenientes que resultan de la dilatación y de la contracción de los 
tarugos ó de las piezas metálicas de la estructura. 

9. El asfalto bajo las diferentes formas, constituye un excelente 
revestimiento para los puentes de pequeña pendiente y sobre los cua- 
les la circulación no es demasiado pesada y que no se efectúa si- 
guiendo pistas de acarreo demasiado exclusivas. 

10. Los pavimentos de j)iedra establecidos, sea con adoquines ta- 
llados á mano, sea con adoquines pequeños (granitullo) (Durax, Jclem- 
pfiaster), colocados sobre hormigón y llenadas las juntas con cemento 
ó brea, forman revestimientos excelentes al mismo tiempo que eco- 
nómicos, para los puentes de tráfico pesado. No convienen, sin em- 
bargo, sino en los casos en que las cuestiones de peso ó de sonoridad 
no tengan ninguna imijortancia. El espesor del colchón de arena in- 
terpuesto entre el pavimento y la fundación será regulado como si 
se tratara de una calzada ordinaria en las calles de una ciudad, ó en 
plena campaña, según el caso. 

11. Para los puentes movibles ó para los puentes suspendidos no 
rígidos, los revestimientos deben de ser livianos y fáciles de fijar al 
tablero de la obra. 

Los ensayos emprendidos en Francia y en Bélgica con viejos ca- 
bles de mina ú otros productos fibrosos, menos costosos aun, embebi- 
dos ó no en materias con alquitrán, bituminosas ó asfálticas, son re- 
comendables. 



lio ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Tercera cuestión : conutrucción de caminos empedradon con recebos 
de materias que contengan alquitrán, hituminosas ó asfálticas 

MiMiibro iiildiiiiaute : el sefior J. WalkiT Siuitli. iiificiiieio jefe del «robierno local de Eucocia 
é ingeniero consultor de la Dirección de caminos de Escocia 



El empleo de recebos de alquitrán, bituminosos ó asfálticos, per- 
mite obtener toda una serie de revestimientos que pueden ser aplica- 
dos con éxito según las diversas condiciones de la circulación, de la 
situación v del clima. 

Queda por determinar el valor exacto y lo que duran estos diver- 
sos revestimientos teniendo en cuenta las condiciones de la circula- 
ción y del clima y los métodos de construcción adoptados. 

Á este efecto conviene designar un método uniforme para obtener 
y relatar los datos que conciernen á los puntos siguientes : 

1" Condiciones físicas y condiciones locales (planos, perfiles, decli- 
ves, bombeo, fundaciones, subsuelo); 

2" Materiales empleados. Análisis petrográftcos. Dimensiones. 
Composición del recebo ; 

2° bis. Métodos de construcción. Fecha de ejecución ; 

3° Censo del tráfico sobre la sección tratada; 

4° Condiciones climatológicas. Influencia sobre el camino; 

o° Medidas periódicas del desgaste; 

6° Observaciones periódicas del estado de revestimiento ; 

7" Precio del revestimiento, de su costo real : 

a) Para su construcción; 

b) Para su conservación. 

El cuadro uniforme de los datos que hay que suministrar será es- 
tablecido x)or la Comisión internacional permanente. 



Condiciones particu lares 

I. Fundación y drenaje. 

Confirmando las conclusiones adoptadas en 1910 por el segundo 
Congreso (Bruselas, 2'' cuestión), que ponen á luz las ventajas de las 
fundaciones bien secas y de un subsuelo bien drenado, el congreso 
insiste especialmente sobre la considerable importancia de una buena 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 111 

í'uinlación en el caso de calzadas con revestimientos con alquitrán, 
bituminosos ó asfálticos y ésto por las siguientes razones : 

I"" Siendo el revestimiento costoso, importa darle una base que le 
asegure una larga duración; 

2^ El peso y la intensidad de la circulación tienden á aumentar en 
los caminos juzgados dignos de recibir tales revestimientos, lo mejor 
es darles una fundación que los ponga en las mejores condiciones de 
resistencia al desgaste. 

II. Dimensiones y forma de la piedra quebrada que debe de em- 
l)learse en el revestimiento con recebo especial. 

1. Cuando un macadam ordinario está destinado á recibir un alqui- 
tranaje especial superficial, se recomienda que se le constituya de 
pedrisco duro, anguloso, quebrado en pedazos que se aproximen lo 
más que sea posible al cubo, con dimensiones comprendidas entre 4 y 
(i centímetros. 

2. Para los revestimientos con alquitrán, bituminosos ó asfálticos, 
es de desear que las dimensiones del pedrisco sean elegidas y gra- 
duadas de manera que den un revestimiento compacto, dejando lo 
menos vacíos posible. Las dimensiones de los elementos mayores 
variarán según la naturaleza de la piedra y de la circulación. Cuando 
el sistema de ejecución adoptado comporte más de una capa, la capa 
superior ó capa de desgaste será de preferencia constituida por los 
elementos más pequeños. 

3. Para los revestimientos con alquitrán, bituminosos ó asfálticos 
ejecutados por el método de penetración, conviene proseguir los en- 
sayos y estudios en curso en los diferentes países, dedicándose á no 
utilizar más que el i^edregullo cúbico tanto como sea posible y de án- 
gulos vivos, por lo menos para la parte más vecina á la superficie. 

4. Se entiende, además, que los estudios deben continuarse igual- 
mente para los otros métodos y en particular para los que visan los 
l)árrafos 1 y 2. 

III. Empleo de materiales en parte usados en la formación del re- 
vestimiento. 

Eliminando cuidadosamente todo el barro y todos los residuos or- 
gánicos, se pueden emplear de nuevo con éxito, los materiales par- 
cialmente usados, á condición de no utilizarlos en la capa superior 
del revestimiento. 

IV. Importancia relativa de las reparaciones parciales y de las re- 
novaciones i)eriódicas del revestimiento. 

Está reconocido (;omo absolutamente necesario el efectuar las re- 



112 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

paracioiies sobre los revestirá ientos con alquitrán, l)ituminosos ó as- 
fálticos tan pronto como la necesidad se manifieste en ellos. 

V. Desgaste admisible antes de proceder á la renovación del reves- 
timiento. 

La refacción de conjunto que se ha hecho necesaria á causa del 
desgaste, deberá ser efectuada cuando el espesor del revestimiento 
haya descendido debajo de un cierto límite de seguridad ó cuando su 
impermeabilidad se haya debilitado hasta el punto de que el camino 
sufra notablemente á causa de la intemperie. 

Tí. Diferentes métodos de empleo de las substancias con alqui- 
trán, bituminosas ó asfálticas. 

En el empleo de estas substancias, ya sea por el método de pene- 
tración como por el método de mezcla : 

a) Es preferible hacer uso de piedras secas, á fin de asegurar su 
adherencia al recebo. En el caso del método de mezcla, la piedra debe 
siempre estar seca, y si es necesario, deberá ser caldeada; 

h) No se extenderá nunca un revestimiento sobre una fundación 
reblandecida y hiimeda ; 

c) No se empleará nunca el recebo con exceso, sino iustamente la 
cantidad suficiente para amalgamar el i^edregullo cilindrado: 

d) No se emplearán rodillos compresores demasiado pesados. 
YII. Ensayos y análisis químicos de los compuestos con alquitrán, 

bituminosos o asfálticos. 

Las ventajas de los análisis y ensayos metódicos de laboratorio 
para los recebos hidrocarburados — y su necesidad — son unáni- 
memente reconocidos. 

Habría ventaja en uniformar : 

1" Las especificaciones de las características principales de estos 
recebos ; 

2° Los métodos de ensayo para la determinación de estas especifi- 
caciones. 

La Comisión internacional permanente estará encargada de estu- 
diar esta uniformación. 

VIII. Circustancias climatéricas que ponen resbaladiza la sui)erfi- 
cie de las calzadas. Remedios. 

Parece que está reconocido que ciertos revestimientos con alqui- 
trán, bituminosos y asfálticos, como generalmente todos los revesti- 
mientos lisos é impermeables, pueden ponerse resbaladizos bajo cier- 
tas condiciones climatológicas. 

Se puede obviar á este inconveniente desparramando casquijo an- 



TERCER CONaRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 113 

guloso; eu laiiiayor parte de los casos, una buena limpieza de la su- 
perficie iinijedirá, además, que la calzada se ponga resbaladiza. 

IX. Efectos sobre la salud pública, la vida de los peces ó la vege- 
tación. 

Se poseen actualmente datos suficientes i)ara escoger y exigir re- 
cebos bituminosos que no tengan ninguna influencia no(;iva sobre la 
salud pública, la vida de los peces, ni sobre los vegetales y que, al 
contrario, contribuirán á mejorar sensiblemente el estado sanitario. 

X. Limpieza y riego. 

Está establecido que las calzadas convenientemente tratadas con 
substancias con alquitrán, bituminosas ó asfálticas necesitan menos 
barrido y riego que los caminos de macadam ordinario, con recebo de 
barro, y que permiten realizar economías considerables á este res- 
pecto. 

La asamblea emite además el voto siguiente : 

« Se ruega á la « Comisión internacional x^ermanente de los congresos 
del camino» que forme una comisión internacional de técnicos, para 
estudiar un método uniforme para tomar y relatar los datos sobre las 
condiciones físicas, condiciones locales, materiales, construcción, ter- 
minología y otros puntos que conciernen á los caminos con recebo, con 
alquitrán, bituminosos ó asfálticos. 

« El informe de esta comisión especial técnica sería presentado, 
desjmés de examinada por la comisión internacional permanente, á un 
próximo congreso. » 



Cuarta cuestión : entarugados 

Miembro informante : el señor Percy Boiilnois 

I. Donde el declive lo permite, el entarugado es muy apropiado pa- 
ra las calles en que la circulación es intensa, sin ser, sin embargo, ni 
de la densidad, ni del carácter, que se constata ordinariamente en las 
calles vecinas de los diques ó de otros centros semejantes del tráfico 
industrial. 

Se le debiera emplear donde se deseara tener un pavimento inso- 
noro. 

Es muy importante hacerle descansar sobre una fundación de hor- 
migón suficientemente fuerte para que soporte la circulación. 

II. La elección de las clases de madera por emplear tiene la ma- 

aN. SOC. CtKNT. ARft. — T. LXXVI 1 8 



114 ANALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

yor importancia y debe i^restársele el mayor (juidado. Antes de- 
ser utilizados los tarugos de madera blanda deben ser completamente 
impregnados de un preservativo eficaz. 

III. Habiendo dado los entarugados lugar ú resultados diversos, 
según las circunstancias locales, es de desear, que sean proseguidas 
más amplias investigaciones y experiencias de laboratorio, en vista 
de estudiar las diferentes clases de madera y los diversos i^reservati- 
vos que bay que inyectar. 

IV. En el momento de la colocación de los tarugos, se deben tomar 
disposiciones útiles para evitar — en la medida de lo posible — la 
infiltración de las aguas á través de las juntas. 

IV a. Las maderas duras dan resultados variables según las cir- 
cunstancias locales, y no parece que mi empleo sea de recomendar para 
las vías de circulación muy intensa de las grandes capitales, á menos que 
no se haya encontrado un procedimiento susceptible de oponerse efi- 
cazmente á la dislocación rápida de las juntas y á los deterioros del 
hormigón subyacente. Cuando se las utiliza, es de recomendar, no 
solamente el impedir que el agua penetre hasta la fundación, sino, si 
es posible, solidarizar los tarugos para evitar que se redondeen en 
las aristas. 

Las maderas blandas que dan las clases de maderas apropiadas y 
notablemente las resinosas convienen de la misma manera á las vías 
de circulación relativamente pesada é intensa y á las vías de circula- 
ción liviana ó restringida. Sin embargo, en estas últimas vías, los 
tarugos están expuestos á deteriorarse por la putrefacción si no están 
sometidos á un tratamiento antiséptico. Por otra parte, es de reco- 
mendar el hacer las uniones tan estrechas y tan impermeables como 
sea posible. Por otro lado, su desgaste relativamente rápido en las 
vías de gran circulación, debe de incitar á proseguir activamente los 
estudios y las investigaciones concernientes á los procedimientos de 
tratamiento capaces de aumentar su resistencia mecánica sin alterar 
su elasticidad. 

V. Por medio de ciertas precauciones, tales como la impregnación 
de la madera, la impermeabilización de las uniones y de la superficie, 
el lavado frecuente de la calzada, etc., se pueden obtener entaruga- 
dos que dan toda satisfacción á los higienistas. 

VI. El desparramar casquijo es necesario en ciertas condiciones y 
con ciertos tiempos (sobre todo en las calzadas de madera dura) para 
impedir que la superficie del pavimento se ponga resbaladiza. No 
debe de emplearse, además, para esta operación, sino un casquijo 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 115 

iiiny pequeño ó quebraduras finas de piedra, á ñn de evitar tanto 
como sea posible, todo deterioro de las llantas de Cciucho. 



Quinta cuestión : maneras de iluminar las vías públicas y los veliículos 

Miembro informante : el coronel H. C. L. Holdeu, del Club real de aiitoiiióvil de Londres 

I. Para la determinación general de los modos de iluminación de 
los caminos, conviene distinguir éstos en tres categorías, á saber : 

I"" Las arterias importantes de las grandes ciudades, de las ciuda- 
des y aglomeraciones urbanas en que la circulación es intensa aún 
después de entrada la noche; 

2''' Las vías importantes de los suburbios de las grandes ciudades; 

3^^ Las vías en campaña rasa. 

Dadas las condiciones modernas de la circulación es esencial el 
dotar los caminos de la primera y segunda categoría de un alumbrado 
apropiado por medio de luces ñjas. 

II. En principio, para todos los caminos que tienen necesidad de 
ser iluminados con lámparas fijas, el modo de iluminación que liay 
que adoptar es el que dé el alumbrado más uniforme y menos encegue- 
cedor. La intensidad del alumbrado y la posición de los faroles deben 
de ser determinados teniendo en cuenta las circunstancias locales. 

III. No sería posible iluminar las vías en plena campaña por medios 
análogos á los que se emplean para las vías urbanas y suburbanas; 
])or eso es de la mayor importancia el que los vehículos que circulen 
ó estacionen durante la noche en las vías de esta esj)ecie, estén ellos 
mismos iluminados. 

IV. 1° Todo vehículo, sea estacionado ó que se mueva, debe te- 
ner una señal durante la noche, formada por un farol alumbrado de 
una potencia de iluminación suficiente y cuya luz será, salvo excep- 
ciones autorizadas, visible lo mismo de atrás que de adelante; 

2" Todo automóvil debe de llevar después de entrada la noche, dos 
faroles alumbrados adelante y un farol atrás; si es susceptible de 
marchar rápidamente debe de llevar adelante encabezando la marcha 
un faro de una intensidad luminosa suficiente para iluminar el camino 
50 yardas delante de él (45 metros). En las aglomeraciones en que el 
alumbrado ordinario es suficiente para permitir á los automovilistas 
ver su camino y ser vistos fácilmente, la potencia del faro de ade- 
lante debe de ser reducida á la de un farol ordinario. 



116 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

V. 1° Es de desear que todos los obstáculos que cierran el camino, 
tales como las barreras y especialmente las de los pasos á nivel, estén 
pintados de blanco y de otro color por partes alternadas y que estén 
netamente indicados por medio de lámparas fijas que estén encendi- 
das desde que se pone el sol ; 

2" Sería bueno el pintar de blanco ó señalar por algún otro medio 
todos los postes que soportan señales de peligro, de dirección ú otras, 
las piedras miliarias, los guardarruedas, los parapetos de los puentes, 
etc., 11 otras obras, cuya indicación es útil para los que usan el camino 
ó importante para la seguridad de la circulación. 

yr. Un solo y mismo color debería ser adoptado umversalmente 
l)ara las señales de peligro. 

Además, á proposición de Mr. Chaix, la sección ha votado por una- 
nimidad el voto siguiente : 

« Es de desear que cada gobierno realice, si hay lugar, y lo más 
pronto posible, la suj)resión de las luces de color para los automó- 
viles. » 

En fin, á j)roposición de Mr. Hansez, lia votado por unanimidad 
menos dos votos, el deseo siguiente : 

« El congreso emite el voto de que los reglamentos fuerzen á los 
conductores de tropas de animales á que señalen su presencia de 
noche. » 



Sexta cuestión : observaciones hechas desde 1908 sobre las diferentes 
causas de desgaste y de deterioro de las calzadas 

Miembro informante : el señor Gibaon Thompson, editor del Surveyore de Londres 

I. Los agentes ó condiciímes atmosféricas figuran entre los factores 
de deterioro de las calzadas como los más importantes. Se pueden 
reducir sus efectos destructivos al mínimum haciendo prácticamente 
impermeable el revestimiento y asegurando el desagüe de la fun- 
dación. 

II. Todo tráfico intenso compuesto, ya sea de vehículos pesados á 
tracción mecánica, sea de carruajes automóviles livianos y rápidos, 
produce serios deterioros en las calzadas de macadam de recebo al 
agua. La importancia de estos daños está en función del equilibrio de 
los motores, de la relación de la fuerza propulsiva y el peso adherente, 
del peso de los órganos que no tienen elásticos (¿yas suspendus), de la 



TERCEK CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 117 

progresibilidad de la acción de los órganos de frenaje, de los elásti- 
cos, de la naturaleza de las bandas, del diámetro de las ruedas, del 
ancho de las llantas, de las variaciones de aceleración y de adheren- 
cia y de otros factores más. 

III. Los daños ocasionados por la circulación de los vehículos auto- 
móviles pesados pueden ser reducidos á un mínimum con el empleo 
de ruedas de un gran diámetro, llantas que tengan un ancho propor- 
cionado á la carga de los ejes, bandas de caucho ó elásticas y en fin, 
elásticos convenientes. 

lY. La circulación de automóviles livianos no es una causa de dete- 
rioro ó desgaste serios ó anormales para los caminos de macadam^ 
bien establecidos, convenientemente recebados, ó tratados con el 
alquitrán, el bitumen ó materias asfálticas, excepto en las curvas de 
pequeño radio. En cuanto á lo que concierne á la circulación de los 
vehículos á tracción animal, conviene estudiar la proporción que hay 
que establecer entre las cargas, el ancho de las llantas y el diámetro 
de las ruedas, así como los perfeccionamientos que podrían hacerse á 
las herraduras de los caballos. Conviene también que se den pode- 
res á las autoridades locales para que impidan que las ruedas de los 
vehículos agrícolas lleven sobre el camino la tierra y las basuras que 
provienen de los caminos. 

V. Los datos suministrados respecto á las diversas causas de des- 
gaste y de deterioro de las calzadas siendo aun insuficientes y poco 
precisos, sería de desear que fuesen completados por otras observa- 
ciones basadas en métodos científicos cuidadosamente determinados 
— y en lo que sea posible uniformes para facilitar la comparación — 
y también que se prosiga el estudio sistemático de estas causas. 

Se da mandato á la Comisión internacional permanente para esta- 
blecer un programa de observaciones, estudios y ensayos. 



Séptima cuestión : reglamentación de la circulación rápida ó lenta 

sobre los caminos 

Miembro informante : lord Montag-u of Beaiüieii 

I. Toda la reglamentación de la circulación por los caminos debe 
tener por objetivo permitir á las diferentes clases de vehículos, 
marchar á la velocidad compatible con la seguridad pública y el des- 
gaste normal del camino. 



118 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

II. Las reglas de la circulación rápida y lenta deben ser tan poco 
numerosas y simples como sea posible y tales que puedan y deban 
ser universalmente seguidas y aplicadas. 

III. En todas las grandes ciudades debe haber una autoridad 
encargada de estudiar y de resolver todas las cuestiones relativas á 
la circulación en las calles; las atribuciones de esta autoridad y su 
coordinación con las de las otras autoridades son detalles dejados á 
la apreciación del gobierno quien tendrá en cuenta las circunstancias 
y la situación particular de cada gran ciudad. 

IV. Debe haber un personal numeroso de inspectores de la cir- 
culación (como los polizontes de Londres) investidos de poderes con- 
venientes j)ara regular la circulación no sólo en los lugares de obs- 
trucciones del tráfico, sino en el recorrido de las calles más frecuen- 
tadas. 

V. Siendo dado el acrecentamiento de j)eligro inherente á la circu- 
lación moderna, es de importancia que los conductores estén someti- 
dos á un aprendizaje metódico y minucioso y que se dé á los niños 
una enseñanza esi^ecial sobre las maneras de preservarse de los peli- 
gros de los caminos. 

VI. Salvo cuando las circunstancias locales hacen que sean nece- 
sarias tales disposiciones, es menester, eliminar del medio de los cami- 
nos todos los obstáculos, tales como los candelabros y los postes de 
los tranvías, con excepción de los refugios necesarios para los peato- 
nes que atraviesan la calzada. 

7. No debe tolerarse sobre la vía pública ningún obstáculo, sea 
que resulte de una marcha demasiado lenta, sea de un estaciona- 
miento demasiado jirolongado de los vehículos ó del depósito de ob- 
jetos colocados sobre la calzada. Hay, sin embargo, que hacer una 
excepción en favor de los depósitos que necesiten, ya sean los tra- 
bajos de reparación ó de conservación de los caminos, ya sean las 
•obras ejecutadas por las autoridades competentes bien y debidamente 
autorizadas; pero, en todos los casos deben de ser tomadas las medi- 
das necesarias para asegurar la seguridad de la circulación. 

La sección acepta el siguiente voto del señor Chaix. 

« Toda la reglamentación de la circulación sobre los caminos debe 
tener por objetivo establecerlos derechos y fijar los deberes y respon- 
sabilidades para cada uno de los métodos de transporte, á fin de su- 
primir las causas de accidentes, de incomodidades y de daños, obte- 
niendo al mismo tiempo el máximum de orden y de libertad. 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 119 



Octava cuestión : autoridades encargadas de la construcción y de la con- 
servación de los caminos. Funciones que corresponden al poder cen- 
tral y á las autoridades locales. 

Miembro iiiíoimaute : el señor W. Eees Jettieys. secietaiio de la Direccióu de caminos 

(Road Board) 

1. El sistema de administración de las vías en cada país, debe 
estar en armonía con el sistema de gobierno de este país y con el es- 
píritu político de su pueblo, iío es, j)or lo tanto, j^osible establecer 
una regla general, aplicable universalmente, para determinar el gra- 
do de centralización ó de descentralización que conviene para los 
servicios de la inspección de vías de cada país. 

2. Se puede sentar como principio universalmente aplicable, que 
cada servicio autónomo de inspección de vías de comunicación, debe 
ejercer su autoridad sobre una extensión bastante vasta y disponer 
de recursos bastante importantes para poder emplear y remunerar 
convenientemente un personal competente. 

Novena, cuestión : presupuesto de la construcción y de la conservación 
de los caminos. Creación de recursos 

Miembro informante : el señor Montagu Harris, M. A. abogado de la Sociedad 
de los Consejos de comité de Inglaterra y del País de Gales ^ 

1. En cuanto á lo que concierne á los gastos de conservación y de 
mejoramiento : 

a) De los caminos que, en todos los países, sirven de arterias prin- 
cipales de comunicación entre las ciudades imi3ortantes ; 

h) De los caminos que sirven sobre todo á la circulación á larga 
distancia. 

En el caso en que estos gastos no sean enteramente soportados por 
el tesoro priblico, en virtud de las instituciones administrativas na- 
cionales (sistema práctico y conveniente á ciertos caminos en ciertos 
países), es de desear que sean en su mayor parte imputados á los 
fondos de este tesoro, sean ó no estos caminos administrados y con- 
servados bajo la vigilancia de las autoridades locales; en el caso 
que estos caminos estuvieran bajo la dependencia de las autoridades 
locales, convendrá que el gobierno central ejerza su control sóbrelos 
gastos y también sobre su utilización. 



120 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

2. Es de desear que los peajes sean abolidos en lo que fuera posi- 
ble en todas las vías públicas, pero es equitativo que los vehículos 
cuyo peso y á veces también la velocidad ú otras particularidades 
excepcionales, ocasionan á las calzadas daños especiales superiores 
á los cansados por la circulación ordinaria, sean sometidos á un im- 
puesto especial cuyo producto sería afectado á los gastos de conser- 
vación de los caminos. 

3. Los empréstitos contraídos, sea para la construcción de nuevos 
caminos, sea para la renovación periódica del revestiruiento de las 
calzadas, son compatibles con los principios de una buena administra- 
ción tínanciera con tal que el período de amortización no exceda á la 
duración del revestimiento cuando se trata de un empréstito desti- 
nados á las renovaciones. 

Modificaciones. — Las modificaciones siguientes propuestas por el 
señor Tanenbaum (Rusia) i^ara la cuestión número 2, han sido leídas 
pero no lian sido objeto de un voto del congreso. 

4. En los puentes importantes, es necesario prever dispositivos fi- 
jos ó móviles, que permitan visitar minuciosamente las partes más 
esenciales de las obras. 

5. Es de desear que se ponga en la orden del día de un próximo 
congreso, la cuestión de protección de las partes de madera de los 
puentes contra los peligros de incendio. 

6. Es de desear que se establezcan bases sistemáticas y uniformes 
para las estadísticas que conciernen á los gastos de conservación y á 
la duración de los diversos tipos de puentes. 



EXPOSICIÓN 

Habíase instalado conjuntamente con el congreso una exposición 
internacional de productos, procedimientos, materiales y máquinas 
que se relacionan con la construc(;ión, ex^ilotación y conservación 
de caminos de toda especie, exposición que fué sumamente con- 
currida y visitada como uno de los acontecimientos más importan- 
tes de este congreso. Xo fué de las menos interesantes la exposi- 
ción que en ella hizo la municipalidad de Buenos Aires, la cual 
además de presentar los materiales de sus afirmados, como ser cordo- 
nes y adoquines diversos de granito del Tandil, junto con tarugos de 
madera de algarrobo, mostraba el procedimiento adoptado por nues- 
tra municipalidad para la defensa del asfalto junto á las vías de tran- 



TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINOS 121 

vía, lo cual llamó muclio la atención, habiendo sido requerido el 
modelo para formar parte del museo del Road Board ó Dirección 
f;eneral de caminos de la Gran Bretaña. Prueba lo mucho que esta 
exposición se hizo notar, el hecho de que esta cuestión va á ser to- 
mada en consideración y presentada en el i^rograma del próximo con- 
greso de Munich en 191(5, según el que está en vías de elaborarse. 

ENSAYOS DE AFIRMADOS 

Además de esta exposición, el Eoad Board había hecho ejecu- 
tar desde hace dos años una serie de ensayos de alquitranado de 
las vías en diferentes partes de Londres y había hecho hacer prin- 
cipalmente en el camino que conduce á Sidcui), un arrabal de la 
capital inglesa, una serie de ensayos en trozos de caminos de 500 
metros de largo cada uno, con diferentes sistemas de afirmados, 
para que los miembros del congTeso jjudieran juzgar de visu de la per- 
fección y conveniencia de los diversos procedimientos de asfaltados, 
alquitranado ó afirmados de madera y de granito y granitullo ; esta 
serie de ensayos fué todo un éxito. Allí los ingenieros pudieron juzgar 
el mejor ó menor resultado de los procedimientos de pavimentación 
y los más adaptables en ciudades de un clima semejante al londinense. 

CLAUSURA 

Las sesiones del congreso fueron clausuradas el día 28 de ju- 
nio, por su presidente Sir Georges Gibb, en una asamblea solem- 
ne, donde fueron votadas una á una todas las resoluciones que 
acabo de exponer y que habían sido estudiadas y aceptadas por las 
diferentes secciones del congreso. El congreso fué clausurado definiti- 
vamente con un banquete celebrado en el hotel Cécil, por el ministro 
del Interior de la Gran Bretaña, Mr. John Burns, con un espléndido 
y conceptuoso discurso de despedida. 

Dando por terminado con estas cortas noticias el propósito que me 
había formado al aceptar el cargo con que me honró la Sociedad 
Científica Argentina, me es grato saludar al señor presidente. 

José J. Girado, 

Delegado de la Repiíblica Argentina ante la A. I. P 
de los congresos del camino. 

24, rué de Lisboime, Paris. 



BASES Y REGLAMENTO 



DE LA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

SANCIONADOS EN LA ASAMBLEA DEL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1913 
APROBADOS POR EL GOBIERNO DE LA NACIÓN CON FECHA 7 DE ENERO DE 1914 



BASES 

La Sociedad Científica Argentina tiene su asiento en la ciudad de 
Buenos Aires y su objeto es fomentar el desarrollo de las ciencias en 
general y sus aplicaciones á las artes, á las industrias y á las necesida- 
des de la vida social. 

Con este objeto ; 

1° Estudiará las publicaciones, inventos, descubrimientos y mejo- 
ras científicas, especialmente aquellas que pueden tener aplicación 
IDráctica en la República ; 

2° Formará una biblioteca compuesta de publicaciones que se re- 
lacionen con los fines de la Sociedad ; así como las colecciones de 
instrumentos, planos, fotografías, modelos, muestras, etc., pertinen- 
tes á los mismos ; 

3° Promoverá la realización de conferencias, formulando progra- 
mas de temas sobre cuestiones indicadas en las bases, proponiendo 
el estudio y la preparación de las memorias respectivas, y acordará 
premios al autor ó autores del mejor trabajo presentado en cada caso 
(véase tít. XII) ; 

4° Cuando lo juzgue conveniente, hará estudiar las comunicacio- 
nes científicas que espontíineamente le dirijan los socios ó los partí- 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 123 

Ciliares, comprendidas dentro del programa de la Sociedad, prodn- 
ciendo los informes pertinentes ; 

5" Se pondrá en relación con las asociaciones similares, nacionales 
y extranjeras, para el mejor y más rápido conocimiento de los ade- 
lantos cientiflcos, artísticos é industriales que se realicen en el mun- 
do civilizado ; 

6° Publicará una revista periódica, órgano oficial de la Sociedad, 
bajo la denominación de Anales de la Sociedad Científica Argenti- 
na, sin perjuicio de las demás publicaciones que juzgare oportuno 
hacer ; 

7" Podrá establecer secciones, á ella vinculadas, en todos aquellos 
puntos de la República donde lo juzgare conveniente. 



EEGLAMENTO 

TÍTULO I 

De los socios 

Art. 1". — La Sociedad se compone de socios honorarios, corres- 
pondientes, protectores, vitalicios, activos y adbereutes : 

a) Son socios honorarios aquellas personas que por sus excepcio- 
nales méritos científicos ó servicios x>restados á la Sociedad, con 
residencia en el país ó fuera de él, merezcan á jnicio de la asamblea, 
el homenaje de las corporaciones científicas. No abonarán cuota al- 
guna; 

h) Son socios correspondientes aquellas personas que á juicio de la 
Junta directiva pueden servir de lazo de unión interprovincial ó in- 
ternacional entre los estudiosos, mediante la reciprocidad de infor- 
maciones sóbrelos progresos científicos en sus respectivas provincias 
ó países. No abonarán cuota alguna ; 

c) Son socios protectores los que hagan á la Sociedad una dona- 
ción en efectivo, no menor de 1000 pesos ; 

d) Son socios vitalicios los que abonen anticipadamente, en una 
sola cuota, la suma de 500 pesos ; 

e) Son socios activos las personas que lo soliciten y que poseyendo 
un título universitario ó de instituto especial, nacional ó extranjero, 
ó que habiendo demostrado su dedicación á las ciencias por cargos 



T24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

desempeñados, piiblicaciones, etc., sean dignos á juicio de la Junta 
directiva de ijertenecer á la Sociedad. La Junta directiva reglamen- 
tará las condiciones de admisión anteriormente expuestas. Abonarán 
la mensualidad establecida en estos estatutos ó que se estableciere 
más tarde (art. 42, tít.XIV) ; 

/) Son socios adlierentes, los que no teniendo las condiciones esta- 
blecidas en el inciso e) soliciten pertenecer á la Sociedad y sean dig- 
nos de ello, ajuicio de la Junta directiva; 

(/) Los socios correspondientes, protectores y vitalicios son nom- 
brados directamente por la Junta directiva. Los activos deben ser 
presentados á la Junta directiva por dos socios activos, en pleno goce 
de sus derechos, indicándose en la solicitud correspondiente la pro- 
fesión y el domicilio del candidato. La Junta directiva resolverá su 
admisión por mayoría de votos. Los socios honorarios serán propues- 
tos á la Junta directiva por un mínimum de veinte socios activos. Ee- 
conocido por ésta el mérito del candidato, elevará la solicitud á reso- 
lución de la asamblea. Los socios protectores, vitalicios y activos, 
tienen voz y voto en las asambleas ; los honorarios, correspondientes 
y adherentes tan sólo voz ; 

h) Todos los socios recibirán un diploma que los acredite en su ca- 
rácter correspondiente. Armado por el presidente y los dos secreta- 
rios y timbrado con el sello mayor de la Sociedad. 

Art. 2°. — Todos los socios tendrán derecho : 

1° Á exponer á la Junta directiva las ideas que consideren iitiles 
á la Sociedad, debiendo aquélla someterlos al estudio de una comi- 
sión especial, cuando el asunto así lo requiera ; 

2° Al uso de la biblioteca, instrumentos y colecciones de la Socie- 
dad, así como asistir á las conferencias y visitas que organice, de 
acuerdo con las disposiciones que á este respecto establezca la Junta 
directiva ; 

3° Á presentar, por sí ó por escrito, personas á quienes se les ])o- 
drá acordar temporariamente el derecho de consultar la biblioteca y 
colecciones de la Sociedad ; 

4° Á un ejemplar de los Anales y demás x)ublicaciones que hiciere 
la Sociedad. 

Art. 3°. — Los socios activos podrán además : 

a) Consultar los libros de la administración de la Sociedad, siem- 
pre que lo solicitaren ; 

1)) Pagar la mitad de la mensualidad cuando ijermanecieren fuera 
de la localidad, asiento de la Sociedad, por más de tres meses, dando 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 125 

previo aviso ala Junta directiva. Tendrán derecho á las publicacio- 
nes de la Sociedad. 

Art. 4°. — Los socios activos y adlierentes quedarán de lieclio ce- 
santes, previo aviso y siguiente intimación perentoria, cuando no hu- 
biesen satisfecho las cuotas correspondientes durante tres meses con- 
secutivos. 

Art. 5". — Un socio cualquiera podrá ser separado de la Sociedad, 
siempre que ajuicio de la Junta directiva hubiera dado motivos fun- 
dados para ello, y así lo ratifique la asamblea, de acuerdo con el ar- 
tículo 10 del título II. 



TÍTULO II 

De las asambleas 

Art. 6°. — Las asambleas son ordinarias ó extraordinarias. Consi- 
dérase ordinaria la de la primera semana de abril, en la que se pro- 
cederá á la elección de los socios que deben reemplazar á los salien- 
tes de la Junta directiva, requiriéndose para sesionar la presencia de 
la décima parte, por lo menos, de los socios activos residentes en la 
capital de la Eepública, que estén al día en el pago de las cuotas. En 
caso contrario se transferirá la asamblea para cinco días después, 
formando entonces quorum el número de socios que concurra. 

Art. 7". — Las asam-bleas extraordinarias tendrán lugar toda vez 
que así lo disponga la Junta directiva, ó el iiresidente, en caso de ur- 
gencia, á pedido de diez socios, indicando el objeto de la convocación, 
que constituirá la « orden del día ». Estas asambleas se regirán en su 
quorum y resoluciones por lo dispuesto en el artículo 6°. 

Art. S°. — Los asuntos que se deben tratar en las asambleas y el 
día y hora en que éstas tendrán lugar, se harán conocer por citacio- 
nes repartidas con dos días de anticipación, por lo menos, del fijado 
para la reunión, publicándose con igual anticipación en dos dia- 
rios. 

Art. 9". — La asamblea resuelve todos los puntos que no entran en 
las atribuciones de la Junta directiva ; concede premios ó distinciones 
honoríficas á los socios ó personas extrañas á la. Sociedad, cuando se 
hubieran distinguido por algún invento ó trabajo de reconocida utili- 
dad ; nombra los socios honorarios con arreglo á lo establecido en el 



126 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKGENTINA 

inciso/ del artículo 1°. No puede resol v^er, en cada caso, sino los 
n su utos que constituyen la orden del día. Aquellos á que diere lugar 
la tratación de los que motivaron la asamblea, ]iodrán ser objeto de 
otra inmediata, si así lo resuelve aquella, pero nunca antes de tres 
días y previa comunicación á los socios con dos días de anticipación. 

Art. 10. — Corresponde también á la asamblea resolver sobre la 
medida disciplinaria relativa á la expulsión de socios á que se refiere 
el artículo 5° del título I, no jíudiendo hacerlo sino por mayoría de 
tres cuartas partes de votos de los socios presentes, cuyo número no 
debe ser menor de la décima ])arte de los activos que estén al día en 
sus relaciones económicas con la Sociedad. 

Art. 11. — Las resoluciones de las asambleas, salvo los casos indi- 
cados en los artículos anterior y 13 del título III, se tomarán por sim- 
ple mayoría de votos de los socios presentes. Las votaciones podrán 
ser ordinarias, nominales ó secretas. La elección de los miembros de 
la Junta directiva se hará siempre i3or cédula secreta ; serán también 
secretas aquellas que á juicio de la Junta directiva puedan afectar 
personalmente á algún consocio. 



TITULO III 

De la Junta directiva. 

Art. 12. — La Sociedad será dirigida por una Junta compuesta de 
un presidente, dos vicepresidentes (1° y 3") dos secretarios (de actas y 
de correspondencia), un tesorero, un protesorero, un bibliotecario y 
ocho vocales. 

Art. 13. — La Junta directiva se renueva por mitad cada año en la 
asamblea ordinaria de la primera semana de abril. Se procederá á ele- 
gir los socios que deben ocupar los cargos de presidente, vice (1° y 
2°), dos secretarios, un tesorero, un protesorero y un bibliotecario, 
pasando estos miembros que terminan su mandato á ser vocales de la 
nueva comisión. Para reelegir alguno de los cesantes se requiere las 
tres cuartas partes de los votos de los socios activos presentes. En 
caso de reelección, se procederá á elegir el vocal correspondiente. 
Los cargos se votarán por separado. 

Art. 11. — Ningún socio podrá formar parte de la Junta directiva 
por más de dos períodos consecutivos. 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 127 

Art. 15. — La Junta directiva se reunirá tres veces por mes y, ade- 
más, cuando fuera citada extraordinariamente por el presidente. 

Art. 16. — Todo miembro <le la Junta directiva que faltare á las 
reuniones durante cinco citaciones ordinarias consecutivas, sin causa 
justificada, quedará cesante, lo que se le comunicará por secretaria. 

Art. 17. — Para que sean válidas las resoluciones de la Junta di- 
rectiva, se requiere, por lo menos, la presencia de cinco de sus miem- 
bros, incluso el presidente, y sus decisiones se tomarán por simple 
mayoría de votos, decidiendo el presidente en caso de empate. 

Art. 18. — Las atribuciones de la Junta directiva son : 

1^ Regir el funcionamiento científico, social y económico de la ins- 
titución ; 

2^* Hacer cumplir las decisiones tomadas en las asambleas; 

3"^ Tomar las resoluciones de carácter urgente que se liallen dentro 
de este reglamento ; 

4^ Convocar la Sociedad á las sesiones ordinarias y extraordinarias 
con arreglo al artículo 7° del título II ; 

5^ Nombrar y suprimir empleados ; 

6^ Autorizar los gastos que requiera la conservación de los bienes 
muebles é inmuebles de la Sociedad, teniendo cai^acidad para adqui- 
rirlos, enajenarlos, gravarlos ó constituir sobre ellos derechos reales ; 

7^íJ'ombrar de su seno ó del de los demás consocios las comisiones es- 
Ijeciales que á su juicio sean necesarias i^ara los fines de la asociación ; 

8^ Nombrar los socios correspondientes, protectores y vitalicios, y 
aceptar los activos y adlierentes conforme á lo estipulado en el inci- 
so/del artículo 1°, título I; 

9* Suspender á cualquier socio, dando cuenta á la asamblea de los 
motivos, á fin de que ésta resuelva con arreglo al artículo 5° del tí- 
tulo I ; 

10^ Disponer la forma en que ha de festejarse el correspondiente 
aniversario de la ftindación de la Sociedad. 



TÍTULO IV 

Del presidente 

Art. 19. — El presidente representa á la Sociedad en todos sus ac- 
tos internos y externos. Sus deberes y atribuciones son : 



128 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

1" Presidir las asambleas y las reuniones íle la Junta directiva ; di- 
rigir las discusiones ; proclamar el resultado de los escrutinios en las 
votaciones. En las asambleas el presidente sólo tiene voto en caso de 
empate, y en la Junta directiva tiene el voto propio y el de desem- 
pate ; 

2° Hacer cumplir las resoluciones de las asambleas y de la Junta 
directiva y lo que i)rescribe el regiamento de la Sociedad ; 

3° Firmar las actas y autorizar las resoluciones de las asambleas y 
de la Junta directiva, los diplomas de los socios y los libramientos 
sobre el banco oficial depositario ; 

4" Autorizar el i)ago de los sueldos y gastos de la Sociedad ; 

5° Inspeccionar trimestralmente el balance de caja ; 

6° Transferir, cuando (piiera tomar parte en la discusión, la presi- 
dencia de la asamblea, de acuerdo con el artículo 20, á uno de los vi- 
cepresidentes, y, en ausencia de éstos, á uno de los vocales ; 

7° Adoptar, en caso de urgencia, las medidas que considere más 
convenientes j)ara el mejor servicio de la Sociedad, dando cuenta á 
la Junta directiva ; 

8° Dar con la requerida anticiiíación aviso á la Junta directiva to- 
da vez que deba ausentarse temporalmente ; 

9" Presentar anualmente á la asamblea de la primera semana de 
abril una memoria detallada de la actuación de la Sociedad durante 
el año transcurrido ; 

10" Es j)residente nato de las subcomisiones que se nombren del 
seno de la Junta directiva ó de la Sociedad. 

Art. 20. — En ausencia del presidente, ejercerá sus funciones uno 
de los vicepresidentes, y en ausencia de éstos el vocal más antiguo, 
y entre los de igual antigüedad, el de mayor edad. 



TITULO V 

De los secretarios 

Art. 21. — Las atribuciones y deberes del secretario de actas 
son: 

1" Autorizar con su firma la del presidente en todos los actos in- 
ternos de la Sociedad, y conjuntamente con el secretario de corres- 
pondencia en las x)resentaciones de la Sociedad á los poderes públi- 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 129 

eos, en los diplomas de los socios y eu todas aquellas circunstancias 
que el presidente lo considere necesario ; 

2° Redactar las actas de las sesiones de las asambleas y de la Junta 
directiva ; 

3° Dar cuenta á la asamblea de los trabajos hechos por la Junta 
directiva : 

4" Leer las memorias y documentos presentados, en ausencia de 
sus autores. 

Art. 22. — Las atribuciones y deberes del secretario de correspon- 
dencia son : 

1° Autorizar con su firma la del presidente en los actos externos 
déla Sociedad y conjuntamente con el secretario de actas, en los ca- 
sos expresados en el inciso 1" del artículo anterior ; 

2° Eedactar la correspondencia, notas y documentos de la So- 
ciedad. 

Art. 23. — Sin perjuicio de lo que acaba de establecerse, los secreta- 
rios se auxiliarán en el desempeño de sus funciones, reemplazándose 
cuando fuere necesario. 



TÍTULO VI 

Del tesorero y jprotesorero 

Art. 24. — Las atribuciones y deberes del tesorero, son : 

1^ Diligenciar el ingreso de las subvenciones y demás créditos que 
tenga la Sociedad ; 

2" Cuidar que entren semanalmeute á tesorería las sumas que se 
haya recaudado ; 

3" Colocar en el banco oficial depositario, á nombre de la Sociedad 
y á la orden del presidente y tesorero, todo el dinero recaudado, con ex- 
cepción del que pueda necesitarse para los gastos ordinarios de ésta ; 

4" Firmar los recibos de las cuotas por cobrar y de las subvencio- 
nes. Firmar con el i^residente los libramientos al banco, y con éste y 
los secretarios los libros de la contabilidad ; 

o° Obtener del cobrador una fianza á satisfacción de la Junta direc- 
tiva ; 

G" Pagar iiersonalmente los sueldos y gastos ordenados por el pre- 
sidente y refrendados por el secretario ; 

aN. SOC. (TKNl. AR(-i. — T. I.XXVII 9 



130 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

7° Reglaiiieiitar la contabilidad de la Sociedad, deterniinaiido la, 
forma en que deben llevarse los libros (3 hacerse las respectivas ano- 
taciones, inventarios, etc. ; 

8" Presentar trimestralmente á la Junta directiva un l»alance de 
caja y un estado de la cobranza, haciendo notar ijarticnlarmente la 
falta de cumplimiento por parte de los socios á lo prescripto en el 
artículo cuarto, (tít. I) ; 

9" Cerrar anualmente los libros de la contabilidad, elevando á la 
asamblea, por intermedio del presidente, un balance general del 
estado de la caja de la Sociedad ; 

Art. 25. — En ausencia del tesorero, el protesorero le substituye 
en todas sus atribuciones y deberes. 



TITULO VII 



Del ■ hibliotecario 



Art. 26. — El bibliotecario está encargado del fomento y conserva- 
ción de la biblioteca y archivo de la Sociedad. 

Sus deberes son : 

1" Formar y mantener al día el catálogo de la biblioteca, de las 
colecciones y del archivo ; 

2° Promover el aumento de la biblioteca, tratando de conseguir 
donaciones, proponiendo á la Junta directiva la adquisición de obras 
de reconocida imi^ortancia, etc. ; 

3° Cuidar de que las publicaciones á que esté subscripta la Socie- 
dad sean recibidas con puntualidad, informando al presidente de las 
faltas que sobrevengan en su entrega ; 

4" Informar á la Junta directiva sobre la oportunidad de las indi- 
caciones formuladas por los socios á que se refiere el artículo 31 
(tít., IX). 

5" Vigilar la correcta encuademación de las obras formadas por 
entregas ; 

6° Proponer á la Junta directiva el canje de los Anales con publi- 
caciones que interesen á la Sociedad ; 

7" Presentar mensualmente un estado de las obras que se hayan 
adquirido por cualquier medio, dando cuenta de la inversión de Ios- 
fondos que se le entregue. 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 131 



TÍTULO YIII 

Del gerente 

Art. 27. — El gerente es nombrado por la Junta directiva y depen- 
de del presidente de la Sociedad. 

Art. 28. — Sus deberes y atribuciones son : 

1° Asistir al local de la Sociedad todos los días Lábiles en las lioras 
que la Junta directiva baya Ajado ; 

2" Vigilar el cumplimiento de las obligaciones de cada uno de los 
empleados, pudiendo suspenderlos, dando inmediatamente cuenta 
por escrito al presidente ; 

3° Proponer á la Junta directiva las variaciones que crea conve- 
nientes en el servicio puramente administrativo ; 

4° Entregar semanalmente al tesorero las sumas recaudadas por 
cuotas mensuales, de ingreso ú otros créditos que tenga la Sociedad, 
debiéndole también presentar al fin de cada mes un estado de estas 
entregas y de los gastos efectuados ; 

5" Hacer todas las citaciones que se requiera para los fines de la 
Sociedad ; 

6° Cumplir los actos de propaganda que se le indique por secre- 
taría ; 

7° Entregar á los socios los libros de la biblioteca, del modo y 
forma que el reglamento de ésta lo determine (art. 30, tít. IX); 

8° Coleccionar los folletos y entregas de las obras periódicas para 
su encuademación, lo mismo que las comunicaciones que reciba la 
Sociedad; 

9" Llevar los libros siguientes : 

Copiador para la correspondencia de la Sociedad ; 

Los libros de actas, de las cobranzas, de los gastos, etc ; 

Catálogo de la biblioteca, de las colecciones y de las donaciones ; 

índice del archivo ; 

Registro general de socios ; 

lü° Presentar al presidente, al fin de cada mes, la planilla de gas- 
tos, liara que éste ordene su pago ; 

11° Facilitar á los socios la inspección de los archivos y colec- 
ciones: 



132 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

12° Cuidar del orden é higiene del local déla Sociedad. 
Art. 21). — Siendo el gerente un emi)leado á sueldo, no puede vSer 
socio. Su n()nd)rauiiento será hecho por la -Junta directiva. 



TITULO IX 

De Ja hihlioteca y del archivo 

Art. 30. — La biblioteca se regirá por un reglauíento interno apro- 
bado por la Junta directiva. 

Art. 31. — Los socios podrán inscribir en un libro especial el título 
de las obras ó j)eriódicos cuya adquisición crean conveniente i>ara la 
Sociedad. La Junta directiva es la encargada de valorarla importan- 
cia de las obras propuestas y resolver sobre su adquisición. 

Art. 32. — Los socios no podrán llevar libros, periódicos, docu- 
mentos, etc., fuera del local de la Sociedad, sino con las forüíalidades 
que establezca el reglamento interno. 

Art. 33. — El archivo contendrá las actas de las sesiones, una 
colección de los Anales, las comunicaciones dirigidas á la Sociedad 
y copia de todos los documentos que emanen de ella. 



TÍTULO X 

De los Anales 

Art. 34. — Los Anales de la ¡Sociedad Gientífica Argentina serán 
dirigidos por un socio activo elegido por la Junta directiva. Su man- 
dato durará dos años, pero podrá ser reelegido indefinidamente, como 
también separado de su cargo cuando á juicio de la misma Junta di- 
rectiva hubiera dado lugar á ello. En tal caso se requiere un mínimo 
de diez votos. 

Art. 35. — Son deberes del director : 

a) Tratar de que la revista ofrezca el mayor interés posible en su 
fondo y en su forma, dando preferencia á los artículos originales de 
carácter científico, teórico ó de aplicación, tratando de conseguir la 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGANTINA 133 

mayor corrección posible en la composición tipográfica, la mayor 
regularidad en la fecha de su aparición y la mayor variedad posible 
en el material publicado; 

b) Aceptar ó rechazar, sin perjuicio del derecho del interesado á 
apelar ante la Junta directiva, los trabajos originales ó inéditos que 
se le remita para su publicación ; fijar la fecha y el orden en que 
deban aparecer los aceptados ; publicar los materiales que le envíe 
con dicho objeto la Junta directiva ; conceder la tirada aparte á los 
autores (art. 36), etc. ; 

c) Proponer á la Junta directiva todas las medidas tendientes á la 
mayor difusión de los Anales^ á la obtención de fondos para el sos- 
tén de los mismos, á la constitución de un núcleo de redactores, etc. ; 

d) Proponer los empleados que la buena marcha de la revista im- 
ponga; 

Art. 36. — Los colaboradores de los Anales tendrán derecho á 
cincuenta ejemplares de su respectiva memoria, publicada en tirada 
aparte. 

Art. 37. — El formato de los Anales no podrá ser modificado. 

Art. 38. — La Junta directiva podrá discernir cada trienio uno ó 
varios premios honoríficos á las mejores memorias originales que se 
hayan publicado en los Anales durante el mismo, previo informe, en 
cada caso, de una comisión ad hoc nombrada por ella. El iDremio será 
entregado en acto iiúblico. 



TITULO XI 

J)e los concursos 

Art. 39. — La Junta directiva establecerá concursos anuales, pro- 
poniendo los temas que estime convenientes, y acordará en cada caso 
los premios que correspondan, de acuerdo con el reglamento es- 
pecial. 

TÍTULO XII 

I)e las conferencias 

Art. 4Ü.: — La Sociedad facilitará su local para la celebración de 
conferencias, con sujeción á las siguientes cláusulas : 



134 ANAI.ES 1)K LA SOCIKDAÜ CIENTÍFICA ARGENTINA 

a) Las personas <iii<' (leseen (hii' conferencias, sean socios ó no, 
deberán indicar el título de las mismas al solicitar de la Junta direc- 
tiva la concesión del local y ñjación del día; 

l>) \a\ Junta directiva resolverá en todos los casos, sin ajielación, 
la admisión de las conferencias ; 

c) No se admitirá (íonferencias de carácter sectario, i)olítico ó reli- 
ji'ioso: 

d) En caso que un conferenciante faltare subrepticiamente á lo 
indicado en el inciso anterior, el presidente de la Sociedad podi-á 
suspender la conferencia ; 

e) Los originales de las conferencias quedarán en la Sociedad, la 
que podrá publicarlas en sus Anale.s. El conferencista tendrá dere- 
cho, en tal caso, á la tirada ajearte á que se refiere el artículo 36 

tít. x;. 

TÍTULO XIII 

De las memorias 

Art. 41. — Las memorias de carácter científico que sean presenta- 
das á la consideración de la Sociedad por personas extrañas á ella, 
serán hechas estudiar previamente por la Junta directiva, la que 
decidirá sobre la oportunidad ó conveniencia de su lectura en 
asamblea. 



TÍTULO XIV 

Disposiciones generales 

Art. 42. — La cuota mensnal que deben abonar los socios activos, 
á que se refiere el inciso e, artículo 1°, título I, es por ahora de cuatro 
pesos de curso legal y podrá ser modificada directamente por la Jun- 
ta directiva. Los socios adherentes abonarán una cuota mensual igual 
á la mitad de la de los activos. 

Art. 43. — Las reformas que conviniere más tarde introducir en 
estos estatutos, sólo podrán verificarse con la anuencia de una asam- 
blea previa, esijecial, citada con este objeto, mediante una solicitud 
hecha á la Junta directiva por un mínimum de veinte socios. La 



BASES Y REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 135 

asamblea sólo podrá tener lugar de acuerdo con lo establecido en el 
título II. 

Art. 44. — Las resoluciones de las asambleas podrán ser reconsi- 
deradas á jietición escrita de veinte socios, y tratadas como orden 
del día en la asamblea siguiente. 



DISPOSICIONES TEANSITORIAS 

Estos estatutos regirán desde el día en que hayan sido aprobados 
por la autoridad nacional competente. 

Los estudiantes que actualmente son socios activos, abonando 
dos pesos mensuales, quedarán en dicho carácter y con la misma cuo- 
ta hasta que terminen ó abandonen sus estudios. 



bibliografía 



LIBROS 

Tratado de trigonometría elemental, de acuerdo con el programa de la ma- 
teria en la Facultad de ciencias exactas, físicas i naturales, por Juan Manuel 
Garzón, alférez de navio. Un volumen de 260 pajinas en 8° mayor, con 53 figu- 
ras intercaladas en el testo. Casa editora Juan A. ALsina. Buenos Aires, 1912. 

No faltan, por cierto, obras de trigonometría, nacionales o estranjeras, algu- 
nas de ijositivo mérito por el plan i ¡jor su desarrollo, pero, en jeneral, o son 
muí elementales o alcanzan proporciones que las inutilizan como trabajos didác- 
ticos, dando aquéllas apenas un conocimiento somero, i éstas pasando á la cate- 
goría de obras de consulta sobre esta disciplina matemática tan importante, 
especialmente para los que profesionalmente deberán aplicarlas en operaciones 
geodésicas, o simplemente topográficas, como injenieros o agrimensores, o a 
observaciones de astronomía náutica, como marinos. 

En jeneral, los autores de libros de matemáticas son profesores i no profesio- 
nales. Resulta que al ejemplarizar para aplicar las fórmulas que han deducido 
del análisis, lo hacen en su mayor parte desconociendo la utilidad de que los 
ejemplos sean precisamente casos que la práctica presenta a los profesionales. 
Me parece obvio entrar a demostrar cuánta ventaja reportará al mariuo, .al topó- 
grafo, al injeniero, hallar la realidad de los hechos, prevista en los testos de 
enseñanza especial. 

Concretándonos al trabajo publicado por el alférez de navio señor Garzón, nos 
place poder establecer que presenta no pocas ventajas para los estudiantes, las 
(jue le harán aceptar con interés por los mismos. El jilan de la obra es el pro- 
grama de las escuelas profesionales, lo que evita al alumno pérdidas de tiempo 
i dolores de cabeza, que causa siempre la consulta de varias obras de autores 
diversos, que si bien todos, en síntesis, dicen lo mismo, no lo dicen en la misma 
forma, ni con igual claridad, siendo los unos demasiados concisos i confusos, 
otros diluidos i causadores, concretándose algunos al quot erat demostrandum sin 
aplicación alguna, etc., etc. 

El señor alférez Garzón presenta, pues, al estudiante, con la amplitud necesa- 



BIBLIOGRAFÍA 137 

ria, metódicamente, i en estilo claro i conciso a la vez, cuanto ha menester para 
rendir examen de la materia en nuestra facultad de ciencias exactas. 

A la bondad técnica de la obra, debo agregar su impresión tipográfica clarísi- 
ma i tan correcta, que en materia tan fácil de errar, la fe de erratas sólo presenta 
siete correcciones. Mui buena idea la de estampar en letra más llamativa, la ne- 
grita, las fórmulas deducidas del análisis, porque ello constituye un verdadero 
auxiliar mnemónico, contribuyendo a grabar más fácilmente en la memoria las 
fórmulas que debemos aplicar segiíu los casos. 

Damos a continuación el índice sumario de los capítulos de la obra. 

Previas las indispensables definiciones, el autor entra en la Primera parte de 
su trabajo, que abarca la teoría de las líneas trigonométricas, subdividida así : 
Preliminares. Definiciones. Signos i valores de las líneas. Arcos que correspon- 
den a una misma línea. Relaciones entre las líneas de un arco. Relaciones entre 
las de ciertos arcos. Suma, multiplicación i división de los arcos. Trasformacio- 
nes logarítmicas. Valores de las líneas trigonométricas de algunos arcos. Tablas 
logarítmicas. 

En la Segunda parte el alférez Garzón aborda las aplicaciones jeométricas, es 
decir, entra en las trigometrías rectilínea i esférica desarrollando los sigviientes 
capítulos : Propiedades de los triángulos rectilíneos. Resolución de los triángulos 
rectángulos i oblicuángulos. Casos particulares. Aplicaciones sobre el terreno. 
Problemas diversos. 

Por lo que a la trigonometría esférica atañe, trata análogamente de las propie- 
dades de los triángulos ; analiza las espresiones calculables por logaritmo ; estu- 
dia los modos de resolver los triángulos rectángulos i oblicuángulos ; halla la 
espresión del esceso esférico, i termina solucionando diversos problemas relati- 
vos a los lados, área, de los triángulos esféricos, eic. 

Creemos que la útil tarea que se ha impuesto el autor, será debidamente com- 
pensada por la voluntaria adopción de su obra por los estudiantes interesados, 
sin necesidad de que nosotros la recomendemos. 

S. E. Barabixo. 



Lecciones de termodinámica con aplicación á los fenómenos químicos, 
por José María Plans y Freyre, 96 pág. — Zaragoza, 1913. 

Conferencias de ampliación dadas en la Facultad de ciencias de Zaragoza es- 
pecialmente para los químicos. 

Esta feliz iniciativa del profesor Plans y Freyre, tiene por objeto difundir los 
conocimientos termodinámicos, base fundamental de la química moderna (de la 
química racional, podemos decir), que junto con los déla mecánica, han elevado 
á esta ciencia, del empirismo al rango de una verdadera ciencia con principios 
cada vez más generales. 

Para conseguir su objeto, el autor entra á menudo en los detalles del cálculo, 
acompañándolo de numerosas representaciones gráficas, á fin de facilitar su lec- 
tura aun á las personas poco versadas en matemáticas. 

Después de una exposición sumaria relativa á las representaciones gráficas de 
las transfornuiciones isotérmicas y adiabáticas, ciclos, ecuaciones térmicas y tra- 
bajo, aborda el principio de la equivalencia, desarrollando con claridad y preci- 



138 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sióii las distintas expresiones analíticas de este importante principio, que sirve de 
base para dar una definición rifíni'osa de la función 11 ó enerf/ía ¡nterna, y termina 
esta segunda lección con las aplicaciontss al estudio de las reacciones á volumen 
constante y á presión constante. 

En la tercera y cuai'ta lecciones se lialla tratado el segundo principio y con 
especial detenimiento, el ciclo de Carnot y la difícil noción de entropía con sus 
diagramas correspondientes. Merecen especial mención los desarrollos relativos 
á la energía libre ó utilizahle, al concepto termodiniímico de la afinidad y á la 
interpretación del iirincipio del trabajo máximo, donde desarrolla las ideas de 
Berthelot, Le Cliatelier, Dulieni y los conceptos deducidos del teorema de Nernst. 
Este último teorema íntimamente ligado á la teoría de los quanta de Planck, per- 
mite, como sabemos, dar una idea del valor absoluto de la entropía y una nunlida 
de la afinidad basada únicamente en los datos térmicos. 

El autor ha puesto una dedicación particular (lección 6^) en la demostración de 
la ecuación de Guldberg y Waage, base fundamental de la teoría de los equilibrios 
químicos y de la fórmula que expresa la ley del desplazamiento del equilibrio con 
la temperatura. A ambas demostraciones va unido el cálculo de la pérdida de ener- 
gía Vibre en una reacción química que permite h.a\\av \sl cantidad máxima de trabajo 
producida por el sistema. 

Con igual claridad y detenimiento se ocupa de la demostración termodinámica 
de la regla de las fases con sus aplicaciones al estudio de los sistemas mono y 
plurivariantes (lección 7^) y esiiecialmente á la determinación del punto triple 
en el equilibrio de un sistema formado por tres fases y un constituyente inde- 
pendiente (lección 8^). Muestra también cómo se puede llegar, partiendo de los 
conceptos introducidos en la demostración de aquella regla, á la fórmula de 
Clapeyron. que aplica á los casos de la fusión y evaporación. 

En resumen, dada la calidad de los tema tratados y la claridad y método con 
que ellos son expuestos por el autor, esta obra viene á llenar una necesidad sen- 
tida y no podemos menos que recomendarla con satisfacción, á los estudiantes de 
físico-química y á todas aquellas personas, que teniendo conocimientos generales 
de termodinámica, desean abordar los problemas fundamentales que aquella im- 
portante ciencia j)ersigue. Deseamos, además, que esta iniciativa del autor, digna 
de elogio, tenga eco en todos aquellos centros, donde la enseñanza de la química 
racional constituye una de sus principales preocupaciones. 

H. Damiangvich. 



Cours d'électroteclinique genérale et appliquée, par R. Swingedauw, 
con la colaboración de F. Negre y P. Beauvais. Électrotechnique genérale, 
tome 1^'', La dynamo d courant continu. 

La obra de conjunto cuyo primer tomo recién apareció, es el curso que el autor 
desarrolló en el Instituto electrotécnico de Lille (Francia). No es meramente una 
recopilación bien ordenada de las ideas modernas sobre el tema, sino que, sa- 
liendo del molde coraiin, merece un sitio especial entre los libros escritos para los 
estudiantes universitarios, tanto por la exposición didáctica sobria y concisa, 
como por el interés de varias teorías, resultado de la labor propia del profesor 
Swyngedauw. 



BIBLIOGRAFÍA 139 

El primer tomo de la obra abarca lo relativo á la díuaino de corrieute con- 
tinua en su faz teórica, debiendo el cálculo, la construcci»)U y los ensayos de 
dichas dínamos ser el objeto de un tomo del curso de electrotécnica aplicada, 
todavía no publicado. 

Después de una introducción destinada á aclarar los fundamentos de las teorías 
electromagnéticas, el autor estudia los devanados en una forma lógica y clara, 
basada en los principios de Thompson y de Arnold, pero simplificando los 
conceptos y llegando en una forma sencilla á la teoría general de los devanados 
cerrados. Señalaremos, especialmente, el interesante capítulo sobre el cálculo de 
las amperevueltas necesarias para magnetizar la dentadura. 

Sigue el estudio de los varios métodos de excitación con esquemas claros. 
El desarrollo del tema de las características, uno de los puntos de mayor impor- 
tancia en la teoría de la dínamo, según nuestro criterio, se halla tratado en una 
forma atrayente ; llamaremos especial atención sobre el estudio del autor del 
período variable de la autoexcitación (variación de la f. e. m. y duración del 
fenómeno) cuyas conclusiones teóricas son susceptibles de una verificación prác- 
tica bastante precisa. 

Los inducidos dentados dan lugar á un capítulo en que se estudia por medio 
de las características y de los efectos de las corrientes de Foucault la mejor 
forma para los dientes (forma media abierta). 

Se estudian luego las varias reacciones de la corriente (reacciones longitudinal 
y transversal del inducido) para llegar al problema moderno importantísimo de 
la conmutación con vistas personales y desarrollo de los varios remedios prác- 
ticos (arrollamiento Sayers, polos auxiliares). 

Después de haber pasado en revista algunas máquinas especiales : nurvolteuru 
y survolteurs-dévolteurs, el autor examina en la misma forma rigurosa los motores 
eléctricos y luego la potencia y el rendimiento de las dínamos. 

El último capítulo [trata en forma breve de la trasmisión de la energía en 
corriente continua. 

En resumen, es un libro de estudio de valor para los que desean conocer bien 
el estado actual de la teoría de las dínamos de corriente continua. 

H. M. Levylier. 



REVISTAS 

Adsorción, significado del valor x en la fórmula de repartición y las 
causas de la sorción, por G. V. Georüievics, Bull. Soc. Ch., 4^ serie, XIII, 
XIV, 16, 17, 10.Ó8. 1913. 

La fórmula - — !^ [(rojiuesta por Boedecker para representar el fenómeno de 

adsorción en la tierra arable, ha sido aplicada por Georgievics en la adsorción 
de ácidos por lana. Ha encontrado que el valor de x es grande para los ácidos 
fuertes y para los débiles es pequeño. Comparando esta fórmula con la de Henry, 
se puede observar la analogía existente entre ellas cuando ¿r = 1. Por consi- 
guiente, en el caso de los ácidos débiles, en los cuales x es pequeño, el feuó- 



140 ANALKS DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

meno se acerca á una disoluciÓH, es decir, (|nf el ácido se reparte uniforme- 
mente al estado de solución sólida ; inicutras (|U(' «-oii los ácidos fuertes tiene 
lugar la adsorción. 

lia podido constatar que jiara un mismo gruixi d(^ ácidos la adsorción es tanto 
mayor cnanto más pequeño es su frotamiento interno. 

Naturaleza y causas de la sorción en las soluciones acuosas, por G. V. 
Geokgievics, Bull. Sov. Ch.. 4=^ serie, XIII, XIV, 16, 17, 10.58. 1913. 

Hace notar la diferencia existente entre la sorción y la adsorGión, considera la 
primera como una suma de la adsorción y de la disolución. Parece que la sor- 
ción y la atlsorción dependen únicamente de la fuerza de los ácidos (adsorción 
por la lana), ]»ero considerándolas separadamente se presentan nuevas contra- 
dicciones. 

Admitiendo que la adsorción es un simple fenómeno de adhesión superficial, 
no es suficiente para explicar estas clases de fenómenos, es necesario hacer in- 
tervenir las fuerzas moleculares internas del adsorbente que pueden originar en 
muchos casos verdaderas reacciones qiiímicas. 

O. F. Y. NICOLA. 



Estudio de la adsorción. Sulución, adsorción, combinación química, 
adhesión, por G. V. Georgievics, Ball. Sov. Ch., 4-^ serie, XIII, XIV, 16, 
17. 10.O8-1913. Mon. f. Ch., tomo 34, pág. 751-759 ; 5, 1913. 

Calores específicos y de fusión de los metales alcalinos, por M. E. Ren- 
GADE, BhU. Soc. Ch., XIII, XIV, n" 15, 739, 40. 1913. 

De las determinaciones efectuadas entre 15° y 100°, ha deducido las siguientes 
conclusiones : 

1° El calor atómico á 0° crece regularmente con el peso atómico ; 

2" El calor atómico de fusión decrece y relacionándolo con la temperatura 
absoluta de fusión se obtiene un cociente casi constante, con una valuación de 
un 20 por ciento ; 

3° El coeficiente de temperatura del calor específico al estado sólido crece con 
el peso atómico, mientras que al estado líquido decrece y en el caso del rubídio 
y del cesío es negativo. 

O. F. F. NicOLA. 

Das Pflanzenreicli, por A. Exgler. (Regni vegetabílis conspectus). Araceae, 
Philodendroideae, Philodendreae. K. Krause, Philodendrinae. 60 Heft (IV, 23 
D h), 23 de septiembre de 1913. Eá. : W. Engelraanu, Leipzig und Berlín. 

Acaba de aparecer esta monografía corresiiondiente á la familia de las Araceas. 
Comprende el grupo de las Philodendrinae, dos géneros : Philodendron Schott, 
y Philonotion Schott. 

El primero consta en la actualidad de 222 especies con vasta distribución geo- 
gráfica. 



BIBLIOGRAFÍA 141 

El segundo comprende una sola especie : rhilonotion Spruceanum Schott ; en 
el Brasil, provincia del Alto Amazonas. 

Claves de determinación y 45 figuras completan la monografía. 

Anota además un género dudoso : Thaumafophylltim Schott, con una especie: 
T. Spruceanitm Schott, imi)erfectamente conocida j muy atin al Philodendrou, 
según el autor. 

Augusto C. Scala. 



Sulla presenza della Formaldeide nei succhi delle piante vsrdi, por 
F. Angélico é G. Catalaxo, en BoUetino del B. orto botánico é (jiarüino colo- 
nialc di Pahrmo. Año XI, fascículos 1, 2, 3, enero-septiembre 1912. Ed. : 
E. Priulla, 1913, páginas 75 á 80. 

Por la importancia é interés que el tema reviste, creo muy oportuno dar de él 
una noticia detallada, ya que el asunto pudiera ser tratado entre nosotros para 
comprobar sus datos, sin que esto signifique poner en duda la seriedad de los 
investigadores y las conclusiones. Dicen : « Es sabido que la actividad específica 
de los protoplasmas en cada especie vegetal conduce á la formación de niímero 
extraordinario de substancias orgánicas, de las cuales muchas desconocidas ó 
imperfectamente por la química. 

A pesar de esto, la actividad del vegetal determinando la síntesis de las subs- 
tancias ternarias, se verifica de modo idéntico en todas las plantas provistas de 
clorofila y expuestas á la luz, así el almidón, primero, entre los producidos por 
tal síntesis. 

En el tejido verde el agua y el anhídrido carbónico se combinan para dar ese 
primer producto. 

La hipótesis de Bayer dice, teóricamente, que en presencia del agua el anhi- 
<lrido carbónico da origen á aldehido fórmico : 



CO^ -1- H^O = COH^ -f O, 



el cual por polimerización se convierte en almidón. 

A pesar de la sencillez de la seductora reacción, tal hipótesis no había podido 
adquirir el valor de un hecho demostrado, por la gran dificultad de poderlo com- 
])robar directamente en los zumos vegetales. 

Las investigaciones realizadas hasta lioy examinan el problema Ijajo diferentes 
puntos de vista : a) producción de almidón en una solución formaldehídica ; 
b) formación de aldehido fórmico en una solución acuosa de anhídrido carbó- 
nico, y c) investigaciones directas sobre zumos vegetales para caracterizar y 
revelar la presencia de aldehido fórmico. 

Butlerow logró transformar el aldehido fórjuico en hidrato de carbono, ha- 
ciendo actuar sobre él agua de cal. 

Loeb, haciendo pasar una corriente eléctrica por una solución de anhídrido 
carbónico, ol)tuvo la formación de aldehido fórmico y agua oxigenada. A pesar 
-de estas experiencias, muy demostrativas, faltaban las destinadas á revelar di- 
rectamente la iiresencia del aldehido en el acto de su formación, experiencias 



142 ANALES DE I. A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(liic ciiiin-t'nilieroii PoUacci, Usher y Griestley con resultados dudosos, sesúu lo 
atiriiiarüi) Planclici' y Kavenna, ropiticiido los cxiicriiiifutoK del (|iiíinico ita- 
liano. 

Cnrtius y Frauztii, continuando investigaciones anteriores y operando sobre 
1500 kilogramos de hojas de Carpinun, sin preocuparse de las reacciones colo- 
readas, pues testas pueden ser comunes á otras substancias, las destinan á vapor 
de agua y siguiendo luego iin jiroceso de purificación con agua de barita para 
fijar los ácidos volátiles, oxidan el nuevo destilado con óxido de plata y llegan 
á obtener ácido fórmico, que dosan en la proporción de 0,0008613 gramos por 
kilogramos. 

Dicen los autores que si bien es cierto que tales experiencias son muy intere- 
santes, la aplicación de un reactivo sensibilísimo y específico para el aldehido 
fórmico del zumo de las hojas, debía revestir una importancia máxima para la 
resolución del problema. Tal reactivo es un glucósido extraído de la Atractilis 
Hummifera : la atractilina, cuya sensibilidad es tal, que puede revelar la presencia 
<lel aldehido fórmico en una solución que contenga tres gotas de una solución 
de formaldehido (40 "o) en un litro de agua. 

Operan en la siguiente forma : 

Á pequeña cantidad de atractilina se agregan dos ó tres gotas de ácido sul- 
fúrico concentrado, en los puntos de contacto el glucósido, que es blanco, toma 
coloración amarilla. Ahora bien, si se hace llegar á tal mezcla una gota de la 
solución forniol indicada más arriba, también en los puntos de contacto y á los 
pocos segundos se obtiene una coloración violeta con reflejos azulados, más ó 
menos intenso, según la cantidad de aldehido. 

La reacción es específica, jjues con las numerosas substancias tratadas fueron 
negativas. 

Las experiencias y observaciones, cuidadosamente hechas, son tan numerosas, 
que permiten á los autores fornuilar esta conclusión : « En los zumos foliares de 
las plantas verdes existe el aldehido fórmico, y sij existencia se debe, no á fenóme- 
nos secundarios, sino á los realmente ligados con los de la función clorofílica, 
en el sentido admitido en la hipótesis de Bayer. » 

Las observaciones sobre zumos y destilados provenientes de plantas mante- 
nidas por 24 ó más horas en la obscuridad y las de los zumos de hongos, fueron 
siempre negativas respecto al aldehido fórmico . 

Agregan una lista de las plantas ensayadas : 

a) Plantas expuestas normalmente á la luz y cuyo zumo foliar dio resultado 
positivo á las dieciseis horas, entre otras : Lupimis albus, Helianthus annuus, 
Mirahilis Jalapa, Zea maijs, Tropívolnm majiis, Akehia quinata. 

b) Plantas mantenidas por veinticuatro horas en la obscuridad y cuyos zumos 
foliares y destilados dieron reacción negativa, entre otras : Lupinns albus. Mira- 
bilis Jalapa, Lavatera (Jibia. 

c) Parásitos examinados en los zumos y destilados, con reacción siempre ne- 
gativa : Psalliota campestris, Coprinus s}). 

Tal es en resumen el interesante estudio, cuya resolución definitiva ha em- 
prendido la moderna fitobioquímica. 

Augusto C. Scala. 



BIBLIOGRAFÍA 143 

Contribution á l'étude des composées, par Gustave Beaüverd, Extrait dn 

Halletin de la tiociété hotaniquc de Geneve, deuxiéme serie, vol. V, 1913. 

Estudia el autor en el interesante folleto dos nuevos géneros de compxiestas 
de nuestras regiones : el primero StucMertella, dedicado á nuestro conocido bo- 
tánico señor Teodoro Htuckert, por ser como dice Beaüverd : florw argcntinaí sa- 
aclssimo expJoratori. 

Es género intermediario entre Gaviochuta Lcontopodimn, contando con dos es- 
pecies : tStuckertiella capitata (Weddell) Beaüverd, nom. nov. ; ( = Gamochwta 
capitta Weddell) que habita en el Perú, Bolivia y en la República Argentina, en 
el nevado del Castillo, entre las provincias de Tucumán y de Salta; y Cerro del 
Campo, departamento Burruyaca (provincia de Tucumán, la segunda especie es 
es Stuckertiella peregrina Beaüverd, sp. nov., con dos variedades : a fuaca y /? 
albida. Habitan en Córdoba principalmente. Nuestras felicitaciones al botánico 
amigo por el honor recibido. 

El segundo género : Berroa, dedicado á otro botánico sudamericano, el señor 
don Mariano B. Berro del Uruguay, también conocido nuestro, por ser de : ñora' 
uruguayensis studioso exploratori. Cuenta el género con una sola especie : Berroa 
gnaphalioidcs (Less) Beaüverd nom. nov. ( =: Lucilia gnaplialioides Lessing) con 
dos variedades k tijpica y ,9, argéntea (Brasil, Uruguay, República Argentina). 

Estudia en el párrafo III el género FaceUs Cassini (emend. Beaüverd) en el 
cual deja perfectamente deftnidas las características de cuatro especies con va- 
riedades y formas, todas sudamericanas. 

Augusto C. Scala. 



Beitrage zur kenntniss der flora arg-entiniens, por Teodoro Stuckert, 
iu Verbindung mit Tachgelehrten und nacli Durchsichet der in verschiedenen 
botanischen Museen sowie im Herbar Stuckert sich befinden Belege unter Be- 
uützung der einschliigigen Literatur. I. fíie Ni/ctaginacen argentinietis von T. 
Stuckert und A. Heimerl (20 octubre 1913) (Extr. del Annuarie du Conserva- 
toire et du Jardin hotanique de Genere, vol. XVII, páginas 219-234). 

Inicia nuestro conocido botánico Stuckert, el estudio de las familias de fane- 
rógamas de nuestra flora y nos promete proseguirlo. Es de desear que así ocurra, 
tanta es la necesidad de una obra de conjunto solare nuestros vegetales ! 

Comienza la serie por la familia de las Nictagináceas, que resulta represen- 
tada aquí por 7 géneros, 21 especies, 8 variedades y 6 formas, distribuidas en 
los primeros que son ; Mirabilis, Boerhaavia, AUionia. BougainviUea. Colignonia, 
Pisoniella y Pisonia. 

Esperamos para muy pronto nuevas y valiosas contribuciones conu) la pre- 
sente. 

Augusto C. Scala. 



Novitates Argentinae por E. Hassler, En Fedde Kepe^-forium XX (1913), pá- 
ginas 201-212. 

En este primer folleto describe el autor una nueva especie de Leguminosa 



144 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cesalpinioidea, la sal2>inia Stuckert Hassler, nov «ixíc, y la variedad robusta de 
la misma especie. 

Fue hallada por Stucker en las selvas vírgenes próximas á Cañada Alegre, de- 
l>art¡uii('nt() IJurnyiUÚ, Tucnniiín y es conocida allí con el nombre vulgar de 
Hitayciiní. 

La variedad proviene de lo.s mismoís lugares y se diferencia de la especie por 
fructificar en diciembre, en lugar de hacerlo en enero como aquella. 

Augusto C. Scala. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. Juan J. J. Kyle 
Ing. J. Mendizábal Taraborrel. — Dr. Estanislao S. Zeballos. 

Ing. Guillermo Marconi 



— Enrique Ferri 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar, Kafael Méjico. 

Arteaga, Rodolfo de Montevideo. 

Alfonso Paulino Sgo. de Chile. 

Ballvé, Horacio I. de Año N. 

Bodenbender, Guillermo... Córdoba. 

Bolívar, Ignacio Madrid. 

Bertoni, Moisés P. Bertoni (P.). 

Bailey, Willis Washington. 

Bruce, William Edimburgo. 

Carvalho, José Carlos Río Janeiro. 

Gorti, José S Mendoza. 

Gorthell, Elmer Nev\^ York. 

Delage, Yves París. 

Fuenzalida, José del C Sgo. de Chile. 

Fontana, Luis Jorge San Juan. 

Guignard, León París. 

Guimaráes, Rodolfo Amadora (P.) . 

Gez, J. W Corrientes. 

Gjertsen Hjalmar Fredrik . . Noruega. 

Kinart, Fernando Amberes. 

Lafone Quevedo, Samuel A . La Plata. 

Lillo, Miguel Tucumán. 

Luiggi, Luis Roma. 

Lugo, Américo Santo Domingo 

Lorin, Henri Bórdeos. 

Larrabure y ünánue Eugenio Lima. 

Morandi, Luis Villa Colón (U). 

Moore, Clarence Filadeifía. 

Moretti, Cayetano Milán. 



Martinenche, Ernesto París. 

Moore, John B Nueva York. 

Montané, Luis Habana. 

Medina, José Toribio Sgo. de Chile. 

Montessus de Ballore Sgo. de Chile. 

Nordenskjiold, Otto Gothem burgo. 

Nilsen Fhowal Noruega. 

Paterno, Manuel Palermo (It.). 

Patrón, Pablo Lima. 

Porter, Carlos E Valparaíso. 

Pena, Carlos M. de Montevideo. 

Poirier, Eduardo Sgo. de Chile. 

Pérez Verdia, Luis Méjico. 

Prestrud Christian Noruega. 

Reid, Walter F Londres. 

Risso Patrón, Luis Sgo. de Chile. 

Reiche, Carlos Sgo. de Chile. 

Scalabrini, Pedro Corrientes. 

Sklodonska, Curie París. 

Spegazzini, Carlos La Plata . 

Shepherd, Williams R Coluro. Univer. 

Nueva York. 

Tobar, Carlos R Quito. 

Torres Quevedo, Leonardo.. Madrid. 

Uhle. Max Lima. 

Villareal, Federico Lima. 

Von Ihering, Hermán San Paulo (B) 

Volterra, Vito Roma. 



SOCIOS ACTIVOS 



Acevedo Ramos, R. de. 
Adamoli, Pedro A. 
Adamoli, Santos S. 
Adano, Manuel. 
Aguirre, Eduardo. 
Aguirre, Pedro. 
Alberdi, Francisco. 
Alberti León. 
Albert, Francisco. 
Aldunate, Julio C. 
Almanza, Felipe G. 
Alvarez, Fernando. 
Alvarez, Agustín. 
Alvarez Raúl. 
Alvarez, Agustín J. 
Alzaga, Federico. 
Amadeo, Tomás. 



Amoretti, Alejandro. 
Anasagasti. Horacio. 
Ambrosetti, Juan B. 
Anello, Antonio. 
Añon Suarez, Vicente. 
Angelis, Virgilio de. 
Angli, Gerónimo. 
Aranguren, Juan F. 
Aráoz,Alfaro Gregorio. 
Arata, Pedro N. 
Araya, Agustín. 
Arigós, Máximo. 
Arce, Manuel J. 
Arcansol, Adolfo. 
Arce, Santiago. 
Arditi, Horacio. 
Arroyo, Franklin. 



Atarez, Guillermo. 
Aubone, Carlos. 
Avila, Alberto. 
Ayeiza, Rómulo. 
Aztiria, Ignacio. 
Aztiz, Julio M. 
Babacci, Juan. 
Bado, Atilio A 
Bade, Fritz. 
Bachmann, Alois. 
Ballester, Rodolfo E. 
Baldi, Jacinto. 
Barabino, Santiago E. 
Barbieri, Antonio. 
Barilari, Mariano S. 
Barzi, Federico P. 
Battilana, Perdo. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuacián) 



Baudrix, Manuel C. 
Baziín, Pedro. 
Bernaola, Víctor J. 
Bell, Carlos H. 
Bergara, Ulises. 
Besio Moreno, Nicolás. 
Besio Moreno, Baltasar. 
Bialet Lapriila, Amado. 
Bianchedi, Rómulo. 
Biraben, Federico. 
Boatti, Ernesto C. 
Boeri, Juan A. 
Bolognini, Héctor. 
Bordenave, Pablo E. 
Bosch, Benito S. 
Bosch, Elíseo P. 
Bosch, Jorge E. 
Bosisio, Anecto. 
Bonanni, Cayetano. 
Bonneu Ibero, León M. 
Bonarelii. Guido. 
Bosque y Reyes, F. 
Botto, Armando P. 
Brané, Eugenio. 
Breyer Trant, Adolfo. 
Breyer Trant, Alberto. 
Brian, Santiago. 
Briano, Juan. A. 
Brindan!, Medardo. 
Bruch, Carlos. 
Broggi, Hugo. 
Buadá y Morant, Antonio. 
Bunge, Carlos. 
Buschiazzo, Juan A 
Bustamante, José L. 
Butty, Enrique. 
Calvo, Edelmiro. 
Cáceres, Dionisio. 
Cagnoni, Juan M. 
Camaña, Raquel. 
Camus, Nicolás. 
Canale, Umberto. 
Canónica, Mauricio. 
Cano, Roberto. 
Cantón, Lorenzo. 
Carabelli, Juan José. 
Carniglia, José. 
Carranza, Marcelo. 
Cardoso, Ramón. 
Carbonell, José. 
Carossino, Jacinto T. 
Carballo, Raúl. 
Carboneschi, Garlos C. 
Cartavio, Ángel R. 
Castellanos, Carlos T. 
Castro, Vicente. 
Carette, Eduardo. 
Castro, Eduardo B. 



Claypóle, Jorge. 
Cerri, César. 
Cerdeña, Fernando. 
Cillcy, Luis P. 
Cynalewski, E. S. 
Civit, Julio Nilo.' 
Chanourdie, Enrique. 
Chniijroír, Nicolás de. 
Chaudet, Augusto. 
Cliiappe, Leopoldo J. 
Chueca, Tomás A. 
Clara, Ángel. 
Clérice. Eduardo E. 
Cobos, Francisco. 
Cock, Guillermo. 
Collet, Carlos. 
Collo, José. 
Comin, José. 
Contin, Diego T. R. 
Comple, Riqué Julio. 
Correa Morales, Elina G. A. de. 
Cornejo, Nolasco F. 
Cornejo, Abel F. 
Corvalán, Manuel S. 
Coronel, Policarpo. 
Corti, Emilio A. 
Coutaret, Emilio B. 
Courtois, U. 
Cremona, Andrés. 
Creraona, Víctor. 
Crinin, Demetrio. 
Cuorao, Miguel. 
Gurutchet, Pedro. 
Damianovich, Horacio. 
Darquier, Juan A. 
Dassen, Claro C. 
Dates, Germán. 
Debenedetti, José. 
Debenedetli, Salvador. 
Dellepiane, Luis J. 
Deletang, Luis. 
Demarchi, Torcuato T. A. 
Demarchi, Marco. 
Demarchi. Alfredo (hijo). 
Delgado, Fausto. 
Delgado, Agustín. 
Díaz Arana, Juan J. 
Delviniotti, Juan. 
Doello Jurado, Martín. 
Dobranich, Jorge W. 
Domínguez, Juan A. 
Dorado, Enrique. 
Douce, Raimundo. 
Dolder, Julio. 
Doyle, Juan. 
Duhau, Luis. 
Dubois, Alfredo F. 
Ducros, Pablo. 



Duncán, Carlos D. 
Durrieu, Mauricio. 
Duran, José C. 
Durañona, Ricardo. 
Edo, Juan Manuel. 
Eguia, Máximo. 
Eppens, Gustavo. ' 

Elordi, Juan J. 
Escudero, W. E. 
Escobar, Justo V. 
Esteban, Francisco. 
Esteves, Luis P. 
Etcheverry, Ángel. 
Faverio, Fernando. 
Fernández, Alberto J. 
Fernández Díaz, A. 
Fernández, Poblet A. 
Fernández, Daniel. 
Fernández Basualdo, Gerardo. 
Ferreyra, Miguel. 
Ferrari, Ricardo. 
Flores. Emilio M. 
Flores, Agustina J. 
Fornati, Vicente. 
Frank, Paul. 
French, Alfredo. 
Friedel, Alfredo. 
Fumagalli, Arnaldo. 
Frumento, Antonio R. 
Gainza, Alberto de. 
Gaitero, Alfredo. 
Gallardo, Ángel. 
Gallardo, Carlos R. 
Gallego, Manuel. 
Gallino, Adolfo. 
Gándara, Federico W. 
Garbet, Adolfo. 
Garat, Justo V. 
García, Carlos A. 
García, Jesús M. 
Gatti, Julio J. 
Gentilini, Pascual. 
Gerardi, Donato. 
Geyer, Carlos, 
Ghigliazza, Sebastián. 
Giménez, Ángel M. 
Girado, Francisco J. 
Girado. Alejandro. 
Girondo, Juan. 
Girado; José I. 
Girondo, Rafael. 
Girondo, Oliverio. 
Godoy, Sebastian. 
GoDzáles, Arturo. 
González, Joaquín V. 
González, Juan B. 
González Lujan, Nicolás. 
González Litardo, Donato. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



Director : Doctor HORACIO DAMIANOVÍCH 



MARZO-ABRIL 1914. — ENTREGAS IIIIV. — TOMO LXXVII 



ÍNDICE 



Carlos Spegazzini, Sobre algunas parásitas fanerogámicas de ia República Argen- 
tina 145 

'Carlos Spegazzini, Substancias segregadas de las plantas de las regiones áridas 

de la República Argentina 151 

Carlos Spegazzini, Notas y apimtes sobre plantas venenosas para los ganados... 159 

•Camilo Meyer, Las derivadas segundas con respecto al tiempo en la cinética quí- 
mica y los falsos equilibrios químicos 165 

Carlos E. Porter, Sur quelques poissons comestibles du Chili et description 
d'une espéce nouvelle 185 

P. J. Delaván y B. H. Dawson, Elementos y efemérides del cometa F 1913 (De- 
laván) 211 

Memoria anual del presidente de la Sociedad Científica Argentina, correspondiente 
al XLIo período administrativo 213 

Bibliografía 232 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CON! HERMANOS 
684 — CALLE PEHÚ — 684 

1914 



JUNTA DIRECTIVA 

Presidente Ingeniero Santiago K. :Baral>ino 

Vicepresidente 1" Ingeniero Nicolás Besio aior-eno 

Vicepresidente 2" Doctor Francisco F*. Lavaiie 

Secretario de actas Ingeniero Enrique Bnti y 

Secretario de correspondencia.. Ingeniero Jorge AA^- ootoranicii 

Tesorero Doctor aiartiniano ]Li<;guizanión Ponda! 

Bibliotecario Doctor Tomás ,í. rtunii 

I Doctor Agustín Álvarez 

[ Señor Amado Bialet Laprida 

y Ingeniero Oronte A. "Valerga 

Vocales ' Ingeniero Juan A. Briano 

I Señor Juan IVielsen, ti. 
\ Doctor Juan B. González 
' Ingeniero Carlos "Wauters 
Gerente Señor Juan JBotto 



REDACTORES 

Ingeniero Emilio Rebuelto, doctor Guillermo Schaefer, ingeniero Arturo Griehen, inge- 
niero Eduardo Volpatti, doctor Teófilo Isnardi, doctor Alfredo Sordelli, teniente coro- 
nel Antonio A. Romero, doctor Eduardo L. Holmberg, doctor Raúl Wernicke, doctor 
Pedro T. Vignau, doctor Ernesto Longobardi, profesor Camilo Meyer, señor Augusto. 
Scala, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Augusto Ghaudet. 

Secretarios : Ingeniero Juan José Carabelli y doctor José Collo 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglamenta- 
rio. Por mayor número de ejemplares deberán entenderse con los editores señores Coni, 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección C^evallos» 
269, *^ 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis qxie sustenta en sus escritos^ 

La Dirección. 



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Número atrasado 2 . 00 

— para los socios 1.00 

LA SUBSCRIPCIÓN SE PAGA ADELANTADA 

El local soeial pi^rmaneee abierto de3á7ydc8á12 pasado meridian» 



CTANSCAL 
ÜAUDBN 



SOBI{E ALGUNAS PARÁSITAS FANEROGÁMICAS 

DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 

(MEMORIA PRESENTADA AL CONGRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL AxMERICANO) 

Por CARLOS SPEGAZZINI (1) 



En este cíipítiilo de botáuiea me liuiitaré á tratar las familias de 
las Bajiesiáceaü ^ Hidnoráceas y Balanoforáceas, dejando á un lado las 
Lorantáceas, Mizodendráceas, Orohancdceas^ Santaláceas^ Eufrásieas 
Cuscúteas etc., de las cuales me ocuparé en otra oportunidad. 

La familia de las Eaflesiáceas está representada por un solo género 
con una sola especie que es la Pilostyles Berterii GuilL, la cual vegeta 
sobre diferentes especies de Adesmia en toda la región andina desde 
la cuenca del Atuel hasta la puna de Jujuy, donde fué constatada 
por diferentes botánicos ; esta misma especie fué también hallada en 
la Sierra de la Ventana sobre una pequeíía Adesmia particular de la 
localidad. 

La PilostyJes Berterii es tan bien conocida y estudiada que no creo 
conveniente agregar mayores datos referentes á su biología y disper- 
sión geográfica en la Eepública Argentina. 

La familia de las Hidnoráceas ofrece dos ó tres representantes perte- 
necientes al mismo género Prosopanclie. La especie más antigua es la 
Prosopanche Burmeisteri DBy la cual se encuentra distribuida en la 
Pampa Central, San Luis, Mendoza, San Juan, Catamarca y Salta : 

(1) Á pedido del doctor C. Spegazzini, publicamos estos trabajos por él pre- 
sentados al Congreso del centeuenario en 1910. Atento el" retardo en la publica- 
ción de las memorias presentadas á ac^uel certamen, hallamos justa la solicitud 
del autor y las publicamos gustosos. — La Dirección. 

AK. .SOC. (MENT. ARñ. — T. LXXVII lU 



146 ANALliS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKGENTINA 

en una excursión que efectué en el afio 1900 eii el (lepartninento de 
Oran en la margen del río San Francisco y al pie de unos grandes Pa- 
cará (Enterolohlum timhonha) encontré abundantes restos de una plan- 
ta que con toda probabilidad pertenecía á esta especie ; en el mismo 
año hice igual hallazgo en el parque Eoca cerca de Tucumán, lo qne 
me hace su])on(n^ que el área de la Profiopanche Burnieüteri sea mucho 
más amplia de la que se conoce y que fácilmente se extiende á todo 
el Chaco y posiblemente hasta las primeras montañas. 

En lo referente á la otra especie de Prosopanche, la P. Bonacinai 
Speg., me fué indicada la primera vez en el año 1898, durante el cual 
efectué una jira á lo largo del río Negro ; los pocos ejem])lares que ob- 
tuve y que me sirvieron para la descripción de la especie, eran ya 
viejos y se hallaban desparramados sobre un banco de arena ; efec- 
tuando una excavación en dicho banco me encontré con un largo cor- 
dón delgado que terminaba en una especie de tubérculo y sospeché 
que íuera el cuerpo vegetativo de la Prosopanclie ; no he encontrado 
rastros de parasitismo y la única planta que vegetaba en el banco de 
arena era la Chuca (Baccharis salicifolia) conñrmando la aseveración 
del reverendo señor Bonacina. 

Este verano durante el mes de enero hice una exploración del río 
Blanco del Plata, afluente del río Mendoza, en la precordillera entre 
Cachenta y TJspallata ; entre los múltiples hallazgos interesantes 
efectuados, volví á encontrar en los bancos de dicho río la Prosopan- 
che Bonacinai en abundancia y al estado fresco ; efectuando excava- 
ciones especialmente á lo largo de las pequeñas barrancas donde era 
más fácil y se podían descubrir mejor las raíces, pude poner á 
la luz una enorme cantidad de cuerpos vegetativos, los que encon- 
tré siempre y constantemente adheridos sobre raíces de plantas per- 
tenecientes á las Sinanteráceas, es decir, sobre la Proustia ilicifolia, 
la BaccJiaris salicifolia y la Hyalis argéntea, faltando absolutamen- 
te todo parasitismo sobre leguinináceas Prosopis alpataco, Zueca- 
(jnia piinctata etc., ni sobre plantas de otras familias, á pesar de 
que se notaran muchas anastomosis entre las varias ramas del cuerpo 
vegetativo de la misma Prosopanche, convenciéndome entonces de 
qne la Prosopanche en cuestión es una especie bien característica y 
qne á diferencia de la primera especie típica descrijjta, qne vive ex- 
clusivamente parásita sobre las especies de Legumináceas, ésta es por 
el contrario exclusiva para las Corapositáceas. 

Habiendo recolectado un gran número de ejemplares frescos y en 
todos los estados de evolución y poco tiempo después, en el mes de 



SOBRE ALGUNAS PARÁSITAS FANEROGÁMICAS 147 

Febrero liabieudo también encontrado nna enorme cantidad de Froso- 
panclie Burmeisteri en todos los estados de crecimiento entre las rai- 
ces de los Algarrobos, que se crían en la punta del Médano Colorado 
á orillas del río Bermejo en el lugar llamado Paso de los Púntanos al 
sudeste de la provincia de San Juan, pude efectuar un estudio com- 
parativo y prolijo de los dos vegetales para descifrarlas diferencias 
morfológicas entre las dos especies que Solms-Laubacb en su Mono- 
grafía de la familia de las Hidnoráceas declaraba insuficientes. 
Los caracteres diferenciales más salientes son los siguientes : 
1" Estatura de la P. Burmeisteri tres ó cuatro veces mayor de la 
P. Bonacinai ; 

2° Cuerpo vegetativo de la F. Burmeisteri de sección pentágona, 
rara vez exagona ó tetrágona y por lo tanto con cinco líneas longitu- 
dinales ventosíferas ; en la F. Bonacinai la sección es casi constante- 
mente trígona, rara vez tetrágona, pero con aplastamiento lateral muy 
marcado, ofreciendo en la mayoría de los casos tres ángulos ventosí- 
feros longitudinales ; 

3" El perianto de la F. Burmeisteri es casi sésil sobre la liinchazón 
ovárica, no habiendo contracción notable que separe las dos partes, 
mientras en la F. Bonacinai el periantio se adelgaza suavemente ha- 
cia atrás, para transformarse en un tubo más ó menos largo que se- 
para claramente la base del periantio del ápice del ovario ; 

4° Las anteras del F. Burmeisteri son más confluentes y casi com- 
pletamente entresoldadas ofreciendo un gran número de surcos lon- 
gitudinales casi rectos ; en la P. Bonacinai las anteras á i^esar de 
comprimirse una contra otra mantienen una cierta independencia en 
su liarte superior y ofrecen un número de surcos polínicos mucho me- 
nos abundantes, más finos y más tortuosos ; 

5* El estilo de la P. Burmeisteri presenta tres estigmas muy sa- 
lientes triangulares bastante agudos, mientras en la P. Bonacinai el 
estilo termina en un disco obtuso con tres depresiones muy poco 
marcadas que separan los lóbulos estilares. 

Me queda aún por agregar algo relativo al tubérculo encontrado por 
mí en el Eío Xegro y que no he encontrado en los ejemplares de río 
Blanco. 

Durante mis excavaciones traté de ir lo más i)rofundo posible 
ayudado en mi trabajo por la facilidad con la cual las barrancas are- 
nosas se desmoronaban y en estas investigaciones mis esfuerzos al 
principio resultaron estériles, pero no tardé en encontrar algo que me 
explicó la formación del tubérculo que iba buscando, pero no en la 



148 ANALES DE I.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

])arte más profunda constituida de toda arena, sino en la part c superior 
de la barranca formada por i)edref!:ullo mezclado á pedrones ; alli enton- 
ces volví á encontrar cuerpos tuberiformes, aunque bastante irregula- 
res, no tardando en reconocer en ellos ñores que desarrollándose en un 
]mnto dontle no podían perforar el suelo, por hallarse cubierto por un 
grueso pedrón basáltico ó granítico, abortaban, (ianibiaban de forma, 
transformándose en una especie de grueso esclerocio en el cual desapa- 
recían completamente todas las partes florales externas que algunas 
veces solían tomar el aspecto de arrugas concéntricas é irregulares. 

El fruto en ambas especies está constituido por una baya cubierta 
de una gruesa cascara, de color parduzco rojizo, rellena de una carne 
blanca compacta sembrada de una infinidad de pequeñas semillas 
globosas lisas y negruzcas : la dehiscencia de este fruto se hace ge- 
neralmente bajo la forma de un anillo, debido á la putrefacción é hin- 
chazón del cuello estilar que levanta el residuo del periantio y lo 
hace caer; se forman además unas hendiduras laterales que dejan 
desnuda la pulpa interna, la cual á la madurez despide nn olor inten- 
samente fuerte y agradable de banana aunque tenga un sabor suma- 
mente áspero y astringente que lo hace incomible para el hombre; 
me han asegurado que esta fruta cocida sobre el fuego i)ierde ese sa- 
bor áspero y se vuelve agradable, pero no lo he comprobado. 

En los ejemplares de P. Burmeisteri he notado que con mucha fre- 
cuencia los rizomas toman una dureza vidriosa y un aspecto resinoi- 
de, habiéndolo notado á veces también en ciertas flores, hallándose 
en muchos casos acompañados por exudaciones de color ferruginoso 
y que tiene todo la apariencia y los caracteres de un Kino. 

La fecundación de estas flores se efectúa por moscas muy parecidas 
alas carniceras y ciertos géneros colepteros del género Hyster que pare- 
cen alimentarse del polen blanco-amarillento y pul vulento que en tanta 
abundancia producen los estambres. La diseminación de Tas semillas 
la creo más bien obra de los armadillos, pues alrededor de los troncos 
con Prosojxmche he visto siempre muchas cuevas de estos animales y 
sus excrementos contenían gran cantidad de semillas no digeridas. 

Una tercer especie debe ser propia de las Solanáceas pues he ha- 
llado rastros de ella sobre raíces de Solanum verbascifolimn en los 
bancos del Bermejo cerca de Oran; por su tamaño y aspecto se acer- 
ca mucho á la Prosopanehe Bonacinai. 

La familia délas Balanoforáceas ha figurado hasta ahora muy poco 



SOBRE ALGUNAS PARÁSITAS FANEROGÁMICAS 149 

en los cuadros de la Flora Argentina, pero tiene representantes que 
pertenecen á dos géneros y que son el Lophophytum Leandri Eiclil., 
el L. mirabile Schott tO Endl. y el Omltrophytum perumanum Poep. & 
Enál. 

La primera especie es sumamente común y abundante en todo el 
territorio de Misiones y en el Paraguay austro-oriental donde vegeta 
especialmente sobre las raíces de Inga y de Apuleia. Su tubérculo de 
color pardo-obscuro que con frecuencia alcanza el tamaño del puño, 
á veces aislado, otras veces agrupado, es casi superficial y jierma- 
nece largo tiempo sin ser visible ocultado por la hojarasca y recién 
en el período de las lluvias su parte superior, deforma cónica, cubier- 
ta de escamas triangulares negras brillantes casi carbonáceas de 
ápice muy agudo y bordes afilados y ligeramente denticulados, se des- 
arrolla improvisamente i^roduciendo la inflorescencia desnuda tierna, 
y que por sus colores vividos llama la atención del viajero ; esta in- 
florescencia cilíndrico-cónica que puede alcanzar hasta 30 centímetros 
de largo por 3 á 5 de diámetro, en la mayoría de los casos, sólo pone 
en vista la parte masculina superior de color blanco amarillento, 
mientras la parte femenina inferior permanece más ó menos cubierta 
ó envuelta en las hojas caídas. El olor no es desagradable y recuerda 
el de la miel fermentada, siendo muy visitado por abejas y moscas 
que desempeñan la función de jn^ónubos. 

Concluida la floración, las inflorescencias ó se desecan ó pudren no 
permaneciendo más que la parte basal con las agTupaciones de semi- 
llas de color rojizo-sucio y cuya diseminación está á cargo de los pe- 
queños roedores que habitan la floresta. 

La segunda especie, es decir el LophopJn/tum mirabile, es común y 
abundante en todo el territorio de Oran donde lo he encontrado so- 
bre las raíces de Piptadema, de PJnterolobium y de Pithecolohium ; 
esta especie por todos sus caracteres macroscópicos es muy parecida 
á la anterior, de la cual sólo se separa por ofrecer pequeñas bractei- 
tas interflorales ; sin embargo, se puede reconocer fácilmente de pri- 
mera vista, pues los tubérculos suelen ser más grandes, más achata- 
dos, con toda la parte superior cubierta de escamas más acuminadas 
y un i:)oquito más grandes ; su inflorescencia, que alcanza también de 
25 á 30 centímetros, es un poquito más gruesa, ostentando la parte 
masculina sobresaliente del suelo color yema de huevo, mientras la 
femenina más ó menos enterrada es de color rojo; el olor es algo re- 
pugnante recordando el de la harina ardida. 

Himenópteros y dípteros en abundancia acuden á visitarlas inflores- 



150 ANALlíS DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cencías de este curioso vegetal funcionando de prouubos, pero no ten- 
go datos respectivos de los animales encargados de la dispersión de sus 
semillas. 

La tercera especie se cría en las colinas de Ambato en Catamarca 
viviendo parásita sobre las raíces de diferentes especies de Baccharis 
Y HeterothalamuH. Los tubérculos del tamaño del puño humano crecen 
áprofundidad variable de 5 á 15 (centímetros teniendo una consisten- 
cia carnosa compacta, blancos y homogéneos en su interior y cubier- 
tos de una cascara muy delgada lisa y cenicienta al exterior ; como 
crecen en terreno compacto duro y á veces pedregoso, su forma 
es muy irregular ofreciendo numerosas crestas y hoyos en su ijeri- 
feria. 

El punto de inserción es relativamente pequeño y no altera ma- 
yormente la superficie del órgano del huésped. Al momento de las 
lluvias equinocciales, una vez que las aguas han ablandado la tierra, 
los tubérculos de edad conveniente producen una especie de espolón, 
obtuso y cilindrico en su parte superior, que sirve para perforar la 
tierra, cuyo tamaño varía desde 5 á 15 centímetros por 3 ó 4 de diá- 
metro; una vez que este espolón ha alcanzado la superficie del suelo 
se parte en la extremidad dejando salir una enorme inflorescencia recta 
y cilindrica de 20 á 40 centímetros de largo por 3 ó 4 de diámetro de 
color blanco-ceráceo sucio que contrasta con el color blanco de la 
membrana del espolón que permanece envolviendo su base como una 
calceta. 

Esta inflorescencia es blanda y carnosa, simple, obtusa, cubierta 
en la extremidad de un gran número de escamas casi discoideas pe- 
dunculadas que sostiene en su cara inferior numerosas anteras, mien- 
tras en la parte media ofrece un número decreciente de apéndices 
cilindro-cónicos retorcidos cubiertos por una infinidad de pequeños 
ovarios globosos ; estas inflorescencias despiden un olor bastante des- 
agradable y que recuerda al del cuero podrido ; son sumamente 
efímeras y no tardan en desecarse á la superficie mientras su parte 
interna es rápidamente devorada por las larvas de un hermoso gor- 
gojo rojo. 

Jío tengo datos seguros sobre los prónubos y diseminadores de este 
vegetal, pues no he visto ningún animal que abundara de un modo 
sospechoso alrededor del punto donde salían del suelo infinidades de 
inflorescencias de este curioso vegetal. 



SUHSTAXL'IAS SEGREGADAS DE LAS PLANTAS 

DE LAS 

REGIONES ÁRIDAS DE LA REPÜBLICA ARGENTINA 

(MEMORIA PlíESESTADA AL CO>GEESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL AMERICANO) 

Por CARLOS SPEGAZZINI (1) 



Cualquier persona que viaje por las regiones patagónicas ó reco- 
rra las provincias andinas, quedará siemi)re impresionado profunda- 
mente por la extraña y característica vegetación de esos iiarajes que 
ofrece formas altamente interesantes bajo el punto de vista de la 
adaptación como también de los medios de lucha contra el ambiente 
tan desfavorable ; el aspecto, el color, el olor, son sumamente pareci- 
dos y desde el Estrecho de Magallanes hasta la Puna de Atacama ha- 
llará, dentro de ciertos límites, una uniformidad asombrosa á pesar 
de las diferencias de las familias y de las especies, las cuales todas 
exteriorizan una misma nota bajo el factor fundamental dominante 
en esas localidades que es la sequedad atmosférica y terrestre. 

En esta breve exposición dejaré á un lado todo lo que se refiere á la 
morfología y me limitaré á comunicar mis observaciones sobre princi- 
pios preparados por los vegetales para luchar ventajosamente con- 
tra la anhidria, substancias que actúan ya sea impidiendo ó limitando 
la evaporación, ya sea buscando capturar los mínimos rastros de 
humedad que las brisas suelen transportar. 



(1) Á pedido del doctor C. Spegazzini, publicamos estos trabajos por él presen- 
sentadüs al Congreso del centenario de 1910. Atento el retardo en la publicación 
de las memorias presentadas á aquel certamen, hallamos justa la solicitud del 
autor y las publicamos gustosos. — La Dirección. 



1Ó2 ANALES DE LA SOCIICUAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Antes de entrar á tratar en i)articular el tema expondré como in- 
trodnccióu algnnas ideas generales relativas á la vegetación de las 
regiones antes indicadas. En ellas no encontramos árboles. i»nes no 
tan sólo se opone á sn crecimiento la carencia de agua suflcieute, 
sino que las mismas regiones pueden considerarse como el verdadero 
imperio de Eolo cuyos so])los huracanados barren y aprietan contra el 
suelo todo ser í]ue busque elevarse ó sobresalir de los reparos 
naturales. La vegetación herbácea anual es sumamente escasa y, 
fuera de una que otra planta que puebla los bordes de los rarísimos 
arroyos y ciénagas, se reduce á algunos tipos casi microscópicos y 
efímeros que prosperan durante una ó dos semanas, en primavera, al 
momento de derretirse las nieves ; estas plantas fuera de su estatu- 
ra muy limitada y de la brevedad de su período vegetativo como los 
Myosurus y los Erod'mm, no tienen nada de particular que las dife- 
í-encie de las de la flora ordinaria. 

Los vegetales predominantes de estos lugares son perennes pu- 
dieudo ser herbáceos ó arbustivos. Las formas herbáceas tienen como 
esencias principales las gramináceas, entre las cuales los tipos más 
salientes pertenecen á los géneros Elymus, Poa, Stipa^ Munroa, Scle- 
ropof/on etc. ; las esencias arbustivas, por lo general enanas, achapa- 
rradas contro el suelo, con tendencia á tomar el tipo de bog^ sólo ofre- 
cen ejemplares algo más elevados en las quebradas y en los cañadones 
donde las condiciones topográficas brindan abrigos contra las accio- 
nes mecánicas de las corrientes atmosféricas; las familias que contri- 
buyen á la formación de esta vegetación son bastante numerosas, 
j)ero se nota una supremacía sumamente marcada á favor de las Com- 
positáceas. 

Como es bien sabido en todas las regiones donde impera la xeroti- 
lía, las plantas ofrecen una rigidez especial de todas las partes, que en 
condiciones normales suelen ser membranosas, á lo que se agrega una 
reducción muy notable del tamaño de las hojas, las que á veces des- 
aparecen más ó menos totalmente y por último toman considerable 
desarrollo las armas defensivas como aguijones y espinas. 

En estas mismas plantas son muy frecuentes las secreciones, más 
ó menos visibles y abundantes, observándose que su caj^tidad es en 
relación inversa al desarrollo y á la herbaceidad de los Allomas : en 
las plantas que conservan sus hojas más ó menos normales, los apa- 
ratos secretores se limitan á un vello glanduloso más ó menos abun- 
dante (3Ia(liu^ Phacelia, Guia etc.) ó sino á simples nectarios extra- 
nupciales como los estipulares de las Cristarias, de las Loasáceas etc. 



SUBSTANCIAS SEGREGADAS DE LAS PLANTAS DE REGIONES ÁRIDAS 153 

Por el contrario en las plantas cuyo aparato tillomático sufre re- 
ducciones más ó menos x)rofuiidas, el observador no tardará en des- 
cubrir la producción de ciertas substancias secretivas peculiares á 
los A^egetales que se lian adaptado á condiciones tan desfavora- 
bles. 

Durante mis múltiples viajes por la región patagonico-boliviana 
hice muchas veces observaciones respectivamente á estos hechos y 
me permito comunicar el resumen de los datos acumulados refe- 
rente á este tópico que creo nuevo y de cierta importancia. 

Las secreciones pueden clasificarse en las tres categorías si- 
guientes : 

1^ Eflorescencias ; 

2'' Exudaciones ; 

3* Incrustaciones. 

Las EJiorescencias hasta hoy las he encontrado exclusivamente so- 
bre ciertas pequeñas gramináceas, es decir, sobre la Mnnroa Bentha- 
miana, la Munroa squarrosa y la Triodia acuminata. 

Estas pequeñas plantas rígidas y picantes que suelen formar grandes 
colonias en los lugares secos y pedregosos (Mendoza, Cacheuta, Po- 
trerillo, Sierra de Pie de Palo, San Juan, Catamarca, Amblaio, Cachi, 
etc.) en los días más secos y cálidos ostentan ambas caras de sus 
hojas y hasta la superficie de sas culmos cubiertas de una pelusa te- 
nue y delicada, á veces muy abundante, de color blanquecino y que 
comunica á las j)equeñas matas un aspecto algodonoso muy singular ; 
las mismas plantas observadas temi)rano por la juañana se hallan de 
todo desnudas y sin rastro de pelusa, pero que, si el día es seco y lin- 
do, no tarda en formarse aumentando paulatinamente hasta la noche, 
durante la cual vuelve á desaparecer. 

Examinando al microscopio esta pelusa ó eflorescencia la hallamos 
constituida por una cantidad infinita de j)equeuos filamentos más ó 
menos arqueados ó enrollados, incoloros, frágiles, cuya longitud va- 
ría de 100 á 500 micrómetros con un diámetro de 1 á 1 1/2 micróme- 
tros : mezcladas á ellos hay un enorme número de ijartículas terrosas 
que aumentan su visibilidad y comunican al c<mjunto un color más ó 
menos ceniciento. 

Por su apariencia microscói)ica las eflorescencias no se apartan 
mucho de las secreciones ceráceas que se describen en los diferentes 
tratados de botánica, pero por sus reacciones mjcroquíuiicas se sepa- 
ran totalmente de las formas antes mencionadas constituyendo un 
tipo de secreción que considero desconocido y nuevo. 



154 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

En efecto, diclias eflorescencias son instantáneamente solnbles en 
agua destilada: se (lisuclvcii 1:iiiil»ién con rapidez en ácido acético, 
son por el contrario insolubles en alcoliol etílico concentrado, en aceto- 
na, en cloroformo y en sulfuro de carbono; su solución aguosa es de re- 
acción neutra y sin sabor marcado; calentadas, recién acerca de + 
100 grados funden y aumentando l;i t('m])eratura toman color obscu- 
ro, se hinchan, concluyendo por dejar un residuo carbonoso que no 
tarda en desaparecer ])or combustión com]>leta. 

Á i)esnr de las dificultades, he tentado de recolectar una cierta 
cantidad de este producto para llevar á cabo análisis completos, pero 
no pude juntar lo suficiente ; he buscado también obtener solu- 
ciones concentradas lavando grandes masas de estos pastos con 
inüorescencias en agua destilada, pero esta solución entró inmediata- 
mente en fermentación desarrollando una enorme cantidad de anhí- 
drido carbónico sin formación de alcohol. 

En estas investigaciones fui válidamente ayudado por los renom- 
brados químicos del Museo de La Plata hermanos Herrero-Ducloux 
que comparten mi opinión de que esas eflorescencias sean constitui- 
das por un hidrato de carbono, fácilmente perteneciente al grupo de 
las hexosas. 

Las Exudaciones son las más abundantes y comunes, hallándose 
sobre un gran número de plantas pertenecientes á las más diferentes 
familias acompañadas á veces de reducción foliar, otras Aceces no 
siendo aparente dicha reducción mientras se hace manifiesto un au- 
mento proporcional de coriaceidad de las láminas foliares. 

Lo que caracteriza las exudaciones es el constituir una especie de 
barniz sobre todo el aparato foliar y muchas veces sobre las mismas 
ramitas donde con frecuencia, acumulándose, se suelen formar peque- 
ños nudos ó lágrimas ; este barniz segregado por la capa cuticular de 
la ei^idermis es seco y brillante cuando la atmósfera carece de hume- 
dad, pero apareciendo vapor de agua en el aire todas las partes de 
las plantas se vuelven viscosas y el barniz se hace delicuescente. 

Estas exudaciones parecen ser iguales en todas las diferentes 
plantas, pues todas despiden el mismo olor característico que perfu- 
ma el aire de toda la región patagónico-boliviaua y que se expresa 
con el dicho popular de olor á coya^ en vista de que los indios boli- 
vianos conocidos con el nombi-e de Coyas despiden constantemente 
ese olor característico ; las exudaciones son todas de color verde-oli- 
váceo parcialmente solubles en agua, muy solubles en alcohol, que 
por evaporación dejan una pasta amorfa, gomosa, de olor sumamente 



SUBSTANCIAS SEGREGADAS DE LAS PLANTAS DE REGIONES ÁRIDAS 155 

fuerte ; el tratamiento por el cloroformo, la acetona y el sulfuro de 
carbono, extrae de la misma planta una resina de color amarillo rojizo 
que puede ser vulcanizada tomando entonces caracteres muy seme- 
jantes á cierto caucliú de calidad inferior y especialmente al de 
Gayule. 

Las plantas que mayormente producen estas substancias son las 
JariUas, es decir, las pocas especies de Larrea cuyo representante 
más austral en la región magallánica es la Larrea AmegMnoij líí-má& 
nórdica la Larrea mexicana de las .mesetas califórnicas ; estas esen- 
cias se pueden tomar como tipo de especificación de la zona ñto-geo- 
gráfica que yo me lie limitado en llamar liatagouico-boliviana, pero 
que podría con mucha razón llamarse también patagonico-califórnica 
ó región de las Jarillas. 

Siguen á estas plantas ijor abundancia de exudación el Oxiosmyles 
viscosissima y la Flourencia viscosa, los Lepidophyllum, las Grindelia, 
los Baccharis de la sección cuneifoUa, las Gntierresia, los Reterotha- 
lamus, las Fahiana, ciertas Nieremhergia , las Zuccagnia, etc. etc. 

Advertiré, sin embargo, que las exudaciones no son igualmente 
abundantes en las diferentes localidades pudiéndose verificar que 
plantas de una misma especie en un punto sean sumamente viscosas, 
mientras en otro, á pesar de la aparente identidad de condiciones 
climatológicas, la secreción es nula ó casi ; en confirmación de lo que 
acabo de exponer me viene á la memoria el lieclio de haber observa- 
do que las Jarillas (Larrea divaricata y L. cuneifolia) que crecen en los 
pedregales de los alrededores del pueblo del Carmen del Valle Cal- 
chaqui, no tan sólo carecían de toda exudación y viscosidad, sino 
que sus hojitas se hallaban cubiertas de un vello ceniciento fino y 
recostado que permitía constituir una variedad ])ul)escens bien nota- 
ble y diferente del tipo común. 

Las Incrnstaciones son propias á los arbustos más elevados de raí- 
ces bien desarrolladas y profundas y en las cuales hay ausencia más 
ó menos completa de las hojas. Las ramas de estas plantas á veces 
amimbreadas y flexibles, otras veces rígidas cortas espiniformes, 
ofrecen un color verde intenso y una superficie no muy bien brillante 
y hasta, á veces, ax^agada como si estuviera cubierta por un polvisco; 
este aspecto se conserva idéntico tanto en los días secos como en los 
húmedos y examinando al microscopio la epidermis de esta planta se 
nota en toda ella una verdadera hipertrofia de la cutícula que aveces 
permanece desnuda y otras veces la encontramos cubierta de una 
delgada capa externa de substancia lieterogénea. 



156 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Á este grupo pertenecen las plantas que suelen llevar los nombres 
vulgares de liua lañes, retamos, piclianas etc. ; entre todas ellas me 
liuiitaré á tomar en consideración tres tipos principales : 

a) Hualan blanco ó Azar de la .sierra (Hitalania colletioides) que ofre- 
ce tan sólo una cutícula sumamente engrosada puntuada por criptas 
estomáticas ; esta cutícula se halla completamente embebida de un 
cuerpo de color amarillento claro soluble totalmente en cloroformo, 
insoluble en agua, alcohol y acetona, que funde ú baja temperatura, 
despidiendo sólo entonces un ligero olor aromático, no tardando en 
resi niñearse en contacto con el aire ; se trata pues de una resina que 
tiene por objeto impermeabilizar totalmente la epidermis. 

h) Hualan negro ó Mata de cebo (Monttea aphylla) la cual también 
ofrece cutícula hyj)ertrofiada y criptífera bastante brillante y que á 
la muerte de las ramas dicha cutícula conservada por los principios 
que la impregnan y blanqueada por los efectos de los agentes atmos- 
féricos aijarece como una acumulación de ftagmentos de pergamino 
colgantes de las ramas muertas ó acumulados al jjíe délas cepas ; son 
bien conocidos á los indígenas que los juntan para obtener rápida- 
mente el fuego cuando encienden sus fogones. Estos fragmentos 
cuticulares son casi inodoros ó despiden un ligero perfume de ácido 
benzoico ; no abandonan nada ni al agua ni al alcohol, mientras 
ceden un 25 por ciento de su peso al cloroformo y 20 por ciento al 
acetona. 

La solución clorofórmica por evaporación deja un residuo manteco- 
so blanco que no tarda en resiniflcarse, fundiendo á temi)eratura re- 
lativamente baja con emisión de burbujas gaseosas y despidiendo olor 
aromático sui generis, sin cambio de color ; se trata con toda seguridad 
de un estearoptene que recuerda el que existe en gran cantidad en 
la cascara de la Torresea cearensis : la solución acetónica deja un resi- 
duo amorfo liulverulento, de color amarillo pálido, que se funde á 
temperatura un poco más elevada que la anterior sin desprendimien- 
to de gases. 

En el Hualan negro no hay rastro de substancia grasa,. se trata con 
toda seguridad de resinas cuyo objeto como en el tipo anterior se li- 
mita á evitar la transpiración de la planta y á conservar el tiempo 
más largo posible el agua absorbida jior las raíces; 

c) Retamo (Bulnesia retamo). Las ramas de esta planta ofrecen un 
tinte verde-ciniciento, pulverulento apagado y nunca una superficie 
brillante ; las partes más jóvenes bastante jugosas al secarse se arru- 
gan y su superficie se cubre de una substancia pulverulenta blanque- 



SUBSTANCIAS SEGREGADAS DE LAS PLANTAS DE REGIONES ÁRIDAS 157 

ciña y escamiforuie que se separa fácilmente por efecto de la fric- 
ción. 

Lavando las ramas de esta planta con cloroformo se obtiene un lí- 
quido blanquecino muy turbio que por la filtración deja un enorme 
residuo blanco-ceniciento, pulverulento, amorfo ; la solución clorofór- 
nica, filtrada, por evaporación abandona una pequeña cantidad de 
substancia mantecosa, casi incolora y que sin duda es una grasa, pues 
produce mancha permanente en el papel ; la acetona extrae tan sólo 
una pequeñísima cantidad de un principio aromático parduzco y que 
no tiene ninguna relación con las funciones epidérmicas. 

El residuo acumulado sobre el filtro á una temperatura poco infe- 
rior de 80' se funde tomando un color obscuro característico y 
por enfriamiento se solidifica en nodulos de color ceniza obscuro 
que ofrece i^equeños cristales aciculares en su masa; lo más cu- 
rioso es que estos mismos nodulos en contacto con la humedad 
atmosférica parece que se hidraten y se van cubriendo de una eflo- 
rescencia blanquecina escamiforme muy parecida en su aspecto ma- 
cro y microscópico al pulvísculo escamoso que hemos indicado apa- 
rece sobre las ramitas jóvenes cuando se someten á la desecación 
lenta y gradual. Sospecho, pues, que se trate de una substancia resi- 
noide esiDCcial higroscópica cuyas funciones, parecidas á las de las 
eflorescencias, creo, sean el apoderarse de los rastros de humedad 
que pueden flotar en la atmósfera. 

Sobre este tema no quiero extenderme, limitándome á exponer 
las hiiJÓtesis que he forjado sobre el i)apel de las secreciones de 
las plantas xerófilas : 

1* Las eflorescencias como simples substancias aptas para apo- 
derarse de la humedad atmosférica y permitir la vida al vegetal, 
sin ai)aratos hidróforos y de raíces muy cortas, sobre una super- 
ficie completamente resecada y donde rarísimas veces pueden obte- 
ner agua por los medios normales. 

2^ Las exudaciones, propias de plantas que á veces tienen apara- 
tos hidróforos y crecen bastante bajas y tupidas, juegan un doble pa- 
inel, el de absorber la humedad atmosférica durante la noche para 
cederla á los órganos vegetativos, mientras de día desecándose y for- 
mando costra impiden la transpiración y limitan el gasto de agua 
acumulada en los tejidos. 

3^ Las incrustaciones desempeñan solamente, el papel de imper- 
meabillzadores cuticulares, pues parece que no son aptas para sustraer 
humedad á la atmósfera y se observan sobre plantas de gran desarro- 



158 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lio radical que siempre i)iie(Ieii aprovechar los rastros de agua que 
contienen las capas profundas del sudo. 

Bajo el punto de vista económico creo que merecen nuestra aten- 
ción solamente las exudaciones y las incrustaciones ; estas plantas 
están en vía de rápida desaparición y la causa principal es la abundan- 
cia del cuerpo resinoide que las reviste que permite su aprovecha- 
miento aun verdes ; su exceso de combustibilidad las hace buscadas 
y perseguidas por los pabladores de dichas localidades. 

Creo, sin embargo, que las resinas y gomo-resinas de todas estas 
plantas podrían tener fáciles y múltiples aplicaciones técnicas vol- 
viéndose de sumo interés como fuente de vida y de bienestar para 
regiones en las cuales ninguna otra esencia podría desarrollarse, ni 
prosperar la pastoricia misma. 

Estas cortas indicaciones que acabo de hacer espero que desperta- 
rán la atención de la juventud estudiosa y que pronto habrá quien 
no tan sólo ilustrará científicamente la biología vegetal y los proble- 
mas químicos de la flora xeróflla argentina, sino que hallará nuevos 
campos para el desarrollo de actividad humana y descubrirá rique- 
zas para los teritorios que parecen desheredados por la natura- 
leza. 



NOTAS Y APUNTES 



SOBRE 



PLAINTAS VENENOSAS PARA LOS GANADOS 

(MEMORIA PRESENTADA AL CONGRESO CIENTÍFICO INTERNACIONAL AMERICANO) 

Por CARLOS SPEGAZZIKI (1) 



Desde los primeros tiempos de mis investigaciones botánicas sobre 
la Flora argentina tomé apuntes sobre diferentes plantas consideradas 
como venenosas para las diversas especies de ganados. 

La xnñmera que me fué indicada como tal La sido el Diiraznillo ne- 
gro (Cestrum parqui) pues habiendo en diciembre de 1880 efectuado 
una exploración á los montes australes de la jirovincia de Buenos Aires 
conocidos con los nombres de Montes del Tordillo, Montes Grandes, 
Montes del Eeal viejo, me acuerdo siempre de la recomendación del 
baquiano que me acompañaba de que cuando atara mi caballo á algún 
tronco tuviera la prolijidad de romper todos los gajos de Duraznillo 
negro que estuvieran al alcance del animal para evitar que éste 
los comiera y el peligro de quedarse de á pie en lugares desiertos, 
líeligrosos y á grandes distancias de las poblaciones. 

Durante la misma camijaua se me indicó que las Papas silvestres 
(Salamim Commersonii) eran venenosas; que el Duraznillo blanco (So- 
lanum glaucum) era un tóxico terrible ; que la Cicuta (Conium macula- 

(1) A pedido del doctor C. Spegazziiii, publicamos estos trabajos por él presen- 
tados al Congreso del centenario de 1910. Atento el retardo en la iniblicación de 
las memorias presentadas á aquel certamen, hallamos justa la solicitud del autor 
y las publicamos gustosos. — La Ifirección. 



160 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tum) mataba los caballos al por mayor: (jiic los RomeriUoH (Baccliaris 
coriáifolia, B. artemisioides, Stevia mnUiariHtata) diezmaban en grande 
las haciendas; que la Vara de San Jotié (Nicotianaacutljiora) destruía 
las ovejas ; que la Flor de sapo (Jahorosa inteyrifoUa, Hymeranthus 
runcinattis) anonadaba los chiqueros etc. etc.; toda una leyenda pa- 
vorosa que según las ideas del campesino en cada flor y en cada plan- 
ta se bailaba inscripta la ruina del rico estanciero y del pobre pues- 
tero. 

Pocos años después en otra excursión á la izarte occidental de la 
provincia de Buenos Aires, apunté las leyendas de los cardos; el 
Cardo de Castilla (Oynara cardimculus) producía la lengua de palo, el 
Cardo a^nal (Silyhum marianum) superaba el poder maléfico de los 
trebolares lozanos i)roduciendo un empaste mucho más fulmíneo y 
mortal, el Cardo negro (Cirsitim lanceolatiim) cuando no i^roducía la 
afta era la causa del pietín. 

Durante mi estadía posterior en tierras argentinas, apunté una 
infinidad de otras plantas que se consideraban por los campesinos 
como venenosas y recordaré entre ellas, los Cuchos (Nierembergia sp.), 
las Altamisas (Ambrosia sp.), los Beiñenta caballo (Solanum sisymbrii- 
Jolium, los Ajies cimarrones (Solanum pseudocapsicíim) , los Topasaires 
(Cephalopliora sp.), los Quiebra arado (Heimia salicifolia, Vernonia 
sp.) y por fin las Lecheronas (Asclepias sp.) y las Picliogas (Euplwr- 
bia sp.) . 

Años después, recorriendo las diferentes provincias, aprendí á co- 
nocer una infinidad de otras plantas, cuya potencia maléfica según 
la voz popular, tenía las más raras manifestaciones ; así no puedo 
menos que recordar la terrible Cegadera (Heteropliyllea lanceolata) 
que hace perder la vista á los ganados de Tucumán y Salta, el llata 
dientes (Spilanthes sp.) que hace caer los dientes á los caballos, las 
Charrugas (Aristolochia. sp.) que vuelven hidrópicas á las ovejas, los 
Rediondillos (Cestrum sp.) que junto con los Chamicos (Datura sp.) im- 
piden el desarrollo de las ovejas en las regiones cálidas, el Timbó (En- 
terolobium timbouva) cuyas frutas constituirían el exterminio de los 
cerdos silvestres y caseros. 

Á pesar de todas estas anotaciones tengo que declarar que nunca 
he visto u^ animal enfermo ó muerto por consumo de alguna de las 
esencias tóxicas antes mencionadas. En este lapso de tiempo ajíare- 
cieron algunas publicaciones sobre los cuerpos que contenían las 
plantas tóxicas y entre ellas recordaré el trabajo del doctor Echega- 
ray sobre la Nierembergia hippomanica y del doctor Arata sobre la 



PLANTAS VHNENOSAS PARA LOS GANADOS 161 

Bacclmris eoridifolia, trabajos que venían á confirmar las hipótesis 
populares. 

En el año 10(!0, el j)rimero de la fundación del Ministerio de Agri- 
cultura, hablando con el entonces Director de las divisiones de agri- 
cultura y ganadería señor don Ronaldo Tidblon, convenimos en la 
necesidad de llevar á cabo algunas verificaciones de la pretendida 
toxicidad de gran parte de las jilantas que acabo de mencionar. Para 
este objeto preparé un establo especial en los fondos de mi casa y 
adquirí caballos, bueyes, ovejas, cabras, conejos, que debían servir 

» 

para los experimentos, y al mismo tiemi^o fui recorriendo los campos, 
especialmente en la provincia de Buenos Aires, en busca de las esen- 
cias que se consideraban como tóxicas. 

Estos experimentos duraron un año y el resultado fué completa- 
mente contrario á toda previsión, pues si las plantas eran tóxicas 
verdaderamente, los animales no las comían de ningún modo, ni xmras 
ni íntimamente mezcladas con otras esencias forrajeras : más, bien 
roían las maderas del pesebre y morían de hambre. Los únicos resul- 
tados reales que pude constatar fueron que el Laurel Rosa (Ne- 
rium oleander) es bastante apetecido por los vacunos pero sumamente 
mortal aun en pequeñas dosis. El Sunchülo (Pascalia glauca) no fué 
aceptado de ninguna manera por los animales en exi^erimento, excep- 
tuándose las cabras, las que no tardaron en j)erecer con fenómenos 
de intoxicación aguda. En cuanto al célebre Bomerillo verdadero ó 
Mio-mio (Baccharis coridifolia) mantuve con él los animales durante 
€asi un mes, notando tan sólo una fluidez de vientre en los primeros 
días; el ChucJio de la provincia de Buenos Aires (Nicrembergía rígida) 
con ó sin flor, fué administrado en la proporción de varios kilos sin 
resultado ; el célebre Duraznillo negro, que tanto trabajó me había 
dado en mi primer viaje á Ajó, fué consumido en gran abundancia 
])or toda clase de ganado y en todos períodos de vegetación sin obte- 
ner el menor rastro de intoxicación. 

Los resultados tan mezquinos de mis exx^erimentos me volvieron 
muy pronto escéptico y hasta concluyeron por aburrirme tanto que 
determiné suspenderlos. La convicción que me había hecho era de que 
los animales no comen plantas que sean verdaderamente venenosas, 
defendidos por una intuición propia, y que los poquísimos casos en 
los cuales iludiera tener lugar el envenenamiento, podría conside- 
rarse como una verdadera excepción y debidos á causas puramente 
íiccidentales. 

Más tarde diferentes autores trataron el tema de algunas plantas 

aX. SOC. CIKNT. ARG. — T. LXXVII 11 



162 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

venenosas y muclios de ellos pretendieron haber obtenido resultados 
plenamente concluyentes, á lo menos en lo (pie se reñere al Mio-mio. 

El ano pasado en la Revista de (/(madcria y a(/ricultura^ que tan dig- 
namente dirige el profesor Ligniéres, di á conocer una planta vene- 
nosa, á lo menos durante cierto período de su vida, y que es la ITyme- 
noxys Tweedi ; algunos meses después me fueron denunciados casos 
de envenenamientos i)roducidos por el Johnson-f/rafi.s (ISorghíim hale- 
pense) en la provincia de Santa Fe; por íin, á principios de este año 
me trajeron muestras de una graminácea (CJtloris disticliophyUa) que 
liabía producido la muerte de numerosos vacunos; y por fin basta ta- 
llos y hojas de 2Iaiz que, habiendo sido muy talado por la langosta y 
por lo tanto entregado al pastoreo de vacas, habían causado la muer- 
te de una gran cantidad de animales. 

El hecho de la toxicidad del Johnson-grass no me era nuevo, pues 
sabía que desde años se había descubierto un glucósido cianídrico en 
esta planta ; la Chloris no tardó en confirmar su toxicidad demostran- 
do que la parte venenosa se limitaba á las inflorescencias que conte- 
nían un glucósido cianídrico; por fin el 3íaíz^ muy invadido por 
la Fuccinia maydis, demostró que la toxicidad se limitaba á las ramas 
laterales jóvenes y tiernas y que habían brotado bajo la influencia de 
la tala de las langostas, siendo el veneno también un glucósido cianí- 
drico. 

Este conjunto de hechos en gran parte contradictorios me había 
llenado de confusión, no sabiendo en realidad si estaba en presencia 
de plantas tóxicas por sus principios innatos ó si debían su toxicidad 
á algún parásito ocasional, como parece demostrado para los casos del 
LoliuDí temulentum y de la Festuca Hieronymi. 

Reconsiderando un día mis experiencias sobre la Rymenoxys 
Tweedi, la constatación del glucósido cianídrico tan sólo dui-ante la 
primera época de vegetación me hizo reflexionar seriamente. Me vino 
á la memoria entonces también que los tubérculos de las jiapas nor- 
malmente inofensivos se vuelven tóxicos en el momento que empiezan 
á brotar, hallándose la substancia venenosa limitada á las yemas y á 
los brotos durante el primer período de crecimiento, pues los tallos de 
esta solanácea son completamente inofensivos cuando se hallan en 
plena vegetación. 

Se agregó un tercer hecho : en el jardín botánico de la Facultad de 
Agronomía de La Plata tenía cultivadas unas matas de Baccharis 
coridifolia : en ocasión de la Exi^osición de agricultura tuve que extir- 
Ijarlas para j)onerlas en macetas, sufriendo para esta operación un 



PLANTAS VENENOSAS PARA LOS GANADOS 163 

corte total de las partes aéreas; iDero la mata era robusta y no tardó 
en retornar con fuerza echando una infinidad de ramitas nuevas aun 
amarillentas y tiernas. 

Me vino entonces la inspiración de ensayar si los retoños de este 
Bomerillo fueran inocuos, como había constatado varias veces para las 
ramitas y hojas de la copa que había hecho cortar; el resultado fué 
admirable, pues dichos retoños resultaron sumamente tóxicos para 
toda clase de animales herbívoros. Esta constatación fué la que ilu- 
minó mi cerebro é inmediatamente sometí al descabezamiento varias 
viejas matas del inocente Duraznillo negro, las cuales inmediatamen- 
te me proporcionaron una notable cantidad de brotos tiernos y jugo- 
sos, aun etiolados, y que á su vez resultaron poderosamente tóxicos. 
Soy contrario de emitir hipótesis generales y me limito, por 
lo tanto, á la constatación de los hechos que nos hacen saber 
que muchas plantas normalmente inocuas, y muchas veces hasta fo- 
rrajeras útiles durante el período de brotación, contienen en sus ye- 
mas y turiones substancias venenosas que tienen por objeto prote- 
ger los órganos tiernos y jugosos contra las asechanzas de sus enemi- 
gos, hasta tanto que crecidos y endurecidos puedan mecánicamente 
evitar ó tolerar sin grandes perjuicios los ataques. 

Creo poder agregar que en la mayoría de los casos las substancias 
tóxicas son glucósidos que actúan en parte como material de reserva 
y en parte como tóxico defensivo efímero y que desaparecen en breve 
período. 

Opino, pues, que las plantas bajo el punto de vista toxicológico se 
pueden dividir en tres grandes categorías : 

1^ Flantas constantemente tóxicas : a) en todas sus partes como el 
Laurel rosa (N'erium oleander), el Pesegueiro bravo (Prunus sphaero- 
carpa), los Chamicos (Datura stramonium, D. metel, D. tatula), el Sim- 
cMllo (Pascalia glauca) el Duraznillo blanco (Solanum glaucum) etc. 
h) en algunas de sus partes, como flores ó frutos : Altramuces^ 
Porotos del Peni, Alverjillas, la Choris etc. 

2"" Plantas parcialmente venenosas, pudiéndose ó su vez subdividir 

en : 

a) Plantas ocasionalmente venenosas como la Digital {Digitalis 
purpurea) las cuales son tóxicas en estado silvestre y se vuelven 
inocuas por la cultura. 

h) Plantas temporariamente venenosas como el Johnson-grass (Sor- 
ghum lialepense), el Maíz (Zea maijs), la Eymenoxys Tweedi, las papas 
(Solanum tuberosum), el Mio-mio ó Eomerillo (Baccharis coridifolia) , 



164 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

el Duraznillo ncf/ro (Cestrum palqnc) et<!., l.is (•u;il(\s son venenosas 
sólo en el momento que inician la vegetación. 

c) Plantas parasitariamente tóxicas como el Joyo (Lolium temulen- 
lum), el Pasto tembladera (Festuca JHeronymi) etc., las cuales son 
tóxicas solamente cuando se liallan invadidas por algún parásito es- 
pecífico. 

3^ Plantas constantemente inocuas las cuales carecen en todos los 
lugares, en toda época de vegetación y en todas sus partes de snl>s- 
tancias venenosas. 

En la xjrimera subdivisión de la segunda sección i)odrían incluirse 
como i)lantas ocasionalmente venenosas las que adquieren este carác- 
ter por absorber y acumular en sus tejidos ciertas substancias tóxi- 
cas, que retiran del suelo, como sucedería para ciertas gramináceas 
de Norte América, las que normalmente inocuas se transforman en 
venenosas cuando crecen sobre terrenos que contienen sales de bario, 
que se acumulan en sus tejidos actuando como veneno una vez intro- 
ducidos en el organismo del animal poiófago. 

De las plantas pretendidas tóxicas de la Eepública Argentina que- 
dan muchas aún que estudiar, bajo este punto de vista, para saber don- 
de colocarlas; me limitaré á recordar algunas como los Chuchos, las 
Flores de sapo, los Quiebrarado etc. 

Con esto daré por terminada esta corta comunicación, j)ero con ella 
espero haber desacertado el interés tanto de los hombres de ciencia 
como el de los hombres de trabajo ju-áctico, para que guiados por mis 
humildes ensayos repitan y multipliquen los experimentos jcara con- 
firmar las verdades ó descubrir los errores que hubiera podido come- 
ter; me permito también recordar que no deben limitarse á ensayar 
las plantas tóxicas sobre una sola clase de animales, pues cada espe- 
cie tiene una tolerancia ó una incompatibilidad más ó menos profunda 
para tal ó cual principio venenoso, limitándonos á recordar el bien 
conocido hecho del perejil para los loros. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS 



CON RESPECTO AL TIEMPO 



EN LA CINÉTICA QUÍMICA 



Y LOS FALSOS EQUILIBRIOS QUÍMICOS 



Los químicos hablan á cada rato de velocidades de transformación 
ó reacción. Ahora bien, en todos los fenómenos naturales cuando apa- 
rece la noción de velocidad, en seguida interviene, si se trata de ve- 
locidad variable, la idea de aceleración y de velocidad adquirida. 

En efecto, es sabido que si MA representa el vector velocidad v á la 
época t, y MB el mismo vector á la época / -\- dt, el vector AB es po^" 
definición la velocidad adquirida 
durante el instante dt. Ya sé que 
se trata en esta definición del mo- 
vimiento de un punto M en una 
trayectoria, ó sea de la cinética clá- 
sica, de esta mecánica tan maltra- 
tada desde hace algunos años, y en 
química no se consideran por lo 

general tales movimientos sino cuando intervienen la cinética y la 
dinámica moleculares. 

Pero esta intervención, los energetistas precisamente se niegan á 
admitirla, porque quieren hacer descansar la ciencia de los fenó- 
menos naturales únicamente en la termodinámica, ^o tengo dificul- 
tad en reconocer los servicios que prestó la energética á las ciencias 
físicas y á la química especialmente, pero mi opinión al respecto (1) 




V xdo 



(1) Las teorías físicas y los límites del conocimiento científico. Conferencias orga- 



166 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

€S más bien ecléctica, lo que significa que no me parece razonable 
excluir el mecanismo de las teorías físicas como lo exigen desapiada- 
mente Duliem y Ostwald, por ejemplo. 

Por otra i)arte, si los energetistas se niegan á tener en cuenta al- 
guna los movimientos moleculares ¿por qué y cómo liacen intervenir 
en química la noción de velocidad, y basta de velocidad variable co- 
mo la de reacción ? 

Si admiten que se trata de una velocidad verdadera representada 
por la derivada de cierta función con respecto al tiempo, y si esta 
derivada no conserva un valor constante; si además, como lo hace 
Duliem, hablan de aceleración, ó sea de las variaciones de aquella 
velocidad i cómo explicar que rechacen sin consideración á toda ve- 
locidad adquirida f i Cómo proclaman también sin vacilar que en quí- 
mica no se puede hablar de derivada segunda con respecto al tiem- 
po f (1). 

Confieso que á primera vista encontré en esta manera de ver una 
contradicción indudable, que trataré deponer en evidencia en la pre- 
sente memoria ; por esto quise explicármela y es el resultado de mis 
reflexiones al respecto, que me propongo dar á conocer á mis lectores. 

Para ello tendré que recordar primero con la mayor brevedad po- 
sible cómo Duhem ñié llevado á defender la tesis aludida, al estudiar 
los falsos equilibrios químicos y los fenómenos de viscosidad y frota- 
miento (2). 

Siendo bastante difícil é ingrata la lectura de las obras escritas 
sobre el tema i)or el eminente físico, en razón de la complicación ex- 
trema de las hipótesis y de los cálculos, me parece conveniente dar 
primero una síntesis rápida de la teoría de Duhem que nos enseñará 
cómo puede llegar á rechazar la existencia de toda velocidad adquiri- 
da en la cinética química. 



nizadas por la Sociedad Científica Argentina. Anales de la misma Sociedad, to- 
mo LXXVI, páginas 253, 289 y siguientes. 

(1) Vóase la memoria del doctor Horacio Damianovich, Sobre algunos prohlemas 
de cinética química. Anales ñe la Sociedad Química Argentina, tomo I, página 289. 

(2) Théorie dynamique de la viscosité, du frottement et des faux equilibres chimi- 
ques, por P. Dubem, Hermaun, 1896. Véase también la Mécanique chimique del 
mismo autor. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 167 



SÍNTESIS DE LA TEORÍA DE DUHEM 

A. — Falsos equilibrios químicos 

Partiendo de la termodinámica, encontramos en seguida un prin- 
cipio clásico que domina la noción de todo eqnilibrio : éste se desplaza 
cuando varía la temperatura. 

Ahora bien, aquel princiiDio, en muchos casos, está en contradicción 
con la experiencia. 

En efecto, en virtud del principio del trabajo máximo, sólo una 
reacción exotérmica puede verificarse directamente, y nunca una 
reacción endotérmica, cuya realización necesita el concurso simultá- 
neo de otra reacción que desprenda más calor de lo que absorbe la 
primera. 

Pero, en virtud del desplazamiento del equilibrio con la tempera- 
tura, la oposición entre las dos clases de reacción i3uede caracteri- 
zarse en otra forma : las combinaciones exotérmicas se verifican di- 
rectamente á temperaturas bajas y se descomponen espontáneamente 
á temperaturas elevadas ; al contrario las combinaciones endotérmi- 
cas se descomponen directamente á temperaturas bajas y se forman 
espontáneamente á temperatnras elevadas. 

Tomemos, pues, una combinación exotérmica, por ejemplo la del 
oxígeno con el hidrógeno que se verifica con un desprendimiento de 
calor considerable, é imaginemos que se calienta bajo volumen cons- 
tante ó presión constante un sistema que contenga á los elementos 
gaseosos del agua. 

Según la ley del desplazamiento del equilibrio, á temperatura baja 
la mayor parte del gas ha de encontrarse en el estado de vapor de 
agua, y, á medida que sube la temperatura, la cantidad de vapor de 
agua tiene que ir disminuyendo. 

Ahora bien, la experiencia nos enseña que, á temperatura inferior 
al rojo obscuro, un sistema compuesto con las tres clases de molécu- 
las, oxígeno, hidrógeno y vapor de agua, permanece en estado perfec- 
to de equilibrio y recién á una temperatura vecina del rojo obscuro, 
los dos gases entran á formar una combinación. 



168 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

DuliCDi cita otros ejemplos (1) en que se verifica la uiisuia contra 
dicción con las previsiones fundadas en la ley del desplazamiento 
del equilibrio. Se puede, por otra parte, definir aquella del modo si- 
guiente : 

1" Cuando la termodinámica clásica hace prever la imposibilidad 
para un cuerpo de experimentar una modificación dada, lo que signi- 
fica que ha de estar en equilibrio, aquella modificación no puede rea- 
lizarse experimentalmeute y el cuerpo queda en equilibrio ; 

2° Pero cuando la termodinámica prevé que, en ciertas coiulicio- 
nes, habrá modificación, sucede á menudo que ésta no se verifica, ó 
sea que el sistema permanece en equilibrio, por más que las condicio- 
nes en que se encuentre habrían de llevarlo á una transformación 
según la termodinámica. 

Duhem llama /Víí.s'o.s- equHihríos químicos á los que se pueden reali- 
zar experimeñtalmente, aunque la termodinámica los declare impo- 
sibles. 

Los equilibrios verdaderos^ al contrario, son los que i3revé la termo- 
dinámica y siempre se pueden realizar efectivamente. 



B. — Analogía entre los falsos equilibrios químicos y los equilibrios 

mecánicos debidos al frotamiento 

Un principio admitido universalmente consiste en que las leyes de 
la mecánica racional se aplican á los sólidos naturales, siempre que 
se tenga en cuenta el frotamiento en su forma más general, ó sea las 
rugosidades y deformaciones. 

Gibbs manifestó una opinión análoga en lo que se refiere á los fal- 
sos equilibrios químicos. Según el gran físico norteamericano, las di- 
ferencias notables señaladas por estos fenómenos entre los resultados 
experimentales y las previsiones de la termodinámica se pueden ex- 
plicar en razón de la sencillez exagerada que se atribuye á los sisre- 
mas ficticios considerados como si fuesen cuerpos reales ; pero aque- 
llas divergencias pueden desaparecer sise da mayor complicación al 
sistema abstracto sujeto á las fórmulas generales de la termodiná- 
mica. 

Duhem está conforme en cuanto á la explicación de varios falsos 

(1) Loe. cit., píígiua 3 y siguientes. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 169 

equilibrios químicos, por ejemplo el atraso de la coudeusación del 
vapor de agua comprimido, la sobrefusióu de uu líquido, el atraso 
de la transformación de una forma cristalina en otras, etc. Pero no 
admite que todos los falsos equilibrios pueden explicarse de este 
modo, por más que lo haya admitido antes (1). 

En vez de adoptar este método que parece muy racional, ijrefiere 
más bien examinar si las leyes de la mecánica y termodinámica clá- 
sicas son, como las de la geometría, consecuencias lógicas de hipótesis 
que no dan lugar á ninguna duda. 

Aliora bien, si se considera á las leyes de la mecánica y termodi- 
námica clásicas como fundadas en hipótesis arbitrarias, Duliem ad- 
mite que nos encontramos autorizados á abandonar estas últimas y 
completar las ecuaciones adoptadas por lo general mediante nue- 
vos términos que permitan darnos cuenta de ciertos fenómenos antes 
inexplicables. Por otra parte, á fuer de energetista, Duhem conside- 
ra la mecánica como un ramo particular de la termodinámica clásica, 
y ésta descansa sobre una hipótesis arbitraria que llamaré la hipóte- 
sis H : cuando se da el estado de un sistema, las acciones externas que 
pueden mantenerlo en equilibrio en aquel estado son perfectamente defi- 
nidas por ciertas ecuaciones que expresan las condiciones del equilibrio. 
Pero nada nos impone la necesidad de adinitir esta hipótesis, y si la 
abandonamos, se pueden introducir en las leyes de la mecánica y 
termodinámica elementos correctivos que de otro modo quedarían 
excluidos, lo que nos permitirá explicar los fenómenos de los falsos 
equilibrios químicos. 

En esto consiste el punto de partida de la teoría de Duhem. 

C. — Viscosidad y frotamiento 

El gran físico de Burdeos opina que la elección de las hipótesis, 
en cuanto al frotamiento, ha de determinarse mediante el estudio de 
la viscosidad. Un líquido es viscoso cuando las ecuaciones de la hi- 
drodinámica ya no están conformes con los resultados experimentales. 

Pero, por lo general, los sabios que han estudiado la cuestión se 
limitaron á introducir en estas ecuaciones términos complementarios 
debidos á la intervención de ciertas acciones moleculares, ó bien 
atribuyeron la viscosidad al frotamiento ú otras causas de disipación 
de la energía. 

(1) DuiíEM, Tntrofluction ci la mécaniqne chlmique, Gaud, 1893, cli. XII, «jiij» 4 y 5. 



170 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ahora bien, desimés de estudiar la viscosidad (1) Duliem pasa al 
estudio del frotamiento y busca, desde este punto de vista, las conse- 
cuencias de la hipótesis H, base de la termodinámica clásica aplica- 
da á los equilibrios. 

Supongamos un sistema independiente de los cuerpos exteriores 
que tenga la misma temperatura a))Soluta T en cada uno de sus 
puntos. Designemos por : 

a . ¡j . Y ••• /> 

n variables normales que, juntamente con T, definen el estado del 
sistema, y i^or U, función de las mismas, la energía interna del sis- 
tema. Habrá un potencial termodinámico H ligado con la entropía S 
por la relación : 

(1) H = TS — U 

La función H (2) depende de las variables a, |3, ... a, T y por otra 
parte goza de las proj)iedades siguientes : 

1^ La energía interna ü está ligada con H por la relación : 

í7TT 

(2) EÜ = H-T^^ 

siendo E el equivalente calorífico ; 

2^ Las ecuaciones del movimiento i)uesta8 en la forma de Lagran- 
ge son : 

/ , fZ (W — H) (/ f7W 

a y. dt (¡y. 

d (W - H) d dW , . _ ., 

(3) :' ^+ dli ^rf^+-^'-^ 



, (7 (W - H) d dW , ,. _ . 

\ ^ -^ <r;. dtd}^'^-^^-^ 

siendo W la fuerza viva del sistema. A, B, C, ... L las acciones exte- 
teriores, /y._, //S .../;, las acciones de viscosidad, y a', [i', y' ... X' las 

(1) Loe. cii.. 1^ parte, píígina 17 y, siguientes. Elimino esta parte, pues me pa- 
rece suficiente seguir el desarrollo de la teoría de Duhem, respecto al frotamiento, 
para no dar á esta síntesis demasiada extensión. 

(2) Esta función H es la función característica de Massieu, la energía libre de 
Helmlioltz y el potencial termodiuámico á volumen constante de Duhem. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 171 

derivadas con respecto al tiempo de las variables uormales x, ^, 7 ... "/,. 
En virtud de una serie de transformaciones de que me parece con- 
veniente prescindir, Duhem acaba por dar á las ecuaciones (3) la for- 
ma siguiente : 

.^ — <í>, + J„ + (? =0 

íB — í>„ + J. + ?/, = O 

(4) ' e _ (i)^ + j^ 4. 5^ ^ o 



£ — (í), -f J, + ?, = o 

siendo .ib. á^ ... £ funciones de las acciones externas: A, B, ... L de la 
forma sieuiente : 



(5) 



Al = ¡J.'u-^ + \''\i^ + ••• + [J-' iJ^ 

£B = ij/,,A +¡x',,B + ... + ¡;/,,L 



<? 



I-»' '«A + ;-'.'».>B + ... + ¡j.'„„L 



en que los coeficientes [x son las derivadas respecto al tiempo de las 
n- cantidades : 

determinadas en función de las variables normales a, 3 ... X y de las 
a, b, c ... I por las relaciones: 



(6) 



c,, = ¡j.ji$a -f ij.,,$i3 4- ... + ;j.,,3>. 

• • ■ • • • • 

cz =^ l-'-Hi^a -j- ¡j,„,cii + ... + ¡j.„„o/. 



Por otra parte las funciones <I> son definidas mediante las rela- 
ciones : 



172 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Por último las J son dadas por : 



J" — y- ' 1 1 




/ r7W d (¡W\ , , /^7W d d\\ 

\d7 ~Jt'íhr) "^ ■■' ^ •'■ '" [iv/: ~ dtd^ 



+ ■■ 


■' ^ ''■ '" V di 


+ - 





dW d dW\ . . /dW d d\\ 



dt d'h ' 



I 90 = '^' ' 2 1 A- + I-*- ' 22/5 + ••• + ;-''' 2«/;. 



Como ya se ve, los energetistas no temen las complicaciones en 
las fórmulas, j)or más que reprochen á los mecanistas el abuso del 
análisis matemático. 

Así planteadas las ecuaciones del movimiento en la forma (5), 
Duliem se preocupa de examinar lo que pasa si se abandona la hipó- 
tesis arbitraria H que tiene el propósito de desechar. 

Siendo las ecuaciones (5) una consecuencia de esta hipótesis, ya 
quedarán sin fuerza, y se podrán substituir por otras más generales 
mediante una hipótesis nueva. 

Pero, por lo pronto, se introduce una restricción esencial, ó sea 
otra hipótesis inelimiuar, admitiendo que el sistema está formado ^mr 
un cuerpo continuo, ó si presenta superficies de discontinuidad, que las 
partes limitadas por ellas están soldadas la una con la otra. 

Ya admitida esta hipótesis genuinamente energetista, se añade la 
\ú\)ótQ^\^ fundamental que es la siguiente : 

Existe una función íiniforme H de las variables oí, ^,y ... k, T ligada 
con la energía interna U por la relación (2) ya aceptada : 

EÜ = H-Tf 

y también n- funciones [J.^^, [i^.-, ... ¡j.„„ de las variables a, ^, y ... X cuyo 
determinante es diferente de cero. 

Estas funciones son de tal naturaleza que, á cada instante del movi- 
miento del sistema, se tenga las relaciones : 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 173 

a' 

A — <]\ + J„, + 9„ + (j, i^T = O 

(10) :■ B-$. + j„-f,„ + ,,A;i = o 



, L — (I>, + J, + 9, 4- í/, -- = o 

en que las cantidades A, B ... L, <I>„^ tí»^ ... J,,^ f/,, ... 9,,^ 9,, ... tienen la 
signijicación más arriba definida, siendo g,,,, (Jb*--- íli funciones que 
dei)enden : 

r De la temperatura T del sistema; 

2° De las variables n, ¡3 ... X que definen á éste; 

3° De las acciones externas A, B ... L que experimenta el mismo; 

4° De las velocidades a % 3 ' ••• /^ ' • 

Además, las funciones g no tienden á cero por lo general cuando a' , 
h ' ... /' tienden á este límite, sino á valores finitos -[„, 7^ ... -(i que son á 
su vez funciones de las variables : 

T . a . ¡3 . Y ... A 
A . B ... L 
y por último satisfacen á las desigualdades : 
(11) g, < O, g, < O ... g, < 0. 

Esta es la hipótesis, que se clasificaría difícilmente entre las más 
sencillas, mediante la cual Duliem justifica la introducción en las 
ecuaciones (4) del movimiento, consecuencias de la hipótesis H que 
quiere desechar, de los términos adicionales de la forma : 

a ' 

(Ja 



a \ 

en que | «' ] designa el valor absoluto de a'. 

íío tengo el propósito, ni mucho menos, de penetrar aquí en el 
detalle de los cálculos ni en el desarrollo matemático de esta teoría, 
fundada, como se ve, en hipótesis bastante complicadas, arbitrarias y 
numerosas. 

Me bastará primero mostrar los resultados que se obtienen acerca 



174 ANALES UK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(le la influencia de los frotamientos sobre los cambios de estado de un 
sistema sometido á una presión externa normal y uniforme (1). 

Duliem empieza por el estudio de un sistema cuando se toma la 
presión por variable independiente y admite que este sistema está 
formado por dos masas liomogéneas M^, M,. Para definir el estado 
intervienen los volúmenes específicos i\, r, y otras variables a, ¡3, 
7 ... Á que determinan el estado físico y químico, M^ y M., pudiendo 
ser funciones de estas variables. 

En cuanto á las acciones exteriores, se reducen ala presión normal 
y uniforme P. 

Si V es el volumeii total del sistema, se tiene : 

(12) V == v.,M^ 4- vM,' 

Introduzcamos además la nueva hipótesis de que las modijicaciones 
principales del sistema dependen : 

1" De las variaciones zv^ ot% ; 

2" De n funciones lineales y liomogéueas c«, c& ... II de las varia- 
ciones $a, o¡3 ... oA (6); y también que se puede despreciar la viscosidad 
y el frotamiento relativos á las modificaciones li\^ zi\,, y i)or último 

LAS VARIACIONES DE LA FUERZA VIVA Y POR CONSIGUIENTE LAS 
FUERZAS DE INERCIA. 

En estas condiciones se puede introducir otra función 5^') que 
depende de las variables P, a, ^ ... a, T y demostrar que, si no hubiera 
frotamiento, se tendría la condición siguiente para el estado de equi- 
librio : 

' dy. d;i di. 

mientras que, al contrario, si hay frotamiento, se tiene j)ara la misma 
condición : 

^^^) lüdt -^ll^Jt^ -'^'d^dt <^' 

Estos resultados se refieren, como lo dijimos más arriba, al caso de 
la presión tomada como variable independiente. 

Después Duhem considera el caso en que el volumen total se toma- 
como variable independiente. 

De deducción en deducción, concluye diciendo que, si el potencial 

(1) Duhem, loe. cit., página 89. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EX CINÉTICA QUÍMICA 175 

termodinámico es H, la condición de equilibrio con frotamiento tiene 
por expresión en este caso : 

dll íU fZH f?3 , , fZH íVk 

dx dt dp dt '" ' d\ dt 

Partiendo de estos resultados, da principio á su estudio de los fal- 
sos equilibrios químicos, y supone otra vez que se trata de un siste- 
ma bajo i)resión constante, pero para simplificar las fórmulas, admite 
que las variables que definen físicamente y químicamente el estado 
del sistema se reducen á una sola a. 

En estas condiciones y si7i frotamiento, la ecuación d^ equilibrio se 
reduce á : 

(10 - = o. 

siendo J6 función de P, a y T solamente. 

Ahora, si la presión P es constante, las tres variables se reducen á 
dos, 7. V T, siendo x á su vez función de T. 

Por lo tanto, si se toma T por abscisa y a por ordenada, la ecua- 
ción (16) será la de una curva que definirá el equilibrio para cada 
valor de la variable independiente T ; á esta curva Duliem le da e) 
nombre de linea de los equilibrios verdaderos bajo presión constante P. 

Abora bien, si el frotamiento no es nulo con respecto á a, con las. 
ecuaciones del movimiento aumentadas cada una con el término com- 
plementario : 

a' 
\a [ 

se obtiene la condición del equilibrio : 

ddC a ' 
17) o — g , : = U 

en la que R es función de P, a, T y 9 función de P, x, T, x' . 

Sea Y el límite de g que es forzosamente negativo, cuando a tiende 
á cero, la condición de equilibrio en razón de una consecuencia dedu- 
cida de una hipótesis anterior que no expresé para no complicar 
demasiado esta síntesis sumaria, se expresará por la doble desigual-. 
dad siguiente : 

(18) Y<.-^--T 



176 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lo que sifiíiifica : 

f . . . « 

Estas ecuaciones, si P es constante, representan pues á las condicio- 
nes del equilibrio del sistema, y también á dos curvas. 

Por otra parte, si no hubiese frotamiento, la estabilidad del estado 
de falso equilibrio tendría j)or expresión : 

siendo 3{^ función de P, a y T. 

Aquí Dubem introduce la nueva hipótesis de que esta última des- 
igualdad se verifica en todo el campo de los valores de las rariables, y 
saca de eso las consecuencias siguientes : 

I"" Á una temperatura y bajo una presión dadas, existe un solo 
estado de equilibrio verdadero, la ecuación : 

^ = 
dx 

función pura de a, no pudiendo por su naturaleza admitir más de una 
raíz; 

2^ Aquel estado está sometido á la ley del desplazamiento de equi- 
librio por variación de la temperatura y presión. Si por ejemplo, á 
temperatura y presión constantes, á partir de un estado de equilibrio 
verdadero, un incremento de la variable a determina absorción de 
calor^ la curva de los equilibrios verdaderos se levanta de una ma- 
nera continua de la izquierda á la derecha, y lo contrario se verifica 
cuando un incremento de a entraña un desprendimiento de calor ; 

3^ Siendo la función y esencialmente negativa, la curva que corres- 
I)onde á la ecuación (19) se encuentra íntegra arriba déla délos equi- 
librios verdaderos; 

4a p(jp ]^ misma razón, la curva que corresponde á la ecuación (20) 
se encuentra en totalidad abajo de la de los mismos equilibrios ver- 
daderos ; 

5^ Todo punto de la faja comprendida entre estas dos curvas (10) 
y (20) representa un estado de equilibrio del sistema, pues en tal 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 177 

puiito las condicioiies (18) son verificadas. Dubem da á esta faja el 
nombre de región de los falsos equilibrios^ y la curva de los equilibrios 
verdaderos SE encuentra en totalidad en aquella región ; 

6^ En cuanto á la región debajo de la curva que corresponde á la 
ecuación (20), no comprende ningún punto que represente á un estado 
de equilibrio del sistema, lo que significa que en aquella región se 
tiene : 

da. 

y la expresión : 



lia de ser también negativa; por otra parte, es de signo contrario al 
de y. ' , luego : 

, , dy. 
' ^dt 

ha de sev positiva en la misma región, lo que significa que allí el sis- 
tema se va modificando de tal modo que a vaya aumentando; 

7^ Al contrario, en la región ubicada arriba de la curva que corres- 
ponde á la ecuación (19) el sistema se modifica de modo que a vaya 
disminuyendo. Duhem llama á la región que se extiende debajo de la 
curva (20) región de comhinación, y á la ubicada arriba de la curva 
(19) región de disociación, dando á la faja intermediaria el nombre de 
región de los falsos equilibrios, en la cual siempre se encuentra la 
curva de los equilibrios verdaderos. 



D. — Velocidad de reacción 

Veamos ahora cómo, partiendo de los resultados anteriores, Duhem 
considera á la velocidad de reacción. 
En la región de combinación se tiene : 

(31) *r-'=« 

de donde : 

(32) ^■-Tt>" 

En la región de disociación se tiene : 

AK. SOC. CIKN'í. AK(-i. — T. LXXVII 12 



178 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(23) f? + •, = O 
de donde : 

(24) ^■=S<" 

Por último, en la región de los faisán equilibrios^ comprendida entre 
las dos curvas, se tiene : 

dx 

(25) ^'=Tt=' 

dx 
siendo la velocidad de reacción — • 

dt 

Tomemos, pnes, el sistema en condiciones tales que — sea diie- 

rente de cero. Entonces M, oj g son funciones de P, a, T y a ' , y se 
tiene : 

d'Mj a ' , 

(26) _o-í/ — = 0. 

dx \x \ 

Si se trata de un punto de la región de combinación, siendo a ' posi- 
tiva, la relación (26) se convierte en : 

dM 

(27) -j--o-g=i)- 

dx 

Si al contrario, el punto está en la región de disociación, siendo x' 
negativa, se convierte en : 

(2S) |^'_, + , = o. 

Si queremos determinar la velocidad de transformación del sistema 
á una época dada, hay que examinar primero si las condiciones ini- 
ciales del sistema ubican el punto correspondiente en la región de 
combinación ó en la de disociación, y, según el caso, es preciso recu- 
rrir á la una ó á la otra de las dos relaciones anteriores. 

Aquí Duliem introduce nuevas hipótesis. Ya sabemos que la fun- 
ción g tiende á un límite finito y negativo y cuando x ' tiende á cero. 
Ahora bien, la primera hipótesis introducida consiste en admitir que 
g no depende de x' . Por otra parte, la función o se anula con a ' y su 
signo es siempre distinto del signo de esta derivada. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 179 

Otra hipótesis es la de que se tiene siempre : 

(29) 9(P,7,T,a') = í»(P,a,T)a' 

siendo $ otra función esencialmente negativa. 

Duhem añade que estas hipótesis son las más sencillas que se pue- 
dan hacer acerca de la naturaleza de las funciones g j 'v; que, por 
otra parte, están verificadas sin duda ninguna mientras queda j)equeuo 
el valor absoluto de a ' , y por último que los progresos de la física expe- 
rimental podrán un día enseñarnos si se verifican también cuando aquel 
valor absoluto es grande (1). 

Con lo que antecede, se puede sacar de las relaciones (27) y (29) 

para el valor de — en toda la región de combinación : 

(30) ^^^ '-' ' 



dt $ 

siendo las tres funciones M, y y ^ dependientes únicamente de P, a, 
T, y para el de la Diisma derivada en toda la región de disociación : 

(31) '' '''■ ' 



dt í> 

dcK 
Resulta de (30) que — » positiva en la región de combinación^ tiende 

á cero cuando el punto rei^resentativo del estado del sistema tiende 
á la curva cuya ecuación es : 

dj{, 



d,y. 



O 



y que separa aquella región de la de loa falsos equilibrios químicos. 

Resulta también de (31) que de — » negativa en la región de disocia- 
ción, tiende á cero cuando el punto representativo tiende á la curva 
definida por la ecuación : 

fía 

que separa dicha región de la de los falsos equilibrios. 
Tal es en resumen la teoría de Duhem. 



(1) Duhem, loe. cit., página 129. 



180 ANALES RE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKGENTINA 



E. CoHClUfiU'm 

De ella vsaca la consecuencia de qne el movimiento del sistema, 
cuya explicación se funda sobre un sinnúmero de liii)ótesis arbitra- 
rias, es muy diferente del que podría prever la cinética clásica. 

No hemos de olvidar que la base fundamental de la teoría de Du- 
liem consiste en no tener en cuenta las variaciones de fuerza viva y 
por consiguiente las fuerzas de inercia. 

Sea lo que sea, tiene por resultado final que la velocidad de trans- 
ida 
formación -rr se encuentra definida del todo á una época dada cuando 
dt 

se conoce el estado del sistema y las acciones externas que lo solicitan. 
Al contrario, si se tienen en cuéntalas variaciones de la fuerza viva y 

las fuerzas de inercia, hay que determinar —• y para esto es necesa- 
ria 

rio conocer además el valor de -zr ó sea la velocidad de los diferentes 

dt 

puntos del sistema á la misma época. 

Con esta manera de ver, un sistema sometido á la acción de una 
fuerza exterior puede llegar á un estado de equilibrio bajo la acción 
de dicha fuerza con una velocidad finita, y entonces empieza por 
salvar dicho estado como un péndulo que, mientras va oscilando, ijasa 
por la posición vertical. 

Al contrario, con la teoría de Duhem « un sistema que se acerca á 
una posición de equilibrio tiene seguramente una velocidad que tiende 
á cero; si llega á alcanzarlo, será con una velocidad nula y allí perma- 
necerá. 1^0 tenemos aquí ninguna analogía con lo que en lenguaje 
común se llama velocidad, adquirida» (1). 



II 



RESUMEN Y DISCUSIÓN 

Aunque se admitan toda la teoría y todas las hipótesis de Duhem, 
no veo por lo pronto por qué deberíamos prescindir de toda velocidad 

(1) Loe. cit., página 130. 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 181 

adquirida. En la región de combinación y en la de disociación la ve- 
locidad de reacción varía, jíues tiende á cero, y si va variando á me- 
dida que el punto representativo tiende hacia la región de los falsos 
equilibrios, ha de existir una aceleración, y por consiguiente, una ve- 
locidad adquirida. Si dicha aceleración se anula con la misma veloci- 
dad cuando el punto se acerca á aquella región, esto no me parece 
sino una consecuencia del frotamiento y viscosidad. 

Para recurrir á la imagen del liéndulo de que se vale Duhem, si di- 
cho péndulo oscila en un ambiente bastante viscoso, su velocidad to- 
mará muy pronto el valor cero, hasta antes de haber alcanzado su 
posición verdadera de equilibrio, ó sea la que corresponde á la verti- 
cal, y se detendrá en una posición que se podría llauíar falso equili- 
brio análogo al de un cuerpo grave rugoso en un plano inclinado tam- 
bién rugoso, á De tal resultado habría que concluir que la teoría del 
péndulo no es cierta ! Por mi parte al contrario veo en el hecho seña- 
lado una confirmación de aquella teoría. 

Lo que se desprende de las observaciones anteriores se resume en 
ésto, que en química como en física ó en mecánica aplicada por lo ge- 
neral, hemos de tener en cuenta el papel importante que desempeñan 
el frotamiento y la viscosidad en todos los fenómenos naturales y no 
me doy cuenta cabal a jjriori del por qué algunos falsos equilibrios 
no se pueden conciliar con la hipótesis fundamental de la termodiná- 
mica clásica que á Duhem le parece imprescindible desechar; tam- 
poco comprendo por qué hemos de admitir que la introducción de la 
viscosidad y frotamiento no se puede ajustar á la teoría energética 
sino con el auxilio de las hipótesis tan numerosas y complicadas en 
que se funda la de Duhem. Por último no veo por qué es imprescindi- 
ble que la curva de los equilibrios verdaderos se encuentre en la re- 
gión de los falsos equilibrios y no me parece demostrado que el equi- 
librio verdadero no se pueda alcanzar como sucede por lo general, ó 
sea mediante una serie de oscilaciones que se van achicando alrede- 
dor de la posición final. 

Sea lo que fiíere, vemos que la energética nos ofrece, en el caso 
actual, un campo de ox)eraciones de los más complicados para el fun- 
damento de una teoría explicativa que no tiene otro mérito que el de 
llegar á la explicación deseada de ciertos equilibrios falsos, y parece 
haber sido ideada precisamente con el único objeto de alcanzarla. 
Ahora bien, es sabido que mediante un número suficiente de hipóte- 
sis, se puede siempre conseguir la explicación de un fenómeno cual- 
quiera. Pero este no es el papel que han de desempeñar las teorías físi- 



182 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cas : no sirven imicamente para explicar lo que ya nos reveló la ex- 
periencia, sino que deben ser fecundas y facilitar la previsión ; y la de 
Diiliem, por lo que yo sepa, no ba x>ermitido aún prever la existencia 
de falsos equilibrios que la experiencia no nos había revelado antes y 
que hayan sido confirmados después experimental mente. Conforme á 
las ideas que expuse ya en otra parte respecto á las teorías físicas, 
o^iino que quizá sería preferible en este caso valemos del mecanismo 
molecular y de la teoría cinética do los gases. Es bien sabido en efec- 
to, que la observación de los movimientos nos pone en condiciones, 
cuando la viscosidad es dada, de determinar la estructura molecular 
y viceversa. Una fórmula fundamental de Einstein expresa esta rela- 
ción y da la energía media del movimiento desordenado que toma el 
sistema en función del cuadrado medio del impulso debido á los cho- 
ques moleculares y de la viscosidad, ó coeficiente de proporcionalidad 
de la resistencia viscosa ala velocidad que toma el sistema. 

Desde otro punto de vista hay que averiguar la legitimidad de la 
hipótesis de Duhem que consiste en no tener en cuenta las variacio- 
Les de la fuerza viva y las fuerzas de inercia. 

Esta idea la manifiestan varios energetistas y parece que la toman 
como una consecuaucia de la conclusión de Duhem, « de que en los 
fenómenos químicos no se encuentra nada de análogo á lo que expre- 
san en el lenguaje vulgar las palabras velocidad adquirida». 

Comprendo aquella conclusión como consecuencia de que se exclu- 
yen de los sistemas químicos toda variación en la fuerza viva y todas 
fuerzas de inercia, i)ero entiendo mucho menos el motivo que tiene 
esta exclusión. Es evidente que, mediante ella, desaparece la veloci- 
dad adquirida; ahora bien ¿ se puede partir de la inexistencia de esta 
velocidad así probada para deducir de esta inexistencia la exclusión 
de las fuerzas de inercia ? 

Tal razonamiento no sería sino un círculo vicioso ó petición de 
principio : para admitir la conclusión es menester que las premisas 
sean justificadas, y no veo en ellas sino meras afirmaciones. 

En resumidas cuentas todo descansa en el hecho de que la hipó- 
tesis fundamental que llamé la hipótesis H^ no permite explicar to- 
dos los fenómenos de equilibrio químico. 

Esta contradicción la atribuye Duhem á la termodinámica clásica, 
porque para los energetistas la mecánica no es sino un ramo particu- 
lar de aquella ciencia. Sin este exclusivismo ¿ no sería más sencillo 
considerar á la mecánica misma como responsable de aquella contra- 
dicción y tratar de modificarla en este punto, del mismo modo que ya 



LAS DERIVADAS SEGUNDAS EN CINÉTICA QUÍMICA 183 

exi^eriineutó correcciones en varias ocasiones desde liace unos quince 
años á esta parte ? ¿No vimos primero fundarse la mecánica nueva de 
Lorentz con el principio de relatividad y después la de los átomos de 
energía y de acción bajo el nombre de teoría de la radiación de Planck ? 
fe Esta última mecánica á su vez no es nueva con respecto á la ya algo 
anticuada de Lorentz ? Si pues esta pobre mecánica clásica lia sido 
ya el objeto de tantos ataques i^ov qué vacilaríamos en darle otros 
golpes si la necesidad se impone í 

Examinemos, pues, las ventajas que ofrecería esta táctica compa- 
rada con la de Duliem. Este sabio tiene el propósito de introducir 
correcciones en las fórmulas que expresan las leyes del equilibrio, 
por medio de funciones numerosas é hipótesis más numerosas aún, lo 
que lo lleva á la negación de toda velocidad adquirida en los fenóme- 
nos químicos, siempre que se rechacen las variaciones de la fuerza 
viva y por consiguiente las fuerzas de inercia. Ahora bien, si la 
fuerza viva no varía, no puede haber sino velocidades constantes, 
siempre que se considere la velocidad en la forma de una derivada 
con respecto al tiempo. Pero el mismo Duhcm en otra parte admite 
la idea de aceleración y hasta la de inercia en los fenómenos quími- 
cos; además acepta la variación de la velocidad de reacción en las 
regiones que llama de combinación y disociación. 

Si el concepto común de frotamiento y viscosidad introducido en 
las ecuaciones de la mecánica clásica bajo la forma de términos com- 
plementarios no da cuenta satisfactoria de todos los falsos equili- 
brios, &no será porque se prescinde completamente de todos los fenó- 
menos moloculares que sin embargo han de desempeñar un papel muy 
importante en los fenómenos químicos ? Pues me parece difícil que 
los mismos energetistas, en el estado actual de la ciencia, sigan ne- 
gando la existencia real de los átomos. 

Ahora bien, si la mecánica clásica fué el objeto de muchos ataques, 
los golpes que la hirieron siempre le fueron dados en el campo de la 
mecánica atómica, cuando intervienen velocidades ó fuerzas de un 
orden de magnitud mucho mayor que el de las mismas cantidades 
en los sistemas mecánicos prácticamente realizables. 

Ya hace varios años los físicos se dieron cuenta, desde el punto de 
vista de los fenómenos moleculares, de la importancia del papel que 
ha de desempeñar en estos estudios la antigua teoría cinética de los 
gases que los energetistas creían olvidada iDara siemi)re en la profun- 
didad del sepulcro. 

En todas partes, en todos los institutos científicos del mundo, se 



184 ANALKS VK LA SOCIEDAD CIEXTÍFICA ARGENTINA 

trabaja con ardor jjara devolver á aquella teoría todo el vigor de que 
disfrutaba en la época de Maxwell y Boltzuiann. 

Á mi parecer allí encontraremos el camino más seguro. 

Cuando la teoría electrónica demostró que la masa varía con la ve- 
locidad, si ésta es del orden de la velocidad de propagación déla luz, 
dio á la mecánica clásica el golpe mortal en cuanto á su aplicación á 
los fenómenos moleculares, y la termodinámica de Duliem, cuyo ramo 
particular es la mecánica, resultó berida también. Ya con la teoría 
cinética de los gases el principio de Clausius, que no es sino una ge- 
neralización del principio de Carnot, no tiene otro valor que el de 
una ijrobabilidad estadística. 

Confieso que, basta abora, el principio de energía ba salido indem- 
ne; será quizás i)orque ninguno se atrevió á darle el primer golpe. 

¿Por qué nos negaríamos á admitir en estas condiciones que la teo- 
ría cinética pudiese introducir en las ecuaciones del equilibrio uno ó 
varios términos complementarios debidos no sólo á la viscosidad, sino 
también d otra cosa? &Por qué esta cosa que no bade figurar cuando 
se trata por ejemplo del movimiento del péndulo en un ambiente vis- 
coso, no podría intervenir cuando se trata de los movimientos y fuer- 
zas moleculares muy diferentes, como es sabido, de las fuerzas y mo- 
vimientos que nos es dado realizar ? 

No quiero insistir más por el momento; tuve el propósito único de 
ensenar á mis lectores el camino que podría tal vez llevar á una ex- 
plicación mecánica délos falsos equilibrios químicos y evitarlas con- 
clusiones muy extrañas de los energetistas, entre los cuales figura 
E. Marcelin (1). 

Por otra parte me propongo volver á este tema de una manera más 
detenida en otro artículo, pero me ijarece que antes tendré que estu- 
diar desde el punto de vista cinético la influencia de la presión y tem- 
peratura sobre la velocidad de reacción (2). 

Camilo Méyee. 



(1) Véase la memoria de este químico sobre JUécanique des pTiénoménes irre- 
vernhles á partir des doiinées fhermodiiutmiques. Journal de chimie physiqm;, tomo IX, 
página 402. Mayo 1911. 

(2) Llegué á la misma conclusión en un artículo anterior. Véase Anales de la 
Sociedad Científica Argentina, tomo LXXVII, página 49. 



SUR QUELQLES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 

ET DESCRIPTION D'UNE ESPÉCE NOUVELLE (1) 



Par le prof. CARLOS E. PORTEE 

Dlrecteur ilu :^rusúe (Vliistoire naturelle de Valparaiso ; delegué du gouvemeiuent.. 

de la Société scientitique du Chili 

et de rAcadémie royale des sciences de Madrid 



Monsieur le président : inessieurs : 

La Société scientifique du Chili ayant été invitée á prendre part á 
ce grand tournoi scientifique, a accordé d'y concourir, en me confíant 
l'lionneur de la représenter. 

Comme il ne rn'a pas été x)0ssible, autant a cause de nion insuffi- 
sance que de l'exigüité du temías, étant donné mes nombreuses occu- 
pations, de préparer un travail qui soit digne de ce cougrés, j'ai dú, 
cependant, manifester, en méme temps que mes sinceres remerciments 
a la coqioration qui m'a confié sa délégation, ma bonne volonté, en 
polissantau moins quelques notes que j'ai réunies depuis trois ans, 
se référant surtout a la systématique de quelques jioissons chiliens 
sur Icsquels j'ai eu l'occasion de faire des descriptions nouvelles et 
breves, ainsi que de recueillir des mesures et des renseignements 
zoogéograpliiques, dans mon désir de contribuer avec mon grain de 
sable á la connaissance d'une classe de vertebres qui presente une 
grande importance économique, a cause du grand nombre d'esjjéces. 
comestibles qu'elle contient. 



(1) Travail presenté au Cougrés soieutiñque internatioual américain, tenu a 
Buenos Aires, au mois de juillet 1910. 

AS.SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVII 12* 



186 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



INTRODUCTION 

Avant d'eutrer dans la description des espéces, objet primordial 
de cette étude, il n'y aura pas de mal á ce que je préseute un bref 
apercu de ce qui s'est fait au Chili eu matiere d'ichtbyologie descrip- 
tive (les études de portee biologique étant á peine initiés), en men- 
tionnant en méme temps les travaux les plus importants ijubliés á 
l'étranger et qui contiennent des descriptions d'esjiéces ai)partenant 
á mon pays. 

Les premieres descriptions de poissons chiliens se trouvent dans 
les ceuvres de l'Abbé Molina et de Cuvier et Valenciennes. 

Le premier, dans son Ahrégé de VHistoire naturelle du Chili (1782) 
a décrit 8 genres refermant 11 espéces (1); et les seconds, dans VHis- 
toire naturelle de Poissons (1828-1849), donnent également la descrip- 
tion de nombreuses formes de ce pays que Guichenot, collaborateur 
de Gay, a reproduite, avec des légéres variantes ou quelques rensei- 
gnements nouveaux, dans le tome II (1848) de la partie zoologique 
dans son Hisloire plujsique et politique du Chili. 

Depuis la publication de cette oeuvre fondamentale sur la faune et 
la flore chiliennes, il s'est. publié un gTand nombre de travaux résul- 
tant des études pratiquées pendant les remarquables voyages scien- 
tifiques qui ont eu lieu, les uns le long de notre litoral, d'autres sur 
les cotes enclievétrées des régions magellaniques et de la Patagonie 
occidentale, du groupe d'iles de Juan Fernandez, etc. 

II nous suffira de rappeler, a ce sujet, les memorables explorations 
de Willies (1838-1842), des bateaux Eugénie (1851-1853), Novara 
(1857-59), Magenta, de la Kassau (18GG-69), de FAlert, du Cballen- 
ger, de la Eomanclie, du Bélgica et les voyages plus récents des doc- 
teurs Michaelsen et Píate. 

Au Chili méme, le docteur Eodolphe-Armand Pliilippi, qui a traite 
toutes les branclies de l'liistoire naturelle, s'est également occupé 
d'étudier nos poissons. 



(1) Bien enteudu, les genres décrits par Molina ne concordent pas avec les 
données d'aujonrd'liui. 



SUR QDELQÜES POISSONS COMESTIBLES Dü CHILI 187 

En 1897, un naturaliste distingué, Mr. Edwin C. Keed, a publié 
dans les Anuales de V Université du Chili, la premiére liste de poissons 
cliiliens avec désignation des espéces. 

Mais c'est sans aucnn doute au docteur Federico Teobaldo Delfin 
á qui il appartient d'avoir réuni, dans ees derniers teiups, le plus de 
travaux d'ensemble, x^endant la période oú, étant donné ses connais- 
sanees spéciales, j'ens, comme directeur du Musée de ValiJaraiso, 
Poccasion de lui confier la mise en ordre de notre riche collection due 
— en sa plus grande partie — a ses contribuíions tout-á-fait désin- 
téressées, a l'époque de son service ofñciel á bord comme cliirurgien 
de la marine. 

Qu'il me soit, done, permis de faire, ici, une courte parentliése 
pour dédier un pieux sonvenir á la frnctueuse existence dn premier 
ichthyologiste cbilien. 

Né á Valparaíso il y a 58 ans (1855), il fit son baccalauréat au 
Lycée de ce port et termina ses études classiqnes á l'Institut natio- 
nal, d'oú il passa a l'Université du Chili pour y suivre le cours de 
médecine, ayant ponr condisciples beaucoup de médecins qui figurent 
aujourd'bui parmi les plus distingues soit dans l'exercice de la pro- 
fession, soit dans l'enseignement snpérieur. 

En 1881, il fut promu Cbirurgien de la marine, occupation qu'il 
conserva jusq'á mi mai de Fannée 1903, époque a laquelle il entreprit, 
sur mon insinuation, de dédier son activité aux travaux du Musée 
de Valparaíso. 

Pendant l'épidémie du cholera en 1887 il rendit á la ville des ser- 
vices tres importants. 

L'humanité est redevable au docteur Delfin de beaucoup de bien- 
faits. 

C'était une nature droite et un ami loyal. II y aurait bien des cho- 
ses á diré sur les belles qualités de ce noble coeur qui fut toujours 
prét á servir les bonnes causes. 

Je l'ai connu il y a bien des années, de sorte qu'étant donnée la 
circonstance de nos mémes préférences scientiflques il n'est point 
rare qu'une naturelle sympathie nous ait conduit a la plus étroite 
amitié. 

Dei^uis que nous nous sommes counus nous primes spontanément 
et d'un commun accord la détermination d'efíectuer des excursión» 
¿oologiques et botaniques dans la province de Valparaíso, si peu con- 
nue surtout au jjoint de vue des Arthropodes, aiusi qu'en témoigne- 
ment les nombreuses espéces nouvelles dont les descriptions ont été 



188 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

deja publiées et beaucoup (rantrcs ([ui sont encoré en étude. Jus- 
qii'au mois de mai de l'année lOO-'i, nous n'avons pu faire ees ex- 
cursions ensemble qn'eu profitant des peu de jours qne les bateaux 
de la marine sur lesquels il faisait son service restaient dans notre 
port. Mais pendant les derniers années nous entrejirenions ees agréa- 
bles courses en compagnie de notre commun ami, un jeune et studieux 
avocat, en méme temps que naturaliste distingué, M. Albert Edwards 
Vives. 

Quand j'ai en la grande satisfaction de connaitre le docteur Delfín, 
celui-ci avait déjá formé une tres nómbrense collection d'insectes 
cliiliens et aecomiDli des explorations scientifiques, en sa qualité de 
naturaliste, dans diverses commissions liydrograpliiques. Le Musée 
de Valparaíso acquit son importante collection en 1902. 

Doné d'une patience non facile á trouver, Delfín était parvenú á 
reunir non seulement l'immense majorité des coléoptéres qui babi- 
tent sur la longue étendue de notre territoire, mais encoré avait-il 
trouvé le temps et le loisir de rassembler, pour un grand nombre d'es- 
péces, des renseignements précieux sur leur genre de vie, ainsi qu'il 
me le fit voir il y a des années. Ses excursions aux fleuves Paléna et 
Eifíibué (dans la province australe de Llanquihué) furent tres fruc- 
tueuse pour la connaissance de la faune et de la llore de ees régions. II 
rai)porta de nombreux exemplaires des diíí'érentes classes du régne ani- 
mal, collectionnés i^our le Musée de Valparaíso, et je dois ajouter 
que la moitié, au moins, des espéces de poissons connus qui babitent 
la mer sur notre cote et qui étaient représeutées dans nos collections 
m'avaient été envoyées par cet intelligent savant. 

A la époque oü il m'a été donné de fonder ma Revista chilena de 
Jiütoria natural, en 1897, une des iiremiéres personnes que j'enga- 
geai á m'aider dans la campagne de propagande scientifique que 
j'avais entreprise fut le docteur Delfín, qui accepta avec enthousias- 
me mon invitation et commen9a a y collaborer des le tome deuxiéme. 

Aussitot que le musée confíe á ma direction devint étroit pour con- 
tenir, en permettant de les étudier et de les conserver, les précieux 
matériaux accumulés gráce aux eíforts dévoués du docteur Delfín et 
d'un nombre considerable d'autres personnes s'intéressant ala Scien- 
ce et auxquelles je suis redevable d'importantes contributions, je me 
fls un devoir d'intercéder auprés du gouvernement national afín 
d'obtenir pour mon excellent ami, la création d'un emploi en le dé- 
signant comme chef de la section botanique et aprés deux ans d'iu- 
sistances appuyées en baut lieu, je parvins á me faire écouter. 



SUR QüELQüES POISSONS COMESTIBLES Dü CHILI 189 

Considérant que persouue u'était mieux appelé que Delfiu pour 
remplir ce poste, étaut donné sa vaste préparatiou et son graud en- 
thousiasme, j'eus la satisfaction de le lui olfrir et il accepta volou- 
tiers, bienqu'en ce faisaut, il vit dimiuuer sa rente. II justifia ainsl, 
un fois de plus, que pour qui aime la science en elle-méme il n'est 
X)oint question de percevoir quelques monnaies de plus ou de moius; 
le tout est de pouvoir travailler i)lus tranquillement, et á l'ami Del- 
fín, qui avait déjá tant observé la nature, il ne mauquait plus — pour 
mettre en ordre ses nombreuses notes — que de faire la vie de labo- 
ratoire, d'avoir en niain des (Buvres de consultation, etc. 

Le docteur Delfín excellait surtout — ayant fait des études sur la 
nature méme et avec une passion sans pareille — dans le royanme 
de l'ichtliyologie, préférence i)our laquelle j'eus l'occasion de lui con- 
fler, en sus, l'étude et la classifícation des poissous pour le Musée de 
Valparaíso. Katurellemeut aprés son décés, bien deplorable et bien 
regretté, je repris, personnellement et de mon mieux, la section qui 
lui était confiée, ayant a soigner, á part de l'Administration genérale, 
la direction de la section zoologique. 

Delfín avait commeucé son précieux labeur au Musée quand une 
violent péritonite vint l'enlever en moins de trois jours. 

II a laissé avec leur classifícation exacte et parfaitement conserves 
un grand nombre d'exemplaires de poissons, ayant commeucé, en 
outre l'arrangement ordonné des lierbiers que j'étais parvenú á 
reunir pendant les six années qui ont xn'écédé l'entrée du docteur 
Delfín au musée. 

Le feu ayant détruit (en aoíit 1906) le Musée de Valparaíso qui, 
gráce á Delfín et á d'autres chefs et officiers distingues de la marine 
nationale, était arrivé á posséder une enviable collection icbtliyologi- 
que, il faudra déployer beaucoup d'activité pour doter a nouveau 
notre musée des immenses richesses, en poissons, que renferment nos 



regions marines. 



Le docteur Delfín a publié divers travaux sur ses voyages scienti- 
fiques, sur les insectes et tout spécialement sur les poissons. 

Dans plusieurs de ses études il s'est servi de gravures illustratives 
faites en reproduction des pliotograpliies prises sur les exemplaires 
frais et prepares sous sa direction immédiate pour la description des 
espéces nouvelles. 

II a été aussi le créateur du genre Cihis pour l'espéce connue sous 
la dénomination genérale de corbine (de Chiloé a Talcaliuano) qu'il 
baptisa sous le nom de Cihis Montti. 



190 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Le (locteur Delfln était déjá bien coiinu et consideré de Ui ])art des 
savants d'Europe et des Etats-Unis qni s'occupent d'ichthyologie, 
aiixquels il adressait des travaux tres intéressants recevant, en 
écliange, des («uvres de la plus liante valenr, qui lui servirent á for- 
mer une magnitique bibliotbeque spéciale qu'il posédait sur la science 
icbthyologique; et il avait invertí pas nial d'argent á ses propres dé- 
pens pour leur jíréparation scientifique. 

Les savants naturalistes docteurs E.. A. Pliilippi et Filibert Ger- 
inain (du Chili), M. de Eégimbart et M. Flatiaux (d'Evreux), M. Bou- 
vier et M. Simón (de Paris) lui ont dédié des espéces nouvelles de la 
flore et de la faune du Cliili. L'orateur eut également l'honneur de 
lui dédier un intéressant Crustacé (Motea delfini) découvert par lui á 
Coquimbo. 

Les publications del docteur Delfín se trouvent éparses dans la 
Revista de marina, dans les Actes de la Société scientifique du Chili et 
dans la Revista chilena de historia natural qui le comptait deja parmi 
ses collaborateurs permanents. 

Ses travaux les plus importants sur l'iclitbyologie sont : son cata- 
logue des poissons cbiliens oü il donne de nombreux renseignements 
sur 251 espéces et un étude sur les congres du Chili. Le décés du sa- 
vant naturaliste Delfín, survenu le 22 juin 1904 comporte pour la 
Science nationale, la Société scientifique du Chili et tres spéciale- 
ment pour le Musée d'histoire naturelle de Apalparais© la perte d'un 
serviteiir des plus dévoués. 

En 188G le docteur Clodomiro Pérez Canto a décrit quelques squa- 
les (coiinus populairement sous le nom de chiens de mer), et ce n'est 
que récemment que le jeune naturaliste M. Luis Castillo a commencé 
a s'occuper de la biologie des vertebres. 

Quant aux études se rapportant a la peche, nous n'en connaissons 
que trois : une, due a la plume de vice-amiral Luis Uribe Orrego, une 
seconde du capitaine de Vaisseau don Luis Pomar et celle de M. B. 
Wolnitzky, préparée pour l'exposition de Buffalo, formant la troisiénie. 

Pour terminer cette breve introduction nous reproduirons pour ceux 
qui peuvent s'y intéresser, deux catalogues méthodiques des travaux 
connus sur les poissons de nos mers : le premier comprenant les étu- 
des publiées dans le pays méme; nous nous bornons á la transcrire 
d'une de nos oeuvres inédites, que nous avons en Pavantage et l'hon- 
neur de présenter a ce congres et dans le second nous détaillons 
les principaux travaux publiés á Pétranger et dans lesquels il est 
fait mention d'espéces chiliennes. 



SCR QUELQÜES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 191 



II 



BIBLIOGRAPHIE 



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/Société scientijiqíie du Chili, t. IV, pp. 8-17. 189-1. 

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nandeziamis) , publicado en la Revista chilena de Historia natural, 
t. III, pp. 75-78. 1899. 

Id., Descripción de un nuevo traquínido chileno. (Nototenia Porteri), 
publicado en la Revista chilena de Historia natural, t. III, pp. 107- 
120. 1899. 

Id., Lista metódica de los peces de la hahía. de Concepción y sus alre- 
dedores, publicado en la Revista chilena de Historia natural, t. III, 
pp. 176-178. 1899. 

Id., Nota ictiológica. El nuevo género Cilus, publicado en las Actes 
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Id., Algunas observaciones sobre la colecta, conservación y remisión 
de peces para los museos. Revista chilena de Historia natural, t. IV, 
pp. 118-152. 1900. 

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la Société scientijique du Chili, t. N, pp. 419-134. 1900. 

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de Historia natural, reimpreso en un tomo de 130 páginas. — Valpa- 
raíso, 1901-1903. 

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chilena de Historia natural. 

Id., Concordancias de nombres vulgares y cientijicos de peces chilenos , 
en la Revista chilena de Historia natural. 

Id., Nuevas especies de la familia Rajidae, en la Revista chilena de 
Historia natural. 

Id., Contribución á la ictiologia chilena. La familia Merluccidae, en 
la Revista chilena de Historia natural. 

Id., ios congrios de Chile, en el volumen de trabajos del VII Congreso 
científico chileno, reproducido en la Revista chilena de Historia natural. 



192 ANALES DE I. A SOCIEDAD CIENTÍFICA \RGEXTINA 

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Pliilippi (Dr. E. A.), Algunos peces de Chile. Anales del Museo na- 
cional. — Santiago de Chile, 1892. 

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17-22. 1895. 

Id., Exocoetus fernandeziamis. Verhandhingen icissenschaftlichen Ve- 
reins zu Santiago de Chile^ band. III. p. 22. 1895. 

Id., Genypterus nigricans-Ph., nuevo género de peces de la familia de 
las Gohioides. Anales de la Universidad de C/í/te. t. XIX, p. 185. 1857.. 

Id., Raja escobina. Anales de la üriiversidad de Chile, t. XIV, p. 186. 
1857. 

Id., Rhynchobatis Ph., nuevo género de rayas. Anales de la Universi- 
dad de Chile, t. XIV, p. 187. 1857. 

Id., Sobre los tiburones y algunos peces de Chile. Anales de la Uni- 
versidad de Chile, t. LXXI, p. 535. 1887. 

Pomar (Luis), Memoria sobre la pesca en Chile, 1 fol. en 8° de 45 pá- 
ginas. — Valparaíso, 1900. 

Porter (Carlos E.), Los peces chilenos del viaje del buque explorador 
Challenger , extractado y adicionado con varias notas, en la Revista 
chilena de Historia natural. 1901. 

Id., Sobre el Orthagoriscus mola obsequiado en 1904 al Museo de Val- 
paraíso por el capitán don Alberto Fuentes M., ew. Revista chilena de 
Historia natural. 1901. 

Id., El doctor Delfín y sus trabajos. Actes de la Société scientifique 
du Chili. 1909. 

Id., Observaciones y adiciones al Catálogo de peces de Chile del doctor 
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Pegan (C. Tate), A new fish of the genns Galaxias. (G. BídlocM) ,. 
en la Revista chilena de Historia natural, vol. XII, p. 228. 1908. 

Uribe O. (Luis), La industria de la pesca. Importancia de sii propa- 
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Wolnitzky (Baldomcro), The Fisheries in Chili, 1 fol. en 8°. 



SUR QüELQüES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 193 



2. Trabajos imblicados en el extranjero, que contienen especies 

chilenas (1) 

Berg (Carlos), Enumeración sistemática y sinonímica de los peces de 
la costa argentina y uruguaya. Anales del Museo nacional de Buenos 
Aires, IV, pp. 1-120. 1895. 

Id., ^ohre peces de agua dulce ó poco conocidos de la República Ar- 
gentina. Anales del Museo nacional de Buenos Aires, IV, ijp. 121-165. 
1895. 

Id., GontriMición al conocimiento de los peces sudamericanos especial- 
mente de los de la Repiihlica Argentina. Anales del Museo nacional de 
Buenos Aires, V, pp. 203-302. 1897. 

Bleeker (P.), Sur les espéces insulindiennes de la famille des Girrlii- 
toides, publiée par VAcademy Neerlandaise des sciences. — Amster- 
dam, 1870. 

Bonlenger (G. A.), Catalogue of the Perciform Fishes in the British 
Museum, 2'^ edition. vol. first. London, 1895. 

Id., Poissons de VUquateur. Premiére partie. Viaggio del doctor En- 
rico Festa nell Ecuador e regione vicine. Bolletino dei Musei di zoologia 
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n° 329. 1898. 

Cunninghaiu, Notes on the Natural History of the Strait of Magellan 
and West coast of Patagonia. Voyage of JS. M. S. — líassau, 1800- 
1809. 1871. 

Ciivier et Valencieiines, Histoire naturelle des poissons, t. 1-22 (falta 
el 5" y 0°). Avec 050 pl. col. — París, 1828-1849. 

D'Orbigiiy (A.), Voyage dans VAmérique méridionle, de 1826-1833. 
Poissons^ 1 vol. en 4° avec XV^I planclies. t. X, 2" parte. — París, 
1847. 

Duiuéril (A.), Histoire nattirelle des Poissons, 2 vol. en 8°, avec Atlas 
de 20 planches col. — París, 1870. 

Eigenmann (Carlos H.), A revieic of the American Gasterosteidw. 
Proceedings of the Academy of natural Sciences of Philadelphia, 1880. 

Fordíce (Morton A.), A review of tl-e Ameriean species of Stromatei- 



(1) Lista tomada hasta el año de 1902, del Catálogo de peces de Chile, por el 
doctor Delfín ; las correspondientes á los líltimos siete años las hemos agregado 
de acuerdo con las recibidas en nuestra l)iblioteca. 

AN. >C)C. CIKNT. ARf-.. — T. LXXVII 13 



194: ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dae. Proceedinfjs ofthe Academy of natural Sciences ofPhUaüelpMa., 1884^ 

Gilbert íuuI Starks, The Fifilies of Panamá Bay, 1 vol. en 4" de 300, 
páginas, y 33 láminas. — Staudíbrd Uuiversity, 1904. 

Gilí (Tlieodore), Sinopsin of the Suhfamily of Clupeinae, icith des- 
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of Philadelphia, 1861. 

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Id., Id., A preliminary checJc list of the fishes of Japan. — Tokyo,^ 
1901. 

Jordán and Fowler, A revieiv of the Elasmohranchiate fishes of Ja- 
pan. Proc. U. S. Nat. Mus.,\o\. XXVI. 1903. 

Linnaeus, Systema naturae. Eegnum animale, editis X. 1758. Cura 
societatis zoologicae germanicae iterum edita. — Lipsiae, 1894. 

Perugia A.), Appunti sopra alcuni pesci sud americani conservati 
nel Museo civico de Storia naturale di Genova. Extracto dagli Annali 
del Museo civico di Storia naturale di Genova. 1891. 

Porter (Prof. Carlos E.), Breve nota de ictiología. Enumeración de 
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mero de abril de 1909 de la Revista universitaria. — Lima-Perú. 

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tures pendant deux campagnes de VHirondelle. Extrait du Bulletin d& 
la Société zoologique de France. — Paris, 1889. 

Qnoy et Gaiinard, Zoologie du voyage au tour du monde de F Astro- 
labe, i)ar Dumont d'ürville, 4 vols. en 6 part., avec atlas in fol. de 
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Eegan (C. Tate). A Synopsis of the SharJcs of the fam. Scyliorhini- 
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Id., A synopsis of tiie SharJcs of the family squalidae. Ann. and Mag., 
ofNat. Mist., ser. S, vol. II. 1908. 



SUR QUELQUES POISSONS COMESTIBLES Dü CHILI 195 

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Feu. Extrait de Bihang tul K. Svenska Vet. Akad HandUngar. Band. 
23 Afd. IV, n'^ 3. — Stockbolm, 1898. 

Id., II. Poissons de Vexpédition scientifiqueá la Terre de Feu. Extrait 
de Bihang till K. Svenska Vet. AM. HandUngar. Band 24 Afd. lY^ 
n° 5. — Stockholm, 1898. 

Steed (D. G-.), Fishes of Australia. — Sydney, 1906. 

Steindachner (Franz.), Die Fislie der Sammlung Píate, zoologische 
Jahrbuclien Herausgegeben von profesor doctor J. W. ÍSpengel in Giessen. 
Snplement IV Zweites Heft, pp. 281-334. 1898. 

Vaillant (Léon), Expédition scientijique de travailleur et du talismán 
pendant les années 1880-1883. Avec 28 planclies. Poissons. 1888. 

Valenciennes (Achule), Poissons. Voy age dads VAmérique méridio- 
nale par D'Orbigny, 1826-1833. Avec 16 planches. — París, 1847. 

Id., Histoire naturelle des poissons du régne animal de Cuvier. Avec 
122 planches. — París, 1850- 



III 



PARTIE DESCRIPTIYE 

Le nombre d'espéces de Poissons qui habitent daus les eaux du 
Ohili, connues jusqu'aujourd'hui, en décomptant du Catalogue du doc- 
teur Delfín les quelques espéces qui ont passé á la synouymie et en ajou- 
tant les décrites par lui aprés la publication du catalogue mentionné 
et aprés la mort de cet ichthyologue (1904) par des spécialistes euro- 
péens et américains est de 261 espéces, desquelles il existent plus 
de 90 (j'en ai signalées 96) qn' on use pour Palimentation. Je parle 
dans la lírésente note des principales espéces des familles : Serramdae, 
Chilodactylidae, Sciaenidae et Pristipomatidae. 

II y a d'excellents poissons tels que la Vidriola (Serióla Foncki) 
et les Congrios., sur lesquels ainsi que sur la Pescada (Merluccius 
Gayi) le docteur Delfín a écrit d'excellents travaux au Musée de 
Valparaíso, qui furent publiés dans la Revista chilena de Historia 
natural (publication connue par beaucoup des mes honorables co- 
llégues ici présents) il y a deja plusieures années. Pour cette raison, 
je ne m'occupe pas d'eux dans ce petít mémoíre ; d'autre part ils 
n'appartíennent pas aux uuiques familles dont je vais m'occuper tres 
brévement. 



196 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Fam. SE:iti;Ai\ii>Aii: 

Cette famille compreiid de noiubreuses espéces réjiarties en divers 
genres, toutes tres appréciées i)our la table. 

Geu. PERCICIITHYS, Girará (1854) 

Percichthi/s, (liRAiiD, Proc. Acad. Xat. Se. Pliilad., YII, p. 197 
(1854). 

Percosoma, Gill., Synopsis Sub family of Percinae, Proc. Ac. ííat. 
Se. Philad., p. 51 (1801). 

Pereichthys ti'Ufha, (Cuv. & Val.) Girard 

Nom vulgaire : Truite. 

Perca trucha, Cuv. & Val., Hist. Xat. Poiss., IX, p. 429 (1833) ; 
OuiCHEN, Gay, Hist. Chile, Zool. II, p. 146 (1848) et Atlas Zool. 
Ichtiol., pl. I b., fig. 1 (1848). 

Perca laevis, Jenyns^ Zool. Beagle Fisb., p. 1, pl. 1, fig. 1 (1842). 

Percichthys trucha, Gieard, Proe. Aead. Xat. Se. Philand., p. 197 
(1854), et U. S. líav. Astron. Exped., II, p. 230 (1850) ; Gthr., Cat. 
Fisb. Brit. Mus., I, p. 01 (1859) ; Jordán & Eigem., Bnll. U. S. Fisb. 
€omm., YIII, p. 427 (1890) ; Bouleng., Mem. Soc. Se. Cbili, IV, p. 
10 (1894) et 2^ Ed. Cat. Fisb. Brit. Mus., I, p. 119 (1895) -, Steind. 
en Speugel, Zool. Jabrb. Suppl. lY, p. 281 (1898) ; Delfín, Cat. 
Peces Cbile, p. (1901). 

Percichthys cliUensis, GiRARD, Proc. Acad. Jí^at. Se. Pbilad. YIj p, 
197 (1854) et U. S. Kav. Astron. Soutb Hemis. II, p. 231, pl. XXIX, 
figs. 1-4 (1856); Phil., Mon. Berl. Ae. p. 708 (1860j. 

Percichthys laevis, Gthr., Cat. Fisb. Brit. Mus., I, p. 61 (1859) ; 
Kner, Novara Fisb.. p. 11 (1865); Yaillant, Mis. Se. Cap Horn, p. 
31 (1888); Jordán & EiGENM., Bull. U. S. Fisb. Comm., YIII, p. 
(1890) ; Perugia, Ann. Mus. Genova X, p. 609 (1891). 

Tete 3-3 j ; bauteur 3 —4, fois dans la longeur totale. I>. IX-XI, I. 
9-13 ; A. III, 8-10 ; L. 1. 62-70. Maxillaire atteignant la perpendieu- 
laire tracée au centre de l'oeil ; naissanee de la dorsale immédiate- 
raent derriére l'axille. 

Couleur gris vert dessus, jaunátre dessous parfois avec de petites 
taebes noirátres. 

Ral) : Rio Picbi-laguna (afluente lag. Llanquibue). On la péebedaiis 
les Provs centrs du Cbili. L'esp. existe en T. del Fuego et Rio Santa 
Cruz, etc. 



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SUR QUELQUES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 197 

Percichlys luelanops, Giíaid 

líom vulgaire : Truite et Pocha. 

Perck'htliys melanops, Girard, Proc. Ac. líat. Se. PLilad. YII, p. 
197 (1854) et IJ. S. Kav. Astron. Exped. II, p. 233, pl. XXX, figs. 
1-0 (1856); Gthr., Cat. Fisli. Brit. Mus., I, p. 61 (1859); Jordán & 
EiGENM., Bull. U. S. Fisli. Comm. YIII, p. 428 (1890); Bouleng., 
Mem. Soc. Se. Chili, IV, p. 13 (1894) et Cat. Fisli. Brit. Mus. 2° Ed. 
I, p. 120 (1895). 

Percosoma melanops, Gill, Proc. Ae. Xat. Se. Philad. p. 51 (1S61). 

Perca pocha, Phil., Arch. f. Xat., p. 210(1863). 

Percichfhys pocha, Jordán & Eigenm., Bull. U. S. Fish. Comm., 
VIII, p. 428 (1890). 

Téte3|-3j fois dans la longueur totale et égale á la Lauteur du 
corps. D. VIII-X, I-II. 10-12 ; A. III. 9-10; L. 1. 56-60. Le maxillai- 
re atteiut seulement la perpendiculaire traeée au bord antérieur de 
l'oeil. 

Couleur du dos gTÍs olivátre uniforme ou quelque peu taché, blan- 
chátre en dessous. 

Cette espéce vit de compagnie avec la precedente dans les seuls 
cours d'eau des provinees centrales, et posséde les mémes conditions 
de saveur, mais n'arrive pas á plus de 200 millimétres. On la peche 
au fllet et á l'hame^ou. 

Geu. PEECILIA, Girará (1854) 
Percilia, Girard, Proc. Ae. Xat. Se. Piulad., p. 297 (1854). 

Percilia 4«iIIissi, Girard 

Xom vulgaires : Truite. 

Percilia gillissi, Girard, Proc. Ae. Xat. Se. Philad., VII, p. 196 
(1854) et U. S. Xav. Astron. Exped. South Hemis., II, p. 236, pl. 
XXIX, figs. 5-9 (1856); Gthr., Cat. Fish. Brit. Mus.^ I. p. 255 
(1859); BouLENG., Mem. Soc. Se. Chili, IV, p. 15 (1894) et Cat. Fish. 
Brit. Mus. 2^ Ed., I, p. 121 (1895). Delfín, Cat. Peces Chile (1901), 
p. 59. 

Perca segethi, Phil., Arch. f. Xat., p. 211 (1863). 

Percilia gracilis, Phil, Mon. Berl. Ac, p. 710 (1866). 



198 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Tete 3 ¿-3 ^ ibis ; liauteiir 3 {-4 ibis dans la longcur totale. D. 
VIII-IX, I, 10-11 ; A. III. 8-10; L. 1. 33-35. Maxillaiie atteint laper- 
pendiciilaire tracée au bord antérieur de l'oeil ; naissauce de la dorsale 
uu peii en arriere de l'axille. 

Coulenr grisá.tre dessus, jaiiiiatre dessoiis, 9-10 ligues transversa- 
les plus au moins distinctes sur le corps dans lespetitsexeinplaires ; 
bord de la membrane branquiostége, lévres, nageoire pectorale et 
bord des nageoires dorsales rouge. 

O'est un liabitant des riviéres du Sud, dont les conditions de bonté 
et de saveur sont excellentes, mais qui n'arrive pas á plus de 130 mi- 
llimétres de longueur. Ou le peche au filet et á l'liame^on. 

Hah : Eios Maipo, Paine et Itata. 

Gen. ACANTHISTIUS, Gilí (1862). 

Flectropoma, part., Cuv. & Yal.^, Hist. Nat. Poiss, II, p. 387 
(1828). 

Acantliistms, GiLL, Proc. Ac. iíat. Se. Pliilad., p. 230 (1802). 

Aeaiithistius piotus (Tscudi), Bouleiig 

Plectropoma pictum^ Tschudi, Faun. Per. Icbtli., p. 5 (1845); 
Othr., Cat. Fisb. Brit. Mus., I, p. 104 (1859) ; Knee, Sitsb. Ak. 
Wien, LVI, I, p. 710 (1867). 

AlpliesttH pictus, Jordán & Swain, Proc. U. S. Nav. Mus., YII, p. 
395 (1884) ; Jordán íSs Eigenm. Bull U. S. Fish. Couim., VIH, p. 
350 (1890). 

Acanthistius pictus, Bouleng., Cat. Fisb. Brit. Mus. 2^ Ed., I, p. 
140(1895); Steind. dans Spengel, Zool. Jabrb. Suppl. lY, p. 282 
(1898) ; Abbott, Proc. Ac. ]S^at. Se. Pbilad., p. 348 (1899). 

Tete, 2 |-2 1 bateur 2 \ fois dans la longueur totale du corps. D.XI, 
17-18 ; A. III, 8-9 ; L. 1.00-02. Maxillaires s'éteudant jusqu'á la per- 
pendicnlaire tracée au bord postérieur de l'oeil ; uaissance de la na- 
geoire dorsale vis-á vis de Párete oi^erculaire supérieure. 

Coulenr gris argenté avec reflets rougeátres, avec une tache noi- 
rátre entre les deux aretes des opérenles. 

On le trouve de Coquimbo au nord. C'est un poisson bon pour la 
table. II arrive á une taille de 400 millimétres plus au nioins. On ne 
le peche que quandil se prend dans le filet tendu pour la peche d'au- 
tres poissons. 



SUR QDELQÜES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 199 



Gen. POMODON, BOULENG (1895) 

Plectro'poma, part, G-THR., Cat., Fisli. Brit. Mus., I, p. 156 (1859). 
HemÜutjanus, Bleeker, Arcli. Neerl., XI, p. 277 (1876). 
Pomodon, Bouleng, Cat. Fisli. Brit, Mas., 2"^ ed., p. 644 (1895). 

l*oniodoii inai*i'o|»hÍhnliniis (Tschudi) Bouleng. 

iíom vulgaire : Pcqjañao. 

Pleetropoma macrophthalmus , TsoHUDí^ Faim. Per. Iclitli., p. 6 
(1845); Gthr. Cat. Fisli. Brit. Mus., I, p. 165 (1859); Kner, Sitzb. 
Ak. Wien, LYI, I, p. 711, pl. 1 (1867). 

JSemilutjanus macrophthalmus^ Jordán et Eigenm., Bul!. U. S. 
Fish. Comm., YIII. 345 (1890); Abbott, Proc. Ac. Nat. Se. Philad., 
p. 350 (1899). 

Pomodon macrophthalmus , Bouleng, Cat. Fisli. Brit. Mus., 2^ ed., 
p. 144 (1895); Stetnd, dans Speugel, Zool. Jabrb. Suppl. IV, p. 281 
(1898); Delfín, Cat. Peces Cliile, p. 60 (1901). 

Tete 2 |-2 fois; hauteur 2 -2 dans la longueur totale. D. IX-X, 10; 
A. III, 8-9; L. I., 74-78. Maxillaire développé jusqu'á la perpendicu- 
laire tracée au tiers postérieur de l'ceil; naissanee de la dorsale au 
niveau de la base de la pectorale. 

Couleur gris ou brun dans la partie supérieure, argenté dans l'iu- 
férieure ; ligne latérale noirátre. 

Ce poisson se rencontre principalement de Coquimbo au nord, il est 
de goüt excellent, mais on le peche peu, seulement quand il se prend 
dans le filet. II atteint une longueur de plus de 400 millimétres. 

Gen. POLYPRION Cuv. (1817) 

Polyprion, Cuy. Régne Anim., II, p. 282 (1817). 

Hectoria, Casteln, Xotes Edible Fili, Victoria, p. 8 (1873). 

Polyprioii oxio^üneios (Bl. Schu.) Jordán et Eigenm. 

Xom local á Juan Fernández : Bacalao (morue). 
Epineplielus oxigénelos^ Bl. Schn., Syst Ichtji., p. 301 (1801). 
Perca jyrognata, Forster en Bl, Sclin. Syst. Iclith. p. 301 (1801) 
et Dcscr. Anim., p. 309 (1844). 



200 ANALES DE JLA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Perca fernandeziana, Gay, Ilist. Chile Zool., II, p. 309 (1848). 

Gentropristis gigas, Owen, Cat. Osteol Coll. Surg., I, }). 55 (1853). 

Oligonus gigan, Gthr., Cat. Fisli. l'.iit. ]\Iiis., I, p. 251 (1859); 
HuTTON, Fisli. ]S"ew Zeal., p. 1 (1872). 

Oligonus gadoiúes, Hutton, Tr, Xew Zeal. Iiist. Y, p. 259 (1872). 

Hectoria gigas, Casteln,^ Notes Edible Fisli. Victoria, p. 8 (1873). 

Polyprion Kneri, Steind, Sitzb. Ak. Wien, LXXI, I, p. 443 (1875) ; 
Gthr.^ Eeport Challenger Shore Fish., p. 24 (1880). 

Polyprion prognatliUH, Gthr., Ann. et Mag. X. H., XX, p. 236 
(1887); GiLL, Xem. Xat. Ac, Washington, VI, p. 96 (1893); Bou- 
LENG., Cat. Fish. Brit. Mus., 2-^ ed., I. p. 150 (1895). 

Sterolepis oxigeneios^ Jordán, Xotes Sp. Fish. Improi). Ascrib. 
('Proc. Ac. Xat. Se. Fhilad., p. 99 (1884). 

Polyprion oxigeneios, Jordán et Eigenm., Bull. U. S. Fish, Coinm. 
VIII, p. 342 (1890) ; Delfín, Cat. Peces Chile, p. 61 (1901). 

Tete 2-^3^ fois; hautenr 3 -nj-4| dans la longiieur du corps. D., 
XI-XII, 11-12; A. III, 8-9; P. 17; L. I., 82-90. Maxillaire s'étendant 
jusqu'á la perpeudicnlaire tracée j^rés du bord postérieur de l'oiil; 
naissance de la dorsale derriére l'insertion de la nageoire pectorale. 

Coiileur gris foncé sur le dos arrivaut á blanchátre sur le ventre. 

Elle est tres ahondante, facile á rencontrer, de peche assurée sur 
les bañes sitúes autour de Pile, entre 2-6 milles et á 10-250 metres de 
profondeur. Sa chair est boune, on la prepare en boites et on la séche 
salee, mais c'est une industrie peu en usage. Le plus grand exern- 
plaire a i^esé 46 kil avec une longueur de 1480 millimétres. 

Le développeuient des ceufs commence a s'apercevoir en octobre, 
en décembre ils ont deja disparu. Cette peche se fait á l'hamegon. 

Gen. CAPRODON, Temm et Schleg. (1844) 

Caprodon, Temm. et Schleg., Faun. Japan, Pise, p. 64 (1844). 
Anthias, part., Gthr., Cat. Fish. Brith. Mus., I, p. 88 (1859). 
Neoantliias, Casteln., Proc. Linn. Soc. Xew S. W., p. 366 (1878). 

(laproduii lon<>iinaiiu.s (Gthr.) Kaup. 

Xom local á Juan Fernandez : Pez colorado. 

Antillas longimanus, Gthr., Cat. Fish. Brit. Mus., I, p. 94 (1859); 
Ramsay, Proc. Linn. Soc. X. S. W., p. 294 (1880); Tenison, Fish. 



SUR QDELQüES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 201 

ÍT. S. W., p. 33, pl. III (1882) ; HuTTON, Tr. Kew Zeal. Inst., XXII, 
p. 275 (1890). 

Caprodon longimanus^ Kaup, Xeclerl. Tijdsclir. Dierk., I, p. 20 
(18G3); BouLEiíG., Cat. Fisli. Brit. Mus., 2^ ed.. I, p. 315 (1895); 
Steind, dans Spengel, Zool. Jahrb. Suppl., lY, p. 283 (1898); Waite, 
Thetis, Se. Ees. Fisb., p. 77 (1899); Delfín, Cat, Peces Chile, p. 64 
(1901). 

Scorpis Jtectori (non Hutton, 1872) Hutton, Tr. Kew Zeal. Inst., 
Y, p. 259, pl. YII, ñg. 1 (1873). 

Scorpisfairchildi, B.BCTon, Tr. Xew Zeal., YII, p. 241 (1875). 

NeoantMas giintlieri, Casteln., Proc. Linn. Soc. X. S. W., III, p. 
367 (1878). 

Caprodon iSchlegeUi (non Gtlir.) Doitglas Ogilby, Proc. Linn. Soc. 
X. S. W., X, p. 231 (1885). 

Pseudoanthias longimamis^ Gill, Mem. Ac. Washington, YI, p. 
116 (1894). 

Tete 3 --'S ^ fois; hauteur 3 ^-3 - fois dans la longueni totale sans 
la nageoire cándale. D. X, 20; A. III, 8; P. 17; L. I. 62-65. Maxillai- 
re s'étendant jusqn'á la iDerijendiculaire tracée prés du centre de l'oíil ; 
naissance de la dorsale vis-á-vis de l'insertion de la nageoire pecto- 
rale dont la longueur entre 1 ^-1 ■- dans la longueur de la tete. 

Coulenr genérale rose rongeatre avec des petites taches bruñes 
s'agglomérant en plus grande quantité sur la tete et le dos, ijrinci- 
palement dans la portion molle de la nageoire dorsale et dans toute 
la nageoire anale. 

Ce poisson est tres abondant a l'ile de Juan Fernandez oü 11 se 
présente en troupes nombreuses a proximité de la cote. II parait aussi 
étre habitant des profondeurs, car on le trouve constamment dans 
l'estomac des morues. La chair est tres délicate et propre á étre con- 
servée en boites ou fumée. Sa taille atteint prés de 400 millimétres. 
On ne le peche pas (1). 

Aussi en Australie et la X. Zéllande. 



Gen. HEMIANTHIAS, Steind. (1874) 
Hernia ntliias, Steind., Ichthyol. Beitriige, I, p. 4 (1874). 



(1) On peche exclnsivement la langoustc et trí^s rarement la Morue et la Vidriola 
que Pon ne prend que quand elles se trouveut sous la niaiu. 



202 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Hemanlliia*>> ¡xTiiaims Stenid. 

Anthias (Tleiniautlias) peruamia, Steind., Iclitb. Beitr., I, p. 4 
(1874)- 

Pronoto(jrammm peniamis, Jordán et Eigenm., Bull. U. S. Fisli. 
Coiimi. YIIL p. 413 (1890); Abeott, Proc. Ac. Xat. Se. Tbilad., p. 
350 (1899). 

AntMasi)€ruanus,^o-G-LE.iüQ., Cat. Fisli. Brit. Mus., 2^ ed., I, p. 
322 (1895); Delfín, Cat. Peces Chile, p. G5 (1901). 

HemiantlúüH peruanus, Jordán et Everm., Fisli. aSTorth and Mid- 
dle America, p. 1222 (1896). 

Tete 2 ^-3 fois; hautenr 3-3 \ fois dans la lono-neur du corps. D. X, 
14-15; A. III, 8; écailles dans la Ll. 54-50. Le maxillaire n'arrive pas 
á la perpeudiculaire tracée au bord antérieur de l'oeil. Troisieme rayón 
de la dorsale tres long. 

Coiileur rose roug'eátre avec de petites taches diffuses d'un gris 
brillant sur le corps et sur les nageoires dorsale, auale et cándale. 

C'est un excellent poisson qui atteint prés de 400 millimétres de 
long. II ne quitte pas la cote des provinces dn nord et ne se peche 
qu'occasionnellement. 

Gen. CALLANTHIAS, LoAve (1839) 
Callantliias, LowE, Proc. Zool. Soc, p. 7G (1839), 

C'.allanthias l*late¡ Steiud. 

Nom local : Pez colorado á Juan Fernandez. 

Gallantliias iñatei , Steind., dans Spengel Zool. Jahrb. Suppl. lY, 
p. 284 (1898); Waite, «Tbetis», Se. Res. Fish., p. 80 (1899); Del- 
fín, Cat. Pees Chile, p. 66 (1901). 

Tete 4-4 f fois ; bauteur 3-3 \ fois dans la longueur totale du corps 
y compris la cándale. D. XI, 11-12 ; A. III, 11 ; p. 20 ; Ll. 42-45. Ma- 
xillaire n'atteignant pas la verticale tracée du borde antérieur des 
yeux. 

Couleur de tout le poisson rouge rose plus pále sur les flanes oü il 
prend un éclat d'argent; nageoires dorsales et anales couleur rouge 
foncé, la cándale rouge violacé. 

On voit parfois autour de l'ile des baudes de cette espéce, mais 



" SUR QÜELQUES POISSONS COMESTIBLES Dü CHILI 203 

assez rarement, selon la saison, et on iie le peche pas. Leur cliair est 
tres agréable. Leur taille arrive á prés de 300 milliinétres. On pour- 
rait eu ñiire une bonne conserve. 



Fam. CH1L0I>AC:TYI.1I>AK 

Cette famille est i)resque aussi importante que la precedente pour 
ses nombreuses especes comestibles. Nous ne citerons que les plus 
importantes. 

Gen. CHILODACTYLU.S, Lacep. (1803). 

CheUodactyJus, Lacep., Hist. Xat. Poiss., V, p. 1 (1803). 
Chilodactylus, Gthr., Cat. Fisli. Brit. Mus., II, p. 78 (1800). 

CIúl«daflylus inonodaetvlus /Carmielí) Gthr 

Nom local : Breca á Juan Fernández. 

Chaetodon monodactylus, Caemich., Trans. Linn. Soc. London, 
XII, p. 500, pl. 21 (1817). 

Cheüodacfylus carmichaelis , Cuv. &¡ Val., Hist. Nat. Poiss., Y. p. 
3G0 (1830)et IX, p. 489 (1833); G-AY, Hist. Chile Zool. II, p. 197 
(1848); Yalekcien. dans Eégne Anim. de Cuv. «Les Poiss. »,pl. 
XXXI, fig. 2 (1850). 

Chüodactylus monodactylus, Gthr., Cat. Fish. Brit. Mus., II, p. 81 
(1860) et Voy. Challenger Shore Fish., p. 24 (1880) ; STEiND.,Ich- 
thyol. Beitr,, II, p. 14 (1875); Delfín, Cat. Peces Chile, p. 70 
(1901). 

Tete 3-3 \ ; Hauteur 2 |-2 f dans la longueur du corpsnom coiupris 
la cándale. D. XYII-XVIII, 24-26; A. III. 11-14; P. 9 + 6; Ll. 55-59. 
Premier rayón simjile de la pectorale constamment plus grand que la 
hauteur. La naissance de la dorsale partant dessus del 'insertion de la 
pectorale. 

Couleur brun rougeátre plus foncé sur le dos et la tete. II est tres 
abondant dans les lieux qu'habite la morue et sur le bord de la cote 
oü on a Phabitude de le pécher avec le filet et l'hameyon que l'on 
amorce avec n'importe quel appát. Sa chair est agréable et serait 
propre á étre conservée, fumée ou salee. Sa taille atteint plus de 600 
millimétres. 



204 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíGENTINA 



Cliilotlaclvliis l>ifornÍ!i>. Steiad 

^om local á Juan Fernandez Climujungo 

Chilodactylus hicornis, Steind.^ dans Spengel Zool. Jalirb. Snppl. 
lY, p. 291, Taf. 17 (1898). Delfín, Cat. Peces Chile, p. 71 (1901). 

Tete 4 fois 5 liauteur 3 f 3 f dans la longueur dn corps a l'exclusion 
de la nageoire cándale. D. XIV, 17 ; A. III. 5 ; P. I. 8 + G ; Ll. 58-63. 
Premier rayón pectoral le plus long ; dorsale molle commence vis- 
a-vis de l'anns. Tete profondement concave ; yeux en saillie qni 
arriven au bord supérienr de la tete avec nn tubercnle obtns en forme 
de corne dans la región snpérieure et postérienre de l'orbite. 

Conleur brun clair jaunátre avec trois files de taclies irrégulieres, 
parfois convergentes qni semblent des bandes transversales ; les sn- 
périeures atteignent quelque fois la nageoire dorsale. Toutes les na- 
geoires sont tachées de coulenr brun violet. La superficie ventrale 
est blancbe teintée de jaune. 

On ne le rencontre jusqu'á présent que dans Pile Mas á Tierra, 
prés de la j)lage á l'endroit oú le ressac est le plus fort. Ses habitu- 
des solitaires rendent la peche difficile de ce poisson si bon i)our la 
table. II arrive a une taille de 200 millimétres sans la cándale. On ne 
le peche pas. 

Chilodactylus Deliiiii, Porter, u. sp. 

Nous avons reyu en Janvier 1910 de Juan Fernandez, un exem- 
plair d'nn poisson comestible qui est appelé Clmngungo. Yoici un 
breve descrilition : 

Tete 2 ~^,-2 ; hauteur 3 -¡^^ 3 1 fois dans la longueur du corps sans la 
cándale. D. XV, 15 ; A. III, 6 ; P. 1 + 7 + 7 ; 1^1. 62-65. ler. rayón 
pectoral simple le plus long; dorsale molle commence en face de 
l'anus ; Tete presque plañe sans cornes ; yeux en saillie arrivant au 
bord supérienr de la tete qu'il rehaussent. 

Coulenr rougeátre sur i^resque toute la tete et sur la moitié sn- 
périeure dn corps et de la queue y compris la nageoire cándale. 
Dans cette portion il y a des taches bruñes disposées irreguliérement 
qui parfois se réunissent de manieres diverses; les couleurs sont 
plus amorties dans la partie inférieure. Gorge et jioitrine jaune blan- 
chátre. Chaqué écaille á deux points d'nn blanc bleuátre qui gagnent 
aussi la tete et les lévres oü ils sont plus grands et les rayons des 



SUR QUELQÜES POISSONS COMESTIBLES DU CHILI 205 

nageoires oü ils soiit plus oii moins nombreux ; les nageoires clorsale 
et ventrale leiir font presque defaut, 

On le rencontre dans les mémes endroits qiie l'esx)ece precedente ; 
sa cliair est excellente et il arrive á une taille de prés de 400 uiillimé- 
tres. 

Je dédie cette espéce á mon regretté ami, l'ichthoylogiste cliilien 
D-- Fed. T. Delfln. 

Comme je viens de diré le nom local de cette espéce est Chungungo. 
On ne le péclie pas. 

Cliilodaetylus A'aríeg-atus, Cuv. «S: Val. 

!Rom viilgaire : Pintadilla et Bilagai. 

Cheilodactylus variegatus, Cuv. & Val., Aist, Nat. Poiss., XI, p. 
494 (1833) ; Gay, Hist. Chile, Zool., II, p. 199 (1848); Abbott. Proc. 
Ac. Nat. Se. Pliilad., p. 357 (1899). 

Cheilodactylus mitonii, Cuv. & Vvl., Hist. Xat. Poiss., IX, p. 494 
(1833). 

Cheilodactylus Antonii, Gay, Hist. Chile, Zool., II, p. 201 (1848) et 
Atlas Zool. Ictiol., lam. 5 bis, flg. 2 (1854). 

Cheilodactylus tschudi, Mulle & Trasoh., Hor. Ichth., III, p. 
25. 

Cheilodactylus cinctus, Tschudi^ Faim, Per. Ichth., p. 15, Taf. 2 
(1845). 

Chilodactylus variegatus, Gthr.^ Cat. Fish. Brit. Mus., II, p. 81 
(18G0); Steind., dans Spengel, Zool. Jahrb. Suppl, IV, p. 290 
(1898) et Herpet. Ichth. etc. Sud-Amerika. p. 122 (1902). 

Chilodactylus Autonii, Gthr., Cat. Fish. Brit. Mus., II, p. 82 
(1800). 

Tete 3 ^-4 fois; hauteur 3-3 f fois dans la longueur du corps. D. 
XVII-XVIII, 28-30; A. III. 9-10 ; P. 1 + 7 + 7 ; Ll. 54-56. Le maxi- 
llaire atteint la perpeudiculaire tracée depuis Tonverture nasale an- 
térieure. Dorsale commence au devant de la perpeudiculaire tracée 
de la naissance de la pectorale ; 1" rayón pectoral simple le plus long; 
dorsale molle commence au devant de l'anus. 

Couleur déla tete et du dos uoir s'éclaircissant vers les flanes et en 
arriére, le ventre verdatre argenté. Le corps est traversé par 6 ban- 
des bruñes. Xageoire dorsale jaune avec une frange grise ; pectorales 
jaunes, caudale orange et anale pále. 

On le trouve depuis la cote de Santiago jusqu'au Pérou. C'est un 



206 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

poisson (l'assez bonne qiialité, mais oii le peche peu, sans donte com- 
ine tant d'autres parce qu'oii ne coimait pas ses retraites liabituelles. 
On eii a pris aii fllet des exemplaires de 300 millimétres. 



Faiii. SCIA>i::\IDAE 

Cette importante famille comprend divers genres : noiis ne citerons 
que trois espéces du genre Umhrina qui sont les plus communes et 
les. plus estimées. 



Gen. UMBRINA Cuv. (1817) 
Umhrina, Cuv. Régne Anim., p. 297 (1817). 

Unibriiiu uphicephaliis, Jenyns. 

Xom vulgaire : Pichigüen. 

Vmbrina opMcepliala, Jen., Zool. Beagle Fisli..p. 45 (1842); Gay, 
Hist. Chile, Zool., II, p. 189 (1848) et Atlas Zool. Ictiol., lám. 3, fig. 
1 (1854) (mauvais). 

Umhrina opliiceplialus , Gthr., Cat. Fish. Brith. Mus., II, p. 277 
(1860); CUNNINGHAM, Voy. aSlassau, Fish., etc., p. 470 (1871); Del- 
fín, Cat. Peces Chile, p. 69 (1901). 

Tete 5 ibis; hauteur 6 fois dans la loiigueur totale. D. XII, I, 22; 
A. I, 9; Ll. 60 pores. Maxillaire un peu au déla déla perpendiculaire 
tracée du bord antérieur de l'ceil ; nageoire dorsale commengant peu 
en arriére de la insertion de la ventrale. 

Couleur genérale gris foncé sur la tete et le dos un peu i^lus clair 
sur l'abdomen, nageoires brun plus ou moins palé. 

Ce poisson est tres délicat on le prend tres peu parce qu'on ne con- 
nait pas ses gites et il n'en parait d'habitude dans le fllet que quel- 
ques exemplaires isolés. On le paie un haut prix. II habite la partie 
de la cote comprise entre Coquimho et Taltal. Sa longueuratteint 500 
millimétres. 

Umbrina Keedi, Gthr. 

Xom local : Corvina et Corvinilla a Juan Fernandez. 
Umhrina reedi, Gthr., Report Challenger Shore Fis., p. 25, pl. 
XIII, fig. B (1880); Delfín, Cat. Peces Chile, p. 09 (1901). 



SUR QÜELQUES POISSONS COMESTIBLES DD CHILI 207 

Tete 2 |-3 ~ fois ; liauteur 3-3 | fois dans la longiieur du corps sans 
la nageoire cándale. D. IX; I, 22-24; A. I-II, 9; Ll. 60 sans la can- 
dale. Le maxiliaire atteint la perpendiciilaire tracée plus avant dii cen- 
tre de la piixñlle; uaissance de la dorsale im peii en arriére de celle 
de la nageoire ventrale. 

Les exemplaires petits et moyens ont une serie de ligues obliques 
bienes sur les ligues laterale et horizontale du bas et d'un blanc ar- 
genté uniforme en dessous. Sur la tete et derriére celle-ci il sont des 
reflets dores et argentes qui disparaissent cliez les vieux et prennent 
sur le corps une coloration plus foncée de lignes diftuses ou compléte- 
ment eftacées. 

O'est un poisson tres abondant et fort vorace : il se nourrit de pois- 
sons et de crustacés; se peche facilement á l'bamegon et au filet, et 
sa cliair qui est tres agréable ferait une bonne conserve. II atteint 
une taille de 800 millimetres. 

Uinbi'ina iniberbis, Kuer. 

Nom vulgaire : Corvinilla. 

Umbrina imberbis, Kner, Beitrage ausdem Mus. Godeft'ray, Jour., 
II, p. 101 (1874); Abbott, Proc. Ac. Nat. Se. Pliilad. p. 357 (1899); 
Delfín, Cat. Peces Chile, p. 69 (1901). 

Tete f ; hauteur ^ de la longueur du corps sans comprendre la can- 
dale. D. X, I, 24; A. II, 9; Ll. 65. Le maxiliaire arrive á la perpen- 
diculaire tracée du centre de l'oeil. 

Couleur brun argenté sur la tete et le dos, plus clair vers Fabdo- 
men, base de la pectorale noirátre. 

Ou le rencontre au nord depuis Coquimbo ou on le mange conjoin- 
tement avec d'autres espéces de la méme famille dont il partage les 
conditions de bonté de goút, d'abondance et de peche, mais il est de 
taille un peu moindre. 

Faní PIÍISTIPO.^IATIDAE 

Cette famille a des représentants au Chili : nous citerons deux des. 
plus importantes espéces comestibles. 

Gen. ISACIA, Jordán et Fesler (1893) 

Isacia, JorDAN et Fesler, Eep. IJ. S. Fish. Comm., p. 501 (1893). 



208 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AHOEINTINA 



Isacia eoiic<'|»lioiiÍS (Cuv. et Val), Jordán et Fesler 

FHstiimma conceptionis, Cuv. et Val., Aist. Nat. Poiss., Y, p. 268, 
pl. CLX (1830); Less, Voy Coquillc, Zool., II, p. 200 (1830); CuY. et 
Val., Hist, Nat. Poiss., IX, p. 446 (1833); Gay, Hist. Chile, Zool., 
II, p. 195 (1848) et Atlas Zool. Ictiol., lám. 4, fig. 2 (1854); Gthr., 
Cat. rish. Brit. Mus., I, p. 300 (1859); Steind., Sitzb. K. Akd. Wiss., 
LXXI (1875). 

Isacia conceiMonis, Jordán et Fesler, Kep. U. S. Fisli. Comni., 
88-91, p. 501 (1893); Abbott, Proc. Ac. Xat. Se. Philad., p. 350 
(1899); Steind., Herp. imd Icbtliyol. Ergeb. eiuer reise nacb Sud 
Amerika, p. 116 (1902); Delfín, Cat. Peces Chile, p. 66 (1901). 

Tete 3 j-3 :^; hauteiir 2 f'2 | fois dans la longueur du corps sans la 
cándale. D. XIII-XVI, 12-15: A. III, 13; Ll. 54-56. Le maxillaire 
n'atteint pas le bord antérieur de l'oeil ; naissance de la nageoire dor- 
sale derriére la'ventrale. 

Coiüeur bi'un foncé sur le dos s'eclaircissant vers l'abdomen, re- 
gión oíi elle i)rend peu á i^eu une teinte argentée prononcée, princi- 
j)alement dans la partie inférieure de la tete. Tete et ijortion su- 
périeure de l'opercule moins foncées. 

Ce poisson est tres repandu sur tout le littoral : il ft-aie entre no- 
vembre et janvier. II vit en troupes, raison pour laquelle on enprend 
aboudament avec le filet appelé caMncera. C'est un bon poisson, 
de grande consommation. II arrive á une taille de 300 millimétres ; 
quelques exenq)laires arrive jusqu'á 320 millimétres. 

Dans l'ouvrage de Gay on appelle cette espéce corvina^ mais com- 
mele dit M. Delíin, c'est uneerreur, car dans tout l'étendue déla cote 
on la nom cahinza. 



Gen. CILUS, Delfin (1900) 

Gilus, Delfín, Actes Soc. Se. Chili, X, p. 55 (1000). 

Cílus :\Iontti, Delfin 

Xom vulgaire : Corvina. 

Cilus Montti, Delfín, Actes Soc. Le. Chili. X, p. 56 (1900) ; Ibid, 
Cat. Peces Chile, p. 67 (1900). 

Tete 4^-4 ^; hauteur 4-4 I fois dans la longueur du corps. Le ma- 




< 



o 

Ph 

ü 

O 
O 






SUR QUKLQUES POISSONS COMESTIBLES I>U CHILI 209 

xillaire arrive á la perpendiculaire tracée depnis le bord postérieur 
du tiers antérieur de l'oeil; naissance de la dorsale iin peu en arriére 
de l'insertion de la ventrale. 

Conleur vert bleiiátre clair daiis le dos avec reílets dores princlpa- 
lement dans les portions antérieure du corps et jiostérieure de la tete ; 
le reste du corps est couleur mercure métallique oxydé. Les mem- 
branes des nageoires pectorales, ventrales, anales et lobule infórieur 
de la cándale incarnat pále, rextrémité de la cándale, blancbátre. 

C'est un poisson que beanconp considérent coiume le meillenr de 
tous, c'est celui dont le prix est le plus elevé. II est tres abondant 
principalement dans le sud, et de facile peche, soit que Pon emploie 
le ñlet, le liarpon a o pointes ou l'hame^on. 

II arrive á une longueur de 1200 millimétres. 

Comme je l'ai exprimé déjá (1), l'étude raisonnée de la biologie de nos 
poissons, n'en est qu'á ses commencements ; tout, pour ainsi diré, est 
á faire en ce sens, non seulement au point de vue de la science en 
elle-méme, mais encoré parce que ce n'est qu'en connaissant a fond 
leur maniere de vivre que l'on pourra dicter des réglements conscien- 
cieux pour la peche dans des conditions raisonnables. 

II m'est toujours agréable de raentioner dans chacun de mes tra- 
vaux, les noms des personnes qui ont bien voulu me préter leur con- 
cours, les unes en me j^rocurant des matériaux d'étude et d'antres en 
me fournissant des renseignement littéraires. Je dois, en cetts oc- 
casion, citer les útiles contributions de messieurs J. N. Thomas et 
Santiago John (Chili), qui, pour servir dans ce but m'ont envoyé, en 
diverses occasions, depuis 1905 des exemplaires tout frais en méme 
temps que d'intéressants renseignements soit sur les prix, soit au su- 
jet des mois pendant lesquels certaines espéces se présentent le plus 
abondamnient sur les cotes de nos provinces septentrionales ; de M. 
von Eodt á qui je suis redevable d'un certain nombre de poissons et 
d' útiles renseignements sur la langouste ou homard de Juan Fernan- 
dez, de M. Ciro K. Agüero (de Lima) qui a eu l'obligeance de m'en- 
voyer certains poissons du Callao qui remontent le grand courant 
jnsqu'á nos cotes et je dois également de sinceres remerciments aux 
savants ichthyologues M. C. Tate-Regan (de Londres) et les docteurs 
Jordán, Bean et Gil (des États-LTnis) ainsi que Stead du Musée de 
Sidney (Australie) qui veulent bien ni'envoyer tres régulierement 
leurs études systématiques, oú figurent des especes chilieunes. 

(1) Essai (Vune, BiMiograpMe chilienne d' Histoire naturclle. 

Af. sor. CIENT. ARfi. — T. LXSVil 14 



210 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA \KGENTINA 

Qu'il me soit tinaleinent periiiis d'iidresser mes remerciments au 
iiom de la Société scieiititíqiie du Chili poui la déféreuce qui m'a été 
accordée en écoutant le modeste rapport que je viens de préseiiter 
devant cette docte assemblée. 



Bueuos Aires, le 15 juillet 1910. 



IIDES DEL COMETA E im (DELAUS 

Por P. T. DELAVÁN y B. H. DAWSON (1) 



Los elementos siguientes fueron calculados fundándose en seis ob- 
servaciones en La Plata combinados en tres lugares. 

Las observaciones son: diciembre 17, Hussey: diciembre 17, Daw- 
son; diciembre 17, Daw son; diciembre 30, Uawson ; diciembre 30,. 
Hussey y enero 8, Dawson. 



ELEMENTOS 

T = 1914 oct. 30.07301 Gr. M. T. 
w = 97° 4'22:'l . 
T = 58 43 28.0 1914.0 
i = 69 4 12.9 ^ 
Log q = 0.0524510. 
Eesiduos (O — C) ; A a eos ¡3 = — o • 7 

Aí5 1.3 

Constantes para el ecuador de 1914.0 : 

X = r [9.7797956] sin (217°31 '56;'4 + c) 
y = r [9.9082600] sin (201 29 22.1 + v) 
z = r [9.9960211] sin (117 8 53.4 + v) 

(1) El señor Pablo T. Delaváu, astrónomo del observatorio de La Plata, dos re- 
mite para su piiblioacióu los interesantes datos siguientes, sobre Elementos y efe- 
mérides del cometa F 1913, descubierto por el propio profesor señor Delaván, el 
17 de diciembre próximo pasado. (La Dirección). 



212 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



EFEMÉRIDES 



1913 Gr. M. T 



Marzo 



Abril 



1.5 


2^ 


'42"20!1 


5 . 5 


2 


43 47.0 


9.5 


2 


45 26.7 


13.5 


2 


47 19.1 


17.5 


2 


49 23.4 


21.5 


2 


51 39.7 


25 . 5 


2 


54 7.4 


29.5 


2 


56 46.1 


2.5 


2 


59 35.3 


6.5 


3 


2 34.7 


10.5 


3 


5 44.2 


14.5 


3 


9 3.4 


18.5 


3 


12 32.3 


22.5 


3 


16 10.8 


26.5 


3 


19 58.7 


30.5 


3 


23 56.0 



+ 






log 


Mag, 


3°44'34" 


. 5904 


9.1 


4 28 24 


0.5919 




5 12 32 


0.5932 




5 56 58 


0.5942 




6 41 41 


. 5950 




7 26 40 


0.5954 


9.0 


8 11 56 


0.5955 




8 57 28 


0.5953 




9 43 16 


0.5948 


8.9 


10 29 20 


0.5939 




11 15 42 


0.5927 




12 2 23 


0.5911 


8.8 


12 49 25 


0.5891 




13 36 48 


0.5867 


8.7 


14 24 37 


0.5841 




15 12 51 


0.5810 


8.6 



Las magnitudes son basadas en una de 9.3 asumida para diciem- 
bre 30.5. 

La razón de los residuos indica que no se puede reducirlos material- 
mente en la hipótesis del movimiento parabólico. 

Estos elementos indican que el cometa llegará á ser un poco más 
brillante que la quinta magnitud cerca del perihelio. 



MEMORIA ANUAL 

DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



CORRESPONDIENTE 

AL XLl" PERÍODO ADMINISTRATIVO (1" DE ABRIL DE 1913 Á 31 DE MARZO DE 1914) 

leída en la ASAMBLEA DEL 14 DE ABRIL DE 1914 



Señores consocios : 

De acuerdo con lo prescripto por el artículo 19, inciso d", de los 
nuevos estatutos aprobados por el gobierno de la nación con fecilia 7 
de enero del corriente año, voy á daros cuenta del estado actual de 
nuestra Sociedad y de su marcha durante el XLI" período administra- 
tivo (1" de abril de 1913 á 31 de marzo de 1914). 

Junta directiva. — En la asamblea del 4 de abril del año próximo 
pasado quedó constituida la Junta directiva que debía regir los desti- 
nos de nuestra institución, en la siguiente forma : 

Presidente : ingeniero Santiago E. Barabiuo. 

Y icepr evidente 1° : ingeniero Nicolás Besio Moreno. 

Vicepresidente 2° : doctor Julio J. Gatti. 

Secretario de actas : ingeniero Enrique Butty. 

¡Secretario de correspondencia : ingeniero Jorge W. Dobranich. 

Tesorero : doctor Martiniano Leguizamón Pondal. 

Bibliotecario : ingeniero Delio D. Demaría Massey. 

Vocales: doctor Agustín Álvarez, doctor Horacio Damianovicb, in- 
geniero E. Pablo Bordenave, ingeniero Juan A. Briano, señor Rómulo 
Bianchedi, doctor Juan B. González, ingeniero Carlos Wauters. 

Por renuncia del doctor Julio J. Gatti del cargo de vicepresidente 
segundo, del ingeniero Delio D. Demaría Massey del de bibliotecario y 



214 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de los señores doctor Horacio Damianovich y Róiiuilo Bianchedi, del 
de vocales, en la asamblea de feclia 28 de julio fueron elegidos para 
desempeñar los mencionados cargos, resi^ectivamente, los señores 
doctor Francisco P. Lavalle, doctor Tomás J. Rumi, profesores Camilo 
Morel y J uan ííielsen. 

Por renuncia del ingeniero E. Pablo Bordenave y profesor Camilo 
Morel, del cargo de vocales, en la asamblea de fecha 9 de septiembre 
fueron nombrados para reemi)lazarlos los señores ingeniero Oronte 
A. Valerga y Amado Bialet Laprida. 

Así constituida lia funcionado basta la fecba, y en las 31 sesiones 
celebradas, después de haberse tomado en consideración y despacliad(» 
todos los asuntos entrados, fueron tomadas entre otras las siguientes 
resoluciones : 

Á solicitud de la Asociación internacional del congreso de cami- 
nos, se resolvió designar al ingeniero José I. Girado para represen- 
tar á la sociedad en el tercer congreso á realizarse en Londres el 23 
de junio del año próximo pasado. 

Contribuir con la suma de 200 francos para ayudar á la Sociedad in- 
ternacional de tablas físico químicas, en la publicación de sus trabajos. 

De acuerdo con una nota del director general de minas, geología é 
hidrología solicitando que la Sociedad concediera el local social para 
que algunos miembros del personal de aquella dirección diera una 
serie de conferencias, y que la Sociedad las auspiciara, se resolvió fa- 
vorablemente dicho pedido y es así como se han dado las interesantes 
conferencias cuyos conferencistas y temas se detallarán más adelante. 

Adherirse al IX° Congreso internacional de hidrología, climatología 
y geología á celebrarse en Canadá y se nombró al cónsul argentino en 
Montreal para representar á la Sociedad en dicho congreso. 

Á solicitud de varios presidentes de sociedades de ingenieros de 
Estados Unidos, se resolvió adherirse al Congreso internacional de 
ingeniería que con motivo de la exposición internacional de Panamá, 
tendrá lugar en San Francisco de California en septiembre de 1915 
y á cuya exposición también se resolvió adherirse. 

Adherirse al Congreso nacional penitenciario y al Congreso nacio- 
nal del niño á celebrarse ambos en esta Capital, habiéndose designa- 
do como delegado ])ara representar á la Sociedad en este último al 
doctor Horacio Damianovich. 

Adherirse al Congreso internacional de americanistas á reunirse 
en Washington en 1914. 

Designar á los señores doctor Ángel Gallardo, ingeniero Santiago 



MEMORIA ANUAL DEL PRESIDENTE 215 

E. Barabino, doctor Enrique Herrero Ducloux, ingeniero IsTicolás Be- 
sio Moreno, ingeniero Enrique Herniitte, doctores Pedro N. Arata, 
Francisco P. Lavalle, Atilio A. Bado, Claro C. Dassen, ingenieros 
Juan F. Sarby, José A. Medina y doctor E. Gans para componer el 
Comité argentino que auspiciará la obra de las Tablas físico-quími- 
cas y tecnología. 

Con motivo del muy lamentado fallecimiento del ex presidente y 
socio honorario de nuestra Sociedad, el ingeniero Luis A. Huergo, se 
resolvió que la Junta directiva asistiera en corporación á velar el ca- 
dáver del ilustre extinto; invitar á todos los socios á concurrir al 
sepelio ; designar al ingeniero Barabino para que en calidad de presi- 
dente hiciera uso de la palabra en el acto de la inhumación délos res- 
tos; dirigir una nota de pésame á la familia é iniciarlos trabajos ten- 
dientes á honrar la memoria de tan benemérito ciudadano, mandando 
pintar un retrato al óleo para colocarlo en el salón social y dedicar á 
su memoria un número especial de los Anales ; contribuir con 500 pe- 
sos en la subscripción iniciada por el Centro nacional de ingenieros 
para el homenaje por tributarse á su memoria, é iniciar á su vez una 
subscripción éntrelos socios con el mismo objeto. 

En virtud de acercarse la fecha de la conmemoración del primer cen- 
tenario de nuestra independencia, á cuya conmemoración nuestra So- 
ciedad debía asociarse, se nombró una comisión compuesta de los seño- 
res ingenieros S. E. Barabino, N. Besio Moreno y Carlos Wauters, 
para formular el programa de festejos, presentando dicha comisión 
el siguiente proyecto : 

1" Publicar un volumen especial de la Historia de la ciencia argen- 
tina desde la emancipación del país hasta esa fecha, con cuyo objeto 
se invitaría desde ya á los seííores presidentes de las diversas socie- 
dades científicas del país para resolver la forma más conveniente de 
realizar este j)ensamiento, confiando á cada una de ellas la rama que 
le corresponda, bajo los auspicios de la Sociedad Científica Argentina. 

2" Cumplir de éntrelos votos formulados por el Congreso científico 
internacional americano de 1910 aquellos que la Junta directiva crea 
más convenientes. 

Para llevar á la práctica la primera parte de dicho proyecto, se re- 
solvió que el trabajo relativo á publicación de la Historia sintética de 
ciencia argentina, sería confiado á las instituciones que á continua- 
ción se exj)resan y de acuerdo con la siguiente clasificación : 

Ciencias puras. — 1" Ciencias filosóficas, á cargo de la Facultad de 
filiosofía y letras ; 



216 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

2° Ciencias inatcináticas, astionoiiiicas y físicas, á cargu del Ceutro 
nacional de ingenieros ; 

3" Ciencias químicas y mineralógicas, á cargo de la Sociedad quí- 
mica argentina; 

4° Ciencias naturales, á cargo del Museo nacional de historia na- 
tural. 

Ciencias apUcadan. — 1" Ingeniería, á cargo del Centro nacional de 
ingenieros ; 

2" Medicina, á cargo de la Sociedad médica argentina; 

3° Ciencias jurídicas, á cargo del Centro jurídico; 

4" Ciencias agrarias, á cargo de la Sociedad de ingenieros agróno- 
mos y del Centro de medicina veterinaria; 

5" Industrias, á cargo de la Unión industrial argentina. 

Bellas artes. — 1" Literatura, á cargo del Ateneo nacional; 

2" Miisica, á cargo del Conservatorio de Williams; 

3" Arquitectura, á cargo de la Sociedad central de arquitectos. 

4° Pintura y escultura, á cargo de la Escuela de Bellas artes. 

Con motivo de la llegada al pais del distinguido profesor doctor 
Waltlier ííernst y deseando la Junta directiva que la Sociedad le rin- 
diera el debido homenaje, se designó una comisión comi)uesta de los 
señores ingeniero Santiago E. Barabino, doctor Tomás J. Rumi, 
profesor Camilo Méyer, doctores M. Leguizamón Pondal, Horacio Da- 
mianovich, é integrada más tarde con los doctores Guillermo Schae- 
fer, Víctor J. Bernaola y Walther Sorkau para organizar los trabajos 
de recepción y homenaje. 

Por indicación del doctor Ángel Gallardo, quien se había dirigido á 
distintas personalidades de los Estados Unidos, solicitándoles hicie- 
ran valer su influencia para que el V° Congreso científico segundo 
panamericano se realice en San Francisco de California en 1915 en 
ocasión de la exposición que tendrá lugar en aquella fecha, la Junta 
directiva resolvió enviar una nota al señor ministro en Washington, 
en ese sentido, como asimismo al Comité ejecutivo que fué nombrado 
en Santiago de Chile, x)ara organizar dicho congreso. 

Con motivo del sentido fallecimiento del ex presidente de nuestra 
Sociedad, el doctor Agustín Álvarez, se tomaron las siguientes reso- 
luciones : 

Que los miembros de la Junta directiva asistieran en corporación, 
en reiu'esentación oficial de la Sociedad, en el acto del sepelio de los 
restos del distinguido consocio. 

Invitar á los socios á acompañar los restos. 



MEMORIA ANUAL DEL PRESIDENTE 217 

Designar al doctor Juan B. González para que hiciera uso de la 
palabra en nombre de la Sociedad. 

Dirigir una nota de pésame á la familia. 

Con el objeto de asociarse al duelo general que produjo la trágica 
muerte del malogrado aviador ingeniero Jorge ííewbery, fueron to- 
madas las siguientes resoluciones : 

1^ Concurrir los miembros de la Junta directiva á velarlos restos j 

2^ Invitar á los socios á asistir al acto del sepelio; 

3a Dirigir una nota de pésame á la señora viuda del extinto y otra 
en igual sentido al Aero Club Argentino. 

Otras resoluciones de relativa importancia fueron tomadas en el 
transcurso del período, las que, por no molestar la atención de la 
asamblea, omito en detalle. 

Basca y reglamento de la sociedad. — Percibida la Junta directiva 
de qne nuestros estatutos no correspondían ya á la situción en que 
la Sociedad se halla, tanto del punto de vista científico como social, 
creyó, no sólo oportuno, sino necesario, proceder á modificarlos en con- 
cordancia con las condiciones actuales de nuestra asociación. 

Con este objeto consiguió, de acuerdo con el reglamento vigente, 
la presentación de diez socios solicitando su reforma. (Arf 48, tít. 
XIV.) 

Convocada la asamblea á que se refiere dicho artículo, ésta, en su 
sesión de 28 de julio de 1913, autorizó á la Junta directiva jiara i)ro- 
ceder á reformarlos. Con este propósito designó una comisión com- 
puesta del presidente ingeniero Santiago E. Barabino y del vocal in- 
geniero Carlos Wauters, los que se expidieron presentan<lo un proyecto 
que la Junta directiva, previa discusión, aprobó y elevó á la conside- 
ración de la asamblea extraordinaria que con tal objeto se verificó el 
9 de septiembre de 1913, la que á su vez, después de discutir el pro- 
yecto indicado, lo sancionó en la forma que acaba de ser aprobado 
por el gobierno de la nación con fecha 7 de enero de 1914, y que ha 
sido puesto en conocimiento de los señores consocios por haberse im- 
j)reso en los Anales y repartido en edición por separado. 

Congreso científico internacional americano de 1910. — La Comisión 
directiva del Congreso científico internacional americano, en virtud 
de no disponer de fondos para proseguir la última tarea que le que- 
daba, esto es, la publicación de las memorias presentadas á dicho 
congreso, resolvió dar por terminados sus trabajos y declinar en la So- 



218 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíGENTINA 

€ie(l;vd Científica, de la que liabía emanado su mandato, y dejar sin 
embargo subsistente la Comisión de publicaciones presidida i)<»r el in- 
geniero Santiago E. Barabino, teniendo i)or secretario al ingeniero 
Nicolás Besio Moreno y por vocales á los respectivos secretarios de 
las diversas secciones. 

La Junta directiva aceptó el temperamento i^ropuesto y se hizo 
cargo de los documentos y del saldo de los fondos rpie la extinguida 
comisión poseía, en esta forma : 

1° En un cheque de pesos 6000,08, saldo de las entradas por con- 
cepto de adhesiones; 

2" Depósito de pesos 3840,88 en el Banco de la nación, saldo de 
los 100.000 entregados por la Comisión del centenario para sufragar 
los gastos del congreso. 

Al mismo tiempo en su sesión de fecha 2 de marzo confirmó la de- 
signación de la Comisión de publicacianes hecha por la Directiva del 
congreso. 

Homenaje á Ameghino. — De acuerdo con las resoluciones que se 
tomaron en las asambleas realizadas con este objeto y en las que se 
designáronla Comisión honoraria, la Junta ejecutiva y la Comisión 
consultiva y teniendo presente el plan de homenaje que fué aprobado 
por la Junta directiva de nuestra Sociedad, se ha dado principio á los 
trabajos tendientes á la realización de esas resoluciones, que com- 
prenden en sí una obra comi)leja, en la que figura, en primer lugar, 
una acción de propaganda en toda la república, que ya se ha llevado 
á cabo con la reimpresión de un folleto sobre la vida y obra del sabio, 
redactado i)or los señores Juan B. Ambrosetti y Víctor Mercante, 
que autorizaron á la Junta ejecutiva con toda gentileza para que pu- 
diera hacerse una edición destinada á hacer conocer la personalidad 
de Ameghino en todo el país y muy especialmente en los estableci- 
mientos educacionales. Esta edición ha sido ya distribuida de acuer- 
do con los fines de su iiublicación. 

Después de realizada esta parte del ])rograma, fué necesario orga- 
nizar el plan que respondiera á una acción eficaz, en el concepto de 
que la subscripción nacional, con cuyo producido debe costearse los 
gastos del homenaje definitivo, fuera de positivos resultados. Es ne- 
cesario hacer notar aquí, que excepción hecha de los centros intelec- 
tuales de la Capital y de La Plata y de algunos especialistas y estu- 
diosos del interior, el nombre de Ameghino no era conocido en toda 
la amplitud de su vasta obra, y fué necesario entonces que delegado- 



MEMORIA ANUAL DEL PRESIDENTE 219 

nes especiales formadas por miembros de iinestra Sociedad recorrie- 
ran el país, fundando en todas las capitales de i^rovincia subcomités 
encargados de secundar la acción de la Junta ejecutiva, tanto en la 
divulgación de la personalidad científica de Amegliino, como en la 
ardua tarea de organizar los trabajos para llegar á hacer efectiva la 
subscripción nacional, que era el objetivo de esta segunda parte del 
prograuía trazado y aceptado. 

Con este objeto se designaron las siguientes comisiones : 

Para La Plata: ingenieros S. E. Barabino, Nicolás Besio Moreno, 
doctor Juan B. González, ingeniero Vicente Castro, doctor Francisco 
P. Lavalle, ingeniero Enrique Marcó del Pont, señor Eómulo Bian- 
cliedi y doctor Horacio Arditi. 

Para las ciudades de Rosario, Santa Fe y Paraná : ingenieros Vi- 
cente Castro, Juan A. Briano y doctor M, Leguizamón Pondal. 

Para Córdoba : ingenieros S. E. Barabino, líicolás Besio Moreno y 
doctor Tomás J. Eumi. 

Para Santiago, Tucumán, Salta y Jujuy : señores ingeniero Nicolás 
Besio Moreno y doctor Tomás J. Eumi. 

Para Catamarca y Eioja : señores teniente coronel Antonio Eome- 
ro y doctor Alfredo Sordelli. 

Para Mendoza, San Luis y San Juan : señores doctor Nicolás Gon- 
zález Lujan é ingeniero B. Pablo Bordenave. 

Al mismo tiempo que se fundaban los subcomités en el interior, se 
Iridió y obtuvo el concurso de la prensa para la propaganda corres- 
pondiente, habiendo ésta respondido en forma amplia, dando cuenta 
de todos los actos realizados y haciendo obra de difusión en sueltos y 
artículos editoriales, tanto en la Capital como en el interior de la Ee- 
pública. 

Toda esta obra debía preceder lógicamente, como preparación del 
medio ambiente, á la subscripción; y antes de entregar á la circulación 
las listas respectivas, se creyó necesario realizar en la Capital una 
velada de homenaje, con el objeto de que el nombre de Ameghino tu- 
viera la popularidad que justamente merece; dicho acto se realizó en 
el teatro Colón, en la noche del 20 de octubre del año anterior, con 
resultado halagador, pues la comisión formada por el doctor Francis- 
co P. Lavalle, ingeniero Vicente Castro, doctor Carlos M. Morales, 
ingenieros Nicolás Besio Moreno, Enrique Marcó del Pont y doctor 
Juan B. González, consiguió incluir en el programa, además de los 
discursos del presidente déla Científica, ingeniero Santiago E. Bara- 
bino y señor Ei cardo Eojas, el discurso inaugural del entonces Mi- 



220 ANALKS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

iiistro (le instrucción pública doctor Carlos Ibarguren, Laciendo con- 
currir la acción oficial al solemne homenaje. 

Cumx)lida esta segunda parte, se dio principio á la distribución de 
listas de subscripción, utilizando i)ara ésto las nóminas de personas 
a]itas y de responsabilidad á quienes podían ser confla<las, nóminas 
que se solicitaron á los subcomités del interior; una parte de estas 
listas se lia distribuido en la provincia de Santiago del Estero y La 
Plata, no habiéndose hecho en el resto del país á causa de que la épo- 
ca avanzada del año hacía peligrar el éxito en la recolección de fon- 
dos, teniendo en cuenta que esas listas se confían en su mayor parte 
al personal docente y que la época de vacaciones imposibilita este 
género de trabajo. Corresponde á la nueva Junta ejecutiva realizar 
hasta su terminación esta última i)arte del programa trazado. Las 
listas se empezaron á distribuir el 1" de octubre y las últimas llevan 
fecha 8 de noviembre, habiéndose suspendido la distribución porque 
en ellas se establece como plazo para la devolución el 31 de diciem- 
bre del año i^asado ; para las nuevas habrá que fijar nuevo jdazo para 
esa devolución. El número de las distribuidas alcanza á 790, habién- 
dose recibido una parte de ellas con el producido de 2744 pesos mo- 
neda nacional, que se encuentra depositado en el Banco de la nación 
argentina, en caja de ahorros y á la orden del presidente y tesorero 
de la Junta ejecutiva. 

La labor realizada en las diferentes partes del programa ligera- 
mente bosquejado, se pone de manifiesto desde que se inició la tarea 
de constituir los subcomités de propaganda. Para obtener ese resul- 
tado se dirigieron comunicaciones á todos los miembros del personal 
directivo y docente de las universidades, colegios nacionales y escue- 
las normales del interior, interesándolos en la obra, á cuyo efecto se 
pasaron por secretaría 1143 notas, dirigidas á las personas que esta- 
ban en condiciones de formar parte de esos subcomités, y 123 notas á 
los directores de diarios y periódicos pidiéndoles la mayor propagan- 
da para el mejor éxito de dichas constituciones. Los gobernadores de 
provincia recibieron también comunicaciones en las que se pedía el 
concurso oficial para asegurar el buen resultado en las gestiones que 
deben iniciar los subcomités. 

Terminada la fundación de los subcomités, se dio principio á la 
distribución del folleto á que se ha hecho referencia anteriormente, 
maudáiulose abundante número de ejemplares á cada subcomité; 
aparte de ésto, se remitieron directamente paquetes, que contenían 
diez ejemplares cada uno, á 109 establecimientos educacionales de 



MEMORIA AXUAL DEL IMíESIDENTK 221 

enseñanza secundaria, normal y especial, acompañados de una nota 
en la que se pedía que dichos ejemplares se destinaran á la biblioteca 
de esos establecimientos, para que los alumnos pudieran conocer la 
obra fecunda del sabio investigador. 

Acompañados igualmente de una circular exiilicativa, con idéntico 
objeto se enviaron 513 ejemplares á las escuelas de la provincia de 
Buenos Aires, 33] á las escuelas de los territorios y 1375 á las escue- 
las nacionales de las provincias, teniéndose así la seguridad de que 
en ninguna parte del territorio argentino el nombre de Ameghino 
sea lioy desconocido. 

Sólo quedaba i)or llenar la última parte del programa haciendo cir- 
cular profusamente las listas de subscripción y, como se lia tenido 
ocasión de manifestar anteriormente, es á la nueva Junta ejecutiva á 
quien'correvSiíonde terminarlo. 

Ko debo terminar la relación de estos trabajos sin liacer presente 
que en virtud de las razones que dio el doctor Juan B. González en 
su notarenuncia de fecha noviembre 21 próximo jiasado, que se en- 
cuentra en el archivo de la Sociedad, dicha renuncia le fué aceptada 
y se hizo cargo provisionalmente de la secretaría general el señor in- 
geniero Enrique Butty, que ha actuado desde esa fecha hasta el i^re- 
sente. 

Esto es en síntesis lo que se ha hecho en lo relativo al homenaje. 

Asambleas. — En el transcurso del período terminado se han celebrado 
cuatro asambleas, en las cuales se ha procedido á la lectura y aproba- 
ción de la memoria anual correspondiente al XLI" período administra- 
tivo, renovación de la Junta directiva, integración de la misma y del 
cuerpo de redactores de los Anales, nombramiento de director y un 
secretario de los mismos, en reemplazo del ingeniero Santiago E. Ba- 
rabino que fué elegido para desempeñar el cargo de presidente de la 
Sociedad y del doctor Atilio A. Bado que renunció, y consideración y 
aprobación de las reformas introducidas en las bases y reglamento de 
la Sociedad. 

Conferencias. — La Comisión de estudio que la Junta directiva nom- 
brara para llevar á la práctica la organización de conferencias, con el 
fin de ampliar la acción social y científica de nuestra Sociedad, logró 
obtener en su gestión el mejor éxito, como imede- verse por la serie de 
conferencias que fueron dadas durante el período y que á continua- 
ción se detallan : 



222 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

7 tie imiyo. Borneo, ])ov el doctor Guido Bonarelli. 

14 de mayo. La formación petrolífera de tialta y Jujny, por el doc- 
tor Gindo Bonarelli. 

21 y 28 de mayo, Costumhres de aves americanas, por la profesora 
Elina G. A. de Correa Morales (I'' y 2'"" parte). 

El doctor Horacio Damianovicli inició, en el mes de junio próximo 
pasado, una serie de seis conferencias sobre Materia, fuerza y vida 
desde el punto de vista, científico, ideas antiguas é investigaciones moder- 
nas, las que tuvieron lugar los días 4, 11, 18 y 25 de junio, y 2 y 11 
de julio, en las que desarrolló el siguiente iDrograma : 



INTRODUCCIÓN Y PLAN GENERAL 

I. Analogías y diferencias entre los organismos y los « inorganismos » 

Punto de vista estático : la materia j la forma : 1 . Constitución física y 
(juímica de los organismos y de los inorganismos ; evolución química y evo- 
lución morfológica. — 2. La forma : morfología sintética; estructuras artifi- 
ciales y estructuras orgánicas. 

Pauto de vista dinámico : intercambio de energía. — Fisiología general. 

— Movimiento. — Asimilación. — La energía química de la materia viva. 

— Los fermentos. — Analogía entre las acciones bioquímicas de los fer- 
mentos naturales y las acciones catalíticas de los fermentos artificiales. — 
División celular. — La fisicoquímica de los coloides y las investigaciones 
modernas sobre la cariocinesis. — Fecundación química y cruzamiento. — 
Partenogénesis artificial. — Biofotogéuesis. — Escitabilitlad como proj)ie- 
dad general de la materia. 



II. Evolución de la vida 

El principio de la continuidad. — La vida de la materia y las doctrinas 
antiguas y modernas sobre el origen de la tñcla orgánica. — i Puede consi- 
derarse la evolución orgánica como una consecuencia de la evolución inor- 
gánica *? — La doctrina de la generación espontánea en el presente y en el 
l^asado. — Síntesis de las investigaciones modernas. — Observaciones gene- 
rales sobre los ]uétodos empleados. — Eesumen y conclusiones. 

16 de junio. Observaciones áeroeléctricas efectuadas durante el eclipse 
solar del 10 de octubre de 1912, por el doctor Jacobo Laub. 
1° de agosto. El cáncer, por el doctor Eoberto Wernicke. 



MEMORIA ANUAL DEL PRESIDENTE 22^ 

6, 13 y 22 de agosto. Historia de la navegación aérea, i)or el inge- 
niero ííicolás Besio Moreno. 

20 y 27 de agosto, 3 y 10 de septiembre. La filosofía de las matemá- 
ticas, por el profesor Camilo Méyer, en las que desarrolló el siguiente 
programa : 

PRIMERA SERIE 

La filosofía de las matemáiicas y su evolución desde la docirina cartesiana 

hasta el ])ositivismo de Comte 

Primera conferencia (desde Descartes hasta Leíbnits). — Introducción: 1. 
Las dos tendencias de la filosofía de las matemáticas. Elección del período 
moderno desde Descartes hasta Comte. — 2. La matemática universal de 
Descartes. La imaginación en la filosofía matemática de Descartes. — 3. La 
filosofía matemática desde Descartes hasta Leibniz. La filosofía de Male- 
branche. La filosofía de Spinosa. — 4. La filosofía matemática de Leibnitz. 
Antagonismo entre la obra de Newton y la de Leibnitz. El dinamismo inte- 
lectual. Resumen y comparación de las filosofías matemáticas de Descartes, 
Spinosa y Leibnitz. 

Segunda conferencia (desde Kant hasta Augusto Comte). — Introducción : 
1. Fracaso de la filosofía matemática de Leibnitz. Sns causas. — 2. La meta- 
física del cálculo iníinitesimal. — 3. La filosofía matemática de Kant. Im- 
portancia atribuida i)or Kant á la filosofía matemática. Antagonismo de Kant 
con las ideas de Leibnitz y Newton. El esquematismo transcendental. Resu- 
men. — 4. La filosofía matemática de Augusto Comte. La obra de Laplace 
y Lagrange. La mecánica analítica. La matemática abstracta. Conclusiones. 



SEGUNDA SERIE 

Las teorías físicas ij límites del conocimiento 

Primera conferencia (el mecanismo y la energética). — 1. El mecanismo. 
— 2. El atomismo y el mecanismo. El atomismo y el continuismo. Últimas 
victorias déla teoría atomística. Los Quanta de Planck. — 3. La energética. 
Base de la energética. Carácter filosófico de la querella entre el mecanismo 
y la energética. Exclusión de la invención. La teoría física ha de prever y 
ser fecunda. Superioridad del mecanismo. — 4. El mecanismo, la energética 
y el nominalisnío. Sentido verdadero de las palabras « explicación mecá- 
nica». El nominalismo mitigado. 

Segunda conferencia (los límites del conocimiento científico). — 1. El pro- 
blema de la verdad. Condiciones y naturaleza de la Ncrdad científica. — 2. 



224 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La teoría del conocimiento. Dificultad del conocimiento expeiiiiu-iital. El 
cálculo de las probabilidades en l;i inducci('»n. Probabilidades de las causas. 
El peligro del postulado de la simplicidad. — 4. Límites del conocimiento 
científico. Imposibilidad de elevarse hasta los principios por medio de la 
generalización. El límite del coiiocimiento se baila entre la teoría experi- 
mental y la teoría matemática. 

26 de agosto. Lo.s animales como intermediarios de las enfermedades 
del hombre^ por el doctor Roberto Wernicke, 

17 de septiembre. J)e la protección de los edificios modernos por me- 
dio de los pararrayos, por el ingeniero H. M. Levylier. 

24 de septiembre. Estado actual de los problemas de inmunidad y 
unafilaxia, por el doctor Felipe A. Justo. 

22 de octubre. Los paragranizos eléctricos en la Bepiiblica Argen- 
tina, por el ingeniero H. M. Levylier. 

7 de noviembre. La predicción del tiempo á largo plazo, especial- 
mente en la Argentina, por el i)roíesor Alfredo Jatbo. 

Organizadas por la Dirección general de minas, geología é liidro- 
logía, y patrocinadas por nuestra Sociedad, fueron dadas las siguien- 
tes conferencias : 

14 de junio. Geología de las sierras de Buenos Aires y sus relaciones 
con las montañas de Sud África y con los Andes, por el doctor Juan 
Keidel. 

28 de junio. La nieve penitente de los Andes argentinos y la morfolo- 
gía de la región, por el doctor Waltber Scbiller. 

23 de agosto. Principales resultados provenie^ites de estudios hidro- 
gráficos y geológicos del valle de Fiambalá, provincia de Catamarca, 
I)or el doctor Walther Penck. 

6 de septiembre. Constitución geológica de la zona petrolífera del 
lícíiquén, por el doctor Anselmo Windbausen. 

Patrocinadas por el Congreso nacional del niño, fueron dadas las 
que á continuación se expresa : 

12 de septiembre. Importancia del Congreso nacional del niño, por 
la doctora Elvira Rawson de Dellepiane. 

27 de septiembre. Historia de niños abandonados, por la señora 
Julia S. de Curto. 

4 de octubre. Ideas sonantes sobre educandos y educacionistas, por 
el señor Clemente Onelli. 



MEMORIA AMUAL DEL PRESIDENTE 225 

Además fueron presentadas á la consideración de la Sociedad, las 
siguientes comunicaciones : 

5 de mayo. Los fenómenos del parasitismo en los vegetales, por el 
profesor Lucien Hauman Merck. 

9 de junio. Contribución al estudio de los cristales líquidos, \)0v el 
doctor Teófilo Isnardi. 

Á excepción de cinco conferencias, todas las demás fueron ilustra- 
das con numerosas proyecciones luminosas. 

Por invitación del señor i)residente de la Dirección de las obras 
sanitarias de la nación, la Sociedad efectuó el 17 de agosto una visita 
á la nueva torre de toma de agua en el río de la Plata, á la cual asis- 
tió un gran número de socios. 

¿Socios. — El movimiento de socios ha sido el siguiente : el mimero 
de socios activos, que el 31 de marzo de 1913 era de 638, ha dismi- 
nuido á 554, no obstante haber ingresado, durante el período, 35 
socios nuevos y reingresado 4, lo que hace un total de 39. Esta con- 
siderable disminución es debida á que la Junta directiva resolvió 
declarar cesantes á 82 socios activos, de acuerdo con el artículo 4" 
del reglamento ; haber ñillecido 8 y renunciado 33. El número de 
socios honorarios ha quedado reducido á 5 con motivo del muy lamen- 
tado fallecimiento del ingeniero Luis A. Huergo. El de correspon- 
dientes es de 58. 

La Sociedad ha tenido también que lamentar el fallecimiento de 
los consocios doctor Agustín Álvarez, ingeniero Teodoro F. Morón, 
señores José L. Pascual, Juan A. Langdon, José Soldatti, é inge- 
nieros Augusto Terracini, Pedro Ezcurra, Carlos Nystromer, Jorge 
Xewbery, y del socio correspondiente doctor Federico Eistenpart. 

He aquí la nómina de los socios activos ingresados : 

Doctor Juan A. Boeri, ingeniero Juan J, Elordi, doctor Juan 
F. Aranguren, profesor doctor Felipe A. Justo, señor Carlos Li- 
zer, doctor Carlos Jesinghaus, señor E. S. Cynalewscki, doctor 
Nicolás González Lujan, ingeniero Raúl Hersfeld, ingeniero José 
Carniglia, señor Francisco Esteban, señor Adolfo Garbet, doctor 
Anselmo Windhausen, doctor Ángel Eoffo, doctor Ramón Logarte, 
doctor Guillermo Hileman, profesor Rodolfo Senet, doctor Víctor Wi- 
dakovich, doctor Salvador Mazza, señor Amado Bialet Laprida, doc- 
tor Walther Moring, doctor Juan José Díaz Arana, doctor Salvador 
Debenedetti, doctor Antonio Buadá y Morant, ingeniero Juan Delvi- 
nioti, doctor Luis Merzwacher, señor Juan B. Lara, señor Carlos L. 

Ay. SOC. CIENT. AKCi. — T. LXXVII 15 



226 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Carboiiesclii, señor Julio Dolder, señor Miguel lieyes, doctor Carlos 
Kurt Housseus, señor José L. Pertile, señor Luis Delletang, doctor 
Francisco Naclier y señor Eamón Eodríguez de Vicente. 

Los reincorporados fueron : 

Doctor Waltber Sorkau, ingeniero Alberto Scbneidewind, coronel 
Gustavo Sundblad Eoseti y profesor José T. Ojeda. 

• Tesorería. — El cargo de tesorero ba sido desempeñado jior el doc- 
tor Martiniano Leguizamón Pondal, quien lo lia atendido con toda la 
dedicación y fiscalización que este delicado cargo requiere. 

Los cuadros de tesorería que se agregan á esta memoria demues- 
tran el estado financiero de la Sociedad y el movimiento de las dife- 
rentes cuentas babido durante el período terminado. En dicbos cua- 
dros no figuran las cuentas correspondientes á los fondos del Congreso 
científico internacional americano y de la exploración de la laguna 
Ibera, por cuanto ellos se llevan por separado. 

La cuenta correspondiente á dicbo congreso arroja un saldo á favor 
de pesos 9846,90, incluido en esta suma el saldo del fondo de adbe- 
siones. En cuanto á la cuenta correspondiente á la exploración de la 
laguna Ibera, el saldo es de pesos 3559,13 moneda nacional, cuyo 
total está afectado á publicaciones relativas á las referidas cuentas. 

Los libros de contabilidad lian sido llevados en forma y se encuen- 
tran al día. 

Continúan depositados en custodia en el Banco de la Ilación los 
siguientes documentos, cuyo certificado de depósito se encuentra en 
poder del gerente de la Sociedad. 

Un título de i)ropiedad de la casa Cevallos 269. ' 

Dos comprobantes de pagos de paredes medianeras. 

Dos comi^robantes de aprobación de cuentas rendidas á la Conta- 
duría general de la nación por pesos trece mil ocbocientos ocbenta y 
tres con tres centavos moneda nacional ($ 13.883,03 m/n), y ilesos 
seis mil ciento diez y seis con noventa y siete centavos moneda nacio- 
nal (f 6116,97m/n) correspondientesálos fondos recibidos del gobierno 
de la nación para gastos de representación y publicación de los traba- 
jos presentados al IV" Congreso científico, 1° panamericano, de Chile. 

Dos comprobantes de cuentas presentadas á examen de la Conta- 
duría general de la nación jior jiesos cuarenta y un mil novecientos 
sesenta y dos con veintitrés centavos moneda nacional ($ 41.962,23 
m/n), y pesos ocho mil treinta y siete con setenta y siete centavos 
moneda nacional (| 8037,77 m/n) correspondientesálos fondos recibí- 



MEMORIA ANCAL DEL PRESIDENTE 227 

dos del gobierno de la nación para exj»loración y estudio de la laguna 
Ibera. 

Un título de la deuda pública externa de la provincia de Buenos 
Aires número 163.527 por valor de cien pesos oro sellado nominales 

($ 100 o/s). 

Secretarías. — Han sido desempeñadas por los ingenieros Enrique 
Butty la de actas y Jorge W. Dobrauich la de correspondencia, quie- 
nes han atendido con todo el empeño y dedicación que dichos pues- 
tos requieren, el despacho de todos los asuntos entrados y resueltos 
por la Junta directiva y asambleas, la correspondencia social y re- 
dacción de las actas, las relaciones de la Sociedad con las del país y 
extranjeras. 

En buen estado se encuentran los libros de actas de la Junta direc- 
tiva y asambleas, copiador de notas y demás auxiliares. 

La ardua labor de los señores secretarios está representada en 
parte por las 233 notas y 25 comunicaciones varias que han sido en- 
viadas durante el i^eríodo y cuyas copias se encuentran en los libros 
respectivos. 

Biblioteca y archivo. — El cargo de bibliotecario lo ha desempe- 
ñado el ingeniero Delio D. Demaria Massey hasta el 28 de julio en 
que hizo renuncia de él; habiendo sido elegido para reemplazarlo, 
desde la misma fecha, el doctor Tomás J. Rumi. 

El movimiento de la biblioteca habido durante el período es el si- 
guiente : 

Se han recibido en calidad de donación 162 volúmenes y folletos 
ñgurando entre los donantes las casas editoras de París de Ch. Bé- 
ranger, Hermann et fils, Gustave Doin et fils, Gantiers-Villars, Fr. 
Rudival y Félix Al9an, quienes han contribuido, como lo vienen ha- 
ciendo desde mucho tiempo atrás, á enriquecer nuestra biblioteca 
con valiosas é importantes obras. 

Además, han enviado interesantes libros los señores : director del 
Instituto geográfico militar. La carie de la Bépublícpie Argentine ; Ti- 
pografía moderna, Puerto de Valencia; director del Museo nacional 
de México, Arquitectura en México ; Carlos Lix Klet y otros que sería 
extenso enumerar. De la mayor parte de los libros recibidos se ha j)u- 
blicado en los Anales la correspondiente bibliografía. 

Contribuyen á engrosar y enriquecer nuestra biblioteca 272 revis- 
tas que se reciben en canje de los Anales, procedentes de 34 j)aíses, 



228 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y las que se detallan á continuación (jue se reciben por subscripción : 

Ponts et chausnóesy Revues des reviies^ Comptes-rendus de FAcadémie 
de Sciences, Ármales de chiinie et de pliysique, NoiiveUes mínales de ma 
thématiques, Revuc des deux-mondes , La nature, Nouvelles annales de la 
constructión Opperman, Bemie scienti fique , Giornale trattato genérale 
deWarte deWingegnere, The Biiilder, Bevue genérale de sciences, I/in- 
dustria chimica, Scientia de MiVán, Mémorie di architecttura pratica de 
Torino. 

También se reciben por subscripción la Enciclopedia iiniver sal ilus- 
trada, la Nnora enciclopedia di chimica, por J. Guareschi. 

La biblioteca es constantemente consultada por los señores socios 
en el local de la Sociedad y á fin de facilitar la tarea de investiga- 
ción se les ha j)ermitido sacar del local para ser llevados á domicilio 
temporariamente 80 volúmenes y 97 números de diversas revistas. 

Los documentos del archivo se encuentran encuadernados hasta 
1890 y catalogados hasta el año 1901, lo cual facilita grandemente 
la consulta de los importantes documentos que él contiene. 

Uno de los puntos que ha x)reocupado nuestra atención preferente 
es el de una definitiva sistematización de la biblioteca, tratando de 
catalogar los libros de acuerdo con un método racional y cómodo que 
l)ermita «á. los señores socios manejarlos sin ayuda de emi)leados, ga- 
nando así tiempo y dejando más provechosa libertad al lector. El 
nuevo catálogo que, fuera de duda, habrá que confeccionar y, como 
más conveniente, se demuestra el de fichas, será tarea que deberá, á 
nuestro juicio, preocupar preferentemente al nuevo bibliotecario ; ta- 
rea que por otra parte le será grandemente facilitada por el catálogo 
actual que es incomi)leto é incómodo. 

Al efecto, se han hecho construir nuevas estanterías para facilitar 
la ordenación de los libros y la catalogación proyectada. 

Anales. — El 7 de diciembre de 1912 quedaron constituidos los 
cuerpos de dirección y redacción en la siguiente forma : 

Director : ingeniero Santiago E. Barabino. 

Secretarios : ingeniero Juan José Carahelli y doctor Afilio A. 
Bado. 

Redactores : ingeniero Emilio Rebuelto, doctor Guillermo Schae- 
fer, ingeniero Arturo Grieben, doctor Martiniano Leguizamón Pon- 
dal. doctor Teófilo Isnardi, ingeniero Jorge W. Dobranich, inge- 
niero Evaristo Artaza, doctor Eduardo L. Holmberg, doctor Julio J. 
Gatti, doctor Pedro T. Vignau, doctor Ernesto Longobardi, profesor 



MEMORIA ANÜAI. DEL PRESIDENTE 229 

Camilo Méyer, doctor Tomás J. Enmi, iugeuiei-o Eduardo Latzina, 
doctor Agusto (Jbaudet. 

Habiendo sido elegidos por la asamblea del 4 de abril del aDo pró- 
ximo j)asado los señores ingeniero Santiago E. Barabino, doctor Jiüio 
J. Gatti, ingeniero Jorge W. Dobranicli, doctor Martiniano Leguiza- 
món Pondal y doctor Tomás J. Eumi, para desempeñar los cargos de 
presidente, vicepresidente segundo, secretario de corresi^ondencia, 
tesorero y bibliotecario, respectivamente, y haber renunciado al cargo 
el ingeniero E. Artaza, fueron elegidos para reemplazarlos, el doctor 
Horacio Damianovich en el cargo de director y en el de redactores, 
los señores Augusto Scala, doctor Alfredo Sordelli, ingeniero Eduar- 
do Volpatti, teniente coronel Antonio Eomero y doctor Eaúl Wer- 
nicke. 

Por renuncia del doctor Afilio A. Bado del cargo de secretario de 
la redacción de los Anales, fué elegido para reemplazarlo el doctor 
José Collo. 

Así constituidos dichos cuerpos han funcionado hasta la fecha. 

De acuerdo con los nuevos estatutos, en lo sucesivo, los Anales es- 
tarán á cargo de un director elegido por la Junta directiva y durará 
dos años en su mandato. El director podrá proponer á la Junta direc- 
tiva un núcleo de redactores en reemplazo del cuerpo de redactores 
que anteriormente era nombrado por la asamblea. 

El número de subscriptores no ha variado y continúa siendo de 
nueve, á los que hay que agregar los 25 ejemiilares á que está subs- 
cripto el ministerio de Eelaciones exteriores. 

La tirada ha sido como en el período anterior de 900 ejemplares. 

Han contribuido á la publicación de los Anales con importantes 
trabajos los señores G. Berndt, C. Schrottky, Antonio Pacinottiy 
Walther Sorkau, Santiago E. Barabino, Guido Bonarelli, Luis Gu- 
glialmelli, Teófilo Isnardi, Camilo Méyer, Guillermo Hileman, Enri- 
que de Caries, H. M. Levylier, Honorio Leguizamón, Manuel Gonzá- 
lez Eernández, Narciso Laclan, Juan Demichelis, Alfredo Jatho, Án- 
gel Sabatini, Luciano P. Palet, Horacio Damianovich y ííicolás Be- 
sio Moreno. 

Gerencia. — Ha continuado á cargo del señor Juan Botto, quien 
como en los 28 años anteriores que viene desempeñando este puesto 
con toda dedicación, ha seguido siendo el eficaz auxiliar de siempre 
de los señores secretarios, bibliotecario y tesorero. 

Estando á su cargo la contabilidad social, ha llevado los libros en 



230 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

forma y (leimiestran el empeño coii ([iic lia ateudido esta importaute 
parte déla administración, los cuadros que se adjuntan á esta memo- 
ria y que demuestran el movimiento detallado de las diferentes cuen- 
tas habido durante el XLI" período administrativo. 

De acuerdo con lo (|ue establece el artículo 13 del reglamento, los 
miembros salientes de la Junta directiva son los siguientes : 

Ingeniero Enrique Butty, profesor Juan Nielsen, señor Amado 
Bialet Laprida, ingeniero Oronte A. Valerga, <loctor Juan B. Gonzá- 
lez, doctor Agustín Álvarez, ingeniero Juan A. Briano, ingeniero 
Carlos Wauters. 

Quedan como vocales : ingenieros Santiago E. Barabiuo, Nicolás 
Besio Moreno, doctor Francisco P. Lavalle, ingeniero Jorge W. I)o- 
branicli, doctores M. Leguizamón Pondal, Tomás J. Eumi; en conse- 
cuencia, bay que proceder á la elección de presidente, vicepresidente 
primero y segundo, secretario de actas, secretario de corresponden- 
cia, tesorero, protesorero, bibliotecario, un vocal de acuerdo con los 
estatutos aprobados últimamente y otro vocal en reemplazo del inge- 
niero Butty que lia pertenecido dos anos á la Junta directiva. 



Señores consocios : 

Para terminar esta memoria debo ante todo agradecer el concurso 
que han prestado á la presidencia de la Junta directiva los señores 
miembros de la misma, á cuya preparación cientiñca é interés por el 
engrandecimiento de nuestro centro de cultura nacional se debe la 
labor realizada, que si no es mucha considerada en absoluto, no ha 
sido pequeña dentro del marco que encuadra la potencialidad cientí- 
fica y económica de nuestra asociación. 

El homenaje á los consocios muertos, que en vida prestaron efl- 
cientemente su concurso personal, científico, moral y material á la 
Sociedad, es un culto tradicional en ésta. Así una de las tareas más 
honrosas para nosotros ha sido la de contribuir en primera fila á las 
ceremonias fúnebres ó veladas conmemorativas celebradas en el local 
social, en nuestros coliseos, en la necrópolis y en los centros de cul- 
tura provinciales de toda la república, por la prensa, en actos públi- 
cos, en honor de nuestros consocios desaparecidos, el sabio doctor 
Ameghino y los ilustres ex presidentes ingeniero Luis A. Huergo y 
doctor Agustín Álvarez, á quienes dedico en este instante el reve- 
rente recuerdo de nuestra Sociedad. 



MEMORIA ANUAL DEL PRESIDENTE 231 

Se han iniciado trabajos de real transcendencia, como los tendien- 
tes á conseguir que la Sociedad Cientifica Argentina, conservando 
su indiscutido carácter de cueri^o avanzado en la marclia lenta pero 
segura en la amplia ruta de la sabiduría nacional, presida y dirija la 
labor ]>or realizar en homenaje á la segunda grande fiesta patria, del 
primer centenario de la Jura de la independencia, el 9 de julio de 
1916, como la confederación de asociaciones para obtener un local 
propio común, etc. 

He creído lógico dejar á mi sucesor intervenir desde el principio 
de esas iniciativas, para que la Sociedad no tenga que cambiar su re- 
presentación apenas comenzados los trabajos. 

Es para mí un deber de justicia nombrar especialmente á tres co- 
laboradores de nuestra Sociedad, por el decidido y eficaz concurso 
personal prestado á la misma : me refiero á los socios doctor Juan B. 
González en su carácter de secretario general del Comité ejecutivo de 
homenaje á Ameghino; al doctor Horacio Damianovich que ha con- 
firmado la opinión que oportunamente manifesté en nuestros Anales 
de que sería un excelente director de los mismos ; y al doctor Rumi 
á quien la biblioteca debe más de una reforma y más de una inicia- 
tiva que la pondrán en grado de prestar los servicios de que su im- 
portante biblioteca es capaz. 

Santiago E. Barabino 



bibliografía 



Programmes des tpavaux, noms des rapporteurs, voeux et conclusions 
de XII'' congrés internationaux de navigation (1885-1912), publicado 
por la « Associatiou internationale permanente des Cougres de navigation». 
Un volumen de 360 páginas. Bruselas, 1913. 

Este tomo que acaba de repartirla «Association internationale permanente des 
Congrés de navigation » llena un vacío que ya se hacía sentir. En efecto, las pu- 
blicaciones hechas con motivo de los distintos congresos de navegación habidos 
desde 1885 hasta la fecha, forman una colección muy numerosa que difícilmente 
puede hallarse completa, especialmente entre nosotros. Se notaba la falta, por lo 
tanto, de un trabajo que resumiese la obra de los congresos de navegación habi- 
dos hasta el presente, exponiendo los resultados de las deliberaciones en que 
han intervenido las personalidades contemporáneas más eminentes en trabajos 
hidráulicos. 

La publicación que lleva el título que encabeza estas líneas llena el vacío en 
forma bastante completa, pues en ella se hallan reunidos los siguientes datos de 
cada congreso : el programa, el nombre de los autores de memorias, etc., los 
títulos de las comunicaciones y demás publicaciones presentadas, y lo que cons- 
tituye la parte más interesante, es decir, las conclusiones votadas y los votos 
emitidos. Las listas de publicaciones en realidad no constituyeii una novedad, 
pues ya habían sido publicadas hace algunos años. 

Los congresos que han sido considerados son los siguientes : 

Congresos intei-uacionales de navegación interior : 1" Bruselas (1885); 2° Vie- 
na (1886); 3» Francfort del Mein (1888); 4° Mauchester (1890); 5« París (1892); 
6° La Haya (1894). 

Congresos internacionales de navegación : 7° Bruselas (1898) ; 8" París (1900) ; 
90 Dusseldorf (1902) ; 10» Milán (1905); 11° San Petersburgo (1908); 12» Piladel- 
fia (1912). 

Congresos internacionales de obras marítimas: 1" París (1889); 2*' Londres 
(1893). 

Congreso internacional de utilización de las aguas fluviales : París (1889). 

La modificación de designación que aparece después del VI° congreso obedece 



BIBLIOGRAFÍA 233 

al hecho de haberse refundido los de navegación interior con los de obras marí- 
timas. 

Dada la importancia bien conocida de los congresos citados, á los que las 
naciones civilizadas enviaron como delegados sus especialistas más reputados y 
donde los temas propuestos han sido considerados no sólo en su faz técnica sino 
también en su faz económica, es fíícil apreciar el mérito que ofrece una publica- 
ción sintética que permite conocer qué puntos han sido sometidos á discusión 
hasta ahora, cuál era la orientación de las ideas que sobre ellos se tenía en la 
época en que fueron formuladas las conclusiones, y aun, en algunos casos, apre- 
ciar la evolución de las mismas en los últimos treinta años. 

Además, es de hacer notar el orden y claridad con que lia sido dispuesto el 
trabajo, lo que hace fácil su consulta. 

Creemos oportuno hacer notar aquí que el próximo congreso tendrá lugar en 
1915, probablememente en la capital de Snecia. A su tiempo publicaremos el pro- 
grama respectivo. 

Juan José Carabelli. 

Das Pflanzenreicli, por Hermaxn Wolff. Umbellifera'-Saniculoidew. Cou 42 
figuras y un doble cuadro. Diciembre 16 de 1910. Editor W. Engelmann. Lei]i- 
zig, I volumen, 30.5 páginas. 

La actual monografía, presentada por H. Wolff, da para la subfamilia de las 
Saniculoideas 9 géneros, con un total de 271 especies así distribuidas : 

Género: Hacqiietia, con 1 especie; Sanícula, 39; Astrantia, 9; Actinolema, 2; 
Jlepidea, 19; Eryngimn, 196; Lagoecia, 1; Petagnia, 1; y Arctopns, 3. 

Fitogeográficamente los géneros Sanícula y Eryngium son los de mayor disper- 
sión, pues se hallan en ambos hemisferios. Los demás tienen áreas más reducidas. 

Augusto C. Scala. 

Beitrage zur kennttiits der Flora argentiniens, por Teodoro Stuckekt. 
IT. Quatriéme contributiou á la connaissance des Graminées argentines. Apa- 
reció en febrero 1.5 de 1914. Genéve. Impr. Reggiani et Renaud, rué Necker, 
1914. Extractado del Annuaire du Conservatoire et du Jardín botanique de Genere, 
volumen XVII, páginas 278-309. 

Esta nueva contribución continúa la serie de estudios que sobre la "flora argen- 
tina iniciara ha poco tiempo el distinguido botánico señor Teodoro Stuckert, cuyo 
primer folleto tuve oportunidad de resumir en las entregas I-II, tomo LXXVII, 
página 143 (enero-febrero 1914) de nuestros Anales. 

Se ocupa en la presente de las Gramíneas, señalando, como dice, seis especies 
nuevas para la ciencia, y algunas nuevas variedades y formas, eutre las cuales 
algunas nuevas para la flora argentina, así como una serie de cambios de nom- 
bres debidos á las publicacioues de los doctores Thellung y Ekman. 

Las diagnosis de las especies nuevas han sido redactadas por el eminente agros- 
tógrafo profesor Ed. Hackel. 

Figuran en el trabajo especies, variedades ó formas de los siguientes géneros : 
EUonnros, Andropogon, Antndínella, Paspalnm, Panícum, Dígítaria, Ichnanthus, 



234 AKALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

JSetaria, Ceñchrus, PcnniscUim, Luziola, Stipa, Caryochloa, Miieldemlcrgla. Sporoho- 
lus, Agrostis, CaJamagrostis, Avena, Tripogon, Lcpiochloa, Miinroa, (Jortadcria. Trio- 
■dia, Diplachne, Eragrostis, Kocleria, Anihochloa, Mélica, Distichlis, Briga, Foa, 
Atropis, Festuca, Agropyvinn, Tritinnn, Hordeum, Merostachys, Ckiisquea j Bambusa. 
Las especies nuevas de.scriptas sou las si<^uientes : Paspalum (Sed. Anastrophu.sj 
Lilloi Hackel; Fanicum (subgeii. Brachiaria) glahrinode Hackel; lehnanthus lAlloi 
Hackel; Koeleria Lilloi Hackel; Poa parviceps Hackel; Festuca Lilloi Hackel. 

Augusto C. Scala. 



Réproduction sexué et alternance des générations chez les Algues, par 
Jeax llONXKT. En Progressus rei hotanicar. tomo V, fascículo 1", páginas 1 tí 
126, con 65 ñguras en el texto. Editor Gustav Fischer. Jena, 1914. 

La importancia é interés del tema exigen un resumen más bien detallado, pues 
afronta una cuestión muy debatida hasta lioy, la de si existe en realidad la meta- 
génesis entre las Algas, como ha sido comprobada en las Muscineas y Criptoga- 
mas vasculares. 

De cómo se han interpretado los diversos modos de reproducción, y de la exis- 
tencia de un dolde ciclo gametrófito y esporófito en las Talófitas, caracterizado 
por diferencias halladas en el uiímero de cromosomas de las células somáticas y 
genéticas, son los tópicos que aborda en su magistral estudio eJ autor. 

En el párrafo sobre Generalidades ex^ione lo siguiente : 

Hofmeister fué el primero en afirmar que existe en los vegetales la alternación 
de generaciones, comprobadas en primer término en las Arquegoniadas (Musci- 
neas y Heléchos), consistiendo el fenómeno en la formación de una generación 
sexual que lleva los órganos sexuales (gametrófito) y una generación asexual que 
sólo forma esporos (esporófito). 

Limitada en primer término á las Arquegoniadas, Sachs (1874) la admite tam- 
bién para las Talófitas, entre ellas las Algas. 

En efecto, el micelio de un Mucor, el talo de una Vaucheria, de una Floridea 
son el gametófito ; la friactificación de una Floridea ó de los Ascomicetas, el zigos- 
poro de un Mucor, el oosporo de una Vaucheria, constituyen el ciclo asexual, es 
decir, el esporófito. Por tanto, para Sachs, la metagénesis es igual trátese de Ar- 
quegoniadas ó trátese de Talófitas. Aun más, la reproducción por zoosporas, 
conidios, etc., se identifica á la multiplicación por brotes que se halla en las 
Muscineas y Heléchos, jiues no tienen relaciones necesarias y directas con las 
metagénesis. 

Priugsheim (1878) opina en cambio que el fruto de las Ascomicetas ó de las 
Florideas no tiene el significado de una generación especial, sino tan sólo una 
parte de la plantamadre diferenciada en el sentido sexual. 

Vines (1878), contrariamente á las opiniones de los dos anteriores, opina que 
la mayoría de las Talófitas no posee generaciones alternadas comparables á las 
de las Muscineas. porque los modos de reproducción están directamente ligados 
á las condiciones exteriores del momento en que la reproducción se inicia, sea 
sexual ó asexualmente. 

La comparación morfológica de los ciclos evolutivos, como hechos conocidos, 
informaba tales opiniones ; el modo propio de comportarse en la naturaleza 



BIBLIOGRAFÍA 235 

semejantes orgauismos, no entraba en los razonamientos, y sin embargo era nmy 
necesario para poder valorar la influencia real de esas condiciones y la realidad 
mism.a de la metagénesis, tema que se propuso Klebs dilucidar y cuyos resulta- 
dos expuso en 1896. 

Klebs se propuso estas dos cuestiones : 

1^ ¿ Existe una alternación regular de generaciones neutras y de generaciones 
sexuadas ? 

2^ ¿Una generación neutra, caracterizada por ciertas propiedades, deriva nece- 
sariamente de un huevo fecundado ? 

Al primer problema pudo responder negativamente, puesto que en ninguna 
Talófita suflcientemente estudiada existe alternación regular de generaciones 
neutras y sexuales, los modos de reproducción dependen directamente de condi- 
ciones externas bien determinadas. 

En cuanto al segundo problema se contesta también negativamente según las 
experiencias de Klebs. 

Celakovsky admite dos tipos de generaciones alternantes, y distingue en una 
planta dos fracciones ó trozos : 

a) ^l ]}rotófito (gametóñto), que en los Musgos comprende el j)rotonema y la 
planta foliada ; 

h) El antífito (esporófito) que es el esporogonio de los mismos Musgos. 

Esta concepción determinó un progreso notable, aunque se opone á la idea de 
Sachs, quien admite un solo tipo. Establecido esto, Celakovsky distingue : 

1° La alternación homologa : el protófito engendra siempre un protófito, el antí- 
fito siempre un antífito. 

En el primer caso el ciclo evolutivo de la planta no encierra antífito, y en el 
segundo protófito. Hay aquí solamente diferenciación infer se de generaciones 
homologas semejantes y equivalentes desde el punto de vista de su descendencia 
(por ej. : Algas y Hongos) ; 

2° La alternación antifética, que es la alternación de un protófito y de un espo- 
rófito, es muy rigurosa : un esporo del antífito engendra siempre un protófito y 
un huevo formado sobre éste germina siempre para dar un antífito. Nunca forma 
esporos el protófito, ni el antífito huevos (ej. : Musgos j plantas vasculares). 

La cuestión fué muy debatida y Bower, que la estudió en detalle, afirma que 
tan sólo en Coleochaete, en las Floriüeas y las Ascomicetas asistiríamos á los comien- 
zos de una alteración antifética. 

Después de muchas discusiones en pro y en contra, la citología hizo hacer al 
problema un paso decisivo. 

E. Van Beneden, en 1883, vio que al verificarse la reproducción en Ascaris 
megalocejjhala, los dos proniícleos, masculino y femenino, poseían el mismo nú- 
mero de cromosomas y qiie este número es exactamente la mitad del número de 
cromosomas de las células somáticas de la misma especie; y se comprobó más 
tai de que el fenómeno podía extenderse alas demás especies, al punto de erigirlo 
en ley general tanto para los animales como para los vegetales. 

Desde entonces, generaciones sexuales y asexuales se caracterizan, no por la 
naturaleza de los órganos reproductores que forman, sino por el niímero de cro- 
mosomas que sus mídeos encierran. 
El gametófito posee x cromosomas. 
El esporófito posee 2 x cromosomas. 



236 ANAJ.KS VK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El autor, después de nna prolija revisión de todos los trabajos hechos, y cons- 
tatando qne las Algas no fiu;ron estudiadas seriamente en este sentido, es decir, 
para afirmar la existencia en ellas de la metagénesis, aborda el arduo problema y 
lo resuelve. 

Largo fuera reproducir todos los datos que acumula y sería salir déla índole de 
este resumen; remito á quienes interese el trabajo mismo, indicando someramente 
sus conclusiones : 

1^ Existen en las Algas tipos con verdaderas metagénesis, y otros con toda 
una serie de intermediarios, que jalonan caminos paralelos á los que sin duda, 
filogenéticamente, han recorrido las formas más evolucionadas de la naturaleza 
actual ; 

2^ Los cuadros de clasificación de las Algas, actualmente en vigor, no con- 
cuerdan con los de la agrupación, que podría establecerse apoyándose sobre estos 
hechos de alteración, á tal extremo que debieran desmembrarse, no tan sólo con- 
juntos como el de las Floficeas, más aiín, deberían dislocarse grupos aparente- 
mente más sólidos como son las Diatomeas ; las bénticas difieren en absoluto de 
las planktóuicas desde el punto de vista de las alternaciones de las generaciones ; 

3^ No debe olvidarse que toda clasificación, para ser útil, ha de ser ante todo 
práctica, y que por tanto, los caracteres tomados del aparato vegetativo, deben 
ser preferidos á los provistos por hechos de tan difícil comprobación ; pero no ha 
de silenciarse que las clasificaciones tienen la pretensión de ser naturales y filo- 
genéticas, afirmación que desacredita la naturaleza de los que el estudio de la 
alternación de las faces a; y 2 ¿c ha puesto de manifiesto en las Algas. 

Augusto C. Scala. 
Jean Bonnet. Nota necrológica. 

Jean Bonnet, autor del notable estudio resumido en la nota anterior, ha muerto 
recientemente (17 de septiembre de 1913) en la catástrofe ferroviaria de Ville- 
neuve-Loubet (en las proximidades de Grasse) en los Alpes marítimos, al volver 
de los ejercicios de tiro, que como conscripto le imponía el servicio militar. 

Contaba apenas 22 años de edad (nació el 10 de abril de 1892, en Albi) y ya se 
había manifestado su rara personalidad científica en diversos trabajos, entre los 
cuales el muy notable sobre la metagénesis en las Algas, que tuvo los honores de 
la publicación en Progresans rei hotanicae, trabajo que no hubiera desdeñado fir- 
mar cualquier botánico de mérito. 

La muerte arrebata á la ciencia una de sus más legítimas esperanzas, y con él 
desaparece un eminente representante de la botánica moderna . 

Augusto C. Scala. 



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Salas, Carlos P., Elementos para el estudio de la demografía de la Provincia de 
Buenos Aires. Talleres oficiales, 1913, 49 páginas. 

Taveka Agosta, B., Anales de Guayana, Tipografía La Empresa, 1913, 317 
páginas. 

Tavera Agosta, B., A través de la Historia de Venezuela. Imprenta B. Jime- 
no Castro, 1913, 283 páginas. 

Compilado por un patriota, La conmemoración de las Cortes de Cádiz. Estable- 
cimiento gráfico (le Fortanet, 1913, 110 jiáginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas. Acudes particulares na 2^ Seccao. Ins- 
pectoría de obras contra as secas, 1912, 168 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, A Tamareira e seu cultivo. Inspectoría 
de obras contra as secas, 1912, 9 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, Geologia e supprimento d'agua subte- 
rránea no Bio Grande do Norte e rarahyba. Inspectoría de obras contra as secas, 
1913, 62 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras iJublicas, Acudes particulares (Rio Grande do 
Norte). Inspectoría de obras contra as secas, 1913, 98 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, Geologia e supprimento d'agua subterrá- 
nea na Ceará e parte do Piauliy. Inspectoría de obras contra as secas, 1913, 80 
páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas. Acudes públicos e particulares. Pernam- 
buco, Sergipe e Bahía. Insi^ectoria de obras contra as secas, 1912, 67 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, Supprimento d'agua no Nordeste do 
Brazil. Inspectoría de obras contra as secas, 1912, 69 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras públicas. Acudes no Ceará (Estreito-Riacho do 
♦Sangue Poco dos Paus). Inspectoría de obras contra as secas, 1912, 62 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, Acudes públicos (Rio Grande Norte e 
Parahyba). Inspectoría de obras contra as secas, 1912, 53 páginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, ContribuQoes para a Ouestáo florestal do 
regido do Nordeste do Brazil. Inspectoría de obras contra as secas, 1912, 124 pá- 
ginas. 

Ministerio da Viaccao e Obras publicas, Acudes públicos e pariiculares (Piauhy 
•e Ceará). Inspectoría de obras contra as secas, 1912, 78 j)áginas. 



SOCIOS ACTIVOS (Continuación) 



González Litardo, Justo. 
González, Agustín. 
González, Osear. 
Granero, Miguel. 
Gradin, Carlos. 
Gregorina, Juan. 
Gegorini, Juan A. 
Grieben, Arturo.- 
Grianta, Luis. 
Griffln, Clodomiro. 
Groizard, Alfonso. 
Guido, Miguel. 
Guidi, José. 
Gugiiaimelli, Luis C. 
Gutiérrez, Ricardo J. 
Guesalaga, Alejandro. 
Guerrero, Mariano A. 
Hauman Merck, Lucien. 
Harrington, Daniel. 
Herzfeld, Raúl. 
Hermitte, Enrique. 
Herrera Vega, Marcelino. 
Herrera, Nicolás M. 
Herrero, Ducloux E. 
Henry, Julio. 
Hicken. Cristóbal M. 
Hileinan, Guillermo. 
Holiuberg, Eduardo L. 
Hoyo, Arturo. 
Huergo, Luis A. (hijo) 
Huergo, Eduardo. 
Huergo, José M. 
Hughes, Miguel. 
Ibarra, Luis de. 
Iribarne, Pedro. 
Isbert, Casimiro V. 
Issouribehere, Pedro J. 
Isnardi, Vicente. 
Isnardi, Teófilo. 
Israel. Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 
Ivanissevich, Ludovico. 
Jatho, Alfredo. 
Jacobacci, Guido. 
Jesinghaus, Carlos. 
Jurado, Ricardo. 
Justo, Felipe A. 
Kock, Víctor. 
Klein, Hermán. 
Kreusberg, Jorge. 
Laclau, Narciso C. 
Lafone Quevedo, Samuel A. 
Labarthe, Julio. 
Lahille, Fernando. 
Landeira, Pedro, V. 
Laporte, Luis B. 
Larreguy, José. 
Larco, Esteban. 



Lathan ürtubey, Augusto. 
Latzina, Eduardo. 
Laub, Jacobo J. 
Lavarello, Pedro. 
Lea, Alian B. 
Lederer, Osvaldo. 
Ledesraa, Pedro M. 
Leguizamón, Pondal Mart°o. 
Lejeune, Luis M. 
Lemos, Carlos. 
Lepori, Lorenzo. 
Leonardis, Leonardo de. 
Lesage, Julio. 
Letiche,, Enrique. 
Levylier, H. M. 
Logarte, Ramón. 
Lizer, Carlos. 
López, José M. 
López, Martín J. 
Longobardi, Ernesto. 
Lovigne, Pedro G. 
Lozano, Narciso, M. 
Lugones, Arturo M. 
Lucero, Octavio. 
Luro, Rufino. 
Ludwig, Carlos. 
Lutscher, Andrés A. 
Madrid, Enrique de. 
Mégy, Luis A. 
Magnin, Jorge. 
Maligne, Eduardo. 
Mallol, Emilio. 
Mamberto, Benito. 
Maradona, Santiago. 
Marín, Plácido. 
Marcenaro, Adolfo. 
Marreins, Juan. 
Marcó del Pont, E. 
Marotta, Pedro. 
Marino, Alfredo. 
Martínez Pita, Rodolfo. 
Marti, Ricardo. 
Massini, Esteban. 
Maupas, Ernesto. 
Mattos, Manuel E. de. 
Mnzza, Aurelio F. 
Mazza, Salvador, 
Medina, José A. 
Meoli, Gabriel. 
Mercante, Víctor. 
Mercáu, Agustín. 
Mermos, Alberto. 
Merzwacher, Luis. 
Meyer, Camilo. 
Mignaqui, Luis P. 
Millan, Máximo. 
Molina y Vedia, Delfina. 
Molina y Vedia, Adolfo. 



Monge Muñoz, Arturo. 
Moeller, Eduardo. 
Molina, Waldino. 
Molina Civit, Juan. 
Mom, Josué R. 
Morales. Carlos María 
Morel, Camilo. 
Moreno, Francisco P. 
Moreno, Evaristo V. 
Moreno. Josué F. 
Morón, Ventura. 
Móhring, Walther. 
Mormes, Andrés. 
Morteo, Carlos F. 
Morteo, Ignacio A. 
Mosconi, Enrique. 
Mugica, Adolfo. 
Muñoz González, Luis. 
Narbondo, Juan L. 
Nacher, Francisco. 
Nágera, Juan José. 
Navarro Viola, Jorge. 
Natale, Alfredo. 
Negri, Galdino. 
Negri, César. 
Nelson, Ernesto. 
Nelson, Enrique M. 
Newton, Artemio R. 
Niebuhr, Adolfo. 
Nielsen, Juan. 
Nystrómer, Carlos. 
Newbery, Jorge. 
Newbery, Ernesto. 
Noceti, Domingo. 
Nogués, Domingo. 
Ñongues, Luis F. 
Nouguier, Pablo. 
Nunez, Guillermo. 
O'Connor, Eduardo. 
Ochoa. Arturo. 
Ojeda, José T. 
Olmos, Miguel. 
Olivera, Carlos E. • 
Oliveri. Alfredo. 
Orcoyen, Francisco. 
Orús, José M. 
Orús, Antonio (hijo). 
Otamendi, Eduardo. 
Otamendi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto. 
Otamendi, Juan B. 
Otamendi, Gustavo. 
Otamendi, Belisario. 
Outes. Félix F. 
Padilla, José. 
Padilla, Isaías. 
Paita, Pedro J. 
Paitoví Oliveras, Antonio-. 



SOCIOS ACTIVOS (Conclusión) 



Palacio, Emilio. 
Palacio, Carlos M. 
Palet, Luciano. 
Panelo, Esteban. 
Pallavicini, Francisco. 
Paoli, Humberto. 
% Paolera, Carlos M. della. 
Parodi, Edmundo. 
Pasman, Raúl G. 
Pastore, Franco. 
Paquet, Carlos. 
Parckinson, Pedro P. 
Paz, José M. 
Pattó, Gustavo. 
Peli/za, José. 
Pelosi, Elias. 
Pelleschi, Juan. 
Peralta Ramos, Enrique. 
Pereyra, Emilio. 
Pérez, Alberto J. 
Petersen, Teodoro H. 
Pigazzi, Santiago. 
Piaña, Juan. 
Piaggio, Antonio. 
Pinero, Horacio G. 
Pouyssegur, Hipólito B. 
Podestá, Santiago. 
Pol, Víctor de. 
Popolizio, Fernando. 
Posadas, Carlos. 
Puente, Guillermo A. 
Pueyrredón, Carlos A. 
Puiggari, Pió. 
Puiggari, Miguel M. 
Quiroga, Atanasio. 
Rabinovich, Delfín. 
Raffo, Jacinto T. 
Ramos Mejía, Ildefonso P. 
Ranzenhoffer, Osear. 
Recagorri, Pedro S. 
Rebuelto, Emilio. 
Rebuelto, Antonio. 
Retes, Antonio. 
Repetto, Roberto. 
Repetto, Nicolás. 
Repossini, José. 
Reyna Almandos, Luis. 
Riccheri, Pablo. 
Risso Domínguez, Juan C. 
Rivara. Juan. 
Rivarola, Rodolfo. 
Rodríguez de Vicente, Román 
Rodríguez Etchart, Carlos. 
Rodríguez Larreta, Eduardo. 
Roffo, Ángel. 
RoíTo, Juan. 
Rojas, Esteban C. 



Rojas, Ricardo. 
Rojas, Juan R. 
Rom, Carlos A. 
Romero, Julián. 
Romero, Antonio. 
Romiti, Amadeo N. 
Rossel Soler, Pedro A. 
Rospide, Juan. 
Rouge, Marcos. 
Rubio, José M. 
Rúa, José M. de la. 
Rumi, Tomás J. 
Sabaría, Enrique. 
Sabatini, Ángel. 
Sáenz Valiente, Eduardo. 
Sáenz Valiente, Anselmo. 
Sagastume, José M. 
Sánchez Díaz, Abel. 
Sánchez, Juan A. 
Sánchez, Zacarías. 
Sanromán, Iberio. 
Santángelo, Rodolfo. 
Santillán, Carlos R. 
Sarrat, Rodolfo. 
Segovia, Fernando. 
-Sáuze, Eduardo. 
Segovia, Vicente. 
Saralegui, Luis. 
Sarhy, José S. 
Sarhy, Juan F. 
Saubidet, Alberto. 
Scala, Augusto. 
Schaefer, Guillermo F. 
Schmiedel, 0. 
Seguí, Francisco. 
Seeber, Raúl E. 
Schneidewind, Alberto. 
Selva, Domingo. 
Sella, Federico. 
Senet, Rodolfo. 
Senillosa, Juan A. 
Serra Renón, José. 
Severini, Decio. 
Silva, Ángel. 
Sires, Marcelo C. 
Sirí, Juan M. 
Soldano, Ferruccio. 
Sordelli, Alfredo. 
Sorkau, Walther. 
Suárez, Eleodoro. 
Spinetto, Silvio. 
Spinedi, Hermenegildo F. 
Storni, Segundo. 
Sunblad Rosetti, Gustavo. 
Tamini Crannuel, L. A. 
Taiana. Alberto. 
Tarelli, Carlos A. 



Tejeda Sorzano, Carlos. 

Tollo, Eugenio. 

Tieghi, Segundo. 

Thedy, Héctor. 

Toepcke, Ernesto. 

Toledo, Enrique A. de. 

Tornquist, Adolfo. 

Torres Armengol, M. 

Torre, Mario. 

Torre, Rertucci Pedro, 

Torrado, Samuel. 

Traverso, Nicolás. 

ligarte, Trifón. 

Uhart, Pedro. 

Uriarte Castro, Alfredo. 

Uriburu, Arenales. 

Uriburu, David. 

Vallebella, Colón B. 

Vaccario, Pedro. 

Vilar, Juan. 

Valenzuela, Moisés. 

Valentini, Argentino. 

Valerga, Órente A. 

Valiente Noailles, Luis. 

Valle, Juan A. 

Valle Iberlucea, Enrique de! 

Várela, Rufino (hijo). 

Vassalli, Miguel E. 

Vasquez de Navoa, Vicente. 

Velasco, Salvador. 

Vico, Domingo. 

Vignau, Pedro T. 

Vidal, Antonio. 

Videla, Baldomero. 

Villanova Sanz, Florencio. 

Virasoro, Valentín. 

Vivot, Eduaro. 

Volpatti, Eduardo. 

Voipi, Carlos A. 

Vucetich, Juan. 

Wauters, Carlos 

Windhausen, Anselmo. 

Widakovich, Víctor. 

Wernicke, Roberto. 

Wernicke, Raúl. 

White, Guillermo. 

White, Guillermo J. 

Wollenweide, Albino. 

Zakrzewski, Bernardo. 

Zamboni, José J. 

Zaraudio, Eugenio. 

Zappi, Enrique V. 

Zemborain, Saturnino (hijo). 

Zelada, José. 

Zuberbühier, Carlos E. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD científica 



ARGENTINA 



DiRKCTOR : Doctor HORACIO DA MIAÑO VIGH 



MAYO-JUNIO 1914. — ENTREGAS V-VI. — TOMO LXXVII 



ÍNDICE 

Nicolás Bésio Moreno, Historia de la navegación aérea desde los tiempos más 

remotos liasta los primeros viajes aéreos dirigidos (Conclusión) 241 

Nicolás Besio Moreno, Agustín Alvarez. Sus doctrinas éticas y de igualdad y de- 
mocracia 273 

Camilo Mever, Aplicaciones de la teoría cinética de los gases ' 28ó 

Luis Gl'(;malmelli, Interpretación de las reacciones que pueden producirse entre 

los cloruros de oro, platino y fierro y el germen latente fotográfico residual. . . 315 

Horacio ^¿aiiANOViCH, Nernst : su obra científica 324 

índice genial del tomo LXXVII 335 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CON! HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 68 4 



1914 



JUNTA DIRECTIVA 

Presidente Ingeniero Santiago E. Barabino 

Vicppreaidente i" Ingeniero ivicoiás Besio >ioreno 

Vicepreñdente 2° Doctor Francisco F". Lavalle 

Secretario de actas Ingeniero Enrique Hixtty 

Secretario de correspondencia.. Ingeniero Jorge >v. Doi>ranicii 

Tesorero Doctor Mai'tiniano z^cguizaznón F»ondlal 

Bibliotecario Doctor Tomás «r.^ítiimi 

/ Doctor Agustín Álvarez 

I Señor A.ma<lo Bialet ILiaprida 

I Ingeniero Oronte A. "Valerga 

V^ocales. - Ingeniero Juan A. :Briano 

I Señor Juan IVielsen, li. 
f Doctor Juan H. González 
Ingeniero Carlos >\^auters 
Gerente Señor Juan iBotto 



REDACTORES 

Ingeniero Emilio Rebuelto, doctor Guillermo Scliaefer, ingeniero Arturo Grieben, inge- 
niero Eduardo Volpatti, doctor Teófilo Isnardi, doctor Alfredo Sordelli, teniente coro- 
nel Antonio A. Romero, doctor Eduardo L. Holmberg, doctor Raúl Wernicke, doctor 
Pedro T. Vignau, doctor Ernesto Longobardi, profesor Camilo Meyer, señor Augusto 
Scala, ingeniero Eduardo Latzina, doctor Augusto Chaudet. 

Secretarios : Ingeniero Juan José Carabelli y doctor José Collo 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglamenta- 
rio. Por mayor número de ejemplares deberán entenderse con los editores señores Coni 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 
2G9. 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis que sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

Pesos moneda nacional 

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Por año 12.00 

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— para los socios 1.00 

LA SUBSCBIPCIÓM SE PAGA ADELANTADA 

El loeal social p^rmaneee abierto de3á7yde8á12 pasado meridiano 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 

DESDE LOS TIEMPOS lUAS REMOTOS HASTA LOS I'RLMEROS VIAJES AÉREOS DIRKJIDOS 

CONFERENCIAS D.UJAS EN LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Por el ingknieko NICOLÁS BESIO MOEENO 
(Conchisióti) 



SEGUNDA PARTE IJBRaiíy 

NEW YORK 
AEROSTACIÓN ^.CTANICaL 

1. Periodo especulativo 

Las mismas sombras que envuelven el origen de la aviación, obs- 
curecen el de la aerostación; los datos más remotos parecerían proce- 
der del oriente chino, que lo convertirían en cuna de los globos como 
parece haberlo sido de los paracaídas. Debemos al misionero francés 
Vasson la traducción de varios documentos hallados en los archivos 
de Pekín, datados en 1624, según los cuales se habría realizado en 
esa ciudad, hacia 1306, una verdadera ascensión en globo en las fies- 
tas de coronación del emijerador Fo-Kien. Alguna hipótesis, sin em- 
bargo, supone que la famosa palomita voladora de Architas de Tarento 
y de la que nos hemos ocupado ya, se mantenía en la atmósfera por 
la rarefacción del aire interior del aparatito; si esto fuese así, Archi- 
tas habría sido el verdadero precursor genial del « más liviano que 
el aire » y se habría adelantado inmensamente á su época. 

Cyrano de Bergerac, ya citado, en 1648 escribió su extraordinario 
Viaje á la luna y á los estados del sol, en el que narra el curioso mé- 
todo que habría utilizado para elevarse en los aires. Dice Cyrano : 
« Me até gran cantidad de botellitas llenas de rocío, sobre las cuales 
dardeaba el sol tan violentamente sus rayos, que al atravesarlas, el 

AN. SOC. CIKNT. ARG. — T. LXXVII 16 



242 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

calor, como hace con las hinchadas nubes, me elevó tan alto, que al 
fin me encontré sobre la región media. » 

Se ve, pues, que Cyrano había comprendido la razón del ascenso 
de las nubes en el espacio, y esto mismo encierra la sensación con- 
fusa de la tensión del vapor de agua. Los Moutgolfier habían de hacer 
más tarde análoga observación. 

Y para que se vea la claridad del concepto de Cyrano, oigámosle 
un párrafo más : « Llenó dos grandes vasos que cerró herméticamente 
y se los ató bajo las alas. En seguida el vapor, que tendía á elevarse 
y no podía atravesar el metal, empujó los vasos hacia arriba y así 
condujeron á este hombre. Cuando hubo subido hasta la luna, desató 
prestamente los vasos, que se había ceñido á manera de alas sobre 
sus hombros, y con tanta fortuna lo hizo que apenas estaba en el 
aire cuatro toesas por encima de la luna, abandonó sus aparatos de 
navegar. >> 

Por la misma época vivía en Italia un hábil físico, don Francisco 
da Lana, quien publicó en 1G70 u.na obra en que exponía con la ma- 
yor exactitud el fírincipio en que se funda la aerostación; dice : 
« Jamás se ha creído posible hasta aquí construir un navio que reco- 
rra los aires, como se construyen los que navegan sobre las aguas ; y 
esto porque no se ha creído posible la existencia de una máquina 
más ligera que el aire, condición necesaria para obtener el objeto 
deseado. Yo creo haber encontrado el medio de construir una máqui- 
na más ligera que el aire. » 

Su método consistía en aplicar á un buque cuatro grandes esferas 
ó globos, como él las llamaba, y hacer en ellas el vacío. No puede ser 
más sorprendente este proyecto, si se piensa en los grandes errores 
que se abrigaban en aquella época acerca de la atmósfera, y en el 
estado de la física como ciencia experimental. Aunque el proyecto 
fuese irrealizable, su teoría era perfectamente científica. 

Francisco da Lana, pues, á fines del siglo xvii, sentó el princij)io 
de la posibilidad de la ascensión en los aires por una diferencia de 
peso esi^ecífico. Esta teoría, rigurosamente racional, debió ser la base 
de la aerostación, así como la de la resistencia del aire fuera la de la 
aviación. 

La mecanización, por así decir, del principio de da Lana ocurrió po- 
co después en Lisboa hacia 1709, realizada por el tísico Guzmáo, verda- 
dero inventor de los aeróstatos. En los archivos de la Universidad de 
Coimbra existe una descripción interesante del aparato de Guzmáo, 
que consistía en un gran saco de forma tetraédrica, alargado en una 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 243 

de SUS extremidades como los actuales dirigibles y no como las 
mongolfieras ; de este saco de aire colgaba una barquilla, detrás de 
la cual había un timón en forma de ala ó hélice que manejaba el 
aeronauta. 

Por esos mismos tiempos aiiarece en Portugal otro inventor, don 
Bartolomé Lourenco, el cual solicita y obtiene del gobierno portugués 
privilegio exclusivo jjara construir una máquina aeróstato de que se 
decía inventor. Todo este período aeronáutico portugués quedó en- 
vuelto en una completa nebulosa, de tal modo que se hizo la mayor 
confusión entre Lourenco y Guzmáo y sus aparatos, llegándose hasta 
creerlos una misma persona. Hay sin embargo eütre ellos considera- 
ble distancia, pues si no estamos en la misma confusión, el aparato 
de Lourenco sería completamente absurdo y no se habría experimen- 
tado jamás. Baste decir que este aparato sería un buque en forma de 
pájaro y provisto de tubos por los que debía pasar el aire para hinchar 
una especie de vela, que sostendría y elevaría la máquina; claro se 
está que tal máquina no se habría movido del suelo. 

En cambio, la máquina del físico Guzmáo era, como se ha dicho, 
un aeróstato ijerfecto y su ascensión se verificaba por la aplicación 
rigurosa del principio, sentado por da Lana, de los pesos específicos. 
La ascensión, que realizó Guzmáo en 1709 ante la corte en el palacio 
de Indias, se obtenía por medio de la inflamación de ciertas materias, 
á las que el mismo aeronauta ponía fuego. 

Las ascensiones posteriores de Guzmáo, realizadas en 1736, se 
hicieron en un cesto de mimbre, de forma oblonga, recubierto de 
papel. Queda bien establecido, pues, que las ascensiones de Guz- 
máo se realizaron merced á la diferencia de densidad entre el aire 
caliente que se obtenía por el calor de combustión de algunas 
substancias que nos han quedado desconocidas y el aire frío de la 
atmósfera. 

Este hecho coloca á Guzmáo en primer plano en lo que respecta á 
la aerostación, constituyendo con da Lana las dos columnas princi- 
pales de esta rama de la aeronáutica. Según todas las presunciones, 
Guzmáo sería brasileDo, y habría corresi)ondido á dos físicos el mé- 
rito de crear los aeróstatos, lo que no puede sorprender, pues el 
principio fundamental en que reposan es un j)rincipio de física pura, 
por entonces descubierto. 

En 1755 José Gallen publicó un tratado sobre el Arte de navegar 
en los aires, en el que propone los globos de aire rarefacto; dicha obra 
establece que con los conocimientos científicos de la época no habría 



244 



ANAI,KS 1>E LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



sido ]>osible construir un navio aéreo, como ol que proyectaba, de aire 
rarefacto y de dimensiones colosales, i>ues debía ser más lar<>o que 
la villa de Avijí'non; el autor establece que el peso del navio será sin 
duda maj-or cuanto más grande sea su tamaño, pero en cambio será 
tanto menor en relación á su enorme volumen. 

El navio se llenaria con aire de la región del granizo, al cual le 
suponía una densidad mitad menor que la de la región inmediata- 




Fig. 31. — Primera experit'iuia de ^Muiigoltíer eu Auuonay 
7 de juuin de 1783 



mente abajo. Galien trataba también de una especie de envoltura 
llena de aire caliente que podría ascender en los aires. Los aijaratos 
l)ropuestos no fueron ensayados, á pQsar de ser algunos de ellos de 
fácil aplicación y seguro éxito. 

En 1782 un inglés, don Tiberio Cavallo,. presentó á la Sociedad 
real de Londres una comunicación relativa á un aeróstato en que lo 
describe así : « Se trata de construir un vaso ó especie de envoltura 
que, llena de aire inflamable (hidrógeno), sería más ligera que un volu- 
men de aire común y por consiguiente podría elevarse lo mismo que 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



245 



el humo en la atmósfera, pues se sabe bien que el aire inflamable es 
específicamente más ligero que el aire común. » 

Cavallo se sirvió del hidrógeno para hacer ascender en el aire glo- 
bos de jabón en 1781, pero no realizó ninguna ascensión iDersonal. 

Así, pues, de Lana, Guzmáo, Gallen y Cavallo prepararon el 




Fig. 32. — Ascención de Charles y Robcit eu liis Tullerías, I" de diciembre de 1783 



terreno para las experiencias de Montgolfier, que debían iniciarse en 
seguida. 

En 1783 los hermanos Montgolfier fiíbricaron sus primeros esféri- 
cos, que eran en realidad á aire caliente; el globo, construido de papel, 
se llenaba haciendo quemar en la boca de la parte inferior del globo 
una cantidad de paja humedecida por un combustible líquido. Los 
Montgolfier, sin preparación científica alguna, creyeron (pie la com- 
bustión de la paja producía un gas nuevo, análogo al hidrógeno, re- 
cientemente descubierto, en 1781, por Cavendish, el famoso físico; se 



246 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



trataba sólo de aire caliente cuya densidad disminuye con la temiie- 
ratura, como ya se sabía por entonces; la ascensión vse producía en 
virtud del principio de Aripiímedes, 

La experiencia, que alcanzó universal celebridad, se realizó el 7 de 
junio de 1783, sin tripulantes, en Annonay. 

El físico Charles dedujo desde luego la causa de la ascensión y 




Fig. 33. — Asceusióu ile Guitón de Morveau y Bertrand, 
25 de abril de 1784 



pensó inflar globos de seda con hidrógeno. El mismo Cavendish, al 
determinar las propiedades del hidrógeno, estableció que un recipiente 
lleno de este gas debería necesariamente elevarse en los aires, y en 
tal sentido hizo algunas experiencias, pero le faltó la tela impermea- 
ble para contener el gas y no pudo producir ninguna ascensión. 

Charles realizó este propósito, elevándose su globo en el campo de 
Marte el 27 de agosto de 1783: el globo de seda y lleno de hidrógeno 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 247 

110 llevaba tripulantes. El 19 de septiembre del mismo año, los 
Moutgolfier producen la ascención de un esférico que conducía tres 
pequeños animales, los que no sufrieron daño alguno en el viaje. 

El éxito de estas ascensiones incitaronáefectuar viajes tripulados: 
Pilátre de Kozier y Arlandes se propusieron hacerlo en una mongol- 
fiera, y al efecto fabricaron un globo de 14 metros de diámetro, inflado 



o ^ i rm 




Fig. 34. — El navio volador de Blancbard. 2 de marzo de 1784 

por el liumo de incendio de paja húmeda. La ascensión se efectuó el 
21 de noviembre de 1783 en el castillo de la Muette, manteniéndose 
los aeronautas en el aire cerca de una hora y aterrizando sin dificul- 
tad en un lugar conveniente. El enfriamiento del aire caliente que 
llenaba el globo, iDroducía inevitablemente un descenso casi inme- 
diato, como ocurrió en todos los casos en que se usaba tal gas ascen- 
sional; por esto las mongolfieras fueron abandonándose poco á poco. 
Pocos días después de la ascensión de Eozier, se efectuaba desde 
las Tullerías (el 1° de diciembre de 1783) la ascensión de Charles en 
un globo de hidrógeno; Charles subió en él con su discípulo Robert, 
constructor del aparato, y se elevó en los aires felizmente. Al tocar 



248 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



tierra, desembarcó Eobert del íilobo y Charles se remontó de nuevo 
para aterrizar sin ningnna dificultad poco después ; fué éste el se- 
gundo viaje aéreo tripulado. 

Después de estos viajes las ascensiones se generalizaron y fueron 
numerosas las que se efectuaron sin inconvenientes. 

En 1784, un conocido químico, colaborador de Lavoisier en sus 




Fig. 35. — Travesía de la Mauclia. Blaiichanl y Jett'iies 
7 de enero de 1875 



trabajos de nomenclatura química, Guitón de Morveau, hizo algunas 
experiencias para constatar que podían también efectuarse ascensio- 
nes con gas de alumbrado, el que, descubierto no bacía mucho, se 
preparaba ya fácilmente. Sin embargo, no se efectuó ninguna astíen- 
sión con este gas hasta 1824 en que el aeronauta Green hizo algunos 
viajes con todo éxito; después de esto las ascensiones se hicieron 
cada vez más generales por la facilidad de obtener el gas ascensional 
en cualquier parte y sin recurrir á métodos especiales de x)reparación. 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 249 

El mismo Guitón de Morveau ideó nuevos métodos para preparar 
el hidrógeno con más economía y facilidad, hizo varias ascensiones 
desde 1784 y entre otras la cautiva de la batalla de Fleurus y así co- 
mo las análogas que sirvieron á la causa de la república en las horas 
heroicas del 94, como globos cautivos para observar las maniobras 
del enemigo. 

Por el mismo año 1784, Blanchard, que había abandonado la avia- 
ción, se dedicó á la aerostación é hizo en globo la primer travesía de 
La Mancha, con toda felicidad, acompañado por el doctor Jeftries. Su 
ensayo de navio volador no tuvo trascendencia alguna, fué una sim- 
ple ascensión libre no dirigible como las restantes. 

La mayor dificultad de las ascensiones estribaba en el aterrizaje, 
el cual ocasionaba á menudo saltos y choques violentos en que se 
ponía en peligro la vida del aeronauta: y se comprende : al tocar tie- 
rra la navecilla, que contenía el mayor peso del aeróstato, pues con- 
ducía al aeronauta y pasajeros, el globo dejaba de sustentar un con- 
siderable peso, i)or lo cual se hallaba de nuevo en condiciones de 
ascender. Para salvar esta dificultad, el aeronauta inglés Green, ya 
citado, ideó la introducción del giiiderope — larga cuerda, hasta de 
120 metros de longitud — que se dejaba caer colgando de las barqui- 
llas y que i^odríamos traducir por «cnerda resorte», con la cual la 
maniobra del aterrizaje se simplificaba considerablemente. 

El físico Charles, desde su primer viaje en 1783, consideró que el 
globo libre no resolvía el problema de la navegación aérea, pues 
quedaba á merced del viento, no siendo fácil encontrar en alguna capa 
de la atmósfera el viento que condujese al aeronauta en la dirección 
deseada ; pensó entonces en dar dirección al aparato, pero sus ideas 
no fueron precisas sobre esta cuestión y al fin no arribó á resultado 
alguno en ninguna de sus experiencias. 

Por otra parte, no se disponía entonces de motor poderoso, seguro, 
ligero, y sin él el problema no podría tener solución positiva: las 
ideas que se propusieron durante todo el i)rincipio del siglo pasado, 
con ese objeto, no merecen atención, pues estaban considerablemente 
atrasadas con respecto al estado de la ciencia en esa época, con ex- 
cepción del proyecto de que nos ocuparemos enseguida. 

En esas condiciones sólo se podría avanzar en el sentido de la au- 
dacia y pericia de los aeronautas, alcanzándose esos celebérrimos 
viajes en que se cruzaba toda Europa y se llegaba á capas altísimas 
de la atmósfera y de los que hablaremos con detenimiento. 

Pero el avance de la industria, el perfeccionamiento de los motores 



250 ANALKS 1)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y el conocimiento cadíi día niayoi- de las condiciones climatéricas de 
los países que niAs se dedicaban á estos estudios, fueron rái)idamente 
preparando el campo al advenimiento del dirigible, cuya adquisición 
puede considerarse realmente coetánea del aeroplano, con lo cual ha 
resultado corresponder á una misma época la conquista de los aires 
por los dos caminos del más pesado y del más liviano. 



2. Período científico 

El desarrollo moral de la liumanidad se baila vinculado estrecha- 
mente al acrecentamiento de la cultura general y á la acumulación 
del saber; y así como la estructura de la costra terrestre nos desvela 
el misterio histórico de su generación, constituida por etapas que es 
fácil reconocer, así en el proceso de consolidación de la mente huma- 
na advertimos los estratos sucesivos que la constituyen y á los cua- 
les están ligados los acontecimientos de mayor transcendencia y pres- 
tigio en el transcurso de los tiempos. 

La aparición de la filosofía aristotélica primero y de la moral cris- 
tiana después, edificadas sobre la cuantiosa labor científica de los 
innúmeros precursores; la invasión de los bárbaros del norte, que 
traían su salud y fuerza morales para substituir al derruido organis- 
mo, otrora formidable, de los romanos ; el renacimiento i^rovocado 
por la imperecedera Commedia del Alighieri inmortal ; la declara- 
ción de los derechos del hombre, surgida de la filosofía implacable ó 
creadora de Voltaire ó de Eousseau, son i)lanos sucesivos que de- 
marcan las grandes conquistas del espíritu humano. 

Casi coincidiendo, precisamente, con este último momento históri- 
co se realizaron las primeras ascensiones aeronáuticas, por una parte, 
y se establecieron, por otra, las bases científicas más sólidas que 
debían orientar la construcción de los aparatos para navegar en los 
aires. 

En la primera parte de este estudio histórico de la aerostación no 
he citado deliberadamente las primeras previsiones geniales del en- 
tonces teniente Meusnier, relativas á la dirigibilidad de los globos y 
líresentadas á la Academia de ciencias de París en el mismo año 1783, 
de las lamosas ascensiones de los Montgolfier. Tratándose de un es- 
tudio rigurosainente científico, como era el de Meusnier, parecía ló- 
gico reservarlo para encabezar esta segunda parte del trabajo. 

En su estudio, el general Meusnier establecía las leyes fuudamen- 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



251 



tales de la sustentación estática y los principios generales de la 
aerostación dirigida. Las leyes descubiertas por este Lombre extra- 
ordinario quedaron ignoradas por más de un siglo en los archivos de 
la Academia de ciencias y sólo se encontraron desiiués que el capi- 
tán Renard las formuló de nuevo hacia 1885. 

Meusnier en el trabajo presentado á la Academia el 3 de diciem- 
bre de ese año : Memoire sur Véquilihre des machines aérostatiques, 
establecía : que cuando un globo se ha llenado completamente por 




Fig. 36. — Proyecto de dirigible Meusuier, 3 de diciembre de 1783 



un gas más liviano que el aire, encontrará, elevándose verticalmente, 
una zona de equilibrio; que si el globo comienza á descender por 
cualquier causa, colocándose por debajo de su zona de equilibrio 
y queda flojo y blando, continuará su descenso hasta el suelo, sin 
encontrar ninguna otra zona de equilibrio; y que si se quiere im- 
pedir este movimiento de descenso, es preciso aligerar el aeróstato 
arrojando lastre, en cuyo caso el globo subirá de nuevo, sobrepasará 
su zona de equilibrio primitiva y encontrará una nueva más alta. En 
su zona de equilibrio el globo se encontrará normalmente henchido. 
Meusnier expresaba ya la necesidad de conservar la forma y preco- 
nizaba el uso de la hélice para los dirigibles, la que tendría la for- 
ma de remos animados mecánicamente, mucho antes de que ella fuese 
aplicada en la navegación marítima; las dimensiones que proponía 



252 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

para su dirigible eran colosales y el aparato no íue muiea construido. 
El método de Meusnier para obtener la rigidez, consistía en encerrar 
al globo en una segunda envoltura, rellenando el espacio compren- 
dido entre las dos envolturas con aire comprimido, basta una presión 
dada, en la cual la forma del dirigible se mantenía perfectamente á 
cualquier altura. Robert, compañero de Cbarles, de quien nos hemos 
ocupado, modificó ligeramente el sistema, substituyendo la envoltura 
de aire comprimido ])or una cámara ó hallonet que aun se usa. El te- 
niente Meusnier fué nombrado miembro de la academia en 1784 y 
durante todo ese año, siguió presentando memorias sobre la cuestión, 
de gran valor. 

Después de pasado el primer entusiasmo por las ascensiones depor- 
tivas de 1783 y anos siguientes, se pensó ya en iniciar ascensiones 
científicas, siendo la primera la de Eoberston y Lhoest quienes el 18 
de julio de 1803 llegaron en el globo MhveL'Entreprenant áj 400 metros 
de altura. Durante ese mismo año de 1803 y el siguiente de 1804 se 
realizaron gran cantidad de ascensiones científicas pero sin transcen- 
dencia mayor, si se exceptúan las de Gay-Lussac, famoso descubridor 
de la ley de dilatación de los gases, acompañado por Biot primero y 
solo después. En la ascensión de 18 de septiembre de 1804 alcanzó á 
7016 metros, efectuando las primeras observaciones formales acerca 
de la temperatura de la atmósfera y de la fuerza magnética. 

Preciso es llegar luego basta 1850 para encontrar nuevas ascensio- 
nes de altura, de positiva utilidad científica, pues la de Dupuy-Del- 
court y Richard en 1824, con su flotilla aerostática, constituida por 
un globo central y cuatro más i^equeños rodeándolo, no pasaron de 
una hora de duración, ni alcanzaron alturas interesantes. 

El 27 de julio de 1850 Barral y Bixio, bajo la dirección del célebre 
matemático y astrónomo Arago, llegaron á 7030 metros de altura, 
realizando numerosas observaciones de valor. 

Dos años más tarde, el aeronauta Green, ya citado como inventor de 
la cuerda resorte, hizo diversas ascensiones científicas, para el obser- 
vatorio de Kew; el 18 de noviembre de 1852, Green, con el director 
del observatorio mencionado Mr. Welsli, llegó á 0989 metros de altu- 
ra. Es otra ascensión célebre y digna de recordarse la del director del 
observatorio de Greenwich, el conocido meteorólogo Glaisher, quien, 
acompañado por el aeronauta Coxwell, llegó, según sus datos, á 9100 
metros de altura el 5 de septiembre de 1862. En realidad la altura no 
era sino de 8838 metros, pero los aeronautas perdieron el conocí- 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



253 



miento durante un largo esi>acio de la ascención, sin otra consecuen- 
cia desfavorable. La experiencia era patrocinada por la Asociación 
británica para el adelanto de las ciencias. 

Pero entretanto, el olvjeto de estas ascensiones se había limitado á 
anotar datos meteorológicos, cuya importancia no podía discutirse, 




Fig. 37. — Desctíuso trágico del (Jcant, de Xadar, 1« de octubre de 1863 



sin duda, pero cuyo valor no era suficiente para justificar el peligro 
que entrañaban y el gasto que demandaban; era preciso obtener un 
beneficio mayor de tales experiencias y á ello se dedicaron Sivel, Crocé- 
Spinelli y los hermanos Tissandier en 1874. 

Pero antes y de paso citemos la trágica ascensión de Le Geant de 
Nadar, realizada en octubre de 1863 ; aeróstato -gigantesco cuya bar- 
quilla estaba formada por una casa de dos pisos capaz de trasportar 
verdaderas muchedumbres; aunque se tratase de un globo deportivo, 



254 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKGENTINA 



SU fin era allegar fondos para efectuar estudios científicos y sistemá- 
ticos acerca del problema que tanto interesaba por entonces. 

La primer ascensión de Sivel y Crocé-Spinelli se efectuó el 22 de 
marzo de 1874, con el globo ^/oí7ej)oíai/'e (de 2800 m'), llegando á 
una altura de 7300 metros. 

Al año siguiente la Academia de ciencias de París y otras socieda- 
des científicas patrocinaron la primer ascensión del globo Zenith en 




Fis;. 38. — Destiuccióu del Zenith, 15 de abril de 1875 



marzo de 1875, la que duró 22 horas, tripulando la barquilla Sivel, 
Crocé-Spinelli, Gastón y Alberto Tissandier y Joubert. Las obser- 
vaciones de espectroscopia, presión barométrica, temperatura, do- 
saje de ácido carbónico en el aire, higrometría, estado eléctrico de la 
atmósfera, etc., fueron del mayor interés. 

La segunda ascensión del Zenith, realizada por Sivel, Crocé-Spinelli 
y Gastón Tissandier, tuvo lugar desde La Villete el 15 de abril de 
1875. Sivel piloteaba el aeróstato; Crocé-Spinelli tenía á su cargo los 
aparatos barométricos, termométricos y espectroscópicos; Tissandier 
dosaba el ácido carbónico atmosférico. La ascensión fué rápida, de 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



255 



manera que media hora después de la partida se hallaban á 3300 me- 
tros de altura. Desde 4300 metros comenzaron á utilizar el oxígeno 
para la respiración y hacia 7000 metros comenzaron á sentir, á pesar 
del oxígeno, los primeros síntomas del mal de las alturas; á los 8000 
metros Tissandier se desvaneció, y cuando volvió en sí, el globo des- 
cendía con rapidez. 




Pig. 39. — El globo Audiée, 11 de julio de 1897 



Resueltos á alcanzar mayor altura, arrojaron lastre y el aspirador 
para el dosaje del ácido carbónico que pesaba 17 kilogramos; así el 
globo llegó aproximadamente á 8600 metros. Los tres aeronautas se 
desvanecieron; Tissandier, al volver en sí, encontró muertos á sus 
compañeros de viaje y al globo descendiendo con una celeridad ver- 
tiginosa, precipitándose sobre un bosquecillo de Ciron. El Zenith te- 
nía 3000 metros cúbicos de volíímen. 

Después de esta ascensión memorable se efectuó el 23 de agosto 



256 ANALKS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de 1887 la (le Jovis y Malet, quienes con un globo de KiOO metros 
<nibicos, Le Horla, llegaron á 7100 metros de altura. 

Le siguió el recordman de la altura, Berson, quien efectuó en mayo 
de 1894, una ascensión hasta 7930 metros y en diciembre del mismo 
año, en el globo Phenix, á 9155 metros, la altura más alta alcanzada 
hasta entonces, superándose á sí mismo en 11 de julio de 1901 que 
llegó á 9200 metros, acompañado X)or Süring, y en 31 de julio en el 
Preussen, globo de 8400 metros cúbicos, alcanzaron la mayor altura, 
<;onocida por aeronautas, de 10.500 metros. 

La otra gran altura alcanzada por entonces corresponde á Balsan 
y Godard, que con un globo libre llegaron á 8858 metros el 23 de se])- 
tiembre de 1900. 

Tratando las ascensiones científicas, es justo citar y recordarla de 
Andrée, quien se había propuesto alcanzar el polo norte, con un esfé- 
rico construido especialmente para ese fin. 

Con el objeto de obtener alguna dirigibilidad para su esférico, An- 
drée dispuso la « cuerda resorte » de modo que fuese más larga y pesa- 
da que de ordinario y que arrastrase constantemente en el suelo, en 
parte de su longitud, y esto disminuiría la acción del Acento; el resto 
se obtenía con una vela dispuesta de modo que pudiera manejarse 
desde la barquilla. El Oernen zarpó el 11 de julio de 1897 del archi- 
piélago de Spitzberg, llevando en la barquilla á Andrée y sus jóvenes 
compañeros Stringbergy Frankel. 

La expedición Andrée fué desgraciada y nunca más se han logrado 
datos exactos acerca de la suerte de los aeronautas; la Sociedad geo- 
gráfica de Estocolmo habría deducido jjor los informes recogidos que 
los expedicionarios i^erecieron ahogados en el mar ártico, al norte de 
la Siberia. 

En esos años de 1900 y 1901 las ascensiones científicas y de altu- 
ra fueron numerosas y sistemáticas, organizadas unas por el conocido 
higienista Guglielminetti y otras por la Exposición de París de 1900. 
Ascensiones también altísimas corresponden á Heincke y Emdon en 
1903, que llegaron á 7200 metros; el mismo Berson y Schrótter en 1904 
llegaron á 8750 metros en Alemania; en Italia Usnelli y Crespi, en 
1906, llegaron á 7000 metros; y Mina y Piacenza, en 1909, á 9200 me- 
tros. Entre estas ascensiones extraordinarias debe figurar la realizada 
recientemente en Francia por Schneider, Bienaimé y Senoucques, que 
llegaron á 10.080 metros en el globo Icaro, de 3000 metros cúbicos, 
4[uienes con Berson mantienen el record de altura, por encima de los 
10.000 metros. 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 257 

ResiJecto <le las ascensiones cautivas, nada interesante puede 
decirse. Después de la primer ascensión de este género, de Pilatre de 
Rozier y d'Arlandes, en tiemj)os de Luis XVI, se han efectuado 
numerosas y en todas partes, contándose entre ellas las del eminente 
ingeniero Gifíard, quien las presentó completamente organizadas en 
las exposiciones universales de 1867 y 1878. En esta última se hicie- 
ron ascensiones con un globo de 25000 metros cúbicos de volumen ó 
sea 35 metros de diámetro, el más grande esférico construido hasta 
el presente. 

Y ya que de record en globo libre hablamos, conviene citar los de 
<listancia más notables conocidos, aunque no ofrezcan ningún interés 
científico. El primero corresponde á Eolier y Béziers, quienes durante 
el sitio de París salieron de la ciudad para aterrizar en Noruega, 
efectuando un recorrido de 1300 kilómetros. 

Este record fué batido en 1900 por Lavaulx y Saint- Víctor, quie- 
nes salvaron 1925 kilómetros desde el centro de Francia hasta el 
corazón de Rusia en el globo Centaure, de 1600 m\ 

Son también viajes de distancia en esférico, dignos de señalarse, 
los de: Candron, en el Mumniuth, de Londres á Mateki Devni, Ru- 
sia, 1850 kilómetros, el 18 de noviembre de 1908; Hadley en el Amé- 
rica II, de San Luis al Canadá, 1884 kilómetros, el 17 de octubre 
de 1910 ; Hans Jerecke, de San Luis al Lago Kiskisiny, 1820 kiló- 
metros, el mismo día en el globo Duseldorf II ; Joerdans y Dertlor, 
desde Baviera á las Islas Oreadas el 4 de noviembre de 1910 en el 
Touring Cluh, 1550 kilómetros ; Bienaimé y Rumpelmeyer de La Mot- 
te Breuil á Riga, Rusia, en el Picardie II, 1700 kilómetros, el 5 
de noviembre de 1911 ; Dubonnet y Dupont, de La Motte Breuil á 
Sokolososka, Rusia, 1954 kilómetros, el día 8 de enero de 1912 en el 
Cóndor II; Bienaimé y Rumpelmeyer, en el Picardie, en Rusia, 
2191 kilómetro, el 27 de octubre de 1912 y Leblanc, 2001 kilómetros 
el mismo día, en el He de France ; y finalmente el record mundial, 
Rumpelmeyer y señora Goldschmidt, que van de La Motte Breuil á 
Karkow, Rusia, 2420 kilómetros, el 19 de mayo de 1913 en el Stella. 

Los records de duración, corresponden á : Korr, en el Dresden, 
que el 24 de octubre de 1909 se mantenía 70 horas en el aire, desde 
Dresde á Sickirko, Rusia, y Sehvek, que se mantenía 73 horas, re- 
cord mundial, el 11 de octubre de 1908, en el Helvetia, desde Berlín 
á Borzset, en ííoruega. 

aK. SOC. CIKNT. ARG. — T. LXXVII 17 



258 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



La presencia dc^l tripulante debía poner ]»(>r lucrza mi límite á 
la altura de las ascensiones libres piloteadas, por ello era preciso 
recurrir á las ascensiones sin pasajeros ó por globos sondas, carga- 
dos solamente con aparatos registradores. Estos glolíos sondas lian 
llegado á 29 y 30 kilómetros de altura. Fácil es pronosticar (jue 
ni aun con estos esféricos podrá llegarse á alturas muy superiores 
á esas. 

La presión atmosférica disminuye con la altura vSiguiendo una ley 




Fig. 40. — Vn globo sonda iiitiado 



logarítmica : liacia los 18.400 metros, el valor de la presión es un 
décimo de la del nivel del mar; liacia los 36.800 metros es ya un cen- 
tesimo de dicha i)resión; y hacia los 73 kilómetros un milésimo, esto 
es, casi despreciable en absoluto. 

La idea de los globos libres sin piloto había sido ya propuesta por 
Le Monnieren 1783 y tomada recién por los hermanos Renard en 1890, 
construyeron los primeros globos sondas, pero la falta de aparatos 
registradores seguros no permitía dar mayor fe á los resultados de 
las investigaciones. Estos globos se construyeron de papel de Japón 
y fueron lanzados desde el establecimiento aeronáutico de Chaláis. 
Al mismo tiempo Hermite y Besancon construían globos sondas de 
papel, cargados con aparatos registradores rudimentarios, pero los 
inconvenientes que se presentaron para el lanzamiento de los globos 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



259 



sondas de papel los eondujeron á construir un globo de 113 metros 
cúbicos, el Aerophilc número 1, que llevaba un registrador baroter- 
mógrafo de los hermanos Renard, bastante perfeccionado ; el globo, 
en su primer ascensión de agosto de 1893, alcanzó á 15.000 metros, 
anotándose una temperatura de 51° bajo cero, análoga á la de los 
polos. 

En 1897 construyeron globos sondas de seda, el AeropMle número 



I 




»4 
% 




íMg. 41. — Uu globo sonda al ser recogido 



3, de 400 metros cúbicos, que alcanzaron en 13 de mayo hasta 17.000 
metros de altura. 

En 1898 el observatorio de Trappes lanzó varios globos sondas de 
papel, que llegaron, á pesar de ser de pequeño tamaño, á 13.500 me- 
tros de altura. 

Algunos años antes, en Alemania, se efectuaron varios lanzamien- 
tos de globos sondas de tela, de los que el Cirrus, en abril de 1895, 
llegó á 20.000 metros de altura. 

Todos estos tipos de globos sondas resultaban caros é incómodos y 
fueron modificados en 1902 por Assmann, quien construyó globos de 
caucho, de pequeñas dimensiones. Con este material, el volumen del 
globo aumentaba con la altura, llegando á doblarse y triplicarse el 
diámetro, con lo que el espesor del caucho se reducía hasta algunos 
(centesimos de milímetro; estos globos generahnente explotan al lie- 



260 ANALKS I)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gar á jiríiiide altiiia y »'l descciuso de los ai)íimtos se protege con un 
paracaídas de tela. 

Más tarde Hergessel ba construido los globos sondas, en tándem, 
teniendo uno de los globos una fuerza ascensional nniclio menor que 
el otro; cuando éste estallaba, el ]niinero formaba paracaída y servía 
de guía para hallar los aparatos registradores. 

Con estos globos de caucho se ha obtenido alturas de 28.000 me- 
tros en 1906 y de 29.000 metros en 1909, en los lanzamientos del 
observatorio de Uccle, cerca de Bruselas. 

Para terminar esta ligera revista, citemos los barriletes. El general 
chino Han Sin parece liaber sido el inventor del barrilete, lo he- 
mos dicho, 200 aiios antes de Cristo; en 1749 se efectuaron ascen- 
siones de barriletes en tándem por dos estudiantes ingleses, quienes 
colocaron en ellos termómetros de mínima que hicieron llegar hasta 
las primeras nubes. Son también conocidas las experiencias famosas 
de Franklin, así como las de Dalibard, á fines del siglo xviii, y de 
Eomas poco después. El observatorio de Blue Hill elevó barriletes 
con aparatos registradores en 1890 hasta 2813 metros. En 1899 el 
observatorio de Trappes los elevó hasta 1300 metros y hasta 5000 en 
1900. El observatorio aeronáutico de Prusia pudo llegar hasta GOOO 
metros y en 1908 el observatorio de Monnt Weatlier consiguió alcan- 
zar 7000 metros. 

Esta rápida revista de la obra realizada con los globos libres, los 
globos sondas y los globos cautivos, no ha tenido otro propósito que 
presentar la utilidad que ha podido resultar de su aplicación. 

Los datos meteorológicos obtenidos no podían ser más preciosos, 
pues las observaciones barométricas, termométricas, etc., han venido 
á comprobar las leyes generales sentadas y que debían considerarse 
casi como hipotéticas, dado que faltaba la afirmación experimental 
definitiva. Han sido igualmente de valor las investigaciones fisiológi- 
cas sobre la sangre, la presión arterial, las variaciones respiratorias, 
la fuerza muscular, el oído, la agudeza visual, la sensibilidad, etc. 



.3. Período de oplicach'm 

Llegando á los dirigibles, que resuelven por el más liviano que el 
aire el problema de la navegación aérea, tendremos que retrogradar 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 



261 



al oeneral Meusnier, oportuuainente citado, quien debe considerarse 
como el verdadero precursor de la dirij^ibilidad de los globos. 

El proyecto de globo dirigible, por él estudiado, contiene las con- 
diciones esenciales de la dirigibilidad; estableció las ventajas de la 
forma alargada, de la in variabilidad de la forma del globo, é imaginó 
la adaptación de los pequeños globos de aire (hallonets). Respecto de 
la propulsión, propuso remos giratorios, esto es, la hélice de nues- 
tros días. Hemos dicho que el globo dirigible de Meusnier no fué 
construido nunca y que su volumen iba á ser de 200.000 metros cúbi- 




Fig. 42. — Dirigible Giffard, 1852 



eos ; mucho tiempo había de pasar antes de que sus teorías se llevasen 
á la ijráctica, j)ara lo cual preciso es llegar hasta mediados del siglo 
pasado. 

En 1834 Lennox construyó su gran globo dirigible alargado, cuya 
propulsión debía hacerse á remo. Su l)uque aéreo L'Aigle, como le lla- 
maban, no llegó á apartarse del suelo, fracasando totalmente la expe- 
riencia. 

Corresponde á Giffard, famoso inventor del inyector para las calde- 
ras á vapor, haber aplicado por primera vez la fuerza motriz á un 
aeróstato; problema éste que fué resuelto en 1852 empleando un mo- 
tora vapor con su caldera y hogar. Giñard se preocupó especialmente 
de la fuerza motriz; juzgaba que la navegación aérea no se haría posi- 
ble hasta tanto se hubiese dotado al globo de una gran potencia, ca- 
paz de imprimirle una velocidad comparable á la velocidad habitual 
del viento. 



262 



ANALKS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



En cambio, otra parte de la cuestión escapaba á su estudio : era la 
de las condiciones de estabilidad en globos alargados. Su primer diri- 
gible, construido en 1852, carecía de los medios necesarios para ase- 
gurar la permanencia de la forma; como su dirigible no tenía masque 
un pequeño alargamiento y una velocidad de 203 metros ])or segundo, 
su defecto de estabilidad pasó inadvertido. 

Pero un segundo modelo, construido por Giftard en ISoT), con un 
alargamiento de 7 diámetros, jmdo costar la vida á su autor. Al des- 




Fig. 48. — Dirigible Dupiiy de Lome. 2 de febrero de 1872 



cender el globo, algo desinflado, se torció escapando de la red en el 
momento de aterrizar, mientras la navecilla caía á tierra con el motor 
y el aereonauta. De todos modos el nombre de Henry Giftard perte- 
nece á la historia de la navegación aérea por la babilidad y auda- 
cia de sus concepciones. 

En 1870 Dupuy de Lome, distinguido ingeniero de construcciones 
navales, fué encargado de proyectar un navio aéreo, destinado á ase- 
gurar las comunicaciones con el exterior del entonces sitiado París. 
Este i^royecto, ejecutado con una sagacidad sorprendente, contenía 
en germen casi toda la técnica del globo dirigible. 

Partiendo de la idea de Meusnier, Dupuy de Lome estableció en 
principio la necesidad de mantener invariable la forma del dirigible, 
empleando pequeños globos de aire. Adoptó un alargamiento de 2,13 
para asegurar la estabilidad longitudinal, y colocó la barquilla muy 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 263 

baja en la parte inferior del globo de manera que constituyese una 
cupla estabilizadora de gran brazo de palanca. Esta barquilla se 
unía al globo por una suspensión funicular, cruzada por redes trian- 
gulares indeformables; el globo y la baríiuilla eran, de este modo, 
enteramente solidarios. Para disminuir la resistencia de avance, Du- 
puy de Lome suprimió el encordado, cuyas mallas forman acolchado 
á la tela del globo. Lo reemplazó por una especie de camisa adherida 
exactamente al globo. 

Dupuy de Lome, encerrado en París y con limitados recursos, no 
pudo emplear fuerza motriz mecánica alguna, y admitió que, aprove- 
chando viento favorable, los brazos de ocho marineros alcanzarían á 
poner en movimiento una hélice de nueve metros de diámetro á razón 
de 21 vueltas i^or minuto. La potencia así obtenida apenas alcanzaba 
á tres caballos. La construcción no fué terminada á tiempo y el aerós- 
tato se ensayó recién á principios de 1872 en Vincennes. 

Se efectuó una sola ascensión el 2 de febrero de 1872 y la veloci- 
dad obtenida se calculó en 2™80 solamente, lo que no pudo dar resul- 
tado práctico; la velocidad del viento en ese día era notablemente 
superior á la cifra indicada. 

En orden cronológico, contiene citar el globo construido en 1873 
por el ingeniero austríaco Haeinlein. La hélice debía ser accionada 
por un motor á explosión, alimentado por el gas del globo. Desgra- 
ciadamente no tuvo éxito y el globo no pudo inflarse sino con gas 
de alumbrado, cuya fuerza no alcanzó para elevarlo. 

Diez años después de Dupuy de Lome, en 1883, los hermanos Tis- 
sandier hicieron un nuevo esfuerzo para obtener la velocidad que 
hasta entonces había fallado. La exposición de electricidad de 1881 
demostró lo que se podía obtener de los dinamos, y accionando una de 
esas máquinas con una pila de ácido crómico, los hermanos Tissan- 
dier lograron propulsar, con una velocidad de tres á cuatro metros 
por segundo, un globo de 10.000 metros cííbicos. Esta velocidad fué 
insuficiente, pues no permitió volver al punto de partida, en razón de 
la fuerza del viento; no obstante constituía un progreso importante 
con relación á ensayos anteriores. 

En tal situación los capitanes Charles Eenard y Arturo Krebs 
hicieron el 9 de agosto de 1884 su sensacional experimento, efec- 
tuando por primera vez un circuito cerrado, con su globo La Frunce. 
Las características del dirigible eran : volumen, 1800 metros cúbi- 
cos; longitud, 50 metros; diámetro en la mayor extensión, 8'"4:0, 
es decir, un alargamiento de G ; motor eléctrico de 9 caballos que 



264 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



pesaba 00 kil()<iiaiiu)s por caballo y podía ruiicionar cerca de dos 
horas, ó sea 'Mi kilogramos por caballo-hora; hélice de 7 metros de 
diáinetro á razón de 50 vueltas por minuto. 

El globo era disimétrico, con la extremidad más gruesa hacia ade- 
lante, para reunir las condiciones más favorables de estabilidad lon- 
gitudinal. El motor se accionaba por una pila clorocrómica, inventada 





Fig. 44. — Dirigible La Frunce. !t lU- agosto de 1884 
Primer dirigible qvie cierra un circuito 

por el capitán Charles Renard y que es actualmente el generador de 
electricidad más potente que existe en un jieso dado. 

La barquilla de 33 metros de longitud, hecha de bambú, se soste- 
nía por una red que recubría el globo, al que estaba ligada por sus- 
pensión indeformable. El globo hizo siete ascensiones en 1884 y 1885, 
y cinco veces sobre siete pudo volver al punto de partida. Se constató 
una velocidad de 6'"50 por segundo, velocidad que se midió exacta- 
mente con aparatos aprojiiados. 

Estos resultados tan satisfactorios produjeron impresión extraor- 
dinaria, demostrando la posibilidad de que un navio aéreo aterrase en 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉREA 265 

SU punto de partida y marcaron un paso definitivo en la vía de la 
dirigibilidad de los globos. 

Conviene decir, empero, que el coronel Eenard no consideró á La 
France sino como aparato de demostración. 

Para obtener un verdadero navio aéreo, era i^reciso encontrar un 
motor más potente bajo el mismo peso, que permitiera obtener doble 
velocidad, ó sea de 40 á 45 kilómetros por Lora. Por otra parte en un 
globo como en un navio, la potencia crece como el cubo de la velo- 
cidad; para doblar esta velocidad es necesario disponer de una fuerza 




Fig. 45. — El tliiigiblü (le aluminio Uchwartz, 1897 

motriz odio veces mayor. En definitiva los perfeccionamientos que 
deben seguirse se limitan á buscar motores mucho más livianos que 
los que la industria ofrecía entonces. 

Desde luego se dedicó la mayor atención á los motores á explosión 
y, desde 1889, M. Deutsli propuso la aplicación del motor á gaso- 
lina á la navegación aérea; é hizo resaltarlas ventajas que habría de 
no llevar en la barquilla ni caldera, ni agua, ni carbón, ni pesados 
generadores eléctricos. 

La solución consistía en aligerar el motor á cuatro tiempos, descu- 
bierto recientemente por Daimler. El coronel Renard se preocupó 
inmediatamente de la cuestión del aligeramiento de motores, á la vez 
que del mejoramiento de los motores de explosión y motores á vapor. 

Transcurrieron diez años sin llegar á solución satisfactoria ; pero 
de pronto el problema fué resuelto por las exigencias de locomoción 
mecánica, y el automovilismo nos dio un asombroso ejem^ilo de lo 
que puede la industria privada. 



266 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La primera tentativa se hizo en Alemania en 1807 por el ingeniero 
Scliwartz, con nn globo construido <le láminas de aluminio y dotado 
de motor á petróleo. El aparato Lizo una ascensión sin resultado y se 
destruyó completamente al aterrizar. 

En 1898, otro ingeniero alemán, Woelfert, construyó un dirigible 
en el cual la barquilla estaba colocada muy próxima al globo; el mo- 
tor inflamó al hidrógeno y la barquilla cayó á tierra, ocasionando la 
muerte de los aeronautas. 

En el mismo año 1898, Santos Dumont aeronauta apasionado, em- 
l)leando los nuevos motores comenzó la construcción de dirigibles 
que sirvieron á sus notables experiencias. 




Fig. 46. — El Santos Dumont, A'" 6", que dio la vuelta al rededor de la torre Eiffel 

19 de octubre de 1901 

Casi en la misma época, 1899 y 1900, el conde Zeppelin experimen- 
taba el primero desús dirigibles rígidos. 

Ko se puede decir que Santos Dumont haya aportado un gran pro- 
greso á la aerostación; en efecto, parecía ignorar siempre el trabajo 
de sus antecesores. El mejoramiento de sus aparatos era el resultado 
de sus propias experiencias, obteniendo con el aparato niunero 6 el 
premio Deutsch. La velocidad constatada fué casi equivalente á la 
del globo La France. Desde el punto de vista deportivo las experien- 
cias de Santos Dumont revisten un carácter muy particular; por su 
intrepidez y arrojo, hizo salir de las sombras, en donde parecía sumer- 
gida después de las tentativas de Chaláis, la cuestión navegación 
aérea, atrayendo por su perseverancia la atención de los ingenieros 
y aeronautas. 

Gracias á su prudente audacia y á la precaución de navegar constan- 
temente á cortas alturas, Santos Dumont pudo evitar todo accidente. 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AEREA 



267 



No sucedió desgraciadameiite lo uiisuio, en 190-, cou Severo y de 
Bradsky. El globo de Severo, Pax, se incendió en el aire, la barquilla 
se precipitó sobre la avenida Maine y los aeronautas se mataron. En 
el globo de Bradsky se produjo la rotura de la suspensión y la caída 
de la barquilla aislada, seguida igualmente de la muerte de sus 
tripulantes. 

Llegamos aliora al modelo de dirigible tipo Lebaudy, construido 
según los planos del eminente ingeniero M. Julliot. El primer globo 



VU-.^k 



W^. 





Fig. 47 — El dirigible Pax de Severo, 12 de mayo de 1902 



de este tipo, el Jaime, fué iniciado en 1900 en los talleres de M, Sur- 
couf y las primeras ascensiones se realizaron á fines de 1902. 

Este dirigible entra en la categoría délos semirrígidos; está carac- 
terizado también por la reunión, tan estrecha como sea posible, de la 
barquilla al globo. De modo que constituye un conjunto compacto 
casi enteramente metálico, formado por tubos de acero al níquel, por 
cables de acero de alta resistencia y de aluminio. 

La liarte inferior del globo se aplana sobre un cuadro horizontal, 
que sirve al mismo tiempo para fijar por un lado el globo misiuo y 
por el otro la suspensión de la barquilla. Este cuadro sirve de inter- 
mediario entre la barquilla y el globo y permite repartir sobre una 
longitud mayor los puntos de unión de la tela. Los bordes están liga- 
dos al globo por fragmentos de cuerda, cuyas mallas superiores se 
reúnen á barras empotradas en un refuerzo. 



268 



anai.es dk la sociedad científica argentina 



Un cuadro de enipiije, (inc lipi la parte delantcia ilc la bai<ju¡lla 
á la parte anterior de la plataforma, tiene por objeto transmitirla im- 
pulsión de la hélice al globo por un intermediario rígido. El volumen 
total es de o(K)() metros cúbicos con uua longitud de 58 metros y un 
diámetro máximo de 9'"80 ó sea un alargamiento de 5,9. P]l globo es 
disimétrico, la mayor anchura es de 33 metros en la parte i^osterior 
y 25 en la delantera; esta es en punta, de modo que conserva su forma, 
á pesar de la jiresión ocasionada por la velocidad. 





í 
* 




Fig. 48. — El diiiiíible Lehaudy X" 1, octubre de 1902 



lia parte posterior era de punta en el primer modelo : fué reemplaza- 
da en seguida por una forma elipsoidal, necesaria para fijar la inver- 
sión. El pequeño globo tiene un volumen de 500 metros cúbicos, lo que 
permite alcanzar la altura de 1500 metros, sin riesgo de que el globo 
se desinfle al aterrizaje; el pequeño globo está dividido en tres com- 
partimentos; el aire se inyecta en el compartimento central y se re- 
parte en seguida en los compartimentos extremos por las aberturas 
de la separación. 

Para estabilizar el globo se le ha dotado de cuatro planos horizon- 
tales y verticales, fijos los unos, móviles los otros, constituidos por 
marcos de tubos de acero, sobre los que se extienden las telas ignífu- 
gas. Los primeros de estos planos están constituidos por el cuadro ho- 



HISTORIA DE LA NAVEGACIÓN AÉKEA 269 

rizontal y iH>r nna quilla vertical que la refuerza en su mitad poste- 
rior. Un segundo grupo sigue al cuadro elíptico con el cual e^stá arti- 
culado : es una j)luma de flecha en forma de cruz dispuesta como cola 
de pájaro y tanto más eficaz cuanto que está más alejada del medio 
del globo. La barquilla tiene la forma de un pequeño barco de fondo 
plano ; construido de tubos de acero con bordaje de láminas de aluminio, 
está consolidada por una pirámide invertida, cuya punta toca tierra 
en el momento de aterrizar. El motor es un Mercedes de 35-40 H. P. 
Las hélices en número de dos se colocan simétricamente á derecha 
é izquierda de la barquilla, de manera que no haya ningún obstáculo 




Fio. 49. _ El dirigible Zeppelin X" 1. .julio de 1900 

delante ó detrás de ellas. Están construidas con láminas de acero de 
2"°50 de diámetro y giran en sentido contrario con una velocidad 
de mil vueltas por minuto como el motor; su velocidad circunferen- 
cial alcanza á 120 metros por segundo. 

La velocidad del aire al salir de las hélices, alcanza de 14 á 15 me- 
tros por segundo. La primer campaña tuvo lugar en octubre y no- 
viembre de 1902. 

El iDrimer dirigible construido por el conde Zeppelin debutó en 
1900 y de una manera general constituye el tipo de los globos rí- 
gidos. El Zeppelin número 1 tiene la forma de un cilindro terminado 
por dos elipsoides de revolución. 

El cuerpo del aeróstato está constituido por un esqueleto de alu- 
minio sobre el cual se tiende una envoltura exterior de tela cauchout. 
El armazón está consolidado por tabiques intermediarios que divi- 
^len al aeróstato en 17 compartimentos, en cada uno de ellos hay un 



270 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

globo intiiulo (le liidrógeiio «iiic toma ia loniia del compartimento; 
cada vino de estos globos está dotado de una válvula automática. 

Las bar({ui]las eu número de dos son verdaderos botes de alumi- 
nio, suspendidos al armazón metálico por tubos del mismo metal. 
En cada barquilla hay un motor de 14 HP, que acciona dos bélicjes 
de aluminio de cuatro x^alas, colocados arriba de la barquilla y á cada 
lado del globo, un poco abajo de su eje longitudinal. 

Las características del dirigible son las siguientes: longitud 128 





Fig. 50. — El Zeppelin N" 3, encima rtel lago Constanza 3U de noviembre de 1906 

metros, diámetro ll'^SO, volumen ll.oOO metros cúbicos. El despla- 
zamiento en altura puede ser obtenido mediante un esfuerzo diná- 
mico producido por la inclinación del globo; esta inclinación se rea- 
liza por la acción de un peso de 150 kilogramos, susceptible de ser 
desplazado durante la marcba para sobrecargar á voluntad la parte 
anterior ó posterior del aeróstato. 

El dirigible fué enviado en 1900 á su hangar flotante de Mamzell, 
á orillas del lago Costanza, efectuó tres ascensiones de julio á octu- 
bre; desgraciadamente, á consecuencias de un accidente desconocido, 
el armazón se cortó en dos partes, cuando el globo estaba en su han- 
gar, y se renunció á su reparación. 

Los medios pecuniarios precisos para la construcciói) de un segun- 
do aeróstato se obtuvieron pronto, y cinco años después de la des- 
trucción del Zeppelin número 1 el nuevo globo estaba terminado. 



HISTORIA DE LA XAVEGACIÓN AÉREA 271 

El Zeppelin número 1¿ medía 120 metros de longitud, ll'^TO de 
diámetro y tenía un volumen de 10.400 metros cúbicos. Cada bar- 
quilla llevaba un motor de 85 caballos; los timones de altura estaban 
instalados de manera que permitieran al globo elevarse del agua á la 
atmósfera sin arrojar lastre. 

El dirigible fué establecido en un liangar fijo construido en Man- 
zell á orillas del lago. Se efectuaron dos ascensiones el 30 de noviem- 
bre de 1905 y el 17 de enero de 1906; después de la segunda, un 
accidente de timón obligó al dirigible á aterrizar, destruyéndose 
completamente por una tempestad que lo arrastró. 

Á pesar de ésto el inventor no se arredró y en el mismo año consi- 
guió construir y experimentar un tercer modelo de 128 metros de 
longitud y 11 metros de diámetro. 

Como se había constatado que el hangar fijo presentaba graves 
peligros cuando era necesario sacar el globo con vientos oblicuos á 
su dirección, se construyó un nuevo liangar flotante con un crédito de 
025.000 francos votados por el Eeichstag. 

El conde Zeppelin, además, á principios de 1907 fué autorizado para 
realizar una lotería cuyo producido le permitiera continuar sus traba- 
jos. El Zeppelin número 3 efectuó en septiembre una serie de cinco 
ascensiones afortunadas, que se terminó el 30 i^r un viaje de ocho 
lloras. La velocidad i)ropia fué avaluada en más de 50 kilómetros 
por hora. Pero el 14 de diciembre de 1907 un huracán alcanzó al 
hangar flotante y el globo sufrió desperfectos en su parte delan- 
tera. 

Entretanto en Francia se construía en 1900 el primer tipo espe- 
cial de dirigible militar, el Patrie, haciéndose los ensayos oficiales en 
Moisson. Este dirigible poseía un motor Panhard-Levassor de 70 ca- 
ballos de poder, y con su provisión normal de combustible podía man- 
tenerse diez horas en el aire ; la suspensión de la barquilla se hacía 
con cables de acero y tenía dos timones de altura, uno á cada costado 
de 8 metros cuadrados de superficie cada uno. En diciembre de 1900 
realizó su primer viaje sin inconveniente alguno y otros muchos 
en 1907; su último viaje tuvo lugar el 23 de noviembre de 1907 de 
Chaláis á Verdún, siendo el de más duración y recorrido de los que 
realizara. El recorrido de este viaje alcanzó á 240 kilómetros emplean- 
do O horas y 45 minutos, esto es, una media de 35,5 kilómetros por 
hora. Pocos días después, el 1° de diciembre, una tempestad arrastraba 
al Patrie, que no pudo ser sostenido por 200 hombres que lo sujeta- 
ban; fué á caer en las costas occidentales de Irlanda, donde se des- 



272 ANALES DE LA SOCIKDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

truyó. El Patrie había realizado 17 \ ¡ajes aéreos eii circuitos cerra- 
dos y abiertos sin tliñcultades apreciables. 

El problema estaba, pues, resuelto desde tiempo atrás. 

Después de ésto la construcción de dirigibles se lia generalizado 
en todos los países europeos, cambián<lose constantemente el tipo y 
sus detalles, pero con todos ellos se lian logrado los propósitos de su 
construcción, pudiendo ya considerarse que los perfeccionamientos 
que pueden introducirse en los dirigibles son de menor cuantía, den- 
tro del presente sistema de dirigibilidad. 



AGUSTÍN ALVAREZ 

Ex presiileiite de la Socieilad Científica Argentina 

SUS DOCTRINAS ÉTICAS Y DE IGUALDAD Y DEMOCRACIA 



DISCURSO DEL INGENIERO NICOLÁS BESIO MORENO 

PRONUNCIADO EN EL ACTO PÚBLICO DE HOMENAJE Á SU MEMORIA 

REALIZADO EN BUENOS AIRES EL 25 DE JUNIO DE 1914 



Seiiores : 

La desaparición de un filósofo es siempre una liora de duelo para 
la libertad. La muerte de un pensador es siempre un acontecimiento 
luctuoso para la ciencia. 

En cambio, determinan una consideración atenta de sus doctrinas 
y dan ocasión para que se las estreche en un examen crítico enérgico 
y en una revisión formal ; lográndose que las enseñanzas de su obra 
se condensen y perfilen en el ambiente que las provocara. 

Y como al avanzar las tinieblas sobre el valle lia de aguzarse la vi- 
sión, si intenta percibir en el panorama la acción poderosa del infati- 
gable fecundizador del universo, así mi espíritu deberá aguzarse hasta 
su visión perfecta, en la dirección dada, para abarcar el conjunto de 
la obra de una mente esclarecida y analizar el si.stema científico que 
la constituía, ahora que la luminosa frente no emite nuevos rayos, 
uno solo de los cuales habría bastado para mostraros su concepto 
arquitectural con precisión indeleble ! 

Pero el espíritu sólo se aguza por la voluntad y el estudio, y para 
comprender y presentar á Agustín Álvarez bastaba inspirarse en el 
propio ejemplo de su espíritu valeroso, tan desembarazado de todo te- 
mor y dispuesto siempre á lanzarse al combate rudo, cuando se le fijaba 
un puesto en la lucha. La voluntad y el estudio están siempre al al- 
cance de quien desea esgrimirlos ; y de tales armas me he vestido para 
entrar en la empresa arriesgada que se me confiara. 

Señores : 
El sistema filosófico de Agustín Álvarez, no ha aparecido nunca en 

aN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVII 18 



274 ANALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

iiua obra sintética que lo resumiera de un modo general, pero se ma- 
nifiesta en sus libros, discursos y pensamientos, que no sólo no forman 
una serie de ideas desligadas é indei)endientes entre sí, sino que cons- 
tituyen un conjunto de unidad verdadera, tan definido y com[)acto, que 
sus principios comprenden los elementos metafísicos necesarios para 
construir sobre ellos una doctrina científica, rigurosamente sistemática. 

La fundaba sobre una virtud primera, que poseía en grado sumo : 
la libertad interior en el raciocinio, que era para él la base y funda- 
mento exclusivo de la moral, de la que su á vez derivaba, como j)or 
único camino, la felicidad individual y colectiva. Así la doctrina de 
Álvarez reposaba sobre este irrevocable sistema de conceptos filosó- 
ficos correlativos : libertad, moral, bienestar general. 

Kinguna conquista debió ser más difícil para el hombre que la del 
concepto de libertad ; el espectáculo de la naturaleza debía aparecer 
para su cerebro rudimentario como la exi^resión inmediata del prin- 
cipio de sujeción á la fuerza ó la astucia, y desarmado para el combate 
aun contra los demás hombres — sus mayores enemigos — debía re- 
ducirse á la voluntad del más apto, ignorante aún, como el resto de la 
creación, del sentido del bien y del mal. 

Pero en un examen más atento la naturaleza había de presentár- 
sele luego como la madre de la libertad y su permanente observación 
hubo de conducirlo al fin á concebir la libertad primero y aspirar á 
ella después. 

La libertad, pensaba Álvarez, tiene dos términos de ejecución irre- 
ductibles : es el primero alcanzar á concebirla; es el segundo llegar 
á i^racticarla. Uno es la libertad interna en la elaboración del racioci- 
nio, otro es la libertad externa y el goce de ella. Uno por el camino 
de la voluntad conduce á la virtud ; otro por el camino de la inteli- 
gencia conduce á la sabiduría. 

La libertad interna es un proceso mental de evidente magnitud, 
decía Álvarez, v veamos cómo. 

Para develar la verdad necesario es apoyarse sobre el principio de 
la libertad del esiJíritu en la observación de la naturaleza, en el aná- 
lisis de los heclíos y en el proceso de los raciocinios. 

Vano será que la contemplación de los fenómenos que constituyen 
la existencia del universo, pueda realizarse con los sentidos libres de 
toda traba, si el espíritu que ha de considerarlos ó el raciocinio que 
ha de juzgarlos, viven encarcelados entre prejuicios que dificultan ó 
mutilan su libertad de examen. El conocimiento es el resultado de la 
elaboración á que el espíritu humano somete los fenómenos que sus 



AGUSTÍN ÁLVAREZ 275 

sentidos i^erciben : es el raciocinio ai)licado á la i)ercepción. Y el co- 
nocimiento no puede ser exacto y respetable si en todo el mecanismo 
de su formación no lia presidido la libertad de observación, seguida 
la libertad de análisis. 

Por esto Álvarez provocó la creación de una escuela de libertad en 
la elaboración del raciocinio y átal fln concurrían todos sus esfuerzos, 
difundiendo con grande perseverancia de acción y valentía, sin des- 
mayos, la necesidad de desembarazar el espíritu de los cercos imagi- 
narios, que lo confían en el angosto recinto de los preconceptos y erro- 
res heredados, mantenidos al través de los tiempos y de los hombres, 
al amparo de la inercia de la razón y que huyen y se desvanecen al 
menor esfuerzo de la visión esijiritual educada, como nubes que dis- 
persa el soplo soberano del pampero vivificador. 

Como fenómeno interno, la libertad en la elaboración del raciocinio 
es el arma más poderosa de que dispone la filosofía para su propio 
desenvolvimiento y progreso y el instrumento principal que utiliza 
la ciencia para construir su edificio indestructible. 

Concebida al nacer la filosofía griega en la era del examen, no pudo 
concretarse sino cuando se fundaba la ciencia en el i^eríodo de la 
máxima grandeza helena : aparecen entonces Platón y Aristóteles 
creando el verdadero concepto político de la libertad. 

Platón edifica su artificiosa «República» que se levantaría sobre 
la justicia y la virtud: la grandeza de la sociedad residiría en estos 
tres atributos primeros de cada uno de sus individuos : la fortaleza, la 
prudencia y la justicia, obtenidas merced á la unidad del régimen, á 
la que consideraba como la perfección final en el orden social ó moral. 

En el sistema de Platón aparece un estimable esfuerzo hacia la li- 
bertad interior, pero sacrifica en cambio sin i)iedad la libertad exter- 
na, porque la unidad del régimen que preconiza y el poder del go- 
bierno debían concluir x^oraniquilar la libertad individual ; donde hay 
absoluta unidad, no hay libertad; y donde hay codificación superabun- 
dante y expresa con excesiva preeminencia del Estado, tampoco hay 
libertad. Y, sobre todo, no hay ciencia donde sólo hay abstracción 
pura, y Platón debió llegar y llegó á negar al hombrfe la posibilidad de 
la ciencia, que radicaría exclusivamente en el seno de Dios. Coinciden 
así en un punto Sócrates y Platón. 

El sistema platoniano fué rectificado violentamente por Aristóte- 
les. Este famoso maestro del saber liumano, es i\n ejemplo encumbrado 
de la libertad interna en la elaboración del raciocinio. Su soberana 
razón examina los hechos de la naturaleza en un análisis indepen- 



276 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

diente de todo otro juicio y establece con ella las conclusiones fínales 
de sus observaciones, para generalizarlas luego en una inducción im- 
pecable. En sus raciocinios no se introduce jamás ninguna noción 
ajena á la cuestión, ningún conce])to cuya verdad no hubiese estable- 
cido de antemano por el ministerio de sus propios sentidos ó de su 
propia razón : creyendo que la verdad es una y el error multiforme, 
habíase preparado para defenderse del error con energía. 

La « Política » de Aristóteles es una reducción magistral del prin- 
cipio de la libertad interna. Concibe al Estado como una reunión de 
individuos que practican la virtud y está él mismo dirigido por la jus- 
ticia ; las funciones públicas se entregarían á la virtud y el talento, 
pues sólo en ellos puede residir la justicia y alcanzarse el bienestar 
general. La libertad de cada uno y la libertad de todos, lograrán crear 
la asociación capaz de ijrocurar una vida perfecta en el seno de la 
abundancia : hé aquí la moral y la felicidad labradas por la libertad. 
Salvo que los hombres están sujetos á las pasiones y el Estado debe 
ser sólo dirigido por la razón que se traduce á la ley : he aquí el prin- 
cii)io constitucional del gobierno, ^o le faltó sin embargo su pavoroso 
error : la esclavitud, aun cuando establece que el Estado es una aso- 
ciación de hombres libres bajo el gobierno de una ley que contem]ile 
el bienestar común. 

Pero pocos siglos habían de pasar para que apareciese sobre la tie- 
rra la figura generosa y ciclópea de Cristo y su sabia doctrina moral, 
y pocos más i^ara que un dogmatismo trágico y monstruoso se apode- 
rase de ella, para embarcar las conciencias y clausurar las mentes. La 
iglesia se había levantado de frente á la filosofía y á la ciencia y de- 
formando y aun demoliendo el sistema moral de Cristo, despertando 
el fanatismo que siempre palpita adormecido en el seno de la ignoran- 
cia, se propuso substituir sus dogmas al i)roceso del raciocinio y las es- 
peculaciones de la ciencia y lo alcanzó y mantuvo en largos siglos de 
espantosa tiniebla. 

Tamafia iniquidad debía herir gTavemente, por cierto, toda libertad 
de conciencia: y cuando la gran enemiga adquirió el poder y la fuerza, 
se constituyó en el verdugo implacable de la libre discusión filosófica 
y del libre examen, es decir, de la sabiduría ; y para sostenerse fundó 
la intolerancia, arremetiendo contra la libertad, en el Estado, en la so- 
ciedad, en el hogar, en las conciencias. 

Pero en vano ; la aspiración al bien y á la perfección es atributo 
orgánico en el hombre : el derecho á la libertad es conciencia de la 
materia. Y así, mansamente, silenciosamente, la derrota de la iglesia 



AGUSTÍN ÁLVAREZ 277 

se ha operado por los estallidos iuconteuibles de la filosofía y la cien- 
cia, que nada podrá abatir ni detener. Quince siglos de liorror fueron 
necesarios para reconquistar los dones supremos con que la natura- 
leza lia adornado al hombre, y en esta lucha tormentosa, la iglesia ha 
concluido x>or herirse con su puñal envenenado ; y languidece hoy 
olvidada por la filosofía é ignorada por la ciencia. Álvarez no le per- 
donó jamás su nefando delito y su vida entera se consagró á reducirla 
al altar y desterrarla de la vida pública y privada, aun de los i^ueblos, 
indignos de la libertad, que aún gobierna. 

El dogmatismo crudo no fué nunca tan agresivo ni dominante como 
en la enmudecida Edad Media, y luego que las grandes conquistas de 
la ciencia i^rodujeron el despertar de los cerebros en los tiempos mo 
dernos, fué de nuevo posible pensar en la libertad, que tímidamente 
empezó á renacer por doquiera. 

Dos peripatéticos insignes x:)rovocaron este renacimiento esplendo- 
roso : Averroes, que presentó de nuevo á la consideración del mundo el 
método filosófico de Aristóteles en sus «Comentarios», yAlighieri, que 
fundó en su « Comedia » una doctrina moral más enérgica y humana 
que la imperante del cristianismo, y ambos que concurrieron á desj^er- 
tar, en los tiempos, el amor á la sabiduría y al arte, recordando los nom- 
bres olvidados de los grandes pensadores y poetas de Grecia y Roma. 

La ciencia conoció, á i^oco andar, horas de grandeza, sólo compara- 
bles con las que le proporcionara la escuela de Alejandría, y sus des- 
cubrimientos fueron de tal magnitud y variedad, que la estructura 
política y social del mundo civilizado hubo de cambiar á sus impulsos. 

Vino entonces el renacer del arte, en sus faces todas, iniciado y pre- 
sidido por Dante ; los descubrimientos geográficos por obra de Colón ; 
los astronómicos por obra de Copérnico ; la invención de la imprenta 
por Guttemberg ; y finalmente la sujeción del movimiento del uni- 
verso á leyes matemáticas por Kepler. 

Cada una de estas conquistas lo fué para la libertad. 

Su condensación expresiva aparece en el « Espíritu de las leyes » 
de Montesquieu, solemne precursor de la conquista definitiva de la 
libertad interior, que había de realizar la humanidad, á los esfuerzos 
de la filosofía crítica. 

Montesquieu ha practicado en su obra un análisis perfecto de la li- 
bertad pública, desde el punto de vista del estado, y sus teorías com- 
prenden todos los grados del problema ; contempladas desde la hora 
presente en que la agitada vida del siglo ha conglomerado la mayor 
suma de experiencia sobre la cuestión, la estructura de su sistema no 



278 ANALKS DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKOENTINA 

se debilita, jíorque imrece liaber agotado cuanto la liistoriapudodecir 
hasta su época y cuanto puede expresar la libre discusión filosóñca. 
Y es desde este ])unto de vista que Montesquieu se engradece en el 
campo de la libertad de elaboración <lel ])ensainiento ; su exposición 
y examen de las teorías 0})uestas á su sistema es un ejemplo insupe- 
rable de libertad de juicio ; los términos de la cuestión aparecen ago- 
tados y en todo su trabajo se advierte una prudencia excepcional para 
juzgar los argumentos que se impone desde luego y que se basa, justo 
es decirlo, en el sistema de Descartes. 

La obra de Montesquieu en primer término, y de Voltaire y Rous- 
seau luego, encumbrados ejemplos de la libertad de pensamiento, 
concentran de nuevo todas las resistencias : la « Enciclopedia » de 
D'Alembert y Diderot es condenada al fuego ; Voltaire, aprisionado; 
Eousseau, desterrado ; cuanto representa espíritu nuevo, sofocado y 
oprimido ; sus traducciones, prohibidas y perseguidas ; las librerías é 
imprentas, clausuradas ; los filósofos, anatematizados por la iglesia y 
por la Facultad de teología. Pero la persecución es artificial; el siglo ha 
aceptado ya las nuevas ideas, conformes con los tiemj)os que llegan, y, 
á poco andar Turgot, escala el ministerio y la resisteíicia se derrumba. 

El espíritu nuevo, hi libre discusión, la razón despierta, lo invaden 
todo: el estado, la sociedad, la familia y el individuo; la escuela, la 
universidad, la academia y el teatro ; las ciudades y las campiñas ; las 
chozas y los palacios ; las plazas y el trono ; el pueblo y la nobleza, y 
las prisiones en ñn. Se abren ya las puertas de una nueva edad. 

El salto desde Aristóteles á Montesquieu (cerca de dos mil años) no 
l)uede parecer demasiado grande, ni suscitar susceptibilidades entre 
los partidarios de determinadas escuelas ; sólo habría faltado citar y 
quedan citados de paso, el «Monarquía» del Alighieri y el «Prínci- 
X)e » de Maquiavelo. 

Montesquieu establece el principio de que en el estado de la natu- 
raleza los hombres nacen en igualdad, la que la sociedad les hace 
luego perder ; corresponde, pues, á la sociedad, devolverlos á la igual- 
dad por ministerio de la ley. Sus invectivas contra la monarquía, de 
la que es menos defensor de lo que parece, terminan afirmando que el 
estado pojíular, para sostenerse, debe estar sometido á un régimen 
más que los otros, que es el de la virtud. El santuario del honor, déla 
reputación y de la virtud parece residir, agrega, en la república ; y la 
república es el gobierno de la igualdad y de la libertad. 

De Montesquieu á Eousseau, casi coetáneos, aparece Voltaire, cuya 
influencia en las masas no podría negarse. Estudia la historia con un 



AGUSTÍN ÁLVAREZ 279 

espíritu de crítica filosófica libre y firme, é invariablemente en guar- 
dia contra todo prejuicio ; pero Voltaire tenía un criterio filosófico, á 
menudo más estético que ético ; sus análisis no están siempre basados 
en la justicia, pues llega a bastarle y satisfacerle la elegancia de la 
forma y de las cosas y se contenta en considerar las apariencias exte- 
riores y sus aspectos sui^erflciales y mundanos. Su moral individual, 
un tanto fácil, estaba sin embargo contraijesada por una moral públi- 
ca imijecable, fundada sobre el respeto á la dignidad humana y á los 
derechos del hombre. Fué el heraldo de la tolerancia religiosa. 

Más grande que todos, Rousseau fué la encarnación de la belleza 
moral : su estoicismo, su entusiasmo jjor lo bello, su fe pura, su patrio- 
tismo y liberalismo lo constituyen, con su espíritu filosófico supremo, 
en el más alto exponente de la causa de la libertad, y en su soldado 
más eficaz. Su propósito fundamenta], perseguido al través de toda sus 
obras, es la reivindicación de los derechos del hombre, otorgados por 
la naturaleza, contra los artificios corruptores de la civilización. Los 
errores de su filosofía política no pueden sorprender, cuando se con- 
sidera el aspecto afectivo y sensualista de su sistema, en un campo de 
acción tan complejo y vario como lo es el gobierno de la sociedad, y 
cuando se recuerda el carácter especulativo de su doctrina ; sólo Mon- 
tesquieu con su método históricopodíalibrarseporcomijleto del error 
en materia tan difícil, y, apenas con él, el sapientísimo Locke, el gran 
filósofo inglés, padre del liberalismo, que fundaba la libertad en la razón. 

Dígase lo que se diga, Locke es el ¡precursor de Montesquieu y éste 
el de Rousseau. Montesquieu adopta el método experimental para sus 
estudios y Rousseau el especulativo, y así como el sistema político de 
Platón de nada i)udo servir á Aristóteles, pues la abstracción ó la ra- 
zón pura había precedido á la experiencia, así la moral política de 
Montesquiu jmdo ser integramente utilizada por Rousseau, pues se 
había seguido el camino inverso, que es el que conduce á la verdad, 
la razón había considerado los frutos de la experiencia. 

Los análisis de Rousseau invaden la constitución íntima de las 
cosas, sin detenerse en el detalle, y las presenta descarnadas sin reato 
mental alguno ; su espíritu científico es de una hermosa libertad de 
pensamiento y en sus juicios sólo interviene por la experiencia y la 
razón libre y despojada de influencias ancestrales ; renunciar á la li- 
dertad — dice — es renunciar á la calidad de hombre, y es suprimir 
toda moralidad en las acciones, suprimir la libertad de la voluntad. 
Pero, el conflicto entre el estado y el individuo se plantea desde luego 
en el « Contrato social » y Rousseau, demasiado absorbido por el bien 



280 ANALES 1)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

común, sacrifica el individuo al estado y ])or ende el estado mismo : 
un estado cuyos miembros li;ui ¡ibiindonado toda libertad, no puede 
ser estado libre por mucho ti('m])o, i)()rque la libertad es la madre de 
la iniciativa y de la justicia y por lo tanto del saber y de la moral. 

Pero con todo y á pesar de todo, la evolución francesa se hallaba en 
marcha : Montesquieu y Rousseau la habían decretado y la debilidad 
de la monarquía la realizaba : la declaración de los derechos del 
hombre y del ciudadano, consagra los principios de igualdad y liber- 
tad, que quedan, á poco andar, incorporados á la legislación universal. 

La libertad de los raciocinios de un grujió de sabios había reali- 
zado la gran conquista humana : faltaba sólo unlversalizar esta liber- 
tad interior, que, decíamos, ha de conducir á la virtud por el camino 
de la voluntad. Tal el empeño generoso de Agustín Álvarez que hon- 
ramos aquí, i Cómo realizarlo ? Por la educación, decía Álvarez, que 
encamina hacia el bien y fortalece la voluntad que permite realizarlo, 
llegándose así á la posesión de sí mismo. 

La educación emancipa, coloca la mente en presencia del bien y del 
mal, de la virtud y del vicio, y le ensena á pensar sobre las consecuen- 
cias de cada acto humano; desde luego sui)i'imirá el más inútil, el que 
no puede i^roducir ningún beneficio ni aun aparente — y siempre lo 
sería — al que lo practica. 

El mal no puede nacer de la sabiduría. La educación mejora el alma 
del individuo, como la instrucción mejora su inteligencia, y juntas con- 
ducen á la virtud ; y si se reconoce la autoridad absoluta de la virtud 
y el saber, debe agregarse además que encarnan al espíritu crítico, de 
modo que si con ellos es posible el delito ó el error, no se vive jamás 
á ellos encadenado. 

De la perfección del individuo — pensaba Álvarez — nace el bien 
general y por lo tanto la moral ; y la perfección del individuo, lo con- 
duce á la virtud, que es el resultado del libre examen. La virtud es 
una fuerza moral militante, á diferencia de la santidad que es fuerza 
moral pasiva. La virtud es un deber que se cumple con un esfuerzo 
dado, en tanto que la santidad es un placer al que se acude con agrado. 

« La libertad interior — ha dicho Kant — es el único principio de la 
virtud. » « El hombre es tanto más libre, ha dicho un considerable 
pensador argentino que nos acomiiaíia aquí, cuanto más comprende 
su propia naturaleza, la posición que ocupa en la sociedad y la impor- 
tancia que su acción tiene en el destino de sus semejantes. » 

Prej)arada la mente para la virtud y robustecida la voluntad para 
su ejercicio, por el ministerio de la educación y el libre raciocinio, el 



AGUSTÍN ÁLVAREZ 281 

hombre se habrá engrandecido á sus propios ojos, y su obra como tac- 
tor social lo habrá hecho apto para la democracia y para el uso de la 
libertad, que las instituciones le aseguren. 

« La virtud — dice Kant — es nuestro verdadero y mejor título de 
gloria », y adquirirla es hacerse acreedor á la gratitud humana. Con la 
educación de la mente que conduce al saber y la de la voluntad que 
lo lleva á la virtud, el hombre es un ser independiente y justo, y con 
él, pensaba Álvarez, quedarán abatidas todas las banderías y dogma- 
tismos y todas las cadenas mentales ; el espíritu humano podría volar 
libre y sereno en la dirección predilecta, como el cóndor cruza el es- 
pacio tendidas las seguras alas y vigilante la pupila. 

Pero el vuelo del espíritu humano debe estar amparado por la to- 
lerancia social ; la libertad interna debe dinamizarse bajo la protec- 
ción de la libertad externa, y ésta, adquirida y codificada, debe hallarse 
sin cesar vigilada por el individuo y la colectividad para que su deca- 
dencia no se realice por efecto de la incuria general. El individuo pues, 
está obligado á defenderla y practicarla, y para ello el camino señalado 
es el de la instrucción. << Es principio fundamental de gobierno — dice 
el mismo pensador argentino — el que reconoce la necesidad de la ins- 
trucción como base de la libertad ; ésta existe hoy por la cultura del es- 
píritu humano, que la ha descubierto como un propio atributo y procla- 
mado como un derecho de los hombres y una alta misión del Estado. » 

La instrucción cultiva la inteligencia, perfecciona la razón y enri- 
quece el espíritu, formando el caudal de conocimientos que es base de 
la sabiduría. 

La educación y la instrucción forjan, pues, la virtud y la sabiduría, 
y como éstos son el material necesario y suficiente para establecer la 
moral, quiere decir, en último análisis, que la libertad es el funda- 
mento de la moral. Tal también la teoría de Alvarez. 

Su pensamiento tendía en moral á sobreponerla ética ala jurispru- 
dencia y en su sentimiento de justicia campeaba siempre un espíritu 
de misericordia dirigido por los aforismos generosos : Homo sum... 
Tout comprendre... de madame Stael. 

íío hay moral donde no existe libre examen, y la moral era para 
Álvarez un sistema ético capaz de producir la felicidad del individuo 
y de la sociedad, asegurándole la libertad externa y procurándole la 
libertad interior. 

La moral es un sentimiento estético. Aparte de su esencia ética, 
sus fundamentos han sido eternamente discutidos por la filosofía y la 
religión. 



282 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

En SUS diversas formas, es tan antisua como la reflexión humana 
y como la agrupación de los hombres en colectividad y aparece en los 
tiempos como un mandato divino ; esta revelación del orden relifiioso se 
observa lo mismo en los «Vedas» que en el «Deuteronomio» : la moral 
se confunde con la religión. El Budismo presenta una moral humana y 
fraternal, pero estableciendo un régimen riguroso de castas: enelBrah- 
manismo la moral budista se ennoblece y purifica, acercándose á la mo- 
ral cristiana. Para Confucio la moral es el perfeccionamiento de sí 
mismo. Los fundamentos posteriores de la moral de Mencius y los res- 
tantes pensadores orientales, son de una orientación religiosa definida. 

En Grecia la moral escapa de los dominios de la religión y se en- 
trega á la poesía : la religión aparece allí más como un adorno que 
como un dogma. La moral de Homero se reduce á estos principios ini- 
ciales : el heroísmo, la fidelidad en la amistad, el respeto á la vejez, la 
hospitalidad, la misericordia, la beneficenciay la frugalidad. De Hesio- 
do al estoicismo se suceden en Grecia diversos fundamentos de la mo- 
ral, hijos casi todos de la filosofía de la época. El progreso de la mo- 
ral en este período es grande y ya en los estoicos aparece el tipo 
nuevo de moral ; el de la caridad y de la fraternidad humana, pero en- 
tibiadas por la inflexibilidad y la rigidez con respecto á sí mismo y el 
desprecio del placer y el dolor. 

Entre tanto una pequeña tribu asiática elaboraba los fundamentos de 
la moral, que por más tiempo había de mantener su imperio sobre la 
humanidad: el pueblo hebreo. El legislador Moisés en su decálogo 
había establecido los principios de una moral religiosa, cuyos caracte- 
res esenciales eran el de ser prohibitiva y eterna por una parte y pros- 
cribir al extranjero por otra ; el moneteismo de este pueblo le asegu- 
raba además una unidad perfecta y era el resorte de su prolongación 
al través del tiempo. Y siendo esta moral casi exclusivamente externa, 
había de ser también antes material que espiritual. 

Se completó en el cristianismo llegándose á la doctrina moral pre- 
destinada : de dolor, de consuelo, de clemencia ; prescribe la inocencia 
y la simplicidad: el perdón y la indulgencia; sus fundamentos están 
en el amor, en la caridad y en la misericordia. El dios cristiano es, ade- 
más del sumo poder, la perfección moral. Pero es también una moral 
de humildad y de conformidad con la propia suerte : debe bendecirse 
la mano que oprime y perdornarse la ofensa que abate ; el castigo 
queda para la otra vida. Pero el arrepentimiento de última hora redi- 
me el pecado y así el castigo ulterior desaparece ; entonces el pecado 
puede cometerse sin temor. 



AGUSTÍN Ár.VAREZ 283 

La moral cristiana, pues, siu desearlo, fortalece el poder y erapeqiie- 
ñece al lioiiibre, lo modela para la humildad, el sufrimiento y la po- 
breza; no le enseña á defender sus derechos y á conquistarlos si es 
lireciso, ni á procurarse la felicidad; debía entonces dificultar el pro- 
greso de la humanidad y encumbrar las fuerzas, consecuencias que se 
advirtieron luego, bajo el imperio de la iglesia, en la Edad Media. 
Pero es en cambio la moral de la igualdad. 

La primera corrección del sistema moral cristiano aparece en la 
« Comedia » de Alighieri : el castigo para el pecado es violento y sin 
piedad, sin piedad sobre todo. Los eminentes padres del saber huma- 
no están confinados en el lugar del dolor, sin martirio del infierno, y 
de nada vale el infinito respeto que Dante les tiene ni el Gran dual 
que lo trastorna ante tal duelo. Xi se apiada de la desdichada Fran- 
cesca, cuyo suplicio envidiable derriba de pena al gran i^oeta, cuan- 
do escucha la génesis de su delito. La mansedumbre está proscrita de 
la « Comedia » y bravamente castigadas la inercia y la cobardía moral. 

La moral de Maqniavelo consiste en proclamar la excelencia de la 
virtud, siemijre que su ejercicio resulte ventajoso para el hombre y la 
sociedad y aconseja la violencia para conseguir el bien. Su doctrina 
es otra corrección á la moral que comentamos ; combate el feudalismo 
como enemigo de la libertad, pues para él ésta nace solamente de la 
igualdad ; la diferencia de clases no permite el progreso, y así comba- 
te á los señores feudales : falí generazioni dhiomini, dice, sano al tutto 
nemici d'ogni civiltá. Y sostiene finalmente la imposición de esta mo- 
ral de la igualdad por cualquier medio. La mansedumbre y la confor- 
midad, pues, han quedado muy lejos. 

Dejemos á Hobbes ; la moral continúa su marcha incontenible ha- 
cia la libertad. Para Leibnitz, la moral se funda en el derecho estric- 
to, la equidad y la piedad. Dejemos también á Espinoza y Mallebrancke 
y lleguemos hasta Kant. Su moral se asienta sobre el imperativo ca- 
tegórico de la razón práctica ; proclama la finalidad del hombre en sí 
mismo y la autonomía de la voluntad ; y establece que la moral debe 
ser el principio que promueva los actos huiúanos y no el fin á que de- 
ban tender ; la virtud nacía de la razón y todo lo razonable era virtuo- 
so j el hombre debía sujetarse á los mandatos de la moral y cumplirlos 
sin examen : ¿ qué era entonces de la libertad 1 

La moral de Fichte, exagerando más aún el carácter imperativo de 
la doctrina de Kant, y la moral de kSchopenhauer; fundamentada exclu- 
sivamente en la clemencia: lié aípií los tii)OS más modernos del con- 
cepto moral. 



284 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Seo-ún Álvarez, liemos diclio, el fujidamento de la moral es la liber- 
tad : iiinjíún acto que uo sea libremente realizado, sin temor á un cas- 
tigo ó eii espera de una recompensa, i)odía ser moral ; y si la libertad 
venía acompañada de virtud y saber, los actos morales consecuentes 
serían encaminados hacia el bien general, que constituye la base del 
bienestar individual y colectivo. 

Socialista, en cuanto el socialismo es una escuela de democracia y 
libertad, para Alvarez la libertad de la mente, con la libertad en las 
acciones, serían los principios de la moral, y una moral organizada así 
sobre la virtud y la sabiduría hijas de la cultura piíblica, aseguraría el 
l)rogreso de la humanidad y defendería la civilización de los vicios que 
la corrompen, apenas se la disfruta en la paz y en la tranquilidad. Este 
ti])() de moral, finalmente, comprendería en sí el perfecciona miento del 
individuo y la conservación de la especie, asegurándose entonces el 
cumplimiento de las leyes de la naturaleza que sólo á ello contempla. 

Queda planeado, señores, el sistema filosófico de este grande pensa- 
dor, cuyo corazón superaba á su saber, ha llegado el momento de decirlo. 

Agustín Álvarez, hombre virtuoso y ciudadano austero, el más hu- 
milde de los grandes por la tendencia democrática de tu espíritu y el 
más encumbrado de los demócratas por la ])ureza resplandeciente de 
tu alma. 

Tú batallaste por el respeto de la dignidad humana con tal pasión 
y denuedo, que los sentimientos humanos se sintieron purificados por 
la sola virtud de tu existencia. 

El amor generoso que desbordaba en ta corazón por los débiles y 
los oprimidos, te aquilataba tanto, como tu campaña por la emancipa- 
ción de la mente y tu despego por todo sectarismo y bandería. 

Fuiste para la cultura popular el campeón esforzado; para nosotros re- 
fugio cálido y consejo amigo; para todos ejemplo de fortaleza y bondad. 

Tuviste por la amistad un culto tan fervoroso, que él solo habría 
bastado para proclamarte poseedor de todas las virtudes. 

Adalid de la libertad, de la enseñanza ])iiblica y de la soberanía 
popular, fuiste para la patria un hijo esclarecido y un factor imnci- 
pal de su grandeza futura. 

Que la patria te conserve en sus alt^ires, en reconocimiento de tus 
méritos sin cuento y para ejemplo de sus pensadores y gobernantes. 

íí. Besio Moreno. 

25 de juuio de 1914. 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 

VISCOSIDAD 

LEY DE ACCIÓN QUÍMICA MUTUA ENTRE DOS MOLÉCULAS 

EQUILIBRIOS QUÍMICOS 



LAS DIFUSIONES Y LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES . 

Cuando los movimientos lentos de un fiúido no responden á las 
ecuaciones generales de la liidrodinámica deducidas de los principios 
de la mecánica clásica, se dice que aquel fluido es viscoso. 

Aunque el estudio de la viscosidad de los líquidos ofrezca en los 
fenómenos físicoquímicos el mayor interés, me propongo limitar este 
estudio á la de los gases, por ser más fácil para éstos la aplicación 
de las teorías moleculares. 

En 1857, Clausius fundó la teoría cinética délos gases en una me- 
moria titulada : Sobre la naturaleza del movimiento que llamamos calor. 
Con esta primera tentativa, ya la presión de los gases tomaba un ca- 
rácter de origen meramente cinético ; se podía calcular la velocidad 
probable de las moléculas, y así más adelante se comprobó que la del 
oxígeno era de 461 metros por segundo y la del hidrógeno de 1844 
metros. Por otra parte, las leyes de Mariotte y Gay Ijussac se en- 
cuentran verificadas, siempre que los gases contienen el mismo nú- 
mero de moléculas por unidad de volumen, en las mismas condiciones 
de temperatura y presión. 

Sin embargo, á primera vista, parece inexplicable el lieclio de (¡ue 
las moléculas puedan moverse en línea recta con velocidades tan 



286 ANALES DK LA SOCIKDAD CIENTÍFICA ARÍJENTINA 

.Urandes, si se ticiíc eii ciiouta la, lentitud conocida con (lue se efec- 
tú;» la mezcla íntima de dos o-ases en un ambiente dado. Pero el mis- 
terio desaparece cuando se considera la magnitud media del recorrido 
de iTna molécula entre dos choques consecutivos. En efecto, basta 
tjiu' aquélla tenga un radio ñnito, basta muy pequeño, i)ara compren- 
der que el camino rectilíneo de un punto á otro se encuentre obstruí- 
do tan pronto como la distancia es mayor que un número relativa- 
mente pequeño de distancias moleculares. 

Por otra parte, no ofrece ninguna dificultad el cálculo del orden de 
magnitud de aquel trayecto libre, en función del número de molécu- 
culas por unidad de volumen y del radio medio de éstas. Á cada mo- 
lécula corresponde un dominio impenetrable para las demás, y á éste 
se lo llama volumen de la molécula^ siendo su radio el de la esfera de 
volumen igual. Por otra parte, el camino medio no alcanza á cien 

veces la distancia entre dos moléculas, y permanece del orden de — 

de micrón á la presión y temperatura normales. 

Después de estos primeros trabajos de Clausius, Maxwell se empe- 
ñó en perfeccionar las ideas nuevas, y pudo darse cuenta de que el 
equilibrio de temperatura entre dos gases entraña como consecuen- 
cia imprescindible una fuerza viva molecnlíír, función pura de la tem- 
peratura é independiente de la naturaleza química, convirtiéndose 
así la hipótesis de Avogadro en una consecuencia directa de la teo- 
ría cinética de los gases. 

Pero, al propio tiempo, Maxwell, con su cálculo relativo á la con- 
ductibilidad de los gases, llegaba á una consecuencia bastante extra- 
ña, ó sea, que ni la viscosidad ni la conductibilidad pueden variar á 
temperatura constante con la densidad del fiúido. Este resultado lo 
sacaba el gran físico inglés de las tres difusiones jirincipales consi- 
deradas desde el punto de vista del trayecto medio : la difusión del 
calor ó conductibilidad^ la de la materia ó de las moléculas mismas, y 
la del movimiento ó viscosidad. 

Por otra parte, la distancia mínima de dos moléculas imi^enetra- 
bles se encuentra determinada por su propia naturaleza; pero si ad- 
mitimos que aquéllas ejercen acciones á distancia, lo que es impres- 
cindible, al menos hasta hoy, en toda teoría molecular (1), la distancia 



(1) Ya observé en otra parte (Teorías físicas y límites ñel conocimiento científico) 
la repugnancia que experimenta todo espíritu científico respecto á la hipótesis 
de las acciones á distancia, y cómo se substituyó ésta por la de uu ambiente 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 287 

Diíuiína ha de depender de la fuerza viva media, y es evidente que 
no tenemos ningún dato en cuanto á la naturaleza de tal relación, 
aunque de ella dependan indudablemente las varias difusiones. 

Ahora bien, la determinación de la ley de éstas, en función de la 
temperatura, equivale á la deñnición de la ley de acción mutua de dos 
moléculas en función de la distancia que mide entre ellas. Numerosas 
experiencias se han realizado acerca de la difusión del movimiento, 
ó sea de la viscosidad^ uiediante dispositivos muy diferentes y por lo 
general muy ingeniosos. Son debidas á las investigaciones de O. E. 
Meyer, Bessel, Girault, Maxwell, Kundt, Warburg y otros. Pero 
no es aquí el lugar de describirlas, ó dar de ellas los resultados con 
detalles (1). Me contentaré con decir que, si la ley de acción mutua 
pudiese representarse por una j)otencia negativa r~ " de la distancia r, 
la influencia de la temperatura se traduciría por nna potencia deter- 
minada y positiva de la temperatura absoluta T. Ahora bien, la ex- 
periencia no confirmó x>revisiones de esta naturaleza. La fórmula 
más adecuada á los resultados experimentales es la de Sutheiiand, 
que ha sido confirmada por investigaciones recientes. La interpreta- 
ción del físico inglés es, por otra parte, muy sencilla desde el punto 
de vista teórico. Según su concepto, la sección aparente de una molé- 
cula es función lineal decreciente de - . y esta hipótesis es una conse- 
cuencia inmediata de otra que consiste en admitir que la molécula 
ejerce una atracción lentamente variable fuera de un dominio impene- 
trable determinado, al menos para fuerzas cuya intensidad corres- 
ponde á las que acompañan á los movimientos moleculares. 

En el estado actual de nuestros conocimientos científicos, este es 
el limite de la experiencia y de la teoría. La ley de atracción, siem- 
pre que sea muy lenta, permanece del todo indeterminada, y la ley 
de repulsión, que se manifiesta en el límite por la impenetrabilidad, 
queda también inaccesible. Lo único que sea posible, es considerarla 
como variable muy rápidamente^ conforme á lo que nos muestra la 

que sirve de vehículo á la propagacióu, pero hasta las acciones moleculares ex- 
clusive, pues uo podemos admitir la existencia de un número infinito de estos 
ambientes intermedios (Conferencias publicadas en los Anales de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina, t. LXXVI, p. 252, 289 y sig.). 

(1) El lector encontrará una parte de estas experiencias en las memorias de : 
E. O. Meyer, Poggend, 1861, Anal, tomo CXIII, páginas 55, 193, 283; PoissoN 
Mém. Acad. París, 1832, tomo XI, página 521 ; Stokes, Cambridge Phil. Tr., 
tomo IX, página 32; Gikault, 31ém. Acad. de Caen, 1860, etc. 



288 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

compresibilidad muy ])CMnu!ña de los cristales. De ahí todo el interés 
que se desprende del estudio de las tres difusiones y especialmente 
de la viscosidad, si (pieremos alcanzar la ley de acción mutua de dos 
moléculas en función de la distancia. 



II 



RESUME^' DE VARIAS TEORÍAS 3IOLECULARES 
RESPECTO Á LA VISCOSIDAD 

La primera tentativa teórica fué la de Kavier (1), que consiste en 
una modificación de la hipótesis de las acciones á distancia conside- 
radas como funciones puras de la distancia. La teoría de Xavier se 
funda en las tres hipótesis siguientes: 

I"" En un fluido en movimiento, dos moléculas que se van acercando 
la una á la otra se repelen con mayor fuerza, y dos moléculas que se 
alejan la una de la otra se repelen con menor fuerza^ que si la distan- 
cia permaneciese constante; 

2*^ Las acciones repulsivas de las moléculas crecen ó disminuyen 
en una cantidad proporcional á la velocidad con que se acercan ó se 
alejan las unas de las otras; 

3^ Las dos hiiJÓtesis anteriores se aplican también á las acciones 
entre las moléculas del fluido y las de las paredes del recipiente que 
lo contiene. 

Por otra parte, las acciones no son sensibles sino á distancias muy 
pequeñas, y las moléculas tienen velocidades muy |)Oco distintas. Su 
acción mutua F es proporcional á la velocidad relativa, siempre muy 
pequeña, y se puede escribir : 

F=/„-,|- ,1) 

Con esta base, Xavier consigue determinar la resultante de todas 
las acciones que se ejercen sobre un elemento de volumen d-, y así 
llega, para la expresión de la componente X de F según la dirección 
del eje de las abscisas, á la relación : 



(1) Mémoire sur les lois du mouvement des fltiides, Mém. de l'Institut, 1823, tomo 
TI, páginas 389-440. 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 289 

en que se tiene : 

du dv dw 
dx di) dz 

u, V, IV siendo las componentes de la velocidad relativa según los 
tres ejes. 

En cuanto á la pared, la resistencia que ofrece es proporcional á la 
velocidad relativa del fluido en contacto y tiene por expresión : 

E = Eií (5) 

siendo dada E por la relación 

2- 



B = -^ f^ F(r) r'- dr (6) 



en que la función F(r) desempeña con respecto á la pared el mismo 
papel que/Y''j con respecto á las moléculas, lo que significa que la 
acción mutua de viscosidad §", entre una molécula del fluido y una ñla 
de moléculas de la pared, es dada por la expresión : 

3< = F{>-) -■ (7) 

Después Xavier aplica estos principios al movimiento de un líqui- 
do por un caño circular de sección muy pequeña y, en el estado i^er- 
manente, llega á la expresión siguiente de la velocidad media ü: 



U- ^ ,S) 



?ÍP 






K 






X 


2E 


1 

\ 


+ 


ER 

2£ 


/ 



en que - — es la caída depresión por unidad de longitud y R el radio 

del caño siempre muy pequeño. 

Como se ve, la teoría de Xavier atribuye al frotamiento con la pa- 
red una preponderancia no justificada, y debida á la elección que liace 
este físico, de la distribución más simple de las velocidades, que no 
corresponde á la realidad del estado permanente. 

AN. 80C. CIENT. ARG. — T. LXXVII 19 



290 anai.es dk la sociedad científica argentina 

No me detendré en el examen de la teoría de Poisson, dada en su 
gran memoria de 1829, ISnr les éqiiations genérales de Víkpdlihre et du 
mouvemeni des eorps solides élastiques et des fiuides (1), y en seguida 
pasaré al análisis de la memoria de Maxwell, publicada en 186G, so- 
bre la Teoría dincimica de los gases. 

El gran físico expone primero su propósito de explicar el fenóme- 
no de la viscosidad en todos los cuerpos, sin hacer intervenir liipótesis 
ninguna. 

Una deformación S se verifica en un cuerpo por un desi^lazamien- 
to, y determina un estado de tensión F. La relación entre la deforma- 
ción y la tensión es de la forma : 

F = ES (9) 

en que E representa el coeficiente de elasticidad relativo á la deforma- 
ción S. En un sólido que carece de viscosidad, F permanece igual á 
ES, y se tiene : 

^ = E^. (10) 

dt dt ^ ' 

Pero si se trata de nn fluido viscoso, el estado de tensión F, en 
vez de permanecer constante, tiende á cero con una velocidad que 
depende del mismo estado y de la naturaleza del cuerpo. Si aquella 
velocidad es proporcional á- F, como es razonable suponerlo, la ecua- 
ción (10) puede escribirse como sigue : 

Í? = e'^-? (11) 

dt dt Xj ' 

y, en esta forma nueva, corresponde empíricamente al fenómeno. 
En efecto, si la deformación S es constante, la ecuación : 

— 2= (12) 

F -= ESe ^ 

nos enseña que E desaparece gradualmente, ó sea, que el cuerpo, 
substraído á toda acción externa, pierde poco á poco su tensión in- 
terna, acabando las presiones por repartirse como en un fluido en 
reposo. 

Si al contrario — queda constante, lo que significa que un movi- 

(ÁjZ 



(1) Journal de VÉcole Polytechnique, XX^ cuaderno. 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 291 

miento permanente del cuerpo hace crecer constantemente la defor- 
mación debida al desplazamiento, se tiene : 

t 
at 

y esto nos enseña que el estado de tensión F tiende liacia un valor 
constante que depende de la velocidad de desplazamiento. 

Á la cantidad Ex^ por la cual hay que multiplicar la velocidad de 
desplazamiento para conseguir la fuerza, Maxwell la llama coeficiente 
de viscosidad, igual al producto de un coeficiente de elasticidad E i)or 
un tiempo C, y á éste le da el nombre de tiempo de relajación ó dura- 
ción del relajamiento de la fuerza elástica. En los fluidos perfectamen- 
te móviles, C representa una fracción muy pequeña de segundo, y, en 
este caso, es muy difícil determinar el coeficiente E experimental- 
mente. Pero en los fluidos viscosos, C puede tener valores que ascien- 
den á horas y hasta días, de tal modo que, entonces, B puede ser me- 
dido con la mayor facilidad. 

Después Maxwell aplica á los gases los datos anteriores y primero 
admite que, en estos fluidos compuestos de moléculas en movimiento, 
hay también cierta resistencia á los cambios de forma, resistencia 
que llama elasticidad lineal ó rigidez del gas. Pero esta resistencia 
desaparece del todo ó al menos disminuye con una velocidad que de- 
pende de la magnitud de la fuerza y de la naturaleza del gas. 

Maxwell trata después de medir la elasticidad debida á una dilata- 
ción instantánea del gas, y para ello considera el coeficiente E como 
igual á la presión jj; así se puede escribir : 

C = I (li) 

siendo P el coeficiente de frotamiento. En esta forma es j)osible cal- 
cular el valor de S para el aire á la presión atmosférica; se encuen- 
tra : 

'b = 2.10-1" segundos (15) 

y valores del mismo orden para los demás gases. 

Observaré que la explicación de Maxwell toma mayor precisión 
con la teoría cinética. 

En efecto, la presión es debida á los choques contra la pared, y los 
choques mutuos de las moléculas la uniforman en todas direcciones 



292 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

haciéndola isótropa. Ahora bien, si se prescinde de estos choques, 
suponiendo que el ambiente se dilata instantáneamente en una di- 
rección dada, mientras se contrae en las otras dos rectangulares con 
la primera, sin cambio en el volumen^ la distribución isótropa y pri- 
mitiva de las velocidades se convertirá en ana distribución elipsoi- 
dal, los cosenos directores a, ^, y, tomando los valores: 

^'^^(1 +13, + e) (16) 

Y' = .(l + D3 + s)/ 

con la condición siguiente que expresa que x' , ¡i ', y' son los cosinus 
directores de una recta : 

■/-B, -t- ¡i^D, + Y^Dg + z = i) (17) 

y también con la condición de conservación del volumen: 

D^ + D, + D3 = 0. (18) 

Por otra parte, una molécula de masa m, cuya velocidad tiene u 
por componente según el eje de las x^ ejerce sobre una pared normal 
á este eje un impulso igual á 2 onn, á la época del choque que invierte 
las velocidades. Las moléculas de esta clase que vienen á chocar con 
una superficie 7 de la pared durante un instante dty se encuentran al 
princii^io en un cilindro que tiene 7 por base y udt i)or altura, sien- 
do Gudt el volumen. 

Si n es el número de las moléculas contenidas en la unidad de vo- 
lumen, el número de las moléculas contenidas en el cilindro será : 

ñau dt 

y el impulso total verificado por ellas durante el mismo tiempo dt 
será : 

2nmu- dt 
ó por lo general 

S Imii'- dt 

la suma ü habiendo de comprender á todas aquellas moléculas. 
Pero, en el caso presente, se tiene antes de la deformación : 

u = aV ) 

(19) 
3: 2ma-V-=p ^ 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 293 

y, en seguida después, si la velocidad de agitación V no ha cambiado 



n=x'Y ] 

S '2mx- (1 + 2D, + 2i) V- =.p + ^p) 
de donde 

ij) = 2D j; — ^ámoL- (a-D, + ¡^^D, + 7^03) V- 

op = 2B,p _ ^ D,i9 - ? (D, + ^s)P 
y, si se tiene en cuenta la condición D^ + D, + D3 = O : 



cp =2D^i) — í D^i? - p (D, 4- I>, + ^s)P 
O o 



^p = 2pT>, { 1 — ^^ = 2pT>, ^=1, 2pJ), 



(20) 



(21) 



(22) 



Resulta, pues, que la auisotropía en la distribución de las velocida- 
des, debida á la dilatación instantánea, desaparece muy pronto bajo 
la influencia de los choques mutuos. 



III 



teoría actual de la viscosidad en los gases 

Si queremos darnos cuenta del estado actual de nuestros conoci- 
mientos con respecto á la viscosidad en los gases, siendo éstos aún 
poco satisfactorios, hemos de fundar nuestro examen en la teoría ci- 
nética. 

Consideremos, pues, una masa gaseosa ; si se tiene en cuenta la 
agitación molecular, los intercambios de materias entre dos capas 
vecinas se acompañan de mi transporte de cantidad de movimiento 
desde la capa en que el movimiento es más rápido hacia la en que el 
movimiento resulta más lento. Si imaginamos una superficie de sepa- 
ración arbitraria entre dos porciones A y B de un Huido en estado de 



294 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

agitación, la parte A recibe por cada elemento de esta superficie un 
exceso positivo ó negativo de cantidad de movimiento en una direc- 
ción definida. Pero aquel exceso se puede calcular directamente siem- 
pre que no se abandone el terreno estrictamente cinético; por otra 
parte es posible calcularlo por la consideración de las fuerzas capa- 
ces de originarlo sin intercambio de materia, conforme al lenguaje 
usado en hidrodinámica que prescinde toda hipótesis acerca de la 
esencia de los fenómenos. 

Adoptado este último método, las componentes normal y tangen- 
cial de las fuerzas de viscosidad por unidad de superficie serían igua- 
les á las correspondientes del exceso de cantidad de movimiento, que 
atraviesa la misma unidad de superficie durante la unidad de tiempo. 
Si, al contrario, se elije el método meramente cinético, el carácter 
particular délas teorías moleculares consiste más bien en establecer 
una relación entre la viscosidad, las dimensiones de las moléculas y 
la agitación, ó sea la temperatura. 

Consideremos, pues, auna molécula en movimiento entre las demás 
que supondremos inmóviles, é imaginemos un pequeño cilindro cuyo 
eje sea paralelo á la velocidad de la molécula considerada, su base 
siendo circular y el radio igual al diámetro 2R de la molécula. Pro- 
longuemos el cilindro hasta que el centro de una molécula fija se 
halle dentro del mismo ; la molécula móvil se puede desplazar hasta 
allí ; pero, tan pronto como la esfera de radio 2R alcanza á la molé- 
cula fija, se verifica un choque y la molécula experimenta una des- 
viación. 

Por otra parte, es dable seguirla en su nueva dirección hasta que 
se verifique otro choque, y así sucesivamente. Si el camino recorri- 
do es largo, la molécula experimentará un número de choques igual 
al de los centros de moléculas fijas contenidos en el canal, de eje en 
forma de línea quebrada, y de sección 7:(2R)-, durante el mismo tra- 
yecto. 

Ahora bien, si la densidad es muy pequeña, el volumen de dicho 
canal es sensiblemente igual al producto de su sección recta por su 
longitud L, ó sea -L(2R)-, y ha de contener ÍÍ.7:L(2R)- centros de 
moléculas, siendo ^N el número de las moléculas por unidad de volu- 
men. Resulta que : 

W = K::L(2R)- 

representa el número de los choques experimentados por la molécula 
móvil durante su trayecto total L. 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 295 

Si A designa el cociente de L por el número de choques, represen- 
tará también el trayecto libre medio de la molécula móvil, y se tendrá: 

'^ N47:K-L 4t:NR-* ^^''' 

Sería equivalente decir que a es la longitud del canal que contiene 
un número medio de moléculas igual á uno. 

Si se representa por L el camino medio, recorrido durante un se- 
gundo por la molécula móvil, ó sea la velocidad media Q, se tendrá el 
número n de choques por segundo de aquella molécula con las demás 
fijas, y si se substituye en íí-L(2R)" L por Q, resultará: 

71 = 4ÍÍTrR-Q. (24) 

Supongamos ahora que todas las moléculas están en movimiento; 
según los principios que rigen el cálculo de las probabilidades, se sa- 
be que las varias cantidades anteriores habrían de ser multiplicadas 
por ciertos coeficientes que son, por lo general, poco diferentes de la 
unidad; prescindiré de ellos para simplificar. 

Aprovechando la fórmula (24) se tendrá el número de los choques 
mutuos por segundo de todas las moléculas contenidas en la unidad 

de volumen, si se multiplica el segundo miembro por — de modo que 

se tenga así sólo una vez cada choque de dos moléculas la una con la 
otra, ó sea : 

n = 1 X-4-R'2Q. (25) 

Por otra parte, la velocidad Q se puede calcular mediante la com- 
paración de la ley de compresibilidad experimental con la que sumi- 
nistra la teoría cinética. 

Según la primera ley, la presión 2^ está dada por la relación : 



y, según la otra, 



de donde 





p: 


Po 


) 




P 


1 

~3^' 


OJ 


0^ 




3p 


3p, 



(26) 



(27) 



rr. T (28) 

PoJ-0 



296 anai.es de la sociedad científica argentina 



o _ 



y, si se substituyen los símbolos jij„, p„, T^, por sus valores numéricos 

/T cm. 



Q = 15.800 



\/m 



segundo 



M es la masa molecular del cuerpo, siendo la del Lidrógeno igual 
á 2, y T la temperatura absoluta. 

Veamos aliora cómo la teoría cinética nos lleva á admitir la varia- 
hilidad aparente del diámetro molecular. 

Es sabido que, cuando apareció la teoría cinética, se consideraba 
al diámetro de las esferas moleculares como rigurosamente fijado por 
la naturaleza química, y del todo independiente del estado físico del 
cuerpo. 

Pero, siesta hipótesis era ya muy sencilla para adaptarse al estado 
sólido ó al estado tiiiido cerca del estado crítico, resultaba aún me- 
nos admisible cuando se trataba de aplicarla á los fenómenos de di- 
fusión, que dependen únicamente del trayecto libre. 

Volvamos, pues, á las acciones á distancia: el estado sólido nos 
revela la existencia de repulsiones muy intensas y rápidamente va- 
riables á partir de cierta distancia. Según la fuerza viva que les co- 
rresponde, dos moléculas se acercan más ó menos antes de separarse, 
y la distancia mínima resulta tanto más pequeña cuanto más grande 
la fuerza viva. Para un valor dado de ésta, el dominio impenetrable 
tendrá una forma y magnitud del todo definidas por la ley de repul- 
sión, lo que permite caracterizarlo por un solo parámetro función de 
la fuerza viva : por ejemplo, por la distancia mínima en el caso del 
choque directo. 

Si se admite que la repulsión es proporcional á r~", la distancia 



mínima resulta proporcional á ü « - ^ ó bien á T " - \ por ser el cua- 
drado de la velocidad proporcional á la temperatura absoluta T. 

Observaré que este raciocinio, debido á Maxwell y aplicado por 
Meyer, no se encontró confirmado por los resultados experimentales, 
lo que significa que el concepto quedaba aún muy sencillo. 

En efecto, un exponente n no conviene sino á un intervalo relativa- 
mente pequeño de temperatura. Había, pues, de suponer la ley de re- 
pulsión más complicada y buscar la variación del exponeute oi en 
función de la temperatura. Pero Sutherland, profesor en Melburna, 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 297 

con una intuición muy acertada, estimó más conveniente volver á los 
fundamentos mismos de la teoría cinética, y, de este modo, consiguió 
una fórmula que responde perfectamente á los datos experimenta- 
les (1). 

Al recordarse que, en la ecuación de estado, las acciones atractivas 
desempeñan un papel transcendental, Sutherland volvió á la hipó- 
tesis de acciones atractivas que se ejercen en un dominio extenso y 
de acciones repulsivas tan intensas, que se pueden representar por 
un choque en una esfera de diámetro constante. 

Ahora bien, en su trayecto relativo, las moléculas pueden actuar 
de dos maneras distintas : pueden pasar á una distancia algo grande 
la una de la otra sin choque, y experimentar una desviación i^or atrac- 
ción según una curva de pequeíja curvatura, ó al contrario acercarse 
bastante la una á la otra para que se verifique una desviación brus- 
ca, un choque que se manifiesta por un ángulo en la trayectoria. En 
el primer caso, el intercambio de las velocidades es pequeño como 
también la desviación; en el segundo, el intercambio de velocidad y 
la desviación son grandes. 

Por otra parte los dos casos están caracterizados por un valor de- 
terminado de la distancia h del centro de una molécula á la asíntota 
de la trayectoria de la otra, siendo este valor el que corresponde al 
caso de dos moléculas que se encuentran como para tener un contac- 
to tangencial la una con la otra. 

Si Ü es la velocidad relativa á una distancia algo grande, se tiene, 
en virtud del principio de las áreas, para la velocidad á la época que 
corresponde á la distancia mínima igual á 2E : 



_ bü 

y el incremento de la fuerza viva es dado por la relación 
mQ~ h'- mQ- wQ" / h- 



(29) 



2 4E- 2 2 \4E- 



- 1 • (30) 



Este incremento, -por otra parte, es igual al trabajo A que se ha de 
efectuar x)ara traer la molécula desde el infinito hasta la distancia 
fija 2E, y se tiene: 



(1) Véase la memoria de Sutherlaud publicada en el Philosop. Magazine, quin- 
ta serie, tomo XXXVI, 1898, página 507. 



298 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

niQ- í 6- 



4R^ 
de donde 



1 ) = A (31) 



/ A ^ 

' mÜ- (32) 



relación que se puede escribir 



O 



\ 



Z>-^ = 4E^ ( 1 + - j (33) 



SI se pone 

C _ J^ 
T ~ mOJ 



por ser la ñierza viva proporcional á la temperatura absoluta, resul- 
tando así C tina constante característica de la molécula. 

Encarado el problema de este modo, sólo el trabajo total A de las 
fuerzas de atracción ha de tenerse en cuenta cuando los trayectos li- 
bres quedan grandes respecto al dominio de atracción molecular; en 
cuanto á h, se convierte en un parámetro que define la naturaleza del 
encuentro de dos moléculas y puede substituir á 2E para definir un tra- 
yecto libre, ó sea, sin choque, pero con el riesgo de unas desviaciones. 
En estas condiciones el trayecto libre \ se i)uede expresar por la 
relación : 

siendo a tanto mayor, á densidad igual, cuanto más elevada resulte 
la temj)eratura, lo que corresponde bien al sentido de los fenómenos. 
Observaré, por otra parte, que el acuerdo que se manifiesta entre la 
fórmula (34) y las experiencias realizadas acerca de la difusión y vis- 
cosidad de los gases, es mucho mejor de lo que se podía esperar en 
razón de la falta de rigor del raciocinio. El profesor Langevin lo puso 
en evidencia en una memoria sobre la difusión de la materia (1), en 
que admite una ley de atracción r~ ^. 

(1) Sur un théoreme important de la cinétique des gaz (Aúnales de Chimie Physi- 
que, 1905). 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 299 

Siitlierlaiid, en varias memorias dedicadas á las leyes de atracción 
molecular (1), exteriorizó su preferencia á favor de una atracción pro- 
porcional á r~ ^, que parece coordenar de un modo satisfactorio las 
tensiones sui^erfíciales. 

Según un cuadro de experiencias debido al mismo sabio, si la ley 
de acción entre las moléculas tiene por expresión : 

o 2 



y la entre moléculas de otro gas 

Q 2 

la ley de atracción entre una molécula del primero y otra del segundo 
resulta 

3 a, a, 

pero los coeficientes a están ligados de un modo poco definible con la. 
constitución química de la molécula. 

Podemos ahora volver á considerar la viscosidad. Para ello, imagi- 
nemos un movimiento lento de translación del gas, y llamemos U á 
la velocidad de conjunto. Ésta crece proporcionalmente á la distan- 
cia z normal á una superficie ; tomemos uno de los elementos de esta 
superficie paralelo á U y consideremos los intercambios de cantidad 
de movimiento á través de dicho elemento normal á z. 

Las moléculas que lo atraviesan llegan de todas las direcciones y 
distancias; pero, si se considera á los fenómenos medios, se puede de-* 
cir que las que proceden de un mismo lado vienen de un hemisferio 
de radio k, y traen todas el mismo exceso de velocidad de conjunto 
que traerían si hubieran experimentado el último choque en aquel 
hemisferio. Cada una atraviesa oblicuamente el elemento de superfi- 
cie con su velocidad Q de agitación media. 

En resumidas cuentas, el promedio es lo que sería si se considera- 
se las moléculas del gas como distriljuídas en seis grupos iguales de 
movimientos rectanguhires y opuestos dos á dos. Pero uno solo de 
estos grupos atraviesa normalmente el elemento de superficie y, por 
consiguiente, ha experimentado su último choque á la distancia nor- 
mal A. 

(1) PhilosopMcal Magazine, tomos XLII, XLIII, XLIV (1896-1897). 



300 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

En cuanto al grupo que atraviesa al elemento desde abajo por 
arriba, quita á la parte inferior del uas una cantidad de movimiento 
que tiene por expresión : 

por unidad de tiempo y de superficie. El gruijo igual opuesto á ésta 
le trae : 

1 ..^ ^u 

- NQXm -— (36) , 

o ílz 

y en resumen todo se verifica como si la cantidad de movimiento 

fuese transportada en el sentido de las s positivas por unidad de 
tiempo y de superficie. 

Según la definición del coeficiente de frotamiento 6, más hieu, de des- 
lizamiento [X, éste es igual á aquella cantidad de movimiento tomada 

d\J 
de signo contrario y dividida por la derivada — - « y se tiene : 

dz 

•x = I ^mÜX (38) 

y, por ser el producto ^m igual á la densidad p, resulta por último : 

-. = I püX • (39) 

Ya alcanzado el resultado anterior, podríamos determinar la forma 
general de las acciones de viscosidad mediante la ai)licación á las 
cantidades de movimiento del teorema célebre del tetraedro y de las 
ecuaciones de Lame y Caucliy. 

Bastaría admitir que la variación de la velocidad de conjunto U 
permanece sensibleuiente uniforme en una extensión suficientemente 
mayor que el trayecto medio a para una densidad dada p del gas con- 
siderado. 

El carácter general del trayecto libre en los gases consiste en va- 
riar en razón inversa del número N, ó sea de la densidad p para un 
gas considerado. Ahora bien, el producto p a no depende sino de la 
temperatura, imes la ley de acción mutua de dos moléculas está defl- 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 301 

nida únicamente por éstas y no depende de la presencia de las demás 
más lejanas. De esto resulta que la viscosidad no puede depender sino 
de la temperatura, quedando independiente de la densidad. 

Según Sutherland, con una molécula esférica atractiva, se tiene 
para la viscosidad á una temi^eratura dada : 



m 



Q 



' 3 4^E;^ ^A (40) 

"^ míy" 

2Eo siendo el diámetro real de la molécula, y A el trabajo efectuado 
cuando se trae la molécula desde el infinito hasta la distancia fija 2R. 
Si varía la temperatura, hay que multiplicar el segundo miembro 
de (-iü) por el factor : 

T2 (41) 



T + C 



que, por lo tanto, exj)resa la ley de la temi^eratura. 

Esta ley de Sutherland ha resultado hasta ahora la única conforme 
con las experiencias más precisas y extensas ; ha sido comiírobada 
entre O y 573 grados absolutos. 

El gran físico inglés aj)licó también su teoría á las mezclas, y mos- 
tró cómo explica el hecho extrafio, señalado por Graham y confirmado 
por varios experimentadores, de que la viscosidad de una mezcla de 
hidrógeno y anhídrido carbónico, ó, más bien, de hidrógeno y etileno, 
pasa por un máximo que corresi^onde á i)roporciones definidas de la 
mezcla, 

Marcel Brillouin, en una memoria que i^resentó el 18 de enero de 
1907 ái la iSociété de Physique de F ranee, puso de manifiesto cómo, to- 
mando por base ciertas consideraciones sacadas de la teoría cinética, 
se puede determinar las dimensiones moleculares. Para ello es preci- 
so definir en grados centígrados á la constante C que figura en el fac- 
tor (41), lo que permite determinar á 2Ro. 

De este trabajo resulta que el diámetro impenetrable 2Ro varía mu- 
cho menos de un gas á otro que el diámetro aparente 2R. Resulta 
también con evidencia que 2Rq no depende del peso molecular. En 
efecto, el nitrógeno, el óxido de carbono y el etileno, que figuran en 
el cuadro de experiencias de Brillouin y son del mismo ])eso molecu- 
lar 28, tienen por diámetros impenetrables 2R(,: 



302 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Nitr<>geuo 244 . 10" i" 

Óxido de carbono 251 . 10" i» 

Etileno 288 . 10" i» 

Se ve claramente que el diámetro 2E(, crece con la complejidad de 
la molécula, pero sin que se desprenda ley muy clara al respecto. 

Por otra parte, si se comparan los diámetros impenetrables del óxi- 
do de carbono (2 51.10" "') y del anhidrido carbónico (259.10"^"), re- 
sulta que la diferencia entre los dos volúmenes correspondientes im- 
penetrables es mucho menor que el volumen impenetrable del átomo 
de oxígeno. 

Se deduce de esto que los volúmenes no gozan de las jjropiedades 
aditivas que los químicos tienen la tendencia de admitir por comj)a- 
ración y analogía con los volúmenes materiales. Están definidos por 
condiciones dinámicas, y no son impenetrables sino para moléculas 
completas y lentas. Luego se puede admitir, conforme á las experien- 
cias de Jean Perrin, que la materia constitutiva de las moléculas está 
condensada en la parte central de los dominios impenetrables, siendo 
las acciones que se ejercen, cuando se ponen en contacto, resultantes 
de acciones atómicas lejanas. 



IV 



TENTATIVA DE MARCEL BEILLOUIN PARA FUNDAR UNA LEY 
DE ATRACCIÓN MOLECULAR 

En la comunicación hecha por él á la Soeiété Physique de France, 
de que hablé más arriba, Brillouin trató de encontrar cómo se rela- 
cionaba la ley de las acciones moleculares con la de la gravitación 
universal. 

Esta es, en efecto, una cuestión de que no pueden prescindir los 
físicos y respecto á la cual los fenómenos objetos de la experiencia, 
hay que confesarlo, no dan en su mayor parte sino datos é informes 
muy confusos. 

Sin embargo, es evidente que, si existe una ley universal de acción 
entre átomos cualesquiera aplicable á las distancias moleculares, ó 
isótropa al menos en cuanto á los efectos medios, la función univer- 
sal f(r) de la distancia no tiene por coeficiente, como la de Newton, el 



APLICACIONES PE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 303 

producto de las onasas atómicas. El factor característico de dos átomos 
que actúan el uno sobre el otro lia de depender de otra cosa, y por 
esto tenemos que buscar lógicamente si resulta de la fórmula : 

siendo Ki y K, los coeficientes característicos de cada uno de los dos 
átomos. 

Brillouin confiesa que esta cuestión no se puede aún resolver de 
un modo seguro, en vista de que son insuficientes los datos experi- 
mentales ; pero trata, sin embargo, de bosquejar el procedimiento del 
cual se puedan valer los físicos para resolver el problema. 

Para aislar los dos factores del producto KiK^, lo que equivale á 
tener una idea de la ley de distancia, se puede recurrir á las curvas 
experimentales de Graham acerca de la viscosidad ó de Obermayer 
respecto ala difusión. De ellas es i^osible sacar los valores del coefi- 
ciente 0,2, ó sea del coeficiente C de Sutberland en el caso de una 
mezcla de dos gases diferentes, y también, del cuadro de exi^eriencias 
á que me referí más arriba, es dable deducir los valores de (Ri + Ro), 
ó sea, de los radios aparentes de las dos moléculas de gases mez- 
clados. 

La curva que de allí se saca está referida al logaritmo de Ci,, sien- 
do (Ri + Ro) la abscisa. Ahora bien, si se escribe : 

se obtiene la relación 

log C,, = log K, + log K, 4- log/(r,,) (42) 

siendo /fr^,) una función desconocida de la distancia de las dos molé- 
culas de gases distintos. 

De este modo, se tiene para definir las coordenadas de cada punto 
de la curva : 

Ri + K, (43) 



X 



12 



í/i2 - log C,, = log K, + K, + log/(>-„) (44) 

no Iludiendo ser aceptada la última relación sin algunas restricciones 
con respecto al origen de las distancias en cada caso particular. 

Por otra parte, se tendrá para cada uno de los gases respectiva- 
mente : 

y,, = log C,, = 2 log K, + log/(ri,) (45) 



304 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y,, = loo' C,, = 2 l()o' Jv, + los/('%o) (4(i) 

y también 

Ahora bien, podemos eliminar á los logaritmos de las K entre las 
relaciones (44), (45) y (40), y tendremos, después de mnltiplicar por 2 
á la primera y restarla de la suma de las otras dos : 

^11 + Vi, — -!/x2 = l08'/('".i) + l<>g/('-22) — 2 lo8-/(>\,) (48) 
de donde 

I o 1 /('"ii) •./('■•'■O 

Ó bien con cierta aproximación 

r,, — >\,Y dr ^-'^ ^ (49) 



Si se compone el primer miembro de (49) por medio de varios pa- 
res de moléculas, liay que esperar cierta regularidad en los resul- 
tados. 

Pero no resulta nada de esto y la falta de certeza en cuanto á C^^ 

permanece aún muy grande, pues corresponde á - ó al menos á — 

del valor, de tal modo que ni el signo del i^rimer miembro de (49) es- 
tá seguro, sobre todo si se trata de mezclas que contienen bidrógeno. 
Por otra parte queda también muy poco cierto el denominador, ó sea 
la diferencia fr.„ — )\y). 

Á pesar de estas incertidumbres, Brillouin consiguió establecer 
un cuadro bastante satisfactorio de los resultados, en que los valo- 
res del segundo miembro de la relación (49) varían con rj, de un mo- 
do bastante regular, como para animar al sabio á tomar un campo 
más amplio para sus experiencias, pues ya no parece imposible al- 
canzar á una ley de acción molecular universal. 

Pero, para ello, era preciso tratar de determinar los coeficientes 
atómicos Kj, K, ó al menos las relaciones de éstos con uno de ellos 
tomado por unidad, lo que equivalía á buscar las diferencias de sus 
logaritmos. Por desgracia éstas no se pueden aislar, pues se tiene: 

yii — yn = ^ log ^2 — - log- Ki + iog/(r,2) — it)8-/('-n) {^^) 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 305 

y el cuadro de los resultados de Brillouin da á conocer la derivada 
segunda : 

sin suministrarnos ninguna indicación respecto á la derivada prime- 
ra en un punto fijo tomado por origen, lo que signiñca que, en la re- 
lación de las K con una de ellas tomada por unidad, subsiste un fac- 
tor indeterminado. 

Sin embargo, con datos de mayor precisión, se podría eliminar la 
indeterminación si se admitiera, conforme á los principios generales 
de la mecánica, que la acción de una molécula es la resultante de las 
acciones de sus átomos ; pues, de este modo, el coeficiente K de una 
molécula sería la suma de los de sus átomos componentes. 

En estas condiciones, Brillouin tomó por unidad el coeficiente K,, 
del oxígeno, y pudo comprobar que los valores : 

Ko = 1, Kn = 0,9, Kc = 0,70 

que dan por adición 

Ko. = 2, Kj,. = 1,8, K,vo. = 2,9, Kco = l,T, Kco. = 2,7 

agrupan de una manera satisfactoria á todos los valores de los co- 
cientes : 

KjK, 

alrededor de una recta trazada por el punto O (oxígeno) en la figura 
aludida que está referida á la abscisa (Ei + R^) y á la ordenada log. 
C',0, lo que equivale á decir que estos valores determinan cierta cur- 
va. Si la consideramos como bien definida, estamos inducidos á adop- 
tar para el etileno cierto punto del plano que da : 

^c'H* = 2,6 
y por diferencia 

Kh = 0,3. 

De este modo el andar de la curva ya aparece aceptable y agrupa 
los puntos observados de una manera bastante satisfactoria. 

Por otra parte, pone de manifiesto otro carácter suficientemente 

cierto, pues resulta de todos los valores de las K así obtenidos la di- 

C 
minución del trabajo ' ; cuando crece la distancia. 

i V y XV .y 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVII 20 



306 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

V 

CONSECUENCIAS DE LA HIPÓTESIS 

Si se quiere resumir los resultados anteriores, se desprenden de 
ellos conclusiones bastante probables que inducen á Brillouin á enun- 
ciar, al menos provisoriamente, las propiedades siguientes : 

« 

I'' Existe una ley universal de atracción entre átomos á las dis- 
tancias moleculares; la derivada segunda del logaritmo de la cons- 
tante C de Sutlierland con respecto á la distancia r es muy pequeña y 
decreciente ; por otra parte, diclia constante es igual y de signo con- 
trario á la energía mutua de dos moléculas en contacto medida en gra- 
dos centígrados ; 

2^ El coeficiente de la ley universal de atracción es igual al pro- 
ducto de los factores Kj, K., que dependen cada uno de una sola mo- 
lécula ; 

3* El factor K que corresponde á cada molécula es la suma de los 
factores deljidos á cada uno de los átomos componentes; 

4^ Estos factores son mucho menos diferentes el uno del otro que 
los pesos atómicos y no dependen de ningiin modo de éstos. 

Hemos de confesar, con el mismo Brillouin, que las conclusiones 
anteriores resultan aún muy incompletas y apenas si pueden en- 
senarnos el camino para nuevas investigaciones. Sin embargo, ex- 
presan resultados que sólo la medida de la viscosidad y difusión 
nos permite alcanzar en el estado actual de la ciencia, y por esto 
mismo estamos autorizados á concederles una importancia teórica 
excepcional. Esta importancia, al contrario, no pertenece ni mucho 
menos á todas las tentativas de explicación a priori fundadas en una 
ley hipotética elegida arbitrariamente de las acciones á distancia 
proporcionales á r~^, r~'^, r~'\ etc., que nos dieron en estos últimos 
años los físicoquímicos, mediante conceptos que no resultan ni senci- 
llos ni claros y dejan al espíritu del lector como ahogado en medio 
de tantos raciocinios que se entrecruzan y no son en su mayor parte 
sino peticiones de principio más ó menos disfrazadas. 

Ahora bien, con las conclusiones que anteceden respecto á una de 
flnición provisoria de la ley universal de atracción atómica á las dis- 
tancias moleculares ¿qué se puede anticipar en cuanto á las fuerzas 
de afinidad nuímica'? 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 307 

Lógicamente hemos de admitii' que estas acciones obedecen á la 
misma ley molecular, y tomar por base la fórmula de Sutberland que 
deñne el coeficiente de deslizamiento ¡j, en función de la temperatura 
absoluta : 

3 



m 



Q T^ 



3 4-Eo- -, , 2A T + O (51) 



míl- 

Á partir de la distancia fija 2Rq, se puede admitir que las fuerzas 
químicas empiezan á actuar. Si se designa por 'b el potencial químico 
que resulta de las acciones mutuas de las dos moléculas, se tiene por 
las tres componentes de la resultante de las fuerzas químicas F se- 
gún los tres ejes: 

X = *> \ 
dx 

dz I 

atribuyéndose el signo + á las acciones atractivas. Por otra parte, 
F = f(r) ha de ser proporcional también al producto K^ K,, en que 
los factores K,, K.^ son muy diferentes de las masas moleculares y 
también de los pesos atómicos. El potencial químico resultaría tam- 
bién proi^orcional á aquel producto, coeficiente universal de la ley de 
atracción á partir del dominio impenetrable. 

Por otra parte, y según la definición adoptada por la mayoría de 
los físicoquímicos, se tiene : 

'h = J\D (53) 

si Jl) designa la afinidad química. 

Por fin el coeficiente de Sutheiiaud C tomado en grados centígra- 
dos es igual á la energía mutua E de dos moléculas tomada con signo 
contrario : 

C = — E 

y si designamos por <^(r) á una función que cr^ce cuando la distan- 
cia r va disminuyendo, se tiene también : 

F = /•(>•) =:. K^K, o{r). (54) 



308 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Por Último conocemos la derivada segunda del logaritmo de C con 
respecto á r^ ó sea : 

— — log B = — log C (55) 

dr- dr- ^ 

X^ero la derivada primera queda desconocida y por consiguiente su 
valor inicial. 

La energía cinética de cada una de las moléculas se puede deducir 
de las velocidades probables de ellas en los confines del dominio im- 
penetrable. 

La cuestión que se plantea consiste en averiguar si, con todos es- 
tos datos, se podría definir el equilibrio químico de un sistema gaseo- 
so en función de la temperatura. El problema se presenta algo difícil, 
pero lo que se impone primero es adoptar una definición clara y pre- 
cisa de lo que se entiende por equilibrio (piímico. 

La opinión de los energetistas al respecto aparece distinta de la 
de los mecanistas, y esto resulta del trabajo de Dnhem que analicé 
en un artículo anterior (1). Ahora bien, faltando una definición pre- 
cisa, sería imposible el problema del equilibrio. 

Me i^arece que liemos de levantar una barrera insalvable entre el 
equilibrio meramente físico que se verifica cuando la resultante de 
las fuerzas químicas es nula, por ser éstas idénticamente nulas, y el 
equilibrio que corresponde al caso de la resultante de las fuerzas 
químicas nula, aunque éstas no son nulas, siendo además el potencial 
químico distinto de cero. 

No quiero dar mayor extensión á este artículo, ya muy largo, y, 
por esto, no me propongo encarar aquí el problema más general del 
equilibrio químico en un sistema cuya temperatura es variable. Me 
contentaré con dar una indicación general, capaz sin embargo de re- 
velarnos el sentido de los fenómenos en una forma esquemática, res- 
pecto á un sistema gaseoso isotérmico, compuesto de dos clases de 
moléculas diferentes que pueden formar moléculas mixtas. Admitiré, 
además, que cada una de las moléculas restantes puede á su vez ori- 
ginar la disociación cuando se verifica un choque entre una de ellas 
y una molécula mixta. 



(1) Las derivadas segundas con respecto al tiempo en la cinética química (Anales 
de la Soc. cieutíf. argeutina, t. LXXVII, p. 165). 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 309 



VI 



EL PROBLEMA CINÉTICO DE LOS EQUILIBRIOS QUÍMICOS 
CONSIDERADO EN UNA FORMA ESQUEMÁTICA 

Para que se verifique uu equilibrio químico, es menester que las 
fuerzas químicas no se pongan idénticamente nulas, siendo sin em- 
bargo la resultante ó las sumas de los componentes de las fuerzas 
según los tres ejes iguales á cero: 




(56) 



¿Cuál es el estado del sistema desde la época en que, de las dos 
clases de moléculas, hay 21^^, combinadas y (IST, + íí",) restantes?' 

Imaginemos un sistema en que se pueda considerar hipotéticamen- 
te tres clases de acciones químicas que se manifiestan á la distancia 
2Ei(, de los dominios físicamente impenetrables : 1*^ las que se ejercen 
entre dos de las moléculas distintas Mi, Ma que llegan á aquella dis- 
tancia la una de la otra en virtud de las leyes del azar ; las designaré 
por el símbolo F,,_, pues sirven para formar las moléculas mixtas M,,; 
2^ y 3^ las que se ejercen entre las moléculas restantes M^, M^ por 
una parte y las moléculas M^, por la otra; tienden á reponer las co- 
sas en el estado primitivo, ó sea, á reconstituir por disociación á las 
moléculas Mi, Mo ; serán las fuerzas F,, ^., y F^, ,,. 

Se tendrá por la resultante de todas estas fuerzas : 

SF = SFi, -:í]Fi.i,-Z:F,,i, (57) 

las direcciones de ellas quedando indiferentes porque se ejercen to- 
das del mismo modo, tan pronto como las superficies impenetrables 
se ponen en contacto. 

En el equilibrio químico, sólo intervienen,, como ya lo observé, las 
fuerzas ó atracciones químicas, mientras no es así para las ecuacio- 
nes del movimiento del sistema en que todas las fuerzas se han de 
tener en cuenta. 

Las acciones químicas son dadas por la relación : 



310 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

F^, = K,K, 9(r) (58) 

siendo K, y K. los coetícientes inoleciilarcs deíinidos más arriba que 
couvieneu á las acciones entre las moléculas M^ y M.,. 

En cuanto á las que se ejercen entre las moléculas Mj„ y las res- 
tantes M,, M., respectivamente, se tiene: 

F,.,,= IviK,,o(r) 

F^, ,, = K2K1., o{r) 

Ahora bien, ¿ cuál es la función o(r) ? Sea lo que sea, su forma no 
presenta interés en el problema actual, como vamos á verlo. 

Según la fórmula (49), el número Ui-, de los choques en un segundo 
entre las Ni moléculas M^ y las ÍÍ2 moléculas M. es por unidad de 
volumen : 

y durante el instante dt 

%,, = -N,N, 4-Ro^Vf?í. (59) 

Del mismo modo, el número de los choques, durante el mismo ins- 
tante, entre las moléculas Mi y las IST^o moléculas M12 tiene por ex- 
presión : 

n,,,, = l-:^,-N,,i--B,~Y df (60) 

y por último el número de los choques entre las moléculas M. y las 
M,2 es igual á : 

n^ ,2 = 1 NoNi., 4^R,;'V dt (61) 

siempre que se admita el diámetro invariable 2R^ igual en las tres cla- 
ses de moléculas, lo que indudablemente no es cierto, y además que 
se desprecie como relativamente muy pequeño el número de los cho- 
ques simultáneos de una molécula M12 con una Mi y otra M2. 

Observaremos ahora que, si N es el número total primitivo de las 
moléculas, antes de toda combinación, se tiene á cada época cual- 
quiera : 

K = N, + ín\, + 2N,2 (62) 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 311 

En estas condiciones, la ecuación del equilibrio resultará 

líF = ::: {¥,, — F,,,, — F.. 1,,) = O 

si se atribuye el signo + á las fuerzas de combinación y el signo — 
á las de disociación, 

Pero la suma ^F^., es igual á F12 multiplicada por el número Wj, de 
los choques; del mismo modo, las sumas ÜFi 12 ■> -'F2_i2 se obtienen mul- 
tii)licando F^ j, y Fj 12 respectivamente por %,i2y %, 127 tle donde: 

2F,,i2 = I ^,^,. irEo^y . K^K,, . ?(r) dt ; (63) 

; ■ ' \ 

SF2,i2 -- 7^ ^.;^,, 47:E,-Y . K.K^, . <o{r) dt 

que da para la ecuación del equilibrio : 

2::R;^V o{r) [K.K.N^N, — K^K,,ííjís\, — K.K^.K.lí^ J dt = O (G4) 

Si las varias fuerzas químicas ftieran poco diferentes en cuanto á 
la intensidad, lo que no es cierto, se podría escribir: 

Is-.K, — K.ií,, — X,ÍN\, = O (65) 

lo que equivaldría á considerar los coeficientes Kj, K^, Kjo como muy 
poco diferentes de la unidad. 

Es indudable que esta hipótesis viene en contra de los mismos 
fundamentos de la teoría ; sin embargo, podemos admitirla, siempre 
que no busquemos sino una indicación general respecto al sentido de 
los fenómenos, una explicación simplificada y esqiiemática del equi- 
librio. 

Oe la relación (65) se deduce sucesivamente: 

y de (62) 

X, + N, = N — 2N,, (66) 

y substituyendo en la anterior 



312 ANALES DE JLA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de donde 

2N,,- — NNj, + X,^% = ü (67) 

y resultii i)or últijiio (1) 



^1^ = 1 {^^) 

Se ve que si se tiene 

hay dos soluciones que corresponden cada una á un equilibrio para 

una temi^eratura dada. 

Cuando el producto de los números de las moléculas restantes es 

. N- 
igual á -t;-- no hay sino un equilibrio solo posible. 

b 

Si aquel producto se pone mayor que la misma cantidad, no se 
puede verificar ningún equilibrio. 

(1) Se podría tomar, como aplicacióu de esta detíuición esquemática del equili- 
brio químico, el ejemplo clásico del óxido de carbouo, oxígeno, y auhidrido car- 
bónico, formando una mezcla gaseosa en condiciones constantes de presión y tem- 
peratura dada. En este caso hay que considerar tres clases de acciones químicas 
que se ejercen todas a la distancia 2Ro diámetro de los dominios físicamente 
impenetrables : 

1^ Las que se ejercen entre las moléculas Mo y McO) q^e las leyes del azar 
traen á aquella distancia la una de la otra ; son las acciones Fq, co q^ie sirven 
para formar las moléculas Mco^ ; 

2^ Las que se ejercen entre las moléculas restantes Mq y las moléculas Meo- ; 
son las acciones Fq, co** que tienden á formar las moléculas Mo'-' y á reconstituir 
las Meo ; 

3^ Las que actúan entre dos átomos de oxígeno jiara formar una molécula Mq'- 

Resulta que, mientras se desarrollan las actividades químicas, existen cuatro 
clases de moléculas : 

é 

Mo, Meo, Mco-^ Mo2 
cuyos números son respectivamente : 

No, Neo, Neo', No^ 

siendo N el número total de las moléculas primitivas, de modo que se tiene al 
principio 

N = No + Neo. 
A cada época se tiene también 

N = No + Neo + 2Nco» + No=. 

Ahora bien, si se desigua por Fo, eo, Fo, co-> Fq, o á las acciones químicas que 



APLICACIONES DE LA TEORÍA CINÉTICA DE LOS GASES 313 

Este esquema muy compendiado del fenómeno nos enseña que, al 
princiiiio, ó sea cuando el producto de los números de moléculas restan- 

tes es mayor que — ;-- no puede verificarse ningún equilibrio. 

o 

Cuando el mismo producto disminuye liasta ponerse igual á aquel 
valor, liay un equilibrio bien determinado. 

Por ultimo, desde que XjXo queda más pequeño que — ;- . dos equi- 

b 

líbrios son posibles y corresponden á las dos condiciones : 

; (69) 

De las consideraciones anteriores que, si pueden dar una indica- 
ción respecto al sentido de los fenómenos, distan mucljo de facilitar- 
se ejercen entre O y Cq, O y Cq^ y entre dos átomos de oxígeno respectivamente, 
se tendrá por expresión del eqnilibrio 

SF r= s (Fo, co + Fo, o — FoCo-^) = O 
ó bien 

27rR„'V p(>-) [KoKco NoNco + KqKo Nq^ — KoKco^ NqNco^J = O 

y si las fuerzas químicas se suponen poco diferentes las unas de las c^ras, lo 
que equivale á hacer todos los coeflcieutes K poco distintos de la unidad, se 
tiene 

NqNco + No2 — NqNco^ = O 
de donde : 

N — No — Neo — 2Nco^ 



Nqí — 



2 



Neo 5 = 



N ^ ^ y - No - Neo - 2 Nco^ ^, ^^ 
NoNco H ■ I^oNeo" = O 

2NoNco + N — No — Neo — 2Neo*^ — 2NoNco= = O 

N + 2NoNeo — No - Neo N — Neo + No (2Nco — 1 



2(No + 1) 2(No + 1) 



Se ve que, en este caso, no habría sino un solo equilibrio posible, y la forma 
de la expresión del número de moléculas de anhídrido carbónico formadas pone 
en evidencia que esta posición es oscilante, pues basta, para que la condición no 
se cumpla, una molécula Meo ó Mq en exceso ó en defecto. 



314 ANALES DE T.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nos iiua representación ('xa(;ta de los misinos, se desprende una con- 
secuencia de primera importancia. En efecto, resulta que el equilibrio 
químico no puede ser sino aparente desde el punto de vista mecánico, 
pues, en ninguna é])oca, los números N1N2 y Ni, serán exactamente 
los que satisfacen á las condiciones de equilibrio. Habrá siempre 
unas moléculas en exceso ó defecto respecto al número requerido 
para las combinadas ó las disociadas, lo que significa que el sistema 
oscilará muy poco alrededor de su posición real de equilibrio sin al- 
canzarla nunca. En resumen, las fuerzas químicas no se equilibran en 
el sentido mecánico, sino cuando se ponen idénticamente nulas, lo 
que corresponde al estado de reposo químico y no al equilibrio quími- 
co definido por la mayor parte de los autores. 

Ahora bien, de la misma consecuencia se deduce que no podemos 
aplicar al equilibrio químico el teorema de los trabajos virtuales. 

En efecto, en esta vibración i^erpetua del sistema alrededor de una 
XDOsición de equilibrio aparente, no se puede decir que el trabajo es 
nulo en un desplazamiento virtual del mismo sistema; pues en la 
realidad la resultante total de las fuerzas químicas nunca es nula, y 
los desplazamientos infinitamente i>equeños del sistema alrededor de 
su posición de equilibrio aparente resultan perfectamente reales, co- 
mo también el trabajo resultante de las fuerzas en los mismos despla- 
zamientos. 

Camilo Meyer. 



INTERPRETACIÓN DE LAS REACCIONES 

QUE PCEDEN PRODUCIRSE 

ENTRE LOS CLORUROS DE ORO, PLATINO Y FIERRO 

Y EL GERMEN LATENTE FOTOGEÁFICO RESIDUAL 



Teniendo en cuenta ciertas jiropiedades y analogías que presentan 
estos cloruros, habíamos supuesto que sus acciones serían también 
análogas. Sin embargo, liemos visto ya que el comportamiento de és- 
tos es bien diferente (1). 

El estudio de estas reacciones constituye el objeto de esta memo- 
ria, para cuya mayor claridad trataremos de hacerlo en orden suce- 
sivo. 

ACCIÓN DEL CLORURO DE ORO 

En la memoria anteriormente citada se vio que una solución de clo- 
ruro de oro, al uno por mil, podía desarrollar una placa al gelatino bro- 
muro, si ésta había sido previamente impresionada. Como nuestro fin 
es estudiar la composición del germen latente residual, hemos tratado 
de ijrovocar este mismo desarrollo con la solución de oro en placas im- 
presionadas que hubieren experimentado luego el proceso ordinario de 
fijación : en tales condiciones no se obtuvo la más mínima cantidad 
de oro reducido sobre la imagen latente residual. En cambio, proce- 
diendo al desarrollo con placas tratadas por el método recomendado 
por Lumiére y Seyewetz (2) ha sido posible obtener imágenes comple- 
tas y como si las placas no hubieren exi^erimentado proceso de fijaje 
alguno. 

(1) Anales de la Sociedad científica argentina, tomo LXXVI, página 65 y siguientes. 

(2) Comptes-Eendus, Academie des scienees, 1911, tomo 133, página 102. 



316 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTINA 

Del resumen lieclio de las diversas teorías formuladas para iudajiar 
la naturaleza de la imagen latente, fluye que aquellas que admiten 
una modificación física del lialooenuro ar<íéntico impresionado, al no 
poder explicar la formación del germen latente residual, quedan desde 
luego, á nuestro juicio, descartadas. Ahoi-a bien, para las teorías quí- 
micas, como, por ejemplo, las del perbromuro y oxihaloide,el desarrollo 
al cloruro de oro se presenta como una objeción muy seria, x^ues no es 
posible explicar una reducción de la sal áurica por la acción de com- 
puestos oxidantes. 

La existencia de un perbromuro en una placa al gelatino bromuro 
y la de un percloruro en el caso de una placa al gelatino cloruro, im- 
pedirían el desarrollo al oro, pues este metal, al estado salino, no puede 
reducirse en presencia de clorurantes. Quedan, por consecuencia, en 
l)ie las teorías basadas en la formación de» ciertos compuestos sublia- 
logenados ó en la reducción de éstos basta engendrar plata metálica. 

Estas últimas ijresentan, por lo pronto, la ventaja de explicar satis- 
factoriamente el desarrollo por medio del cloruro de oro. Se sabe que 
algunos autores admiten que la acción directa de la luz sobre el cloruro 
de plata produce un comiKíesto menos lialogenado, insoluble en el hi- 
posulflto de sodio y en el ácido nítrico diluido ; pero las observaciones 
de Davanne y Girard, quienes, por análisis cuidadosos, establecieron 
que no se forman derivados subbalogenados, sino plata metálica, y 
que constataron además que la imagen fijada se disuelve totalmente en 
ácido nítrico al 1/3, basta los recientes trabajos de Weisz, Eeinders, 
Lumiére, Seyewetz, Bancrof, etc., que insensiblemente vienen á con- 
firmar los primeros resultados, llevan á la conclusión de que la plata 
producida por la acción de la luz sobre el cloruro de plata se encuen- 
tra al estado de precipitado muy dividido, metálico ó coloidal, y di- 
suelto en la gelatina ó formando compuestos ó soluciones sólidas con 
el cloruro no alterado. 

lío obstante, los partidarios de la teoría del subbaloide no admiten 
la posibilidad de que la acción luminosa, cuando actúa en mínimo 
grado, pueda reducir el balogenuro sensible basta engendrar plata 
metálica. No desconocen que la teoría de la plata naciente tiene un 
gran valor, cuando se quiere interpretar el desarrollo físico. Estos 
mismos suijonen que, por la. acción del fijador, el subbalogenuro se 
disocia, engendrando plata metálica que permanece en la cubierta ge- 
latinosa, y el correspondiente balogenuro que se disuelve. 

En consecuencia, los gérmenes activos, así denominados por Cba- 
noz, no pueden estar constituidos por un subbalogenuro, desde que 



REACCIONES ENTRE LOS CLORUROS DE ORO, PLATINO Y FIERRO 317 

las snbsales de plata son descompuestas por los disolventes de sus 
balogenuros normales de la siguiente manera : 

2BrAg-, + SS.Ogíía, ^- 2S,03Ka, . S,03Ag, + 2Brís"a + Ag,. 

Llegamos, pues, del estudio de las teorías más importantes emitidas 
acerca de la naturaleza y constitución de la imagen latente, á deducir 
que el germen activo residual viene d estar constituido en última síntesis 
por plata metálica, común ó afectando alguno de sus numerosos estados 
alotrópicos ó el estado coloidal. 

He ahí el por qué de la importancia que hemos dado al estudio en 
particular de la acción de ciertos agentes químicos sobre la imagen latente 
residual. 

Dado el gran número de prosélitos con que cuenta la teoría del 
subhaloide y los valiosos hechos y argumentos que la apoyan, vamos 
á considerar entonces que la imagen latente esté constituida por plata 
ó una subsal de este mismo metal. Se tendría por lo tanto, para el caso 
del cloruro de oro de igual manera explicado, el desarrollo con las si- 
guientes reacciones : 

6Ag + 2CI3AU = 6ClAg + Au, 
3Ag,Cl + 2Cl,,Au = 6ClAg + Au,. 

Pero, como el desarrollo al oro se efectúa con la misma intensidad en 
las placas fijadas ó no, se deduce entonces que el germen latente no 
debe experimentar alteración sensible alguna en su composición química. 
Esto nos indica que la diferencia que creen encontrar los partidarios 
de la teoría del subhaloide entre los constituyentes normales de la 
imagen latente antes y después del fijado, no tiene razón de ser. 

En efecto, el hiposulfito de sodio en solución concentrada, si bien 
ejerce una notable acción destructora sobre la imagen latente, esta 
acción es, en cambio, anulada por completo cuando dicha sal es em- 
pleada en soluciones diluidas. Por lo tanto, no puede, pues, considerar- 
se debida á una diferencia de acción química, si se supone que la mo- 
dificación producida jior la luz es limitada á una pequeñísima cantidad 
de halogenuro presente, y que por más pequeña que fuere la concen- 
tración del baño fijador usado, siempre éste se hallaría en una propor- 
ción infinitamente mayor. 

Aceptando que la plata naciente (metálica) sea el constituyente nor- 
mal de la imagen latente, no podría tampoco explicarse la mencionada 
acción. Empero, si se admitiera la existencia de este metal al estado 
coloidal, entonces podría explicarse esta diferencia de acción en forma 



318 ANALES DE I.A SOCIEDAD CIKNTÍFICA ARGENTINA 

completamente satisfactoria. Recordemos el hecho bastante intere- 
sante de ser este metal, cnando se halla al estado coloidal, inflnenciado 
por solnciones concentradas de liiposulíito de sodio, siendo en cambio 
poco sensible á las soluciones muy diluidas de dicha sal. 

Se sabe, por otra parte, que cuando se quiere virar al oro una copia 
positiva, se recurre á papeles denominados á impresión directa, es de- 
cir, que producen imágenes á base de plata metálica engendrada por 
la luz y que se diferencian por lo tanto con aquellas que contienen 
plata reducida por los reveladores fotográficos (1). Contribuye este 
hecho también á evidenciar que la imagen residual no puede estar 
constituida por plata metálica común. 

Recientemente, estudiando la acción del cloruro de oro sobre diver- 
sos compuestos de platal, y en particular, sobre una solución coloidal 
de este metal, hemos observado una curiosa descomposición : el clo- 
ruro de oro actúa sobre la plata coloidal engendrando por reducción 
cloruro de plata y oro que no precipita (2). Haciendo actuar el cloru- 
ro de oro sobre plata metálica, el oro se precipita sobre esta* lámina, 
líroduciendo al mismo tiempo cloruro de plata. Si se añade amoníaco, 
el cloruro de plata entonces se disuelve y queda el oro en forma de un 
])recipitado negro pulverulento. 

Á nuestro juicio, con éste y todos los hechos estudiados estamos 
ahora en condiciones de poder interpretar en forma clara y concisa el 
proceso íntimo del desarrollo físico al cloruro de oro. 

Admitiendo la naturaleza coloidal del germen activo residual, pue- 
den explicarse las propiedades atractivas que se observan durante el 
proceso ordinario de revelación física. Además encuentra un solidísimo 
apoyo en las interesantes investigaciones de Zsigmondy (3) sobre 
gérmenes amicroscópicos. Este autor denomina así á las partícu- 
las coloidales más pequeñas aun que las que son visibles al ultra- 
microscopio. Y ha podido probar que estas partículas tienen la 
propiedad de provocar el depósito casi instantáneo del oro con- 
tenido en una solución reductora y de uii modo análogo como lo 

(1) Por tal razón cuando se quiere virar una copia al gelatino bromuro, es ne- 
cesario tratar antes la copia por un clorurante y luego exponerla fuertemente á 
la luz. Es en estas condiciones que se hace factible el viraje al oro. 

(2) Luis Guglialmetxi, Acción de la plata coloidal sobre el cloruro de oro y pla- 
tino : nuevo método de obtención de oro coloidal. Anales de la Sociedad Científica Ar- 
gentina, tomo LXXV, páginas 41 y siguientes, 1913. 

(3) Zeits. physik. chim., tomo .56, página 65 ; Btilletin de la Société chimique fran- 
^aise, 1908, página 1031. 



REACCIONES ENXRE LOS CLORUROS DE ORO, PLATINO Y FIERRO 319 

hacen los gérmenes cristalinos en las soluciones sobre sataradas. 

Es por esta causa que las partículas amicroscópicas pasan á ultra- 
microscópicas y luego á microscópicas. Esos gérmenes tienen también 
la curiosa propiedad de precipitar sobre ellos la i)lata de una solución 
de nitrato de plata y un reductor cualquiera, haciéndolo de un modo 
más rápido que si ellos no existieran (1). Como vemos, son acciones 
moleculares que guardan semejanzas muy grandes con las que se ob- 
servan durante el proceso de revelación, las cuales se caracterizan, 
como hemos visto, por fenómenos atractivos enérgicos. Estas expe- 
riencias nos inducen lógicamente á pensar que durante el iiroceso or- 
dinario de revelación física se producen fenómenos atractivos análo- 
gos, que dan por resultado la j)recipitación de la plata, disuelta en el 
revelador sobre los gérmenes de plata coloidal que han resistido al ataque 
del hiposulfito. 

Podemos hacer notar que en este caso sucede algo análogo al pasaje 
observado por Zsigmondy de los gérmenes amicroscópicos de oro á 
partículas coloidales ultramicroscópicas, y, por último, éstas á granu- 
los microscópicos. En el caso presente el desarrollo físico con sal de 
plata soluble y un reductor se haría hasta simple vista, es decir, pa- 
sando el estado microscópico. En el caso del desarrollo con la solución 
de cloruro de oro la plata coloidal actuaría: 

1° Como un reductor, engendrando oro coloidal y el germen latente 
pasaría al estado de cloruro de plata inactivo ; 

2" Las partículas de oro formadas, amicroscópicas ó ultramicroscó- 
picas, aumentarían de diámetro por sucesivas precipitaciones de oro, 
hasta hacerse visible directamente (2). 

Esta última observación de Zsigmondy también ha sido constatada 
por la experiencia. Placas de la misma emulsión, impresionadas y fi- 
jadas por el método preconizado por Lumiére y Seyewetz, han sido 
tratadas por la solución de cloruro de oro durante un tiempo máximo, 
es decir, insuficiente para engendrar la imagen ; dos ó tres horas. En 
estas condiciones el germen residual de plata coloidal sería reempla- 
zado x)or oro. Las placas asi tratadas son fácilmeiite desarrolladas con 
el revelador físico á hase de sal de plata. 

Aquí también las iJartículas coloidales de oro, amicroscópicas ó ul- 



(1) Zcits. pMsik. chivi., tomo 56, página 65; Bulletin de la Soeiéfé chimique fran- 
gaitie, 1908, página 1031 (Zsigmondy). 

(2) La gelatina actuando como reductor puede continuar la reducción de la sal 
de oro. 



320 ANALES 1>E LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

trainicroscópicas, desenipeñanel mismo papel asignado por Zsigmoiidy. 
Efectivamente, están dotadas de la propiedad de precipitar plata de 
su solución salina, si ésta se baila en presencia de un reductor. 

Es notable observar que las imágenes obtenidas por sim])le desa- 
rrollo al cloruro de oro, jjresentan un aspecto dicroico ; i)(>r transpa- 
rencia ofrecen un color verde característico y amarillo rojizo por re- 
flección. Pero, más notable aún es que el oro que forma parte de la 
imagen, es bien distinto del precii)itado producido accidentalmente 
en los bordes ó en las diversas partes de la placa. En este último caso 
se caracteriza por su bella ó intensa coloración azul violácea, la cual 
nos indica la presencia del oro metálico, precipitado probablemente 
por una reducción provocada por la gelatina. 



ACCIÓN DEL TETRACLORURO DE PLATINO 

Operando en condiciones análogas, con solución de cloruro de pla- 
tino al uno por mil, no lia sido posible obtener imagen visible alguna 
en placas imj)resionadas, fijadas previamente ó tratadas por el método 
Lumiére y Seyewetz ya descripto. 

E21 condiciones normales el tetracloruro de i^latino actúa sobre la 
plata metálica como simple clorurante. La acción de esta sal sobre el 
germen latente, si se considera á éste formado por un subbalogenuro 
ó plata metálica, sería 

4Ag,Cl + Cl.Pt = SClAg + Pt 
4Ag + C,Pt = 4ClAg + Pt. 

Como la teoría del subhaloide queda reducida á la de la jjlata na- 
ciente, cuando se hace preceder el proceso de fijación al de desarrollo, 
en realidad sólo la segunda ecuación debe ser tomada en cuenta. Aho- 
ra bien, si esta reacción se produce, la acción del tetracloruro de pla- 
tino estaría representada en la placa gráficamente, desde que dicho 
compuesto es reducido del mismo modo y con igual facilidad que 
el cloruro de oro. Esto, como hemos visto, no sucede así; por lo 
tanto hay diferencia bien apreciable en la acción de estos cloruros. 

Para verificar si con la plata metálica común se comportan las so- 
luciones de los percloruros de oro y de platino análogamente, hemos 
realizado las siguientes experiencias. 

Láminas de plata pura fueron sumergidas durante 24 horas en so- 
luciones al uno por mil de estos dos compuestos. Estas soluciones se 



REACCIONES ENTRE LOS CLORUROS DE ORO, PLATINO Y FIERRO 321 

descoloran completamente, y las láminas tratadas por el amoníaco 
abandonan sólo una cierta cantidad del cloruro de plata producido. 
Pero, si una vez bien lavadas, son tratadas por el ácido nítrico conve- 
nientemente diluido, de manera que separe la capa de oro ó idatino, 
formadas y adheridas á la lámina argéntica que lia experimentado el 
tratamiento previo al amoníaco, se obtiene en ambos casos i)recipita- 
dos negros metálicos muy divididos deoroy platino respectivamente. 

En suma, el oro y el platino, reducidos de sus soluciones salinas por 
el germen latente residual, vendrían á reemplazar á las supuestas par- 
tículas metálicas de plata que forman dicho germen, pero en este es- 
tado no pueden desempeñar ya el papel de- aquéllas, desde que care- 
cen de las propiedades fuertemente reductoras de éstas. Por con- 
siguiente, en ningún momento es factible la obtención de una imagen 
al oro ó al platino i)or simples desarrollos, si el germen en realidad 
estuviera formado por plata metálica común {plata naciente). En cam- 
bio, si la plata que forma el germen latente residual afecta el estado 
coloidal, entonces se tendría una explicación racional de las diferen- 
cias observadas en la acción de los cloruros mencionados. 

Ahora bien (y este punto posee grande importancia para la teoría 
coloidal), hemos constatado que la acción de estos cloruros es idéntica 
cuando se hace actuar sobre la plata metálica, y bien distinta, si esta 
última se encuentra al estado coloidal. El cloruro de oro, por ejemplo, 
se reduce en presencia de la plata coloidal á oro coloidal de color azul 
índigo violáceo. Con el tetracloruro de platino, el resultado es muy 
diferente. La reducción en este caso no llega á ser completa : se forma 
con el cloruro de plata una sal platinosa. 

PtÓl, + 2Ag (coloidal) = 2 ClAg + CUPt (1) 

Admitiendo, pues, al germen residual constituido por plata coloidal 
en el caso del cloruro de oro, se tendría : 

CI3AU -f 3Ag (coloidal) = 3ClAg -f Au (coloidal). 

Ya hemos visto cómo es factible el desarrollo físico cuando inter- 
viene el cloruro de oro. La explicación de este hecho, según nosotros, 
estriba en lo siguiente. 

El oro coloidal formado á su vez actuaría como un verdadero ger- 



(1) La sal jjlatinosa permauece en sohicióu, debido á una combinación química 
ó de adsorción con el ClAg formado, probablemente un cloroplatinito de plata 
coloidal PtCl.Ag,. 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVII 21 



322 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lueii y precipitaríii sobre él la plata de vsus sales solubles, cuando se 
llalla en presencia de un reductor, y aun el mismo oro de sus combi- 
naciones halogenada, y de manera análoj>a á lo observado por Zsig- 
mondy con los gérmenes amicroscópicos. 

Fácil es advertir que lo mismo no puede efectuarse eon la sal pla- 
tínica, pues el cloruro de plata y el cloruro platinoso así engendrados 
son incapaces de actuar ulteriormente. Siendo inactivos estos nuevos 
gérmenes se explica el por qué de la necesidad de imiíresionar de nuevo 
y fuertemente á la luz, si se quiere desarrollar físicamente las placas 
de este modo tratadas. Es necesario, como vemos, producir nuevos 
gérmenes revelables, jíues el cloruro de i)lata así engendrado es redu- 
cido incontinenti por el agente luminoso en sus compuestos primitivos 

2ClAg = Cl, -^ 2Ag. 

Merced á esta interpretación, todos los inconvenientes que se pre- 
sentaban antes en la explicación de estas reacciones desaparecen por 
completo. Justo es reconocer entonces que esta manera de ver puede 
representar la verdadera explicación de los hechos que se observan. 



ACCIÓN DEL CLOKURO FÉRRICO 

Idénticamente al tetracloruro de platino no ha sido posible pro- 
ducir tampoco con la salféricauna imagen visible. Es conveniente ob- 
servar que la acción del cloruro férrico es de por sí muy distinta á la 
de los cloruros de oro y platino ensayados. En ningún caso esta sal 
puede reducirse, por ejemplo, al estado metálico. Por otra parte, el 
cloruro férrico se caracteriza por su notable poder oxidante. Sin em- 
bargo, en este caso, la acción de este percloruro puede considerarse 
del todo semejante á la del tetracloruro de platino, i)ues en rigor la 
diferencia encontrada se debe probablemente á lo siguiente : habíamos 
observado que cuando se procedía al desarrollo físico de la placa im- 
presionada, fijada y que había sido sometida á la acción del cloruro 
férrico, el desarrollo se efectuaba de igual manera en la obscuridad 
como en i)resencia de la luz. En cambio, esta influencia se hacía sentir 
notablemente en las placas tratadas por el tetracloruro de platino. 

Este hecho queda también explicado, á nuestro juicio, en una forma 
completamente satisfactoria : el cloruro férrico es reducido por la plata 
metálica ó^coloidal ásal mínima, y por consecuencia, el germen latente 
residual queda del mismo modo convertido en cloruro de i)lata inactivo 



REACCIONES ENTRE LOS CLORUROS DE ORO, PLATINO Y F[ERRO 323 

ClgFe -f- Ag- =- Cl,Fe + ClAg 

Como se engendra al mismo tiempo cloruro ferroso, éste, sin duda, 
es el que actúa luego como fuerte reductor, produciendo en contacto 
con el revelador físico una cantidad equivalente de plata metálica re- 
ducida, ó sean nuevos gérmenes revelables 

6FeCU -h OAgííO, = 2Fe,Cl, + 2Fe, (NO,),., + 6Ag. 

De allí que estas placas puedan indiferentemente ser desarrolladas 
en la obscuridad ó en presencia de la luz. 

La alteración química supuesta en el germen latente residual des- 
pués del tratamiento con la sal férrica puede también explicar en for- 
ma satisfactoria su inactividad con relación al cloruro de oro. En 
efecto, de los resultados negativos obtenidos con el Ande desarrollar 
placas que, habiendo sido sometidas al iiroceso de impresión, fijación, 
etc., arriba indicado, y luego durante 24 horas en la solución de clo- 
ruro férrico, no han podido ser desarrolladas con el baño de cloruro 
de oro, se deduce, que la sal férrica, que se forma en presencia del 
halogenuro de oro, impide la reducción ulterior de esta sal. 

Y si se tiene en cuenta que la sal ferrosa es incapaz de engendrar 
oro coloidal^ como lo sería la placa metálica ó el sulfuro, si se supone 
al germen latente formado por esta última modificación (1), la reacción 
más probable i)uede ser representada por la bien conocida reducción 
de la sal de oro por una sal ferrosa 

6Cl,Fe + 2CI3AU = OClgFe + 2Au. 

Ocioso sería advertir, expuestas las precedentes observaciones, que 
la interpretación más correcta de esta última reacción, es la que á 
continuación se detalla : el oro metálico en presencia del cloruro fé- 
rrico se halla, á nuestro modo de ver, incapacitado para seguir preci- 
pitando, con la sola ayuda de la gelatina (que actuaría como reductor), 
partículas de oro reducido de sus soluciones salinas sobre sí mismo. 

Luis Guglial3ielli. 



(1) El sulfuro de plata puede suponerse engendrado "ijor una sulfuración pro- 
vocada por el hiposulfito de sodio, que en solución concentrada ha estado en con- 
tacto con los constituyentes de la imagen latente. 



NEKNST 

su OBRA CIENTÍFICA (1) 



Señores : 

Como sabéis ya, las autoridades de la Uuiversidad nacional de La 
Plata, realizando un acto digno de encomio, ha llamado á nuestro 
país al eminente hombre de ciencia y maestro doctor Walter Xerust, 
para que en una serie de conferencias nos ilustrara con su sabiduría 
sobre tema elegidos de electroquímica y termodinámica. 

Las dos sociedades Científica y Química, queriendo incorporarse á 
esta iniciativa, lian decidido realizar este acto en su houor y la co- 
misión mixta me ha honrado con su designación para que presente á 
mis distinguidos consocios de ambas instituciones una síntesis de 
los principales puntos de su obra. 

No oculto las dificultades que implica una tarea de este género, 
pues la obra de este gran investigador, á la vez amplia y profunda, 
recorre desde un extremo hasta el otro la físicoquímica, esta ciencia 
joven, llena de vida y de promesas, la termodinámica y la electro- 
química como rama esj)ecial de la primera, y comprende desde los 
hechos más prácticos, como el descubrimiento de la lámpara que lle- 
va su nombre y de la microbalanza de cuarzo, hasta las especulacio- 
nes más elevadas como las que se refieren al concepto de entropía y 
á la naturaleza de los movimientos atómicos. 

Pero si bien es cierto que la dificultad de la tarea me lia de llevar 



(1) Conferencia leída ante los miembros de la Sociedad científica argentina y 
Sociedad química argentina el día 9 de mayo, con motivo de la recepción reali- 
zada en homenaje al profesor de la universidad de Berlín, doctor W. Nerust. 



NERNST 325 

á una exposición que sin duda alguna encerrará deficiencias, me ani- 
ma, sin embargo, el hecho de que dicha síntesis ha de prestar alguna 
utilidad á mis consocios y ha de constituir un lazo de unión más 
entre nosotros y el digno maestro, cuyo simpático recuerdo hemos de 
evocar en más de una ocasión. 

Cuando apenas tenía 24 años se doctoró en Filosofía, especialidad 
física, presentando como trabajo de tesis el estudio de un fenómeno 
descubierto por él y Boltzmann, haciendo actuar el campo magnético 
sobre placas metálicas, en las cuales se trataba de determinar la con- 
vexión calorífica. Sus primeros profesores fueron los célebres físicos 
Boltzmann y Kohlrausch. 

En ese mismo año, como asistente en el laboratorio del gran quí- 
mico alemán Guillermo Ostwald en la universidad de Leipzig, emi- 
tió la teoría de la difusión, el principio de la repartición en los disol- 
ventes (base de su método de determinación de los pesos moleculares) 
y la verificación experimental de la ley de Faraday, utilizando canti- 
dades de electricidad que apenas llegaban á 5 millonésimos de Cou- 
lomb (año 1 889). Un año antes había ideado con Loeb un aparato, con 
el cual pudo llevar á cabo determinaciones de la velocidad de migra- 
ción de los iones relacionadas con la teoría de Hittdorf. 

En 1889 fué nombrado profesor libre en la universidad de Leip- 
zig y dos años después profesor de Fisicoquímica en Gottingen. 
Cuando sentó las bases de su nuevo teorema termodinámico, fué lla- 
mado por la universidad de Yale (Estados Unidos), donde desarrolló 
en 10 lecciones (1) las aplicaciones teóricas y experimentales de la 
Termodinámica á la Química, publicadas en 1907 bajo los auspicios 
de la fundación Silliman. Actualmente es profesor titular de Físico- 
química en la universidad de Berlín y director del instituto corres- 
pondiente, donde tiene una legión de cuarenta alumnos (2) que él 
orienta especialmente á las investigaciones termodinámicas y elec- 
troquímicas. Como un ju.sto homenaje recordaré en este momento 
al profesor Emilio Bose, uno de sus más aventajados discípulos, 
cuya pérdida lamentaremos siempre y que ha llevado á tan alto 
gTado de perfección al Instituto de física de la universidad de La 



(1) De octubre á noviembre de 1906. 

(2) Es satisfactorio hacer constar que entre éstos existen cuatro aventajados 
alumnos argentinos, dos del doctorado en Física de la universidad de La Plata 
y dos del doctorado en Química de la universidad de Buenos Aires. 



326 AXALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Plata, hoy bajo la intelifíeiite dirección clel profesor doctor II. Gans. 

El profesor Nemst hace tieinix) forma parte de la Sociedad Keal 
de Londres y de la Academia de ciencias de Pnisia y en estos mo- 
mentos puede ser considerado como la personalichul científica más 
culminante de Alemania. 

En lo que sigue de esta exposición iremos relatando h)s ]niiu-ipios, 
teorías y trabajos experimentales que integran el vasto conjunto de 
su fecunda carrera científica y los métodos de investigación usados 
j)ara tal objeto. 



ELECTROQUÍMICA 

Más ó menos en la misma época en que sometió á una verificación 
experimental la ley de Faraday, usando cargas extremadamente dé- 
biles, introdujo el importante concepto de tensión de disolución elec- 
trolítica. Según este concepto, que sirve de base á su teoría osmótica 
de las pilas, los iones de la solución reciben electricidad i^ositiva del 
metal que se disuelve, quedando éste con carga negativa : en la su- 
perficie de contacto se forma una capa doble eléctrica y se establece 
una diferencia de potencial. La tensión de disolución del metal tien- 
de á llevar iones positivos á la solución, lo cual sucede hasta el equi- 
librio, que se produce cuando la tensión electrostática del estrato 
doble se opone á aquella fuerza. Interpretando los tres casos en que 
la tensión de disolución es mayor, igual, ó menor que la presión osmó- 
tica del elemento metálico en la solución, ííernst da cuenta, de uji 
modo que encanta por su sencillez y en sus más mínimos detalles, 
del desarrollo de la fuerza electromotriz y del sentido de la corriente 
de una pila, como la de Daniel, cuyo mecanismo aparecía en aquella 
época rodeado del más profundo misterio. 

También ideó un método puramente físicoquímico para calcular 
la fuerza electromotriz de un elemento (1889), fundado en que la ener- 
gía eléctrica, considerada como el producto de un factor de intensidad 
y un factor de capacidad, tiene por equivalente la ejiergia osmótica 
que da lugar á un trabajo máximo cuando se pasa isotérmicamente 
de la presión osmótica jj, á \í\ p.^ y por lo tanto se tiene la cantidad 
de trabajo correspondiente al movimiento de los iones, que puede 
transformarse en energía eléctrica. Basándose en este jírincipio, pudo 
hallar la fuerza electromotriz de los elementos por la presión osmóti- 
ca de los electrolitos alrededor de los electrodos y también el poten- 



NERNST 327 

cial entre el metal y la solución constituida por una de sus sales. 

Conjuntamente con su colega Planck, el célebre físico alemán, 
actual rector de la universidad de Berlín, aplicó lavS leyes de la me- 
cánica al importante problema del desplazamiento de los iones some- 
tidos simultáneamente á la acción de una fuerza eléctrica y de la 
presión osmótica y llegó á una ecuación fundamental que liga el 
coeficiente de difusión con la carga eléctrica, el potencial del sistema 
y la presión osmótica. Una de las consecuencias imj)ortantes que po- 
demos señalar aquí, es que, considerando esta cuestión como un pro- 
blema de la dinámica de los fluidos, Kernst y Planck bailaron por 
otra vía la ley de Koblrauscb-Arrbenius, y vinieron á demostrar, 
por consiguiente, que esta ley puede considerarse como un caso par- 
ticular de la conductibilidad de un electrolito complejo. 

Xernst no tardó en sacar provecho de los estudios de la difusión y 
formuló en esa misma época la jjrimera teoría del elemento liquido, 
basada en la desigiml distribución de los iones, debida á su diferente 
velocidad de difusión. Él y sus alumnos verificaron con elementos 
preparados á propósito los resultados del cálculo deducido de la fór- 
mula alcanzada, llegando á una concordancia grande con la expe- 
riencia (se trataba del electrolito correspondiente al metal en con- 
tacto). El método se aplica también á las pilas químicas, como la de 
Daniel, y á las baterías gaseosas. 

Experimentalmente se había probado que la presencia de un elec- 
trolito disminuye la solubilidad de otro electrolito con catión común. 
En este caso, como en otros, Nernst fué el i)rimero en resolver el pro- 
blema de un modo cuantitativo, fundándose en el principio de las 
masas. Partiendo de la idea de que el producto de las masas activas 
es constante é igual al cuadrado de la solnhilidad de la sal sin adi- 
ción de substancia extraña, llegó á una ecuación que permite calcu- 
lar la solubilidad de un electrolito en presencia de otros con un ion 
común, conociendo su solubilidad en agua pura, la cantidad de sal 
añadida y el grado de disociación de la substancia original y de la 
substancia añadida. Salvo raras excepciones, la experiencia ha veri- 
ficado este resultado teórico en un gran número de casos. Mediante 
dicha fórmula es posible medir también la disociación conociendo la 
solubilidad. Este método originó una larga discusión que vino á evi- 
denciar su concordancia con los resultados de la conductibilidad 
eléctrica y del descenso crioscópico y á demostrar el campo fecundo 
que abría la ecuación de ííernst. 

La introducción del concepto de reversibilidad á la electroquími- 



328 anat.es de la sociedad científica argentina 

calía motivado un adelanto t)i('ii iiiaiiilicsto cu lo (juc se leliere á los 
fenómenos (\l^ jwlarizacUm gcdvánica y de electrólisis. Jíernst consi- 
dérala polarización galvánica como un caso particular de la ley del 
desplazamiento del eqnilibrio (1) y por lo tanto del principio más ge- 
neral de la acción y reac(!ión, y formula una teoría de este proceso, 
que puede considerarse couio una consecuencia de las ecuaciones al- 
canzadas jjor él en 1889 á propósito de la teoría de las pilas de con- 
centración. xVquí como en otros casos análogos, las aplicaciones sa- 
cadas del principio de las masas aventajan á las que pueden hacerse 
partiendo de las ecuaciones fundamentales de la Termodinámica clá- 
sica. 

Por otra parte. Le Blanc ha demostrado que las ideas y las fór- 
mulas que ííernst lia introducido en el estudio de la corriente galvá- 
nica se aplican también al fenómeno inverso de electrólisis. Como una 
consecuencia de esta idea directriz puede considerarse la teoría 
osmótica de la electrólisis (de Le Blanc), que lia dado lugar á impor- 
tantes aplicaciones, entre las cuales podemos señalar la separación 
electrolítica de diferentes metales por el empleo de tensiones dis- 
tintas. 

Dejemos para más adelante las aplicaciones del teorema termodi- 
námico á la electroquímica y pasemos á exponer sus investigaciones 
en el terreno de la fisicoquímica propiamente dicha : la mecánica- 
química y la estequimetría. 



MECÁNICA QUÍMICA 

Se puede decir que desde los comienzos de su carrera científica 
iSTemst se propuso como problema fundamental introducir los prin- 
cii)ios de la Termodinámica á la electroquímica y especialmente á 
los equilibrios que estudia la mecánica química. 

En la deducción de la ecuación de las reacciones isócoras parte de 
la ecuación fundamental de la termodinámica clásica que resume 
los dos principios y llega á una expresión, de la cual se obtiene el 
trabajo máximo de un fenómeno químico, conociendo la constante de 



(1) Él formula así la proposición : Si se electroliza un sistema químico mante- 
nido á temperatura constante, la reacción es tal que tiende á producir una co- 
rriente en sentido inverso al de la que la engendró. 



NERNST 329 

afinidad. Integrando esta ecuación, Nernst resuelve, como veremos, el 
problema del cálculo de la afinidad á partir de los datos térmicos. 
En su clásico tratado de química teórica ííernst pone en evidencia 
que en el caso de procesos rápidos la ley de la acción de las masas 
puede considerarse como un postulado riguroso de la Termodinámi- 
ca. También en dicha obra hace ver que si se conoce la constante de 
equilibrio K para una fase única y los coeficientes de repartición de las 
moléculas que actúan con respecto á otra fase ctial quiera se puede deter- 
minar el estado de equilibrio en estafase. Esta proposición de ííernst 
tiene importancia práctica porque permite prever la facultad de reac- 
ción en disolventes diversos (ó en gases) por medio de los coeficientes 
de repartición. 

Estudiando las condiciones del equilibrio en las soluciones dilui- 
das, pudo hallar una expresión general que traduce la infitiencia de la 
presión y que concuerda con la hallada i)or Planck. Esta fórmula ad- 
quiere mayor significado cuando se trata de averiguar la influencia 
de aquel factor sobre el coeficiente de repartición que se establece 
entre el disolvente comprimido y el mismo no comprimido; en este 
caso por su proposición relativa á las fases se puede deducir la ma- 
nera de actuar de la presión sobre el equilibrio. 

Por otra parte Nernst y Tasmann (1892) demostraron experimen- 
talmente, que á una presión determinada tiene lugar la reversibili- 
dad de la reacción de los ácidos sobre ciertos metales con depósito 
metálico, por la acción desplazante del hidrógeno. En esta transfor- 
mación reversible, Van t'Hoff fundó un método aproximado y senci- 
llo para dar una medida mecánica de la afinidad (fuerza impulsiva 
del sistema). 

Admite como muy probable la naturaleza cinética del equilibrio 
químico y físico, idea que se halla de acuerdo con la teoría cinética 
molecular. Según esta hipótesis, la transformación material no ha ce- 
sado en la región del equilibrio, y iíernst en su obra clásica nos hace 
ver por un sim]3le cálculo que en la eterificación ella alcanza á 
0.00064 moles en un día y á la temperatura ordinaria. Este concepto 
adquiere cada vez más valor en la cinética química, debido á que 
esta rama es la que ha proporcionado las confirmaciones más sor- 
jirendentes de las concepciones cinéticas. 

Partiendo de las ecuaciones del movimiento de un punto material 
sometido á un gran frotamiento, llega á expresar la velocidad de 
reacción por el cociente de la fuerza química y la resistencia quími- 
ca, ó sea, á una expresión análoga á la de la ley de Olim. La fuerza 



330 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

química i)o(lr;'i ser (,'alculii(la en cada instante ])(»r la variación de la 
energía l¡l)re, pero sobre la resistencia, química no [)Oseemos datos 
de ninííiina clase, y sólo se supone que ella llega ;í su máximum en el 
cero absoluto. Sin embargo, Xernst nos da esperanza al emitir la 
idea de que el problema del cálculo de la velocidad de reacción eu 
unidades absolutas podrá ser resuelto de un modo análogo al emplea- 
do por él en la velocidad de difusión de los electrolitos, ó en el des- 
plazamiento de los iones en un disolvente. 

Estas ideas de Nernst llegan en un momento significativo de la evo- 
lución de la mecánica química, que se caracteriza por la idea de intro- 
ducir, en las ecuaciones fundamentales que expresan las leyes de velo- 
cidad de reacción, términos relativos á la difusión, viscosidad, tensión 
superficial y otros factores que intervienen en el complicado proceso, 
sobre todo en los sistemas microheterogéueos y reacciones lentas. 

La introducción del concepto mecánico de velocidad expresado 
por la derivada primera en el estudio de las transformaciones quími- 
cas, ha sido de una fecundidad extraordinaria, tanto en el terreno de 
la experiencia como en el de las altas esiíeculaciones teóricas. íío 
puedo menos que recordar aquí las reflexiones que Nernst liizo al 
respecto cuando en 1908, en la Sociedad química de Berlín, le tocó 
el honor de trazar el cuadro de la evolución de la Fisicoquímica en 
los últimos cuarenta años. Cuenta el distinguido físicoquímico que, 
al ver la primera ecuación diferencial introducida por Willelmy en 
un trabajo de química, experimentó una intensa emoción, algo así co- 
mo si una fulgurante luz hubiese invadido su espíritu haciéndole 
vislumbrar el significado transcendental que ese modesto símbolo te- 
nía para el desarrollo futuro de la cinética química. Actualmente el 
número de investigaciones en este sentido es grande ; y sería de de- 
sear que, en más de una ocasión, él y los demás cultores de la físico- 
química pudieran contemi^lar con la misma emoción la aparición de 
otros conceptos y símbolos no menos importantes, fundados en las 
analogías mecánicas. 

El estudio de los sistemas heterogéneos de gran importancia jDara 
las leyes de las transformaciones electroquímicas ha constituido una 
de las más grandes preocupaciones de los físicoquímicos modernos. 

Es conveniente conocer la variación de las resistencias pasivas de 
una transformación en presencia de uno ó varios electrodos. Estos 
últimos inieden considerarse compuestos de tres fases : la fase metá- 
lica ; la fase de transición, en la cual los fenómenos de equilibrio son 
regidos por acciones de tensión superficial y que parece poseer pro- 



NERNST 331 

piedades catalíticas; y la fase coristituída por él electrolito. La trans- 
formación electroqnímica primaria tiene lugar en la fase de transición, 
y los productos de la electrólisis (gases ó sólidos) se difunden i^ara 
formar la solución. En este supuesto la velocidad de reacción (medida 
por la intensidad) depende de las velocidades de migración de los 
iones y de difusión de los productos. Permaneciendo constante y ho- 
mogénea la solución (por agitación), la constitución del electrolito y 
la velocidad de reacción sólo dependen de la velocidad de difusión de 
líífase de transición á la fase homogénea del electrolito. Cuando hay 
reacciones secundarias, ellas son regidas por las leyes de la absorción, 
si se producen en la primera de dichas fases, y por las leyes ordina- 
rias, si tiene lugar en el seno del electrolito. 

La fórmula de Xernst-Planck puede tomar la forma particular que 
corresponde á la velocidad de disolución. Los productos de la electró- 
lisis, al difundirse, siguen la ley expresada por esta formula. Con el 
objeto de interpretar los complicados fenómenos electroquímicos, 
Nernst se dispuso á estudiar la difusión, y después llegó á expresar 
la velocidad de reacción en sistemas heterogéneos, que ha sido veri- 
ficada experimentalmente por Brunner. El adelanto grande realiza- 
do desde 1904 en esta parte de la cinética química se debe á esta 
teoría y sobre todo á la idea importante que él introdujo, al suponer 
que en dicho proceso intervienen factores mecánicos capaces de mo- 
dificar la leyes comunes. 

Esto tuvo también repercusión en los estudios de la velocidad de 
cristalización. En esa época él perfeccionó la teoría de la cristaliza- 
ción de Xoyes y Wittney introduciendo el coeficiente de difusión. 

Este encadenamiento maravilloso de ideas y teorías que correlacio- 
nan los fenómenos al parecer más diversos, se ve á cada rato en la 
fecunda obra de Kernst ; y gran parte de esta fecundidad se debe al 
espíritu teórico elevado, que es una de las características de su per- 
sonalidad científica. Estudiando los fenómenos con minuciosidad, él 
busca y encuentra inmediatamente analogías profundas donde otro 
investigador sólo hallaría diferencias irreductibles. 



ESTBQUIOMETRÍA 

El estudio teórico y experimental de las soluciones fué otra de las 
grandes i^reocupaciones de Xernst. 

Los trabajos por él realizados sobre solubilidad, difusión, despla- 



332 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÚICA ARGENTINA 

zanneiito iónico, constante dieléctrica y repartición do nn cneipo di- 
suelto entre dos disolventes, constituye un conjunto lioiiioyéneo de 
<>Tan importancia para la teoría de las soluciones. 

Como recordaremos, la extensión de la ley del estado gaseoso á las 
soluciones, hecha de un modo maoistral por Van t'Hoff, ha sido veri- 
ficada en general para el caso de las concentraciones medias. Las 
excepciones observadas en las soluciones diluidas han contribuido al 
desarrollo de la teoría de la disociación electrolítica, y las de las solucio- 
nes concentradas han dado lugar á trabajos de Planck, Van der Waals 
y Bredig- desde el punto de vista cinético, y de Helhmholz y ííernst 
desde el punto de vista termodinámico. Sobre este punto Neriist ha 
desarrollado una teoría que, como todas las suyas, ha sido fecunda, 
pues ha tenido la virtud de provocar un sinnúmero de trabajos de 
verificación, de resultados concordantes con las previsiones de sus 
fórmulas. 

El concepto de tensión de disolución jjor él introducido pudo apli- 
carse con provecho á la teoría de las curvas de solubilidad. 

Una de sus investigaciones de mayor transcendencia en este cam- 
po fué la que dio origen á su ya célebre teoría de la difusión (desarro- 
llada en 1888 en la universidad de Leipzig). Partiendo déla analogía 
entre la difusión de los gases y la difusión de las substancias disuel- 
tas, determinó iirimeramente la relación entre la velocidad del trans- 
porte material á través de la unidad de sección, la variación de la 
presión osmótica y la resistencia que oijonen las moléculas del disol- 
vente al movimiento de las moléculas del cuerpo disuelto. Después, 
reemplazando la presión osmótica por la concentración y teniendo 
en cuenta la variación de dicha presión con la temi)eratura, llegó 
á una ecuación final que permite calcular en valores absolutos la ve- 
locidad de difusión y la resistencia opuesta al movimiento en el seno 
del disolvente. 

Gracias á esta ingeniosa teoría se tuvo por primera vez el medio 
de calcular la fuerza necesaria para transportar, por ejemplo, una 
molécula gramo de sacarosa á través del agua con una velocidad re- 
lativa de un centímetro i)or segundo. Esta fuerza alcanza á la enorme 
cifra de 6700 millones de kilos, lo que muestra las acciones gigan- 
tescas desarrolladas en silencio en ese mundo de lo infinitamente pe- 
queño, que la mayor parte de las veces miramos con indiferencia. 
Parece, además, que esta resistencia, debida probablemente al enor- 
me aumento de superficie durante el proceso de divisibilidad, crece 
con el peso molecular. 



NERNST 833 

Estudiándola vai^orización, iíeriist (1891) dedujo que á una tem- 
peratura dada liay, para cada especie de molécula, una relación de re- 
partición constante entre el espacio gaseoso y el disolvente, y esta 
relación es independiente de la presencia de otras especies de molé- 
culas, sean éstas activas ó no. Además, cuando se produce la eva|)o- 
ración simultánea del disolvente y del cuerpo disuelto, resulta que 
las tensiones parciales de las diversas especies de moléculas disuel- 
tas en el espacio gaseoso son proporcionales á sus concentraciones en 
la solución (siempre que no se produzcan cambios en el estado mole- 
cular). Esto ha sido verificado experimentalmente por el mismo 
Nernst con resultados satisfactorios; y aplicando, en el caso de pesos 
moleculares anormales, la fórmula de la isoterma de disociación, se 
puede determinar de este modo el grado de asociación de un líquido 
polimerizable. 

La repartición de una substancia disuelta entre dos disolventes (coefi 
cíente de repartición) está regida por la ley de Berthelot, modificada 
por Nernst, según la cual el coeficiente de repartición de una siTbs- 
tancia entre dos fases es constante para cualquier concentración, 
siempre que el grandor molecular sea igual en ambas. Este físico 
hizo incapié en la variación de dicho coeficiente cuando el cuerpo no 
tiene el mismo grado de polimerización en los dos disolventes. 

Este principio importante fué aplicado por él á la determinación 
indirecta de la j)resión osmótica de los pesos moleculares y de los equi- 
librios químicos en las soluciones. En esta iiltima aplicación no nos 
detenemos, porque ya en otro lugar hemos señalado la proposición 
que con ella se relaciona. 

Las propiedades coUgativas de las soluciones , de los gases y de los 
cuerpos sólidos han exjjerimentado un notable adelanto gracias á su 
intervención, i^emst se ocui)ó de membranas semipermeables y efec- 
tuó con sus alumnos numerosas determinaciones de ilesos molecula- 
res, basadas en su i)rincipio de repartición en los disolventes y en 
una ingeniosa adaptación del método de Meyer para temperaturas 
que podrán pasar de 2000°. Con Abegg (1899) introdujo ciertas mo- 
dificaciones y reglas prácticas á fin de hacer más exacto el método 
crioscói>ico (correcciones relativas á la agitación y enfriamiento). 

En el año 1894 ideó un método para determinarla constante dieléc- 
trica, especialmente de los líquidos y soluciones; y en esa misma épo- 
ca, casi al mismo tiempo que Thomi)Son, basándose en la hipótesis 
de la naturaleza eléctrica de la ligazón de los átomos en la molécula, 
supuso que los disolventes de mayor constante dieléctrica tendrían el 



334 AXALICS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AIKÍENTIXA 

poder disociante más elevado, i)revisióii (]ne lia sido confirmada por la 
experiencia. Con estos últimos estudios ííernst hizo av^anzar un paso 
más á la hipótesis de los iones, de la cual él es un entusiasta defensor. 

El descubrimiento de la lámpara Nernst, que llamó la atención 
del mundo científico, ha tenido como i)unto de partida los estudios 
que este investigador había realizado sobre conductibilidad eléctrica 
de las mezclas sólidas. Se trataba de obtener una lámpara incandes- 
cente más económica que la de filamento de Edison y hasta esa 
época habían fracasado las j)rincipales tentativas. Mientras esto su- 
cedía Nernst eu su laboratorio, donde estudiaba la conductibilidad 
eléctrica de las soluciones y sales fundidas, tuvo la idea de ensayar 
con mezclas de óxidos en tierras raras, como el de zirconio é itrio, 
y llegó al resultado importante de que una mezcla de 80 por ciento de 
óxido de zirconio y 20 por ciento de óxido de itrio en caliente conduce 
fácilmente la electricidad, provocando el desarrollo de calor suficien- 
te como para llevarlos á la incandescencia, cuando se le hace actuar 
una corriente de tensión algo elevada ; en tanto que, en iguales 
condiciones, dichos óxidos por separado oponen nna gran resistencia 
al paso de la corriente. Es decir, que todo sucedía como si en aquella 
mezcla ó solución sólida se produjera nna verdadera disociación elec- 
trolítica. 

Estas investigaciones de laboratorio guiaron á ííernst en la cons- 
trucción de los bastoncillos de su lámpara que presentó á la exposi- 
ción universal de 1900. La lámpara así construida bajo una tensión 
de 120 volts sólo consumía alrededor de 1,5 watts por bujía, en tanto 
que la lámpara incandescente de Edison del comercio gastaba de 3 á 
3,5 watts por bujía y perdía una gran cantidad de energía eléctrica 
por radiación calorífica. Esta irradiación no se produce en la de 
ííernst, porque el filamento por él ideado opone mucho menos resis- 
tencia al i^asaje de la corriente. 

IJna de las cosas que más satisface en este descubrimiento, que tu- 
vo gran significado para la industria de la iluminación eléctrica, es 
el elevado espíritu científico que lo inspiró. 

H. Damianovich. 

(Continuará.) 



índice general 



DE LAS 



MATERIAS CONTENIDAS EN EL TOMO SEPTIJAGÉSIMOSÉPTIMO 



Historia de la navegación aérea desde los tiempos más remotos hasta los prime- 
ros viajes aéreos dirigidos, por Nicolás Besio Moreno 5, 241 

La teoría cinética de los gases aplicada á la unión de dos átomos idénticos j á 

la combinación de dos átomos monovalentes distintos, por Camilo Meyer... 49 

Química estelar y evolución cósmica. Ideas antiguase investigaciones modernas, 

por H. Damianovich 67 

Tercer Congreso internacional de caminos, realizado en Londres en junio de 1913. 

Informe del delegado ile la Sociedad Científica Argentina 99 

Bases y Reglamento de la Sociedad Científica Argentina sancionados en la asam- 
blea del 9 de septiembre de 1913, aprobados por el gobierno de la Nación con 
fecha 7 de enero de 1914 122 

Sobre algunas parásitas fanerogámicas de la República Argentina, por Carlos 

Spegazzini , 145 

Substancias segregadas de las plantas de las regiones áridas de la República 

Argentina, por Carlos Spegazzixi 151 

Notas j adjuntes sobre plantas venenosas para los ganados, por Carlos Spega- 
zzini 159 

Las derivadas segundas con resi)ecto al tiempo en la cinética química y los fal- 
sos equilibrios químicos, por Camilo Meter 165 

Sur quelques poissons comestibles du Chili et desoription d'une espíice nouvelle, 
por Carlos E. Porter 185 

Elementos y efemérides del cometa F 1913 (Deleván), por P. T. Deleván y B. 

H. Dawson 211 

Memoria anual del presidente de la Sociedad Científica Argentina, correspondiente 

al XLIo período administrativo 213 

Agustín Alvarez. Sus doctrinas éticas y de igualdad y democracia, por Nicolás 

Besio Moreno 273 

Aplicaciones de la teoría cinética de los gases, por Camii^o Meyek 285 

Interpretación <le las reacciones que pueden producirse entre los cloruros de oro, 

platino y fierro y el germen latente fotográfico residual, jjor Luís Guglialmelli. 315 

Nernst : su obra científica, por Horacio Damianovich 324 



336 ANALES L)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



niBLIOfiUAFIA 



Tratado de trif/otumirlría elemental . ])or Juan Manuel Garzón 136 

Leceiouex de terinodindmiea eon apliraeióii, ti los fenómenos químicos, por José 

María Plans y Freyre 137 

Conrs d'électrotéchniqne f/énérale et appliquée, jiar R. Swingedauw. con la cola- 
boración de F. Xegre y P. Beauvais 138 

Prof/rammcs des Iravaux, noms des rapporte\irs, vaux et eonclusions de XII^ con- 
gres 'uiternutionaux de navigation (1885-1912) 232 

Das PjUtnzenreich. por Hermann Wolff 233 

Beitrage zar kenntnits der Flora argentiniens. por Teodoro Stuckerr 233 

üéproductioii. sexué et alternancc des généralions ches les Algaes. par Jean Bounet. 234 

Jean Bonnet. Nota necrológica 236 

Bibliografía de revistas 139 

Libros recibidos 236 



BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



PL'BLICACIOA'ES RECIBIDAS M CAiWE 



ex.tr,aivje:fías 



Alemania 

Zeftschrift der Gesellschaf fur Erdkunde, 
Berlin. — Verhandlungeii des Naturhisto- 
rischen Vereins der preussischen Rliina- 
lande-Westfaleiis,etc., Bonn.— Abhandlungen 
heransgegeben von Naturwissenscliaftiichen 
Verein, Bremen. — Deutsche Geograpliisclie 
Clátter, Bremen. -- Abh. der Kaiserl. Leop. 
Barol. Deutschen AkademiederNaturforscher, 
Halle. — Nachrichten von der Konigl Ges- 
lelschaft der Wissenschnrteu, Gottingen. — 
Sitzungsberichte und Abhandlungen der Na- 
turwissenscbaftliciien Gesellschaft, Dresden. 

— Naturforschenden Gesellschaft, Leipzig. 

— Mitheilungen aus dem Naturhistorischen 
Museum, Hamburg. — Berichte' uber die 
Verhandlungen der Koniglich Sachsischen 
Gesellschaft der Wissenschaften, Leipzig. — 
Mittheilungen der geographischen Gesells- 
chaft, Hamburg. — Berichte der Natur- 
forschenden Gesellschaft, Freiburg. — Jahres 
Berfchte des Naturwissenschaftiichen, El- 
berield. — Mathematisch Naturwissenschaf- 
tiichen Mitheilungen, Stuttgart. — Schriften 
der Phisikalisch — Okonomíschen gesells- 
chaft, Konigsberg. 

Australia 

Records of the geological Survey, Sydney 

Austria-Hungría 

Verhandlungen des naturforschen des Ve- 
reines, Brünn. — (Agram)Societe Archeologi- 
ches «. Croate >•, Zagreb. — Annalen des K. 
K. Naturhistorischen of Museums, Viena. — 
Verhandlungen der K. K. Zoologisch Botanis- 
chen gesellschaft, Wien — Sitzungsberichte 
des deutschen naturwissenchaftiich Medi- 
cinischen Vereines fur-Bohmen, « Lotos » 
Praga. — Jarhbuch des Ungarischen Kapathen 
Vereines, Jglo. 

Bélg-ica 

Acad. Royale des Sciences, des Letres et 
des Beaux Arts, Bruxelles. — Aun. de la Soc. 
Entomologique, Bruxelles. — Ann. de la Soc. 
Royale Malacologique, Bruxelles. — Bull. de 



l'Assoc. des Ing. Electriciens Institute Mon- 



tefiore. — Liége 



Brasil 



Boletim da Sociedade de Geographia, Rio 
Janeiro. — Bol. do Museo Paraense, Para. — 
R\ev. do Centro de Sciencias, Letras e Artes, 
Campiñas. — Rev. da Federacao de Estudian- 
tes Brasileiros, Rio Janeiro. — Bol. da Agri- 
cultura, S. Paulo. — Rev. de Sciencias, In- 
dustria, Política é Artes, Rio Janeiro. — Rev. 
do Museo Paulista, S. Paulo. — Bol. da Co- 
missao Geográphica é Geológica do Estado 
de Minas Geraes, San Joao del Rei. — Co- 
missao Geográphica é Geológica, San Paulo. 
— Bol. do Observ. Metereológico, Rio Ja- 
neiro. — Bol. do Inst. Geographico é Etno- 
graphico. Rio Janeiro. — Escola de Minas, 
Óuro Pretu. 

Colombia 

An. de Ingeniería. Soc. Colombiana de 
Ingenieros, Bogotá. 

Costariea 

Oficina de Depósito y Cange de Publica- 
ciones, San José. — An. del Museo Nacional 
San José. — An. del Inst. Físico Geográfico 
Nacional. — San José. 

Cuba 

Universidad de la Habana, Cuba. 



Chile 



Santiago. — El 



Rev. de la Soc. Médica 
Pensamiento Latino, Santiago. — Verhan- 
dlungen des DeutS'ihen Wissenschaftlichen 
Vereines, Santiago. — Actas de la .Soc. Cien- 
tífica de Chile, Santiago. — Rev. Chilena de 
Hijiene, Santiago. — Ofic. Hidrográfica de 
la Marina de Chile, Valparaíso. — Rev. Chi- 
lena de Historia Natural. Valparaíso. 

. Ecuador 

Rev. de la Soc. Jurídico-Literana, Quito. 
— An. de la Universidad Central del Ecua 
dor, Quito. 



Kíípaua 

Bol. de la Soc. Geográfica, Madrid. —Bol. 
de la R. Acad. de Ciencias, Barcelona. — R. 
Acad. de Ciencias, Madrid. — Rev. de la 
Unión Ibero-Americana, Madrid. — Rev. de 
Obras Públicas, Madrid. — Rev. Tecnolóf?ica 
Industrial, Barcelona. — Bov. Industria é 
invenciones, Barcelona. — Rev. Arqnitectura 
y Construcciones, Barcelona. — Bev. Minera 
Metarlúrgica y de Ingeniería, Madrid. — La 
Fotografía, Madrid. 

JEstados Unidos 

Bull. of the Scientific Laboratoires of De- 
nison University. Granviile. Ohio. — Bull.of 
the Exxex Instituto, Salem Mas. — Bull. Phi- 
losophical Society, AVasliington. — Bull. of 
the Lloid Library of Botany, Pharmarcy and 
Materia Medica. Cincinati, Ohio. —Bull. of 
University of Montana, Missoula, Montana.— 
Bull. of 'the Minesota Academy of Natural 
Sciences, Minesota. — Bull. of the New York 
Botanical Carden, Neu' York. — Bull. of the 
U. S. Geoiogical and geographical Survey of 
the territoires, Washington. — Bull. of the 
Wisconsin Natural History Society Milwankee, 

Wis. Bull. of the University, Kansas. — 

Bull. of the American Geographical Society, 
New York. — Jonrnal of the New Jersey 
■ Natural History, New Jersery. Trenton. — 
Journal of the Military Service Institution. of 
the U. States. — Journal of the Rlisha Mitchell 
Scientific Society, Chapel Hill. Nord-Caroliua. 
— « La América Cientiíica », New York. — 
Librarían Augustana CoUege, Rockislad, New 
York. — Memoirs of the National Academy of 
Sciences, Washington. — M. Zooiogical Car- 
den, New York. — Proceeding of the En- 
gineers Club, Filadelfia. — Proceeding of 
the Boston Society of Natural History, Bos- 
ton. — Aun. Report Missouri Botánica! Gar- 
den. San Luis M. O. — Ann Report of the 
Board of trustes of the Public Museum, Mil- 
wankee. — Association of Engineering So- 
ciety, San Louis, Mas. — Ann. Report of the 
Burean of Ethnology, Washington. — Ame- 
rican Museum of Natural History, Nev York. 

— Bull. of the Museum of Comparativo Zoo- 
logy, Cambridge-Mas. — Bull. of the Amen- 
can Mathematical Society, New York. — 
Trasaction of the- Wisconsin Academy of 
Sciences, Arts and Letters, Madison Wis. 

— Trasaction of the Academ. of Sciences, 
San Louis. — Transactions of the Connecticut 
Academy of Arts and Sciences, New Haven. 

— Transactions Kansas Academy of Sciences, 
Topekas, Kansas. — The Engineering Ma- 
gazine, New York. — Sixtenth Annual Re- 
port of the Agricultural Experiment Station, 
Nebraska. — The Library American Asso- 
ciation for the Advancement of Sciences. 
Care of the University, Cincinati Ohio. — N. 
Y. Vassar Brothers Institutos, Ponghtepsie. 

— Secretary Board of Commisioners Se- 
cond Geoiogical Survey of Pensylvania, Phi- 
ladelphia. — The Engineering and Mimng 
Journal, New York. — Sniithscnians Institu- 



tion, Washington. — U. S. Geoiogical Sur- 
vey, AVashington. — The Museum of the 
Brooklin Instituto of Arts and Sciences. — 
The Ohio Mechanics Instituto, Cincinati — 
University of California Pnblications, Berke- 
lev. — Proceeding of Enginnoer Society of 
Western, Pensylvania. — Proceeding of the 
Davemport Aca"deniy, Jowa. — Proceeding 
and transaction of the Association, Meride. 
Conn. — Proceeding of the Portinnd Society 
of Natural History, Portiad, Maine. — Pro- 
ceeding American Society Engineers, New 
York. — Proceeding of the Academy of Natu- 
ral Sciences, Pliüadelphia. Proceeding of the 
American Philosophical Society, Philadel- 
pliia. — Proceeding of the indiana Acaden.y 
of Sciences, Indianopolis. — Proceeding of 
the California Academy of Science, — San 
Francisco. — The University of Colorado. 
« Studies ». Colorado. 

Filipinas 

Bol. del Observ. Meteorológico. — Manila 

Francia 

Bull. de la Soc. Linnennée du Nord de l£ 
Franco, Amiéns. — Bull. do la Soc. d'Etudes 
Scientfiques, Angers. — Bull de la Soc. des 
Ingénieurs Civils de Franco, Paris. — Bull. 
de LUiiiversité, Toulouse. —Ann. de la Fa- 
culté dos Sciences, Marseille. — Bull. de la 
Soc. de Géographie Commorciale. Paris. — 
Bull. de la Acád. des Sciences et Lettros, 
Montpelier. — Bull. de la Soc. de Topographíe 
de France, Paris. — Rev. Genérale des Scien- 
ces, París. — Bull. de la Soc. de Géographie, 
Marseille. — Recueil de Médecine Vétéri- 
nairo, Alfort. — Travaux Scientifiquos de 
rUniversité, Rennes. — Bull. de la Soc. do 
Géographie Commorciale, Bordeaux. — Bull. 
do la Soc. des Sciences Naturelles et Ma- 
thomatiques, Cherbourg. — Ann. des Mines, 
Paris. — Min. de Tlnstruction Public et des 
Boaux Arts, París. — La Fouille dos Jeunes 
Naturalistes, Paris. — Rev. Géographique In- 
ternationale, Paris. — Ann. de la Soc. Lin- 
néenne, Lyon. — líull. do la Soc. do Géogra 
phie Commorciale, Havre. — Bull. de la Soc. 
d'Étudo dos Sciences Naturelles, Reims. 

Holanda 

Acad. R. des Sciences, Amsterdam. — Ne- 
derlandche Entomolog. Verseg, Rotterdam. 

Inglaterra 

The Geoiogical Society, London. — Minutes 
of Proceeding of the Institution of Civi 
Engineers, London. — Institution of Civil 
Engineers of Ireland, Dublin. — The Mine- 
ralogical Magazino Prof. W. J. Lewis M. A 
F. C. S. the New Museums, Cambridge. — 
The Geographical Journal, London. — Bris- 
tish Association for the Advancement of 
Science, Glasgow. —The Guaterly Journal of 
the Geoiogical Society, London. 

(Concluirá en el próximo número). 



ANALES 



DÉLA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA AlUiENTIM 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD 



1? 
iJlii 



NTlFICA 



ARGENTINA 



DiKi-.cTOK : nocTOK HORACIO DAMIANOVICH 



TOMO LXXVIII 

Segundo semestre de 1914 






BUENOS AIRES 

IMPKKNTA Y CASA EDITORA DE CONI HEHMANOS 

684 — GAi.i.K VKHU — 684 
1 914 



ANALES 



DE LA 




DAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



DiRK<;roi( : Doctor HORACIO DAMIANOVÍCH 



JULIO-AGOSTO 1914. — ENTREGAS Mí. — TOMO LXXVíII 



ÍNDICE 

Carlos Lizer, Quelques notes poiir servir de complément au recueil de Mr. L. 
Hauman-Merck sur « Les parasites végétaux des plantes cultivées en Argentine 

et dans les regions limitrophes » 5 

VÍCTOR WiDAKOwiCH, Sobre blastoftoria • 18 

Ángel Pérez, Un problema de química 32 

Camilo Miíver, Influencia de la presión y temperatura sobre los fenómenos de 

disociación 39 

i/ Caslos Spegazzini, La verdenasquina. Nueva variedad de caucho 71 

G. Beri\dt, Observaciones aéro-eléctricas en la República Argentina (continuación). 74 

Bibliografía 92 



BUENOS AIRES 

JMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONJ HERMANOS 
684 — CAL LK PKRÚ — 684 

1914 



JUNTA DIRECTIVA 



Frcsidmíc I^ccíor F'rancisco X*. Hiavallo 

Vicepreaidente 1" Ingeniero Eduardo Huergo 

Yicepreúdcnte 2° Doctor Ol aro C oassen 

Secretario de actas Doctor ijuciano F*. j. F»aiet 

Secretario de con-espondencia. . Ingeniero Anecto J. Bosisio 

Tesorero Ingeniero Wenno J. Schacfc 

Prolesorero Arquitecto Raúl G. Pasman 

Bibliotecario Profesor Jfosó T. Ojeda 

^Ingeniero Santiago K. Baratoino 
Ingeniero Jorge W. Dolbranicli 
Doctor Martiniano Leguizairión f*ond.al 
„ . , Doctor Tomás ,f. fCunii 

^^'^"'^•' j Ingeniero Oronte A. Valerga 

/Doctor Knrique del Valle Iberlucea 
1 Ingeniero E:<iuardo Voipatti 
Ingeniero Alberto o. Otamendi 
Gerente Señor -J nan iBotto 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de ñO ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglamenta- 
rio. Por mayor número de ejemplares deberán entenderse con los editores señores Coni 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis qne sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

Pesos moneda nacional 

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Número qlrasado 2.00 

— para los socios 1.00 

LA SUBSCRIPCIÓN SK PAGA ADELANTADA 

El loeal social permanece abierto de 3 á 7 y d« 8 á 1 2 pasado meridiano 



QUELQÜES NOTES 



POUR SERVIR DE 



JOMPLÉMENT AU RECUEIL DE M„. L. IIAUMAN-MERCK 

SUR « LES PARASITES VÉGÉTAUX DES PLANTES 
CULTIVÉES EN ARGENTINE ET DANS LES REGIONS LIMITROPHES» (1) 



M. Haumaii-Merck vient de publier nn fort intéressaut travail d'en- 
semble sur les parasites végétaux qui attaquent les plantes cultivées 
de l'Amériqne méridionale et principalement celles de PArgentine. 

Les recueils de ce genre sont loin d'étre fáciles á faire, qiiand on 
est le premier á les accomplir, ce qui fait diré á son auteur que sa 
liste de 175 números est bien incompléte encoré. 

Mais tout incompléte qu'elle soit, cette publication est digne de 
tout éloge, car le seul fait de passer en revue le monument bibliogra- 
phique du docteur Spegazzini, est deja une tache ijour laquelle il faut 
s'armer de la patieuce d'un bénédictin, j'en sais quelque cliose. 

Le but de ees notes n'est pas la critique á l'oeuvre de mon anclen 
professeur de phytopathologie, loin de la, j'ai voulu seulement ajou- 
ter ici les quelques omissions, tres comj)réhensibles, da reste, dans 
tout premier essai, que j'ai notées dans son travail. 

•J'espére que d'autres contributions suivront a celle-ci, pour que 
d'ici peu la flore mycologique des plantes útiles soit de mieux en 
mieux connue. 

Je commencerai par indiquer les parasites qu'on a sígnales pour 
l'Argentine et regions limitroplies et ceux que j'ai observes moi-méme. 
ÍTi les premiers ni les seconds ne sont cites dans la dite publication. 

J'ai remarqué aussi que plusieurs cliamj)ignons cites par Spegaz- 

(1) Extrait des Anales del Museo de historia natural de Buenos Aires, tome XXVI, 
pages 163-225. Aoüt, 1914. 






6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

zini sur des ])laiitos cultivécs. ii'oiit \r.\s óti' pris en (•oiisidi'nitioii par 
M. líaumaii-Meick. 

Je les si.i>nale ici en iiidiíniaiit seulemcnt ceux que rauleur a tiou- 
vés sur des organes vivants des plantes liutes. 

1 . Bacilhis sacchari Spej>-. 

D'apres sou auteur (1) ee bacille produirait la maladie appelée 
« Polvillo de la caña de azúcar ». Selon Chavanne, ce serait la larve 
de VEuxeMa chavannei Biétlies, qui liii servirait de porte d'entrée(2). 

2. Bacillus vitívortis Bac. 

Signalé en 1910 dans les vignobles de la province de Mendoza (3). 

L'auteur de cette étude a isolé ce bacille, qui, comme on le sait, 
produit la « <íommose bacillaire » des franjáis ou le « nial ñero » des 
italiens. 

D'apres les observations faites dans ])lusieurs départements il croit 
que la maladie, sauf quelques exceptions, ne cause pas de sérieux 
dégáts. 

3. Bacterium tumefaciens Smitli et Townsend. 

La « Crown gall » des auteurs anglais et des américains du nord, 
produite par cette schizomycéte (pour Masse elle est dúe au Dendro- 
phacini-t fi¡oho.sus Toum.) et si bien étudiée par Brwing Sraitli, Town- 
send et Hedgcock, est assez répandue en Argentine, mais á ce qu'il 
parait, les donimages causes ne sont pas jusqu'á présent tres graves. 

J'ai recu des arbres fruitiers provenant des provinces de Mendoza 
et San Juan oíi les galles étaient assez developpées. 

Au mois de juin 1913, j'ai examiné quelques pécliers atteints de 
cette maladie et qu'on m'apporta du « Viñedo Franklin » (Escobar, 
prov. de Buenos Aires). 

On m'a derniérement envoyé de Paraná (prov. de Corrientes) des raci- 
nes de vigne qui portaient les galles caractéristiques de la «crown gall» . 

D'autre part, j'ai eu l'occasion d'examiner plus d'une fois, des 
rosiers présentant des liypertropliies plus grandes que le poing. 
(Dans des jardins des environs de la ville de Buenos- Ayres.) 



(1) C. Spegazzini, Hongos de la caña de asúcar iii Eev. de la Fac. de Agr. y 
Vet., II, número 19, La Plata, 1896. 

(2) J. Bréthes, Une nouvelle espéce d'Ulidinac du Tuemnán in Biill. Soc. Eut. 
de France, numero 2, 1911. 

(3) J. Alazraqui, Nuevos accidentes patológicos en los viñedos de Mendoza, in La 
viticultura argentina, tome I, numero 1 et 2, pages 16-26 et 136-143. 1910. 



QÜELQUES NOTES SUR « LES PARASITES VÉGÉTAUX ETC. » 7 

4. jSfemonitis herbatica Peck. 

Sur fenilles vivantes de Cucumis meló cultivé á La Plata en 1910. 
(Spegazzini, Myc. A>y/., IV, 206.) 

5. Oidium hegoniae Putt. 

Observé par Maublanc (1) sur Begonia sp. cultivée au sud du Brésil. 

6. Oidium eri/siphoides Fr. 

Sur Phaseolus viilgarls et Pisum mtimim, au sud du Brésil. (Mau- 
blanc, loe. cit.) 

7. Oidium leucoconitmi Dsm. 

Cette forme de Sphaerotheca pannosa a été observée sur Rosa centi- 
folia dans l'Argentine et au sud du Brésil; au Chili sur Pérsica mil- 
garis. (Spegazzini, Fungí Arg. novi v. critici, 78-4; Fungi aliquot pau- 
listani, 1.32 ; Fungí chilenses^ 293 ; Fungi Arg., 168.) 

8. Oidium Bochaei Putt. 

Sur Myrcíaria jahoticaha, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

9. Fumagines. 

L'auteur cite dix espéces diíférentes de plantes qu'il a observée 
avec des Fumagines. 

J'en ajoute ici deux autres, Nerium oleander et Citrus aurantium, 
que j'ai maintes fois vues, en absence de cochenilles et pucerons, avec 
les feuilles totalement couvertes de noir. 

10. Auersicaldia f palmicola Speg. 

Sur CoGcus australis et C. yatay, au Paraguay. (Spegazzini, Fungi 
guaranitici, 114.) 

11. Phyllachora mucosa Speg. 

Sur feuilles vivantes de Coccus australis^ au Paraguay. (Spegaz- 
zini, Fungí guaranitíci, 106.) 

12. Phyllachora típae Speg. 

Sur feuilles de Típuana speciosa á Salta (Rép. Arg.). (Spegazzini, 
Myc. Arg., IV, 712.) 

13. Ijeptosphaeria saccharí Speg. 

Sur f^accharum officínarum, á Tucumán (Spegazzini, loe. cit.) et au 
sud du BrévSil. (Maublanc, loe. cit.) 



(1) André Maublanc, Rapport sur les maladies obsérvées au laboratoire de phy- 
topatholofíie du Musée nafional de Rio de Janeiro, in Bnlletín mensuel de renseignements 
afjricoles et des maladies des plantes, IV, numero 6, pages 876-79. Eome, 1913. 



» ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

14:. ¡ScolecopeUiH tropicaUs Speg. 

Sur l'épicarpe et les feuilles vivantes de Citrm aurantium. (Spe- 
gazzini, Funyi ruifjffariani, 309.) 

1."). Fhysalofipora laUtans Sacc. 

Sur Eucalyptm rostrata^ au Brésil. Cause des dégáts sur les feuil- 
les et les branclies (1). 

16. DidymcUa glatiiicola Speg. 

Sur glumelles presque mures de Oryza sativa, á Sao Paulo (Brésil). 
(Spegazzini, Funyi aliqnof paulistani, 52.) 

17. Spliaerella tabifica Prill. et Delcr. 

J'ai re5u l'aimée derniére du Eio Xegro (Eép. Arg.) une plante de 
Beta vulyaris, qui avait tous le caracteres extérieures de la maladie 
causee par ce champignon. Cependant je ne puis rien diré decertain, 
carjen'ai pu observer aucun mycelium, l'exemplaire étant arrivétrés 
sec et en mauvais état de conservation. En chambre bumide rien ne 
s'est developpé. 

18. SphaereUa caricae Maubl. 

Sur Carica papaya tres fréquemment au sud du Brésil (Maublanc, 
loe. cit.). D'aprés son auteur ce serait la forme parfaite de Asperispo- 
rium caricae (2). 

19. Spliaerella coffeae ííoak. 

Sur Goffea sp. cultivée au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

20. Spliaerella maculiformis (Pers.) Auersw. 
Sur cbátaigners, au Brésil (3). 

21. Spliaerella molleriana Thiim. 

Observée au Brésil par Averna Saccá sur feuilles A'' Eucalyptus fici- 
folia (Boletim de agricultura, n° 8, 1911). 

22. Spliaerella tlieohromae Fab. 

Sur Theobroma cacao cultivé au Brésil. (Averna Saccá, loe. cit.) 

23. Puccinia coronata Cda. 

Sur Avena sp. en Argentine et au Cbili. 

(1) E. Averna Saccá, O Fazenñeiro, tome V, uuméro 6, 1912. 

(2) In Bidl. trimest. de la Soc. Myc. de Frunce, tome XXIX, fase. 3™"^ pages 353- 
358, 1913. 

(3). R. Averna Saccá, Urna molestia da amoreira, in Boletim de agricultura, n° 
9-10, 1911. 



QUELQDES NOTKS SUR « LES PABASITES VÉGÉTAUX ETC. » 9 

Spegazzini dit en Fungi chilemes, page 19 : «Esta eupecie peculiar 
á rarias especies de arena, en ciertos años húmedos suele projya/farse 
temprano excesivamente, haciendo mermar hastantc la cosecha. » (Spe- 
gazzini, Myc. Ar;/., II, 98; et Fungi Arg. nov. v. crit., 431.) 

24. Puccinia capsici. 

Fñt observée a ÍSao Panlo (Brésil) ponr la premiére fois en 1909, et 
en 1913 elle causait déjá de sérieux dégáts dans plnsienrs espéces de 
Gapsicum (1). 

25. Fuccinia gluinariiin (Sclini.) Er. et Henn. 

Sur Triticum satimim aii snd du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

26. Puccinia psidii Wint. 

Sur Psidium guai/ara, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

27. Graphiola phoenicis (Mntgn.) Poit. 

Citée par Spegazzini sur Phoenix dactylif era a Buénoñ-Ayrea, Men- 
doza et Tucumán. (Spegazzini, Fungi Arg., 58, et Fungi Arg. novi v. 
critici, 406.) 

28. Phragmidiuní mucronatum (Pers.) Fr. 

Sur Rosa sp. (Spegazzini, Fungi patagonici, 77, et Fungi Arg., 28.) 

29. Phragmidium tuherculatíim Müll. 

Sur Rosa sp., au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

30. Uredo cambucae Henn. 

Sur Fugenia edulis, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

31. Uredo gossypii Lagerli. 

Sur Gossypium sp. cultivé au sud du Brésil. (Maublanc, loe, cit.) 

32. Uredo Rochad Putt. 

Sur Myrciaria jahoticaha, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

33. Phyllosticta aurantiicola (B. et C.) Sacc, 

Sur feuilles vivantes de Citrus aurantium au Paraguay. (Spegaz- 
zini, Fungi Puiggariani, 405.) 

34. Phyllost'icta libertiana Sacc. et Marcli. 

Sur Viola odorata au Paraguay. (Spegazzini, ib., 407.) 

35. Phyllosticta coffeicola Speg. 

Sur Coffea sp. cultivée dans la zone bumide de la región littorale 
du sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

(1) R. AvEKXA Saccá, o Fazendeiro, tome VI, numero 7, 1913. 



10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIKNTIFICA ARGENTINA 

36. Phyllo.sticta capsici Speg-. 

Sur Capsicum np. cultivé a. La Plata. (Spegazzini, Fungí Arg. uovi 
t\ critici, 726.) 

o 7. riiyüostieta mate Speg. 

Cité par son auteAir sur feuilles de Ilex paraguariensis (1) cultivé a 
San Pedro (Misiones), et par Maublanc sur la méme i)lante au sud- 
ouest du Brésil (loe. cit.). 

38. PhyUostieta Hacchari Speg". 

Sur Saccharum officinarumy a Tucumán et La Plata (Spegazzini, 
Hong. caña de azúcar, 27) et au sud du Brésil (Maublanc, loe. cit.). 

39. FhylloHÜcta, syeophila Tbüm. 

Sur Ficns sp. cultivé au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

40. Phoma glvmicola Speg. 

Sur glumes de Oryza sativa á Sao Panlo. (Spegazzini, Fungí ali- 
quot pa}dÍKtaní, 104.) 

41. Macrophoma malorum (Berk.) Berl. et YogL 

Sur fruits de Pít'us nialus, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

42. Coníothyritim díplodíella (Speg.) Sacc. 

Sur feuilles de Vítís vínifera, au suddu Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

43. Septoria ampelína B. et C. 
Sur Vítis vinifera, ib. (Ib., ib.) 

44. Septoria medicagínís Eob. et Desm. 

Sur feuilles vivantes de Medicago sativa, a la Pampa Central (Eép. 
Arg.). (Spegazzini, Myc. Arg., V, 974.) 

45. Septoría oryzae Catt. 

Sur Oryza sativa cultivée á Minas Geraes (Brésil) (2). 

46. Gloeosporínm cítricolnm Speg. 

Sur feuilles vivantes de Citrus límonum, au Paraguay. (Spegazzini, 
Fungi Puyggaríani, 443.) 

47. Qloeosporinm fructigenum Berk. 

Sur Pírus nialm, P. communis, Prunvs trífolía et Cydonia vulgarís, 
au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

(1) C. Spegazzini, Hongos de la Yerba Mate, in Aii. Mus. Hist. Nat. de Bue- 
nos Aires, serie III, t. X, p. 134. 

(2) L. Granato, As molestias e os parásitas do arroz, in BoJetim de agricultura, 
n" 1, 1913. 



QUELQUES NOTES SDR « LES PARASITES VEGETA UX ETC. » 11 

48. Gloeosjjorium lupimis Bondar. 

Observé par son antear sur Ltipinus albus á Sao Paulo (Brésil) en 
1912 (1). 

49. GJoeosporium ma)i<iae Xoak. 

Sur fruits de Mamjifera indica;, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

50. Gloeosporium maitgiferae Henn. 

Sur feuilles de Mangifera indica, au Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

51. Gloeosporium mvsarum Cook et Mass. 
Sur Musa paradisiaca, ib. (Ib., ib.) 

52. Gloeosporimn psidii Delacr. 
Sur Psidium (piayara, ib. (Ib., ib.) 

53. Colletotriclium oli (jocha etum Cav. 

Je ne suis pas d'aceord avec M. Hauman-Merck au sujet du cham- 
pignon qui nuit les pastéques. 

Selon lui c'est un discomycéte du genre Monilia qui jjroduitla ma 
ladie, tandis que luoi je l'attribue au Colletotrichum oligochaetum. 

Au comniencement du mois de décembre 1913, je me rendis á 
Simoca (prov. de Tueumán) ou je vis les plantations de Citrullus vul- 
gar is atteintes d'une mal adié. 

Les fruits encoré verts, présentaient des taches jaunátres qui en 
chambre hujnide se changeaient en brun olivatre. 

J'avais cru d'abord qu'il sagissait du Scolecotrichum meloplitliorum, 
mais j'ai bien vu ensuite que ce n'était pas ce cliampignon l'agent des 
dégáts, (Ce sont ees échantillons que je communiquai á M. H. Merck.) 

Quelque temps aprés je reyus de nouveaux fruits mñrs de la méme 
plante et c'est alors que je pus constater avec certitude la présence du 
Colletotrichum. 

Quoique dans son travail, M. H. Merck dit les avoir vues, je n'ai 
jamáis observé, ni dans les premiers ni dans les seconds échantillons, 
les chaines de spores qui caractérisent le genre Monilia. 

Les conidies qu'on trouve assez abondamment, sont de grandeur 
variable (18-24 ¡x = 4-7 ;;,) ; elles ont des granulations de différente 
grandeur. 

Du stroma naissent des poils rigides, bruns (163 \j. = 0-7 y.) carac- 



(1) Gregorio Boxbak, Tremolo ¡tranco e sitas molestias, iu Boletim de agricul- 
tura, 3^ serie, page 427. Sao Paulo, 1912. 



12 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKUENTINA 



téi'istiques (In ^ieure Colletotrichnm. Deux cloisoiis ;\ la partie infé- 
rieure les divisent en trois cellulcs; deux subé^ales et la sui)énenre 
géiiéralemerit aussi longue que les deux autres réunies. J)aus certai- 
nes taíihes on les trouve en abondance, dans d'autres ils sont absents. 
Dans la figure 2 ou peut voir ees poils et les conidies que j'ai 



ifmmmmm^í^^.. 










vmnm 



Fig. 1. — Colletotrichum oligoehaetum Cav. Yue supt'iieiire dii stiouia avec les poils 
leuversés par la pression dii couvre-objet. (Gi'oss. 162 Diani.) Original 

dessinésá la cliambre claire (oculaire 3 et objectif D de Zeissj Gross. 
325 Diam.). 

5i. Colletotrichum (oiqíeliimm Cav. . 

Sur Vitis vinifera, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 
55. Colletotrichum cojff'eanum Noak (1). 

Sur Coffea sp., ib. (Ib., id.) 



(1) Déconvert aii Brésil et tlécrit en 1901 iu Zeisfschríft für Pflanzen Eran- 
heiteii, XI, Heft 4 et 5. 



QUELQDES NOTES SUR « LES PARASITES VÉGÉTAÜX ETC. » 13 

56. CoUetotrichum falcatum Went. 

Sur Saccharum officinamm, ib. (Ib., ib.) 

57. Colletotrichum glocosporeoides Peiiz. 
Sur Gitrus sp., ib. (Ib., ib.) 

58. CoUetotrichum (jossypii South. 

Sur Gossiipium np. cultivé á Piracicaba (Brésil) (1). 

59. Septociloeum arachidis Racib. 

Dans les premiers iours du uiois de mars de l'aniiée en cours, on 




Pig. 2. — Colletotrichum oligochaetum Cav. Poils 
et conidies. (Gross. 325 Diam.) Original 



m'a envoyé de Bella Vista (prov. de Corrientes) quelques plantes 
á''Arachis hi/pogaea oíi j'ai trouvé ce chanipignon. 

Tant sur les tiges, que sur les feuilles on y observait les taches 
noires avec les bords jaunátres. 

60. Monochaetia ampelophila Si)eg. 

Sur sarinents vivants de Vitis vinifera, á la province de Santiago 
del Estero (Rép. Arg.) en 1909. (Spegazzini, Mijc. Arg., V, 1027.) 

01. PeHtalozzia sp. 

A la íin aofit de cette année j'ai recu des feuilles d''Uncalyptus sj). 
atteintes par un chanipignon du genre Pestalozzia, dont l'espéce reste 
encoré á déterminer. 



(1) G. Vert, Parásitas do algodoeiro, in Boletim de a<iricHltiir<(, w" 4, 1905. 



14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Les feuilles ianiiissent et ne tardeiit pas á tojiiber, ve (jui cst dftj 
parait-il a la itrésciicc dii ('liaini)ijin<)ii. 

Les coiiidies ñisiforines (50-00 [x = 10-20 ¡j.) sont généralement 
tétraseptées (il y enatri et pentaseptées); les deux cellules extremes 
liyalines, les iiitérieiirs colorees. 

Cellule apicale avec quatre, cinq on six cils liyaliiis (24-34 [j. long.) ; 
cellule iiiférienre avec nn pédoncule court iiicolore (12-;x long.). 

02. Pestalozzia paraguariensis Maiibl. 

Observée par son anteur sur Ilex paraguarienHiH cultivé au sud- 
ouest du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

03. Festalozzia psidii Patt. 

Sur Psidium (juayara, cultivé au suddu Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

04. Pt'st((Ii}zz¡a Hvicola Spef>'. 

Maublanc (loe. cit.) la signale sur V. vinifera au sud du Brésil. 

05. Verticillmm solani (Hart.) Sacc. 

J'ai trouvé cette mucédinée sur des tubercules de iSolanum tubero- 
sum, atteints par Fusarium oxisporum. Cela vient a confirmer ici le 
fait observé en France par Delacroix (1). 

00. Piricularia oryzae Cav. 

Sur Oryza sativa cultivée au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit. et 
L. Granato, 1. c.) 

07. Thielaviopsis paradoxa (de Seynes) v. Híihn. 

Sur Saccliarum officinarnm cultivé au sud du Brésil. (Maublanc, 
loe. cit.) 
OS. Hadotrichum f popuU Sacc. 

Sur Poptilus nigra, cultivé au Cbili. (Spegazzini, Fungí cMlenses, 
303.) 

09. Cladosporium carpopMlum Tliiim. 

Sur Prnnus pérsica, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

70. Heterosporium ecliinulatum (Berk.) Cooke. 

Sur Diunthíis sj)., au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

71. Macrosporium carotae Eli. et Langl (2). 

Sur Daucus carota, au sud du Brésil. (Maublanc, loe. cit.) 

(1) G. Delacroix, Sur une aUératioii des tubercules de povime de ierre dans la re- 
tjion avoisinant París pendant le mois de septembre 1903, iu Ann. de V Institut Na- 
tional Agronomique, 2^^ serie, tome III, fase, l*^'", 1904. 

(2) Au cours de l'impréssion de ees notes, Mr. Vitoria, du laboratoire de patho- 



QÜELQÜES NOTES SLR «LES PARASITES VÉGÉTAÜX ETC. » 15 

72. Cercoapora apii Berk. et Cooke. 

Observée par Maiiblanc sur Apium g raveolens -au aml d\\ Brésil. (ib. 
ib. ib.) 

73. Cercospom cofeicola Berk. et Cooke. 

Observée par Maublanc sur Cofea .sp. á Sao Paulo (Brésil), (Mau- 
blanc, loe. cit.) Fiit signalée déjá en 1902 par G. crutra (in Boletim 
de Agricultura^ u" 1, 1902). 

74. Cercospora gossypina Cooke. 

Sur feuilles de Gossypium sp., au sud du Brésil. (Maublauc, loe. cit.) 

75. Cercospora nicotianae Eli. et Ev. 

Sur feuilles de Xicotiana tahacum, au sud du Brésil. (Maul»lanc^ 
loe. cit.) 

76. Cercosporella gossypii Speg*. 

Cette espéce observée par son auteur au Paraguay est probable- 
ment ideutique á Cercospora gossypina Cooke. (Spegazziui, Fungí 
Giiaranitici , 389). 

77. Stühum jiavidum Cooke. 

Observé sur Cojfea sp. cultivé dans la zone humide de la región 
littorale du sud du Brésil. (Maublanc, ib.) 

78. Fusaríum diantlii Prill. et Delacr. 

J'ai remarqué la maladie des oeillets d'Antibes au niois de mará 
de l'année en cours, sur JDiantlms sp. cultivé par le floriculteur M. 
Cliauviu. 

79. Asperisporium caricae (Speg.) jVIaub. (== Cercospora, caricae Speg.) 
Tro uve prés de Rio de Janeiro sur Carica papaya (1). 

Écoulement muqueux des peupliers d'Italie (page 1G7) (2). — 
J'ai constaté pour la premiére fois cet écoulement dans la i)ropriété 
de M. Belloc á Barca Grande (Delta du Paraná). 

Une partie des échantillons rajjportés furent envoyés au labora- 

logie végétale du Miniatére de l'Agrieultnre, me fait sav^oir quMl vieiit de troii- 
ver un autre Macrosporium (21. f/ossypii) sur des capsules de Gossypium sp. cul- 
tivé á Corrientes (Rép. Arg.). 

(1) A. Maublanc, Urna molestia do mamoetro, in Boletim do Mini.-íterio da Agri- 
cultura. Industria e Commercio, II, n" 1, 191.3. 

Voir aussi, Bull. trimestriel de la Société Mycologique'de France, tome XXIX^ 
fase. S-^e, 1913. 

(2) Les pages renvoient au travail de M. H. Merck. 



16 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

toiiv (le iuiciol»i»>l«>jii<' »lu Miiiistore (1(í l'AoTiculture (jui y tiouva un 
Micrococcm. .Fo remis les écliantilloiis restauts á M. H. Merck (lui 
isola un hacille. 

Le liquide qui suiute quand on i)erce les auipoules de l'écorce est 
incolore; il devient rougeátre quelque teiiips aprés étre resté en con- 
taet de l'air. 

11 faut remarquer que les peupliers atteints, consideres du point de 
vue industriel, étaient de vieux arbres {VI á 15 ans) plantes dans de 
tres inauvaises conditions, sur un terrain bas et exposé aux marees 
continuelles. Ces inconvénients les avaient empécbés d'acquérir le 
dianiétre correspondant a cet age (le plus gros ne dépassait pas dix 
centimétres). lis étaient, en outre, trop ])rés les uns des autres (1 ni. á 
1,50 ni. tout au plus) et occupaient une aire d'nne bectareápeu prés. 

J'ai conseillé de faire enlever un certain nombre de plantes pour 
permettre aux autres de recevoir plus d'air et de lumiére. A ce que 
m'a dit M. Belloc, cela lui a parfaitement réussi. L'écoulement n'a 
pas été remarqué dans les peupliers plantes au long des riviéres du 
Delta. 11 ne faut done pas le considérer comme une cause de préju- 
dice, car les plantes qui se trouvent dans de bonnes conditions de 
terrain, lumiére, aération, ne présentent ni boursouflures, ni écoule- 
ments d'aucune sorte. 

Cercospora personata (B. et C.) Eli. et Ervcb. (page 200). — M. 
Hauman dit que ce cbampignon n'a pas été observé en Argentine. 

Cette affirmation n' est pas exacte; on l'a signalé pour Corrientes 
en 1900(1). 

Fusarium oxisporum Scblect. (= Fusarium solani) (page 207). 
— Au cours de l'année 1912 nous répétámes au laboratoire de M. 
Hauman les éssais d'infection que firent en F ranee M. Delacroix et 
Maublanc. Dans aucun cas nous ne pfimes obtenir l'infection de pom- 
mes de terre saines, ni en les encemen§ant avec une culture puré, ni, 
préalablement contusionnées, en les mettant en contact des tubercu- 
les malades, soit á l'étuve, soit á l'air libre. 

La cutinisation des tissus de pommes de terre que l'on coupe et 
qu'on laisse en contact de l'air se fait tres rapideiuent, tandis que le 
développement du Fusarium est tres lent. 

II faut quelques jours pour que les fructifications du cbampignon 



(1) R. Cami-olieti, La agricultura en la provincia de Corrientes, page 82, 1906. 



QÜELQÜES NOTES SUR « LES PARASITES VÉGÉTAÜX ETC ». 17 

apparaissent, mcme en i)la9ant les tubercules dans une chambre Liimi- 
de, á une température de 35° Celsius. 

L'iufection que nous avons obtenue et qui a toujours réussie, est 
celle faite sur des rondelles de pommes de terre immergées d'avance 
dans une solution de ClXa á 10 pour cent. 

A cause de la plasmolyse les tissus ne se suberisent pas et le cham- 
ing-non se développe sans que ríen ne le gene. 

Au mois de novembre 1913 je regus du sud de Santa Fe, plusieurs 
Jalantes de Solanum tiiberosum qui présentaient des taches bruñes sur 
les ti oes et les feuilles. 

Tres prés du collet, on voyait des efidoresceuces blanches qui n'é- 
taient autres que les conidies du F. oxüporum. 

Associé á ce champignon, j'ai trouvé, en oi-aude abondance, une 
bacterie (Bacillus cauJivortis ?). 

Sur les taches des feuilles je n'ai pu noter aucun niycelium. 

Spegazzini dit (Fungí Arg., 358) l'avoir trouvé «in epicarpio putri 
Cucurhitae peponís ». 

Rhizoctonia violácea Tul. (page 208). — Je profite de l'occasion 
pour donner mon opinión sur ce parasite, opinión qui est tout á fait 
d'accord avec celle de M. Hauman-Merck. 

Jamáis dans les nombreux échantillons de luzerne observes je n'ai 
pu trouver le Rhizoctonia. 

Les dommages attribués au champignon avaient, souvent, leur 
origine, ou dans des parasites tres différents au susdit, ou bien á des 
causes d'un autre ordre. 

Je puis citer deux cas frappants : Dans le premier le préjudice 
était dü aux chenilles qui s'y étaient établies et dans le second au 
terrain tres argileux et a la tosca qui se trouvait a cinquante centi- 
métres de profondeur. 

Lichens (page 209). — II y a eu un mal entendu au sujet de l'hote 
du Pyrénolichen que j'ai montré á M. Hauman. 

C'est sur les feuilles d'oranger qu'il vit et non pas sur celles de 
citronnier; je ne l'ai jamáis trouvé sur cette i)lante. 

Coryneuní beyerinckii Oud. (pages203 et224 Bibliographie). — 
M. Spegazzini a publié dans la Gaceta Rural de Buenos Ayres, 1911, 
le méme article paru dans la Revista Zootécnica^ II, numero 7, 1910. 

Le Coryneum beyerincMi n'a done jias été, que je sache, signalé 
pour Montevideo. 

Carlos Lizer. 

aK. Sf>C. CTKNT. AM-i. — T. LXXVIII 2 



SOBRE BLASTOFTORIA 



Con mnclio gusto be aceptado la invitación de esta docta sociedad 
para dar una conferencia sobre nn tema relacionado con una materia 
especial, la embriología. Me he propuesto hablar á ustedes, sobre un 
tema, ámi saber, poco tratado, lablastoftoria. ¿Qué significa esa pala- 
bra extraña y conocida probablemente por muy pocas personas, aun de 
las ilustradas! Esta palabra ha sido creada por el ilustre psiquiatra 
suizo A. Forel y significa las consecuencias deletéreas de todas las in- 
fluencias anómalas y alterantes que puedan influir sobre el protoplas- 
ma de las células á las cuales debemos nuestro origen, es decir, las 
células germinativas. Haciendo abstracción de la definición científica, 
diré con palabras sencillas que se trata de las alteraciones morbosas 
de nuestros gérmenes, que hacen desaparecer de la vida individuos, 
familias y razas. 

Entramos en el terreno de las cosas más enigmáticas, más difíciles, 
que desde que en la tierra existe el pensamiento han ocupado los 
esljíritus de todos los que no han jiodido encontrar su satisfacción en 
una vida lluramente vegetativa. 

Las grandes preguntas: de dónde venimos, dónde vamos, qué somos, 
por qué vivimos, surgen cuando se habla de tales temas. Es necesa- 
rio recordar que la delgada capa de agua y de tierra que cubre nues- 
tro planeta, cuna y cementerio al mismo tiempo, crea desde hace 
eternidades una infinidad de seres, que bien pronto tienen que desapa- 
recer para que se formen nuevos de sus cenizas. Eecordemos que desde 
principios muy alejados, muy sencillos — aún incomprendibles, — la 
vida orgánica se ha desarrollado hasta por fin crear el hombre, que, 



SOBRE BLASTOFTORIA 19 

orgulloso, dice que, en su mente, la naturaleza llega al conocimiento 
de sí misma. Pero — m: sj/./.wv vevEr, -ovr, ?s r,x'. á'vcpwv — la estirpe del 
hombre es como la de las hojas, que se mueren en el invierno, y que la 
primavera crea de nuevo. Morimos y renacemos, dice el poeta griego. 
Así es en la evolución normal. Pero morimos y no renacemos en nues- 
tros hijos cuando, por causas aún desconocidas, enfermedades, etc., 
nuestros gérmenes no son más capaces de renovar nuestro ser. 

En mi conferencia de hoy voy á tratar de la renovación de nuestro 
ser; en la siguiente hablaré de los fenómenos de decadencia que con- 
ducen á la muerte y á la desaparición. Hoy tentaré de dar una idea 
sobre el origen individual del hombre cuando todo evolucionaba nor- 
malmente, es decir, cuando el fruto, terminado su desarrollo, repite 
el tipo de su generador. El resultado de esta conferencia debe ser una 
sencilla interpretación de los fenómenos mediante los cuales escapa- 
mos continuamente á la muerte y la acentuación de una idea según 
la cual la vida individual es algo diferente de las concepciones gene- 
rales que sobre ella se tiene. 

¿ Por qué debemos renovarnos '? | Por qué debemos morir ? ¿, Por qué 
todos los vegetales y todos los animales deben morir! ¿ Porqué no liay 
seres inmortales ! Se debe morir por haber alcanzado un cierto grado 
de desarrollo. La adquisición de una vida individual compleja viene 
á ser pagada con la muerte ; sin embargo hay una clase de seres sen- 
cillos que son inmortales ó tienen, mejor dicho, una inmortalidad 
facultativa. Un microbio se divide, á consecuencia de cuyo fenómeno 
resultan dos. Esos dos se vuelven á dividir, y existen cuatro seres 
vivos ; siguen di vi endose éstos, y se encuentran ocho, etc. No hay 
cadáver y no puede por lo tanto hablarse de la muerte de los indivi- 
duos, sino cuando entran tuerzas extrañas, cuando, por ejemplo, 
la nutrición no alcanza más, cuando los rayos solares ejercen su 
acción destructora ó cuando el hombre, con sus soluciones desinfec- 
antes viene á darles muerte. Á medida que los organismos se couipli- 
can y que los procesos vitales no están ligados á una sola sino á un 
conjunto de células, la cuestión cambia de asi^ecto. En los seres plu- 
ricelulares hay conjuntos de elementos con funciones determinadas: 
órganos. 

Uno de estos órganos tiene por función llevar los organismos adon- 
de existe la mejor nutrición, la mejor luz; otros órganos tienen 
que tomar su nutrición, otros tienen que prepararla, otros que eli- 
minarla, otros tienen que dar noticias á las partes internas de los 
fenómenos ocurridos en el mundo exterior. Ya no es posible que con- 



20 ANALKS DK LA SOCIEDAD CIKNTÍFIOA ARGENTINA 

juntos de órjíanos tiiii cüinitlicados puedan ilividirse seueillaiiieiite eu 
dos partes conservando y multiplicándose de esa manera. 

Tales organismos han conñado á un conjunto de células — células 
sexuales — la oblijíación de renovar su vida. Las células dotadas de 
esa obligación vienen á ser eliminadas y llegan, gracias á su movi- 
lidad propia, á ponerse en contacto con una célula idéntica de un 
otro organismo de la misma especie. En esas dos células se desjúerta 
el poder aduiirable de volver á edificar un organismo, parecido en 
todos sus detalles á los organismos délos cuales ])rovienen. 

¿ Qué es lo que sucede con los organismos que han dado tales cé- 
lulas? Sucumbir á las leyes déla consumación. En un momento dado 
no son más capaces de asimilar material del mundo exterior y prepa- 
rarlo : se disuelven en sus átomos, mueren. 

La muerte hizo su aparición en el mundo cuando de los seres unice- 
lulares se originaron los seres jiluricelulares. 

Probablemente al principio las dos células que se buscaban eran 
de idéntica constitución y caracteres. Esas células eran movibles en 
el agua y tenían almacenada cierta cantidad de substancias nutriti- 
vas, las cuales entraron, después de ciertas metamorfosis, en el con- 
junto de las primeras célnlas originadas por la unión de esas dos cé- 
lulas madres. 

En un período más avanzado de desarrollo parece que el depósito 
de subsistencias aumentaba en las unas y disminuía en las otras. De esa 
manera se originaron células más movibles y otras menos movibles. 

Las células activas ó espermatozoides tenían el papel de buscar á 
las inmovibles ó casi inmovibles, las células ováricas. 

Probablemente los individuos de cada especie fabricaban las dos 
clases de células destinadas á unirse con células correspondientes de 
otro individuo. Este estado se j)uede encontrar en animales inferio- 
res, en los cuales cada individuo es masculino y femenino al mismo 
tiempo ; estado que es conocido bajo el nombre de hermafrodismo, 
el cual se observa únicamente, por excepción, en aninuiles supe- 
riores. 

En una época más adelantada del desarrollo de los organismos cada 
uno de ellos fabricaba una sola clase de esos elementos, originándose 
así los individuos femeninos y masculinos. 

En el comienzo, las células masculinas y femeninas fueron vertidas 
al agua donde las primeras buscaron alas segundas, como aún actual- 
mente se puede observar en animales que han permanecido en estados 
inferiores, como en los anfibios y en muchos pescados. 



SOBRE BLASTOFTORIA 21 

La unión de las células en el agua, la fecundación, daba como resul- 
tado que una gran cantidad de elementos debía desaparecer y sólo 
un limitado número debía formar nuevos seres. 

Por eso, muchos organismos tienen el lugar de la fecundación en 
el interior del organismo femenino y por eso los organismos femeni- 
nos pudieron dar abasto con un número mucho más exiguo de células 
ováricas. IVIientras que, por ejemplo, en muchos pescados cada depo- 
sición de huevos cuenta hasta un millón, de los cuales sólo un limi- 
tado número se desarrollan, de modo que el número de los individuos 
de la especie queda más ó menos el mismo, en la mujer se desarro- 
llan, durante toda su vida, sólo 200 huevitos capaces de ser fecunda- 
dos. Bien cierto es que la mujer nace con un número grande de hue- 
vos, 20.000 para los dos ovarios, que puede ser considerado como 
una reminiscencia de tienn)os remotos, cuando nuestros antepasados 
fabricaron un número enorme de huevos; pero, desde su i)rimera 
juventud gran número de huevos o vari eos están destinados á des- 
aparecer. 

El número de células masculinas formadas durante todo el período 
de la vida sexual es enorme. Á cada célula ovárica fecundada corres- 
ponden 850 millones de espermatozoides; durante la vida individual 
el organismo masculino fabrica 340 billones de espermatozoides. 

No puedo, en una hora, exiilicar los fenómenos curiosos que acom- 
pañan la formación délos espermatozoides y huevitos ; tengo que limi- 
tarme á mostrarles imágenes de huevitos y espermatozoides ya des- 
arrolhidos y describir brevemente los fenómenos que se observan 
durante su unión. 

Kl huevito es, como los millones de células que forman el cuerpo, 
una célula en la cual encontraremos todos los componentes que hay 
en las demás céhilas. El espermatozoide es, por el contrario, una célula 
fuertemente modificada, adaptada á la locomoción, y cuya constitu- 
ción entenderemos mejor cuando estudiemos la estructura de la 
ovicélula. 

De los fenómenos de la fecundación no puedo mostrar imágenes 
que correspondan al hombre, pues hasta hoy, tanto este fenómeno 
como el de su primer desarrollo embrionario, no han podido ser obser- 
vados. 

Los estudios sobre los fenómenos de la fecundación han sido he- 
chos sobre productos sexuales de seres inferiores. Solamente en los 
últimos años, gracias á los sacrificios de un sabio alemán, hemos obte- 
nido de los mamíferos un material tan vasto, que poseemos una suce- 



22 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sión casi iiiiuterruinpida de los reiióinenos que se verifican en el 
interior del huevo, desde el momento de la penetración del esiier- 
matozoide hasta el momento en el cual la célula fecundada se divide 
en dos. Esos largos y pacientes estudios han sido hechos en la lancha 
blanca. 

Aproximadamente esos procesos se verifican de una manera pare- 
cida á la ya conocida en animales inferiores ; por ejemplo, en 
el erizo de mar. La conclusión de que en la especie humana tales 
fenómenos se verifican de manera semeiante, es por lo tanto bien 
ñmdada. 

Después de haber relatado el curso de la fecundación, voy á mos- 
trar en una serie de imágenes (preparaciones personales) los fenómenos 
de la llamada segmentación. 

La segmentación es la consecuencia de divisiones celulares, cuyo 
resultado es la formación de un gran número de células de casi igual 
tamaño, que circunscriben una cavidad esférica. 

Cualquier organismo animal pluricelular, sin distinción de sus for- 
mas definitivas, forma su cuerpo de láminas, ó sea membranas, que 
tienen su origen en la segmentación de la ovicélula fecundada. 

Tres son estas láminas, las cuales están superpuestas y se llaman, 
de afuera hacia dentro, citodermo, mesodermo y entodermo. No me 
será posible, sin embargo, hablar del origen de estas láminas ; me limi- 
taré á decir que la superior de ellas formará el encéfalo, los órganos 
de los sentidos y parte de la piel ; que la lámina inferior formará el 
intestino y las glándulas que elaboran los jugos nutritivos ; mientras 
que la lámina media dará origen á los músculos, huesos, sistema san- 
guíneo, ríñones y óiganos sexuales internos. 

No podré dar detalles sobre los esbozos y desarrollo de esos órga- 
nos, tengo que limitarme á dar imágenes de los embriones huma- 
nos observados en su conjunto, empezando con los más jóvenes co- 
nocidos. Nombraré los órganos más importantes y daré algunas 
explicaciones sobre su significación. Será esto menester hablando de 
gérmenes que aún no tienen parecido con el hombre en su desarrollo 
completo. Solamente hacia el fin del segundo mes la conformación 
del embrión es tal que ya se reconoce en él las formas definitivas. 

Durante los estados iniciales del desarrollo el embrión humano 
es tan parecido al de los demás vertebrados, que únicamente el espe- 
cialista es capaz de diagnosticarlo como germen humano. 

Desearía entretenerme un momento en esa gran semejanza existen- 
te entre los embriones de animales muy desemejantes, para hacerles 



SOBRE BLASTOFTORIA 23 

conocer uno de los hallazgos más importantes de la embriología, la 
llamada ley biogénetica fundamental. 

Esa ley dice que la ontogenia, es decir, el desarrollo individual 
ó sea, la evolución que recorre el organismo animal desde la célula 
ovárica hasta formar su estructura detinitiva, es la breve repetición 
de todas aquellas formas orgánicas que los progenitores de su especie 
lian recorrido desde los tiempos más antiguos de la creación orgáni- 
ca hasta el presente. 

No hay que entender esta ley de tal manera que un mamífero, en 
el caso presente el hombre, sea un infusorio, después un gusano, 
después un pescado, después un anfibio, un reptil, etc., sino en el sen- 
tido de que el embrión llega, durante su desarrollo, empezando con la 
forma unicelular, á un estado durante el cual presenta ciertos deta- 
lles característicos de los gusanos, después caracteres que pertenecen 
á los pescados, en fin, tales, que se encuentran solamente en mamífe- 
ros inferiores. 

Veremos al hombre en un estado durante el cual tiene branquias 
como un pescado, en otro período en el cual no tiene extremidades 
como un gusano, en otro en el que tiene el cerebro como un mamífero 
inferior, y otro en el que tiene una cola como los monos caudales. 

En un último de mis dispositivos voy á mostrar un esquema, el 
cual ilustra la relación entre los individuos y las células sexuales, el 
mismo esquema con el cual empezaré mi próxima conferencia, y cuya 
transcendencia me parece grande, y sobre cuya interiiretación diré 
unas cuantas palabras, terminada la demostración. 

Empezaremos ahora con el estudio de la célula ovárica. 

Voy á permitirme decir algunas palabras más sobre el último esque- 
ma que he presentado. 

Según el concepto que ilustra, concepto, según mi opinión, perfec- 
tamente demostrado, no es, como he dicho, el individuo el que fabrica 
el plasma germinativo ; antes bien, por el contrario, es el plasma ger- 
minativo (piien fabrica al individuo. 

El plasma germinativo inconsciente é ininteligente, según nuestra 
interpretación, sigue viviendo eternamente, cuando no viene á ser 
destruido de una manera forzada, como ha vivido desde tiempos 
inmemoriales. 

Los individuos son entonces el alma del plasma germinativo, que 
aumentan en cantidad, transíieriéndolo en línea ininterrum])ida de 
generación en generación. 

Esta línea ha sido llamada vía germinativa. 



24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Es de una importancia enorme para la especie el conservarsu plas- 
ma germinativo inalterado. 

Un i^lasma germinativo sano es únicamente transmitible por indi- 
viduos sanos. Alteraciones morbosas del individuo alteran basta ani- 
quilar al i)lasma germinativo. 

Sobre las enfermedades, los factores que alteran el plasma germi- 
nativo, sobre las consecuencias de esas alteraciones en los indivi- 
duos á nacer, como malformaciones, diminución de la fecundidad, 
desaparición de familias, pueblos y razas, hablaré en la i)róxima con- 
ferencia. 

En mi anterior conferencia he tratado de explicar á qué es debido 
que los hijos se parecen á sus genitores, á qué es debido que las jjar- 
ticularidades de las especies raras y familiares vienen á ser conser- 
vadas. Hemos entendido que una ])arte constituyente de los núcleos 
celulares, que se unen en el acto de la fecundación, la llamada cro- 
matina, era la portadora de los caracteres hereditarios. 

Sabemos que se trata de partículas bien visibles, las cuales pro- 
porcionan los caracteres hereditarios y hemos designado á las partí- 
culas bajo el nombre de plasma germinativo. El plasma germinativo 
pasa en línea ininterrumpida de generación á generación ; no es, como 
se ha dicho, el individuo que fabrica el plasma germinativo, antes 
bien, por el contrario, es el plasma germinativo quien fabrica los indi- 
viduos. 

Sobre los factores que alteran el plasma germinativo y sobre las 
consecuencias deletéreas de las alteraciones patológicas hablaré en 
la conferencia de hoy. 

Será menester orientarnos brevemente sobre el hecho de que el plas- 
ma germinativo puede ser influenciado por el cuerpo en cuyo inte- 
rior reposa; esto me parece necesario, pues aún está arraigada la 
idea de que el plasma germinativo tiene una resistencia del todo in- 
dependiente del cuerpo. 

Se suponía que él se comportaba como un ijarásito frente al hués- 
ped en que habita. Viviendo el huésped, vive el parásito ; muriendo 
el huésped, también muere el parásito. Por lo demás, puede compor- 
tarse el parásito de acuerdo con sus caracteres especiales y alteracio- 
nes ; el huésped, siempre bajo la influencia del medio exterior, no alte- 
ra para nada la vida del j)arásito. 

Pensando de esa manera sobre el cuerpo y el plasma germinativo, 
se creía que el primero no era capaz de modificar las propiedades he- 
reditarias del segundo. 



SOBRE BLASTOFTORIA 25 

Se ha creído que era imposible <iue facultades adquiridas por el 
cuerpo, bajo la influencia del mundo externo, i)udieran pasar á los des- 
cendientes, de tal modo, que ellos ofrecieran los mismos cambios que 
heredaran sus genitores, sin que sobre ellos hubiera tenido influencia 
el exterior. Se sabía muy bien que algunas influencias del mundo 
exterior que atacan directamente al plasma germinativo, por ejemplo 
venenos, que vienen á ser incorporados por vía sanguínea, lo podían 
alterar en tal sentido y que idénticas modificaciones i)udieran obser- 
varse en padres é hijos. Sabíase, desde hace mucho, que el alcohol 
llega por la vía sanguínea á las glándulas germinativas, las altera, y 
que sus productos alterados generan, á causa de la lesión del plasma 
germinativo, una descendencia patológica. 

Pero solamente comijrobaciones modernas han llegado á demostrar 
que el plasma germinativo viene á ser influenciado de una manera 
muy diferente por las alteraciones del cuerpo. El número de investi- 
gaciones que parecen comi)robar las relaciones entre el plasma ger- 
minativo y el cuerpo, son numerosas ; me contentaré con describir una 
sola. El investigador Suterie criaba dos razas de pollos, de los cuales 
la una era nítidamente blanca y la otra francamente negra. Una re- 
producción en varias generaciones por separado lo convenció de 
que ambas crías eran constantes y puras. Tomo una gallina joven en- 
tre las negras, le sacó el ovario y le implantó el ovario de una gallina 
blanca. Cuando esa gallina negra con el ovario de una gallina blanca 
llegó á su estado de madurez, la hizo fecundar por un gallo blanco. Se 
unieron entonces los espermatozoides del gallo, el cual, como es sabido, 
transmitía el color blanco, con células ováricas, las cuales, también 
hasta ahora, habían transmitido el mismo color blanco. Origináronse 
sin embargo pollitos blancos con manchas negras. Hay que suponer 
que el ovario de la gallina blanca, durante su desarrollo en la gallina 
negra, ha sido influenciado en cierto sentido por los caracteres negros 
de esa gallina. De idéntica manera un gallo negro produjo con una 
gallina blanca, á la cual se había implantado un ovario de una galli- 
na negra, j)ollos blancos con manchas negras. En ese caso, creyendo 
en la independencia del plasma germinativo del cuerpo, hubiéramos 
debido esperar que se originarían pollos negros. Numerosas otras 
experiencias demuestran que el plasma germinativo se encuentra en 
cierta relación con el cuerpo. Sobre el mecanismo de esa influencia 
nada se sabe, y tampoco se sabe hasta qué grado llega esta influencia. 
Cierto es, sin embargo, que existe un número determinado de altera- 
ciones del cuerpo que no tienen influencia sobre el plasma germinati- 



26 ANALKS DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vo ; así es cierto, por ejemplo, (pie lieridas sincrónicas del cuerpo no 
influyen los üénnenes, no siendo i)or eso transmitidas por lierencia. 
Weissmam cortó i)or nnmerosas fícneraciones la cola á sus lauclias 
blancas, pero al cabo de varias generaciones no lia podido constatar 
una alteración de la longitud de ellas. Tampoco la circuncisión délos 
judíos, practicada desde hace milenios, ha producido alteraciones del 
cuerpo transmisibles por herencia. Bien claro es que los factores que 
alteran el plasma germinativo á través del cuerpo, en el cual reposa, 
tienen que ser favorables, indiferentes ó desfavorables. De influencia 
favorable hablamos, cuando la especie es objeto de una evolución pro- 
gresiva. En ese caso el plasma germinativo genera individuos, los cua- 
les de generación en generación son más com])licados. Una influencia 
en tal sentido favorable existió cuando el hombre de antepasados in- 
feriores se desarrollaba hasta el grado alcanzado actualmente. Sería 
imposible precisar en qué consiste tal influencia bienhechora. En 
primer lagar, supondremos que una proporción determinada entre 
luz, calor y humedad del aire, cantidad de habitación y alimento, 
facilidad ó dificultad de alcanzarlas, constitución del suelo, han sido 
de importancia, i Cuál es la causa íntima de ese desarrollo de nues- 
tra especie hacia esa perfección 1 Lo ignoramos y tampoco estamos 
autorizados á decir si esa causa perdura todavía. De una influencia 
indiferente sobre el plasma germinativo será menester hablar cuando 
un estado adquirido viene á ser conservado, cuando por nuestra ob- 
servapión, la cual naturalmente puede referirse únicamente á lapsos 
de tiempo relativamente cortos, no se verifican ni ascensos, ni des- 
censos, cuando la especie, con todas sus propiedades, viene á ser 
perpetuada con un número más ó menos igual de individuos. 

Desfavorable llamaremos á todas aquellas influencias que producen 
una diminución de sus cualidades y preparan su desaparición. De 
los muchos factores desfavorables para el plasma germinativo ya 
conocemos con cierta intimidad un número determinado ; no cono- 
ciendo sin embargo el mecanismo que opera á través del cuer])0 
sobre el plasma germinativo, las consecuencias morbosas pueden ser 
estudiadas en una serie de fenómenos. 

Las consecuencias relativas á influencias anómalas y alterantes so- 
bre el plasma germinativo que hemos llamado blastoftoria, aparecen 
bajo la forma de malformaciones, enfermedades, predisposición para 
enfermedades, deficiencias corpóreas, intelectuales y morales, fecundi- 
dad disminuida, factores todos que durante cierto tiempo son fermen- 
tos, y que contribuyen por último á la desaparición de la especie. 



SOBRE BLASTOFTORIA 27 

Uno de los factores importantes para la alteración del plasma germi- 
nativo es su transmisión á través de una serie de organismos ya anorma- 
les. No conocemos el primer momento alterante que ha producido, por 
ejemplo, la formación de familias en las cuales las mujeres sufren de una 
diminución del número de elementos de la glándula mamaria. Á pesar 
de eso estamos autorizados para decir que el plasma germinativo pro- 
veniente de esa mujer tiene la tendencia de generar otros individuos 
femeninos con glándulas mamarias deficientes. 

En tales casos hablamos de una inferioridad del plasma germinati- 
vo transmitido por herencia. Gran número de predisposiciones mor- 
bosas tienen sus causas en tal inferioridad legada por herencia. De 
tal manera son transmisibles, por herencia, el labio leporino, la mo- 
nodactilia, es decir, el hecho de que la uiano no tenga más que un 
dedo, la polidactilia, es decir, aumento del número de los dedos, la 
mano en forma de garra, etc. 

Perpetúanse por herencia las alteraciones de los órganos genitales, 
el enanismo, el gigantismo, la catarata congénita, ó sea, la intranspa- 
rencia del cristalino ocular, la miopía, el daltonismo, es decir, una 
falta de desarrollo de los centros nerviosos del ojo, en consecuencia 
de cuya lesión confúndense ciertos colores ; la sordomudez, la retro- 
versión de órganos, etc. 

Es también transmitida por herencia la ictiosis, enfermedad de la 
piel en la cual se forman escamas en toda su superficie, la psoriasis, 
el noevus pigmentoso, la microcefalia, la hemofilia, enfermedad de la 
sangre, en la cual ésta ha perdido su coagubilidad y una herida de 
escasa importancia puede conducir á la muerte por hemorragia, la 
diabetes insípida, enfermedad en la cual los enfermos toman canti- 
dades enormes de líquido, la diabetes azucarada, la obesidad, la arte- 
rioesclerosis, ó sea una alteración de los vasos sanguíneos, la carie 
dentaria, enfermedades nerviosas y muchas otras. 

En todos esos casos la causa de la blostoftoria es la proveniencia 
del plasma germinativo de un individuo patológico y la consecuencia 
la generación de nuevos individuos patológicos. El individuo sano, 
con plasma germinativo sano, que desee una descendencia sana, nun- 
ca debería mezclar su plasma germinativo con uno que proviene de 
familias enfermas. En muchos casos fácil será protegerse por ayu- 
darnos la naturaleza, inspirándonos horror un cónyuge que su- 
fra de una anomah'a como el gigantismo ó el labio leporino. Pero 
hay muchos casos en los cuales solamente los conocimientos pueden 
protegernos de las causas perjudiciales. Existen, i)or ejemplo, mujeres 



28 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

provenientes de familias hemoñlicas, las que, hermosas y seductoras, 
parecen perfectamente sanas, pero sus hijos, engendrados con un hom- 
bre sano, podrán ser hemofílicos. 

Otros factores que i)roducen la blastoftoria son la temprana edad 
de uno de los cónyuges ó la avanzada edad del mismo, su estado de 
nutrición deficiente ó exagerado, el cansancio físico y moral ])ro- 
longado, y la llamada incongruencia de los gérmenes. Lo que es en 
realidad esa incongruencia no lo sabemos ; hablamos de ella cuan- 
do vemos que razas muy alejadas forman i)roductos malos. Es ya bas- 
tante conocido que los representantes de razas que son muy hetero- 
géneas, porejemi>lo, chinos y europeos, esquimales y negros africanos, 
engendran híbridos, que no tienen los caracteres de ninguno de 
sus padres, presentando las apaiiencias de un tipo inferior. También 
en caso de consanguinidad hablamos de incongruencia de los gérme- 
nes, cuando el producto no alcanza la altura de sus padres. En lo que 
se refiere á la consanguinidad se cree hoy que produce, cuando ella se 
verifica entre individuos sanos, rápidamente un refinamiento de la ra- 
za y un aumento de la potencialidad de sus buenas cualidades ; es así, 
por ejemplo, que el gran desarrollo mental de los griegos antiguos pa- 
rece ser debido al hecho de que hermanos y hermanas contraían matri- 
monio, y por lo tanto la consanguinidad era un hecho beneficioso. íío 
siendo completamente sanos ambos cónyuges, se verifica una suma- 
ción de las cualidades malas en la descendencia, cuya inferioridad 
concluye por desaparecer por esterilidad de la raza. 

Un papel importante en la blastoftoria desempeñan los venenos; una 
parte de ellos j)uede ser j)roducida por agentes morbosos, otros vienen 
á ser incorporados como estimulantes, couu) el alcohol ó la morfina. 
Cuando el cuerpo sufre de enfermedades febriles durante un lapso de 
tiempo más ó menos largo, la alta temperatura y los venenos produci- 
dos por los microbios alteran el plasma germinativo. Microorganis- 
mos patógenos pueden penetrar en la ovicélula. Poco tiempo después 
que el agente morboso de la sífilis, la espiroqueta pálida, fué des- 
cubierto, un investigador francés nos demostró que ese delgado micro- 
organismo es capaz de penetrar á través de la membrana protectora 
que envuelve el huevito. En este caso la blastoftoria viene á ser causa- 
da por la acción mecánica de las espiríxjuetas, que aumentan rápida- 
mente de número, obstaculizando el libre desarrollo de los órganos 
embrionarios, eliminando además substancias tóxicas, que por cuenta 
propia alteran de una manera nociva al germen. La consecuencia 
de esa clase de blastoftoria es ó la muerte del embrión ó el orí- 



SOBRE BLASTOFTORIA 29 

gen de una monstruosidad, liecho que demostraré con ejemi)los, 
ó el nacimiento de un niíjo enfermo, el cual está destinado á morir 
bien pronto por consecuencia de perturbaciones de su aparato digesti- 
vo, y que, en el mejor de los casos, por el excesivo cuidado de los que 
le rodean, resulta un hombre mediocre. 

Una de las causas más frecuentes de la blastoftoria es el envenena- 
miento alcoliólico ; de igual modo que el alcohol altera ó mata las 
células del hígado, del estómago, de la corteza cerebral, mata ó hiere 
también al plasma de las células germinativas. Voyá mostrar imáge- 
nes de cortes efectuados en testículos, una sobre testículos de hombre 
normal y otra de un bebedor crónico. La diferencia entre esas dos 
imáoenes es tan grande que aun el hombre no conocedor especializado 
en estas cuestiones inmediatamente alcanza la diferencia. Tenemos que 
imaginarnos que la estructura íntima de los espermatozoides, como, 
por ejemplo, número y ordenación de las moléculas de sus substancias 
albuminosas, deben ser extremadamente pronunciados, cuando el mi- 
croscopio nos revela ya lesiones profundas en órganos como el testí- 
culo, de organización relativamente grosera. Voy á mostrar una serie 
de espermatozoides patológicos observados por el exj)erimentado sue 
co Br(mian, el cual cree que las alteraciones patológicas por él obser- 
vadas son atribuíbles al alcohol. 

Vamos á ver espermatozoides gigantes y enanos, algunos con dos 
cabezas, otros con una cabeza y dos colas, etc. No cabe duda de que 
una larga serie de monstruosidades viene á ser producida por tales 
espermatozoides monstruos. 

De idéntica manera que los espermatozoides pueden ser anormales, 
también pueden serlo los huevos, pero las anomalías de estos últi- 
mos son mucho más difícilmente reconocibles, dado su núniero relati- 
vamente escaso. 

Voy á mostrar la imagen de un huevo encontrado en una mujer de 
49 años, el que, probablemente, en caso de ser fecundado, hubiera ori- 
ginado una monstruosidad. Sin embargo no sabemos si en este caso el 
alcohol había desempeñado algún rol. La influencia del alcohol sobre 
el plasma germinativo no produce constantemente monstruosidades, 
á menudo genera chicos que son idiotas ó epilépticos, ó psíquicamen- 
te anormales. Es célebre y muy conocida la historia de la familia Tao, 
la cual, proviniendo de alcoholistas, produjo durante varias generacio- 
nes un gran número de personas psíquicamente anormales, como va- 
gabundos, ladrones, pillos, prostitutas, etc., los cuales ocasionaron al 
estado unos cuan., os millones de francos por gastos de cárceles, etc. 



;^0 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Podemos supouer (^ue en esos casos la degeneración del plasma ger- 
minativo debe ser muy profunda, i)nes tales hijos generados idiotas 
o epilépticos por el alcoholismo de sus padres conservan la ju-opiedad 
de transmitir su constitución patológica á sus descendientes, aun cuan- 
do ellos no sean alcohólicos. No quiero detenerme mayormente con el 
alcohol y (juiero pasar á otra causa de blastoftoria. 

Existen unas cuantas especies de blastoftoria, en las cuales conoce- 
mos las consecuencias sin conocer las causas. Cuéntase entre ellas gran 
níimero de monstruosidades cuya formación no sabemos explicar sa- 
tisfiKítoriamente. La ciencia que se ocupa del estudio de las malfor- 
maciones, la teratología, muchas veces tiene que limitarse á descri- 
bir y registrar los casos observados. La característica de todas las 
malformaciones es, según mi concepto, una tendencia inherente á la 
desaparición de la raza. Muchas monstruosidades no son capaces de 
vivir y los menores grados de malformaciones significan una exacer- 
bación de la lucha por la vida, conducen, en los animales, inevitable- 
mente á la muerte y vienen á ser conservadas vivas en la esi)ecie hu- 
mana casi únicamente por nuestra cultura. Para dar un concepto 
general sobre los diferentes grados de malformaciones, voy á mostrar 
unas cuantas imágenes de diferentes casos interesantes. 

Otra especie de blastoftoria no tiene manifestaciones visibles. Ella 
consis.te en una alteración de los aparatos genitales en el sentido de 
una diminución de la potencialidad. Individuos aparentemente sanos, 
pertenecientes muy á menudo á antiguas familias, tienen esa tenden- 
cia de desaparecer. Es sabido quemuchas familias nobles han desapa- 
recido por completo, sin que enfermedad alguna haya producido estra- 
gos en ellas. En estos casos la blastoftoria consiste en una diminución 
progresiva de la vitalidad de las células sexuales, el plasma germinati- 
vo se apaga, como una luz se apaga cuando no tiene más material para 
arder. Presentaré un gráfico que exi)licará mejor el concepto vertido. 

Un último tipo de blastoftoria se manifiesta en la formación de indi- 
viduos aparentemente normales, física y psíquicamente, los que sin 
embargo, en lo que se refiere á la conservación de su especie, desarro- 
llan su psiquis en una forma tan esiiecial, que los conduce como resul- 
tado final á la desaparición de la especie. Los individuos se vuelven 
exageradamente egoístas, abservándose en el análisis de la histo- 
ria que, después de largos períodos de civilización en las razas de- 
nominadas antiguas se origina una exagerada tendencia á disfrutar 
de los bienes de la vida, tornándose como consecuencia los individuos 
personalistas en tal grado que, viviendo únicamente para el bien de su 



SOBRE BLASTOFTORIA 31 

propia persona, olvidan los deberes que los ligan á su raza. Los niños, 
en estas épocas y razas, se les considera incómodos, superfinos, iniíti- 
les. Como se deduce fácilmente, esos individuos disminuyen volunta- 
riamente las concejiciones maternas y muestran un gesto de liorror 
ante la perspectiva de una concepción. 

Tales prácticas debieron influenciar en alto grado en la desapari- 
ción de los griegos y romanos antiguos, y en los pueblos modernos 
europeos existen algunos que lian dado motivo á alertas justificadas, 
por disminuir de una manera progresiva su fecundidad. Ese fenóme- 
no degenerativo se lia extendido también ala América invadiéndolas 
grandes ciudades de iíorte América, mientras que en la América del 
Sud y especialmente en la Argentina hemos quedado afortunadamen- 
te libres de prácticas que en otros j)aíses llegan á ser una seria preo- 
cupación de las clases dirigentes. 

Voy á proyectar ahora algunos dispositivos (]ue harán más gráfico 
todo lo que hasta ahora hemos expuestos, haciéndola al mismo tiemiío 
más comprensible. 

En el breve lapso de tiempo de dos horas he tratado de estudiar la 
importancia que impone á una raza el estado de su plasma germinati- 
vo. La tarea más noble de todos los individuos componentes de las 
razas debe ser dirigida á mantener sano el plasma germinativo he- 
redado de los padres y esforzarse en mejorarlo. Si pudiéramos utili- 
zar en la especie humana las averiguaciones que sobre las crias nos 
aporta el perfeccionamiento de las especies animales, sería factible 
eliminar de nuestra especie todo lo que es morboso, llegando al per- 
feccionamiento de la especialización. De la misma manera que el hom- 
bre, por la cría artificial, ha podido transformar el primitivo puro sal- 
vaje especializándolo á funciones determinadas, así también la esj)e- 
cie humana por una selección artificial debidamente meditada podría 
ser mejorada y especializada de un modo notable, obedeciendo su or- 
ganismo á las mismas leyes. 

Principios modestos en este sentido ya han sido iniciados en la 
República del Norte, donde se han votado leyes en favor de la esteri- 
lización artificial de los criminales, y en Inglaterra, donde quieren ha- 
cer depender el matrimonio de informes médicos. 

Víctor Widakowich. 



m PROBLEMA DE QUÍMICA 



Si se pudiera ligar por medio de una ley matemática los elementos 
reaccionantes y los producidos por la reacción, no hay duda de que 
simplificaríamos en gran manera el trabajo de la memoria, ésta des- 
cansaría, y el espíritu, en posesión de un método seguro, afianzaría la 
verdad plena, puesta por virtud de la ley al abrigo de lo contingente. 

Pues bien, afirmamos que esa relación general existe. No se debe á 
nosotros, sino que es conocida desde hace mucho tiempo, si bien nos 
parece que no está bastante divulgada. Quien haya leído algunos li- 
bros de química españoles la habrái visto esbozada, especialmente y en 
el tratado de química general del fallecido profesor señor Luanco, de 
la universidad de Oviedo, esclarecida además con uno ó dos ejemplos. 

En nuestros tiempos de profesorado hemos acudido á él más de una 
vez obligados por alguna intidelidad de la memoria y siempre nos ha 
sido muy útil. No quiere aquello decir que el i^rocedimiento se encuen- 
tre sólo en obras españolas, estará probablemente en otras, pero no lo 
hemos visto en tratados franceses é italianos, que son los que nuestra 
escasa preparación en idiomas nos permite consultar con mejor com- 
prensión. 

La exposición de ese método y su aplicación á los múltiples casos 
que pueden ocurrir, nos parece un asunto digno de ser emprendido, 
ya que no tenemos noticia de que otros lo hayan hecho; y átal fin so- 
licitamos hospitalidad en el órgano de la Sociedad científica argentina, 
por si sa conocimiento pudiera originar un trabajo más completo y 
más profundo del que nuestro muy limitado saber i)ueda proporcio- 
nar á los ilustrados lectores. 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 33 



II 



Empecemos con nii ejemplo. Supougamos que se pida á un alumno 
que formule la reacción que i^roduce el yoduro de potasio partiendo del 
yodo. 

Si el alumno recuerda que en la fórmula deben entrar el yodo y el 
hidrato jwtásico y que al reaccionar se producen yoduro y yodato potá- 
sico y alguna otra substancia que no tiene bien presente, así como 
tampoco el número de moléculas que debe tomar para formular la re- 
acción, ensayará, verbigracia, de este modo : 

21- + ;3K()H = lO'K + 3IK + H-Q; 

encontrándose al liacer el cómputo con que en el segundo miembro 
bay más oxígeno que en el primero y menos hidrógeno que en éste; 
lo que, no satisfaciendo la igualdad química, le induce á verificar otro 
tanteo. Por ejemplo, el siguiente : 

21- + 4K0H = lO'K + 3IK 4- 2H^O. 

Al computar elementos baila que liay oxígeno en demasía en el se- 
gundo miembro, estando bien todo lo demás. Como esa producción de 
oxígeno ex nihilo repugna á su inteligencia, figurémonos que corrige 
su reacción de este nuevo modo : 

21- + 4K0H = 10"K + 3KI + H-O + H'. (1) 

Ahora bien, ninguna de estas ecuaciones es la exacta, y sólo la si- 
guiente, donde entran tres moléculas de yodo y seis de hidrato de 
potasio, es la que satisface mejor á los hechos experimentales. 

El alumno lo verifica y le resulta esta igualdad : 

31- + 6KOH = SKI + lO'K + 3H-0. . (2) 

Pero el conflicto subsiste en su espíritu, pues se preguntará, ¿ por 
qué la fórmula (2) es satisfactoria y la (1) no, siendo así que, computa- 
das ambas, hay igualdad jierfecta entre sus miembros ? 

Porque la (2) expresa los hecJios de observación, ó mejor dicho, de 
experiencia, notados por todos los químicos, mientras que la(l) pudie- 
ra decirse que es una nueva igualdad cuantitativa, como lo sería otra 
-cualquiera que agrupase caprichosamente los elementos, sin más su- 

AK. 80C. CIKNT. ARG. — T. I.XXVIII 3 



34 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

jeción que el cumplimiento de la identidad entre el número de átomos 
de cada especie en ambos miembros. 
Por ejemplo : 

2T- + 4KOH = 4K + 1 + I^ + 40H (3) 

ó bien 

21- + 4K0H = KO + lO + I'OH + K^'H^O. (4) 

Ninguno de estos segundos miembros sería realizable por las subs- 
tancias reaccionantes del primero, sin embargo de verificarse la iden- 
tidad en el número de elementos de cada especie. Notemos, no obs- 
tante, que la igualdad (1) del alumno está muclio más cercana de ex- 
presar los hechos que realmente ocurren (jue la (3) ó la (4), á las cuales 
convendría la calificación de imposibles químicamente. 

Advirtamos además que la verdadera reacción pudo ser formulada 
con otros números como coeficientes de las moléculas. Por ejemplo, de 
estos otros modos : 

GI- + 12KOH = lOIK + 2IO^K + OH-Q (5) 

ó bien 

151- + 30KOH = 25KI + 5IO^K + 15H-0 (6) 

ó más generalmente así : 

Sn . V + (J7i . KOH = 5w . IK + n . lO^'K + 3n . H'O (7) 

en todas las cuales los coeficientes son equimúltijdos de los que figu- 
ran en la fórmula (2). Quiere esto decir que puede satisfacerse de un 
ilimitado número de maneras á una igualdad química, expresando 
siempre la realidad de los fenómenos; pero que lo verdaderamente có- 
modo é interesante e,^ formular la reacción empleando los más pequeños 
coeficientes posibles. 

Pues bien, el análisis algebraico nos va á permitir alcanzar ese ^m- 
deratum. La hipótesis en que se basa el método consiste en conocer la 
naturaleza, de las materias reaccionantes y la de todas aquellas que deban 
producirse en la reacción, de antemano conocida por la experiencia, 
asi como las respectiras fórmulas químicas de las substancias. Con esos 
datos, y aplicando á cada elemento el axioma de que el todo es igual al 
conjunto de sus partes, y que el número de elementos de cada especie es 
el mismo en uno y otro miembro de la igualdad, variando vínicamente 
en modo de agruparse, teneuios cuanto necesitamos para plantear y 
resolver el problema, el cual no comporta más dificultades que las 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 35 

inlierentes al caso de análisis indeterminado de primer grado, en que nos 
encontramos. 

Para la generalidad de las reacciones, el método no ofrece dificul- 
tad; pero á fin de exponerlo ordenada y lo más completamente posi- 
ble, distinguiremos varios casos, que esclareceremos con multitud de 
ejemplos. 

Sea el primero, aunque no es el más sencillo, el de formular la re- 
acción que tuvo en apuros á nuestro supuesto alumno. 

Siendo desconocido el coeficiente de cada una de las moléculas re- 
accionantes y los correspondientes de las producidas por la reacción, 
los denotaremos con las últimas letras del alfabeto, como es costum- 
bre designar las incógnitas, y así escribiremos la reacción en general 
de este modo simbólico : 

^ . I- + // . KOH = z . IK + w . lO^K + V . H-O (1) 

Formemos ahora las ecuaciones de los elementos referidos al átomo 
y tendremos 

2x := z -\- n, ecuación del yodo I referida al átomo. 
y zz^ z -\- u, ecuación del potasio K referida al átomo. 
y =:!= 3u -{- V, ecuación del oxígeno O referida al átomo. 
y = 2Vj ecuación del hidrógeno H referida al átomo. 

Son, pues, cuatro ecuaciones^ de primer grado con cinco incógnitas, 
lo que constituye un sistema indeterminado,' y en tal virtud, suscei^ti- 
ble de muchas soluciones. Escribamos las ecuaciones ordenadamente 
como sigue : 

, {!) 2x — z — u ^ O 

^\{2) y — z— U =0 

" ^ (3) y — 3u — V = O 

(4) y — 2r = O 

Obtendremos así el sistema A idéntico al formado por las ecuacio- 
nes atómicas. 

Para resolverlo, deberemos eliminar incógnitas entre las ecuaciones 
del sistema dado, hasta llegar á una ecuación final que contendrá dos 
incógnitas. 

Conviene en este caso empezar la eliminación por la 2; ó la v, que son 
las indeterminadas que menos se repiten en las ecuaciones del siste- 
ma dado A. 

Eliminamos la z por reducción entre las ecuaciones (1) y (2), paralo 
cual restamos la (2) de la (1). 



36 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

2.r — ;r — u — \y — z — u] = 2.r — c — n — // + -? + n = 1x — y = 0. 

El nuevo sistema equivalente al A se comi)on<lrá : de una de las 

ecuaciones (1) ó (2) entre las cuales se eliminó la z-, de las siguientes 

ecuaciones (3) y (4), de que no se lia hecho uso; y de la ecuación 2x — 

y ^ O procedente de la eliminación. Llamémosle B, y lo escribiremos 

así : 

/ 2.r — z — M = O 



B 



\ 



;i) // — Su — r = 



B ' (2) y - 2r = O 

( (3) 2x — y =0 



El sistema B ' no contiene la incógnita z eliminada entre la (1) y la 
(2). Se le llama el sistema reducido de B ó A. 

En este sistema reducido, dicho así porque contiene una ecuación 
menor y una incógnita menos que el propuesto A, eliminemos la v, 
que es la indeterminada que ahora conviene eliminar para la mayor 
sencillez de los cálculos. Al efecto, multiplicamos la (1) por 2 y resta- 
mos de esa ecuación modificada la (2) como se indica : 

2y — Qu — 2r — [y — 2v] = 2y — 67i — 2r — y ~\- 2v = y — Qu = 0. 

Formaremos un nuevo sistema equivalente al B, y por tanto, al A, 
escribiendo la primera ecuación (la separada) del B, la (1) ó la (2) del 
B ' , y luego las ecuaciones 2x — y = O (de que no se hizo uso) y la 
y — 6u --= O, que produjo la eliminación de la v, entre (1) y (2) de B ' . 
Resulta así el sistema C y el reducido C ' con las mismas soluciones 
que el A, pero más sencillo. 

/ 2x — z — u = O 



c 






y —2v — 


H 


,(1) 


2x ■ 


-y 


•(2) 




11 — Qu 


/(I) 




2x 


z ?< — 


(2) 






y — 2v — 


D (3) 






y — 6u — 


(d' 


¡ 2x 




— 6u — 



En el sistema reducido O ' eliminamos la y sumando la (1) con la (2), 
y sale 2x — Qu = 0. 

El nuevo sistema equivalente es ahora D. 



UN PROBLKMA DE QUÍMICA 37 

El reducido del sistema D [éste, equivalente al C, al B, y al A] es 
ahora la ecuación única T>' , 2x — Qu = i), que se llama la ecuación 
final. 

Dicha ecuación puede simplificarse escribiéndola x — 3h = 0. 

Conteniendo ella dos incógnitas, es indeterminada, y por tanto ofrece 
numerosas soluciones. Cabe, por lo pronto, expresar las ¿c en términos 
de u, y dará así : x = 3h. La (3) del mismo sistema D da y = 6u : la (2) 

1/ ;= 2y ó í' = - := — = 3u; y por último, la (1) da c = 2^^; — u = 

¿ ¿ 

2 . 3ít — u = 6?í — u ^ 5n. Tenemos, pues, expresadas todas las 
incógnitas en función de la sola indeterminada w. Asignando á ésta 
valores que hagan enteros los de x, y, z, v, tendremos varios sitemas 
de valores j)ara los coeficientes de la ecuación simbólica (1) : pero el 
valor de w, que permitiría obtener los más pequeños coeficientes, es 
M = 1. Con este valor se tiene 

¿p = 3 . «= 3 . 1 == 3 ; y = 6m = 6 . 1 = 6 ; 2; ^ 5« = 5 . 1 = 5, 
M ^ Ij y = 3w = 3 . 1 = 3 

y la reacción mínima será 

31- + 6 . KOH = 5 . IK + lO'K + 3H-0. 

Se dirá que el procedimiento es larguísimo; pero ello es debido en 
general á que en su explicación no hemos omitido detalles, con objeto 
de que lo puedan comprender y utilizar aún aquellas personas que no 
posean grandes conocimientos algebraicos. 

Por otra parte, á menudo las ecuaciones atómicas ponen, sin nece- 
sidad de resolverlas, á la inteligencia en la vía que conduce por sen- 
cillos tanteos al establecimiento de la reacción. 

Así las ecuaciones atómicas primitivas nos dicen que las cantidades 
X é í/, varían del simple al doble (comparando las dos primeras), que 
la cantidad y de hidrato es doble de la del agua, lo que implica que 
y sea número par. Como y = Su -\- i\ r y n deben ser números impa- 
res; z y u deben ser númei-os de la misma paridad, según la (2) (ambos 
pares ó ambos impares) ; y como sabemos que u es impar, z debe serlo 
también, etc. 

El ejemplo precedente puede considerarse como tipo de una serie 
de reacciones análogas en que intervienen los mismos coeficientes. 

Así, si se tratara de obtener el bromuro jwtáslco^ partiendo del bro- 
mo^ el cálculo hecho nos conduciría á la fórmula 

3Br- + ÜKOH = oBrK + BrO^'K + 3H-0 



38 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cuyo paralelismo con la de 

31- + OKOH = .^IK + lO^v + 3II-0 

salta á la vista. Este paralelismo se conserva basta en el niodus ojpe- 
randi, que es rigurosamente igual en uno y otro caso. 

Si lo que nos propusiéramos obtener fuera el clorato iiotáífico, i)ar- 
tiendo del cloro, hallaríamos 

3C1- + 6KOH = 5KC] + C10='K + 3H-0 

de modo que la resolución de las ecuaciones atómicas correspondientes 
á uno cualquiera de estos tres ejemplos sería válida para los otros dos. 

Con la resolución del problema que nos ocupa ijodríamos distin- 
guir, del punto de vista matemático, tres casos principales, á saber : 

1" Que las ecuaciones atómicas sean en igual número que las incóg- 
nitas á determinar ; 

2" Que las ecuaciones atómicas sean en número inferior en una 
unidad al de las incógnitas ; 

3° Que las ecuaciones atómicas sean excedidas por el número de in- 
cógnitas en dos ó más unidades. 

El primero y segundo caso no comportan diferencia substancial ; 
si bien, cuando las ecuaciones son en igual número que las incógnitas, 
pudiéramos jíensar en que se trata de sistemas determinados, la natu- 
raleza del problema y la práctica de las operaciones de eliminación 
prueban que la cuestión corresponde á sistemas indeterminados nece- 
sariamente. 

Estos dos primeros casos no presentan dificultades para su resolu- 
ción ; el álgebra elemental basta suficientemente para ellos, compren- 
diendo y explicando multitud de reacciones químicas, como veremos. 
El tercer caso es más comf)licado y quizá exija entrar en algunas con- 
sideraciones de análisis algebraico para mejor inteligencia. Él nos 
permitirá comprobar reacciones complicadas y explicar otras de que, 
hablando los autores, se han olvidado ó no han podido llegar á for- 
mular. Por tales resultados llegaremos á darnos cuenta de la impor- 
tancia que inviste el problema que nos proponemos dilucidar, solici- 
tando la hospitalidad de la publicación y la paciencia de los lectores 
para honrarnos con la lectura de nuestras disquisiciones químicas. 

Buenos Aires, abril de 1914. 

ÁNGEL PÉREZ. 



INFLUENCIA DE LA PRESIÓN Y TEMPERATIRA 



SOBRE 



LOS FENÓMENOS DE DISOCIACIÓN 



LAS CONFUSIONES QUE ORIGINA LA NOCIÓN DE VELOCIDAD 

DE REACCIÓN 

La noción de velocidad de reacción en fisicoquímica es el origen 
de mucbas dificultades. 

Por otra parte, no conozco cuestión, en apariencia más sencilla, 
que haya tenido el privilegio de ser rodeada de tanto misterio, en 
razón de la actitud tomada f)or cierta escuela, cuyos decretos pare- 
cen obedecer á órdenes superiores y tener por objeto comunicarnos 
unos dogmas de esencia intangible, que resultan como una revelación 
substituida á la discusión y al raciocinio científicos. 

Tomemos como punto de partida los principios; supongamos, pues, 
un cuerpo que va disociándose en otros dos, por ejemplo, bajo la in- 
fluencia de las variaciones de temperatura. Sea y la masa del cuerpo, 
dy la masa disociada durante el instante dt. Los químicos han dado 

al cociente -- el nombre de velocidad de reacción, 
dt 

Ahora bien, aquí se presenta una primera dificultad : en mecánica 

la velocidad se refiere al movimiento, quedando siempre igual á la 

derivada con respecto al tiempo del espacio recorrido por un punto 

material en su trayectoria á una época dada. Rei^resenta el coefi- 



40 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cíente angular de la tangente á la curva de los espacios, referidos al 
tiempo, en un punto de esta curva, cuya abscisa es igual á la época 
considerada. 

I Con qué derecho, i»ues, los (juíniicos habrán dado el nond)re de 

velocidad de reacción á la derivada — ^ cuando í/ no representa á 

ningún espacio, sino á la masa de un cuerpo en reacción ? Á mi pa- 
recer esta designación no se encontraba justificada, y habría sido 

dy 
mucho más correcto decir que la derivada — expresa el cociente 

de la masa infinitamente pequeíja disociada por el tiempo infinita- 
mente pequeño correspondiente. Dejada á un lado la noción de velo- 
cidad, que no tiene nada que ver con una reacción, cuando no se 
aplica al movimiento real de las moléculas, los químicos se habrían 
ahorrado muchas querellas, discusiones, y especialmente equivoca- 
ciones, en la lucha entre los que tienen la tendencia de proseguir el 
paralelismo con la mecánica hasta los límites más extremos, y los 
que, aunque la admitan en cuanto á la velocidad, se niegan á prolon- 
garlo por aquellas razones misteriosas de que hablé más arriba. 

El desacuerdo se manifiesta tan pronto como á los partidarios de 
la extensión se les ocurre la idea de introducir la derivada segunda : 

d'-y dv 
W^ di 

siendo v la función que los mismos adversarios designan con el nom- 
bre de velocidad de reacción. Esta introducción tiene por efecto 
exasperar á estos iiltimos, cuya irritación ya no tiene límite cuando 
sus opositores se animan á llamar á la derivada segunda aceleración 
de reacción. Confieso que no me es dable comprender cómo, mien- 
tras se admite sin discusión la palabra incorrecta de velocidad, se 
protesta tan enérgicamente y con tanta indignación contra la ni 
más ni menos impropia de aceleración. Ahora bien, no vayamos á 
creer que estas protestas tienen por fundamento el hecho de que 
la velocidad de reacción química sea constante, en cuyo caso no se 
podría hablar de aceleración. En efecto, no hay reacción uniforme, 
y la velocidad resulta siempre variable. Ahora bien, cada vez que 
varía una función tenemos interés en estudiar su derivada, pues sola 
nos da á conocer la ley de variación de aquélla, exceptuándose, por 
súj)uesto, las funciones monstruosas y anómalas que no tienen deri- 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 41 

vada y cuyo estudio depende del cálculo fnnciotial ; pero los quími- 
cos, que yo sejia, nunca sostuvieron que la velocidad de reacción 
había de ser clasificada entre las funciones que carecen de derivada. 

Resulta que, sin duda alguna, el uso de la derivada segunda -=-^ se en- 

(X'V 

cuentra perfectamente justificado, del punto de vista matemático 
y químico. |, Cómo explicaremos entonces el non possunms con que 
se oponen ex cathedra á la introducción de aquella derivada segunda ? 
Para mí, la explicación se halla precisamente en el abuso de lenguaje 
cometido por aquellos mismos que la rechazan y complicado con un 
error real acerca de la noción mecánica de aceleración. Por otra 
parte, estoy convencido de que, si la palabra velocidad de reacción 
nunca hubiera sido pronunciada, no tendríamos ahora que entrar en 
pelea á propósito de la cuestión en tela de juicio. En efecto, hay 
palabras desgraciadas que tienen el privilegio, con el pretexto de 
simplificar, de enredarlo todo, dando lugar á dificultades inextri- 
cables de esencia más bien ficticia que real. Tal es la palabra calor 
que obstaculizó durante unos siglos todo progreso en la parte de la 
física dedicada al estudio de los fenómenos caloríficos. 

Supongamos, pues, que hayan conservado á la derivada — su sig- 
nificación meramente química, sin pretender darle una apariencia de 
sentido mecánico ; muy pronto se hubieran enterado de que el valor 
de esta derivada varía con el tiempo, y ninguno encontraría difi- 

d'ii 
cuitad en valerse de ella. Pero han querido dar á — -¡- el nombre de 

^ dt- 

aceleración, y esta palabra fué la señal de la discordia. Todos han 
recordado, en efecto, que en mecánica se llama aceleración total de 
un punto material al cociente de la velocidad adquirida elemental 
por la diferencial del tiempo, y se produjo un concierto de protestas 
basadas en el hecho de que en química no hay velocidad adquirida 
elemental. Según Duhem, como lo mostré en un artículo anterior (1), 
toda reacción lleva á un estado de equilibrio con una velocidad de 
reacción igual á cero. Puse en evidencia, j)or otra parte (2), los es- 
fuerzos analíticos y las complicaciones de hipótesis puestas enjuego 
por el eminente físico para tratar de justificar aquel principio. Xo 

(1) Las derivadas segundas con respecto al tiempo en ta cinefica química. Anales 
de la Sociedad científica argentina, tomo LXXVII, página 165. Marzo-abril, 1914. 

(2) Loe. cit., páginas 169 y siguientes. 



42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tengo aquí que insistir otra vez, pues ya observé (jue todo fenómeno, 
falso ó cierto, se puede explicar siempre mediante un luimero sufi- 
ciente de hipótesis y funciones auxiliares, cuya abundancia llega 
á desnaturalizar lo (pie lia de ser la misma esencia de toda teoría 
física. Todos los adversarios de la derivada segunda, como Duliom, 
parecen atribuir al principio señalado por él igual importancia. 

El primer gesto que les ocurre es asir un trozo de tiza y pintar en 
la pizarra un péndulo destinado á representar la reacción, mostrando 
en seguida que dicho péndulo, puesto en movimiento en un ambiente 
viscoso, alcanza sin velocidad su posición de equilibrio vertical. 
Conforme estoy, siempre que el grado de viscosidad se calcule de tal 
modo que el péndulo no se detenga antes de haber alcanzado dicha 
posición límite. ¿ Qué demuestra aquel dibujo transformado en el 
argumento principal y misterioso de nuestros adversarios ?4 Con ello 
tratarán de probar que si la velocidad acaba por ser nula no ha 
variado ? Muy al contrario, pues por el frotamiento pasa de un valor 
inicial dado al valor cero. ¿, Podrán afirmar que aquel frotamiento 
modifica las leyes de la gravedad porque transforma el movimiento 
pendular en otro no periódico 1 

Tenemos que reponer las cosas en su lugar, en la hipótesis de que 

la derivada — se anula cuando el sistema alcanza un estado de equi- 
dt 

librio químico falso ó verdadero. Por lo pronto, la aceleración apa- 
rece con toda evidencia, precisamente porque se anula la velocidad, 
y tenemos interés en saber cómo y por qué acaba por anularse. Ahora 
bien, para ello podemos valemos de un recurso que se impone al es- 
píritu y consiste en el estudio de la derivada segunda. Imaginemos 
un proyectil disparado verticalmente hacia arriba con una velocidad 
inicial calculada para que se eleve hasta una altura máxima de 300 
metros. La alcanzará con una velocidad nula, precisamente en virtud 
de la aceleración negativa del movimiento. Ahora bien, i diremos 
que es sin objeto estudiar la aceleración de la gravedad porque el 
proyectil llega á los 300 metros con una velocidad nula ? 

En resumen, en la hipótesis de que conservamos la palabra ve- 
locidad de reacción, la aceleración de reacción, igual, sin duda, á 
la derivada de aquella velocidad con respecto al tiempo, no ha de 
ser rechazada co^no aceleración si queremos estudiar las variaciones 
de la misma velocidad. Y por esto me quedo muy perplejo cuando 

d-y 
oigo decir por investigadores muy distinguidos que la derivada —, 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 43 

no ofrece ninguna utilidad y no puede enseñarnos nada de nuevo. 

Mi inteligencia no alcanza á entender toda la delicadeza del pen- 
samiento profundo y misterioso de aquellos investigadores, ó bien 
he de creer que su idea dominante consiste en que la reacción, en 
virtud de la nulidad de la velocidad, llega á la posición de equilibrio 
y se detiene sin pasar por una serie de oscilaciones alrededor de esta 
posición. En pocas ¡palabras, lo que les parece esencial es que dicba 
posición está alcanzada sin velocidad adquirida, de lo cual deducen 
la ineficacia de la noción de aceleración, cuya existencia llegan á 
negar, confundiendo de este modo aquella velocidad adquirida nula 
con la velocidad adquirida elemental, que sirve de fundamento á la 
definición de la aceleración total. 

Otro argumento consiste en decir que las reacciones químicas 
no tienen historia ; si así fuera, serían dichosas como los pueblos que 
carecen de ella. Pero ¿ qué entienden con esto I Para tratar de en- 
terarnos de la idea, diremos que cada posición de equilibrio está con- 
seguida con una velocidad nula ; por lo tanto, no importan nada 
á nuestro conocimiento los valores que haya tomado anteriormente 
aquella velocidad, pues al partir del estado de equilibrio alcanzado, 
la velocidad de reacción es siempre nula, lo que significa que no 
depende sino del estado actual del sistema. Ahora bien, nuestro 
proyectil que considerábamos más arriba, al llegar á su altura 
máxima para emprender otra vez su carrera hacia el suelo, no tiene 
tampoco historia anterior, y la velocidad que está por tomar quedará 
siempre determinada por su estado actual, ó sea por su energía po- 
tencial. Se podrá decir otro tanto de todo sistema que parte del es- 
tado de reposo relativo bajo la acción de una fuerza conocida. El 
estado del universo, coqio se sabe, depende á cada instante de un 
número muy grande de ecuaciones diferenciales que, si fuesen co- 
nocidas, determinarían el estado futuro del mismo á una época in- 
mediatamente consecutiva. Si conocemos las velocidades actuales 
de los planetas en sus órbitas, sus posiciones y velocidades iniciales, 
siempre podemos fijar sus posiciones actuales. ¿„ Será ésto lo que lla- 
man la historia anterior ? Si así es, entre dos estados de equilibrio 
nuestro sistema químico tendrá también su historia que dependerá 
de la velocidad actual de reacción y del valor de ésta, inmediata- 
mente anterior, ó sea de la aceleración ó derivada segunda. Enton- 
ces ¿hemos de declarar que los diferentes estados por los cuales 
pasa el sistema entre dos estados de equilibrio no ofrecen interés 
científico ninguno, teniendo el sabio que contentarse con fijar su 



44 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

atención en los equilibrios por ser en ellos la velocidad de reacción 
nula ! 

Me parece haber demostrado de una manera suficiente todo el in- 
terés que ofrece el estudio de la derivada segunda con respecto al 
tiempo en las reacciones químicas; este estudio nos permite pro- 
seguir el paralelismo con la imagen de la aceleración de reacción 
sacada de la mecánica. Pero ¿„ significa ésto que liemos de prolongar 
hasta el extremo límite esta comparación, escribiendo, por ejemplo, 
las ecuaciones del movimiento de reacción y aplicando á estas ecua- 
ciones ficticias el principio de los trabajos virtuales ó de d'Alembert, 
las ecuaciones de Lagrange, las de Hamilton, etc. ? No, sin duda 
ninguna, pues no olvidaremos que nos encontramos en un terreno 
en que la imaginación desempeña un papel principal, qne no se trata 
efectivamente de un movimiento mecánico y que aquella velocidad 
de reacción es una ilusión debida á la imaginación poco acertada 
de los que se han creído facilitar las cosas con un nombre dado á 

, . -, dii 
la derivada -— • 
dt 

Pero, en compensación, tenemos un campo de exploración casi 
ilimitado en el movimiento molecular y la teoría cinética de los gases. 
Reservemos, pues, el uso de los términos y fórmulas de la dinámica 
para el estudio de los movimientos supuestos reales de las moléculas 
en reacción, y, con el auxilio del cálculo de las probabilidades, po- 
dremos obrar en un terreno mucho más seguro, porque allí estudia- 
remos movimientos verdaderos. Esta vía fué la que eligió mi amigo 
y colega Horacio Damianovich, vía en la cual penetré también varias 
veces (1). Me propongo proseguir mis investigaciones en el mismo 
sentido y ocuparme en el presente artículo de la influencia de la pre- 
sión y temperatura ssbre los fenómenos de disociación. 



(1) Véase Anales de la Sociedad científica argentina, 1914. Enero-febrero, página 
49, marzo-abril, página 165, y mayo-junio, página 285. 



PRESIÓN Y TEMPERATIUA EN LA DISOCIACIÓN 45 



II 



INFLUENCIA DE LA PRESKjN 

En una memoria anterior (1) estudié la probabilidad de la unión 
química de un átomo de gas con otro idéntico, y, representando por n^ 
el mimero de los átomos libres, por 2n^ el de los átomos que lian que- 
dado ligados químicamente y por V el volumen del gas, llegué á la 
relación : 

w,-A- = 2h,Y (2) (1) 

en la cual A- tiene por expresión : 



477 



designando dw al elemento del espacio crítico oj, y d\ al elemento de 
la suijerflcie a determinada en la esfera E concéntrica á la de pro- 
tección del átomo y de radio igual á la unidad, siendo h igual á : 



2MRT 



designando R á la constante de los gases, M á la masa del átomo de 
hidrógeno, T á la temperatura absoluta y -/ al trabajo necesario para 
alejar los dos átomos de su posición de unión química á una distan- 
cia bastante grande para que se anulen sus acciones mutuas. 

Recordaré que, para definir los números n^ y n.-, tuve que excluir 
el átomo que designaba con el nombre de átomo especialmente consi- 
derado ; x^éTO, como aquellos números son muy grandes con respecto 
á la unidad, la relación (1) quedará verificada si Mj desigua de un 
modo general al número total de los átomos no ligados del gas, ó sea 



(1) La teoría cinética de los gases aplicada á la unión de dos átomos idénticos // d 
la combinación de dos átomos monovalentes distintos (Anales, enero-febrero, 1914, 
página 49). 

(2) Loe. cit., página 57. 



4tí ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

<le las inuléculas simples, y w, al núnieit) de todos los pares de átomos 
o moléculas comi)uestas. 

Sabemos que a (1) representa el iiúmeio de todos los átomos del 
gas y luego se tiene : 

de donde 

2??,, = a — n^ 

y substituyendo en la relación (1) 

n^-k — 2w, V = O 
n^-l- — aV + «j V = O 

"■' + Í--T = » 



V ^ /Y^ Ya 



siendo el signo + el único admisible para que Wj resulte positivo. 

Designemos ahora por fl la masa total del gas, por m^ la de un 
átomo V tendremos : 

am^ = G 

a = —, (3) 

de modo que el número total de los átomos disociados ó química- 
mente ligados, contenidos en la unidad de masa, resulta : 

- = -• (4) 

Por último, el volumen específico i> ó sea el volumen de la unidad 
de masa del gas en i)arte disociado á la temperatura y jíresión con- 
sideradas, tendrá por expresión : 

V = I (5) 

(1) Loe, cit., página 52. 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 47 

y el grado de disociación q, ó sea la razón del número de los átomos 
no ligados ó disociados con el número total de todos los átomos, será 
dado por la relación : 



n, 

q = -i- 
a 

Para simplificar, pongamos 

dwd'A 



(6) 



K = ^ = l f'Müe^^y- (7) 

de modo que la ecuación (0) se convierta en 



Ym^ /V'???,- Ya 

2A?G ■" V 4A--G' "^ ka'^ 



m^ 1 
como — ^ ^ — » se tiene 
A' K 



^ ^ ~ 2KG ^ V ÍK^- + TG ^ ~ 2KG "^ V ÍKHÍ"- + 



4K-G- ' KG 



y, teniendo en cuenta la relación 



V 

— =: 11 

G ' 



resulta por último 



V I V- V 



Aliora tengo que liacer una observación acerca de la orientación. 

Si dos átomos aislados llegan casualmente á encontrarse de modo 
que sus dominios sensibles se penetren mutuamente (1), la pequenez 
de estos dominios y la gran velocidad relativa de los átomos, que no 
puede sino crecer por la acción de las fuerzas químicas, han de tener 
j)or efecto que, en la mayor parte de los casos, la duración de la pe- 
netración mutua de los dominios sensibles, á la cual daré el nombre 
de unión química iinproijia, es muy pequeña con relación al tiempa 

(1) Loe. cit., j)ágiua 51. 



48 ANALES ÜE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

medio que transciiiTe entre dos choques consecutivos de un átomo 
dado. Por consiguiente, la energía del par de átomos resulta sufi- 
ciente para que los dos átomos consigan separarse otra vez. 

Sea lo que sea, podemos tener i)or cierto que el número de aquellos 
átomos en unión impropia es infinitamente pequeño con relación á a, 
IDues no quedan el uno cerca del otro sino durante un riciii]»»» suma- 
mente pequeño. Luego hasta si n., no resulta muy pequeño con res- 
pecto á a, aquellos átomos han de contribuir á formar el número n^ 
sólo en una proporción infinitamente^j^equeña. 

Observaremos que sólo la transformación de la fuerza viva del 
centro de gravedad del átomo, cuando, por ejemplo, origina una rota- 
ción del mismo alrededor de un eje, un movimiento interno ó un 
cambio de éste, podría dar origen á un encuentro de duración algo 
mayor, siempre que no se considerasen, en contra de la hipótesis de 
Clausius, los átomos como esferas rígidas. Designaré CvSta clase de 
unión con el nombre de primera especie de unión química propia. 

Por fin, la intervención de un tercer átomo simple, ó de un par de 
átomos ya ligados, mientras los dominios sensibles de otros dos están 
penetrándose mutuamente, podría disminuir la energía en una pro- 
porción tan grande que ya no bastaría para que los dos átomos vuel- 
van á separarse. Quedarían, pues, unidos, al menos hasta otro en- 
cuentro ; á esta clase de unión le daré el nombre de segunda especie 
de unión química propia. 

En todos los casos en que el cálculo prueba que el número n^ de 
pares de átomos ligados no resulta infinitamente pequeño con rela- 
ción al número total a de los átomos, numerosos átomos han de per- 
manecer mucho tiempo unidos dos á dos- 

Ahora bien, la ventaja principal de la fórmula general consiste 
en i)ermitir el cálculo del número de los jiares de átomos química- 
mente ligados, sin que se j)recise tener en cuenta el modo de em- 
pezar la unión ó la forma en que los átomos se separan. En resumen, 
cuando el munero n^ de los pares de átomos, definido por el cálculo, 
no resulta muy pequeño, la unión de los dos átomos, para todos los 
pares, menos unas cuantas excepciones muy poco numerosas, tiene 
mayor duración y, por lo tanto, aquellos pares se pueden considerar 
como moléculas, en el sentido que atribuye á esta palabra la teoría 
cinética de los gases. 

Luego, si queremos calcular la presión, hemos de encarar las cosas 
como si se tratara de una mezcla de dos gases, siendo la molécula 
del uno monoatómica y la del otro biatómica. 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 49 

Ahora bien, la presión total de una mezcla gaseosa, si designamos 
por c^', c/i c./ ..., por m^, m.,, m^, ..., los cuadrados medios de las ve- 
locidades de los centros de gravedad de las distintas clases de molé- 
culas y sus masas, y por «,, «,, Wg, ..., los números de moléculas de 
cada clase, tiene por expresión en la teoría cinética : 

n^m^c^' + n.,m,c.r + n.-^m^c^- + ... 
P = -^—^ ' 3 y ('♦) 

Por otra parte, si M es la masa de una molécula del gas normal, 
C' el cuadrado medio de su velocidad á la temperatura T, siendo el 
peso molecular de uno de los gases considerados: 

1^-/' = ^ Ih 
si se toma el peso molecular del gas normal igual á 1, se tiene : 

m,c7 = w,c7 = ... = MCr- = 3MRT = A 

2/t 

según una fórmula conocida. 
En el caso actual, se deduce 

Tvn?T 

P = -y- (Wi + n.;). (10) 



Pero tenemos 



2w.> = a — n. 



a — n, 

n, = — ^— ^ 



de donde 












Mj + n, = 


'h 


+ 


a — Wj 2w, -\- a - 

2 2 


-n, 


a -\- %j 

2 


y por lo tanto 












y como se tiene 








• 





AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVIll 



50 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de donde 

resulta 

P = —^ MRT = (1 + ,^) — MRT, 

lo que se puede escribir 

= n -^ n\ 

2V m 






1 

Por otra parte, tenemos 



V 


> 


G — «Wj 


de donde 






V 

V 


> 


«w, 1 


lo que da substituyendo 






i> = (l 


^q) 


1 M 

RT, 

2v m, ' 



y teniendo en cuenta 



resulta 



m. . M 1 



^ = ^'«'^- <'^) 



Abora podríamos substituir en la relación (11) el valor de q 



« = - 2K + V 



v 



áíV ^ K 



y tendríamos así la presión en función del volumen específico v y de 

T, pues la cantidad K = — es también función de la temperatura. 

Pero la experiencia directa puede suministrarnos la relación entre 
p, V j T, y los químicos admiten que el grado de disociación q es fun- 
ción de _p y T. 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 51 

Empezaremos, pues, por transformar la expresión de q por una ele- 
vación al cuadrado, lo que nos dará sucesivamente : 



V- v'^ V V / V' V 



4K- "^ 4K- ^ K K V^ 4K- ^ K 



^ + 7^ U - V/ 7^ + Í7 



2K- ^ K V V 4K- ^ K 



2K 



V- V I V \ v'^ V ,^ ^ V' 



y, por último : 

r = I (1 - '!)• (12) 

Multipliquemos ahora las relaciones (11) y (12) ordenadamente y 
tendremos 

lo que da efectuando 

%,}.^Kp(f = RT — ET(/- 

g-(2.a,Ki> + ET) = RT 

ET 1 



í" = 



ET + 2i.,E4> 2a, Kj) 

^ ET 



3 = 



y , , 'M^p (13) 



1 + 



La expresión (13) nos da el grado de disociación en función de la 
presión, si se supone constante la temjieratura. 



52 ANALES DE LA SOCIKDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Podemos también introducir este valor de q en la relación (11) y 
así tendríamos el volumen específlco v en función de ^, T y K. Ten- 
dríamos sucesivamente 



2ij,^vi? = RT 



r + KT 4 / --— 

^ ^ RT 



▼^ ^ RT 






/ R-T- 

V i., y. + 8_íi!B 

▼ ''^ ^ RT 



RT 



' ^ Vr^) 



2l^.i> \/ . , 2;x,K¿> (14) 



III 



INLUENCIA DE LA TEMPERATURA 

Discutiré primero la exi)resión (7) que da la magnitud de K : 

K=^=i-r!^«« (7) 

Sabemos que se tiene por otra parte 



2MRT 
y por consiguiente 

^ 1 /'• dutáX MRT ,^ _, 

K = — / — — e (15) 

ó sea, en todos los casos, una función pura de la temperatura. Resulta, 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 53 

por lo tanto, que, á temperatura constante, K es también constante, 
y las expresiones (8), (11) y (13) nos dan inmediatamente la relación 
entre ^ y v, y también la relación que suministra la magnitud de q 
en función de las mismas variables, lo que, como aparece claramente, 
no introduce sino una sola constante nueva K que ahora es menester 
determinar. 

En vista de que la fórmula (15) contiene la temperatura bajo el 
signo f, no j)odemos conseguir inmediatamente, por un procedi- 
miento sencillo, la relación que da la influencia sobre K de la tem- 
peratura. Por esto mismo hemos de hacer otra hipótesis en cuanto 
al modo de que la función y depende del grado de penetración de 
los dos dominios sensibles. Sabemos que dicha función repre- 
senta el trabajo necesario para alejar dos átomos ligados á una dis- 
tancia suficiente para que ya no ejerzan acción sensible el uno sobre 
el otro. Con el fin de no extraviarme en hipótesis muy vagas, me 
contentaré con discutir la más sencilla de todas, según la cual y 
tiene siempre un valor constante cuando dos átomos están unidos 
químicamente, ó sea, por lo general tan pronto como los dos domi- 
nios sensibles se penetran mutuamente, pudiendo la penetración 
resultar más ó menos profunda. Esto se verificaría si una atracción 
idéntica y poderosa llegara á producirse entre los dos átomos en el 
mismo instante en que los dominios sensibles se tocaran, y si la 
misma atracción se volviera nula, tan pronto como los dominios sen- 
vsibles penetraran algo más profundamente el uno en el otro. 

Con este modo de encarar las cosas, y resultaría el trabajo cons- 
tante de separación de los dos átomos unidos químicamente, ó recí- 
procamente, el trabajo efectuado por la fuerza de atracción química, 
cuando los mismos llegan á U7iirse químicamente. 

Si todos los átomos contenidos en la* unidad de masa del gas, cuyo 

a 
numero es -- < resultan libres al principio para después unirse dos 

á dos, de modo que formen -— pares de átomos, habrá para esto que 
suministrar un trabajo dado por la exijresión 

^— \ 
2C ~ ' 



esta cantidad A representando en unidades mecánicas el calor total 
de polimerización, ó, inversamente, de disociación de la unidad de 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

masa del gas. Luego se tiene 

2GA 



7.= 



de donde 



y como se tiene 



resulta 



7 



a 



2GA 



MRT «MET 



^i^. (16) 

ET ^ 



Aliora bien, la función exi)onencial ya puede ser considerada como 
constante, y por lo tanto, puede ser sacada fuera del signo / , lo que 
nos autoriza á escribir : 

K=6"^^r^^, (17) 

m^ J 47: 

exi)resión en la cual 2[Xj representa lo que los químicos llaman la 
masa de una molécula, y, j^or consiguiente, 2;j,jA es el calor de disocia- 
ción de una molécula gramo. 

Observemos que, representando e''^ la probabilidad de formación 
de un grupo cualquiera de átomos, es evidente que ningún grupo 
puede dar á y un orden de magnitud infinitamente grande, ó sea 
de orden superior al de un logaritmo, pues en caso contrario, la 
probabilidad del grupo resudaría infinitamente grande del orden 
de e^, ó sea bastante grande para que los átomos no puedan nunca 
separarse. En estas condiciones y puede ser una función cualquiera 
de la posición de los átomos, y el resultado será siempre igual, desde 
el punto de vista cualitativo, si en todos los casos se toma para y 
el promedio de sus valores correspondientes á todas las posiciones 
posibles. Abora bien, se ve que, si se adopta este procedimiento, 
se vuelve á encontrar la relación (17), lo que ha de robustecer nues- 
tra bi])ótesis, pues esta relación presenta en el caso más general 
grandes probabilidades de exactitud. 

Adoptaremos está manera de considerar el problema : y es cons- 
tante, y, por lo tanto, ningún trabajo molecular interno está sumi- 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 5o 

nistrado en el movimiento relativo de dos átomos unidos química- 
mente, mientras permanecen ligados. Pero la fuerza viva media, 
á temperatura igual, guarda siempre el mismo valor, estando los 
átomos unidos químicamente ó no. Resulta que, á incrementos iguales 
de temperatura, lian de corresponder también aumentos iguales de 
la fuerza viva media, y que el calor específico queda igual si -/ es 
constante, sin que pueda influir la unión de los dos átomos ó su es- 
tado libre. Con este calor específico, entiendo el calor específico 
antes de principiar ó acabar la disociación, lo que significa que, si 
el grado de disociación experimenta un cambio, no liay que tener 
en cuenta el calor de disociación en el cálculo del calor específico. 
Ya sentados los principios anteriores, cuya naturaleza es asaz 
delicada, pongamos para abreviar : 

^^L CrMU^Lf':^ (19) 

m, J J -ir. m, J 4:- 



R m^ J ^ 4z R '^ 



(20) 



Recordaremos que a designa la iiorción de superficie de la es- 
fera E, de radio igual á 1, que el punto L no puede abandonar (1) 

(1) Loe. cit., figura página 51. 
sin que la unión química quede destruida, cuando el centro del otro 
átomo se encuentra ubicado dentro del espacio dw. 

Ahora bien, podemos referirnos á la relación (13) 



\/^. 



"^ -^ ' - ^ (13) 

RT 

é introducir en ella los valores de K, x, p y y sacados de las expre- 
siones (17), (18), (19) y (20), lo que nos dará sucesivamente 



2i., 
R 


2/^1 A 
Y ^ RT 

K 


2.x,K 


2,", A 
RT 

= ve 



R 



56 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



y, i)or último 



il 



RT 


a 
T 




ET 






. / 


1 




V 


^ T 





(21) 



Si el grado de disociación está dado por la experiencia en función 
de p y T, las dos constantes a y y se podrán determinar mediante 
esta última relación. Del valor de a, conseguido de este modo, se de- 
ducirá inmediatamente el del producto 2¡x,A, ó sea del calor de diso- 
ciación, y también el calor de i^olimerización A de la unidad de masa 
del gas. En cuanto á ¡i (19), se podrá sacar de v mediante la rela- 
ción (20). Esta última cantidad tiene una significación molecular 
notable. En efecto, para cada elemento de volumen íZw del espacio 
crítico que corresponde á un átomo, el punto L (1), para que haya 
unión química, ha de hallarse en cierta región de la superficie \ que 
pertenece á la esfera E. Ahora bien, podemos ya no tener en cuenta 
el volumen total de cada elemento dbi de un espacio crítico, sino sólo 
la fracción de dicho volumen que se obtiene multiplicándolo por el 

factor — que figura dentro del signo / en la relación (19). Desig- 

naremos, pues, aquella fracción de du) con el nombre de volumen 
reducido del elemento. Con esto la integral : 

/" AfZo) 

J Iz' 

representará la suma de los volúmenes reducidos de todos los ele- 
mentos del espacio crítico, que corresponden á un átomo, y podremos 
designarlo más sencillamente con el nombre de volumen reducido del 
espacio critico. Por último, en vez de decir que el centro del segundo 
átomo está ubicado en el elemento dw, estando el punto L al propio 
tiempo en la superficie a correspondiente, diremos por abreviación 

(1) Loe. cit., figura página 51. 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 57 

que el segundo átomo se encuentra en el elemento de volumen redu- 
cido du), lo que nos permitirá también decir más brevemente que se 
halla en cualquier lugar del espacio crítico reducido. 

Con este convenio, observaremos que siendo — el número total 

de los átomos contenidos en la unidad de masa, la magnitud ¡3 resulta 
igual á la suma de los volúmenes reducidos de todos los espacios 
críticos que pertenecen á todos los átomos incluidos en la unidad 
de masa. Observemos también que, si se hiciera una hipótesis acerca 
de la forma de los dominios sensibles, se podría deducir la de la por- 
ción de superficie a correspondiente á cada elemento du) del esi^acio 
crítico, y, por lo tanto, calcular, no sólo el volumen reducido, sino 
también el volumen en valor absoluto de todos los espacios críticos 
corresi^ondientes á todos los átomos contenidos en la unidad de masa. 
Volvamos ahora á nuestra expresión (21) de q. Si la introducimos 
en la relación (11) que da el valor de^ 

í' = ^'«^' <'!' 

obtendremos el volumen específico v en función de la presión p, de 

E 

la temperatura T, de la constante — del gas disociado y de las cons- 

tantes a y y, y resultará : 



(22) 



Si al contrario queremos expresar j» en función de v y T, substi- 
tuiremos á g en la relación (11) la expresión (8) primitiva de esta 
variable : 




V I V- V 



después de introducir el valor (17) de K : 

1 [ db)dk 



m, ; 4- '^ ^ ' 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y tendremos sucesivamente : 






RT 

» = • + 



'i'-r 



RT / / í;- 



+ 



y como se tiene 



4¡5-e' 

R ^' 

^ — ? 
2¡í ~y' 



PeT 2;3e' 



resulta 



PT 



1 + 






) 



/ r" r V 

V— ^+— — 

43-eT 



¡íeT 2^eT-' 



(23) 



relación que nos da p en función de t?^ T y de las constantes a, ^, 7. 



IV 



DISOCIACIÓN DE UNA MOLÉCULA EN DOS ÁTOMOS IDÉNTICOS 

En la memoria á la cual ya me referí varias veces (1) estudié la 
afinidad entre dos átomos de gas monovalentes no idénticos, to- 
mando, como en los párrafos anteriores, por punto de partida, la 
hipótesis de los dominios sensibles de Boltzmann. En el mismo tra- 
bajo, abandonando esta base, introduje la liipótesis de un dominio 
sensible repartido uniformemente alrededor del átomo. Ahora me 
parece conveniente estudiar la disociación de una molécula en dos 
átomos no idénticos, sin dejar la hipótesis de Boltzmann. De este 
modo lo que voy á desarrollar resultará como una continuación na- 



(1) La teoría cinética de los gases aplicada á la unión de dos átomos idénticos y á 
la combinación de dos átomos monovalentes distintos. (Anales de la Sociedad científica 
argentina, enero-febrero, 1914, página 49.) 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 59 

tural de mi estadio respecto á la influencia de la presión y tempera- 
tura, que tuvieron por objeto los párrafos anteriores. 

Por lo pronto, recordaré las notaciones de que nos valimos cuando 
se trataba de gases monovalentes no idénticos. 

Designemos entonces por n^ el mimero de los átomos simples de 
primera especie, por n^ el de los átomos de segunda especie, por h, , 
el número de los pares de átomos de primera especie unidos dos á 
dos, por %2 2 ^1 ^^ ^os pares de átomos de segunda especie también 
ligados químicamente, y por w^.^ el de las moléculas mixtas. Los símbo- 
los fc^, A;,, k^l, A;^,, fcj, conservarán la misma significación que antes con 
respecto á cada una de las categorías respectivas, y lo mismo sucederá 
con y,, y^, -/jj, ^22, y^^, los dominios sensibles db) y los elementos <?a. 

Admitiremos otra vez que se trata en primer lugar del caso par- 
ticular, en que l\ y I-, son suficientemente pequeños con respecto 

V 

á fc, 2 y — para que se pueda despreciar del todo el número de los 

pares de átomos de j)rimera y segunda especie, lo que significa que 
supondremos el gas formado por tres clases de moléculas : átomos li- 
bres de primera especie, átomos libres de segunda y moléculas mixtas. 
Admitiremos, además, como lo liicimos en otra oportunidad, que 
ninguno de los dos gases simples se encuentra en exceso, ó sea que 
el número de los átomos libres de primera especie es igual al número 
de los de segunda. En estas condiciones tendremos, siendo a el nú- 
mero primitivo de los átomos 

n^ = n, = a — n^^ 

En este caso, el grado de disociación q que, en la hipótesis de 
átomos idénticos, tenía por expresión 

a 



será dado por la relación 



^ = —^- (24) 



y si se aplica la fórmula encontrada en mi memoria anterior (1) 
(1) Loe. cit. fórmula (28) página 60. 



60 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Yn^, = Jc^^n^n.2, (25) 

teniendo en cuenta la ecuación (24) que da 

«12 = a{l — q), 

y la relación 

n^ z= n., = aq, 

resultará : 

Va(l — g) = l\,a'q^ ; 

de donde : 

a]c,,q' = V(l — q). (26) 

Por otra parte, se tiene en virtud de la relación (10): 



p = "^ a{l + q), (27) 



de donde se deduce, multiplicando las fórmulas (26) y (27) miembro 
á miembro : 

a^ykuq- = MRT «(1 — q% 

Ahora bien, supongamos aún y,, constante y tendremos para el 
calor de disociación de la unidad de masa primitivamente formada 
por las moléculas mixtas : 



Por otra parte, se tiene también : 






siendo y., el peso atómico de un gas formado por átomos libres depri- 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 61 

mera especie, referido al peso atómico del hidrógeno (H = lj H, = 2) 
y ¡j.., teniendo igual sig'niflcación en cuanto al otro gas de segunda 
especie. 

Observaremos que el numerador del exponente de e representa, 
medido en unidades mecánicas, el calor de disociación de una mo- 
lécula de la substancia no disociada, en el sentido químico de la 
palabra molécula, siendo (¡Xj + ;j,.,) la masa de dicha molécula ó sea 
el peso químico molecular. 

Pongamos, pues 

K =^- 

' A,2í7o)io ©12 



?1 



r A,.,rt6 



MR 

y tendremos sucesivamente, á partir de la fórmula 



MET 



J MRT\ MEG 

y. 

MET 



T = — 



1 + M5Í 1 + ^^^^ 



lí.ilJ MET 



. ,^1?hp 1 + f^^ 

^ MET 



de donde 



" • ' P]^ (28) 



Vi + i 

Ó sea un valor de q de forma muy análoga á la de la relación (21). 



62 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Observemos ahora que 0,2 representa el espacio crítico reducido de 
un átomo de primera especie referido á su acción sobre un átomo de 

segunda especie ; -^-^ es la suma de todos los espacios críticos redu- 
cidos que corresponden á todos los átomos contenidos en la unidad 
de masa del gas de i)rimera especie; i)or último, — representa la su- 
ma de todos los espacios críticos reducidos que corresi^onden á todos 
los átomos del mismo gas contenidos en una molécula, ó sea en la 

m. 
masa ~ del gas de primera especie, químicamente igual á la unidad 

de masa de la substancia normal. 

Observaremos aún que, si uno de los gases se encuentra en exceso, 
la relación (25) 

Y?i^2 = A-ioWiW, (25) 



se convierte en 



V 

",2 = («) — ",2) («2 — «12) ; (29) 

1: 



h. ' 



de donde se saca 
V 



Wj, = «irto rt2«i2 a|Mi2 -f W"i2 

%%, — ''12 ( «1 + «2 + r- ) + «if'o = O 



a, + a, ^ V /(rt, 4- ci,r , , ^ s ^ , ^' 

^'- = -^ + 2^- V— ^ + ^"^ + "^^ ^, + íf:; 

y como >i,2 no puede ser mayor que «i ni mayor que o 2, el signo - 
es el único que satisface á esta condición, lo que da : 



«1 + «'2 , ^ /(«I — «2)- , , , X "^^ I ^^' /Qn\' 

"■' = ^— + 2T7, - V ^^ + <"• + "=' 3^;: + íf;; ''"> 

íSi tti es Duiy grande, el factor {a, — n^^) de la relación (29) resulta 
muy pequeño y, por consiguiente, n^, queda poco diferente de «,, 
lo que resulta también de la ecuación (30), cuando se considera a^ 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 63 

como muy grande con relación á a.,. De ahí se deduce que, si el 
número de los átomos de primera especie va creciendo, átomos de 
segunda especie cada vez más numerosos se unen á ellos hasta que, 
por fin, casi todos los de segunda especie queden unidos, lo que está 
conforme con la ley de acción de las masas, conocida con el nombre 
de ley de Guldberg-Waage. 

Para completar este análisis tomemos, por ejemplo de disociación, 
la de dos moléculas de vapor de agua (SH^O) en dos moléculas de 
hidrógeno (213,) y una molécula de oxígeno (O,). 

Podemos admitir que, por lo general, en un volumen V, á la tem- 
peratura T y presión p, tendremos todas las especies de moléculas 
que se pueden formar por la combinación de los átomos de hidró- 
geno y oxígeno. 

Designemos, pues, por 

*''10J ^''Ol? **'207 ''*'025 **'117 **2I 

los números de las moléculas representadas por los símbolos respec- 
tivos 

H, O, H-, O-, HO, H-0 

y también por las letras 

?20? í'02? ?U? ?21 

los espacios críticos reducidos que se refieren á las uniones químicas 
respectivas 

H^ O-, HO, H'O, 

y por 

X2ü? 7mi y.ni y^n 

las cantidades de calor medidas en unidades mecánicas puestas en 
libertad por las uniones correspondientes 

H„ O2, HO, H,0. 

De este modo se tendrá para el calor de formación de dos mo- 
léculas de vapor de agua, al partir de dos moléculas de hidrógeno 
y una molécula de oxígeno ^ 

2^11 + 2-/,i — 2-/,o — 7ü2 



64 ANALES UE LA SOCIEDAD CIP^NTÍFICA ARGENTINA 

teniendo cada una de las cantidades 7 que ser constante en el es- 
pacio crítico respectivo. 

Ahora bien, consideremos en primer lu^ar un átomo H ; contri- 
buirá á la formación de una molécula HO, si se encuentra en el es- 
pacio reducido 9,1 de uno de los n^^ átomos O. Pero la probabilidad 
para que aquel átomo H esté libre y la probablilidad para que forme 
un grupo HO se encuentran en la relación 

V 



?ii Moi e'"^" 



11 

y esta relación es igual también á — • de donde 

Wu V = Moi Wio ?ii e^''^" 

Comparemos la probabilidad para que el átomo H especialmente 
considerado esté libre, con la probabilidad para que, combinado con 
un gruiio HO ya formado, dé origen á una molécula H^O. Se tendrá 
análogamente : 

%2l V = ílio Mu 921 ^"'^''" 

Ó sea, si se multiplican las dos últimas relaciones miembro á miembro 

n,, V- = n\, «01 ?oi 9n e'"*^" + "^"^ (31) 

Por otra parte, la probabilidad para que el átomo H especialmente 
considerado resulte libre, y la para que quede combinado con uno de 
los átomos restantes del mismo gas, para formar una molécula H,, 
se encuentran en la razón 

V 

y esta relación además es igual al cociente de Wj^, número de los 
átomos de hidrógeno que han quedado libres, por 2w.,(„ número de 
los átomos del mismo gas unidos á otro átomo H, de modo que se 
puede escribir 

jiU-io V — 11 10 920 e 

y también 



2«o2 V = w%i 9o2 ^ 



,2ftXo 



PRESIÓN T TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 65 

Si con estas dos relaciones comparamos la fórmula (31) : 

«,,, V- = n\,n,,^,,^,,é''^^y--''-^-'-^^ (31) 

y elevamos al cuadrado la primera y la iiltima, tendremos : 

4w%o V- = n\, s-,0 e'^'^-^o (32) 

n',, Y' = n\, n\, o\, o\, e^"<^^- + ^^>>' (33) 

Multipliquemos la relación (32) por la segunda, de donde resulta 

8n%o n,, V = n\, n\, 9%, ',\, e^"t^" + ^-^ (34) 
y por último dividamos (33) por (34) ordenadamente : 



resultado que se puede escribir también 

n\, = n\, 71,., I \'' ■"" e^"<-^^- + ^^^ ' - ■^^-' - >^-' (35) 

■ V 9-00 902 

Si ahora suponemos que había primitivamente a moléculas de 
vapor de agua, ya no quedan sino w^, que no han sido disociadas, 
y (rt — n.,^) que han experimentado la disociación. Imaginemos que 
estas últimas fueron descompuestas casi exclusivamente en mo- 
léculas Hj y O., la razón 



í = 



a 



expresará aún lo que llamaremos grado de disociación. Pero, por otra 
parte, como estas [a — h^,) moléculas disociadas han producido 

{a — %,) moléculas de hidrógeno y - {a — w^,) moléculas de oxígeno, 



se tiene 



Woo = aq, 7i,.2 = - aq, 7i,y = a (1 — q). 



En cuanto al paréntesis que figura en el exponente de la rela- 

aN. 80C. (URNT. AK(i. — T. LXXVIII 5 



66 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ción (35), representa la cantidad de calor pneista en libertad, cuando 
dos moléculas H^O se forman á ex])ensas de dos moléculas H, y de 
una molécula O,. Lnego, si designamos i)or Q la cantidad de calor 
que se desprende, cuando se forma la unidad de masa de agua al 
partir de la mezcla explosiva de hidrógeno y oxígeno, podemos es- 
cribir : 

o'/ 4_ o.. ').. ., 

n . •^'^•21 ^ -/ii -^/lio /o2 /Q/i\ 

^ - 2{2m, + m,) ^^^^ 

y si ponemos como antes 

2(2.x, + ...,)Q 



y. 



E 



Q 2 2 



2(2m, + m,) c.',^ a^. 



tendremos 



de donde : 



a q í 
n\_i --= «' (1 — qy-=^^ veT, 



recordaremos aliora la fórmula 



MRT , 

P = —y— (Wt + n, + ...) 



(37) 



(1 — qY = q^ i eT. (38) 



que, en el caso actual, se convierte en 

MET ^ , . 

i> = ^^ (*»20 + %-2 + *<'2l)- 

Esta fórmula da, después de substituir en función de q : 

MET /I .A MET / , q\ 

de donde : 

^^ = (i + I) íp^^TT^)- <''* 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 67 

De esta expresión portemos eliminar á q valiénrtonos rte la ecua- 
ción (38), y de este modo resulta una relación entre ^^ v y T. Si al 
contrario se elimina t', se obtiene otra expresión, ó sea el grado de 
disociación en función de la presión y temperatura 

(^ - ">' O + 1) PíTO = '^'■•■^" <'"> 

Por último se podría obtener una relación entre q, p j v, elimi- 
nándose T entre las ecuaciones (38) y (39). 

Si ahora tenemos en cuenta la valencia del átomo de oxígeno^ 
podemos admitir que existen en la superficie de dicho átomo dos 
dominios sensibles de conformaciones iguales. El espacio crítico que 
se refiere á la formación de la molécula HO, al partir de H y O, 
resultaría con esta hipótesis dos veces mayor que el relativo á la 
formación de H.^0, al partir de HO y H. Pero entonces los dominios 
sensibles no se hallarían exactamente opuestos, ó bien tendrían que 
ser móviles en la superficie del át(mio, para que la doble unión de 
dos átomos de oxígeno resultara j)osible. 

Se podría imaginar también que el dominio crítico de un átomo 
de oxígeno no se encuentra tapado totalmente por un átomo libre 
de oxígeno ó hidrógeno unido químicamente con el inñmero, de modo 
que haya lugar aun x)ara la unión química con otro átomo. 

Hemos de confesar que todas estas hij)ótesis resultan muy poco 
verosímiles, pues están, por otra parte, en contradicción con la cons- 
titución compleja del átomo material admitida hoy por la mayor 
parte de los físicos y fundada en una hipótesis que ofrece la ventaja 
de explicar más ó menos todos los fenómenos. Pero, no hemos de 
olvidar que todo concepto, toda imagen, es admisible cuando facilita 
la explicación de los hechos, sin dar lugar á contradicciones en el 
orden de los datos experimentales. Estas imágenes, creadas por Boltz- 
mann, tienen en todo caso el mérito de permitir la aplicación á las 
reacciones químicas del cálculo de las probabilidades, y ésta es la 
única ventaja que presentan, ventaja evidentemente muy notable, 
pues sirven para unir aquellos fenómenos con la teoría cinética de 
los gases, que tiende cada vez más á dominar las investigaciones en 
el mundo molecular. 



68 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA A IIG ENTINA 



V 



RESUMEN DE LOS RESULTADOS CONSEGUIDOS MEDIANTE 

LA TEORÍA CINÉTICA 



Veamos ahora si los resaltados conseguidos se i)ueden comparar 
con los que Gibbs anunció después de valerse de la teoría del calor. 

Los raciocinios del ilustre sabio norteamericano descansan en la 
hipótesis de que en un gas disociado todos los elementos actúan de 
un modo independiente como gases aislados, sumándose sus energías, 
presiones, entropías, etc. Ahora bien, aquella hipótesis resulta muy 
clara con la teoría molecular que me empeñé en desarrollar, pues las 
varias moléculas vecinas las consideramos como distintas y sepa- 
radas. Por otra parte, no hemos de olvidar que, en la obra admirable 
de Gibbs, todo demuestra que se dejaba guiar en sus deducciones 
por la idea constante tácita de una teoría molecular, hasta cuando 
no aludía á ella explícitamente y no quería recurrir á las ecuaciones 
de la mecánica. 

Mach, Ostwald y Duhem, en la teoría energética más moderna, 
admiten al contrario que en la combinación química algo de nuevo 
se substituye á las partículas constituyentes. Con estas ideas, muy 
exclusivas, no se podría admitir, por ejemplo, que durante la diso- 
ciación del vapor de agua, el vapor, el agua, el hidrógeno y el oxí- 
geno permanecen en presencia el uno al lado de los otros. Muy al 
contrario, para los energetistas, es lógico suponer que á las bajas 
temperaturas no hay sino vapor de agua, mientras que á tempera- 
turas cada vez más altas aparece algo completamente nuevo que á 
las temperaturas muy elevadas se transforma en la mezcla de gases 
explosiva. Resulta que el concepto de Gibbs, en virtud del cual las 
energías y entropías del vapor de agua y del gas explosivo se suman 
á las temperaturas intermedias, ya no tendría ningún sentido, y 
como sin aquel concepto las ecuaciones ñmdametales de la disocia- 
ción no se pueden fundar, tomando por base los principios de la ter- 
modinámica ó cualquier otra, queda comprobado que los energetistas 
ya no pueden considerar aquellas ecuaciones sino como relaciones 
de orden meramente empírico. 

Ahora bien, como lo ol)serva Boltzmann, no podemos nunca, en el 



PRESIÓN Y TEMPERATURA EN LA DISOCIACIÓN 69 

estudio de los fenómenos naturales, considerar como suficientes las 
ecuaciones en sí, siu tener en cuenta las bases en que se fundan, ni 
atribuir á ecuaciones empíricas un grado de certeza mayor que el 
concedido á las hipótesis que les sirven de fundamento. En pocas 
l)a]abras, no podemos con aquellas esperar construir teorías físicas, 
pues si tal procedimiento se generalizara á todos los fenómenos, se 
llegaría á reducir la ciencia á un catálogo de liechos que nunca nos 
permitiría bailar las analogías profundas ó prever becbos nuevos. 
Por esto mismo, nos aparece la representación mecánica indispen- 
sable para fundar las ecuaciones, pues sola puede bacerlas inteli- 
gibles para nuestra mente y ponernos en condiciones de idear una 
imagen clara y satisfactoria, en el caos de los fenómenos que nos 
revela la experiencia. Por otra parte, la certeza que hemos adquirido, 
dentro de los límites de nuestro conocimiento, de la existencia del 
mundo atómico, ha de infundirnos mayor valor para proseguir en 
este sentido nuestras investigaciones, sobre todo si tenemos en cuenta 
los servicios valiosísimos que las teorías moleculares han prestado 
á la ciencia. Podemos afirmar, en efecto, que la mayor parte de los 
progresos verificados en física, desde hace un siglo á esta parte, los 
debemos á este instrumento maravilloso que se amolda con tanta 
facilidad á las deducciones matemáticas. No se ve, por ejemplo, cómo 
los energetistas hubieran podido llevarnos á los perfeccionamientos 
tan notables que ha experimentado el estudio de la luz y de la elec- 
tricidad, tomando por bases fórmulas empíricas calcadas sobre la 
observación de los fenómenos. Xos imaginamos difícilmente la es-, 
pléndida síntesis realizada por los trabajos sucesivos de Fresnel 
Maxwell, Hertz y Lorentz, sin la ayuda de la mecánica molecular, 
ni tampoco vemos cómo los energetistas habrían podido substituirla 
mediante consideraciones sacadas de la termodinámica que, para 
ellos, resulta, sin embargo, la ciencia esencial, la única que ha de 
despertar nuestra confianza. 

En resumen, la representación de los fenómenos, mediante consi- 
deraciones inspiradas por la mecánica molecular, nos aparece con 
una importancia científica mucho mayor que la clasificación sin más 
de los resultados experimentales mediante leyes y fórmulas. 

Observaremos también que las consideraciones que exjíusimos en 
este trabajo ya muy extenso y en los anteriores, nos ponen en condi- 
ción de penetrar en el estudio de ]os falsos equilibrios químicos cuya 
mayor parte se caracterizan por una reacción sumamente lenta que 
para nuestros instrumentos y sentidos equivale á un estado estacio- 



70 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nario. De este modo, si las temperaturas comunes hay equilibrio apa- 
rente en un recinto que contiene vapor de agua y una mezcla ex- 
plosiva de oxígeno é hidrógeno, y los gases pueden permanecer 
durante un tiempo muy largo, sin que se transformen el uno con el 
otro. Las moléculas entonces se encuentran unidas por fuerzas tan 
grandes que no puede veriticarse ninguna disociación ó reacción 
sensible durante un tiempo correspondiente á la duración común de 
las observaciones experimentales, y podemos admitir que después 
de un tiempo infinitamente largo, llegaría á efectuarse la transfor- 
mación. En resumen, los fenómenos de falsos equilibrios químicos 
han de ser considerados como muy análogos á los de surfusión ó de 
atraso en la ebullición. 

Si ahora echamos una mirada hacia las ideas desarrolladas en el 
presente artículo y en mis memorias anteriores (1) acerca de los fe- 
númenos de la cinética química, veremos que el terreno se encuentra 
ahora suficientemente despejado para que nos sea posible, basán- 
donos en consideraciones de orden molecular, encarar i^rimero el 
estudio de la función designada con el nombre de velocidad de reac- 
ción. Ya E. Marcellin, hace poco adversario irreconciliable de la in- 
troducción en la cinética química de las derivadas segundas con 
respecto al tiempo, parece dispuesto á inclinarse á la tesis que Da- 
miauovich y yo hemos defendido desde hace unos meses en varias 
memorias. 

Tengo la esperanza de poder, sobre los fundamentos que deduje de 
la teoría cinética de los gases, edificar un concepto nuevo de la velo- 
cidad de reacción ; trataré de realizar este propósito en otro trabajo, 
valiéndome de los materiales ya reunidos. 

Camilo Meyee. 



(1) Véase : Las derivadas segundas con respecto al tiempo en la cinética química 
(Anales, marzo-abril, pág. 165) ; La teoría cinética de los gases aplicada á la unión 
de dos átomos idénticos, etc. (Anales, enero-febrero, pág. 49) ; Aplicaciones de la 
teoría cinética : viscosidad, ley de acción química mutua entre dos moléculas, equilibrios 
químicos (Anales, mayo-junio, pág. 285). 



LA VERDENAS QUINA 



NUEVA VARIEDAD DE CAUCHO 



En los años 1905 y 1906, época de la locura del caucho, efectué dos 
viajes de exploración al departamento de Oran, uno de los más nórdi- 
cos de la Eepública Argentina, con el objeto de investigar si existían 
en las forestas casi vírgenes de esa localidad esencias gomeras indíge- 
nas que pudieran ser económicamente explotables, y además estudiar 
si, dado el clima tropical de la región, fuera posible la cultura de al- 
guna especie de bule exótico. 

Entre las diferentes i^lantas que respondían á mis propósitos, una 
de las más interesantes y que mayormente atrajo mi atención fué el 
Verdenasco ó Zarzaparrilla blanca silvestre, planta muy común y á ve- 
ces abundante en toda la región potamófila de la república desde suvS 
límites septentrionales hasta los alrededores de La Plata. 

Su nombre científico es Smilax campestris Grisb. 

Es una trepadora perenne, provista de numerosos y enmarañados 
rizomas blancos, cuyo grueso alcanza hasta el del dedo meñique, poco 
profundos y de los cuales surgen sarmientos de varios metros de largo 
y hasta quince milímetros de diámetro, leñosos, verdes, lampiños y 
defendidos por aguijones ralos, cortos y ganchudos; las hojas ovala- 
das, coriáceas, pecioladas, provistas, cerca de la base de la lámina, de 
dos zarcillos simples más ó menos largos, con los cuales se afirma á los 
arbustos circunstautes; la especie es dioica, es decir, i)roduce indivi- 
duos machos, que sólo brindan flores masculinas, .é individuos hembras 
que dan flores femeninas, á las cuales suceden los frutos. 

Tanto las flores masculinas como las flores femeninas se hallan for- 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mando coriinbos de 20 á 30; los frutos, á su vez, constituyen racimi- 
llos de 3 á 20, y son bayas que á la madurez alcanzan el tamaño de 
una arveja y ostentan un lindo color negro; están constituidos por un 
pericarpio carnoso de poco espesor, que envuelve de una á tres gruesas 
semillas bastante duras, casi córneas, lisas, de color parduzco más ó 
menos subido. 

El pericari)io se llalla formado de las tres capas normales íntima- 
mente adheridas entre ellas, es decir, una corteza ó epicarpio mem- 
branoso, coloreado, de una pulpa ó mesocarpio de color verdoso y, por 
fin, de una membrana muy delgada interna casi incolora ó endocarpio; 
las semillas compactas ó incoloras están revestidas de un espermo- 
derma muy tenue, también muy adlierente, de color café más ó menos 
claro. Entre el endocarpio y el espermoderma se encuentra una vejiga 
incolora, transparente, anhista, muy elástica, fácilmente producida por 
secreción del testa seminal, pero independiente del mismo, que cons- 
tituye la substancia objeto de esta nota. 

Los caracteres de este órgano adicional no escaparon á mi obser- 
vación ; y como durante el viaje no Labia podido obtener frutos en can- 
tidad suficiente, aproveché las vacaciones de Semana Santa de 1906, 
que cayó en abril, para trasladarme á Tucumán, donde en el Parque 
Eoca, cerca de la capital, pude juntar algunos kilos de frutas de Ver- 
denasco bien maduras y que me sirvieron para las investigaciones 
que pensaba llevar á cabo. 

La fruta, al secarla al aire, perdió un 35 por ciento de su peso; por 
medio mecánico, es decir, mondadura á mano, se pudo fácilmente re- 
tirar de ellas la membrana perispérmica adicional con mucha facili- 
dad; pero como dicha membrana era rápida y totalmente soluble en 
varios solventes neutros, podía extraerse también por medios quími- 
cos, empleando un aparato de desalojo cualquiera, con la diferencia 
que la materia, así obtenida, se hallaba más ó menos coloreada, incon- 
veniente que pudo salvarse filtrando la solución sobre carbón animal. 

El priucipio orgánico obtenido por cualquiera de los medios indi- 
cados era sólido, amorfo, incoloro, transparente, inodoro, insípido, su- 
mamente elástico, ablandándose por el calor, sin fundir, y soldándose 
fácilmente entre sí los fragmentos separados que se ponían juntos aun 
en frío; era del todo insoluble é impermeable al agua, insoluble en la 
acetona, bastante soluble en el alcohol absoluto, muy soluble en el 
sulfuro de carbono, bencina y cloroformo, y con el azufre fundido se 
vulcanizaba rápida y perfectamente: quemado, despedía ese olor pe- 
culiar del caucho. Se trataba, pues, de una variedad de caucho, del cual 



LA VERDENASQUINA 73 

sólo se diferenciaba por su mayor solubilidad en el alcohol etílico. 

Consideradas sus propiedades físicas y químicas que lo distinguen 
de los demás cauchos, propongo, por lo tanto, aplicarle el nombre 
de Verdenasquina, porque esta substancia es propia y exclusiva de 
Smilax campestris, pues no la he podido hallar en los frutos de nn gran 
número de especies de Smilax europeos y americanos, que he llegado 
á procurarme. 

La cantidad de verdenasquina varía de 3 á 5 por ciento del peso de 
los frutos secos, lo que correspondería de 1 á 3 por ciento del fruto 
fresco. 

Hasta ahora no lie i^odido saber con seguridad si la membrana de 
verdenasquina sea una secreción endocárpica ó espermodérmica ; me 
inclino sin embargo á esta última suposición, pues en las frutas que 
contienen varias semillas la membrana existe también entre ellas, se- 
liarando unas de otras. 

Ko sé si la verdenasquina podrá entrar en la industria y en el co- 
mercio; sin embargo no dudo que podrá hallar, dada su solubilidad en 
el alcohol, numerosas aplicaciones. 

Carlos Spegazzini. 

1914. 



OBSERVACIONES AERO-ELECTRIC/ 

PRIMAVERA 

Por kl doct< 
C<n 

TABLA X a j b. — Relució' 



Mes 



Todos los (lías 



Septiembre . 



Octubre 



Noviembre 



Diciembre 



Enero 



Febrero 



750,0-754,9 

[ 755,0-759,9 

,¡ 760-0-764,9 

/ 765,0-769,9 

\ 770,0-774,9 

I 

/ 750,0-754,9 

I 755,0-759,9 

.: 760,0-764-9 

I 765,0-769,9 

\ 770,0-774-9 

I 

/ 750,0-754,9 

í 755,0-759,9 

,) 760,0-764,9 

) 765,0-769,9 

i 770,0-774,9 

/ 750,0-754,9 

755,0-759,9 

760,0-764,9 

765,0-769,9 

770,0-774,9 

I 

/ 750,0-754,9 

i 755,0-759,9 

¡ 760,0-764,9 

/ 765,0-769,9 

\ 770,0-774,9 

I 

/ 750,0-754,9 

í 755,0-759,9 

) 760,0-764,9 

) 765,0-769,9 

' 770,0-774,9 



z 



E+ 


E_ 






4 


0,239 


0355 


41 


0,343 


0,305 


37 


0,320 


0,281 


8 


0.276 


0.271 


5 


0,248 


0,226 


19 


0,322 


0,305 


19 


0,354 


0,325 


20 


0,435 


0,414 


25 


0,400 


0,335 


3 


0,285 


0,276 


50 


0,316 


0,280 


26 


0,339 


0,349 


7 


0,364 


0,329 


4 


0,340 


0,354 


26 


0,325 


0,309 


39 


0,338 


0,328 


23 


0,350 


0,335 


5 


0,378 


0.351 





— 


— 


15 


0,413 


0,404 


46 


0,332 


0,316 


31 


0,350 


0,330 


1 



0,501 


0,464 


15 


0,380 


0,374 


37 


0,375 


0,329 


19 


0,328 


0,330 


1 


0,259 


0.255 





— 


— 



u 



-0,026 

0,038 
0,039 

0,005 



0,022 
0,017 
0,029 
0,019 
0,045 

0,009 
0,036 

-0,010 

0,035 

-0,014 

0,016 
0,010 
0,015 
0.027 



0.009 

0,016 
0,020 
9,037 

0,006 

0,046 

-0,002 

0,004 



■"■• 


n_ 


S 


671 


727 


1398 


701 


624 


1325 


654 


576 


1230 


566 


555 


1121 


509 


464 


973 


660 


624 


1284 


723 


664 


1387 


890 


849 


1739 


820 


729 


1549 


584 


567 


1151 


648 


573 


1221 


693 


713 


1406 


745 


672 


1417 


698 


725 


1423 


664 


631 


1295 


691 


671 


1362 


717 


686 


1403 


774 


720 


1494 


846 


828 


1674 


680 


649 


1329 


718 


677 


1395 


1026 


950 


1976 


778 


763 


1541 


768 


673 


1441 


671 


675 


1346 


530 


522 


1052 












56 

77 
78 
11 

45 
36 
59 
41 
91 

17 
75 
20 
73 
27 

33 
20 
31 
54 

18 

31 
41 
76 

15 

95 

4 



LA REPÚBLICA ARGENTINA 
















RANO DE 1912 




















BEENDT 




















■,ñón 






















n la altura barométrica 




















z 








Días norn 


lales 








F 


Q 


F 


E+ 


E_ 


TT 


n+ 


s 


M 


Q 






















),93 


91 





— 


— 


— 


— 


— 


— 





— 


— 


1,21 


213 


9 


0,311 


0,286 


0,025 


638 


588 


1224 


52 


1.19 


164 


1,21 


174 


3 


0,271 


0,231 


0,040 


555 


473 


1028 


82 


1,35 


166 


1,07 


270 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,12 


149 







— 


: 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,10 


69 


3 


0.330 


0,285 


0,045 


678 


584 


1262 


94 


1,18 


95 


1,20 


25 


5 


0,406 


0,371 


0,035 


831 


760 


1591 


71 


1,19 


191 


1,09 


76 


13 


0,435 


0.402 


0,033 


890 


822 


1712 


68 


1,10 


85 


1,21 


127 


23 


0,417 


0.365 


0.052 


853 


748 


1601 


105 


1,20 


113 


0,98 


—244 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,21 


167 


11 


0.329 


0,339 


—0,010 


671 


692 


1363 


— 21 


0,99 


175 


1,10 


122 


13 


0.374 


0,383 


-0,009 


765 


783 


1548 


- 18 


1,13 


130 


1,12 


159 


1 


0,266 


0,309 


—0.043 


548 


631 


1179 


— 83 


0,86 


109 


1,00 


122 


2 


0,354 


0,435 


—0,081 


722 


890 


1612 


-168 


0,80 


124 


1,07 


101 


6 


0,409 


0,354 


0,055 


837 


723 


1560 


114 


1,15 


110 


1,08 


121 


17 


0,356 


0,318 


0,038 


730 


650 


1380 


80 


1,16 


111 


1,10 


128 


12 


0,344 


0,359 


—0,015 


703 


733 


1436 


- 30 


0,94 


112 


1,10 


44 


4 


0.412 


0,397 


0,015 


842 


812 


1654 


30 


1,10 


21 


— 


— 





— 


— 




— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,05 


238 


5 


0,399 


0,330 


0.069 


818 


677 


1495 


141 


1,10 


88 


1,09 


118 


30 


0.335 


0,320 


0,015 


685 


655 


1340 


30 


1,09 


106 


1,12 


79 


15 


0,363 


0,339 


0,024 


741 


692 


1433 


49 


1,13 


80 


1,08 


88 


1 


0,501 


0,464 


0,037 


1026 


950 


1976 


76 


1,08 


88 


— 


— 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,07 


—115 


7 


0,340 


0,3.30 


0,010 


696 


676 


1372 


20 


1,10 


34 


1,22 


55 


20 


0,384 


0,359 


0,025 


786 


735 


1521 


51 


1,07 


50 


1,04 


66 


14 


0,341 


0,352 


—0,011 


700 


720 


1420 


— 20 


1,01 


74 


1,02 


207 


1 


0,259 


0,255 


0,004 


530 


522 


1052 


8 


1,02 


207 













— 





— 





— 


— 


— 


— 



76 ANALKS DE LA 


SOCIEDAD CIENTÍFICA 


ARGENTINA 

TABLA XI 


a y /}. 


— lielación ' 


Mea 


Todos lo8 días 


Barómetro 


44 
46 

44 
44 

46 
44 

40 
53 

48 
45 

35 
37 


E+ 


E. 


U 


n^ 


w_ 


S 


n 


Septiembre . . . 

Octubre 

Noviembre . . . 
Diciembre . . . 

Enero 

Febrero 


^ sube ó const . 
1 baja 

sube ó const . 
baja 

sube ó const . 
baja 

sube ó const . 
baja 

^ sube ó const . 
/ baja 

sube ó const. 
( baja 

1 


0.266 
0,384 

0,335 
0.410 

0.305 
0,345 

0,300 
0,369 

0,335 
0,372 

0,334 
0,389 


0.227 
0.360 

0,313 
0,375 

0,271 
0,344 

0,290 
0,354 

0,325 
0.350 

0,297 
0,375 


0,039 

0,024 

0.022 
0,035 

0,034 
0,001 

0,010 
0.015 

0,010 
0,022 

0.037 
0,014 


545 
787 

686 
840 

624 
706 

616 
754 

688 
761 

682 
798 


465 
737 

640 
769 

557 
702 

592 
724 

665 
718 

609 
769 


1010 
1525 

1326 
1606 

1181 
1408 

1208 
1478 

1353 
1479 

1291 
1567 


80 

50 

46 
71 

67 
4 

24 
30 

23 1 
-43' 

73 
29 



OBSERVACIONES AÉKO-ELÉCTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



7 < 



» marcha del barómetro 





z 

7 








Días normales 










Q 


r 


E^ 


E_ 


u 


■«+ 


n_ 


s 


u 


Q 


F 


1.23 


170 


0.221 


0,201 


0,020 


452 


412 


864 


4o 


1,27 


198 


1,14 


222 


5 


0,415 


0,374 


0,041 


849 


762 


1611 


87 


1,16 


118 


M9 


59 


20 


0,354 


0,310 


0,044 


722 


632 


1452 


90 


1,24 


151 


1,11 


106 


24 


0,466 


0,423 


0,043 


956 


867 


1823 


89 


1,10 


63 


1,24 


160 


14 


0.309 


0,315 


-0,006 


631 


647 


1278 


-16 


1,12 


169 


1,07 


115 


13 


0,394 


0,418 


- 0,024 


807 


857 


1664 


—50 


0,95 


124 


1,08 


99 


17 


0,335 


0,327 


0,008 


687 


670 


1357 


17 


1,04 


120 


1,08 


120 


22 


0.339 


0,356 


0,033 


798 


730 


1528 


68 


1,12 


89 


1,10 


87 


25 


0.325 


0,311 


0,014 


665 


638 


1303 


27 


1,11 


107 


1,09 


119 


26 


0,379 


0,345 


0,034 


775 


709 


1484 


66 


1,09 


85 


1.22 


50 


16 


0,324 


0,306 


0,018 


662 


629 


1291 


33 


1,08 


81 


1.06 


11 


26 


0,383 


0,376 


0,007 


782 


770 


1552 


12 


1,04 


39 



78 



ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA Xll fí y h. 



Belacil 



Mes 



Septiembre . 



Octubre 



Noviembre 



Diciembre 



Enero 



Todos \«ii (lian 



Febrero 



10 
15 
20 
25 
30 

5 
10 
15 
20 
25 
30 

5 
10 
15 
20 

25 
30 

5 
10 
15 

20 
25 
30 

5 
10 
15 
20 
25 
30 

5 
10 
15 
20 
25 
30 



0-9,9 

0-14,9 

0-19,9 

0-24,9 

9-29,9 

0-34,9 

0-9,9 

0-14,9 

0-19,9 

0-24,9 

0-29,9 

0-34,9 

0-9,9 

0-14,9 
0-19,9 
0-24,9 
0-29,9 
0-34,9 

0-9,9 

0-14,9 

0-19,9 

0-24,9 

0-29,9 

0-34,9 

0-9,9 

0-14,9 

0-19,9 

0-24,9 

0-29,9 

0-34,9 

0-9,9 

0-14,9 

9-19,9 

0-24,9 

0-29,9 

0-34,9 



z 

25 


E^ 


E_ 


0,230 


0,192 


55 


0.355 


0,323 


10 



0,413 


0,398 












11 


0,310 


0,315 


32 


0,429 


0.390 


23 


0.384 


0,355 


20 


0,314 


0.286 





0.280 


0,285 



3 


0,187 


0,133 


35 


o.soí; 


0,295 


50 


0.350 


0,325 


2 



0,280 


0,320 







_ 


3 


0,290 


0,355 


19 


0,275 


0,254 


57 


0.338 


0,336 


12 


0,451 


0,378 


2 



0,388 


0,360 




8 


0.320 


0.345 


36 


0,330 


0,311 


15 


0.377 


0,355 


4 



0,335 


0,334 



10 


0.393 


0.315 


27 


0,315 


0,305 


33 


0,390 


0.374 


2 


0,379 


0,336 



u 



0.038 

0,U32 
0,015 



-0,005 
0.039 

0,029 

0,028 

-0.003 



0,044 

0,011 

0.025 

-0,040 



-0,065 

0,021 
0,002 
0,073 

0,028 



-0,025 

0,019 
0,022 

0,001 



0.078 
0,010 

0,016 
0,043 



470 
726 
846 



636 
879 

785 
642 
574 



382 
628 
719 

573 



592 
564 
692 
924 

793 



655 

677 
771 

686 



804 

646 

799 
775 



394 
660 
816 



643 
800 

726 
588 
584 



272 
614 
664 

654 



728 
520 
688 
772 
737 



708 
639 
729 

682 



644 
622 
763 

689 







s 


M 


864 


7 


loS6 


6 


1662 


3 


1279 


— 


1679 


7 


1509 


.- 


1230 


5 


1158 


- 11 


654 


11 


1232 


2 


1383 


5 


1227 


— 8 


1320 


—13 


1084 


-1 


1380 




1696 


15 


1530 


• ' 


1363 


— 5 


1316 




1500 


4 


1368 




1448 


16 


1268 


2. 


1562 




1464 


j'K 



OBSERVACIONES AERO-ELECTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



79 



OH la tempcfatura 











Días normales 










Q 


F 


Z 
3 


E+ 


E_ 


U 


n+ 


11 _ 


s 


M 


Q 


F 


1.28 


215 


0,220 


0,230 


—0,010 


451 


473 


924 


— 22 


1,26 


137 


1,17 


206 


8 


0,315 


0.276 


0,039 


643 


565 


1208 


78 


1,22 


186 


1,03 


101 


1 




0,444 


0,369 


0,075 


908 


757 


1665 


151 


1,20 


76 


1,06 


166 



9 


0,310 


0,290 


0,020 


636 


592 


1228 


44 


1,11 


184 


1,20 


102 


22 


0,446 


0,393 


0,053 


915 


804 


1719 


111 


1,20 


81 


1,17 


28 


10 


0,464 


0,423 


0,041 


949 


866 


1815 


83 


1,14 


81 


1,13 


67 


2 


0,353 


0,278 


0,075 


721 


569 


1290 


152 


1,29 


95 


0.99 


65 


1 



0,290 


0,300 


—0,010 


594 


615 


1209 


— 21 


0,97 


96 


1,44 


147 



1 


0,214 


0,154 


0,060 


439 


316 


755 


123 


1,39 


114 


1,12 


148 


12 


0,339 


0,359 


—0,020 


693 


734 


1427 


— 41 


1,06 


143 


1,18 


133 


13 


0,379 


0,393 


—0,014 


774 


802 


1576 


- 28 


1,01 


163 


0,88 


59 


1 



0,245 


0,323 


-0,078 


.501 


661 


1162 


—160 


0,86 


25 


0.84 


310 






— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,13 


40 


6 


0,291 


0,291 


0.000 


598 


598 


1196 





1,00 


133 


1,04 


129 


27 


0,362 


0,355 


0,007 


741 


729 


1470 


12 


1,04 


90 


1.24 


78 


5 


0,480 


0,325 


0,155 


985 


665 


1650 


320 


1,45 


130 


1,14 


172 


1 



0,421 


0,404 


0,017 


865 


829 


1694 


36 


1,05 


116 


1,11 


139 



3 


0,389 


0,384 


0,005 


798 


785 


1583 


13 


1,07 


118 


1,11 


132 


17 


0,326 


0,298 


0,028 


669 


610 


1279 


59 


1,13 


86 


1,08 


80 


28 


0,369 


0,345 


0,024 


753 


708 


1461 


45 


1,09 


105 


1,01 


26 


3 


0,311 


0,295 


0,016 


639 


606 


1245 

« 


33 


1,05 


51 


1,49 


63 


5 


0,316 


0,335 


—0,019 


649 


687 


1336 


— 38 


0,94 


128 


1.08 


126 


18 


0,320 


0,324 


—0,004 


656 


662 


1318 


— 6 


1,03 


62 


1,08 


— 64 


18 


0,413 


0,384 


0,029 


843 


783 


16á6 


60 


1,11 


34 


¡1,13 


76 


1 


0,345 


0,314 


0,031 


707 


641 


1348 


66 


1,01 


114 



80 



ANALliS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA XIII a y b. — Jlelaciói 



Mes 



lodos 



«lilis 



/ 



Septiembre . 



Octubre 



Noviembre 



Diciembre 



Enero 



Febrero 



/ >60 

[ 60.0-69,9 

J 70,0-79,9 

I 80,0-89,9 

\ 90,0-100 
í 

( >60 

I 60,0-69,9 

.| 70,0-79,9 

I 80,0-89,9" 

^ 90,0-100 

/ >60 

i 60,0-69,9 

.] 70,0-79,9 

I 80,0-89,9 

' 90,0-100 

/ >60 

I 60,0-69,9 

.< 70,0-79,9 

/ 80,0-89,9 

' 90,0-100 

/ >60 

i 60,0-69,9 

^ 70,0-79,9 

/ 80,0-89,9 

\ 90,0-100 

1 

/ >60 

I 60,0-69,9 

I 70,0-79,9 

/ 80,0-89,9 

\ 90.0-100 



7 
17 
32 
25 

9 

11 
24 
24 
16 
13 

19 
33 
22 
11 



17 
30 
23 
13 
10 

17 
23 
34 
18 
2 

13 
17 
21 

17 

4 



E+ 



0.503 

0,412 
0,295 
0,305 
0,194 

0,640 

0,335 
0,379 
0,314 
0,276 

0,421 

0,344 
0,295 
0,214 
0,243 

0,419 

0,359 
0,344 
0,235 

0,271 

0,418 

0,345 
0,363 
0.292 
0,305 

0,354 
0.420 

0,324 
0,382 
0,261 



B_ 



0.480 

0,390 
0,271 
0,252 
0,165 

0,597 

0,316 
0,355 
0,290 
0,226 

0,418 

0,330 
0,255 
0,208 
0,173 

0,412 

0,340 
0,334 
0,209 

0,273 

0.366 

0,321 
0,361 
0,274 
0,441 

0.404 

0,401 
0,305 
0,319 
0.214 



TJ 


11^ 


n_ 


S 


it 


0,023 


1028 


981 


2009 


47 


0.022 


844 


799 


1643 


45 


0.024 


605 


554 


1159 


51 


0,053 


627 


517 


1144 


110 


0,029 


398 


338 


736 


60 


0,043 


1313 


1220 


2533 


93 


0,019 


685 


649 


1334 


36 


0,024 


777 


729 


1.506 


48 


0,024 


641 


592 


1233 


49 


0.050 


565 


464 


1029 


101 


0.003 


862 


856 


1718 


6 


0,014 


702 


676 


1378 


26 


0,040 


606 


521 


1127 


85 


0,006 


438 


425 


863 


13 


0.070 


498 


355 


853 


143 


0,007 


859 


843 


1702 


16 


0,019 


733 


694 


1427 


39 


0,011 


705 


683 


1388 


22 


0,026 


481 


427 


908 


54 


—0,002 


554 


559 


1113 


— 5 


0,052 


854 


750 


1604 


m 


0,024 


705 


659 


1364 


46 


0,002 


742 


738 


1480 


1 


0,018 


599 


560 


1159 


3í 


—0,136 


625 


901 


1526 


— 27f 


—0.050 


724 


828 


1552 


— lO-! 


0,019 


859 


821 


1680 


3í 


0,019 


664 


624 


1288 


4( 


0,063 


781 


651 


1432 


13( 


0,047 


536 


437 


973 


9Í 



OBSERVACIONES AERO-ELECTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



81 



30)i la humedad rrlafiva 











Días uori 


lales 








F 


Q 


F 


z 




E+ 


E_ 


U 


71+ 


«_ 


s 


11, 


Q 


1,07 


107 


_ 











_ 


_ 


_ 


_ 


„ 


1,04 


165 


2 


0,442 


0,433 


0,009 


906 


886 


1792 


20 


1,02 


195 


1,16 


280 


7 


0,295 


0,285 


0,010 


606 


582 


1188 


24 


1,11 


114 


1,35 


131 


3 


0,291 


0.138 


0,083 


452 


282 


734 


170 


1,63 


262 


1,19 


210 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1.10 


65 


9 


0.581 


0,528 


0,053 


1189 


1078 


2267 


111 


1,12 


78 


1,11 


111 


19 


0,349 


0,325 


0,024 


712 


668 


1380 


44 


1,07 


92 


1.17 


126 


12 


0,431 


0,365 


0,066 


882 


749 


1631 


133 


1,32 


147 


1,11 


130 


4 


0,315 


0,251 


0,064 


643 


513 


1156 


130 


1,27 


106 


1,30 


— 84 





— 


— 


— 


— 


— 


— 




— 


— 


1,03 


93 


11 


0,413 


0.445 


0,032 


846 


910 


1756 


— 64 


0,97 


102 


1,07 


184 


14 


0,309 


0,321 


—0,012 


631 


6.59 


1290 


— 28 


1,01 


153 


•1,30 


137 


1 


0,327 


0,372 


—0,045 


670 


761 


1431 


— 91 


0,88 


220 


1,17 


109 


1 


0,249 


0.104 


0,145 


510 


211 


721 


299 


2,40 


492 


1,54 


44 





— 


— 




— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,03 


83 


10 


0,441 


0.432 


0,009 


904 


884 


1788 


20 


1,05 


52 


1,11 


91 


18 


0,346 


0,320 


0,026 


710 


654 


1364 


56 


1,10 


102 


1,04 


164 


9 


0,350 


0,321 


0,029 


716 


658 


1374 


58 


1,09 


161 


1.15 


174 


1 


0,277 


0,265 


0,012 


569 


542 


1111 


27 


1,05 


94 


1,06 


15 


1 


0,196 


0.170 


0,026 


403 


348 


751 


55 


1.16 


89 


1,13 


67 


14 


0,422 


0,364 


0,058 


864 


745 


1609 


119 


1,14 


74 


1,11 


55 


11 


0,350 


0,330 


0,020 


718 


674 


1392 


44 


1,12 


95 


1,04 


89 


19 


• 0,330 


0.334 


—0,004 


675 


683 


1358 


— 8 


1,05 


107 


1,18 


197 


7 


0,276 


0,247 


0,029 


566 


507 


1073 


59 


1,15 


111 


0,69 


327 





— 


— 


. — 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


0,92 


- 13 


8 


0,404 


0,433 


—0,029 


S27 


888 


1715 


— 61 


0,97 


—35 


1,13 


39 


12 


0,415 


0,375 


0,040 


850 


769 


1619 


81 


1,12 


50 


1,06 


102 


16 


0,313 


0,300 


0,013 


640 


612 


1252 


28 


1,05 


113 


1,39 


60 


6 


0,315 


0,309 


0,006 


645 


631 


1276 


14 


1,07 


89 


1,19 


119 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 



AK. SC>C. CIENT. AK«. — T. LXXVII 



82 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA XIV a \ h. 



Melado 



Síes 



Septiembre . 



Octubre. 



Noviembre 



Diciembre 



Enero 



Febrero 



Todos los días 



N 



, O, 1/8 

\ 2/8, 3/8 

'I 4/8, 5/8 

' 6/8, 7/8, 8/8 

I ' ' ' 
O, 1/8 

2/8, 3/8 

4/8, 5/8 

6/8, 7/8, 8/8 

I 

( O, 1/8 

\ 2/8, 3/8 
4/8, 5/8 
6/8, 7/8, 8/8 
I 
, O, 1/8 

) 2/8, 3/8 

I 4/8, 5/8 
6/8, 7/8, 8/8 



\ 



O, 1/8 
2/8, 3/8 
I 4/8, 5/8 
6/8, 7/8, 8/8 



O, 1/8 

2/8, 3/8 
/ 4/8, 5/8 
\ 6/8, 7/8, 8/8 



z 
23 


K+ 


E_ 


0.286 


0.246 


10 


0,359 


0,286 


6 


0,379 


0.373 


50 


0,335 


0,311 


82 


0,391 


0,347 


5 


0.397 


0.360 


7 


0,466 


0.407 


44 


0,341 


0.330 


32 


0,326 


0.341 


6 


0.?,99 


0,299 


8 


0,381 


0,335 


44 


0,322 


0,277 


20 


0.364 


0,354 


14 


0,324 


0,304 


11 


0,330 


0,309 


48 


0,335 


0,325 


37 


0,334 


0,315 


13 


0,429 


0,384 


13 


0,320 


0,327 


30 


0,357 


0,349 


44 


0,307 


0,310 


4 


0,445 


0,398 


3 


0,521 


0,426 


21 


0,439 


0,371 



u 



0,040 
0,073 

0.006 

0,024 

0,044 
0.037 
0.059 
0.011 

-0.015 

0,(100 
0.046 

0,045 

0,010 
0,020 
0.021 
0.010 

0,019 

0,045 

-0,007 

0,008 

-0,003 
0,047 
0,095 

0,068 



"+ 


íi_ 


s 


588 


506 


1094 


733 


586 


1319 


777 


762 


1537 


688 


638 


1326 


801 


711 


1512 


812 


737 


1549 


954 


834 


1788 


699 


675 


1374 


669 


700 


1369 


611 


611 


1222 


780 


684 


1464 


660 


567 


1227 


745 


725 


1470 


661 


620 


1281 


676 


631 


1307 


687 


667 


1354 


685 


644 


1329 


878 


788 


1666 


658 


670 


1328 


731 


714 


1445 


629 


632 


1261 


910 


816 


1726 


1065 


873 


1938 


899 


760 


1659 



— 31 



2C 
41 
4S 
2C 

41 
9C 
12 

l-J 



94 
19! 
13Í 



OBSERVACIONES AERO-ELECTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



83 



on el g 


mdo de la nebulosidad 




















z 

8 






1 


Jia8 norn 


nales 










Q 


V 


E+ 


E_ 


r 


w_ 


s 


u 


Q 


F 


1,23 


207 


0,291 


0,276 


0,030 


597 


568 


1165 


29 


1,14 


174 


1,33 


207 


3 


0,235 


0,160 


0,075 


481 


326 


807 


155 


1,53 


172 


1,05 


123 


1 


0,580 


0,571 


0,009 


1191 


1173 


2364 


18 


1,01 


70 


1,16 


193 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,20 


120 


29 


0,408 


0,356 


0,052 


834 


730 


1564 


104 


1,20 


110 


1,18 


107 


4 


0,450 


0,409 


0,041 


920 


857 


1757 


83 


1,20 


83 


1,16 


86 


6 


0,466 


0,404 


0,062 


956 


828 


1784 


128 


1,17 


98 


1.11 


50 


5 


0,369 


0,384 


—0,015 


755 


788 


1543 


— 33 


0,97 


106 


1,03 


141 


22 


0,360 


0,388 


—0,028 


738 


793 


1531 


— 55 


0,96 


136 


1,08 


165 


3 


0.335 


5,305 


0,030 


687 


625 


1312 


62 


1,19 


151 


1,16 


136 


1 


0,245 


0,324 


-0,079 


501 


661 


1162 


—160 


0,86 


25 


1.26 


143 


1 


0,249 


0,103 


0,146 


510 


211 


731 


299 


2,40 


492 


1,08 


93 


17 


0,384 


0,369 


0,015 


784 


754 


1538 


30 


1,07 


90 


1,08 


147 


6 


0,340 


0,336 


0.004 


694 


686 


1380 


8 


1,01 


126 


1,07 


101 


5 


0,360 


0,355 


0,005 


739 


726 


1465 


13 


1,02 


87 


1.08 


110 


11 


0,358 


0,305 


0,053 


732 


624 


1356 


108 


1,17 


115 


1.11 


!»2 


30 


0,354 


0,334 


0,020 


725 


683 


1408 


42 


1,11 


96 


1,11 


75 


9 


0,403 


0,326 


0,077 


823 


669 


1492 


154 


1,20 


88 


0,99 


89 


7 


0,281 


0,301 


—0,020 


577 


616 


1193 


- 39 


0,97 


106 


1.11 


134 


5 


0,350 


0,347 


0,003 


717 


710 


1427 


7 


1,06 


94 


1.05 


12 


29 


0,311 


0.316 


—0,005 


639 


649 


1288 


— 10 


1,02 


64 


1.12 


9 


2 


0,519 


0,465 


0,054 


1060 


950 


2010 


110 


1,12 


—15 


1.21 


70 


3 


0,521 


0,426 


0,095 


1065 


873 


1938 


192 


1,21 


70 


1,33 


69 


8 


0,432 


0,404 


*0,028 


885 


828 


1713 


57 


1,09 


58 



84 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA XV a y h. 



Mes 



T 



O, 1 



Septiembre .... 1-2, 2, 2-3 



3,4 



Octubre. 



O, 1 
• 1-2, 2, 



2-3 



Noviembre . 



Diciembre. . 



3, 4 

O, 1 

1-2, 2, 2-3 

3, 4 



O, 1 

I 2 ' 

3, 4 



1-2 2 2-3 



Enero 



í O, 1 

1-2, 2, 2-3 



7 



3, 4 



Febrero. 



í O, 1 

1-2, 2, 2-3 



/ 



3, 4 



TodoM los (lian 



z 
50 


E 


E_ 


0,374 


0,325 


36 


0,274 


0,261 


1 


0,211 


0,178 


64 


0.415 


0.388 


21 


0,266 


0,240 


3 


0,204 


0,146 


61 


0,365 


0,345 


29 



0,245 


0,223 


79 


0,357 


0,336 


12 


0,218 


0,216 


2 


0,366 


0.531 


78 


0,360 


0.339 


15 


0,315 


0.335 





— 


— 


59 


0,374 


0,355 


11 


0,326 


0,276 


2 


0,203 


0,156 



u 



0.049 
0,013 

0,033 

0,027 
0,026 
0,060 

0,020 
0,022 

0.021 

0,002 
-0,165 

0.021 
-0,020 

0,019 
0,050 

0,047 



■" 1 


/í _ 


s 


765 


668 


1433 


560 


536 


1096 


433 


364 


797 


850 


794 


1644 


545 


490 


1035 


419 


300 


719 


749 


709 


1458 


501 


456 


957 


731 


690 


1421 


446 


444 


890 


750 


1086 


1836 


738 


692 


1430 


646 


685 


1331 


766 


726 


1492 


669 


568 


1237 


415 


320 


735 



OBSERVACIONES AERO-ELECTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



85 



on la transparencia 













Días non 


nales 






Q 


F 


Q 


F 


z 

8 


E^ 


E_ 


u 


n_ 


s 


u 


1,22 


123 


0,344 


0,324 


0,020 


703 


661 


1364 


42 


1,14 


92 


1,13 


280 


4 


0,219 


0,171 


0,048 


447 


350 


797 


97 


1,40 


311 


1,19 


357 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,12 


89 


37 


0,452 


0,397 


0,055 


926 


813 


1739 


113 


1,18 


83 


1,17 
1,40 


111 

-268 


7 


0,216 


0,217 


—0,001 


443 


445 


888 


— 2 


1,07 


283 


1,12 


156 


23 


0,372 


0,401 


—0.029 


761 


821 


1582 


— 60 


0,96 


123 


1,18 


100 


4 


0,224 


0,160 


0,064 


457 


329 


785 


128 


1,48 


275 


1,08 


100 


38 


0,370 


0,345 


0,025 


759 


709 


1468 


50 


1,10 


103 


1,15 


16G 


1 


0,198 


0,246 


—0,048 


405 


506 


911 


—101 


0,80 


69 


0,64 


182 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


1,10 


82 


45 


0,369 


0,339 


0.030 


753 


691 


1444 


62 


1,13 


90 


1,05 


209 


6 


0,234 


0,266 


—0,032 


479 


546 


1025 


— 67 


0,91 


141 


1,08 


54 


38 


0,370 


0,361 


0,009 


759 


740 


1499 


19 


1,06 


50 


1,43 


—151 


4 


0,256 


0,239 


0,017 


524 


489 


1013 


35 


1,05 


124 


1,31 


230 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 






























86 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA XVI a y b. — lielacü 



Mes 



Septiembre . , 



Octubre 



Noviembre 



Diciembre. . 



Enero 



Febrero 



Todos los (lías 



D 



N-E 
ESE-SSW 

SW-NNW 

N-E 

ESE-SSW 

SW-NNW 

N-E 
ESE-SSW 

SW-NNW 

N-E 
ESE-SSW 
SW-NNW 

N-E 
ESE-SSW 
SW-NNW 

N-E 
ESE-SSW^ 

SW-NNW 



47 

37 

3 

51 

23 

3 

41 
22 
10 

47 
29 

8 

56 
15 



35 
12 

14 



E+ 


E_ 


0,339 


0,301 


0,317 


0,281 


0.394 


0,400 


0,382 


0,350 


0,384 


0,375 


0,580 


0,496 


0,339 


0,325 


0,325 


0.295 


0,393 


0,380 


0,364 


0,337 


0,315 


0,320 


0,416 


0.381 


0,350 


0,337 


0,359 


0,358 


0,426 


0,445 


0,373 


0,339 


0,390 


0,401 


0,404 


0,381 



TJ 



0.038 

0,036 
-0,006 

0,032 
0,009 
0,084 

0,014 
0.030 
0,013 

0,027 

-0.005 

0.035 

0.013 

0.001 
-0,019 

0.034 
-0,011 

0,023 



"t 


ít- 


s 


693 


617 


1310 


650 


577 


1227 


807 


820 


1627 


781 


719 


1500 


784 


767 


1551 


1184 


1018 


2202 


693 


665 


1358 


667 


606 


1273 


803 


778 


1581 


742 


689 


1431 


644 


653 


1297 


851 


780 


1631 


719 


690 


1409 


735 


732 


1467 


872 


914 


1786 


763 


693 


1456 


800 


821 


1621 


828 


780 


1598 



7f 

Ve 
lí 

6í 
Vi 

m 

2i 

6 

2f 



< 

7: 

2! 

4: 

71 
2 
4í 







OBSERVACIONES AÉRO-ELÉCTRICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 


87 


con la dirección i 


iel viento 


















1 


Días noniialfs 


Q 


F 


Z 

.5 


E; 


E_ 


u 


«+ 


n_ 


s 


u 


Q 


F 


1,16 


173 


0.350 


0,295 


0,055 


719 


605 


1324 


114 


1,24 


86 


1,20 


234 


4 


0,227 


0,226 


0,001 


465 


463 


928 


2 


1,19 


232 


0,97 


75 


2 


0.398 


0,399 


—0,001 


813 


816 


1629 


— 3 


0,98 


103 


1,16 


56 


28 


0.416 


0,374 


0.042 


851 


763 


1614 


88 


1,18 


67 


1,11 


95 


10 


0,43« 


0,381 


0.057 


897 


780 


1677 


117 


1,19 


213 


1,20 


41 


3 


0,580 


0,496 


0,084 


1184 


1018 


2202 


166 


1,20 


40 


1,13 


199 


13 


0,338 


9,348 


—0,010 


691 


711 


1402 


— 20 


1,06 


197 


1,26 


177 


6 


0,374 


0,427 


-0.053 


764 


875 


1539 


—111 


0,92 


91 


1,12 


— 5 


6 


0,408 


0,409 


-0,001 


836 


838 


1674 


- 2 


1,07 


85 


1.12 


90 


25 


0,370 


0.331 


0,039 


758 


679 


1437 


79 


1,14 


82 


1,01 


113 


7 


0,367 


0,384 


—0.017 


752 


787 


1439 


— 35 


0,96 


141 


1,21 


103 


4 


0,400 


0,401 


—0,001 


820 


822 


1642 


t> 


1,00 


100 


1,07 


105 


35 


0,355 


0.346 


0,009 


728 


710 


1438 


18 


1,05 


80 


1,12 


122 


4 


0,310 


0,313 


—0,003 


636 


641 


1277 


— 5 


1,03 


127 


0,97 


24 


2 


0,454 


0.426 


0,028 


929 


872 


1801 


57 


1,09 


107 


1,20 

1,00 


51 


20 


0,387 


0,384 


0,003 


792 


786 


1578 


6 


1,03 


71 


—225 


5 


0,370 


0,338 


0,032 


758 


691 


1449 


67 


1.14 


17 


1,07 


9 


9 


0.414 


0.418 


—0.004 


848 


857 


1705 


— 9 


0,98 


12 



88 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA xvii « V />. — Relación 



Mes 



Todos los días 



2, 3 



/ O, 1 

Septiembre . . . . 1-2, 

( > 3 

I 

( O, 1 

Octubre ] 1-2, 2, 3 

( O, 1 

Noviembre . . .\ 1-2, 2, 3 



\ 



> 3 
O, 1 



Diciembre . . . : 1-2, 2, 3 
> 3 

1 

O, 1 

Enero j 1-2, 2, 3 

1 >^ 

( O, 1 

Febrero 1-2, 2, 3 

' 3 



z 
16 


E+ 


E_ 


0.233 


0.199 


46 


0,353 


0,314 


28 


0,354 


0,319 


30 


0.310 


0.265 


37 


0,360 


0,345 


21 


0,484 


0.456 


32 


0.271 


0.246 


46 


0,340 


0,332 


12 


0,423 


0,371 


23 


0,264 


0.244 


54 


0,362 


0,350 


16 


0,364 


0,360 


41 


0.330 


0.286 


43 


0,360 


0,373 


9 


0.432 


0,403 


20 


0.246 


0.234 


41 


0,404 


0.366 


11 


0.416 


0.420 



0.034 

0.039 

0,035 

0,045 
0.015 

0,028 

0,025 
0.008 
0.052 

0.020 

0,012 
0.004 

0.044 

-0.013 
0,029 

0,012 
0.038 

- . 004 



«+ 


n_ 


s 


477 


407 


894 


722 


641 


1363 


724 


652 


1376 


633 


542 


1175 


739 


706 


1445 


990 


934 


1924 


555 


504 


1059 


696 


680 


1376 


868 


760 


1626 


540 


499 


1039 


742 


718 


1460 


747 


738 


1485 


673 


586 


1259 1 


738 


762, 


1500 


884 


824 


1708 


505 


478 


983 


828 


750 


1578 


851 


860 


1711 



70 
81 

72 

91 

33 

56 

51 

16 

108 

41 

24 
9 

87 

24 
60 

27 

78 

9 



OBSERVACIONES AERO-ELECTKICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



89 



con la intensidad del viento 





Días uormales 


Q 


F 


Z 

4 


E 


E_ 


F 


tij. 


n_ 


S 


V 


Q 


F 


1,22 


248 


0,259 


0,214 


0.045 


530 


439 


969 


91 


1.35 


155 


1, 15 


154 


5 


0.256 


0.206 


0,050 


524 


422 


946 


102 


1,30 


228 


1,22 


245 


3 


0,434 


0,461 


— 0.027 


889 


942 


1831 


— 53 


0.95 


73 


1,27 


150 


12 


0,310 


0.238 


0.072 


632 


487 


1119 


145 


1,39 


171 


1,08 


85 


20 


0,432 


0,398 


0,034 


885 


815 


1700 


70 


1.06 


132 


1,11 


— 18 


12 


0,493 


0.460 


0.033 


1008 


940 


1948 


68 


1,12 


22 


1.15 


157 


7 


0,275 


0,261 


0,014 


565 


536 


1101 


29 


1,10 


159 


1,16 


159 


15 


0,354 


0,385 


— . 031 


725 


789 


1514 


— 64 


1,03 


173 


1,17 


1 


5 


0,439 


0,451 


-0,012 


899 


924 


1823 


— 25 


0,98 


53 


1,11 


199 


11 


0.291 


0,253 


0,038 


597 


519 


1116 


78 


1,14 


164 


1,08 


109 


22 


0,375 


0,364 


0.011 


769 


744 


1513 


25 


1.06 


80 


1,02 


- 3 


6 


0,470 


0,437 


0,033 


962 


893 


1855 


69 


1.06 


71 


1,14 


116 


25 


0,324 


0.281 


0.043 


663 


577 


1240 


86 


1,17 


111 


1,05 


106 


24 


0,369 


0,365 


0.004 


754 


747 


1501 


7 


1.04 


83 


1,12 


28 


2 


0,514 


0,490 


0,024 


1056 


1005 


2061 


51 


1,06 


60 


1,08 


193 


13 


0.251 


0,240 


0,011 


512 


491 


1013 


21 


1,05 


113 


1,21 


24 


24 


0,419 


0,406 


0.013 


859 


831 


1690 


28 


1,07 


32 


1,01 


— 325 


5 


0,356 


0,371 


— 0.015 


730 


760 


1490 


— 30 


0,98 


16 



1)0 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



TABLA xvín a j h. — 



Mes 



Septiembre . 



Octubre 



Noviembre - 



Diciembre 



Todos los días 



Enero 



Febrero . 



0-49,9 

i 50,0-99,9 

.' 100,0-149,9 

I 150,0-199,9 

> 199,9 

I 

/ 0-49,9 

i 50,0-99,9 
.' 100,0-149,9 
/ 150,0-199,9 
\ >199,9 
I 
/ 0-49,9 

i 50,0-99,9 

. 100,0-149,9 

I 150,0-199,9 

>199,9 

I 

/ 0-49,9 

i 50,0-99,9 

. 100,0-149,9 

/ 150,0-199,9 

^ >199,9 

/ 0-49,9 
I 50,0-99,9 
.; 100,0-149,9 
/ 150,0-199,9 

' >199,9 

1 

/ 0-49,9 

í 50,0-99,9 

.' 100,0-149,9 

I 150,0-199,9 

\ > 199,9 



23 

18 
13 

28 

13 
26 
14 
10 
12 

8 
20 
28 

8 
20 

7 
38 
17 
10 
13 

17 

35 

22 

7 

6 

11 

25 

15 

3 

6 



E 



0,413 
0,424 

0,403 
0.256 
0,212 

0,437 

0,385 
0,384 
0,326 
0,216 

0,422 

0,370 
0,305 
0,295 
0,276 

0,366 
0,370 

0,337 
0,298 
0,266 

0,393 
0,414 

0,287 
0,204 
0,340 

0,402 

0,355 
0,325 
0,374 
0,229 



E. 



0,393 

0,369 
0,351 
0,240 
0,200 

0,397 

0,373 
0,332 
0,305 
0,193 

0,380 

0,360 
0,296 
0,300 
0,226 

0,360 

0,350 
0,330 
0,246 

0,277 

0,388 
0,389 
0,255 
0,172 
0,363 

0,398 

0,320 
0,301 
0,360 
0,194 



u 



0,020 
0.055 

0,052 
0.016 
0.012 

0.040 
0,012 
0.052 

0.021 
0,023 

0,042 
0,010 
0,009 
0,005 
0,050 

0,006 
0,020 
0,007 
0.052 
0,011 

0,005 
0,025 
0,032 
0,032 
-0.023 

0,004 
0,035 

0,024 
0,014 
0,035 



"+ 


«_ 


845 


805 


869 


754 


824 


720 


525 


492 


435 


409 


894 


812 


788 


762 


784 


680 


669 


623 


443 


395 


864 


778 


757 


739 


623 


608 


605 


612 


568 


463 


750 


737 


759 


715 


690 


677 


610 


506 


547 


569 


803 


793 


848 


795 


589 


523 


419 


353 


695 


742 


822 


813 


728 


657 


666 


617 


768 


738 


469 


399 



OBSERVACIONES AÉRO-ELÉCTKICAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA 



91 



con la caída del potencial 











Días normales 








Q 


u 


Q 


z 


E+ 


E_ 


TJ 


M + 


n_ 


S 


n 


40 


1,05 


_ 


_ 











— 


— 


— 


— 


115 


1,16 


5 


0.409 


0.401 


0,008 


838 


821 


1659 


17 


1,08 


104 


1,20 


3 


0,233 


0,193 


0,040 


477 


395 


872 


82 


1,23 


33 


1,22 





— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


26 


1,21 


4 


0.219 


0,171 


0.048 


447 


350 


797 


97 


1.40 


82 


1,19 








— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


26 


1,04 


19 


0,472 


0.441 


0.031 


968 


902 


1870 


66 


1.10 


104 


1,31 


8 


0.393 


0,310 


0.083 


806 


634 


1440 


172 


1,50 


46 


1,12 


5 


0,389 


0,350 


0,039 


796 


717 


1513 


79 


1,16 


48 


1,15 


7 


0,230 


0,194 


0,036 


472 


398 


870 


74 


1,22 


86 


1,13 








— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


18 


1,03 


9 


0.409 


0,450 


-0,041 


839 


922 


1761 


— 83 


0.S5 


15 


1,10 


7 


0,326 


0,348 


—0,022 


669 


711 


1380 


— 42 


0,95 


— 7 


1,01 


4 


0,278 


0,285 


—0,007 


569 


583 


1152 


— 14 


1,00 


105 


1,43 


6 


0,305 


0.281 


0,024 


623 


576 


1199 


47 


1,31 


13 


1,01 


— 


— 


— . 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


44 


1,09 


24 


0,378 


0,349 


0,029 


772 


714 


1486 


58 


1,09 


13 


1,06 


7 


0,409 


0,382 


0,027 


838 


782 


1620 


56 


1,12 


104 


1,29 


5 


0,331 


0,285 


0,046 


679 


583 


1262 


96 


1,23 


— 22 


0,99 


2 


0,146 


0,214 


—0,068 


299 


438 


737 


—139 


0,69 


10 


1,03 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


— 


53 


1,08 


30 


0,404 


0,388 


0,016 


828 


793 


1621 


35 


1,06 


66 


1 17 


16 


0.291 


0,260 


0,031 


595 


531 


1126 


64 


1,14 


66 


\M 


3 


0.231 


0,184 


0,047 


475 


377 


852 


98 


1.35 


— 47 


1,14 


2 


0,240 


0,231 ' 


0,009 


492 


474 


966 


18 


1,09 


9 


1,02 


— 


— 


— 


— 


— 


— - 


— 


— 


— 


71 


1,12 


22 


0,383 


0.359 


0,023 


783 


733 


1516 


50 


1,08 


49 


1,13 


11 


0.335 


0,321 


0,014 


687 


659 


1346 


28 


1,09 


30 


0,98 


2 


0,204 


0,226 


—0,022 


416 


463 


879 


— 47 


0,90 


70 


1,20 


2 


0,229 


0,216 


0,013 


467 


443 


910 


24 


1,07 



bibliografía 



La silioe et les siiicates, por Henry Le Ciiatelier. Uu volumen en 8° de 
574 páginas, con 60 láminas, edicióu de la librería Hermaun, París. 

Como con mucha propiedad lo hace notar el autor en la introducción, siempre 
que se desea estudiar la sílice ó algunos de los silicatos, hay necesidad de re- 
currir á los libros de mineralogía, pues los de química muy poco se ocupan de 
estos compuestos y de sus propiedades, salvo las enciclopedias de química. 

En el volumen que nos ocupamos, el autor en una forma á la vez elegante y 
profunda, concisa y clara, trata : las propiedades qiiímicas de los compuestos 
oxigenados del silicio, sílice hidratada, tanto natural como artificial ; sílice anhi- 
dra, amorfa y cristalizada ; propiedades caloríficas, mecánicas 'y eléctricas del 
cuarzo, su polarización rotatoria y doble refracción ; las diversas transformacio- 
nes de la sílice ; las propiedades generales de los vidrios, tanto físicas como quí- 
micas, deteniéndose en las propiedades ópticas ; los silicatos metálicos y su 
clasificación, haciéndonos ver las dificultades para agruparlos por sus analogías, 
clasificaciones geológicas y mineralógicas, las que agrupan estos compuestos en 
familia de misma forma cristalográfica, á silicatos de muy grandes diferencias 
de composición. 

Le Chatelier manifiesta qne estamos hoy día, en lo que respecta á clasificación 
de silicatos, como se encontraba hace cincuenta años, repecto á compuestos orgá- 
nicos, y que sólo los grandes trabajos en síntesis orgánicas han permitido clasifi- 
carlos racionalmente. 

El autor desecha los sistemas de clasificación de los silicatos que se fundan 
en las fórmulas binarias, notación por valencias, y en las fórmulas unitarias. Al pri- 
mer sistema por las disparidades en los silicatos de los sesquióxidos, en los sili- 
catos dobles de protóxidos y sesquióxidos, y en los silicatos con agua de combi- 
nación, la que este sistema considera como agua de hidratación. Al segundo 
sistema, porque si bien es cierto que, desarrollando las fórmulas, puede, como se 
hace en química orgánica con los compuestos del carbono, representar la fórmula 
de cualquier silicato existente ó no, crea en cambio, teóricamente, una serie de 



BIBLIOGRAFÍA 93 

silicatos que en lugar de aclarar la clasificacióu, la haceu más confusa, pues no 
pueden ser aplicables á los silicatos las hipótesis de la polimerización sucesiva, 
aplicada en química orgánica á los carburos de hidrógenos, porque ástos son 
accesibles al control de la experiencia, por la relación ponderal del carbono al 
hidrógeno y la densidad de vapores, mientras que en los silicatos, por su infusi- 
bilidad é insolubilidad, existe verdadera dificultad hasta para la determinación 
de los pesos moleculares. 

En fin, al tercer sistema, ó de las fórmulas unitarias, lo rechaza por poca clari- 
dad, dificultad de retenerlas en la memoria y sobre todo dificultad de darse 
cuenta de la constitución de los cuerpos por las fórmulas. 

Admite para clasificar los silicatos el sistema de sales complejas de Verddsky, 
pues cree que admitiendo la existencia de ácidos complejos sílicoalumínicos, 
como se admite el fosfomolíbdico, está simplificado el problema. 

Volviendo á las materias tratadas en este volumen, nos encontramos con los 
silicatos dobles de álcalis y bario, los dobles de álcalis y calcio, los calcáreos, los 
magnesianos, los aluminosos, los caolines, las arcillas, la cerámica y las rocas. 

Por esta enunciación del plan de la obra, se manifiesta la manera que ha usa- 
do el autor para tratar el tema. En cada asunto comienza en una forma elemen- 
tal, profundizando paulatinamente á medida que entra en materia, agotando los 
temas, tanto en sii faz científica como técnica, llevando al lector por entre la 
química de los silicatos, sin descuidar ni la i)arte cristalográfica, haciéndole 
despertar tal interés que, al terminar la lectura, nos hemos preguntado, por qué 
no se estudia en un ciclo aparte la química de los compuestos del silicio, como 
se hace con la química de los compuestos del carbono. 

M. Henry Le Chatelier con La silice et les siUcates, ha dado un gran paso hacia 
esa química, colocándose en condiciones inmejorables para hacerla. 

M. Leguizamón Pondal. 



Electronique et biologie, par P. Achalme, Masson y Cía., editores, 1913. 

La vieja polémica entre los partidarios de la teoría diastosa substancia y los 
afiliados á la doctrina diastosa propiedad, se ha vuelto á animar con los nuevos 
trabajos de P. Achalme. 

El director del Museo colonial de París ha reu.nido en un volumen, titulado 
Electronique et Mologie, los trabajos agrupados alrededor de una teoría de la ca- 
tálisis, basada en conceptos electrónicos. Esto justifica el título á primera vista 
enigmático, del libro Electronique et Mologie. Achalme, después de una exposición 
crítica de las doctrinas recientes acerca de la constitución de la materia, des- 
arrolla sus ideas al respecto. 

Supone al átomo como un sistema constituido por granos de electricidad posi- 
tiva (átomos de hidrógeno), ligados fuertemente por electrones cargados negati- 
vamente. El átomo así formado está dotado de una cierta capacidad de deforma- 
ción, lo que está de acuerdo con los trabajos de Brann, Muller, Erzbach, 
Uraute, etc. 

Esta concepción, según el autor, explica perfectamente la estabilidad del áto- 
mo, al mismo tiempo que permite comprender en una forma más acertada la 
noción de valencia. 



94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ahora bieu; al lado de la quíinica ordinaria, que estudia las transformaciones 
en la escala atómica, se puede concebir nna química, que se preocupe de los equi- 
librios electrónicos. Al profundizar este concepto llega Achalme á una explica- 
ción electrónica de la catálisis. Según las ideas de Ostwald, los catalizadores son 
simples aceleradores de la velocidad de reacción, cousid(!rando á la catálisis 
en esta forma, podemos asimilar, bajo el punto de vista energético, los catali- 
zadores á los factores de acción (luz, calor, etc.). 

Achalme se pregunta si esta analogía no se puede llevar al terreno de las 
explicaciones mecánicas. 

Su hipótesis sobre la constitución íntima de la materia le lleva á la conclusión 
de que en último análisis, en los factores de acción, encontraremos como elemen- 
tos activos á los electrones. 

Vamos á examinar únicamente el caso de la temperatura en la velocidad de 
reacción. 

Como resulta de los trabajos de Vau't Hoff, Kooj, Ahmenius, la acción de la 
temperatura sobre las reacciones químicas está sometida á una ley exponencial. 
Una elevación de temperatura de 10° duplica ó triplica la velocidad de reac- 
ción. 

Esta ley no concuerda con la imagen basada en la teoría cinética. Ni los tra- 
bajos de Euler ni los de Goldsehmidt han podido explicar satisfactoriamente 
esta discordancia. 

La teoría electrónica de la catálisis admite que un catalizador ol)ra sobre un 
sistema químico alterando su equilibrio electrónico. Al final de la reacción, 
como lo exige la termodinámica, la cantidad de materia y de energía, en los 
dos miembros de la ecuación, son iguales. De manera que los catalizadores obran 
por emisión ú absorción de electrones. 

Pasemos ahora á ver cómo se puede encuadrar dentro de esta teoría la acción 
de la temperatura. 

Richardson ha demostrado que el número de electrones emitidos por cuerpos 
calientes, como el C, H, y Va, crece segiín una ley exponencial. Estos electrones 
serían los elementos activos en la acción térmica y la ley Eichardson haría desa- 
parecer la dificultad más arriba apuntada. 

Disipadas las últimas prevenciones contra la realidad molecular, las represen- 
tacio7ies macanicistas, en las que tan fecundas se han mostrado los ingleses, han 
adquirido un mayor grado de veracidad. 

Sin embargo el átomo es mundo demasiado complicado para que los esquemas 
de Achalme se amolden más ó menos á la realidad. 

De cualquier modo tienen el valor de ser uno de los primeros pasos en el estu- 
dio de la química en la escala electrónica. 

Los diastasas á la luz de los modernos trabajos han perdido la aureola mística 
que los rodeaba en otra época. Achalme trata de aplicar las nociones ya enun- 
ciadas para interpretar la acción diastásica. 

Segiín el autor obraría como los catalizadores ordinarios, por simple alteración 
del equilibrio electrónico. Dice al respecto : « De acuerdo con los hechos que 
hemos expuesto, parecen ser soluciones coloidales, cuya fase sólida está forma- 
da por granulos de una substancia albuminoidea ; más probablemente un lipoi- 
de. En la siaperticie de estos granulos se fijan por absorción iones inorgánicos 
que provienen de la disociación de los eletrólitos disueltos en la fase líquida, y 



BIBLIOGRAFÍA 95 

que comunicau á los granulos una carga eléctrica determinada. » Y luego : « al 
contacto de los granulos cargados de electricidad se produce un movimiento en 
los electrones interatómicos del cuerpo pasivo, provocando simplificación ó una 
complicación molecular ». 

«El granulo obra, pues, de una manera idéntica á la de los catalizadores clíni- 
cos y aun físicos. » 

Como en el fondo de los fenómenos vitales descubrimos siempre el papel acti- 
vo que desempeñan las diastasas, el autor se inclina á creer que el metabolismo 
celular no obedece á ninguna ley distinta de las leyes fisicoquímicas ordinarias. 

Estas son las consideraciones que le llevan al terreno de la biología. Al respec- 
to son interesantes los capítulos referentes á fotobiogénesis, electrobiogénesis y á 
la acción clorofeliana, como también el dedicado á la secreción de las diastasas. 

En un capítulo también muj"^ importante trata de analizar el papel que desem- 
peña la viscosidad en las acciones diastásicas. 

Como resulta de numerosos trabajos, únicamente un número reducido de dias- 
tasas se ajustan á la ley de las masas. Estas dia.stasas son : la catalasa, la inu- 
lasa y la tripsina. 

La invertina, la maltasa, la lactasa, la simasa y la lipasa siguen una ley más 
rápida que la que rige las acciones diastásicas producidas por los ácidos. Por 
último, la emulsina y la amilasa signen en su comienzo una ley más lenta. 

Achalme atribuye estas irregularidades á la acción de la viscosidad, factor que 
basta la fecha no se había tenido en cuenta en estos procesos. En las catálisis 
producidas por coloides inorgánicos, se observa que la actividad catalítica pre- 
senta un paralelismo completo con la actividad del movimiento crowniano. Pero 
la fórmula de Einstein relaciona la actividad crowniana con la viscosidad. Un 
aumento de ésta origina una diminución de aquélla. 

Achalme, después de numerosas experiencias realizadas en colaboración con 
Bressau, llega á la conclusión de que, cuando una diastasa no sigue la ley de las 
masas, es debido á la viscosidad del medio. 

Diremos de paso que V. Henry creía que este fenómeno debía atribuirse á la 
formación de combinaciones intermediarias. 

Tales son las ideas fundamentales de la obra de Achalme. Comprende los si- 
guientes capítulos, escritos con gran claridad y sencillez : La electricidad positi- 
va. La electricidad. Los cuerpos radioactivos. El átomo químico y su estructura. 
La molécula y la forma de los átomos. Los iones y los electrolíticos. Los iones 
gaseosos. El valor numérico (\el electrón. El éter y sus deformaciones. Los fe- 
nómenos de resonancia. Condiciones de liberación de los electrones (causas me- 
cánicas, químicas, térmicas). Condición de liberación de los electrones (efecto 
fotoeléctrico, rayos X). Algunas ideas generales sobre la secreción del trabajo 
mecánico y la excreción del calor. La fosforescencia. La secreción de luz por los 
seres vivos. La corriente eléctrica. La secreción de electricidad por los seres vi- 
vos. Las acciones catalíticas de la electricidad. Acción catalítica de la luz. Los 
rayos ultravioletas. La función clorofiliana. Acción catalítica del calor. Accio- 
nes catalíticas de las radioacciones que emanan de los cuerpos radioactivos. La 
catálisis química en medio heterogéneo. La catálisis química en medio homogé- 
neo. Leyes de las catálisis. La naturaleza química de las diastasas. El estado 
coloidal. Caracteres generales. Adsorción. El estado coloidal (elecluración de 
contacto, fenómenos de coagulación). El movimiento crowniano. La ley de acción 



96 ANALES 1)K LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíGENTINA 

de las diastasas. La viscosidad. La loy de acción de las diastasas, tenieudo vn 

-t- — 
cuenta la viscosidad. Acción de los iones H y OH sobie las diastasas. Acciones 

de otros iones soV)re las diastasas. Del nd de las substancias minerales que cons- 
tituyen los seres vivos. Acción de la temperatura sobria las diastasas. La reversi- 
bilidad de las diastasas. La especificidad de las diastasas. 

Esta obra es un esfuerzo más rtíalizado para poner al alcance de los l)iólogos 
y médicos las recientes conquistas fisicoquímicas. 

Esta vulgarización es un problema lleno de interés. Muchas son las tentativas 
liedlas al respecto ; recordaremos las de Urautze, V. Henry, Philip, Findlay, y 
Bottarri. Las opiniones sobre el valor de esta empresa están divididas. 

Algunos pretenden, colocándose en un punto de vista extremo, que la física- 
química atraviesa un período crítico de su evolución. Si se echa una mirada á 
los últimos resultados, se recibe una impresión de falta de equilibrio. 

Las leyes que ayer parecían inconmovibles, se ven atacadas por investigacio- 
nes más minuciosas y completas ; las teorías se multiplican para contradecirse 
mutuamente. En definitiva, si la orientación es un tanto difícil dentro de esta 
ciencia, |, cómo llevar sus resultados á la biología, que todavía lucha por salir del 
período puramente descriptivo? 

La historia de la ley de Boyle-Mariotte encierra la clave de esta pretendida 
crisis. Si algunas leyes de una expresión sencilla se encuentran en desacuerdo 
con nuevos hechos, es debido á que su dominio de aplicación es limitado, pero 
esto no significa su bancarrota. Es una consecuencia inevitable en la evolución 
de una ciencia. Por otra parte, las ciencias más racionales han visto en la épo- 
ca actual turbados sus principios fundamentales. 

Otros piensan que la biología tiene un carácter demasiado especial para que 
sus territorios puedan ser explorados con los métodos físicoquímicos. 

Es la opinión de los metafísicos. Empero los investigadores con experiencias 
felices han equiparado un gran número de fenómenos biológicos ó fenómenos 
puramente físicoquímicos. En resumen ; los investigadores han adoptado una 
actitud progmotista; no afirman que en definitiva la vida sea un fenómeno físico- 
químico, pero creen que el problema encarado en una forma mecanicista es fe- 
cundo en resultados. 

Existe una tercera opinión. Cómo introducir en el ciclo de estudios un médico 
•ó biólogo conocimientos que exigen el concurso de ciertas partes de las matemá- 
ticas, no comprendidas en los estudios secundarios. La objeción tiene su razón 
de ser, pero hay que convenir que existen muchas maneras de enseñar la físico- 
química, principalmente cuando se quiere utilizar sus métodos experimentales y 
sus resultados generales. 

La obra de Achalme está concebida en este espíritu y responde á uno de los 
movimientos más interesantes en el campo científico contemporáneo. 

N. C. Lactaü. 



BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



PUBLICACIONES RECIBIDAS Ei\ CA^GE 



ÜJXITR ATV JEFi. AS (conclusión) 



Italia 

Atti della I. R. Accad. di Scienze Lettere 
ed Arti degli Aginti, Rovereto — Atti della 
R. Accad. del Fisiocritici, Siena. — Riv. Li- 
gure. Genova. — Riv di Artiglieria e Genio, 
Roma. - Roll. della Soc. Geográfica Italiana, 
Roma. — Ann. della Soc. degli Ing. e degli 
Architetti, Roma. — «II Politécnico», Milano. 

— lioU della Soc Zoológica italiana. Ro- 
ma — Gazz. Cliimica Italiana, Roma. — L'E- 
lettricitá. Milano. — Boíl. Scientilico, Pavia. 

— Riv. Italiana di Scienze Naturali e Boíl, 
del Naturalista ilollettore, etc., Siena. — Atti 
della Soc. dei Naturalisti, Modona — Boíl, 
della Soc. Entomológica Italiana, Firenze. — 
Boíl, della Soc. Médico Chiruigica, Pavia. — 
Atti della Soc. Lingüistica, Genova. — Boíl, 
del R. Comtato Geológico drtalia. Roma — 
Boíl, della R. Scuola Super. d'Agricultura, 
Portici. — Atti della Assoc. Elettiotecnica 
Italiana, Roma — 11 monitore Técnico, Mi- 
lano. — Roll. del R. Orto Botánico, Palermo. 

— Commissione Speciale d'lgiene del Muni- 
cipio, Roma — Boíl. Mensuale deH'Osserva- 
torio Céntrale del R. Colegio Alberto in 
Moncalieri, Torino. — Atti del R. Instituto 
d'lncoraggiamento, Napoli. — Accad. delle 
Scienze. Torino. — Atti della Soc. Toscana 
di Scienze Naturali, Pisa. — Ann del Museo 
Cívico di Storia Naturale, Genova. — Osserva- 
torio Vaticano, Roma. — Rass. delle Scienze 
Geologiclie in Italia, Roma. — L'lngegnena 
Ferroviaria, Roma. — Atti della R Accad. 

di Scienze, Lettere ed Arti, Modena. Studi 

Sassaresi, Sassari — Riv. Técnica Italiana, 
Roma. — Osservatorio della Ü. Universitá, 
Torino. ~ Atti del Collegio degli Ingegneri 
e Architetti, Palermo. 

«lapén 

The Botanical Ma^azine, Tokyo. — The 
Journal, of Geography, Tokyo. — Annota- 
tions Zoological Japaness, Tokyo. — The 
Zoological Society, Tokyo. 

¡tléjjico 

Bol. del Observ. Astronómico Magnético 
Metereológico Central Méjico. — Bol. de^ 



Ohserv. Nacional, Tacubaya. — An. del Museo 
Nacional, Méjico. — La medicina científica 
Méjico. — Memoria y Rev. de la Soc. cientí- 
fica, Antonio Álzate. — La Farmacia. Méjico. 
— An. del Inst. Médico Nacional, Méjico.— 
Bol. del Inst. Geológico. Méjico. 

xX'alal 

Geological Survey of tlie Colony, Natal. 

Parajíuay 

An. de la Universidad, Asunción. 
l'ortug'al 

Bol. da Soc. Broteriana, Coimbra. — Jor- 
nal da Soc. dasSciencias Médicas, Lisboa. — 
Acad. R das Sciencins, Lisboa. — Bol. da 
Soc. de Geographia, Lisboa. — O Insttiuto 
Rev. Scient. é Litteraria, Coimbra. — Bol. 
do Observ. Metereológico é Magnético, Goim 
bra — Jornal das Sciencias Matemáticas é 
Astronómicas, Coimbra. — Bol. do Observ. 
da Universidade, Coimbra. — Bol. do Observ. 
Meterológico do Infante Dom Louis. Lisboa. 

Perú (Lima) 

An. de Minas. — Rol. de la Soc. Geográ- 
fica. — La Gaceta Científica. — Informacio- 
nes y Memorias de la Soc. de Ingenieros del 
Perú'. — Rev. de Ciencias. 

ISuiuania 

Bol. d Soc. Geográfica, — Bucuresci. 

liuiiiia 

Soc. de Sciences Experimentales, Khar- 
kow. — Bul. de la Soc. de Geographíe, 
Helsingfors. — Memoires de la Acad. Imper- 
des Sciences, San Petersbourg. — Bull. de 
la Soc. Politliécnique, Moscosv'. —Rev. des 
Sciences Mathématiques, Moscow. — La Bi- 
blioteca Politécnica. San Petersbourg. — Las 
Ciencias Físico Matemáticas en la Actualidad 
y en el Porvenir. Moscow. — Soc pro Fauna 
et Flora, Filandia, Helsingfors, Rusia. ~ 



Biill. (ie In Soc. Iiiipér. des Naliirnlistfs, 
Moscow. — An. de la Soc. Phisico Chiiniqne, 
San Peterslioiirg. — lUill. de la Soc. Imper. 
de Geographie, San Petersbourfí. — Piíisi- 
calische Central Observnturiun). San l'eters- 
l)urg. — lililí du Jaidin linper de Botanique, 
San Peter.shuig. — Korrcspondensblat de 
Natufor.^ Vereins, Kiga. — Bull. du Comité 
Géologique, San Petersburg. — Bnll. de la 
Soc des Naturalistse de la Nouveile Russie, 
Odesa. 

San Salva<Ior 

Observ. Meteorológico y Astronómico, El 
Salvador. 

Suecia y ¡Vorueífa 

Sveriges geologisca Underskning, Stoc- 
kolm. — Bull. of the Geological Inst. Uni- 
versity of Upsala, Suecia — Kongl. V^etens- 
kaps. Akademiens. Acad. des Sciences, 



Slnckolni. — Reggia Soc. Scientiarum y 
Litterarum, Guti'borgensis. — Porhandl et 
Vidensk Seiskabet, Crisliania. 

Suiza 

Bull. Tecnique de la Suisse Romande, Lau- 
ssanne. — Geographich Rtlinographiche ge- 
sellschaft. Zurich. — Soc. Hevéltique des 
Sciences Naturelles, Berna. — Bull. de la 
Soc. Neufchateloise de Geograpliie. 

Uriio:uay (Montevideo) 

Vida Moderna. — Rev. de la Asociación 
Rural. — Bol. de la Enseñanza Primaria. — 
Bol. del Observ. Metereológico, Villa Colón. 
— An. de la Universidad. — An. del Museo 
Nacional. — Bol. del Observ. Metereorológico 
Municipal. — An. del Departamento de Ga- 
naderia y Agricultura. 



iVAOrOiVALES 



Buenos Aires 

Rev. de la Fac. de Agronomía y Veterina- 
ria, La Plata — Rev. del Centro Universi- 
tario. La Plata. — Bol. de la Biblioteca 
Pública, La Plata. — An. del Museo, La Plata. 
— Oficina Químico Agrícola, La Plata. — 
An. del Observ Astronómico, La Plata. — 
Rev. Mensual de la Cámara Mercantil, Borra- 
cas al Sud. 

Capital 

An. del Círculo Médico Argentino. — An. 
de la Universidad de Buenos Aires. — Ar- 
chivos de Criminalogía, Medicina legal y 
Psiquiatría. — Bol. del Inst. Geográfico Ar- 
gentino. — Bol. de Estadística Municipal. — 
Rev Farmacéutica. — La Ingeniería. — An. 
del Depart Nacional de Higiene. — Rev. 
Nacional. — Rev. Técnica. — An. de la Soc. 
Rural Argentina. — An. del Museo Nacional 
de Buenos Aires. — Bol. Demográfico Ar- 



gentino. 



Rev 



de la Soc. Médica Argentina 



Rev. de la Asociación Estudiantes de In- 
geniería. — Rev de la Liga Agraria. — Rev. 
Jurídica y de Ciencias Sociales. — Bol. de 
la Union Industrial Argentina. — Bol. del 
Centro Naval. — El Monitor de La Educación 
Común. — Enciclopedia Militar. — La Se- 
mana Médica. — Anuario de la Dirección de 
Estadística. — Rev. del Círculo Militar. 

Córdoba 

Bol. de la Acad. Nac. de Ciencias. 

Enlre-ltíos 

An. de la Soc. Rural. 

Tueunián 

Anuario Estadístico. 



SUBSCRIPCIONES 



l*aris 

Anuales des Ponfs et Chaussées. — « Re- 
\ue ». — Contes Rendus de l'Académie des 
Sciences. — Aúnales de Chimie et de Physi- 
que. — Nouvelles Anuales de Mathématiques. 
— « La Nature ». — Nouvelles Anuales de la 
Constauction (Oppermannj. — Revue Scien- 
tifique. — Revue de Deux Mondes. 



Roma 

Trattato Genérale dell'Arte dell'Ingegnere. 
— Giornale del Genio Civile. 

Milano 

II Costruttore. — L'Elettricitá. 
Londres 

The Builder. 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



BiRKCTOK : Doctor HORACIO DAMIANOVICH 



SEPTIEMBRE-OCTUBRE 1914. — ENTREGAS líI-IV 

TOMO LXXVIII 



ÍNDICE 

ÁNGEL PÉRKZ, Uii problema de química (continuación) 97 

Ottomar Schmiedf.l, Aplicación de la ecuación de la línea elástica en el cálculo 

de vigas parabólicas 129 

Eugenio Giacomei.li, Contribución al estudio de los lepidópteros argentinos 161 

H. D.vMiANoviCH, Nernst : Su obra científica (conclusión) 176 

BiBLIOGRAFÍA 185 



BUEiNOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA KDITORA DE CONI HERMANOS 
684 — caí. i,K PERÚ — 684 

1914 • 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidenle Doctvir U'rancisco r*. Lavall© 

Vicepresideiile 1' Ingeniero Btiuanio Hucrgo 

Yiceprcñdente 2° Doctor oíai-o c. oassen 

Secretario de acias Doctor rjuciano F*. J. falet 

Secretario de correapondencia. . Ingeniero Anecto ,l. Bosisio 

Tesorero Ingeniero üoniio ,J. Sciiack 

Prolnorero Ar(|UÍtecto Ratíl G. F»asman 

Bibliotecario Profesor aosó T. Ojeda 

Ingeniero ¡Santiago h:. Baratoino 
Ingeniero Jorge AA^. Dobrariicu 
Doctor Mai-tiniano Loguizamór» F»ondal 
, Doctor Tomás ,f . Rmiii 

vocalex ^ Ingeniero Oronte A. Valerga 

Doctor Enx-ique del "Valle Iberlucea, 
Ingeniero EauarUo Voipatti 
Ingeniero Aliuerto d. Otamendi 
Gei'enle Señor Juan JBotto 



ADVERTENCIA 

Los colaÍ3oradores de los Aciales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglamenta- 
rio. Por mayor número de ejemplares deberán entenderse con los editores señores Coni 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección CJevalIos, 

seo 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis qne sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

Pesos moneda nacional 

Por mes 1 • 0^' 

Por año 12-Of 

Número atrasado --00 

— para los socios 1-00 

LA SUBSCRIPCIÓN SK PAGA ADELANTADA 

El local &oci«l permanece abierto de 3 á 7 y df 8 á 1 2 pasado meridiaoo 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 

((](>illiiiin(ci<¡ii) 



CASOS QUE SE PRESENTAÍÍ EN EL ESTABLECIMIENTO 
DE LAS ECUACIONES QUÍMICAS 

líl 

EEACOIONES QUE DAN ORIGEN Á TANTAS ECUACIONES 
ATÓMICAS COMO INCÓGNITAS 

1° Sábese que el hidrógeno arseniado gaseoso (AsH^) se prepara 
descomponiendo el arseniuro de zinc (Zn^As-) por el ácido snlfárico 
(SO^H-) habiendo, á más, producción de sulfato de zinc (SO^Zn). 

Será, pues, la ecuación simbólica 

X . Zn^'As- + !/ . SO'H- = c . SO^Zn + x . AsH^ (I) 

ox =z z, ecuación atómica del zinc, Zn. 

2.r = II, ecuación atómica del arsénico. As. 

y z=. z, ecuación atómica del azufre, S. 
4^/ = 4s^ ecuación atómica del oxígeno, O. 
2í/ rr= 'du, ecuación atómica del hidrógeno, H. 

Simplificada la ecuación del oxígeno se ve que resulta igual á la del 
azufre, y así el sistema se reduce á cuatro ecuaciones con cuatro incóg- 
nitas. 

I3x —z =0 (1) 

. \ 2x — n = O (2) 

A "1 • ' ' 

// -z =0 (3) 

\ 2y — 3u = O (4) 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVIII 7 



98 anai.es de la sociedad científica argentina 

Eliminaremos la z entre (1) y (.'>) por vía da resta 

3x — z — (jy — z) = '¿.r — c — // -f - ^ 3.r — i/ = 0. 

/ 3a? — ^ = O 

j5 ' .2x — n = (1) 

I B ■ 2y - :Ut = O (2) 

[ [ '3x — y =0 (3) 

Eliminamos la u entre (1) y (2) del sistema reducido B ' , previa mul- 
tiplicación por 3 de la (1) 

Gx — '3u — (2</ — 3m) = 6^' — 3u — 2y + 3u = 6x — 2y = O 

ó bien : 

3x — y ^ Oj 
simplificada. 

El nuevo sistema equivalente será el C, y su reducido el C ' : 

/ Sx — z =0 (1) 

I 2x — u = , (2) 

C 

I \3x-y =0 (3) 

\ (3x-y =0 (4) 

Las dos ecuaciones de éste se reducen á la sola 3x — y =: O, de 
donde y z= 3x; la (2) del C da u =^ 2x, y la (1) del mismo z = 3x. 
Están, pues, las incógnitas expresadas en función de la misma inde- 
terminada X. luego si atribuimos á x el menor valor entero x z=. 1, se 

tendrá 

í» = 1, 7/ := 3, z =^ 3. n=2 

y la ecuación simbólica se convierte en la igualdad química de coefi- 
cientes mínimos : 

Zn^As- + 3S0^H- = 3S0^Zn + 2AsH^ 

Resultados á que hubiéramos podido llegar, sin resolver el sistema, 
previa inspección de las ecuaciones atómicas. 

2° Explicar la constitución de los ácidos polifosfóricos de Fleitmann 
y Henneberg, sabiendo que resultan de la condensación y desbidrata- 
ción consecutiva de varias moléculas de ácido ortofosfórico PliO^'H^ 

a) Ácido polifosfórico de Fleitmann (Pli'O^'H'^) : 

X . PhO'H' — y . H-O = z . Ph^O^'H^ (T) Ecuación simbólica. 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 99 

X = áz^ ecuación del fosforo, Pb. 
4:X — í/ = 13^^ ecuación del oxígeno, O. 
3x' — 2í/ ::= 62;^ ecuación del hidrógeno, H. 

f X — 4z = Ú (1) 

A I áx — y — r¿s = O (2) 

( 3x — 2// — 0^ = O (3) 

Procederemos aquí eliminando i)or substitución. .De la (1) sale 
X = 4:Z, valor que llevado á la (2) y (3) sucesivamente, produce B : 

X = 4:Z 

b\í . áz — 1/ — 13z=0 



S .áz — 2ij — 6z = 

Sistema que reducido se convierte en B ' : 

,' X = áz X = íz 

B ' J 3¿ — 7/ = o ó y = 3z 

\ (b — 2.Í/ = O y = 3z 

Si se hace z := 1, sale y = 3, y por tanto x = 4. La ecuación sim- 
bólica se convierte en 

4PhO*H' — 3H-0 = Ph^'O^^H*'. 

h) Ácido polifosfórico de Henneberg (Ph^^O^^H^-) : 

X . PhO^H^' — y . H-O = Ph'^O'^H*- (T) Ecuación simbólica. 

X = Wz^ ecuación atómica del fósforo, Ph. 
áx — y =^ 31z, ecuación atómica del oxígeno, O. 
3x — 2y ^= 12^^^ ecuación atómica del hidrógeno, H. 



( 



X —10z = {1} 

A ' 4*- — // — 31^ = O (1¿) 

' 3x — 2y — 12^ — O (3) 



Procediendo por substitución sale 

X = lOz 



\ 
B N 4 . 10.3 — y — 31z = O 



3 . 10* — -2 y — 12^ = O 

ó bien 

X = lOz 

B ' ^ 9^ — y = O 



{ ISz — 2// = O 



100 ANALES DK LA SOCIKl)Al> criONTÍPICA ARGENTINA 

Las dos últimas ecuaciones de B son idénticas, de modo (jue 

X = lOz, 1/ = í)^; 

y haciendo ;» = 1, la igualdad (juímica es 

10 . LMiO'H' — ;»H-Ü =r Pli'<'0=''A^-. 

3" Preparar el ácido ])arasilícico Si'()*'H* por liidratación del fluo- 
ruro de silicio SiFl", sabiendo que además de la silice gelatinosa se 
obtiene ácido liidrofluosilícico (SiFl'^H" + ag). 

La ecuación simbólica es : 

X . SiFl^ + y . n-O + (iq = z . SiFF'H" + n . Si-'O' H^ + aq (I) 

X ^= z -\- '¿u^ ecuación del silicio, Si. 
éx = Gz^ ecuación del flúor, Fl. 
2í/ = 22; + áu, ecuación del hidrógeno, H. 

y = 8íí_, ecuación del oxígeno, O. 

j- = .c + :hi (1) 

2x = oz (2) 

y = z + 2u (3) 

y = 8íí (4) 

La y en términos de ii de la (4) la sul.)stituimos en la (3) y dará 
8w = ^ -|- 2n (3 ' ); ó Svf — 2n =rz z, ó bien z ::=- 6u. Éste valor llevado 
á la (1) y luego á la (2) dará x -- Üu -\- 3u = í)u (1 '); 2x ■= 3 . 6?* = 
(2)0 2x = 18w ó X =- 9m, que es el mismo valor de x que expresa (1 ' ), 
se tiene, por tanto 

X = 9n, y = 8¿f, z = Qu, 
y i3ara 

ii = 1, .r =r 9, y = 8, z = O, n = 1. 

Con esto la ecuación (I) se transforma en la igualdad quíioica : 

9SÍF1* + 8 . H-O + aq =-- (3SiFl''H- + [SiH:)'*H^ + aq]. 

4" Pre])aración del pentasulfuro de antimonio (Sb'S^). 

Se le obtiene descomponiendo por el ácido clorhídrico (HCl) la diso- 
lución de sulfoantimoniato de sodio (SbS^jSTa''); se produce CljSíay H'S 
además. 

Será la ecuación simbólica de la reacción 

X . SbS^Na^' + y . HCl = z . KaCl + // . H-S + r . Sb-S'^" (I) 



UN PKOBLEMA DE QUÍMICA 101 

X = 2ry ecuación del antimonio, Sb. (1) 

4x = u -\- or; ecuación del azufre, S. (2) 

3íP = z^ ecuación del sodio, Na. (3) 

y = 2u, ecuación del hidrógeno, H. (4) 

y = z, ecuación del cloro, 01. (5) 

Substituyo al valor de x de la (1) en términos de v en la (2) y (3) y 
vendrá 

4 . 2 r =^ ?í- -|- 5 r (2 ' ) (> u = 3 V 

3 . 2v = z (3') ó z =. 6v' 

El valor de u en términos de v sacado de la (2 '), lo llevo á la (4) y 
da y = 2 . 3y = O y (4 '). El valor de z que da la (3 ') lo llevo á la (5) 
y produce y = 6r (5 ') como la (4 '), luego los valores de las incógni- 
tas en términos de v son : 

X = 2í', y = 6 c, z = 6v, u = 3v, v = v. 

Haciendo v = 1 para obtener los coeficientes mínimos será 

X = 2, y = O, s' = 6, w = 3, 71 = 1 ; 

y la ecuación simbólica (I) se transforma en la igualdad química: 

2 . SbS'Xa-' + (i . HCl = O . XaCl + 3 . H-S + Sb-S\ 

50 preparación del ácido piroantinwnico. Sb-O^H* ó meta-antimónico 
de M. Fremy. — Se descompone por el agua el percloruro de antimo- 
nio SbOl'5 se forma al propio tiempo ácido clorhidjico HCl. 

Será la ecuación simbc'dica : 

X . SbOl-' + ¿/ . H-O = ^ . HCl + n . Sb-O'H» (I) 

X = 2u, ecuación del antimonio, Sb. (1) 

M z= z, ecuación del cloro, Cl. (2) 

"ly = z ^ 4:11, ecuación del hidrógeno, H. (3) 

y = lu, ecuación del oxígeno, O. (4) 

Llevando el valor de x en términos de u que expresa la (1), á la (2), 
se obtiene : o . 2w = 5;, ó 2; — IOm, y como la (4) da y = Tu, estos valo- 
res de sy u deben verificar la (3). En efecto, 2,í/ = lOw + íu, 2y = 14w 
ó y = lu como en la (4). Tenemos pues : 

X = 2u, y ^= lu, z = H)u, ti = u 
y para 

u = 1, ¿p = 2, y = 7, z = 10, u = 1. 



102 ANALES UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AlíUENTINA 

Será, pnes, la eciinción qu finirá 

L' . SbCl' + 7H-0 = lOKCl -f Sb-O'H''. 

6° El óxido de carbono (CO) imede prepararse tratando una parte de 
ferrociannro de potasio (Fe(CN)*'K'') por tres de ácido sulfúrico concen- 
trado (SO^H-). Hay formación de sulfatos de hierro, potasio y amonio 
y desprendimiento de óxido de carbono. 

La ecuación simbólica de este complicado proceso químico es: 

X . FeiC^fK' + y . SO'-H^ + z . H-O = w . SO'Fe + 
+ V. SO'K- + w . SO-''(XH^)- + / . CO 

jp = u, ecuación del hierro, Fe. 
Gx = ff ecuación del carbono, C. 
6a' = 2n-, ecuación del nitrógeno, X. 
ix = 2r, ecuación del i)otasio, K. 

y ^ u -\- V -\- tv, ecuación del azufre, H. 
áí/ + - = 4:?< + 4í7 + 4?r -|- i> ecuación del oxígeno, O. 
2y -\- 2z ^ 8?/"^ ecuación del hidrógeno, H. 

Simplifiquemos las ecuaciones 

x = ti (1) 

6a; = t (2) 

Sa* = u' (3) 

2¿c = V (4) 

y = n -\- >' + te (5) 

4:y -\- z = 4w + 4 i' + 4w + / (6) 

y -\- z = 4w (7) 

Substituyamos el valor de x que indica el segundo miembro de la 
(1) en las cuatro primeras ecuaciones y se obtendrá 

X = u, O . u = í, 3 . u = w, 2 . íi -- V 

y así tendremos las incógnitas a?, t, u\ v expresadas por medio de u. 
Exi^resemos también la restantes incógnitas en términos de u. Para 
ello, substituyamos en la (6) el valor que expresa el segundo miembro 
de la (5) y será 

i/ == M -f- r + ic; 4 (íí + r + tr) -\- z = íti -\- 4r + áiv + / (6 ' ) 

ó bien 

áu + 4r -(- áw -\- z -^^ 4:7t, -\- 4:1' -\- áir -\- t 



ÜN PROBLEMA DE QUÍMICA 103 

que simplificada produce z = t; como t =^ Gw, resulta z = Qu tam- 
bién. Pasando á la ecuación (7) del sistema, tenemos : y -\- Gu = Aiv, 
y como w = 3u, será y + Qu = I2u ó y = 12?f — Qu = Gu. Quedan 
así todas las incógnitas expresadas por u, pues que 

X =^u, y = 6u, s =^ Gu, u = «, v = 2w, w = 3?<, t = Gn 

y si se pone u = 1, será 

^ = 1, y = 0, z= 6, r = 2, w = 3, í = 6 
con lo que llegamos á la igualdad química. 



IV 



REACCIONES QUE ORIGINAN ECUACIONES EN NUMERO INFERIOR EN 
UNA UNIDAD AL DE INCÓGNITAS, ES DECIR, SISTEMAS PROPIA- 
3IENTE INDETERMINADOS. 

V El óxido mercúrico (HgO) con el amoníaco líquido (ISTH^) forma 
una base amidada poderosa cuya fórmula es 3HgO, Hg\N-H^ + 3H-0. 

X . HgO + y . NH > 4- - . H^O =-- u . [3HgO, HgN-H* + 

+ 3H-OJ + V . H-0 (I) 

.r = áti^ ecuación del mercurio, Hg. (1) 

X -{- z =^ Gi( -\- V, ecuación del oxígeno, O. (2) 

y ■= 2u, ecuación del nitrógeno, N. (3) 

Zy + 2z = lÜH + 2r^ ecuación del hidrógeno, H. (4) 

Es un sistema de cuatro ecuaciones con cinco incógnitas. 

Si expresanios éstas en términos de u tenemos : (1) x = áu, substi- 
tuyendo en la (2) viene áu -\- z= Gu -{- v; z — v = 6?* — iu = 2u (2 ' ), 
y con (3) y = 2u, es la (4) 3 . 2m + 2^; = lOu -}- 2v ó 3u -}- z = 5<í -f r ; 
z — V = 5íí — 3u = 2u (4 ' ). Esta ecuación ñnal es idéntica con la 
(2 ') lo que prueba la indeterminación del sistema. Resta resolver en 
términos enteros la z — v = 2%. Evidentemente, una solución entera 
se obtiene haciendo z = 3m, y v = w; y sin necesidad de pasar, en 
este caso, á los valores generales, [que, segim el análisis, serían z = 
3w -f- í, ■?; = ít + í en que / es una indeterminada que recibe valores 
enteros], llegamos á la expresión de las incógnitas en función de la 
única indeterminada w, puesto que 



lO-i ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AKíiENTINA 

X = 4?í, 1/ ■-= 2m, c = 3i(, c = n. 
De modo que si atribuimos á » el iniiiiiiio valor entero 1, será 
j;; = 4, ¿/ = 2, 2; = ;J, '' = I5 « == 1 
y la reacción simbólica (I) se transforma en la igualdad (|uíinica 
iHgO + 2 . ^W + 3 . H-0 = [3HgO, HgN-II^ + 3H-OJ + Il'O. 

2" Formular la reacción del hiárógeno sulfurado (H'-S) sobre la diso- 
lución hirriente de cloruro aúrico (AuCP), sabiendo (pie se produce Au'S, 
SO'H- y HCl. 

.« . AuCr' + >/ . H-S + z . H-O = u . Au-S + 

+ r . SO^H" + n- . HCI (I) Ecuación simbólica. 

.r = 2u, ecuación del oro, Au. (1) 

3j- = ic, ecuación del cloro, Cl. (2) 

2y ^ 2z = 2r -\- ic, ecuación del hidrógeno, H. (3) 

y = u -\- v^ ecuación del azufre, S. {-í) 

^ = 4,v, ecuación del oxígeno, O. (5) 

Substituyendo en la (2) el valor de x dado por la (1), resulta 

3 . 2u = ic; ó w = 6u (2') 

El valor de z de la (oj llevado á la (3), así couio el de ic de (2 ') dan 

2}/ + 8r = 2r + 6w (3') 

ó bien 2y + tíy = Cm ó í/ + 3i" = 3« (3 ") y si en ésta ponemos por y 
el valor dado por la (4) será {u -\- r) -j- 3r = ou; -Ir = liu — u = 2u\ 

c = -Uj y este valor llevado á la (4) dará // = ti -\- ~n = -u. El va- 
lor de V llevado á la (o) da : ^= 4 . :jW-= 2«. Tenemos así x = 2?í, 

y z=z -u^ z=:z 2u, u = II, I- = ~ II . w = Qn. Es evidente que haciendo 

u =z 2 se obtienen los valores enteros ,r = 4, y = 2, c' := 4, u = 2, 
r = 1, ic = 12 y la igualdad química será 

4AuCP + 3H-S + 4H-0 = 2Au-0 + SO^H" + 12HC1. 

3° Bióxido de ázoe (NO). — Caliéntase una mezcla de protocloruro de 
hierro, ácido clorhídrico y nitrato de potasio. Se obtiene adeuiás, clo- 
ruro férrico, cloruro potásico y agua. 



ÜN PROBLEMA DE QUÍMICA 105 

X . FeCr- + // . HCl + z . XO'K = u . Fe-Cl" + v . KCl + 

+ ic . H-O + t . XO (I) Reacción simbólica. 

X = 2íí, ecuación del hierro, Fe. (1) 

2x -\- y =z Qu -\- V, ecuación del cloro, Cl. (2) 

y .= 2iCy ecuación del hidrógeno, H. (3) 

z = ty eciuición del nitrógeno, X, (4) 

3z = ic + t^ ecuación del oxígeno, O. (5) 

z = c, ecuación del potasio, K. (6) 

Observamos que z^ t, r deben venir expresadas por lo mismos núme- 
ros, segiín se desprende de las ecuaciones (4) y (fi). Por otra parte, en- 
trando la z en tres ecuaciones, nos parece conveniente, para la rapidez 
del cálculo, expresar las incógnitas en función de z. 

Así, si en la (5) ponemos z en vez de t en el segundo miembro, 

viene : 3^; = w -\- z 6 ic = 3.^ — z^ 2z. Este valor de ic llevado á la 

(3) da 7/ = 2 . 2^; = 4^'. Á causa de la (1) podemos poner en la (2) 2u 

en vez de x, y obtendremos 2 . 2/f -|- y —-- du -]- r (2 ') ó (iu — 4» = 

y — i\ 2u = y — r. Pero y = 4^, y i' = z, luego 2«= 4^; — z^=3z; 

2 3 

u =-z. Este valor de « llcA^ado á la (1) da x^=^2 . -z = 3z. Resultan 

así todas las incógnitas en términos de ~ puesto que se tiene : 

•> 

X = 'óz, y = 4:Z, z = z^ u = -rZ, c = z, ir ^ 2z, t ^^^ z. 

2 

Para que sean enteros los valores de u. única cantidad que tiene 
tórma fraccionaria, bastará dar á z el valor de 2, y haciéndolo así re- 
sulta : 

o 

o? = 3 . 2 = 6, í/ = 4 . 2 --=: 8, c = 2, u--='^.2 = 3, 

V = 2, ¿r = 2 . 2 ^ 4, t =--2 

Con lo que la ecuación simbólica se convierte en la igualdad quí- 
mica 

6FeCl- + 8HC1 + 2XO^K = 3Fe-Cl" + 2KC1 + 4H-0 + 2XO 
idéntica con la que da Xaqnet en la página 211, tomo I. 

4" Alumbre de cromo (violeta). Xaquet en la página 394 de la cuarta 
edición francesa recomienda para obtenerlo, j)reparar una mezcla de 
cromato de potasio en solución acuosa de ácido sulfúrico y de alcohol, 
operando con lentitud para evitar el calentamiento de la masa; pues 



10() ANALliS UE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de lo contrario so ])r()(lncirín la inodificitción rcrtlc (jiic daría nn alum- 
bre incristalizablc. 

He aquí la lorimila con que ('X])r('sa la reacción 

4CrO''K- + lOSO'H- + 3C-H'^^0 + 35H-0 = 3C-H'0- + 

+ 2SOnv- + 2 [(SO^yCr- + SO'K^ + 24H-OJ. 

Vamos íí justificarla con las ecuaciones atómicas; escribiremos la 
reacción simbólica 

se . OrO^K- + 1/ . SO^H- + z . C-H''0 + u . H-O = r . O-H'O" + 

+ ic . SO''K- + / [(tíO^)^0r2 + SO^K- + 24H-^0]. 

a- =r. 2t, ecnación del cromo, Cr. 
áx ~\- áy -\- z -\- n = 2v -{- -iw -f- 4oí^ ecuación del oxígeno, O. 
2x = 2iv -\- 2/, ecnación del potasio, K. 

y = w + 4/^ ecuación del azufre, S. • 

2y -\- (Sz -\- 2u = 4r + 48/^ ecuación del hidrógeno, H. 
2z = 2r, ecuación del carbono, C. 

Simplificamos las ecuaciones y expresaremos las incógnitas en tér- 
minos de /, j)or ser la incógnita que más se repite : 

úc = 2f ' (1) 

4.r -\- 4:y + z -\- u = 2r + 4?r + 4o/ (2) 

X = w + / (3) 

y = w + 4/ (4) 

y + 32- + ti = 2v + 24/ (5) 

z = V (6) 

La (1) da x := 2t. Este valor, llevado á la (3) 2/ = ?r -)- /, da te = / 
(3 '). La (4) será ahora í/ = / -|- 4/ =r 5/. Lá (5) llevando en cuenta 

la (6) será 5/ + 3.^ + n = 2^; + 24/: z + u = 24/ — 5/ = 19/ (5 '). 

La (2) será : 4 . 2/ + 4 . 5/ + ,í + u — 2r = 4 . / + 4o/, pero por 

la (6) V = z, luego 8/ + 2o/ + c + u — 2z = 44/; n — z = 44/ — 

— 28/ = 16/(2'). 

Tenemos pues : 

«+5=19/ (5 ' ) 

(2') 
Por tanto 







u 


^___ -"y 




16/ 






2u 




19/ + 


16/ 




35/; 


u -- 


35 

= o^ 


2z 




19/ — 


16/ 




óZl z 




3 . / 
o 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 10' 



ay pues : 






,r = 


= 2t, 


y — ot. 
3t 




V 


" 2' 



M 


35^ 


, 


u — t. 


2 


9 ' 



Para que los valores de z y u sean enteros (los demás lo son para i 
entero) basta hacer / = 2, con lo cual los coeficientes buscados son : 

Sí 3.2 

a; = 2 . 2 = 4, ?/ = 5 . 2 = 10, z = — = = 3 • 

•' '22 

35 

M = — . 2 = 35, V = z = 3, w — í = 2, í = 2 

idénticos con los de la ecuación de ísTaquet. 

5° Preparación del yodo y otros elementos halógenos. 
La ecuación simbólica es : 

X .IK + y . vSO'H- + z . MnO- = n . SO^K" -f 

+ V . SO'Mn + w . H'O + í . I- (I) 

X = 'M, ecuación del yodo, I. (1) 

X = 2,11, ecuación del potasio, K. (2) 

í/ = w -[- ''^ ecuación del azufre, S. (3) 

4í/ + 2^; = 4m + -Ip + ""• ecuación del oxígeno. O. (4) 

2y = 2w, ecuación del hidrógeno, H. (5) 

z = V, ecuación del raanganeso, Mn. (6) 

Algunas de estas ecuaciones inieden simplificarse, y la (4) manifiesta 
que w debe ser par. Hagamos iv = 2w' . Las ecuaciones vienen á ser : 

x = 2t ■ (1) 

X = 2w (2) 

y = u + r (3) 

2y ^ z = 2u + 2i' + K-' (4) 

y = 2ic ' (5) 

z = V (6) 

Podemos expresar las incógnitas en términos de n de este modo : 
Comparando (1) y (2) resulta t = ?í, y por la (2) x = 2i(. Si en la (4) 
ponemos por y el valor que da la (3) resulta 2 '{u -\- r) -\- z =z 2u -\- 
2v -f- ic ' (3, 4), es decir, z = ic' . Comparando ésta á la (6) encontra- 
mos z = r = w ' . Volviendo á poner en la (4) el valor de y dado por 



108 ANALES 1)K LA SOCIKDAD CIENTÍl-lCA ARGENTINA 

la (5), y en vez de z^ w ' se halla, á causa de v = /r, 4 ' /r ' -j- /r ' = 2u -j- 
2?r' + ?r' : 2« = 5»-' — '\ir' : y en fin ir' =^ ic ]»(»!• tanto y/ en la(5} 
se convierte en i/ = "In. Tendicnios así : 

X =: 2«, y = 2íí, Z =z^ ?f, U = 11, r =z Uj 

ic = 2 ir' = 2u, t = u. 

De modo (¡uc liaciendo n = 1, resultan los coeticientes mínimos de 
la igualdad química : 

.V = 2, // = 2, z = 1, n = í, r = 1. ic = 2, í — 1 

y la reacción se formulará 

21K + 2S0* K- + MnO- = S()*K- + SO'Mn + 2H-0 + I" (II) 

Es sabido que si se substituye al yoduro^ el cloruro, ó el bromuro, 
podrán prei^ararse por la misma fórmula el cloro, ó el hromo. No es i)0- 
sible preparar e] Jfvor por idéntico jirocedimiento. 



V 



llEACCIONES QUE DAN ORIGEN A SISTEMAS DE ECUACIONES MAS QUE 
INDETERMINADAS, (') EN LAS QITE EL NÚMERO DE INCÓGNITAS EX- 
CEDE AL DE ECUACIONES EN MAS DE UNA UNIDAD. 

Para la mejor inteligencia de esta parte del problema que estamos 
desorrollando convendrá recordar algunas proposiciones de la teoría 
del análisis indeterminado de primer grado. 

1'^ Una ecuación de primer grado con dos incógnitas admite infini- 
tas soluciones en general, x)ero se limita su número, si se somete á és- 
tas á la condición de ser enteras, enteras y positivas ó divisibles por 
un cierto número. 

Así, por ejemplo, la ecuación ox + // = 0.3 puede satisfacerse de 
muchos modos: si despejamos //, viene // = ()-> — ox. Si á x le damos 
valores arbitrarios, ó mejor según la serie natural de los números á 
comenzar por cero^ tendremos. Para 

X z= o, 1, 2, 3, 4, 5, O, 7, 8, 9, 10, 11, 12... 
y = 0;5, 58, 53, 48, 43, 38, 33, 28, 23, 18, 13, 8, 3 ... 

tendríamos así numerosas soluciones para la ecuación propuesta, pues 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA lOí) 

que no excluímos los números negativos que se engendrarían si die- 
ramos á .r valores mayores que 12. Por otra parte, aunque liemos adop- 
tado valores enteros para x, que liemos tomado como variaMe indepen- 
diente, se concibe que pudieran tomarse valores fraccionarios, ó 
irracionales, para ella, resultando otros diversos para y (variable depen- 
diente ó función). 

Estos valores que recibirían // no serían arbitrarios, sino que estarían 
ligados con los de .r por una ley que expresa la ecuación y =: (Jo — 5.r, 

Así, observando la progresión de los valores de x que son los tér- 
minos sucesivos de la serie natural, los de y siguen la ley de la pro- 
gresión aritmética decreciente cuyo i)rimer término es 63 y la razón 
ó diferencia 5. 

Imaginemos ahora que hubiéramos sometido la ecuación á la con- 
dición expresa de que los valores de x é ;?/, además de ser enteros y 
positivos, fueran divisibles por 3. Tal condición aminoraría mucho el 
número de las soluciones, jiues no serían más que [3, 48], |6, 33J, [9, 18], 
[12, 3]. Si se pidiera que las soluciones fueran múltiplos de 7, sola- 
mente se satisfaría á esa condición con j' z= 7, 7/ = 28 ; y por último, 
si se quisiera que ambos números fueran divisibles por 4, no habría 
posibilidad de satisfacer á esa condición. 

2^ Para que una ecuación entera de primer grado con dos ó más in- 
cógnitas, se verifique por valores enteros de éstas, es necesario que el 
máximo común divisor de los coeficientes divida á la cantidad cons- 
tante. 

En efecto, sea la ecuación general de primer grado con varias in- 



cógnitas 



ax -^ hy -\- cz Ar ... = />• (1) 



en la que suponemos ser enteros los coeficientes y término indepen- 
diente. 

Si aquellos tienen un divisor común D, y .r, y. z, ... han de tomar 

valores enteros, es necesario que r^ sea entero también. Pues si no lo 

fuera, se seguiría el absurdo de que siendo el primer miembro divisi- 
ble por D y por tanto entero, el segundo sería- fraccionario. 

En cuanto á la ecuación projmesta, tampoco podría tener solucio- 
nes enteras, iiues que si las hubiera, harían múltiplo de D el priiner 
miembro, mientras que A- no lo sería ; luego todo divisor común de los 
coeficientes, tiene que serlo de la cantidad constante. 

3" Para que una ecuación de primer grado con dos ó más incógni- 



lio ANALES DE I.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tas tenga soluciones enteras y i)<)sit ivas, hi suma de los coefícientes 
debe ser menor que el término independiente. 

Esta proijosición es evidente, pues sólo puede caer en defecto en el 
caso rarísimo en que cada incógnita fuese igual á la unidad. 

Interesa ahora liallar una solución en números enteros de la ecua- 
ción de primer grado con dos incógnitas. 

Ésta puede asumir las siguientes formas : 



ax + ^y — ^>"- 


(1) 


ax — hy A-, 


(2) 


ax -\- hy A-, 


(••^) 


— ax — hy A- 


(4) 



Las formas (3) y (4) en que a es negativo, pueden evitarse, puesto que 
multiplicando la ecuación por ( — 1 ), se obtendría ax — hy =^ — A: (3 ' ),. 
ax -\- hy = — A- (4: ' ) que serían las formas (2) ó (1) anteriores, pudiendo 
ser A; positivo ó negativo. Por tanto, podemos suponer a siempre po- 
sitivo. Se sobreentiende que a, &, A: son números enteros. 

4^ El análisis lia descubierto varios medios i)ara hallar una solución 
entera de la ecuación general ax + ^y =^ ^", pero para nuestro objeto 
nos atendremos á la más sencilla, que para los problemas de química 
es siempre ó casi siemj)re aplicable. 

Como los coeficientes de las ecuaciones atómicas, y muy especial- 
mente los de la ecuación ñnal del sistema, son números ijequeños, des- 
pejaremos la incógnita de menor coeficiente é iremos asignando valoi^es 
crecientes á la variable independiente hasta que resulte una división 
exacta. Esclareceremos el método con un ejemplo. 

Que por tal procedimiento ha de llegarse necesariamente á una solu- 
ción entera de la ecuación de coeficientes x)rimos relativos ax -\-hy = A-^ 
en que supondremos a el menor coeficiente, lo prueba el que el número 
de residuos distintos que pueden obtenerse al substituir por y los va- 
lores O, 1, 2, 3, ... a — 1 en la expresión de x = -^ son <( — 1 á 

a 

lo más, y entre ellos necesariamente uno ha de ser cero. 

Si ])ues, un valor 3 de y, fuese tal que estando comprendido entre 
O y a — 1 sin excluir á estos límites hiciese á x entero, es decir, si se 

tuviese a = = X, quedaría satisfecha la ecuación por los valo- 

a 

res enteros íp = a, í/ = ¡3, es decir, que se verificaría aa. + 63 = ''^• 

Podemos observar que en el caso de que uno de los coeficientes a 
ó h fuese la unidad, por ejemijlo, x -\- hy = Je, se obtendría una pri- 
mera solución poniendo 7/ r= O, ¿c = A-. 

5^ Cuando una ecuación de primer grado con dos incógnitas tiene 



ÜN PROBLEMA DE QUÍMICA 111 

una solución en números entero.s, admite un número indeterminado 
de las mismas. Sea la ecuación de coeficientes enteros y jmmos rela- 
tivos ax ih hy ^= Je (1). Si x ^^ a, y = ,3 ^s una solución entera, se 
tendrá ax ih b^ = le (2). Eestando ordenadamente ambas ecuaciones, 
de la (1) la (2), sale 

a {X — y.)±h {}/ — 15) = O, x — 7. = ±AM^zIl. (3) 

(t 

Debiendo ser entero el primer miembro, lia de serlo también el se- 
gundo, para lo que es preciso que h 6 {y — ^) sea divisible i)or a; pero 
b no puede serlo, puesto que b y a son primos relativos ó entre sí, lue- 

ffo es necesario que ' sea entero, es decir, = t, siendo t 

a ^ a 

una indeterminada que recibe valores enteros. De esa expresión de- 
ducimos 

-"-—^ ==t ¿/ — ,i = at, y = p + at. 

ti/ 

Ahora es x — ^ = ip hf, de donde x = y. z^ bt. Los valores gene- 
rales, serán, pues, x=2Z^bt, i/==^-{-at, para la ecuación ax ±by = 1^. 

Ejemplo. Sea la ecuación 4¿p — 7y = 75. Despejamos x que es la 
incógnita de menor coeficiente 

4 

Aliora debemos poner en vez de y los valores O, 1, 2, 3. El valor 
cero, conduce á un valor de x que no es entero, y lo mismo los valores 
1,2; pero el valor 3 da 

75 + 7 . 3 75+21 90 

X = —^ = ~ = — = 24, 

4 4 4' 

luego una solución entera es j? = 24, ¿/ = 3. Hallada ésta, las demás 
están contenidas en las fórmulas 

X = 24 + It, í/ = 3 + U. 

Así, por ejemplo, si damos á í el valor 5, será 

íP, = 24 + 7 . 5 = 24 + 35 == 59, y, = 3 + 4 . 5 = 23 

y la ecuación será 

4 . 59 — 7 . 23 = 236 — 161 :^ 75 

valores que verifican la ecuación. 



112 ANALES DE Í.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Á veces es posible lialhir una piinieía solución poi' nu'todos más 
breves. Las reacciones químicas expresadas por íonuulas matemáticas 
nos ofrecerán ejemplos variados que iremos haciendo lu^tar. Por el mo- 
mento, y para la intelijicncia de los ]MÍmeros problemas que vamos á 
tratar, no son necesarios nniyores esclarecimientos de análisis inde- 
terminado. 



Reacciones químicas en que el número de incógnitas excede en dos 

al de las ecnaciones 

1° Un modo de preparar el gas inflamable consiste en tratar el fos- 
furo de calcio (P]r-(3a^) por el agua (H-O). Prodúcese además hidrato 
calcico, fosfuro gaseoso, líquido c hidr(')gcii(». 

.V . Ph-Ca-* + y . H'O = z . CaO-H- + n . PhH' + 

+ V . Ph'H^ + / . H- (I) Ecuación simbólica. 

2x = n -\- 2r, ecuación del fósforo, Ph. 
3x = g^ ecuación del calcio, ( 'a. 

2y = 2z -\- Su -\- 4r -|- 2í_, ecuación del hidrógeno, H. 
y --= 2z^, ecuación del oxígeno, O. 

I 2x — K — 2r = O (1) 

\ 3x — z =0 (2) 

'■ 2y — 2z — ;J» — 4r — 2/ = O (3) 

y — 2z =0 (4) 

Eliminamos la u entre (1) y (3) para lo cual nniltipl leamos por 3 
la (1) y de ella restamos la (3) : resulta, simpliücando 

3x — y + z — r + í = O (1 ' , 3) 

0,r _ — Su — Gr =0 (1 ' = 1, 3) 

2y — 2z — Su — 4r — 2f = (3) 
().r — 2y + 2.C- — 2r + 2/ = O 

El nuevo sistema equivalente B sera: 

/ 2.r — II — 2r = O 

B ^3.r-^ =0 (1) 

B' y — 2z =0 (2) 

[ [ 3x — y + z-v + t^:^ O (3) 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 113 

En el sistema reducido B ' elimino la y entre (2) y (3) por vía de 

snma : 

3.^ — z — V + / = 0. (2 y 3) 

Formaremos el sistema equivalente C : 



C 



2.r — » — 2r ^=0 
y-2z =0 

^.Sox-z ={) (1) 

' 3,r — z— r^t=0 (2) 



En el sistema reducido O' eliminamos la ~ y observaremos que 
íil propio tiempo desaparece la x. quedando como ecuación íinal 
— V -f- í = O, que da v = t. Podríamos pasar á resolver la (1), pero 
como no está ligada con v ó í, sólo nos daría z en términos de a?, así como 
la anterior daría y en partes de z^ que podrían expresarse en términos 
de X', pero conviene más tomar la 2.r — ti — 2^ = que escribiremos 
2,x — u =^ 2r y trataremos de hallar una solución de x y w en térmi- 
nos de V', para ello, se observa que basta hacer ¿c = 2r, y w = 2r, pues 
que tendríamos 2 . 2r — 2v ^= 'Ir que verificaría la ecuación. Los va- 
lores generales serían x = 2r -f í», « = 2v -\- 2m, en que m es una 
indeterminada que recibe valores enteros. Ahora la (1) de O ' da z = 'ix 
ó sea z = 3(2r -|- m) = (>/• -f 3m; y la segunda de las ecuaciones su- 
periores de C dsi y = 2z = 2(()r + om) = 12r + Can. Estarían, pues, 
expresadas todas las incógnitas en función de las dos únicas indeter- 
minadas V y m. Sólo faltaría asignar á éstas valores convenientes. La 
inspección de las fórmulas que dan las incógnitas maniflesta que basta 
atribuir á v un valor positivo cualquiera para que éstas sean enteras ; 
y que no hay inconveniente en atribuir á m el valor cero. Hecho así, 
resulta : 

X = 2r, y = 12r, z = Gr, n = 2v, v = v, t = v. 

Si á V le asignamos el valor 1 resulta : 

X = 2, y = 12, z=(), n = 2, v = l, í = l 

y así llegamos á la igualdad química : 

2Ph-Ca' + 12H-0 = 6CaO-H- + 2PhH^^ + Ph'H^ + H- (II) 

2° Al atacar el fósforo por el ácido nítrico (usaremos el cuadrihidra- 
tado) dice el doctor Miero que á mas del ácido fosfórico, término de 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. l.XXVIII 8 



114 ANALES DE l.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la oxidación de aquél, se produce una mezcla de nitrógeno y de pro- 
tóxido de nitrógeno. 

El autor no formula la reacción. Intentemos nosotros el expresarla: 

+ V . PbO'H'' + t . H-O (I) Eeacción simbólica 

4ít! = Vy ecuación del fósforo, Pb. 
2,y = 2z -\- 2u^ ecuación del nitrógeno, N. 
9y = n -\- iv -{- t, ecuación del oxígeno, O. 
Sy = ,3r + 2t, ecuación del hidrógeno, H. 
Este sistema simplificado lo escribiremos así : 

(1) 
(2) 
(3) 
(4) 

Eliminaremos la u entre (2) y (3) i)or vía de resta :Sy^z — áv — í == 0. 
El nuevo sistema equivalente B será : 

/ y-, — u =0 (1) 

' B' Sy —3v — 2t = (2) 

' Sy -\- z — 4v — t = O (3) 

En el sistema reducido B ' eliminamos la y restando de la (3) la (2). 
2 — r + í = 0. 

Se origina otro sistema equivalente, el O. 

/ y_2—u=0 (1) 

I 8^ — 3r — 2t=0 (2) 

4x . —'V =0 (1) 



áx 

• 


— V 


= 


y - 


— u 


— 


9y 


— U — áv — 


t = 


Sy 


3 y 


2t = 



' z — V + t = () (2) 

En el sistema reducido O ' eliminamos la v y resulta 4¿p — z — t = {) 
como ecuación final. Ésta la escribiremos de este modo : 4^:' — z =^ t. 
Un modo de satisfacerla consiste en hacer x ^ t y z = ot. Los valo- 
res generales serían : 

X = t -{- m 
z =z. 'ót -\- 4m 
7 3 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 115 

n ^ 4í + 4:1)1 

5 10 

í¿ = — -jt —m. 

Ahora, de la (2) de C ' ó más simplemente de la (1) se deduce : 

V = 4:X ó V = á[t + m] = 4í + 4wi. 

De la (2) de C sale : 

Sy = 3¿; + 2í = 3 (4í + 4w¿) + 2/ == 12f + 12 w + 2í = 14í + 12w- 

14 12 7 6 7 3 

^ S ^ 8 4^4 4^2 

De la (1) de C sale : 

7 3 

11 = y — s = -t -^ -m — {St + im) 

7^ ^^ , 3 , 7#— 12# 3m — Sm —5 o 

,_. _í -3t + -M - 4/H = —^ + — ^ — = -r ^ - r^'- 

Tenemos expresadas todas las incógnitas en funci(3n de t y m, pero 
no lo están todas en función entera de esas indeterminadas y la como- 
didad del cálculo lo pediría. Esto es fácil de conseguirj haciendo 
/ 1= 4í' y m = ám' . 

Tendríamos así las expresiones siguientes : 

X = 4r + 4/>i' 
y = 7f' -{- (hn ' 
z = r2t' ^ IGm' 
u = — 5í ' — lOm' 
V = ICr + 16m' 

Como los valores de las incógnitas deben ser enteros y positivos y 
ti aparece negativo por la forma, podría pensarse que el término á que 
sirve de coeficiente en la reacción no debe existir, es decir, que no hay 
producción de protóxido de nitrógeno. Pero esa conclusión a priori 
sería aventurada. Para dilucidar el caso, es necesario ver si no habría 
valores de í ' y m ' que hiciesen á í* y á las demás incógnitas, enteras 
y positivas. 

Pero antes de emprender ese delicado análisis conviene cerciorarse 
de si no se han cometido errores de cálculo al hallar las expresiones 
generales de las incógnitas. Implica ello el examinar si tales valores 
verifican á todas las ecuaciones del sistema. 



116 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

4.r = r 4 (4/ ' + 4í« ' ) = 1 Or + IGw ' (se verifica) (1) 

y = 5; -f í< 7/ ' + Ow ' = 12/'+ l(W/f ' + 

+ (— 5/ ■ — Wm ' ) = 7r + ihn ' (se verifica) (2) 

Oí/ = « 4- 4t' + / 9 (7r + 6m') = (—5 T — lOw ') + 

+ 4 (1 Or + Wm ' )4-4í ■ = etc. (se verifica) (3) 

8j/ = 3v + 2/ «S (7r + (im ' ) = :\ (1 (5/' + 1 Gw ' ) + 

+ 2(4/') (se verifica) (4) 

Ahora para que las incógnitas sean positivas pondremos : 

¿p > O 4/ + 4»? ■ > O 

é /'+ W'> O )H'> — /' (1) 

?/ > o 7r + (jm'> O 

7 

6w'> — 7/' w'> — -r (2) 

b 

2; > O 12/'+ 16w'> O 

3 
ó 3/'+4w'>0 4w'> — 3/'; W>— -/' (3) 



4 



« > O — 5/'— 10w'> O 



/' /' , 

— lOwí ' > 5/ ' ; — 2wí ' > / ' ; — wí ' > -7 ' '>n ' < — -^ (4) 

2 2 

r > O 16/'+ 10w'> O 

/ ' + m ' >0 m ',> — /' (5) 

Vemos por el examen de las desigualdades finales, que m ' debe ser 
negativo y además que debe estar comprendido su valor entre — / ' 
/' 

y -ó- 

Si á /' le asignáramos el valor 1, no habría números enteros com- 
prendidos entre — 1 y — - Si suponemos / ' = 2, no habría tampoco 

2 

niímeros enteros comprendidos entre — 2 y — 1. Pero si hacemos 

2 
/ ' = 3, habría un entero comj)rendido entre — 3 y — -=^ — 1,5 y 

ese número sería — 2. Haremos, pues, í\ m = — 2. 
Tendremos así : 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 117 

x= 4.3+ 4 (— 2) =^ 12 — 8 = 4 
y= 7.3+ 6 (— 2) = 21 — 12 = 9 
z=Vl . 3 + 10 (— 2) = 36 — 32 = 4 
u == _ 5 . 3 — 10 (— 2) = — 15 + 20 = .5 
r = 1(5 . 3 + 10 (— 2) = 48 — 32 = 10 
/ = 4r= 4 . 3 = =12 

Llegamos por tín á deteiiuiíiar los coeficientes mínimos de esa re- 
acción, de qne hablan todos los autores, no he visto formulada, lle- 
vando en cuenta esa mezcla de nitrógeno y de protóxido de que habla 
el doctor Miero. Hela aquí : 

4 . Ph^ + 9 . N-O^H^ = 4 . N- + 5 . Íí-O + 

+ 10 . PhO*H' + 12 . H-O (II) Igualdad química. 

Á veces la simplificación de las ecuaciones ú otra marcha en la eli- 
minación, conduce á cálculos más sencillos. En el ejemplo propuesto 
es fácil notar que v debe ser múltiplo de 4, y que t debe serlo de 2. 
De modo que el sistema de las primitivas ecuaciones atómicas con esas 
substituciones v = 4f ' , t = 2t' , aparecerá ser el A ó mejor el A ' . 

áx = V 

'2y = 2z -\r -u 
ij}/ = „ ^ 4:V -\- t 
8// = 3r + 2t 

4.r = 4y' 

A^ .'/ = ^ + " A 

j 9y = í( + i0r'+2r 

8f/ = 12r'+4r 

Empezaremos aquí eliminando la u entre la (2) y la (3) por vía de 
resta, y obtendremos : 8iy + ^ — lOr ' — 2í' = 0. El nuevo sistema 
equivalente será el B. 

y — z — u =0 1) 

B ^ i' *• — '' ' = O (1) 

^B' 2// — Sv' — f = O {2) 

' 8y + z — lOr' — 2t' =0 (3) 

Eliminaremos en el sistema reducido B ' la incógnita t ' entre la 
ecuaciones (2) y (3). 

2 . 2// — 2 . 3r' — 2r .= O (2.2) 

Sy + z — IGV — 2t' =0 (3) 



1 X — v' 


-0 (1) 


\ H — z—u 


-0 (2) 


1 *)y — u—KU'' 
\2y — 3r' 


— 2r =0 (3) 


- r =0 (4) 




118 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTINA 

4í/ -\- Z — \0r'— =0 

La ecuación resultante uiainíiestiii (jue .c dclte ser par; pondremos 
])or tanto s ^ 2z' y la ecua(;ión podrá si inj)] i ficarse convirtiéndose en 
-// + -' — 5r'=0. Se originarii uu nuevo sistema equivalente C 
más sencillo, que será : 

/ y-z-n =0 (1) 

\ 2y — 3i-'—f'^0 (2) 

(1) 
(2) 

En el sistema reducido C eliminamos la r ' , lo que da ya la ecua- 
ción final 5x — 2y = z' . 

5x — 5r ' = O 

2y ^ z' — 5v ' = O 

iSw — 2y — z' =0 

Un sencillo tanteo nos lleva á la primera solución deforma entera: 

¿t' = ' , 7/ = 2.^ ' , puesto que o . z' — 2 . 2^^ ' = 5s ' — áz' ^= z' . Las 
soluciones ¡D^enerales, según lo dicho anteriormente son :x = z'-\- 2m, 
y =: 2z' -{- 5w, siendo m una indeterminada que ha de recibir valores 
enteros, como ya sabemos. 

La ecuación (1) de C ' da r ' = x, ó r ' = s ' + 2m. La (2) del siste- 
ma C, permite obtener t ' 

t'= 2y — 3r ' = 2(2,: ' + ñm) — 3(0 ' + 2»?) = 
= 4.-' + 10'" — 3~ — Cr)n = ^ '+ 4w?. 

De la (1) sacamos u : 

u ~ y — .- ^ // — 2z' ^ {2z ' -\- 5m) — 2,~ ' = 5m. 

Tenemos ya las incógnitas expresadas en función entera de z ' y 

de m. 

X = z' -\- 2m (1) 

y = 2z'-{- 5m (2) 

z = 2z' (3) 

u = 5>» (4) 

■V' = z' ^ 2m . (o) 

r = 4r ' = 40 ' + 8m (6) 

t = 2f=2z' + Swí (7) 



UN PROBLEMA UE QUÍMICA 119 

Se advierte aquí que cualesquiera que sean los valores enteros y 
positivos que atribuyamos á z' y á m manteniéndolos constantes para 
todas las incój-nitas, éstas recibirán valores positivos 

Abora es evidente que el mínimo valor para cada incógnita se ob- 
tendrá cuando se baga ^'= 1 yw = 1 también. En ese su^iuesto 
resulta : 

a? — 1 + ^* = 3, y = 2 -|- 5 = 7, z = 2, w = 5, 
r '= 1 + 2 = 3, t ^ 2t'=2z' -{- Sm = 2 + 8 = 10. 

Y la reacción mínima es : 

3 . Pb^ + 7 . N-O'H** = 2N2 + 5N-0 + 12PbO'H' + lOH-O 

que tiene coeficientes más pequeños aún que la obtenida por el mé- 
todo anterior. 

Surgen aquí dos preguntas en vista de los resultados á que bemos 
llegado por la juimera y segunda vía. 1^ ¿ Por qué se llega á resulta- 
dos diferentes, aunque satisfactorios, simplificando ó no las ecuaciones 
del sistema ? 2^ i Es posible determinar a priori la marcba que con- 
duce al resultado más breve y de coeficientes numéricos más peque- 
ños 1 

Confesamos que no podemos responder Satisfactoriamente á esas 
preguntas, que acaso pudiera contestar un analista con mayor lastre 
científico que el que llevamos en nuestras alforjas de ignorante labrie- 
go del campo de la química matemática. 

Si la oxidación del fósforo se hubiera practicado con el ácido nítri- 
co normal (y sabemos que conviene emplear para ello el fósforo rojo) 
otra sorpresa nos reservarían las ecuaciones atómicas. Si los pacientes 
lectores no están fatigados pueden acompañarnos en esta nueva dis- 
quisición, aunque la palabra disquisición parezca pretenciosa. 

La ecuación simbólica sería : 

a-.Fh' ^ y. NO^H = z . N- + u . N-0 + v . PbO^H'^ + t . H-0 (I) 

4x = Cf ecuación del fósforo, Pli. 

y = 2z -\- 2u, ecuación del nitrógeno, N^. 
3y = u -\- Av -\- t, ecuación del oxígeno, O. 

y = 3y + 2/^ ecuación del hidrógeno, H. 

Ya sabemos que v lia de ser múltiplo de 4, é y múltiplo de 2, es de- 
cir, que V ^ áv' , y ^ 2y' . 

Substituyendo estos valores en las ecuaciones atómicas, obtendi'e- 
mos : 



120 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTINA 

2y'= 2z + 2i( 
6//'= u + Kw- + f 
2y'= 12r' + '2t 

Í5Íin|)liü(*aiul() vA sisten¡a viene : 

/ 2/'--- " =0 (1) 

^\ X- — V =0 (2) 

I (w/ ' — K — idv ' — t = {) ■ (:5) 

\ y — (■„■'— t = o (4) 

Eliiniíicnios la n entre (2) y (3), sale : 5?/ '+ ~ — ^^v ' — t =^ 0. 
El nnevo sistema equivalente es el B: 

y'—z —n =0 (1) 

\ 

/B' í/' - Or'— / = () (2) 

\ ' 5y' -\- z — IQv'— t = O (3) 

En el sistema reducido B ' eliminamos la t entre (2) y (3), por vía 
de resta, como antes : 4// -|- ^ — lOr ' = 0. Esta ecuación manifiesta 
que z es par, por tanto z = 2z' . 

Escrita la ecuación anterior con esa modificación sera 

4^/ ■ + 2z'— lOi^ ---= O ó bien 2y'-\-z'—5v'=i). 

Pero á fin de evitar un error fácil de cometer, la ecuación (1) del sis- 
tema B, debemos escribirla al pasarla á formar cabeza en el C de este 
modo : y' — 2- ' — it ^ 0. ( Jon esto, el nuevo sistema equivalente C 
será : 

^ y'-2z' - H =0 (1) 

y'—(ic- — t = (2) 

(3,í ^ - '"=0 (1) 

} 2y'i- z'~rn"=0 (2) 

En el sistema reducido C ' eliminamos la v' , previa multiiDlicación 
de la (1) por 5. 

5x — 5r ' = O 

2y' -\- z' — 5t' ' = O 

5¿r — 2//' — ^'=0 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 121 

La ecuación tiual la escribiremos o.r — 2y' = z' y procuraremos 
liallar valores de x é y' que satisfagan la ecuación en términos de z' . 
Se advierte fácilmente que si i^onemos .v ^ z', y' = 2z' la ecuación 
final queda satisfecha. Luego, según lo ya expuesto, los valores gene- 
rales de estas incógnitas son : x = z' -\- 2m, y'= 2c' -{- om. Ahora 
la ecuación (1) de C ' da v ' = x, y ' = ^ ' + 2m ; la (2) del sistema O 
díit = y — O r ' ^ (2.3 ' + óm) — (5 {z " + 2m), t-^ — Az' — Im. Por úl- 
timo la /í viene dada por la (1) del mismo sistema ?<=// ' — 2z' = 
2z ' + 7)in — 2z' = Tym. Si recordamos que y^=2y', z = 2z' , v =z4:V' , 
quedarán expresadas todas las incógnitas en partes de z' y de m. Ad- 
virtamos ahora que si damos á z' y á m valores enteros y arbitrarios, 
pero positivos, todas las incógnitas, con excepción de /, serían enteras 
y positivas. 

Eesta, pues, investigar si no habría valores de m y de z' tales que 
pudieran hacer positivas todas las incógnitas. 

Debiendo ser z ' necesariamente positiva para que pueda serlo tam- 
bién z^ no ])odemos atribuir á aquélla más que los valores de la serie 
natural numérica, ya que se pide que sean enteros. JNIas á m no habría 
inconveniente en suponerle valores negativos, aunque a priori se ad- 
vierte que con cierta limitación. Así, atribuyendo á z' el valor 3 y á 
m el — 1, X, y, z, v serían positivos, pero m y t serían negativos. Si á 
z' se le da el valor 5 y á m el — 2, x, z, v, resultan positivos, pero y ' 
deviene mila^ u, negativa y t también. En fin, prosiguiendo el análisis, 
veríamos que no hay modo de hacer positiva á t siéndolo al propio 
tiempo las demás incógnitas. 

Como t es el coeficiente del agua en la ecu^ación simbólica (I), infe- 
riremos que no puede producirse agua en el segundo miembro, como se 
originaba cuando se atacó el fósforo x)or el ácido cuadrihidratado. 

Formulemos, no obstante, la reacción para el caso de ser 2;'= 1, 
y m = 1. 

x = z' -\- 2ni ^-1 + 2.1 = 3; y'=^2z' + am = 2.1 + 5.1 = 7; 

a? = 22 ' ^ 2 . 1 = 2 ; u = om rrr 5 . 1 = 5 

y = 2.y'=2.7 = lá; /;'=-' + 2m = 1 +2.1 = 3; 

v = áv'^4:.3 = 12: f = — 4:z'— 7w = — 4.1 — 7 .1 = — 11. 

3Ph* + liXO^H = 2N- + 5N-0 + 12Ph03H^^ — llH-O (I) 

Ahora bien, es legítimo del punto de vista matemático transponer 
término — IIH-O, y escribir por tanto la igualdad de esta manera : 



122 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

3Pli^ + 14XO'H + IIH-O = 2N- + 5X-0 + IL'PliO^n' (II) 

Si se computan los valores de cada cueijx» simple en uno y otro 
miembro vemos que la igualdad se verifica, de modo <pu' su legitimi- 
dad queda fuera de duda; pero como contraprueba hemos escrito la 
fórmula simbólica de la (II), deducido las ecuaciones atómicas y re- 
suelto el sistema, que nos ha llevado á idénticos valores para los coe- 
ficientes. 

Si confrontamos la (II) con la fórmula obtenida en la oxidación del 
fósforo por el ácido nítrico cuadrihidratado observaremos esta resal- 
tante diferencia : el primero, al reaccionar, produce agua; elucido nor- 
mal necesita hidratarse para originar la reacción. 

I íío es admirable que las ecuaciones atómicas, á más de iiermitir- 
uos formular la reacción, nos suministren reglas para llevarla á buen 
término °? 

o" Acción del hidrógeno sulfurado (H-S) sobre el ácido sulfúrico con- 
centrado. — En esta reacción se produce agua, gas sulfuroso y se pre- 
cipita azufre. 

X . SO'H- 4- y . H-S =■ - . SO- + u . H-O + 

+ /• . S" (I) Reacción simbólica. 

Sería fácil llegar por un simple tanteo á determinar los coeficientes 
de la fórmula, de modo que en este caso no hay necesidad de las ecua- 
ciones atómicas; pero si se quiere emplearlas escribiremos; 

X -]- y = z -\- 2r^ ecuación del azufre, S. 
■íx =: 2^ + u, ecuación del oxígeno, O. 
2x -f 2y = 2u, ecuación del hidrógeno, H. 

;^ X + y- z-2r = (1) 

A 4.r — 2^ — u = (» (2) 

( X + y — n = () (3) 

Aunque puede advertirse que u debe ser par, la sencillez primitiva 
del sistema nos dispensa de esa simplificación. Por tanto, comenzare- 
mos por eliminar la u entre la (2) y la (3) y resulta : 3.r — y — 2.c = 0. 

El nuevo sistema equivalente B es : 

/ a- + í/ - « =0 (1) 

^'/pM X + y-z-2v = (1) 

\^)^jc—ii — \íz =0 (2) 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 123 

En el sistema reducido B ' eliiiiiiiamos la y, por vía de smna y vie- 
ne : 4a7 — 3z — 2v = O, ecuación final que escribiremos así : ix — 3z 
= 2v. Fotemos ahora que el coeficiente de a; y el de -atienen el factor 
común 2, luego si z ha de ser entero es preciso que sea par, es decir, 
de la forma z = 2z' , pongamos esta condición en la ecuación final y 
vendrá 4¿c — 3 . 2^;'= 2y ó simplificando 2x — 3z'= v. Esta ecua- 
ción se satisface haciendo x ^= 2v j z'=z r, de modo que los valores 
generales de estas incógnitas serán : x = 2v + 3m, z'^ v + 2m. 
Ahora, de la (2) de B ' sacamos y ^ 3x — 2^;, ó sea : 

yz=3x — 4:Z' = 3 {2v + om) — 4 (r + 2m) — Gy + 9wi — 
— 4 y — 8wi =: 2v + m. 

De la (1) sacaríamos la identidad 2v = 2t', de modo que no podemos 
expresar v en término de m. De la ecuación ajjartada (1) deducimos 
íí = jí- + y, es decir, u =. 2v -\- 3m + 2^ + ^1 = 4^ + 4w. Con lo 
que quedan expresadas todas las incógnitas en términos de v y de m : 

X =^2r + .3'í»; y = 2v ^ m-, z = 2z' ', z'= r -{- 2wí; 

u = 4/; -\- ám: v = v. 

Se observa aquí, que, no habiendo coeficiente alguno negativo, po- 
demos atribuir á v el valor mínimo 1 y á m el valor cero. Hecho así, 
resulta : 

X =z 2, í/ = 2, z = 2, w = 4, t' = 1, 

y la reacción mínima será : 

2 . SO*H- + 2 . H-S = 2S0- + 4H-0 + S' (II) Igualdad química. 

4° Wilde, en la página 255, al hablar de la acción del gas sulfhídri- 
co (H-S) sobre el anhidrido sulfuroso (SO-), dice que se descomponen 
mntuamente, con formación de agua y depósito de azufre, según esta 

fórmula : 

2H-S + SO- = 2H-0 + 3S 

añadiendo que : 3n contacto del agiia^ forma al misino tiempo ácido te- 
tratiónico. Pero no formula la reacción. Busquemos nosotros, cuál sea 
ella, escribiendo la ecuación simbólica : 

¿p . H-S + y . SO- + s . H20= w . S-^ + V . W-O + t . S^O^'H- (I) 

2x -{- 2z = 2r -\- 2t, ecuación del hidrógeno, H. 

a; + ¿/ :r= 2íí + ^t> ecuación del azufre, S. 
2y -\^ z ■=^ V ^ Qt, ecuación del oxígeno, O. 



124 ANALES Dlí LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

X -\- z — V — t =0 (!) 

A í X + í/ — 2u ~ U = (2) 

{2y + z- r -Út =0 (3) 

Este sistema contiene 3 ecuaciones y 6 incógnitas, tlemodo que no 
pertenece en realidad, al parecer, al caso enunciado en el epígrafe de 
este artículo; pero como podemos expresar, en este ejemplo, las incóg- 
nitas en función de una de las del sistema y de la indeterminada m, 
lo trataremos aquí. 

Comenzaremos por eliminar la v entre (1) y (3) observando que al 
propio tiempo desaparece la z. 

X -\- z — c — t = O 

2IJ -\- z — c — (\f = O 

X — 2i/ + 5/ = O 

El nuevo sistema equivalente, es el B. 

X -\- z — c — t = (1) 



p> r, , s -í' + // - ^if - 4f = o (1) 

( ) X — 21/ + 5í = ü (2) 

En el sistema reducido B ' elimino la x restando de (1) la (2), y sale: 
3i/ — 2» — Ot = O ecuación final, que escribiremos : ■iy — 9t= 2u. (a) 

Como los coeficientes del primer miembro son divisibles jíor 3, el se- 
gundo miembro debe ser también múltiplo de 3, si es queliay solucio- 
nes enteras para la citada ecuación; luego 2 ó u deben ser divisibles 
por 3 ; 2 no puede serlo pues es menor que 3 y además primo con éste, 
por tanto lo será u: es decir, que u será de la forma 3n ', u = 3u' . 
Substituyendo esto en la {a) resulta Sy — 9í = 2 . 3?í ' , ecuación sim- 
pliflcable, que se convierte en y — 'M = 2u ' . (b) 

De aquí i)odríamos deducir .// _= 3/ -|- « ' , y expresar las incógnitas 
por medio de estas dos indeterminadas; pero nos parece preferible 
operar de este otro modo : Tomando la {b) y — 3/ = 2ií ' , observare- 
mos que puede ser resuelta en términos de n' poniendo ?/ = oií ' , 
t =z u' , con lo que los valores generales vendrán dados por 

y = oh' -\- 'Sm, t = n ' -j- m. 

Aliora la (2) de B ' da 

X ^ 2y — 5í = 2 {5u ' + 'dm) — 5 {u ' + ni) = 
= lOu' -\- Qm — oh' — om := 5^< ' + m. 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 125 

Si i)reteudemos deducir la u de la (1) de B ' , para expresarla en tér- 
minos de m. llegamos solamente á la identidad 2í( = Cíí', porque 
u r= 'Mi ' , y por tanto 2u = Qu ' . De modo (pie quedando todavía in- 
determinadas las incógnitas z y v y no disponiendo ya de más ecua- 
ciones, que de la (1) de B, no hay más remedio que escribir z — v = 
t — X y tratar de expresar el primer miejnbro, si es posible por medio 
de w ' y m. Substituyendo, pues, por t y x sus valores, viene : 

z — r = {i( ' -\- m) — (")'?,< ' -j- m) =z u' — 5« ' + in — m = — Mi ' 
ó mejor : v — z =: áu ' . {c) 

Haciendo v = ou' , z = tt' , vemos que se verifica la ecuación, ob- 
teniendo los valores generales v = ou ' + m, z = n' -\- m, que vienen 
en función de las mismas indeterminadas que las demás incógnitas, 
que era nuestro objeto. Se tiene, pues : 

X = ou ' 4- iiij y = 5u' -\~ 3í», z = íi' -^ m, u = 3« ' , 

V = bu ' + m, t z= u' -\- m. 

Si observamos que en estas expresiones no bay coeficiente negati- 
vo, ni término independiente de u ' , podemos asignar á ésta el valor 1 
y á m el cero, y así los coeficientes mínimos serán : 

X := 5^ 2/ =: 5, 2; ^ 1, w = 3, r = 5, ^ = 1, 

y la reacción buscada : 

5H-S + [5SO- + H--^0] r= 3S- + 5H-0 + SHJ''H- 
si la humedad afecta al anhídrido SO", ó 

[5H-S + H-O] + 5SO- = 3S-^ + 5H"0 + S^O'^'H'- 

si la humedad debe afectar al gas SH'^ y escrita la reacción sin el jia- 
réntesis, como en la ecuación simbólica, si ella se xjroduce en un medio 
previamente húmedo al que confluyan los gases secos. 

4:" Convienen los autores en que cuando se prepara el hidrógeno 
fosforado gaseoso por la acción del fósforo sobre los álcalis y el agua, 
se produce al propio tiempo fosfuro líquido. Trateuios de formular esa 
reacción. 

Sea su ecuación simbólica 

X . Ph' + y . CaO-H^ -f z . HH) = h . (PhO-^H-)-Ca + 
+ V . PhH^ + / . Ph^H^ 



126 ANALES DE I.A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

4:X = 2u + '" + 2í, ecuación del fósforo, Pli. (1) 

y = u^ ecuacióii del calcio, Ca. (2) 

2y -\- z =: 4?í, ecuación del oxígeno, O. (3) 

2y -\- 2z = áu -\- ov -j- 4:t^ ecuación del hidrógeno, H. (4) 

La primera y última ecuación prueban que v debe ser un número 
pai'y y la tercera afirma que también lo es z. 

Podremos poner por tanto v =: 2v' , z z= 2z' , y con esto el sistema 
resulta simpliflcable en tres ecuaciones, y reducido al A. 

I 2x —u — v'—t =0 (1) 

\ y -u =0 (2) 

" y + z'— 2u . = O (3) 



// + 2^ ' — 2»— ?yv ' — 2í = O (4) 

Empezaremos eliminando la t entre (1) y (4) 



4,r 




2w 2v' 2í — 


(1) • (2) 


11 + ^ ^ 


O.-v ' 


2u 3r 2í~0 


(4) 



— 


(1) 


— 


(2) 


— 


(3) 



4.r — y — 2z' + v' =0 

El nuevo sistema equivalente es B. 

2x — u — V' — t = (1) 

bJ ( y -'' 

B ' ' 7/ + ^ ' — 2w 

{áx — y — 2z' + í? ' 

Eliminaremos en B ' la n entre (1) y (2) 

y + z' — 2u = O (2) 

2í/ — 2u = (1) . 2 

y — z' =0 

Se formará un nuevo sistema equivalente O ' más sencillo que el an- 
terior, escribiendo : 

/ 2x — n— i^'— t =0 ■ (1) 

\y-n =0 (2) 

) í4.x — y — 2z'-\- V =0 (1) 

', f y-z' =0 (2) 

En el sistema reducido C eliminamos la y, áx — 3z' -\- v'^0 



UN PROBLEMA DE QUÍMICA 127 

ecuación final, que escribiremos 4^:- + v'=^3z' {a). Esta ecuación 
jiuede verificarse poniendo x z= z' , y ' ^ — z' , siendo los valores ge- 
nerales X z= z' — m, v'= — z' -\- ím. De la (2) de C ' sale y = z' . 
De la (1) 

V' z=2z' -\- y — ix = 2z' + z'— á(z'— m) ~ 

■=^'¿z' — 42: ' + 4'>/í, = — z' ^ ám. 

La (2) de C da u = y =z z' . Y de la (1) se deduce 

t = 2x — u — c-=2 (z'— m) — u — {—z'+ ám) 
t^2z' — 2m — z' + z' — 4w ^=2z' — 6m. 

Con lo que quedarán todas las incógnitas expresadas en función de z ' 
y de m. 



X z' 


— m, 11 = 


— ^ , 


z — 2z' , 


11 - — z' , 


V ' — 


- z' -\r 4wi, 


V — 


2v', t — 


2z'— Úm. 



Aliora debemos buscar las condiciones que liagan positivas todas 
las incógnitas, es decir, para que j:'>-0, y>>0, 2'>-0, ó z'^0, v>0, 
óv'>0, í >0. 

Para que ¿p >> O debe ser z ' — m >■ O, — iii >■ — s ' , ni <Cz' . 

Para que í/ > O debe ser ^^ ' >- O ; y la misma condición La de lle- 
narse para /( > 0. 

z' 
Para que r ' >■ O debe ser — z' ^ im >> O ; 4w > s ' , wí > — • 

4 

Para que í >> O debe ser 2^ ' — dni >■ O ó z' — 3m > O — 
— om >> — z' , 3m <Z s' , w <; ^ • 

Si atribuimos á z ' el valor 3, x será j^ositivo mientras m sea inferior 
á 3, por ejemplo, 2, y lo mismo sucederá i^ara v ' , iiero t sería negativo 
para tales valores de z' y m. 

En fin, un valor conveniente para 2; ' sería el valor 7, atribuyendo 
á m el valor 2. Se tendría así : 

.^ =; 7 — 2 = 5, y = 't, z = 2 . 1 = 14., H zr^l, 

V '= — 7 + 4 . 2 = 1, i- = 2 . 1 = 2, ¿=2.7 — 0.2 = 2 

y en tal caso la reacción sería 

5Pb'* + 7 . CaO'H- + 14H^O = 7 (PliO-H-)-Ca + 

+ 2PhH^' + 2 . Ph-H* (II) Igualdad química 



128 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Hagamos ahora z' = S. m = 2 ; obteiidrenios así : 

.r = S — '2 = (>, // = 8, ^ = 2 . S r= 1(5, u = S, 

r ' = — 8 + 4 . 2 = O, r = O, / — 2 . S — (i . 2 = 4; 

la reacción sería : 

6Pli* + 8CaO-H- + 16H-() = 8 (PliOin-)^Ca + 

{) . PhPI' + 4rh'-II^. (IIT) 

Esta fórmula nos dice que teóricumente al menos, es posible i)repa- 
rar el hidrógeno fosforado líquido, exento de fo.sf uro gaseoso, ('.on el fós- 
foro y la lechada de c<(L 

Pongamos nuevamente : z'= G, m = 2, Se obtendrán para las in- 
cógnitas, estos valores ; 

J- = G — 2 = 4, y = G, ~ = 2 . G = 12, u = G, 

r '= — G + 4 . 2 = 2, r = 2 . 2 = 4, / r= 2 . G — G . 2 = O, 

y la igualdad química sería : 

4Pli^ + GCaO-H- + 12H-0 = G [PlíO-H'-]-Ca + 

+ 4PliH' + O . Pir-H\ (IV) 

Esta reacción maniflesta que es posible teóricamente, al menos, pre- 
l)arar el hidrógeno fosforado gaseoso, libre de fosfuro líquido, con el 
fósforo y la lechada de cal. 

Resultados curiosos que deben solicitar la atención de los químicos. 

ÁNGEL PÉREZ. 

(Continitará) 



A P L I C AGIO N 



DE LA 



ECUACIÓN DE LA LINEA ELÁSTICA 

EN EL CÁLCULO DE VIGAS PARABÓLICAS 
Por el ixgeniero OTTOMAR SCHMIEDEL 



Una viga encorvada en un plano para la cual dos secciones vecinas 
convergen bajo el ángulo dx hacia el centro de encorvamiento será 
expuesto á una acción encorvante, la que produce una alteración de 
encorvadura. 

De esta acción encorvante resultan movimientos por los cuales cam- 
bian las secciones su situación una á otra. 

Para dos secciones inmediatas con la distancia s respectiva ds del 
lugar de empotramiento designamos ahora con diú el valor de ángulo 
por el cual se modificó el ángulo convergente da de las dos secciones 
con distancia ds. 

En la forma más general rige entonces la regla para la línea elástica : 

E . I . fZw = M . ds. 

En esta ecuación significa : 

E el módulo de elasticidad. 

I el momento de inercia. 

M el momento flector. 

La integración de esta ecuación entre los límites O y -s-, es decir, en- 
tre los puntos A y c, suministra en la parte izquierda de la ecuación 
el ángulo oj por cuyo valor se tomó la sección cerca de c desde su si- 
tuación x^rimitiva. Este mismo ángulo representa á la vez la modiflca- 

AN. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXVIII 9 



130 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



cióii de la inclinación del elemento ds de la viga en forma de arco, 
consecuencia de la acción encorvante. 

Respecto á la figura 1, en la cual significan .r, y las coordenadas del 
punto c y íTj, y^ las del mismo punto después del movimiento liaciaCj, 
resulta del triángulo c^Ci ' c" , en el cual es c^c" i^aralelo ce' : 



dy, — dy 
oj . ds 

ds — d.r, 



eos (a + (o) 
sin (a + (<)). 



(ú . ds 
En el cálculo de construcciones es una condición principal, deter- 



"^.^ 




Fig. 1 

minar las dimensiones tal que las deformaciones que hay sean muy 
nimias en comparación con la obra. Como, por lo tanto también el án- 
gulo O) no debe tener sino un valor muy nimio lo podemos dejar sin 
consideración en las funciones eos (a + o)) y sin (a + m) y obtenemos 

entonces : 

dii, — dy dx 

— -^ == eos a = -- 

M . as ds 



dx — dx 



(jd 



(O . ds 

dllx — dy 
dx 



= sm y. 



dy 

ds 



dx — dx^ 
dy 



ECUACIÓN DE LA LINEA ELÁSTICA 131 

PoD gamos 

fÍT/i — dy = dv, 
además 

dx — dx^ = dh 
da 

fdv = r = I {dy^ — dy) = //, — y 
i/ . (I 

el movimiento vertical y 

/ dh = h ^ [dx — dXj) = x — x^ 

el movimiento horizontal del punto c bajo la influencia de la acción 
flectora. 

dv dh 



Para la parábola es 



y por consiguiente : -f- ^ x =: v, . x 

dx r 





0) 


dx 




dy 


dw 


— 


d{dv) 
dx 

y 

f 


X' 


d{dh) 
dy 



ds = u{dxY + {dyf = \J {dxf + {u . x . daf = u . dx . \J — -|- *•- 

d{dv) dydh) 1 



du) = 



dx dx u . X 



E.I.£í = M.«Y,¡L + .= 



dh 
ti . í . -- = oj . M . .r 
dx 



r-^didv) dv 1 r^ /I 

J dx dx El -o V u- 

V = -- i dx ¡ M . w . dx . k/ — -\- X- 

-bi Jo Jo V W" 



1 /tX 'tX I 1 

/í= =-r / u . xdx ( M. . u . dx . v/ — 7 + A'". 
El ^0 Jo V u- 



132 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Si oTavamos ahora el punto lí, dado i)oi' las coordenadas a, b por 
una carga P, que obra en sentido cualquiera, desconiponémosla para- 
lelamente á las coordenadas en la componente vertical Q y la compo- 
nente horizontal H, llamando t\^ y /í„ los movimientos verticales res- 
pectivos horizontales que hay en consecuencia de la componente Q y 
"í'H y ^i'H los valores correspondientes que resultan de la componente 
horizontal H. 

Entonces es : 



El 



íii Jo V u- 

(II) 



iiX'''-"'r***" -■"■>"•''■' v¿+-''' 



/,=—-/ u . X . dx / Q(íí — .r) u . (Ir i/ - + xK (III) 

' ElJn --'o V U- 





Siendo 

I 



y = 'ñ ' ''" = ó- ■^' 



resulta 



'■•«= El 



^iX"'^(''-l--'-') •"•"■'■ V7=+"-= <^^' 



"» = Si f'-'-HH' - 1 ■ ■'■') ■ " ■ "•'■ v/,? + ■'■'• '^'^> 



Los valores totales están dados entonces por 

W = Wy + OJh 

V = V^ + t'„ 

/*. = h^ + /í„ 
De la solución de las integrales resulta : 



• Q ( /I , ,faxu- x-u- 1\ 



(P) 



ECUACIÓN DE LA LÍNEA ELÁSTICA 



133 



Q i / 1 , / •v^a^í'' 'V'^u'" axur- bxhr 3 \ 



H \ 



/I 






' &.r?<"- x^u" 



xu 
16 



4- 



'•» = 



n 



w / V - + ' 



/bu 1\ 

+ ( 3 + re ) 

hx'^u^ 



".(^•' + \/;. + -) - '»i) i (l^') 



?<■ 



G 



"líT 



r- 9 9 



240 



bu 1 
3 15 

1\^ 



+ 



+ (^ + ¿)K" W¿ -'■■) - '-y - K^ - ¿) I '^ 



K = -i 



H \ 



írEI / 
& 1 



v/5 



+ .r 



x^bu'' xhu' x^íi^ xu 
~8 10 1: 8" ~ 64 ' ^ 



ni 



^ Vi*^ 64?í ^ 4 ^ 32 ;L \ V «- y «J ) 



Para x = a resultan 



Q \ 



1 



(l'U- 1 



w 



QB 



írEI 



íí \/ — + «' -7. ó + 



/^'¡¡^ 



3 



1) 



+-[.(„ + ^i + „.)_,„i] + ^( ,1, 



Q ( /1~ ^/ 7 , , 
'*'' u-El ( V «- ^ VJ-*^ 



47 , ., 1\ 

cru- — r^ + 

240 15/ 



^C^ + .^)[K«W,7 + -)-'"»j + Ka^-^í)!'-"» 



134 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Siendo 



resulta 
Por eso 



J ~ ¥ 



(V 



(»>„„ — ^^2 



H ^ /I ^fa^ti^ cm 



írEI ( V M- ^ \120 240 15/ ^ 



+ ^ + 



H ^ / 1 , /a^u^ 5 3 3 mi 

tMi / V .7^ + "ATíT ~ 96 "'' ~ 04 



') 



Para los puntos de parábola cuyas abscisas a' ' son más grandes que 
la abscisa a, las alteraciones de ángulo tienen naturalmente los valo- 
res invariables w^g y w„b7 dados en las ecuaciones I'' y IV''. 

Significa BD la cuerda en la viga parabólica no cargada, BjD^ la 
misma de la viga cargada y haciéndose BD" paralela á BD, resultan 
los movimientos suiílementarios : 

x' — a 

V = • 0J3 . eos (a + a)„) 

eos a 

, y' — h . ^ ^ 

h ' = — ; ■ • (.j„ . sm (a + ojj,). 

sin a 

Como debe tratarse de ángulos de deformaciones muy nimias, po- 
demos suprimir oj,, en las funciones eos (a + Wr) y ¡^iii (« + wj y te- 
nemos 

ti ' = {x ' — a) . a)j5 

li ' = [y ' —h) . o)„. 



ECUACIÓN DE LA LINEA ELÁSTICA 135 

De una carga vertical resultan eutonces lus movimientos : 
vertical v^ + r ' ,, = i\ + {x ' — (i) • oj„,, 

horizontal //„ -\- /( ',, = //„ + (í/ ' — h) w.^^- 

Una carga horizontal da los movimientos : 
vertical i'„ + v ' „ = r„ + (.r ' — a) w„„ 

horizontal /<„ + /'h = ^'h + (i/ — ^) • ^'^hb- 

OL 




Fig. 2 



Para el punto final .r y 7/ ' serán substituidos por los valores co- 
rrespondientes : I y /. Tenemos : 



,au} (rn\V^ ( /I ^\ IH , ? — «í 






H i /I ^ ja^uH ahi^ aii'f dhi\ , 
<' - '') ■'""= ÍHíi ■( V í^ + "1-8" - T6- -It + '32-.) + 

+ ( T^ - ^ + To - 3j)L"'(" + V I? + "•) - "'«J ) 



136 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AliOENTINA 



(/ — <t) . (0„„ 



+ ( 



H ^ /I , Ja^n'l auH aSi'' (ihr\ 



(rnrl a ir 



a 

ÍT; 






Para el punto ñiial de la viga i)aiabólica resultan pues los movi- 



mientos siguientes 



Q \ 



Qdl 



n 



-El ( 



/I .¡aHiH n'u' 

V .7 + 'inr - T2- 



ul 5 

— • au -\- 



24 



^ (f - ¿)[K« + v'^ + -) - '%] + ^ \ '"■■ 



'nítí 



íí 



Q í /I J(ru'f a'u' 



40 240 3 15 ^/ 



nal 



( V ,7 + "\-6 Te- - 15- - ís"'"' - ís) + 

:„(„ + J^T^) - ul] + í^ + i i (V) 



umi 



'ahiH I 



H ( / 1 J(('^uy fiu't tthi^ ai(\ 

^'""' ^ ?¡^ ■( V .7 + '' V^T ~ Te" ~ 18" ~ 64/ + 



11) 



/«;^%7" , ahí t' 1 \rW , /I A ,11 /Trrc^ 

+ (— + 3ií + re + 6-rrrJl'»(/' + V ,? + «v - '"d ' '""^ ' 

Para cargas aisladas que gravan en el punto final liay que substi- 
tuir la longitud a en las ecuaciones I'' á VI'' por la longitud í, obte- 
niéndose así : 



OJ, 



Qí 



_ Q ^ /i 



+ 1' 






1 



4- 



+ 



ÍM 



'K' + \/,7 + '') - '%] + 5 I <^"> 



^«i 



Q /l /iV 13, \ 

= ,-?BÍ í V ?^ + ''lis - 24 '") + 



3,í 



+ ÍT-*(' + V'¿ + 'Ó-'%] + N*" 



ECUACIÓN DE LA LINEA ELÁSTICA 



Q ( n 



im 



+ 



w-EI ( 



V u^ ^ \120 240 15/ ^ 



1 \ 



4 +ío) 
H \ 



In 



1 1 r-u 



3 37 



^''' f 1- \ (III-) 



lbu\ 



H /I , íVíi^ lu\ 

H ( 



(r ■ íí 



V 



(IV") 



ni 



U 



•El ( 



+ ií^ + ¿)IM^ 



«- ^ \ 120 2 



47 . Pir 



¿) + 



+ /^^ 



In- 



u 



.3\ 2 o?r 1 



/'hí - 



-El ( V «- 



V IG 00 






íPn Vu^ 1 

Mb b b4« 



"(' + sjl + '^) - '»¿] i *''^"» 



Para iiu momento del valor M que grava el extremo de la viga, 
debe substituirse el producto Q [a — x) en las ecuaciones I-III por el 
valor M, resultando de este modo : 



'->■ =m" ■ V;^= + •'■= + \b^ + \/¿ + ■'■') - '"«] ! '''"> 



1 í,,., 



+!;["'(•'• + v/| + ■'■') -'"s] + ¿l'''™> 



M ( 
El / 



^'.M = ^ J '* • V/ — 

V u- 



+ ^2 



í¿,í' 



Í6w 



+ 



n) 



Para el mismo punto extremo de la viga Lay por consiguiente las 
ecuaciones : 



M ( 



11 í 



-'= ái I ^' • '\/h + '' + IH "■ v^¿ + ') - ''^ i ^''"^^ 



138 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



-=il'V¿-l^¿) + 



+ 



'"(' + \/',7= + '') - '";] + ¿ I <^'i"*' 



M /I „/«7'^ / \ 



+ (í + ¿)[K' + \/¿ + '=) - "4] ; '- 



) 



Además de los movimientos j)roducidos por la acción flectora en- 
tran en cuestión los que son consecuencia de las fuerzas que obran 
normalmente á la sección. 




Fie. 3 



En general, estos, en comparación con los de la acción flectora, serán 
insi